Una semana negra de Facebook que conduce a la censura de contenidos en internet

El lunes Facebook sufrió un apagón masivo, junto con sus filiales Instagram y Whatsapp. Al día siguiente Frances Haugen, una experta en bases de datos del monopolio, denunció ante el Congreso de Estados Unidos ciertas prácticas de la red social.

El apagón se produjo el lunes, mientras Haugen tenía previsto declarar ante el Congreso a la mañana siguiente. Ambos elementos se combinaron para crear una tormenta perfecta de comentarios que retratan a la empresa de Zuckerberg como un monstruo que necesita desesperadamente ser controlado mediante una intervención pública.

Durante varias horas del lunes, Facebook Instagram y Whatsapp estuvieron completamente fuera de línea. Circularon rumores de que habían borrado por completo partes enteras de los contenidos. Otros sugirieron que se trataba de un ciberataque.

Facebook insiste en que no hubo ningún ataque y que se trató de un “simple error técnico”. Ninguna empresa tecnológica admite nunca que es vulnerable a un ataque externo.

Paralelamente, Haugen ha estado filtrando documentos durante semanas al Wall Street Journal para no decir nada: Facebook utiliza prácticas comerciales muy poco “éticas”, viola la ley y es un peligro para la salud mental de los niños.

No le acusó a Facebook de vigilancia masiva, censura o abuso de posición monopolista, sino de ser demasiado tolerante. La red “permite el discurso del odio”, “no puede controlar eficazmente la desinformación sobre las vacunas” y “perjudica a la democracia”.

“Facebook ha elegido los beneficios por encima de la seguridad”, añadió Haugen. Cárteles de la droga, genocidio, anorexia… Es un desmadre.

Una denunciante que se presenta con un equipo de abogados y entrevistas coordinadas en horario de máxima audiencia justo antes de su declaración ante el Congreso suena a campaña de relaciones públicas y a promoción política.

Dentro de poco lo veremos en España: los partidos, los sindicatos y los movimientos “alternativos” exigiendo una ley que regule los contenidos de internet, que presentarán como una “lucha antimonopolista” y contra las “noticias falsas”. Newtral, Maldita y demás inquisidores no faltarán a la cita.

Empezarán tertulias del tipo “¿Debemos admitir discursos de odio en las redes sociales?”, “¿Se deben controlar aún más los contenidos de internet?”, ¿Creen que ese control lo deben hacer las empresas privadas, como Facebook, o bien organismos públicos reguladores?”, “¿Hay que responsabilizar a las plataformas digitales de los contenidos que introduzcan los usuarios?”

En toda esta verborrea estarán presentes los “delitos de odio”, que es otro mantra de la posmodernidad. Luego la última palabra la tendrán los jueces, como es habitual, y si el usuario no está conforme podrá acudir incluso al Tribunal de Estrasburgo, después de recorrer un maratón de pleitos…

Están preparando a los internautas para que acojan con satisfacción la censura de contenidos. Si un monopolio del tamaño de Facebook se ve sujeto a regulación, otras empresas más pequeñas se verán mucho más sometidas por cualquier canon de contenidos.

Haugen dijo a los congresistas exactamente lo que querían oír, para que puedan aprobar la legislación que iban a aprobar de todos modos.

Facebook está de acuerdo con la censura de contenidos, como reconoció Lena Pietsch, portavoz de la empresa de Zuckerberg: “Estamos de acuerdo en una cosa: es hora de empezar a crear normas estándar para internet. Han pasado 25 años desde que se actualizaron las normas de internet, y en lugar de esperar que la industria tome decisiones sociales que corresponden a los legisladores, es hora de que el Congreso actúe”.

Un artículo de MSNBC afirma que el apagón de Facebook, Instagram y WhatsApp es una “oportunidad”. Las empresas deben censurar y los reguladores públicos también. Si uno deja pasar contenidos, el otro debe cerrar al grifo por completo.

En su intervención Haugen recomendó un “supervisor independiente” de Facebook, algo así como la “Agencia de Protección de Datos”, uno de esos organismos parasitarios que proliferan por Europa y sirven para todo o contrario de lo que anuncian sus membretes.

También propuso la derogación de la ley que en Estados Unidos exonera a las redes sociales de la responsabilidad por los contenidos creados por sus usuarios. Las empresas digitales quedarían expuestas a numerosas demandas de las ONG que en el mundo luchan contra el “odio”.

Esto no es “lucha antimonopolista”, como lo van a vender las ONG, sino monopolismo puro y duro porque hará imposible la subsistencia de las plataformas de medios más pequeñas y con menos recursos para censurar los contenidos, que no pueden soportar el coste millonario de demandas y pleitos. Es el caso de la plataforma rusa Telegram, que recibiría un golpe de gracia.

La regulación de los contenidos de internet no va, pues, dirigida contra los gigantes digitales, que tienen los recursos necesarios para sobrevivir al control público, como han demostrado siempre, sino a sus competidores más pequeños. Es un mecanismo de concentración y centralización del capital amparado por el poder del Estado.

—https://off-guardian.org/2021/10/06/the-real-story-behind-facebooks-terrible-horrible-no-good-very-bad-week/

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