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La hipocresía del Papa ante las violaciones

Como parte de su campaña para represtigiar a la Iglesia y hacer jugar un rol estratégico al Vaticano en la geopolítica internacional, el papa Francisco –aliado de los militares durante la dictadura argentina de 1976-1983- quiere lavarle la cara a la institución eclesiástica.

En su reciente gira por Estados Unidos, declaró ante víctimas de pedofilia en una reunión privada convenientemente dada a conocer a la prensa: “Lamento profundamente que algunos obispos no cumplieran con su responsabilidad de proteger a los menores. Es muy inquietante saber que en algunos casos incluso los obispos eran ellos mismos los abusadores. Tendrán que rendir cuentas”.

La Iglesia católica estadounidense es una de las más cuestionadas, ya que se estima que alrededor de 100.000 niñas y niños han sido abusados por sacerdotes. Filadelfia, sede del Encuentro Mundial de las Familias, es uno de los epicentros del escándalo que salió a la luz desde la década de 1980. Su archidiócesis ha conservado su asignación a más de 30 sacerdotes acusados de abuso sexual contra niños.

El papa Francisco llegó al colmo del cinismo al elogiar a los obispos estadounidenses por cómo respondieron ante el escándalo de abusos sexuales a menores por parte de miembros de la Iglesia.

No todo fueron rosas en la recepción papal

Organizaciones como la Red de Supervivientes de Violados por Sacerdotes (SNAP, por sus siglas en inglés), entre otras, llevaron a cabo protestas contra el papa Francisco por mantener la impunidad ante los innumerables casos de abuso de menores por parte de sacerdotes y monjas de la Iglesia registrados en todo el mundo.

En un comunicado, SNAP denunció “Francisco habla a menudo de la misericordia y hace bien. Pero cientos de miles de niños y niñas inocentes han sido violados por curas, monjas, obispos y seminaristas por la misericordia excesiva mostrada hacia los clérigos criminales por parte de sus colegas cómplices”.

Por su parte, la organización Bishop Accountability, que documenta los casos de pederastia denunció que a pesar del discurso del papa Francisco, durante su mandato los responsables de abusos sexuales siguen impunes.

El caso Wesolowsky y la mafia del Vaticano

Josef Wesolowsky, quien fungía como nuncio en República Dominicana, fue acusado de numerosos casos de abuso sexual y por poseer una gran cantidad de fotografías de contenido pederasta, que había descargado de internet en el Vaticano.

Cuando iba a ser arrestado, el papa Francisco ordenó una suerte de “rescate” y lo hizo trasladar al Vaticano para, supuestamente, enjuiciarlo allí.

En junio de 2014, el exnuncio había sido condenado por la Congregación Doctrina de la Fe a colgar los hábitos y volver al estado laico. Ésa es la pena máxima para los prelados: ningún castigo efectivo por el daño físico y moral que perpetraron contra menores de edad.

Pero el 28 de agosto de este año, Wesolowsky fue encontrado muerto en la vivienda que habitaba en la Santa Sede y el juicio nunca se llevó a cabo. Con su muerte, el Vaticano se ahorró que salieran a la luz más detalles terribles del caso y que se dieran a conocer más clérigos involucrados.

En entrevista con la revista Proceso, publicada en el número 2029, Alberto Athié Gallo, exsacerdote mexicano señaló que Wesolowsky conocía demasiados detalles del llamado Lobby Gay de Roma.

Este Lobby dio a conocer la homosexualidad de sacerdotes y monjas, mientras que la Iglesia sigue ubicada contra el matrimonio igualitario y condena cualquier práctica sexual distinta de la heteronormatividad, a pesar de las poses progresivas del papa Francisco.

El Lobby Gay saltó a la luz pública por las filtraciones de documentos secretos de Paolo Gabriel, mayordomo del papa Benedicto XVI. Incluye la existencia de una red de curas que realizaba orgías documentadas con vídeos y fotografías, directorio de curas homosexuales, contactos de prostitución infantil, transmitidos vía internet, y el Vaticano está involucrado.

Marcial Maciel, fundador de la congregación Legionarios de Cristo y sacerdote mexicano, fue responsable también de innumerables abusos y se lo vinculó con redes de trata de personas. Protegido por Juan Pablo II, entre otros papas, y fallecido en 2008, su única condena fue “no ejercer su ministerio públicamente”.

El cinismo de la Iglesia

Mientras se persignan y declaran la santidad de la familia, la curia del mundo mercantiliza los cuerpos de niñas, niños y mujeres. Los abusos sexuales, la prostitución, la pornografía los convierte en objetos de uso y descarte.

La pederastia que ejercen sacerdotes, monjas y altos jerarcas de la Iglesia constituye una de las expresiones más aberrantes de la cosificación de los seres humanos.

El supuesto progresismo de Bergoglio termina donde sale a la luz la infamia de la Iglesia, que históricamente se alineó con los opresores y los explotadores, como durante la conquista de América y las sangrientas dictaduras latinoamericanas.

Fuente: http://www.laizquierdadiario.com.mx/Hipocresia-papal-ante-victimas-de-abuso-sexual-por-parte-de-eclesiasticos?id_rubrique=1714

Teresa de Calcuta: una farsa propia del Vaticano

Teresa de Calcuta fue fundadora de la congregación “misioneras de la Caridad”. En 1979 le otorgaron el premio Nobel de la Paz y en 2003 la iglesia católica inició el proceso de beatificación. Para los católicos es un símbolo de la caridad cristiana. La consideran como la misionera por excelencia del siglo XX.

Sin embargo, un reciente estudio de la Universidad de Montreal, en Canadá, aporta nuevas informaciones sobre su biografía y actividades. Se titula “Les côtés ténébreux de Mère Teresa” (El lado oscuro de la Madre Teresa) y ha sido elaborado por Genevieve Chenard, Serge Larivee y Carole Senechal. Los investigadores canadienses han examinado más de 500 documentos que constan que el altruismo y la generosidad de Teresa no eran más que una farsa de grandes proporciones.

Su biografía fue inventada por Malcolm Muggeridge, un periodista de la BBC, que en 1969 la enalteció en el documental “Something Beautiful for God” (Algo bello para Dios), presentando al mundo la imagen de una misioniera altruista que dedicaba su vida a los pobres enfermos en la India. En 1971 el periodista publicó un libro con el mismo título.

La misionera percibió donaciones por valor de decenas de millones de dólares para sus hospitales, a los que solía llamar “casas para enfermos”. Llegó a abrir cientos de ellos en diversos países, pero de ninguna forma podían equipararse a los hospitales. Los enfermos agonizaban abandonados sobre esteras tendidas en el suelo.

La prensa publicó las fotos de estos enfermos para ayudar a que la monja recaudara millones, incluso dinero proveniente de dictadores despiadados como François “Papa Doc” Duvalier, de Haití.

Se la llegó a conocer en vida con el apodo de “Santa de las Alcantarillas” porque sirvió más a los propósitos de lucro de la iglesia católica que a la necesidad de los enfermos y desamparados. La mayor parte de las donaciones millonarias que percibía iban a parar al Vaticano, dejando a los enfermos en condiciones deplorables, sin medicamentos ni cuidados.

Los médicos calificaron a sus “casas para enfermos” como “casas de la muerte” o “morgues”. La Organización Mundial de la Salud recibió varias denuncias de que esos lugares eran otros tantos focos de expansión de las epidemias. Una antigua voluntaria llegó a relatar que hacían falta hasta las aspirinas para hacer un poco más soportable el dolor de los enfermos.

El investigador Sege Larivee afirma que la la misionera puso en práctica sus convicciones sobre el sufrimiento humano como un medio para llegar a la salvación. La mujer creía que aquellos que más sufren están más cerca del cielo y de Cristo.

Christopher Hitchens, un periodista que trabajaba en Estados Unidos, ya denunció el fraude al publicar su libro “The Missionary Position: Mother Teresa in Theory and Practice” (1995). En un párrafo del libro es posible leer: “Tenga en cuenta que las cifras globales de la Madre Teresa son más que suficientes para equipar varias clínicas de primera clase en Bengala. La decisión de no hacerlo […] es intencional. El asunto no es el honesto alivio del sufrimiento, sino la promulgación de un culto basado en la muerte, el sufrimiento y el sometimiento”.

En aquella época, Christopher Hitchens fue “lapidado” por la propaganda católica por haber criticado a la “Santa”.

La misionera protegió a un sacerdote pedófilo, el jesuita Donald McGuire porque era amigo suyo. En 1993 el sacerdote fue despedido por el Vaticano por abusar de un niño. La misionera utilizó sus influencias para que McGuire fuera restituido en el cargo.

Años después, aparecieron nuevas quejas de pedofilia contra McGuire presentadas por fieles católicos y las propias autoridades. McGuire finalmente terminó siendo condenado a 25 años de cárcel por sus crímenes.
Fuente: http://elacorazado.mx/madre-teresa-de-calcuta-el-angel-del-infierno/

Christopher Hitchens, documental ‘Hell’s Angel’ (El Ángel del Infierno), 1994
http://www.youtube.com/embed/0xSNvXRBdog

Los Papas y el copón de la baraja

Nicolás Bianchi

En los tiempos en que en París, iniciada la Revolución francesa, se proclamaban los derechos del hombre y del ciudadano, el Papa Pío VI -último del Antiguo Régimen  feudal- , en su encíclica Quod Aliquantum, defendía que no podía imaginarse mayor tontería que tener a todos los hombres por iguales y libres. Mucho antes, un colega suyo, León X, dijo -o le atribuyeron- aquello de las inmensas riquezas que le había reportado a la Curia vaticana «la invención de Cristo».  Era el papa de las indulgencias, la Tax Camarae, esa suerte de tarifas terrenales para ganarse el cielo que tanto indignaran a Lutero. Inclusive, estos profesionales (palabra que no pondremos en cursiva ni entrecomillada ni en elzeviriano) del «poder espiritual» apostrofaban (los sacerdotes no juzgan: condenan o absuelven, como ahora se pide condenar el terrorismo, como si fuéramos curas o jueces) en las encíclicas de 1816 y 1824 las guerras de independencia americanas, incluida la de los Estados Unidos (entonces 13 colonias británicas), satanizando a los puritanos. Y es que decir Iglesia es decir herejía, algo siamés, sobre todo la Iglesia constantiniana.

En 2006, Luigi Cascioli, nacido en 1934, ex-seminarista, agrónomo, interpuso una demanda en Italia poniendo en tela de juicio la existencia de Jesús, de Jesucristo. Escribió un libro –«La fábula de Cristo»– donde defiende la tesis de que Jesús no existió y, por lo tanto, la teología se derrumba amén del pecado original, la eucaristía, etc. Otrosí: la Iglesia se basa en nada. La demanda la puso contra un sencillo párroco de su pueblo y no contra el Papa (que goza de inmunidad como Jefe del Estado Vaticano que es). No se la admitieron (la demanda), apeló y un tribunal superior hizo comparecer al cura -Enrico Righi se llamaba- para probar la existencia histórica de Jesucristo. Este cura sermoneaba a sus parroquianos sobre Jesús como hijo de José y María, y Cascioli lo demandó (no tanto a la persona como a la carga religiosa de la frase) porque en Italia la Constitución pena abusar de la creencia popular e inventarse cosas para hacerlas pasar como hechos reales. O sea, igual que aquí, claro que allí el fascismo fue derrotado y aquí, pues… mire usted…

Los curas grababan sus propias orgías sexuales

Una red de sacerdotes que realizaba orgías documentadas con vídeos y fotografías transmitidos por internet y que llegaba al Vaticano fue destapada con la denuncia de uno de los participantes ante autoridades religiosas de la ciudad de Taranto, Italia.

De acuerdo al diario Il Corriere del Mezzogiorno, un laico de 32 años de edad presentó la denuncia ante el Tribunal eclesiástico de la región de Puglia, lo que llevó al arzobispo de Taranto, Filippo Santoro a remover de sus funciones a un cura.

El acusador -que también dio a conocer los hechos al diario- aseguró haber conocido a través de Facebook al sacerdote removido, con el que estableció una estrecha amistad y quien le confesó su homosexualidad.

El sacerdote reconoció mantener una intensa vida sexual con otros religiosos y hasta con un miembro de las Guardia Suiza del Vaticano, con la realización de orgías documentadas a través de vídeos y fotografías intercambiados en la web.

Según Il Corriere del Mezzogiorno, la denuncia ante el Tribunal eclesiástico incluyó un expediente con esos videos, fotos o conversaciones en chat (a través de Facebok o Skype) que también probarían episodios de prostitución, por lo que ya ha intervenido la magistratura.

Ante el escándalo, la curia de Taranto emitió una nota en la que confirmó la destitución del sacerdote tras “los hechos aparecidos en la prensa sobre la conducta moralmente reprobable y no compatible con el ministerio presbiterial”.

Aseguró que el cura acusado no pertenece al clero de Taranto, sino a una orden religiosa cuya identidad no fue revelada.

De acuerdo a las fuentes, en el expediente en poder del vicario judicial de la sede tarantina del Tribunal eclesiástico de Puglia, monseñor Giuseppe Donato Montanaro, no figura solamente la presunta actividad sexual del ahora ex párroco, sino de sacerdotes de toda Italia que se mantenían en contacto por internet.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2015/04/07/destapan-red-de-sacerdotes-que-grababa-y-transmitia-orgias-en-la-web-6196.html

Historia de una misa

Nicolás Bianchi

Recién muerto el Papa Karol Wojtyla, en abril de 2005, oí decir a un obispo que, si algo tenía en especial el difunto, era una «gran experiencia de Dios». ¿Le vio, le conoció? Es asombrosa la capacidad de invención de la jerarquía eclesiástica para despachar la trayectoria de un pontífice con frases que, realmente, no dicen nada: ¿la experiencia de Dios? He aquí un buen asunto para la hermenéutica óntico-ontológica y para los éxtasis místicos. Sin ánimo de ironía, diré que reconozco haber estado impresionado al ver a Wojtyla, alias Juan Pablo II, al pie del cañón y morir con la tiara puesta, como quien dice, ¿no es cierto? Hay quien ha llamado a eso «ostentación del sufrimiento» como si fuera algo indecente y hasta obsceno tamaña exhibición para mentes con escrúpulos. Es posible.  También lo es que el papa se lo tomara como un personal calvario, un Gólgota expiatorio. Quiero pensar que sus dotes interpretativas -fue actor de joven- no llegaran a esos paroxismos cuasimasoquistas. Por cierto que Wojtyla quiso ser de chaval portero de fútbol y, ya adolescente, trabajó en una cantera tomando contacto con los obreros. Unos trabajadores que los nazis quisieron fusilar como represalia de alguna acción guerrillera antinazi. Fue un comandante del Ejército Rojo soviético, el doctor Vasily Sirotenko, quien, sin por supuesto sospecharlo, los salvó, incluido el futuro papa, en 1944 en Cracovia. Paradojas de la vida sobre todo si se piensa en la visceral deriva anticomunista del polaco y su papel en la «caída del comunismo». Por no hablar de Lech Walesa, líder del sindicato polaco «Solidaridad» (Solidarnösc) a quien alguien definió como «tragahostias y meapilas». Pero dejemos esto.

Aquí sólo escribiremos de la vertiente política de su papado y no de sus pastorales y encíclicas ya de por sí asaz reaccionarias. Recordaré los entresijos de un episodio muy comentado «estos días» (al final, en el asterisco, se explicará este anacronismo) a diferencia del nulo comentario sobre «affaires» sonados en su momento como el escándalo del Banco Ambrosiano, las figuras de Marcinkus, el mafioso Michele Sindona, el banquero Calvi que apareciera «suicidado» en el puente londinense de Blackfriars o el blanqueo de dinero en el Estado de la Ciudad del Vaticano. Me refiero a la escena que todo el mundo pudo ver por televisión (Nota: me remito, otra vez, al asterisco. NB) en la cual el entonces ministro nicaragüense del Frente Sandinista, Ernesto Cardenal, sacerdote católico, se arrodilló ante el papa, de visita en Managua (en 1983), recibiendo una visible reprimenda y admonición de éste a quien era su anfitrión. Cardenal, en los años 80, vio y explicó así su genuflexión que, como se verá, fue un gesto de respeto no correspondido.

«Bienvenido a la Nicaragua libre gracias a Dios y a la revolución», decía una gran manta en el aeropuerto cuando llegó el Papa. Lo de «revolución» es claro que sobraba a ojos del Santo Padre que vive en Roma. Lo que más le disgustaba al papa de la revolución de Nicaragua es que fuera una revolución ¡que no perseguía a la Iglesia! El hubiera querido un régimen como el de Polonia, que era anticatólico en un país mayoritariamente católico y, por lo tanto, impopular. De las primeras cosas del papa cuando pisó suelo nicaragüense fue la humillación pública que me hizo -habla Cardenal- en el aeropuerto enfrente de todas las cámaras de televisión. El nuncio ya me había advertido que eso podía pasar. El papa no quería que ninguno de los sacerdotes en el gobierno (como Miguel Escoto, por ejemplo) estuviera recibiéndolo en el aeropuerto. Lo que menos quería era una revolución apoyada masivamente por los cristianos como la nuestra, en un país cristiano. ¡Y lo peor de todo para él es que fuera una revolución con sacerdotes! No era así la posición del cardenal Casaroli (una especie de ministro de Asuntos Exteriores del Vaticano), el secretario del Estado (Vaticano) del que se hablará más adelante.

La noche antes de la gran misa del papa en Managua, en la misma plaza, gobierno y pueblo celebraron juntos los funerales de 17 muchachos colegiales que habían sido matados por la «contra» antisandinista. Se esperaba allí del papa al menos una palabra a favor de la paz. El gobierno hizo todo lo posible para que la plaza de Managua, en la misa del papa, se llenara de gente, Así fue que en la plaza hubo unas 700. 000 personas. Nicaragua tenía entonces 3 millones de habitantes. También la derecha acarreó (sic) por su parte lo más que pudo, unas 50.000 personas lideradas por el Padre Carballo. Sorpresivamente, la misa empezó con una alocución del arzobispo Obando. Tanto que se esforzó la revolución en colmar esa plaza de gente y fue para que a esa multitud la hablara ahora el archienemigo de la revolución. En todas las negociaciones previas, en las que hasta lo más nimio se discutió, no se había contemplado que Obando hablara. Y monseñor Obando dio la bienvenida al Papa comparando su llegada a Nicaragua con la visita que una vez Juan XXIII había hecho a una cárcel de Roma. Me chocó -sigue Cardenal- esa comparación de Nicaragua con una cárcel, pero más me chocó el aplauso de toda la plaza. ¿Era que todo el pueblo se había vuelto contra nosotros?

Las lecturas de la misa no fueron inocentes. Se veía que habían sido escogidas ex-profeso contra los sandinistas. Del Antiguo Testamento fue leído lo de la Torre de Babel: los hombres que se quisieron igualar a Dios. Del Nuevo lo del Buen Pastor: solamente Cristo lo es; los otros son ladrones y salteadores. El tema de la homilía papal fue el de la unidad de la Iglesia, lo que equivalía a ser un ataque a la llamada «Iglesia Popular»: los cristianos revolucionarios a los que se nos acusaba -habla Cardenal- de querer destruir esa unidad. El tono -incluso gritos- acusatorio era claro. Era evidente que el Papa odiaba la revolución sandinista. Y había llegado a Nicaragua a pelear. Lo desconcertante era que en cada final de frase la plaza estallaba en aplausos y vivas al Papa. Hubo un momento en que pensé que la revolución se venía abajo. Pero entonces fue que cesaron los grandes aplausos; los que aplaudían ya eran sólo los 50. 000 que había «acarreado» el P. Carballo y el resto de la plaza empezó a protestarle al papa. Y protestando más y más conforme se van dando cuenta de que el papa, al hablar de la Iglesia, está hablando contra la revolución y contra los sacerdotes de la revolución. Y que, por lo tanto, no fue como muchos dijeron después, un ataque hecho al Papa premeditadamente por la revolución, sino que el Papa atacó primero a la revolución. Repetidas veces el papa había declarado que Nicaragua era su «segunda Polonia». Él creía que había un régimen impopular, rechazado por la gran mayoría cristiana, y que su presencia beligerante provocaría una sublevación popular contra los comandantes de la Dirección Nacional que estarían presentes en la plaza. Que bastaba que él hablara contra la revolución sandinista y tendría el respaldo masivo de esa plaza. Y el Papa llegó a Nicaragua a desestabilizar la revolución. Si el Papa no hubiera estado equivocado, la noticia mundial de ese día habría sido que el pueblo de Nicaragua rechazaba la revolución. Pero como el pueblo defendió su revolución y rechazó al papa, la noticia mundial fue «el agravio que se hizo al Papa en Nicaragua». Primero las madres de los 17 jóvenes asesinados comenzaron a pedirle al papa una oración por sus hijos y no les hizo ni caso. Se vio humillado por la multitud por primera vez en la historia moderna. Se le ve desconcertado y hace amagos de querer irse del altar. Al final de la misa, la bendición papal apenas la pudo hacer ahogado por una muchedumbre cantando el himno del Frente Sandinista.

Casaroli, de quien prometimos volver, contemporizador, diplomático, dijo que verían cómo enmendaban eso en Roma. Pero no hubo ni enmienda ni propósito (de la enmienda). Casaroli fue destituido de su cargo y enviado a una recóndita parroquia en Italia. Mientras, Obando fue nombrado cardenal y lo primero que hizo fue presentarse a los exiliados nicaragüenses en Miami. Lo que dijo el Vaticano y la prensa capitalista del mundo entero fue que el régimen marxista (?) de Nicaragua había ultrajado al Sumo Pontífice. Se habló de sacrilegio y de profanación de la misa papal. El Papa ni habló de paz ni rezó por los caídos. Igualmente se señaló que en los países latinoamericanos donde había guerrillas, el papa siempre se dirigía a los guerrilleros exhortándolos a que depusieran las armas. Solamente no lo hizo en Nicaragua que, curiosamente, sufría una «contra» financiada por Reagan.

Wojtyla se fue de Managua en un taxi con su «colega» Obando al aeropuerto sin cruzar palabra. Se fue «quemao» y con ánimo vengativo este pastor de almas. Ahora que le descubren «milagros» y anuncian la canonización de Juan Pablo II, «el Grande», esa papolatría, puede decirse que su verdadero milagro fue la caída del Muro de Berlín y la derrota del sandinismo. No me extraña que lo santifiquen a toda hostia, y nunca mejor dicho.

(*) Este artículo fue escrito cuando recién murió Juan Pablo II en 2005. Permaneció inédito hasta hoy. Eso explica algún anacronismo en su contenido.

En Asia los católicos tratan de cambiar las culturas autóctonas

El Papa de Roma acaba de regresar de su periplo por Asia, donde ha visitado Filipinas y Sri Lanka. Hacía 20 años que un Papa no visitaba esos países. Hace seis meses estuvo en Corea del sur, un país que el Vaticano tampoco visitaba desde hacía 25 años.
El interés de la diplomacia católica por Asia corre paralela a su crisis en Europa, sacudida por los escándalos financieros y sexuales. En el viejo continente el número de sacerdotes y seminaristas ha disminuido un 20 por ciento en los últimos 25 años. El Vaticano está pidiendo a sus misioneros que regresen a sus países de origen.
Por el contrario, Asia es una apuesta de futuro. El Papa tiene puestos los ojos en la pujanza económica del continente. Pese a ser una minoría, en Asia hay un crecimiento sostenido del catolicismo. El aumento del número de sacerdotes en los últimos 25 años ha sido del 60 por ciento.
Dos terceras partes de los católicos asiáticos viven en Filipinas, donde son mayoría gracias al colonialismo español.
Pero el catolicismo está muy desprestigiado en Asia, por su estrecha asociación con las conquistas coloniales. Durante la expansión europea, el catolicismo trató de impedir la resistencia, a costa de que los pueblos de Asia perdieran su identidad cultural y nacional.
Los indígenas convertidos al catolicismo fueron los únicos que se opusieron a las huelgas y a las luchas de liberación, especialmente en Filipinas, que el Vaticano utilizó como campo de pruebas para su expansión en Asia. En las Islas el catolicismo se impuso a sangre y fuego en el siglo XVI, matando a todos aquellos que rechazaron la nueva religión.
En Vietnam los católicos son actualmente un 10 por ciento de la población. Los procedimientos de penetración estuvieron ligados al colonialismo francés. Los misioneros estuvieron dirigidos por Alejandro de Rodas y en pocos años llegaron a incorporar a 80.000 prosélitos con la consigna de infiltrarse entre las clases dominantes para acelerar el proceso de expansión religiosa. Este procedimiento provocó numerosas y sangrientas luchas políticas.
En Asia el catolicismo siempre estuvo asociado al colonialismo. En el siglo XVII los católicos se agruparon en torno a los jesuitas de la Sociedad de las Misiones Extranjeras, con sede en París para tratar de derrocar al rey de Tailandia. La tentativa provocó una insurrección budista que expulsó a los católicos del país.
No es casualidad que todos los jefes de los regímenes pro-imperialistas en Vietnam desde Ngo-Dien Diem a Nguyen Van Thieu durante la guerra de liberación fueran católicos. De ahí que los católicos vietnamitas sean vistos con enorme recelo por el gobierno de Vietnam, que no mantiene relaciones diplomáticas con el Vaticano.
El catolicismo sólo logró imponerse en los países que practicaban el budismo mahayana, mientras que en los países de budismo hinayana fracasaron. Utilizaron los mismos métodos que hoy emplean las «revoluciones» de colores.

Jesucristo con dos pistolas

Nicolás Bianchi

Hablar de si la figura de Jesucristo existió o no existió históricamente se ha convertido ya en una cuestión bizantina o discutir sobre el sexo de los ángeles. Ya tanto da si existió como si no. Es casi indiferente. Sobre todo si miramos a las consecuencias –muy reales– de su «invención» que va desde un humilde pesebre en Palestina a las riquezas y fastos del Estado Vaticano, incluidos sus sótanos.

Tampoco entraremos en casuísticas cristológicas -de la que se ha hecho una «ciencia»: la Cristología– sobre el Jesús histórico o el Cristo de la Fe, ni la clarísima correspondencia entre el paganismo -y el paganismo no es ateísmo, ojo- egipcíaco de Horus, Osiris, etc. Horus era de hecho el arquetipo del Cristo pagano milenios antes de la aparición del cristianismo que todo lo copiaba y de todo se aprovechaba como, por ejemplo, la tiara o toca que se encasqueta el Papa en la testa es copia del dios persa Mitra. El egiptólogo inglés Gerald Massey (1828-1907) descubrió casi doscientos casos de la correspondencia inmediata entre el material egipcio mítico y las escrituras cristianas. Desde el nacimiento en un establo hasta la muerte por crucifixión acompañados ambos -hasta en esto coinciden- por dos ladrones. Como decimos, el cristianismo es una especie de agujero negro que todo lo succiona si le sirve. Y si no, no.

Aquí escribiremos como si Jesucristo sí hubiera existido. Empezaremos en plan heavy diciendo que Jesucristo (en adelante JC) jamás condenó la violencia. Jesús -suponiendo que existiera- no fundó ninguna Iglesia en cuanto organización dispuesta a perpetuarse sine die y sub speciae eternitatis, o sea, toda la puta vida. dicho en cristiano y que viene al pelo en este caso. Ni se le pasó por la cabeza al Maestro. El Nazareno (*) nace y crece en un ambiente de alta sensibilidad mesiánica. Mientras el hijo de María tenía su vista clavada en el futuro inminente de la venida del Reino de Dios, aquí y ahora y no ad calendas graecas, o sea, cuando a las ranas les crezca el pelo o nieve en el infierno. Y se esperaba una «liberación» -con la llegada de algún Mesías- sólo para el pueblo judío en excluvidad. Son las narraciones evangélicas las que se proponen desvincular a Jesús del entorno hebreo de sus días, desjudaizarlo. Porque JC no fue «cristiano», sino judío. Y un judío revoltoso. Su crimen, de cara a los romanos ocupantes, fue proclamarse «rey de los judíos», un delito de sedición, un delito político de los peores que se castigaban con la crucifixión. Para los romanos JC era un malhechor (lo de «terrorista» todavía no se había inventado). En Marcos 1.15 Jesús proclama, al igual que el Bautista, que «cumplido es el tiempo y el Reino de Dios está cercano». Ya no hay espera, pues el tiempo se ha cumplido. Jesús, un nacionalista judío, pero no el único, no tenía paciencia (la Iglesia Tarsiota -de Pablo de Tarso, a quien los esenios llamaran «El Embustero» por transformar la realidad en favor del poder establecido y acercó a los gentiles el cristianismo, universalizándolo-, sí). Verdaderamente creía en un demiurgo que expulsaría al invasor romano. Cuando muere en la cruz, Jesús no se siente instrumento ni marioneta de ningún arreglo teológico o soteriológico diseñado por el Altísimo. No esperaba ese desenlace trágico, no estaba en el guión. De ahí su desgarrador bramido: Eloi, lamma sabacthani («Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»). Sólo le faltó añadir, «joputa», pero no consta en las Escrituras.

Había algo indisociable en el mesianismo de la época: lo religioso y lo político, o sea, entre el Reino de Dios y el destino de Israel. Por eso del Bautista -de San Juan Bautista- apenas se habla, porque era casi un zelote (un «etarra» diríamos hoy, como los que defendieron Masada). Y a Jesús se le «despolitiza», pues Jesús, es obvio, es puro amor, y más en tiempos de «humanismo navideño» como en este mes donde hasta el personaje dickensiano Mr. Scrooge se humaniza, ¿no es cierto? Sucede que en Lucas 22. 49-50 le preguntan al Maestro (cuando le prenden en Getsemaní): «Señor. ¿herimos con la espada?». Y responde: «Dejadles, no haya más», o sea, que no haya bronca. No se condena la violencia, sino que se toma una prudente decisión. Y ello porque para detener a Jesús se le envía nada menos que una cohorte (no inferior a 400 hombres) al mando de un tribuno (judío). Es fama que Pedro, el impulsivo futuro fundador de la Iglesia, le corta una oreja, esto es, desoreja a un esbirro del Sumo Sacerdote, es decir, que iban armados.


La ética de Jesús, su escatología mesiánica, causó pavor en el stablishment judeo-romano. Jesús era hostil frente al ocupante romano y sus colaboracionistas aborígenes. Un Jesús de este tenor era inmanejable para la (posterior) Iglesia. No era plan. Había que adulterar su figura mediante una interpretación espiritualizante y apolítica, irenista, de su supuesto fundador. Este Jesús inexistente quedó troquelado para el resto de la Historia como un ser evanescente alejado de toda preocupación terrena en el cuarto Evangelio: «mi Reino no es de este mundo». Si lo fuera, lo volverían a crucificar.

Nota.- No queremos convertir a JC en un «revolucionario» avant la lèttre ni forzar nada, no estamos aquí para eso. Sólo desvelamos -o completamos- lo que otros callan u omiten. Eso es todo y esa es la intención.

(*) Nazareno no porque fuera de Nazareth, sino término que viene a ser algo así como «guardián de la ley», que es como se lo toma Jesús cuando expulsa del templo a los mercaderes, una muestra de su enorme celo por el incumplimiento de las leyes más puras del judaísmo. El melenudo y bíblico Sansón era, por ejemplo, un nazareno, o sea, un militante, como si dijéramos.

La Iglesia católica desnuda algunas de sus vergüenzas

El 5 de julio de 2011 se anunció la desaparición del Códice Calixtino, un valiosísimo manuscrito del siglo XII que llevaba 800 años en la catedral de Santiago de Compostela.

Un año después Manuel Fernández Castiñeiras, un electricista que había trabajado para el cabildo, fue detenido. El electricista mantenía una relación estrecha con el déan de la catedral y cuando fue detenido tenía en su poder las llaves de todas las habitaciones y dependencias.

La policía registró un garaje cerca de su casa familiar, encontrando dos millones de euros y el Códice Calixtino. Además, en el registro encontraron 31 libretas en las que el electricista relataba los encuentros sexuales entre sacerdotes, miembros del Cabildo catedralicio, además de presuntos abusos a monaguillos de la Catedral. Según las mismas fuentes, el contenido de esas 31 libretas comprometería gravemente a medio centenar de personas, incluidos sacerdotes de la diócesis.

El 14 de febrero de 2013 Fernández Castiñeiras presentó un escrito en el que relataba las prácticas sexuales, además de los robos cometidos por los curas de la catedral.

El electricista cuenta que entre los curas formadores del Seminario compostelano había algunos que visitaban a los seminaristas y que, aprovechando que era verano y muchos dormían solo con la ropa interior puesta, les acariciaban el pene o el culo según en la postura en que estuviesen y si alguno abría los ojos le decían: “¡Hay que taparse que te va a coger el frío!”

Había una enemistad tremenda entre el canónigo que tenía una relación con un hombre y otro miembro del cabildo debido a que ambos estaban enamorados de un chico que era seminarista. Relata cómo presenció que uno insultaba al otro por intentar quitarle la pareja: “¡tú me sacas a ese chico!”, le decía.

Un sacristán que al acercar el cordón por detrás a los dos canónigos que se peleaban por el mismo chico estos le agarraban fuertemente las manos y se las acariciaban sin dejar que se soltara, marchándose diciendo “asquerosos” porque siempre tuvo novia y no es homosexual.

Fernández Castiñeiras afirma que él mismo presenció aquellos episodios, pero que también escuchó las quejas del sacristán sobre los sobamientos de los canónigos. El propio arzobispo podía haber tenido conocimiento de la existencia de estas libretas y de su contenido hace más de dos años.

El próximo día 1 de diciembre comenzará en Santiago el juicio por el robo del Códice. Los obispos gallegos temen que la defensa de Castiñeiras trate de enmierdar el proceso con asuntos que nada tienen que ver con el Códice. De salir a la luz pública el contenido detallado de las libretas el arzobispo de Santiago, Julián Barrio, se encontraría en una situación insostenible.

La Diócesis ha elevado la petición de pena de prisión para Castiñeiras de 15 a 31 años. Pero el juicio llega en el peor momento para la Iglesia, después de la reciente desarticulación en Granada de una banda eclesiástica que llevaba 20 años violando y abusando de menores.

Afortunadamente para el Vaticano, el eurodiputado de Podemos Pablo Iglesias, como buen lameculos, se ha desvivido en loas a la Iglesia tras el discurso del Papa en el Parlamento Europeo esta mañana. Iglesias ha dicho que le encantaría reunirse con el Papa, con quien está de acuerdo “en muchas cosas”, según confesión propia a los medios.

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