Un nuevo telón de acero

La noticia del año no es la Guerra de Ucrania sino que la OPEP y, en particular, Arabia saudí, ya no siguen las órdenes de Washington. El Pacto del Quincy, uno de los pilares de la posguerra, se ha hundido.

A cambio de petróleo, el ejército de Estados Unidos se convirtió en 1945 en el garante de la seguridad de la familia real saudí y, sobre todo, de su caja de caudales.

El Pacto garantizaba que en el mercado mundial el petróleo se pagaba en dólares, de manera que cuando en 1973 los precios subieron por la Guerra de Oriente Medio, la divisa estadounidense se infló espectacularmente, a costa de la ruina de muchos países del mundo, entre ellos los europeos, que escondieron la respnsabilidad de Estados Unidos, derivándola hacia los países del Golfo Pérsico y los árabes, en general.

El petróleo caminaba de la mano del dólar, y al revés, una situación que se reforzó aún más cuando Nixon rompió la paridad con el oro. Una economía estadunidense en quiebra encontró el aliviadero llenando de dólares las reservas mundiales. El mundo pagaba las gigantescas deudas de Estados Unidos.

Ahora la OPEP ha roto los lazos que le unían a Estados Unidos y va de la mano con Rusia. China ha propuesto a Riad pagar en yuanes las importaciones de petróleo. Más importante que el precio del barril, es la moneda en la que se paga y no hay que olvidar que el comercio mundial de crudo es más cuantioso que cualquier otra materia prima, incluido el oro.

Las potencias occidentales no pueden imponer los precios del petróleo ni de ninguna materia prima. Tampoco las formas de pago. Si se empeñan en otra cosa, los países productores acabarán en los brazos de Rusia y China.

Las reacciones no se han hecho esperar: esta mañana los diputados estadounidenses han pedido la retirada de las tropas que custodian a la familia real saudí y sus yacimientos petrolíferos. La previsible escalada no hará más que empeorar la situación de los países occidentales.

La desdolarización es un golpe a las finanzas mundiales, dominadas por Wall Street y la City londinense, sumidos en una crisis galopante, interna e internacional, ya que alcanza al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial y demás instituciones financieras.

La Guerra de Ucrania ha sumergido al mundo en una nueva era. Un nuevo telón de acero ha caído, rompiendo el mercado mundial y creando un bloque en el que la mayor parte de los países del mundo han puesto todas sus esperanzas de prosperidad.

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