Ya estamos todos: héroes, villanos y el copón de la baraja

Bianchi

En efecto, tenemos al «héroe del patinete», Ignacio Echevarría, enterrado a toda prisa, cargado de medallas y sin segunda autopsia para clarificar si fue muerto por una puñalada yijadista o por un policía londinense nervioso y mosqueado que lo confundió con un «terrorista» (a su familia se le dio el certificado de la defunción, no el resultado de una autopsia que, personalmente, creo que ni hicieron, ¿para qué? si ya sabían la versión real -su muerte por disparos de bala y no una puñalada con cuchillo jamonero- que había que ocultar para dar paso a la «versión oficial» con la complicidad del Gobierno español como si de un secreto de Estado se tratara, materia reservada, a desclasificar cuando estemos todos calvos u occisos, tenemos, también, decimos, al «héroe» tenista Rafa Nadal, ganador de su décimo Roland Garros que, además, oimos, lleva la bandera «nazional», la española, claro está, en la muñequera, en la pulsera, y es (el manacorí) del Real Madrid -y no del Barça- lo que le convierte en un héroe de cojones como dios manda amén de «buena persona» y «buen hombre» que ni es homosexual, ni «rojeras» ni, pues no sé, propalestino.

Frente a él, en esta filosofía maniquea de tipo hebefrénico-impúber, tenemos al villano Pep Guardiola como portavoz del clamor popular catalán no tanto por la independencia de Catalunya, que también, sino por ese eufemismo del derecho de autodeterminación -les asusta el verdadero significado de los conceptos, de las palabras- que llaman «derecho a decidir».

Un joven, Guardiola, forrado de guita, que se compromete con una causa –«sin necesidad», diría el felón amoral sin escrúpulos Felipe González, rata de la peor especie humana- cuando mejor le iría estando callado sin «mojarse» pues ya se sabe que una cosa es el fútbol y otra cosa la «política», planetas inmiscibles, no mezclables.

No se reconoce -el gran-nacionalismo español carpetovetónico que, cuando dice pensar, en realidad embiste con la testuz como un morlaco cornilargo y sin «afeitado» de astas- el mérito de un hombre, que siendo lo que se entiende en el capitalismo como un triunfador, un «ganador» (winner), se meta en berenjenales y carajales que notoriamente le van a causar problemas con lo bien que se está en las playas paradisíacas ecuatoriales disfrutando con unos daikires y la familia, hay que ser bobo.

Pues bien, Guardiola renuncia a eso -a descomplicarse la vida-  y se compromete (o antes, el futbolista exbarcelonista Oleguer Presas que le dijo al difunto franquista y racista Luis Aragonés que no le llamara ni convocara para jugar con la selección española de fútbol, cosa que «Zapatones» hizo respetando su decisión, todo hay que decirlo).

No me digan que acá tenemos cierto heroísmo… Pues no, lo que hay es villanía (ni saben que «villano» viene de «villa», habitante de una villa, como Bilbao, por ejemplo).

Héroes, villanos, malandrines, bellacos… La Historia contada como un tebeo, con un un cristianísimo Capitán Trueno luchando con su justiciera espada (al margen de otras «lecturas», que las hay) contra el sarraceno y la morisma en las Cruzadas, y un celtíbero Jabato peleando contra el invasor romano en suelos y solares béticos y penibéticos. Así interpretan la Historia estos gárrulos y gañanes amén de supinos incultos e ignorantes que, ya dije, no piensan: embisten como el toro de Osborne, animal más digno que estos cabestros bípedos.

Y es que, como decía el maestro Pepe Bergamín, «si España es una, ¿dónde está la otra?»

Have a nice day, ladies and gentlemen.

Good evening.

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