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Día: 25 de diciembre de 2020 (página 1 de 1)

Los grandes monopolios tecnológicos están en la cuerda floja

En muy poco tiempo los gigantes digitales, como Facebook, Amazon o Microsoft, han acumulado tanta riqueza y poder que, en algunos casos, es mayor que el de muchos Estados, entre otros motivos porque su mercado es de alcance mundial.

No es sólo un problema económico. Los monopolios viruales son capaces de cambiar el comportamiento de millones de personas en todo el mundo y de influir sobre las elecciones y, desde luego, sobre las compras y el empleo.

En la medida en que con la “nueva normalidad” se imponga una sociedad sin contacto directo entre las personas, el poder monopolista de las grandes empresas tecnológicas se acrecentará, ganando terreno con la venta al por menor en línea, las redes sociales y el transporte.

El monopolismo se complementa con las bases de datos, la recopilación, el análisis y la compraventa de la información de las empresas y los usuarios.

Pero el monopolismo, como explicó Lenin, es la pescadilla que se muerde la cola. Acumula tanto poder que genera suspicacias, poniendo en marcha diversas cortinas de humo, como la “protección de los consumidores”.

El 9 de diciembre la Comisión Federal de Comercio y 48 estados de Estados Unidos demandaron a Facebook con el objetivo de desmantelar la empresa obligándola a vender dos de sus principales filiales: Instagram y WhatsApp. Lo mismo le ha ocurrido a Google.

El Estado no hizo nada para que Facebook comprara esas empresas y ahora quiere que las venda. Tras la colonización llega la descolonización. Es algo similar a lo que ya ocurrió con Standard Oil y la ATT, por lo que es posible que las consecuencias sean las mismas… o más irrelevantes, incluso.

El gobierno va a tener muchos problemas para fraccionar los monopolios tecnológicos recurriendo a argumentos viejos, como la manipulación de los precios porque la mayor parte de los servicios digitales son gratuitos.

Es posible que lo intenten por medio del control del mercado de la publicidad, una invocación muy endeble.

Desde luego que no van a recordar la manipulación de los algoritmos, la desinformación, las agresiones a la intimidad, la especulación bursátil, la gestión del capital riesgo, el manejo de información privilegiada, la imposición del trabajo precario o la persistente evasión fiscal.

Pero hay algo aún más importante que la teoría económica burguesa califica como “monopolio natural” y que en el mundo virtual es el “efecto de red”: cuantos más usuarios están enganchados a las plataformas digitales, más alta es la barrera de entrada a las nuevas empresas, incapaces de ofrecer niveles competitivos de utilidad a los usuarios. Una empresa que tiene a su página de Facebook como escaparate, no encuentra el mismo mercado en ninguna otra red social.

Los problemas que plantean los monopolios tecnológicos no tienen solución dentro del capitalismo. Para ello habría que nacionalizarlos y convertir a las empresas de telecomunicaciones en servicios públicos, una de cuyas obligaciones fundamentales es preservar la intimidad y la confidencialidad de los datos de sus usuarios.

El papel de Google dentro del complejo militar industrial de Estados Unidos

“No diseñaremos o distribuiremos inteligencia artificial en áreas como armas u otras tecnologías cuyo propósito principal pueda ser causar daño a personas”. “Creemos que Google no debería estar en el negocio de la guerra”.

Sundar Pichai, CEO de Google y de su matriz, Alphabet, hizo esta promesa en público en una entrada del blog de la multinacional. Fue en una publicación de hace dos años, en el que el ejecutivo del buscador más conocido de la red defendía los principios éticos que movían al gigante a la hora de profundizar en la inteligencia artificial.

Además, cientos de trabajadores enviaron una carta pidiéndole a los directivos que dejasen a la empresa al margen de ese “negocio de la guerra”. Dos años después, Forbes revela que este compromiso de Google no era tan férreo como cabía pensar.

A través de GV —antes Google Ventures—, el brazo inversor de la multinacional, la empresa participa en algunas empresas que están ganando muchísimo dinero con contratos con, entre otros, el Departamento de Defensa de Estados Unidos.

En concreto, dos empresas, Orbital Insight y Planet, han ganado más de 30 millones de dólares en contratos con el Departamento de Defensa norteamericano en los últimos 3 años. Y ambas están participadas por GV, un fondo de 5.000 millones de dólares que se separó de Google en 2009 pero que sigue moviendo el dinero de Alphabet.

En 2016 GV entró en Orbital Insight y un año después lo hizo en Planet. La primera, con base en Palo Alto. La segunda, en San Francisco. 

Orbital es una empresa de software que fue fundada por el exdirector de Google Books, James Crawford. Su inteligencia artificial trabaja masivamente con imágenes satelitales, grabaciones de drones y datos de geolocalización de 800 millones de dispositivos móviles para indicarle aparentemente a sus clientes qué cosas han cambiado en la Tierra y por qué importa. Ha sido útil para rastrear la deforestación de la Amazonia, pero también para detectar cabezas nucleares en Corea del Norte o encontrar campos de talibanes en Afganistán.

Planet, por su parte, fue fundada por ingenieros de la NASA y tiene 150 satélites en órbita. Su propósito es crear la mayor constelación de satélites artificiales. Su principal capacidad es la de poder poner en órbita de forma muy barata satélites pequeños. Estuvo valorada en 1.800 millones de dólares en 2018, tras una ronda de financiación. Google se hizo con el 16 por ciento de la empresa, después de entregarle su filial dedicada a lo mismo, Terra Bella, a la propia Planet. Su participación se ha diluido a un 13 por ciento.

Inteligencia artificial para rastrear al enemigo

Orbital, por ejemplo, ha levantado entre febrero del 2017 y julio de este año 10 millones de dólares para desarrollar una inteligencia artificial para el Departamento de Defensa de Estados Unidos en el marco de un programa llamado Datahub, que serviría para, mediante imágenes satelitales, “rastrear patrones de vida del enemigo 24 horas 7 días a la semana, bajo cualquier clima y tanto de día como de noche en grandes áreas”, según unos documentos presupuestarios del Pentágono.

GV ha estado en todas las rondas que ha protagonizado Orbital, tanto en la Series A de 9 millones de 2015. Lideró la del año siguiente, de 15 millones. La última ronda en la que GV participó de Orbital fue en una Series D, en noviembre del año pasado, que levantó 50 millones de dólares. La empresa, por lo menos, también participa en proyectos humanitarios. Pero la mayor parte de sus ingresos dependen de sus lazos con agencias de inteligencia y militares norteamericana.

Esto es algo que no tiene muy contentos incluso a gente dentro de la propia empresa. Según un antiguo responsable de equipos, Orbital entiende que su tecnología nunca se podrá utilizar para identificar objetivos de un bombardeo. “Pero una vez identificas un edificio para el gobierno, este hará lo que quiera con él”, reconoce.

Orbital perdió el contrato del programa Datahub, pero eso no quiere decir que la empresa no quiera nuevas adjudicaciones de la defensa estadounidense: según los registros, la empresa ha gastado 300.000 dólares en hacer lobby en el Congreso estadounidense.

Solo los gobiernos son buenos clientes

Planet, por su parte, ha levantado incluso más capital que Orbital: alrededor de 400 millones de dólares desde que fue fundada en 2010. El negocio de Planet es similar al de Orbital Insight en tanto que es una mezcla de cuestiones humanitarias, clientes privados y contratación gubernamental. Y de hecho espera aumentar su colaboración con la administración estadounidense en los próximos años.

Lo intentará gracias a un contrato llamado EnhancedView de la Oficina de Reconocimiento Nacional de Estados Unidos, que provee a la administración norteamericana de imágenes de satélite, y quiere ser la principal proveedora de este tipo de recursos a las instituciones de la potencia.

Una aplicación que permite comunicarse a través de la mirada

Sin embargo, tres extrabajadores de la empresa aclaran que ha habido malestar en la plantilla por los contratos de defensa, lo que ha desembocado en que varios de ellos abandonasen la empresa. «Inicialmente, la empresa era muy altruista. Querían lanzar satélites en beneficio de todo el mundo (…) Después descubrieron que en realidad los que pueden pagar grandes cantidades por esta tecnología solo son los gobiernos».

Uno de los antiguos trabajadores de la empresa incide incluso en que Planet oscila en una fina línea entre lo que dicen sus directrices éticas y lo que el gobierno estadounidense les exige.

Estas dos, además, no son las únicas empresas implicadas en el negocio de la guerra en las que Google participa de un modo u otro. GV también está invirtiendo en rondas de SpinLaunch, una empresa que quiere poner satélites en órbita utilizando una suerte de brazo-catapulta todavía en desarrollo. Aunque la idea en un principio no tiene por qué ser militarista, la empresa consiguió en 2019 un contrato de 2,5 millones de dólares con la Unidad de Innovación en Defensa del Departamento de Defensa de Estados Unidos.

En otras palabras: SpinLaunch, en la que participa GV, el brazo inversor de Google, pronto podría estar colaborando en el despliegue de más satélites espías del ejército estadounidense.

https://www.businessinsider.es/invierte-google-industria-guerra-forbes-779475

Los ‘expertos’ cruzan los dedos para que las vacunas no causen más desgracias de las previstas

Tras el anuncio de que las vacunaciones en Francia comenzarán el domingo, el gobierno francés ha puesto a un “experto”, Alain Fischer, como paraguas al frente de la campaña.

Fischer es profesor emérito del Colegio de Francia. Una eminencia, vaya, aunque no ha empezado con buen pie por decir lo que piensa, algo que es imperdonable en una situación así. Pero le honra. “Hay que decir las cosas como son porque de lo contrario nos desacreditamos”, asegura (1).

Lo primero es confesar su papel de paraguas: “Yo no estoy al frente del operativo en absoluto. Mi misión se centra en dos aspectos: el asesoramiento, lo que la experiencia científica puede aportar a la política, y la comunicación sobre la vacunación, una cuestión clave”.

Lo segundo es admitir la incertidumbre, que forma parte de la ciencia, algo que saben todos los científicos… excepto los de la tele. “Cuando sabemos, sabemos. Cuando no sabemos, no sabemos”. No es ningún juego de palabras por parte de Fischer.

Cuando eres médico tomas decisiones “con un margen de incertidumbre que tratas de mantener lo más reducido posible. La mayoría de la población es lo suficientemente responsable para entender este mensaje. No puede ser de otra manera, por razones de ética y eficacia”, añade.

La cuestión es que las vacunas contra el coronavirus, aparte de su carácter experimental, se van a inocular a millones de personas, y eso es algo peor que la mera incertidumbre.

¿Confesarán los médicos a sus cobayas que tienen dudas sobre lo que van introducir con la jeringa, como recomienda Fischer?, ¿les dirán que son conejillos de indias?, ¿que están experimentando con ellos?

En un breve vídeo Fischer confiesa que no sabe si las vacunas que se consideran “eficaces a corto plazo” protegen realmente a las personas, porque llevará varios meses obtener datos sobre los niveles de anticuerpos, especialmente en los ancianos (2).

Por supuesto, también estamos de acuerdo con Fischer cuando afirma que no se puede vacunar a nadie sin su consentimiento previo. “En materia de salud pública es necesario tratar de convencer”, dice.

En estos casos siempre nos surge la duda: ¿convencer es sinónimo de lavar el cerebro? En España, el paraíso de la Inquisición, parecen sinónimos. En las redes sociales también, de lo contrario no se hubiera desatado la ola de censura que han padecido las opiniones críticas.

(1) https://www.msn.com/fr-fr/actualite/france/alain-fischer-le-monsieur-vaccin-du-gouvernement-il-faut-se-donner-le-temps-de-l-
(2) https://youtu.be/l-A_Q6nmWiE

Trump se va del cargo indultando a cuatro criminales de guerra

A los nueve años de edad, la vida de Alí Kinani fue truncada cuando cuatro mercenarios de la empresa Blackwater abrieron fuego sin provocación en la Plaza Nisour de Bagdad, matando a 17 personas.

La empresa Blackwater, ahora rebautizada como Academi, fue fundada y dirigida por Eric Prince, un asociado de Trump que es hermano de la Secretaria de Educación Betsy DeVos.

Alí, a quien le gustaba que le llamaran Alawi, estaba en la parte de atrás del coche de su padre de camino a casa después de recoger a su tía y a sus primos, en lo que parecía un día normal hasta que los mercenarios se liaron a disparar en todas direcciones.

Corría 2007. Decidido a llevar a los asesinos ante los tribunales, el padre de Ali, Mohammed Kinani, se trasladó a Estados Unidos para empujar el procesamiento de los mercenarios.

Transcurrió una década de trámites legales, juicios, apelaciones, retirada de cargos y nuevos juicios antes de que los cuatro criminales fueran condenados, con Nick Slatten, el principal culpable, recibiendo una condena de cadena perpetua por asesinato en primer grado.

El martes Trump indultó a los cuatro condenados. “Nadie está por encima de la ley es lo que aprendimos en América, pero ahora hay alguien por encima de la ley”, dijo Kinani mientras luchaba por encontrar las palabras al enterarse del indulto.

“No sé cómo se permite esto. No creo que América esté construida sobre tales principios”.

Kinani, que se había trasladado a Michigan después de la masacre y que actualmente está visitando a su familia en Irak, dijo que la decisión de Trump es “indescriptible”.

“Es una situación muy mala. Es desafortunada”, dijo, dejando escapar un profundo suspiro. “Pero debe haber una manera. Si no en los tribunales terrenales, entonces con Dios. Dios no los dejará marchar”.

El imán Husham Al-Husainy, un clérigo musulmán de Dearborn, Michigan, dijo que pensó en la foto de Alí que cuelga en el taller de Kinani en Detroit cuando oyó la noticia del perdón. Husainy, que es amigo de Kinani, dijo que el perdón muestra una falta de respeto “inhumana” por las vidas de los árabes y los musulmanes.

“La sangre de iraquíes inocentes que se derramó en la Plaza Nisour es sangre roja que no difiere de la sangre de los americanos. Estos eran humanos”, dijo. El imán añadió que la decisión de la Casa Blanca erosionará el estado de derecho en Estados Unidos, afectará las relaciones entre Irak y Estados Unidos y alterará la percepción de los iraquíes sobre Estados Unidos.

“Queremos que haya paz entre todas las personas, pero Donald Trump cometió un grave error”, dijo Hussainy. “Para complacer a unas pocas personas aquí, enfureció a 40 millones de personas en Irak”.

El Departamento de Justicia había sido inflexible en el procesamiento de los pistoleros de la Plaza Nisour, negándose a abandonar el caso a pesar de los contratiempos en sus esfuerzos legales y las apelaciones exitosas de los acusados.

Los indultos presidenciales son irreversibles, lo que significa que el gobierno de Biden no puede volver a procesar a los mercenarios de Blackwater.

El martes Trump también indultó a tres parlamentarios republicanos que fueron declarados culpables de irregularidades financieras y a dos policías de la Patrulla Fronteriza que habían asesinado a tiros a un inmigrante indocumentado, luego lo encubrieron y finalmente dijeron que era un traficante de drogas.

Trump ha recurrido al indulto alegremente y no es la primera vez que disculpa a los criminales de guerra. El año pasado perdonó a un soldado estadounidense que había matado a un detenido iraquí en 2008, así como a otros dos que habían asesinado a civiles en Afganistán.

El Presidente saliente también presionó para rehabilitar a Edward Gallagher en los Navy Seal, después de haber sido condenado por crímenes de guerra, decisión que llevó a la destitución del entonces Secretario de la Marina Richard V. Spencer, que se opuso a que Trump se ocupara del asunto el año pasado.

El martes, el Instituto Árabe Americano dijo que los indultos muestran que Trump no valora las vidas de los árabes. “Empleados de Blackwater condenados por masacrar a civiles iraquíes”, dijo el Instituto en un tweet.

“Agentes de la Patrulla Fronteriza condenados por disparar a un inmigrante indocumentado y luego encubrirlo”. Todos perdonados por Trump, otro ejemplo de su desprecio por ciertas vidas humanas, incluyendo las árabes. Sin ley, sin orden, sin humanidad”.

https://www.middleeasteye.net/news/iraq-blackwater-trump-pardon-war-criminals

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