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Día: 6 de agosto de 2021 (página 1 de 1)

Criticar a los ‘expertos’ como Fauci también es un delito de odio

Con una pandemia tan prolongada, los “expertos” se han visto metidos en un fuego cruzado al que no están acostumbrados. Se creían los reyes del universo y siempre había supuesto que los demás son borregos que deben seguir sus pasos.

No basta con censurar a los que no estén de acuerdo con ellos: deben ser perseguidos por la policía los fiscales y los jueces; deben ser encarcelados.

El diputado Paul Tonko, del partido demócrata, ha presentado un proyecto de ley en el Congreso de Estados Unidos, conocido como Ley de Integridad Científica, para proteger a los científicos que asesoran al gobierno estadounidense de las “injerencias políticas”.

Para Peter Hotez, profesor del Instituto Baylor de Medicina, eso no es suficiente: la protección de los científicos que asesoran al gobierno debería extenderse a los académicos de las universidades e institutos de investigación privados.

Hotez, que aparece en la foto de portada, ha publicado un artículo en una revista científica, Plos Biology, en el que propone que criticar a Anthony Fauci y a otros “expertos” de la misma ralea sea consderado como un “delito de odio” (*).

En Estados Unidos Hotez es uno de esos “expertos” que participa habitualmente en las cadenas de televisión CNN y MSNBC y no le gusta que critiquen sus imbecilidades, que son muchas. Por eso aboga por llevar al banquillo de los acusados a los que no le ríen sus gracias.

Según Hotez, una “banda de miembros ultraconservadores del Congreso de Estados Unidos y otros funcionarios de extrema derecha están llevando a cabo ataques organizados y aparentemente bien coordinados contra destacados científicos biólogos estadounidenses”.

Los “extremistas de extrema derecha” están envalentonados. Cuestionan la respuesta a la pandemia y las vacunas y lanzan “agresiones anticientíficas”.

El “experto” saca a relucir las habituales comparaciones con los nazis para concluir que “no actuar es una aprobación tácita y una garantía de que la integridad y la productividad de la ciencia en Estados Unidos se erosionarán o perderán terreno”.

“Deberíamos considerar la posibilidad de ampliar los mecanismos de protección para los científicos que actualmente son objetivo del extremismo de derechas en Estados Unidos”, escribe.

Ahora pensemos por un momento en la categoría que tiene un revista de biología que publica este tipo de basura seudocientífica.

(*) https://journals.plos.org/plosbiology/article?id=10.1371/journal.pbio.3001369

Singapur ingresa en un siquiátrico a una persona que se negó a ponerse mascarilla

Un británico detenido por negarse a llevar una mascarilla en el metro de Singapur, Benjamin Glynn, ha sido internado en un siquiátrico tras calificar de “repugnante” su situación judicial.

Fue detenido el 7 de mayo y juzgado el 19 de julio. Le revocaron la fianza de 2.700 libras esterlinas y se enfrenta a nuevas acusaciones por no llevar la mascarilla en su comparecencia ante el tribunal.

Al comenzar su juicio, Glynn, de 39 años, dijo que no se declaraba culpable ni inocente de los cargos que se le imputaban. “Me niego a ser un esclavo”, añadió mientras los opositores a las mascarillas le apoyaban desde la tribuna del público. “Creo que no tiene sentido que se me juzgue simplemente porque no llevo mascarilla”.

El fiscal Timotheus Koh pidió al tribunal que evaluara el estado mental del padre de dos hijos, y añadió que la familia de Glynn había descrito un “marcado cambio” en sus acciones desde que comenzó la pandemia.

“El comportamiento del acusado en el tribunal habla por sí mismo”, dijo el fiscal, a lo que Glynn respondió en alta voz: “Mi mente está muy clara. Estoy muy despierto. Sé lo que digo”. Afirmó que fue “libre” durante el juicio y añadió que “los cargos no se me pueden aplicar a mí”.

Glynn trabaja en Singapur desde 2017 por cuenta de una empresa británica con sede en el país asiático.

Fue grabado infringiendo la orden de llevar mascarilla antes de que los policías le localizaran después de que el vídeo se hiciera viral. El acusado dijo que desde entonces su familia había regresado a su casa en Leeds sin él. “Quiero dejar el país de todas formas, sólo déjenme ir”, dijo.

Glynn, que no contó con un abogado que le defendiera, se refirió a Abdul Rashid Abdul Rahman, que originalmente era su defensor, como su “consejero legal”. Pero el juez Eddy Tham prohibió a Rahman defender a Glynn porque no estaba legalmente cualificado.

El juez ordenó que Glynn fuera ingresado en el Instituto de Salud Mental para su control siquiátrico hasta que el juicio se reanude el 19 de agosto.

Mientras se lo llevaban, el acusado gritó que la policía lo había perseguido “como una manada de animales” y que la decisión judicial “no es justa”.

Las acusaciones contra Glynn incluyen tres delitos, dos de molestias y desórdenes públicos, en virtud de la Ley de Medidas de Emergencia contra la pandemia. Un cuarto cargo se refiere a su decisión de renunciar a la mascarilla fuera del edificio del tribunal.

La acusación de molestias conlleva una pena máxima de cárcel de un año y una multa de hasta 2.600 libras, mientras que la condena por infringir las restricciones de la pandemia podría suponer una pena de seis meses y una multa de 5.300 libras.

—https://www.telegraph.co.uk/world-news/2021/08/05/briton-refused-wear-mask-singapore-remanded-mental-health-facility/

Una empresa de publicidad contrata a actores para que se hagan pasar por médicos y promocionen las vacunas

La empresa de publicidad Komi contrata a actores para que se hagan pasar por médicos y promocionen las vacunas en TikTok, la red social de intercambio de vídeos.

Komi no quiere revelar quién es su cliente ni quién le paga por producir los vídeos falsos, pero el proyecto coincide con la nueva campaña orquestada por el gobierno británico para vacunar a los jóvenes de 16 y 17 años con la primera dosis de la vacuna de Pfizer.

La empresa, que tiene su sede en Manchester, financia con 100 libras esterlinas a los actores que graban vídeos caseros contra lo que califica como “teorías de conspiración” sobre las vacunas.

Komi les proporciona los guiones a los actores y les pide que hagan cinco videoclips cortos “filmándose a sí mismos en modo selfi” y haciéndose pasar por médicos. Los actores tienen que rodar cada vídeo en un lugar diferente y llevar ropa distinta en cada uno de ellos.

“El objetivo es hacerlo lo más creíble posible, como si fueras un médico de Tik Tok”, dice un anuncio publicado en Mandy, una bolsa de trabajo internacional para actores, intérpretes, directores y personal de producción.

La descripción del trabajo pide a los solicitantes que se hagan pasar por un “médico de cabecera que hable del covid-19 y de las teorías de la conspiración que lo rodean”.

“La filmación, la iluminación y el sonido no tienen por qué ser perfectos; puedes filmar con tu teléfono”, dice el anuncio.

Los vídeos editados se publican en el canal “It’s Gone Viral”, una marca de redes sociales propiedad de Komi que cuenta con 8,2 millones de seguidores en Facebook, 2,3 millones en TikTok y 410.000 en Instagram.

Es una muestra de la desinformación que ha acompañado a la pandemia desde el comienzo, mientras los inquisidores estilo Newtral y los monopolios tecnológicos sólo vigilan y censuran a quienes denuncian este tipo de fraudes, que incluso son delictivos porque la legislación británica castiga con pena de cárcel a quien se haga pasar por médico.

¿Creen que la policia británica abrirá una investigación para detener a los delincuentes, a los inductores y a los que han financiado este fraude?

El gobierno alemán se replantea la vacunación obligatoria ante el fracaso de la voluntaria

En Alemania se está frenando el ritmo de vacunaciones, mientras aumenta la oposición popular conta las vacunas, en genral, y con su obligatoriedad, en particular. El 30 por ciento de la población se niega en rotundo a vacunarse. En mayo la cifra era de sólo un 23 por ciento, por lo que la oposición ha sumado siete puntos más. A este paso será difícil que el gobierno alcancec esa tontería a la que llaman “inmunidad de rebaño”.

A medida que la vacunación fracasa, aumenta la tentación de forzar la máquína al más puro estilo hitleriano, es decir, presionando a los indecisos y haciéndoles la vida imposible, cerrándoles el acceso al ocio o sometiéndoles a tests continuos.

Lo llaman “vacunación obligatoria encubierta”, aunque la presión discreta puede desatar nuevas y más violentas protestas en la calle, como las del pasado fin de semana en Berlín, que dejó un saldo de más de 600 detenidos y un fallecido.

La estupidez de la “ultraderecha” ya no cuela. En la manifestación de Berlín se vio a una joven que portaba una pancarta inequívoca: “¡No al apartheid de la vacunación! ¡Fascismo nunca más!”.

Cerca de un 53 por ciento de la población alemana ya ha recibido sus dos dosis de vacunas, pero el gobierno busca el 70 por ciento con la pauta completa para el 21 de septiembre.

Entre los no vacunados crece el número de personas recalcitrantes que dicen que “no se vacunarán en ningún caso” y empiezan a oirse voces favorables a la obligatoriedad entre los políticos de todos los pelajes, los periodistas y los “expertos” de pacotilla.

Como en otros países, los trabajadores sanitarios son el eslabón débil de la cadena y los primeros candidatos para abrir la brecha. Detrás irán los maestros y profesores. Los
sindicatos piden evitar la obligación y que, primero, se haga una oferta de vacunación a todos los trabajadores del sector sanitario.

Las recompensas y la “motivación positiva” también han fracasado. El vicecanciller y ministro de Hacienda, el socialdemócrata Olaf Scholz, participó en una iniciativa en la que a cada vacunado se le ofrecía un trozo de pan y una salchicha.

Es la política del palo y la zanahoria, un método de domesticación de toda la vida.

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