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El imperialismo alemán está llegando a la encrucijada

Juan Manuel Olarieta

Lo que tiene que ver con Alemania le lava la cara al reformismo europeo, que se puede presentar con un marchamo progresista del que carece absolutamente. Los aspavientos reformistas esconden la lucha de clases, la presentan desde un punto de vista nacional que reproduce a escala europea esa dicotomía norte-sur que tanto juego le viene dando desde hace unos años: la culpa de los problemas del sur procede del norte.

Además, con las continuas alusiones a la crisis de Grecia el reformismo europeo trata torpemente de esconder la crisis interna de la Unión Europea.

Finalmente, los ataques que el reformismo dirige contra Alemania ponen de manifiesto la estrategia de Estados Unidos en Europa, de la que ellos, los reformistas, forman parte. Las nuevas organizaciones reformistas que han surgido en el sur de Europa, del tipo Syriza y Podemos, son el ariete que va a utilizar Estados Unidos para mantener sometida a Alemania.

La mayor parte de los planteamientos actuales sobre el imperialismo y sus rivalidades internas, incluidos los rusos, coinciden en meter en el mismo paquete a las “potencias occidentales”, un bloque del que forman parte Estados Unidos y Alemania que, como es habitual, “son iguales”, o “son lo mismo”, o “son parecidos”. Es la sempiterna simetría de los imperialistas, en donde las fisuras no aparecen por ningún lado.

Casi es ridículo empezar recordando que Alemania perdió la Segunda Guerra Mundial y que el país fue ocupado militarmente. La Fuerza Aérea de Estados Unidos se apoderó de las antiguas bases de la Luftwaffe, que se convirtieron en una prolongación del territorio de Estados Unidos.

Pero en una guerra no basta con vencer; luego hay que humillar al derrotado, hacerle sentir su inferioridad. Además de la ocupación, Alemania fue dividida en dos Estados, lo cual fue responsabilidad única y exclusivamente del imperialismo, que impuso sus planes a pesar de que la Unión Soviética se opuso a la partición.

A lo largo de toda la Guerra Fría el estatuto subordinado de Alemania dejó de estar justificado por la derrota en la Segunda Guerra Mundial y adquirió un carácter nuevo, para el cual se inventó una nueva excusa: el cerco a la Unión Soviética. No obstante, los hechos no cambiaron: Alemania seguía siendo un país ocupado y humillado.

Su subordinación estratégica se plasmó en el Estatuto de las Tropas de la OTAN de 1951 (SOFA), el Contrato de Establecimiento de 1954 y el acuerdo complementario al SOFA de 1959. Los acuerdos de la posguerra crearon privilegios exorbitantes para Estados Unidos y para sus tropas, que disfrutan de una libertad de movimiento sin límites y pueden utilizar calles, edificios públicos y áreas de entrenamiento. Los vuelos de los aviones de la Fuerza Aérea estadounidense sobre Alemania no están sujetos a control y no pueden ser registrados. Los aviones de Estados Unidos tienen permiso para aterrizar en cualquier lugar de Alemania y en cualquier momento, por ello pueden utilizar aeropuertos civiles como conexiones para los transportes militares a utilizar en cualquier crisis que se desencadene en cualquier lugar del mundo.

Alemania tuvo que renunciar, pues, a la soberanía y jurisdicción sobre su territorio, incluyendo los crímenes cometidos por las tropas de ocupación o sus miembros civiles. Incluso están exentos de cualquier responsabilidad por los daños causados por las maniobras militares.

En 1990 la excusa de la Guerra Fría también se agotó. Ya no existía la URSS. Tampoco existía la República Democrática Alemana. Sin embargo, la situación sigue siendo la misma: Alemania es un país militarmente ocupado.

El elemento definitorio y capital de aquel momento fue la firma por Gorbachov del Acuerdo dos-más-cuatro, que no sólo puso al desnudo -por si cabían dudas- la política soviética sino también la rusa actual, es decir, demuestra la continuidad de una política exterior seguida en Europa desde 1945 de una forma coherente. Aquel acuerdo estableció -entre otras cosas- que, a pesar de la reunificación alemana, en el territorio de la antigua República Democrática Alemana no se podría establecer ninguna fuerza armada extranjera, ni bases aéreas, ni armas nucleares.

En lo que concierne a la ocupación militar, Alemania no es, pues, un país reunificado y aquel estatuto militar de la antigua República Democrática Alemana fue el que la URSS logró en otros países, como Austria, y el que trató de obtener en todos los demás del este de Europa. El contraste no puede ser más claro con la política imperialista de constituir un “cordón sanitario” en torno a la URSS y luego a Rusia, hasta el punto de que durante una visita a las tropas acantonadas en la base de Ramstein en 2009 Obama dijo: “Alemania es un país ocupado y lo seguirá siendo”.

Hoy hay más soldados estadounidenses estacionados en Alemania que en cualquier otro país del mundo. Alemania tiene el 28 por ciento del total de las bases estadounidenses en el extranjero. Más de la mitad de las bases estadounidenses en Europa están en suelo alemán.

Pero en la actualidad ni la Segunda Guerra Mundial ni la Guerra Fría pueden servir de excusa al imperialismo estadounidense para mantener su despliegue militar en Alemania. La única excusa es la propia Alemania, mantenerla sometida a las órdenes de Washington.

Alemania no ha denunciado los tratados de posguerra. Tampoco parece que quiera salir de ese estado de postración. Es verdad que ha iniciado unas protestas muy tímidas y que el espionaje en internet (Prism en 2013 y el actual que ha salpicado a la propia Merkel) ha levantado la ola anti-estadounidense más importante desde 1945, lo cual favorece el distanciamiento.

La cuestión que se plantea es si en el futuro las contradicciones entre ambas potencias van a menguar o si, por el contrario, se van a intensificar. En mi opinión esto último es lo que va a ocurrir: un mayor alejamiento entre ambas potencias y la ruptura del “statuo quo” de la posguerra en Alemania. Su consecuencia será el acercamiento de Alemania a Rusia.

En ese proceso Berlín tendrá que afrontar una fortísima campaña de intoxicación propagandística procedente de Estados Unidos, que es la que ahora ha empezado. El núcleo de esa campaña anti-alemana tomará el camino más corto: equipararla al III Reich. Ahí es donde Estados Unidos les reserva a los reformistas del sur europeo, del estilo Syriza y Podemos, el papel estelar. Hoy en Europa no hay nada más “progresista” que arrojar todas las culpas sobre Alemania.

Por su parte, Alemania sabe que tiene un caballo de Troya en su interior y que no son sólo las bases militares de Estados Unidos, sino también los países como Grecia o España. No le bastará sólo con desembarazarse de los primeros. También tendrá que sacar fuera de la Unión Europea a Grecia y España. Eso es lo que significa el famoso Grexit.

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Schultz admite que Europa está al borde de la desintegración

Ayer el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schultz, declaró a la radio alemana Deutschlandfunk que “Bruselas se encuentra en el filo de la navaja y por ello la eurozona está al borde de la desintegración”.

Schultz alcanzó notoriedad mundial cuando, días antes del referéndum griego, propuso dar un golpe de Estado y sustituir a Syriza por un gobierno de tecnócratas. Entonces parecía que el problema lo tenía Grecia; ahora la pelota está en el tejado de la Unión Europea.

Así lo reafirma el sitio “Deutsche Wirtschafts Nachrichten” (Noticias Económicas Alemanas) cuando asegura que en Bruselas el miedo ha sustituido a la confianza como forma de relacionarse entre los países de la Unión. “En Europa la vida en común ya no la determinan contratos [basados en la confianza] sino la ley de la jungla”, dicen. Son palabras mayores, pero no son las únicas. La revista también dice que este fin de semana se ha producido un “golpe de fuerza” contra Grecia que hay que tomar como una advertencia implacable dirigida contra todos los miembros de la zona euro y de la que todos ellos son, a la vez, cómplices.

De las uniones internacionales, y de la europea en particular, ya habló Lenin hace cien años. Decía que este tipo de tinglados aparecen en las épocas de auge económico, cuando las cosas marchan viento en popa, mientras que experimentan dificultades desde el mismo momento en el que emerge la crisis. Por lo tanto, la Unión Europea es como cualquier sociedad anónima. Su solidez depende de si reparte beneficios a final de año o no. Si además de no dar nada exige poner más dinero encima de la mesa, la unión se transforma en desunión.

Si a los estudiantes de economía les enseñaran que el capitalismo se rige por la ley del desarrollo desigual, nada de esto les sorprendería. Pero les cuentan todo lo contrario, que es lo que repiten luego los tertulianos en los medios: que todos navegamos en un mismo barco que se llama Unión Europea. Es falso. Cuando el barco se hunde todos se pelean por tener un hueco en el bote salvavidas.

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¿Por qué Estados Unidos apoya al gobierno de Syriza?

La propaganda reformista viene presentando la crisis financiera de Grecia como una pugna dirigida contra las sanguijuelas europeas, personalizadas en Merkel, es decir, en Alemania. Su “lucha”, de la que Syriza es el ariete, estaría dirigida contra las políticas económicas vigentes en Europa, caracterizadas por eso que llaman “austeridad”. Su objetivo es “otra” Europa.

Naturalmente que a ese escenario le faltan actores tan importantes como Estados Unidos, y eso nos lleva a reflexionar por los motivos de ese ocultamiento, que no son otros que el apoyo que desde el principio viene prestando Estados Unidos -y ciertos medios financieros británicos- al reformismo europeo, en general, y a Syriza en particular.

Esta mañana el espectáculo se ha podido observar en vivo y en directo en el programa “Al rojo vivo” de La Sexta, cuando Ernest Urtasun, eurodiputado de ICV, ha mencionado en apoyo de sus afirmaciones al Financial Times, quien considera que la actuación del Banco Central Europeo contra Grecia es ilegal o contraria a la normativa comunitaria. El director del programa, García Ferreras, no salía de su estupor y le ha pedido al eurodiputado que ampliara esa información, mientras una de las periodistas no ha podido ocultar su asombro al comprobar que el diario del capital financiero británico se había convertido en la guía espiritual de “la izquierda”.

No es la primera vez, por lo que estamos en otra de esas pugnas antimperialistas en las que los reformistas vuelven a desempeñar el papel que le marcan sus amos y cuando hablamos de reformistas no nos referimos a abstracciones sino a organizaciones europeas muy concretas (Syriza, Podemos, IU, ICV) y a personajes muy conocidos (Tsipras, Varufakis, Iglesias).

A diferencia de los gobiernos europeos, Estados Unidos felicitó efusivamente a Tsipras y a Syriza por su victoria electoral, inmediatamente después de que fuera conocida. Gracias a sus tupidas redes de espionaje, la CIA sabe cosas de las que a nosotros nos cuenta enterarnos. Naturalmente que sus conocimientos sobre Syriza son bastante anteriores a las propias elecciones y no necesitaron que Syriza adoptara ninguna medida práctica para felicitarse de que hubieran ganado. El imperialismo supo desde el principio que no tenía nada que temer de ellos. Pero de ahí a la alegría que demostraron y a las felicitaciones hay un trecho.

El mes pasado, en un discurso pronunciado en Berlín en la Fundación Hans Böckler, Varufakis dijo que más allá de la crisis griega, lo que está en juego es la culminación de la Europa federal que se desprende de una unión política: “Claramente, tenemos necesidad de una unión políitica. Pero, ¿de qué tipo? No olvidemos que la Unión Soviética era una unión política, incluso aunque nosotros no queramos imitarla. No, el objetivo de Europa es una unión política democrática que complazca a sus pueblos”.

Lo que está en juego, pues, según Varufakis, es el tipo de unión política europea. En la actualidad hay una “unión monetaria asimétrica”, con países que tienen fuertes excedentes comerciales y otros con fuertes déficits. Una unión política no se puede fundamentar en las políticas llamadas “neoliberales” o de austeridad porque desembocarían en el “tribalismo nacionalista”, dijo el antiguo ministro griego.

A pesar de estar en la misma Alemania, o quizá precisamente por ello, mencionó indirectamente a Merkel como una dirigente europea que quiere sacrificar a Grecia para enfilar hacia una unión política al estilo soviético. Grecia sería el escarmiento. La disciplina necesaria en la unión procedería del temor de los países a ser expulsados al estilo griego.

Varufakis calificó ese modelo como “antieuropeo”. Los verdaderos europeos son ellos, los antiliberales, los que se oponen a las políticas de austeridad. Llevaba todo un proyecto europeo bien perfilado para mostrárselo a los alemanes. En lugar del modelo actual, Europa se debería unir mediante lo que calificó como un mecanismo de reciclaje de excedentes, o sea, una transferencia de los excedentes alemanes hacia los países del sur a través del MESF (Mecanismo Europeo de Estabilización Financiera) y reconvertir las deudas hacia el Banco Central en deudas hacia el referido MESF.

En España el plan de Varufakis es más viejo que la tos y sirve para una redistribución territorial de le renta en donde las autonomías con mayor nivel de renta ponen un dinero que va a parar a las de rentas más bajas. Pero Varufakis no miró hacia España sino hacia Estados Unidos, que es el prototipo de la Europa federal que él propugna.

A partir de entonces su discurso tomó un tono lírico. Empezó mencionando el Discurso de la Esperanza pronunciado en 1946 por el Secretario de Estado J.Byrnes, que se convirtió en la guía con la que Washington encaró la reconstrucción alemana en la posguerra, aunque se le olvidó mencionar que, como país ocupado militarmente, Alemania estaba plenamente sometida a Estados Unidos. En lugar de enfatizar ese detalle, se fue por los cerros de Úbeda para decir que, en realidad, el discurso lo había escrito John Kenneth Galbraith.

El caso es que 70 años después, plena crisis, a un ministro griego se le ocurre resucitar al Discurso de la Esperanza en plena Alemania para inspirar un nuevo modelo que va más allá del país para el que se ideó y que se pretende ampliar a toda Europa… como si siguiéramos bajo una ocupación militar. ¿Forma parte eso también del modelo reformista para Europa?, ¿nos llevan los reformistas hacia los Estados Unidos de Europa?

De momento Estados Unidos sigue lanzando capotes a Syriza, filtra los informes del FMI y a través de Lagarde, hoy mismo se ha mostrado dispuesto a seguir dando dinero a Grecia, a pesar de no haber cobrado las facturas pendientes. Por lo tanto, Estados Unidos y el FMI están mostrando una actitud hacia Grecia que no tiene nada que ver con el puño de hierro de Merkel.

Tiene razón, una vez más, el economista estadoundense F. William Engdahl, que conoce muy bien lo que se cuece por Washington. Engdahl sugiere que Varufakis es el caballo de Troya de los intereses de Estados Unidos en el interior de Europa: “Llego a la conclusión de que lejos de ser el campeón del infeliz pueblo griego, Varufakis forma parte de un juego mucho más grande y más sucio”.

Durante un tiempo a este juego se le llamó la “Europa de las dos velocidades”, que también pasó al olvido. La verdadera Europa es la del sur, la que Estados Unidos quiere utilizar como contrapeso a la del norte, bajo la férula de Alemania, para quien los países mediterráneos son un verdadero lastre sin ningún futuro. Los reformistas se van a prestar a ese pugna de intereses. Sus críticas a Berlín son loas a Washington.

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El FMI admite la necesidad de una quita a Grecia del 30 por ciento de la deuda

Los medios de todo el mundo han filtrado de manera interesada un sustancioso informe del FMI sobre Grecia en el que cuentan varias cosas muy curiosas, que todos conocían, incluídos los mayordomos del capital financiero europeo, aunque dijeran lo contrario.

La primera es que la deuda de Grecia es insostenible. Ni siquiera creciendo a tasas del 4 por ciento anual durante una década podría hacer frente a los pagos.

La segunda es que reconocen que el asunto se les escapado de las manos, lo cual también es obvio. Pero, ¿por qué? Por algo que no saben: porque la crisis del capitalismo es mucho más profunda de lo que calcularon y porque, además, no tiene ninguna solución dentro del propio capitalismo.

La tercera es que, para salir al paso, ahora admiten una quita del 30 de la deuda y un préstamo adicional de 52.000 millones de euros (que tampoco servirán para nada).

La cuarta es la realmente interesante: la filtración es una patada a Merkel y a sus secuaces de Bruselas. ¿Quién puede propinar una patada así? Estados Unidos. ¿Por qué motivo? Obviamente, no por nada que tenga que ver con la economía, sino más bien con la estrategia de los imperialistas anglosajones.

A Estados Unidos la deuda le importa un bledo y ha movido sus hilos para que el FMI tome esa misma postura: están dispuestos a tirar la casa por la ventana para que Grecia siga en la OTAN y en el euro.

Desde hace tiempo Merkel estaba presionando para que el informe del FMI no se publicara. Estaban en plena negociación, que Bruselas debía entablar sobre posiciones de fuerza aparente. Pero las presiones de Estados Unidos han sido más intensas y, al final, el informe ha visto la luz “bajo cuerda”, como si fuera un filtración periodística.

Desde el primer momento Estados Unidos ha presionado para que Bruselas aceptara las reivindicaciones de Syriza. Es la única manera de mantener a Grecia dentro de la órbita del Pentágono. China no puede quedarse con los puertos griegos, Rusia no puede poner bases de misiles al borde de los Balcanes y Gazprom no puede llevar sus tuberías a las viviendas del país heleno.

Para Alemania la publicación del informe del FMI ha sido un jarro de agua fría. La campaña de prensa orquestada contra Grecia también ha quedado al descubierto. Europa tiene que empezar a pensar ahora en cómo va a pagar los 360.000 millones de euros que debe Grecia. Es Europa quien tiene un serio problema.

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El despilfarro griego del que nadie habla

Philippe Legrain fue asesor del Presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso. Conoce bien el entramado político que impuso a la población griega las políticas económicas de los buitres financieros europeos.

En su testimonio ante el Parlamento griego, emitido el 11 de junio, dijo que el problema de la deuda griega se inició en mayo de 2010, cuando el FMI se dio cuenta de que Grecia nunca podría nunca pagar su deuda, lo cual causaría un problema grave para los bancos europeos que la habían comprado.

Nunca se trató, pues, de salvar a Grecia sino al capital financiero europeo, dijo Legrain. El FMI y las instituciones europeas se disponían a hacer lo mismo que en todos los demás rescates conocidos en Europa: salvar a los bancos privados con dinero público.

Según Legrain, el gobierno alemán también conocía el problema, como los demás buitres financieros y políticos europeos, incluido el Banco Central. Todos sabían que la bancarrota del Estado griego crearía un problema gravísimo para los bancos poseedores de dicha deuda y este problema podría convertirse en un problema político mayor.

El FMI estimó que en Grecia los salvajes recortes originarían un descenso de un 5 por ciento del PIB griego. En realidad, fue mucho peor. El PIB griego descendió nada menos que un 20 por ciento (algunos creen que fue incluso mayor, un 25 por ciento).

Los recortes se justificaron para reducir la deuda pública griega, un objetivo que no solo no se alcanzó sino que tuvo el efecto contrario: la deuda pública aumentó, alcanzando el 150 por ciento del PIB en 2013.

Ninguno de esos “expertos” del FMI ha sido despedido de su cargo por sus errores, que Legrain calificó como “estupideces”.

Uno de los fraudes de la deuda griega es el despilfarro del dinero público en armamento. Según Eurostat, la oficina de estadística de la Unión Europea, durante años Grecia no contabilizó el gasto militar. Pero no es algo privativo de Grecia sino de todos los países de la OTAN, que ocultan el gasto militar real. España hace lo mismo. ¿Les engañan a los chupatintas de Bruselas?, ¿no sabían que Grecia se estaba gastando el dinero en armamento?, ¿no es eso despilfarro?

Ni el FMI, ni el Banco Central Europeo, ni la Comisión Europea, ni los gobiernos alemán y francés han hablado nunca de la posibilidad de recortar el gasto militar porque Francia y Alemania eran los mayores proveedores de armamento, pagado con deuda pública. Por eso se callaron la estafa como perros… pero sólo mientras se forraban vendiendo armas.

Durante décadas el ejército golpista griego ha mantenido la tensión con otro país de la OTAN, Turquía, para perpetuar una situación de privilegio en la que el gasto militar del país es el más alto de la Unión Europea en porcentaje respecto al PIB. Pero recortar el despilfarro militar supone enfrentarse tanto a la OTAN como a los propios militares griegos.

En plena batalla sobre la crisis griega, el martes Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, instó a Syriza a no recortar su presupuesto de Defensa en unas declaraciones al canal ZDF de la televisión alemana: “Ningún representante del Gobierno griego ha establecido ninguna relación entre la crisis financiera y la pertenencia a la OTAN, todo lo contrario, han remarcado siempre que Grecia es y será miembro de la OTAN”.

Puestos a recortar, he ahí una buena tajada: Syriza podría sacar a Grecia de la OTAN. ¿Verdad que sí?

Más información:

Grecia se endeudó para comprar armamento a Alemania:
https://mpr21.info/2015/03/grecia-se-endeudo-para-comprar.html

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El Presidente del Parlamento Europeo llama al cambio de gobierno en Grecia

En Bruselas la escalada de ataques contra Grecia sigue su curso. En declaraciones al diario económico alemán Handelsblatt, el Presidente del Parlamento Europeo Martin Schulz ha declarado esta mañana que espera un “gobierno tecnocrático” en Grecia que acabe con la “era Syriza” tras una eventual victoria del “sí” en el referéndum del domingo.

Como demostraron en el referéndum de Escocia, a la canalla europeísta no le gustan las urnas y prefiere inventarse un nuevo gobierno, impuesto desde los cenáculos de Bruselas.

No saben perder. Schulz se ha permitido la licencia de decir que Tsipras es “impredecible y manipula a la gente en Grecia, con un carácter casi demagógico”. Cuando son sus colegas los que ganan en las urnas, el tono es completamente diferente. No hay demagogia, ni manipulación.

Como cualquier otro sátrapa, Schulz se permite decirle a Tsipras lo que tiene que hacer: “Si el pueblo griego vota a favor del programa de reformas y por lo tanto a favor del mantenimiento en la zona euro, serían imperativas unas nuevas elecciones y, de manera lógica, la dimisión de Tsipras”.

Schulz sigue dirigiendo los pasos de Grecia. Mientras se celebran nuevas elecciones, dice, la continuidad la debería asegurar “un gobierno de tecnócratas para que nosotros podamos continuar negociando”.

“Si ese gobierno de transición encuentra un acuerdo razonable con los acreedores, entonces sería el fin de la era Syriza. Después Grecia tendría una nueva oportunidad”, dice Schulz.

Por el contrario, el actual gobierno no le gusta al Presidente de la Eurocámara: “Ahora mi confianza en la voluntad de negociar del gobierno griego a alcanzado su grado más bajo”.

Estas declaraciones canallescas van en paralelo con otras de Varufakis a la radio australiana en las que ha sugerido que el gobierno podría dimitir en caso de que venciera el “sí”. En tal caso “yo no sería ministro”, ha dicho Varufakis.

De aquí al domingo, las presiones y chantajes contra Grecia van a continuar para que el resultado sea del agrado de Bruselas. Son los métodos favoritos de los mafiosos, los banqueros y la manada de vividores que anida en las instituciones europeas.

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La Unión Europea: un sueño nazi hecho realidad

[…] No solo los nazis, sino los fascistas y los colaboracionistas de muchos países europeos utilizaron el europeísmo para justificar la agresión. Los nazis, los vichystas, los fascistas italianos y muchos otros pasaron muchos años antes y durante la guerra elaborando sofisticados programas de integración política y económica de Europa…

[…] El plan de Hitler de establecer una sola entidad política en toda Europa, su necesidad de buscar respaldo en los propios países ocupados, y muchos elementos centrales de la filosofía nazi, todo ello formaba parte de su pensamiento europeísta.

Los proyectos elaborados por los nazis proclamaban que los estados miembros de la futura Confederación Europea tenían que asegurar que en su territorio no se cometieran actos incompatibles con la solidaridad europea y las obligaciones europeas. En 1943 en una Nota sobre la fundación de una Confederación Europea, Cecile von Renthe-Fink, que ocupaba el rango diplomático de ministro con Hitler, sostenía que las naciones europeas tenían un desarrollo común; decía que Alemania deseaba unir a Europa sobre una base federal; proclamaba que no había intención de inmiscuirse en los asuntos internos de otros países: “Lo único que se requiere de los estados europeos es que sean miembros leales y proeuropeos de la comunidad y colaboren voluntariamente en sus tareas […] El objeto de la cooperación europea será promover la paz, la seguridad y el bienestar de todos los estados europeos y su población”. No se trataba de que un estado o grupo de estados dominara a otros sino de que se establecería una relación de alianza y lealtad mutua en vez de los métodos imperiales de la era anterior. En un tono similar, Werner Daitz declaraba que Europa no se puede administrar de forma centralizada: se debe conducir de modo descentralizado.

Una versión avanzada del plan nazi sobre la futura Confederación Europea volvía sobre el tema del federalismo con la esperanza de encontrar así una solución a la rivalidad entre las potencias imperialistas europeas. Argumentaban que el problema europeo era que una multiplicidad de pueblos tenía que vivir en una superficie relativamente reducida en una combinación de unidad e independencia:

“Su unidad debe ser tan firme como para que nunca más pueda haber guerra entre ellos y los intereses externos de Europa se puedan salvaguardar en su conjunto. Al mismo tiempo, los estados europeos deben conservar su libertad e independencia, para actuar de acuerdo con sus diferentes situaciones y misiones nacionales y cumplir su función particular dentro del marco más amplio, en un espíritu alegre y creativo. La fuerza y la seguridad de Europa no dependen de la subordinación impuesta o exigida por una potencia europea a la otra, sino de la unión de todos. El problema europeo solo se puede resolver sobre una base federal por la cual los estados europeos resuelvan por libre voluntad, basados en un reconocimiento de esta necesidad, unirse en una comunidad de estados soberanos. Esta comunidad se puede designar confederación europea”.

Hasta la hoy famosa y fracasada Constitución Europea es una iniciativa de los nazis. El borrador nazi de Constitución para la Nueva Europa proclamaba el derecho de cada país a organizar su vida nacional como considere adecuado, siempre que respete sus obligaciones hacia la comunidad europea. Otros documentos repetían la misma idea. La actual guerra es también una guerra por la unidad y libertad de Europa, escribió Renthe-Fink:

“Sus objetivos son crear y garantizar una paz duradera para los países europeos […] eliminar las causas de las guerras europeas, sobre todo el sistema de equilibrio de poder […] superar el particularismo europeo mediante la cooperación libre y pacífica entre los pueblos europeos. La lealtad a Europa no significa sujeción sino cooperación franca basada en igualdad de derechos. Cada pueblo europeo debe participar a su manera en la nueva Europa. El único requerimiento es que los estados europeos sean francamente leales a Europa, de la cual son miembros”.

Finalmente, Renthe-Fink añadía: “Cada estado continental debe permanecer consciente de su responsabilidad hacia la Comunidad Económica Europea”. El autor de los proyectos hitlerianos sostenía que no deseaba una burocracia supranacional, ni siquiera un sistema de conferencias intergubernamentales. Cualquier pretensión supranacional podía generar sospechas hacia las ambiciones imperialistas alemanas.

El europeísmo nazi

El europeísmo es, pues, un invento nazi; ellos fueron los primeros en elaborar planes (económicos y políticos) de integración europea. Si extractáramos algunos discursos de la época de Hitler, Goebbels, Ribbentrop y otros dirigentes nazis sin mencionar la fuente, muchos pensarían que son actuales y que se trata de parlamentarios de la eurocámara.

Mucho antes de llegar al poder, en 1932, el dirigente nazi Alfred Rosenberg ya asistió a un congreso de Europa en Roma. Luego Hitler y todos sus portavoces hicieron frecuentes referencias a Europa durante su época de dominación terrorista, incluso antes de la guerra. Hay varias compilaciones, entre ellas un libro profusamente ilustrado, titulado simplemente Europa, cuya introducción escribió Ribbentrop. En 1937, por ejemplo, declaró en el mitin del partido nazi en Nuremberg que quizá estemos más interesados en Europa de lo que otros países necesitan estarlo. Nuestro país, nuestro pueblo, nuestra cultura y nuestra economía han surgido de condiciones europeas generales. En consecuencia, debemos ser enemigos de cualquier intento de introducir elementos de discordia y destrucción en esta familia europea de pueblos.

Poco después, en 1938, Rudolf Hess organizó una presentación en el Congreso del partido nazi, llamada La lucha por el destino de Europa en el Este, que explicaba por qué la colonización alemana de Rusia llevaría la civilización europea a los bárbaros eslavos.

En 1940 Joseph Goebbels dijo: “Estoy convencido de que dentro de cincuenta años la gente ya no pensará en términos de países”. El jefe nazi de propaganda creía que el federalismo alemán podía ser un modelo para Europa porque la absorción de los estados alemanes por parte del imperio alemán había funcionado. Así los estados europeos se podían integrar armónicamente sin atentar contra su identidad: “Si nosotros, con nuestra perspectiva de la Gran Alemania, no tenemos interés en atentar contra las peculiaridades económicas, culturales o sociales de, por ejemplo, los bávaros y los sajones, tampoco tenemos interés en atentar contra la individualidad económica, social o cultural de, por ejemplo, el pueblo checo”.

Los lacayos europeos de los nazis también aceptaban que Alemania era un modelo: Vidkun Quisling declaró que la Confederación Alemana podía servir como modelo para la cooperación con otros estados europeos. Goebbels aseguraba que “nunca hemos tenido la intención de imponer por la fuerza este nuevo orden o reorganización de Europa. De ningún modo debéis pensar que cuando los alemanes traemos un nuevo orden a Europa lo hacemos con el propósito de sofocar a otros pueblos”. Se explayaba sobre el carácter realista de la integración europea: “A mi juicio la concepción que una nación tiene respecto de su propia libertad se debe armonizar con los hechos actuales y las simples cuestiones de eficiencia y propósito. Así como ningún miembro de una familia tiene derecho a turbar la paz por motivos egoístas, no se puede permitir que ninguna nación europea se interponga en el camino de un proceso general de organización”. En el mismo tono, un funcionario del ministerio nazi de Empleo declaró que Alemania podía afirmar que no estaba luchando por sí misma, sino por Europa. Una versión del proyecto nazi de Confederación Europea sostenía que el papel de Alemania en Europa consistía en reconciliar los intereses particulares de los estados europeos con los intereses de Europa en su conjunto. A esta aspiración se sumaba la opinión de que los intereses y necesidades de Alemania están esencial e inseparablemente ligados con los de Europa.

Con frecuencia los nazis enfatizaban que los estados debían unirse voluntariamente a la nueva Europa. “Liderazgo no significa dominación sino protección externa y responsabilidad interna”, era su consigna. Hitler y Mussolini no querían sometimiento sino cooperación sincera: “Todos los pueblos europeos que se han probado históricamente son bienvenidos como miembros de la nueva Europa. Su desarrollo nacional y cultural en libertad e independencia está garantizado”. Cínicamente alegaban que los ejemplos de Finlandia, Hungría, Bulgaria, Rumanía, Croacia y Eslovaquia, países militarmente ocupados todos ellos, demostraban que no había intención de intervenir en los asuntos internos de otros estados: “Nuestro único requerimiento es que los estados europeos sean miembros sinceros y entusiastas de Europa”. Los imperialistas alemanes creyeron encontrar, por fin, un nuevo modo de dirigir Europa sin dominarla: “La idea del liderazgo, que será el concepto dominante de la nueva vida internacional de Europa, es la negación de los métodos imperialistas de una época pasada: significa reconocimiento de la confiada cooperación de estados menores e independientes para abordar las nuevas tareas comunales”.

De la misma manera, Arthur Seyss-Inquart escribió que nadie deseaba ver una Europa dominada por Alemania: “Nuestro único deseo es que surja una Europa que sea realmente europea y consciente de su misión europea”. Después de la invasión de la Unión Soviética, Signal, un periódico de circulación masiva en los tiempos gloriosos del III Reich, señaló también que no habría una Europa alemana: “En realidad los soldados del Reich no solo defienden la causa de su patria sino que protegen cada nación europea digna de ese nombre”. El problema estaba en quienes no eran dignos de ese nombre…

Una constante en la estrategia imperialista nazi consistía en hablar de sus socios y vecinos y pregonar la idea de que la búsqueda común de intereses compartidos había reemplazado a la rivalidad y la competencia capitalistas. Los hitlerianos también fueron pioneros de la globalización y dedicaron mucha atención a asuntos como el sentido europeo de comunidad. Anton Reithinger, gerente del monopolio I. G. Farben, en la conferencia de la Comunidad Económica Europea de 1942, habló del equilibrio entre los diversos intereses de los socios del espacio económico europeo, por una parte, y los intereses comunes de todos los pueblos europeos, por la otra: “Para poner estos intereses en práctica se requiere […] una creencia en la idea europea y en la misión europea de Alemania”.

Los arquitectos de la Nueva Europa

Pero las múltiples declaraciones nazis que se puedan aportar son muy poco comparadas con los planes concretos que dibujaron para la integración económica y política de Europa. No hablamos de que se parezcan a las que luego se pusieron en práctica tras la guerra; lo que estamos diciendo exactamente es que son las mismas, es decir, que la Unión Europea fue diseñada por los nazis.

Los planes nazis de integración europea eran tanto políticos como económicos. Como dijo Heinrich Hunke, se reconoce la necesidad de un orden político para la cooperación económica de los pueblos. Desde mediados de 1941 Goebbels comenzó a intervenir más en la cuestión europea y le dedicó numerosos discursos, mítines y artículos periodísticos. Llenó las páginas de su semanario Das Reich con consignas europeístas: La nueva Europa, El nuevo orden europeo, el Lebensraum de Europa o La visión de una nueva Europa. Entretanto, Ribbentrop señalaba que la lucha contra el bolchevismo, que unía a muchos pueblos del este de Europa, evidenciaba “una creciente unidad moral de Europa dentro del Nuevo Orden que nuestros grandes líderes han proclamado y preparado para el futuro de las naciones civilizadas. Aquí se encuentra el sentido profundo de la guerra contra el bolchevismo. Es signo de la regeneración espiritual de Europa”.

Dentro del Ministerio del Exterior, ese interés culminó con la creación de un comité de Europa en el otoño de 1942. Integraban el comité funcionarios del Ministerio del Exterior y expertos del Instituto para el Estudio de Países Extranjeros. Las luminarias eran Alfred Six, director del Instituto de Asuntos Exteriores -que organizó en 1941 una conferencia llamada La nueva Europa, para 303 estudiantes de 38 países- y Werner Daitz.

En marzo de 1943, se habían trazado planes muy avanzados para una confederación europea. Esos planes adoptaron la forma de constituciones y tratados que delineaban las competencias y la estructura de la futura confederación. El 21 de marzo de 1943 Ribbentrop escribió una nota que comienza así: “Soy de la opinión de que, como ya le he propuesto al Führer en mis actas anteriores, deberíamos proclamar cuanto antes, en cuanto hayamos alcanzado un éxito militar significativo, la Confederación Europea en forma muy específica”. Lo único que paralizó a los nazis en la proclamación oficial de su Confederación Europea fue que el éxito militar significativo que Ribbentrop esperaba no se produjo y las hordas hitlerianas fueron aplastadas en Stalingrado.

El plan de Ribbentrop proponía invitar a los jefes de los estados en cuestión (Alemania, Italia, Francia, Dinamarca, Noruega, Finlandia, Eslovaquia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Croacia, Serbia, Grecia y España) para firmar el instrumento que daría existencia a la Confederación. Junto al memorándum había un borrador que hablaba del destino común de los pueblos europeos y del objetivo de garantizar que nunca estallen guerras entre ellos. También preveía la abolición de barreras aduaneras entre los estados participantes.

En junio de 1943, un funcionario presentó los elementos básicos de un plan para la nueva Europa a un miembro del Comité de Europa. En medio de los habituales mentiras acerca del anhelo de paz de las naciones, la sección titulada La organización económica de Europa anticipaba un comercio basado en el principio de la preferencia europea frente a los países no europeos, con el objetivo de llegar a una unión aduanera europea, un centro de clearing europeo y tipos de cambio estables en Europa, con miras a una unión monetaria europea; y la armonización de las condiciones laborales, lo que parece querer decir que todos los trabajadores europeos deberían ingresar en campos de concentración. El proyecto también anticipaba conferencias en cada especialidad (trabajo, agricultura y demás) para decidir las políticas aplicables a toda la Confederación.

Este documento fue seguido en agosto de 1943 por una Nota sobre la fundación de una Confederación Europea en la que Renthe-Fink escribió:


“En la tremenda lucha por el futuro de Europa, los alemanes somos campeones de un nuevo y mejor orden donde todos los pueblos europeos hallarán un lugar legítimo y digno. Hasta ahora hemos evitado hacer una propuesta concreta en lo concerniente a la cuestión europea […] Si ahora presentáramos la idea de una solución confederada, basada en la libre cooperación entre naciones independientes, ella consolidaría la confianza de los pueblos europeos en nuestra política y aumentaría su voluntad de seguir nuestra guía y trabajar por nuestra victoria”.

Aunque los principios encarnados en el acto constitutivo de la Confederación Europea anexos al memorándum especificaban que la Confederación era una comunidad de estados soberanos que se garantizaban mutuamente la libertad y la independencia, está claro que, bajo la batuta hitleriana, la confederación ejercería un control casi total sobre los asuntos internos de sus estados miembros: “La economía europea será planificada conjuntamente por los estados miembros según sus intereses comunes y nacionales, decía el documento. El objetivo era incrementar la prosperidad material, la justicia social y la seguridad social en los estados individuales, y desarrollar los recursos materiales y laborales de Europa […] para proteger la economía europea de las crisis y las amenazas económicas externas. Sugería que las barreras aduaneras que impiden aumentar el comercio entre los miembros de la Confederación se eliminarán gradualmente y que el sistema intraeuropeo de comunicaciones por ferrocarril, autopistas y vías fluviales y aéreas se desarrollará de acuerdo con un plan unificado”.

El plan europeo de integración de Renthe-Fink preveía la necesidad de un Consejo Económico compuesto por representantes de los estados miembros, el cual se dividiría en comités destinados al comercio, la industria y la navegación, los asuntos de economía y moneda, las cuestiones laborales y sociales, la alimentación, la agricultura y los bosques. El documento repetía los objetivos definitivos de la Confederación:

“La solución de los problemas económicos, con miras a la inmunidad frente a un bloqueo; la regulación del comercio sobre la base de la preferencia por Europa frente al resto del mundo, con miras a una unión aduanera europea y un mercado libre europeo; un sistema central de clearing europeo y tasas de cambio estables en Europa, con miras a una unión monetaria europea. Los objetivos incluirían la estandarización y mejoramiento de las condiciones de empleo y seguridad social, así como la planificación de largo plazo de la producción industrial, agropecuaria y forestal
”.

Como vemos, la producción agropecuaria ocupaba un lugar prominente en los documentos nazis sobre Europa. Era preciso que la agricultura europea fuera autosuficiente.

Los documentos nazis también manifestaban que la integración de Europa era inevitable a causa del desarrollo tecnológico. Solían sostener que la fragmentación de los recursos económicos de Europa era un grave obstáculo para la prosperidad y el progreso social de los diversos países. Se requería coordinación y planificación económica: “Con el objeto de alentar el comercio mutuo y crear un gran mercado europeo, se eliminarán progresivamente las aduanas y otras barreras entre los países”.

Otro proyecto nazi es lo que cincuenta años después los europeístas llamaron redes transeuropeas, una avanzadilla de la modernidad actual. Según Renthe-Fink, la experiencia ha mostrado que el actual sistema de comunicaciones de Europa es inadecuado para el aumento de la demanda. La red interna de ferrocarriles, carreteras y líneas aéreas se desarrollará de acuerdo con un plan común. También el ministro vichysta Jacques Benoist-Méchin, lamentaba la centralización del sistema de transporte francés, como si París fuera el único centro del mundo, y exigía nuevas arterias que se conectaran con las carreteras alemanas e italianas para dar a la infraestructura de transporte de Francia un carácter genuinamente europeo. Un orador de la conferencia sobre la Comunidad Económica Europea proclamó que el futuro pertenece al transporte motorizado.

Las sorpresas de los adelantos nazis no tienen fin. Otro ejemplo es el Tratado Europeo contra el terrorismo de 1977, que está literalmente extraído del Pacto entre Hitler y Mussolini, el llamado Pacto Antikomintern, el acuerdo contra los comunistas. Por eso cuando Rumanía se incorporó a la Unión Europea, emitió una declaración contra el comunismo y, al mismo tiempo, rehabilitó con todos los honores la figura de Antonescu, la versión local de Hitler, Mussolini y Franco.

Europa es justamente eso y nada más que eso.

Fuente: la censurada web antorcha.org
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El corralito griego ha llegado para quedarse

Imaginemos que el domingo en el referéndum de Grecia gana el sí. El Gobierno griego (este u otro distinto) tiene un mandato claro del pueblo a aceptar las condiciones que le pone Europa y firman un acuerdo, un cuarto plan de rescate. ¿Ya no hace falta corralito, verdad? ¿O sí?

Realmente una vez que se establecen controles de capitales es muy complicado levantarlos. El siguiente plan de rescate puede ser por los próximos dos o tres años pero el pueblo griego ya sabe que se puede quedar sin su dinero. Y por tanto en cuanto se levantan los controles todo el mundo acude a sacarlos. La próxima no me pillan, piensa la gente. De hecho muchos llevan pensándolo bastantes años.

Ahora bien, ¿cuál es la solución? Básicamente esperar a que la economía griega esté suficientemente estabilizada, con crecimiento, sin problemas bancarios, generando empleo… como para no temer que la gente quiera sacar el dinero del país. Esto son muchos años o un trabajo muy bien hecho (cosa que no han hecho los sucesivos Gobiernos griegos).

Por tanto el corralito está para quedarse. Si votan sí porque no hay forma de levantarlo sin que se fugue el dinero. Y si votan no porque Grecia se tiene que salir del Euro de alguna forma y forzar a los depositantes a convertir sus ahorros a la nueva moneda. Quizá el fin del corralito lo veamos antes si Grecia se sale del Euro que si se queda en él.

http://www.elblogsalmon.com/entorno/grecia-el-corralito-ha-llegado-para-quedarse
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Así falsificaron las cuentas de la deuda griega

En los años noventa el Tratado de Maastricht, del que ya nadie habla, impuso a los países europeos lo que entonces se calificó como “criterios de convergencia” para poder entrar en el euro, una serie de indicadores económicos uniformes, entre ellos el porcentaje de deuda, que se fijó en un máximo del 60 por ciento del PIB y el déficit público, que no podía superar el 3 por ciento.

En 1999 a Grecia le falsearon la contabilidad para poder entrar en el euro. En Bruselas todos lo saben y todos lo admiten porque creyeron que se trataba de un truco pasajero. Por su milenaria historia, Grecia era un país simbólico de la misma Europa, e incluso de eso que llaman “Occidente”, y no podía quedar fuera de la moneda única.

El engaño se conocía desde mucho tiempo atrás. En un informe de 2004 Eurostat ya denunció la “falsificación generalizada de los datos sobre el déficit y la deuda por parte de las autoridades griegas”(1). Con el desplome económico generalizado de 2007, el asunto dejó de ser un truco y se convirtió en una crisis interna e internacional. Actualmente el porcentaje de deuda de Grecia sobre el PIB es del 13 por ciento.

En un ejercicio de hipocresía, la Comisión Europea se rasgó las vestiduras y reconoció que había “descubierto” un fraude. Pero para entonces no sólo había un fraude sino dos. A la deuda griega se le sumó la deuda municipal de Italia cuando el Tribunal de Cuentas de aquel país advirtió de que durante décadas los contratos financieros de los ayuntamientos habían ocultado una parte de la deuda y, por lo tanto, los desequilibrios fiscales de las cuentas públicas.

Ambos fraudes situaron en el centro del huracán al italiano Mario Draghi, actual presidente del Banco Central Europeo. En el caso de Grecia, Draghi había sido vicepresidente para Europa del banco de negocios estadounidense Goldman Sachs. En el caso de los ayuntamientos italianos Dragi fue presidente del Banco central italiano entre 2006 y 2011. Pero en la década de los noventa ocupó el cargo de director general del Tesoro italiano, período durante el que se fraguó la ocultación del agujero municipal.

Dragi no sólo fue un gestor de Goldman Sachs sino también socio y, por lo tanto, beneficiario de los chanchullos financieros de la multinacional. Por falsear los números el banco estadounidense se llevó un botín de 600 millones de euros. No es de extrañar que cuando en 2011 Draghi presentó sus credenciales ante el Parlamento europeo tuviera que dar explicaciones de su gestión al frente de Goldman Sachs. Naturalmente que dijo que nunca supo nada del ocultamiento de la deuda griega.

Además de rasgar las vestiduras farisaicas de Bruselas, el fraude rasgó las de la propia Grecia. En 2009 el nuevo gobierno griego del “socialista” Yorgos Papandreu dijo “escandalizarse” por los trucos contables utilizados por Goldman Sachs para ocultar la deuda. Ese tipo de “escándalos” siempre funcionan de la misma manera manera: eran trucos propios del gobierno anterior, en los que los “socialistas” no tenían ninguna responsabilidad. Sin embargo, los gobiernos “socialistas” de Costas Simitis también utilizaron exactamente los mismos trucos (2).

Para tapar un fraude, Papandreu cometió otro: puso al frente de la Agencia de Deuda Pública griega a Petros Christodoulou que también había sido un lacayo de Goldman Sachs y, por lo tanto, conocía sus trucos contables a la perfección.

Pero el banco estadounidense no era sólo un asesor ajeno al gobierno griego sino el intermediario oficial de las emisiones de deuda del país heleno. La mayor parte de ella se emitía en moneda extranjera, sobre todo yenes y dólares, con lo que la fluctuación de divisas alteraba el coste real de las emisiones.

La deuda griega no es más que una estafa preparada por Goldman Sachs con la complicidad de la Unión Europea y la oligarquía financiera griega. Ahora pregúntense Ustedes cómo es posible que toda esta gentuza no esté en la cárcel. La respuesta es que no se pueden condenar ellos mismos, porque en Bruselas no hay nadie limpio. Los manejos de Draghi hubieran sido imposibles sin una tupida red de complicidades en el seno de las instituciones europeas, del poder político y del capital financiero. Donde hay un fraude hay un ocultamiento, un silencio y en 2010 Jean Claude Trichet, entonces presidente del Banco Central Europeo, se negó a entregar los documentos requeridos para conocer la verdadera dimensión de la deuda griega.

Durante dos años, el Banco Central Europeo y los grupos de presión pusieron en marcha a sus contactos para proteger a Draghi y no permitir que se llevaran a cabo auditorías en torno de las irregularidades cometidas en Grecia. Las comisiones del Parlamento europeo designadas para investigar la estafa chocaron sistemáticamente contra las redes de intereses que protegían un euro edificado sobre una cadena de mentiras. Merkel en persona respaldó a Draghi. La canciller alemana destacó que los planes del especulador sobre solvencia y estabilidad económica “coincidían con las de Alemania”.

Pues si es así, ahora que no se lamente -ni ella ni nadie- ni eche las culpas a Grecia.


(1) Eurostat confirma que Grecia redujo su déficit con derivados de Goldman Sachs, http://cincodias.com/cincodias/2011/05/13/mercados/1305380839_850215.html
(2) How Goldman Sachs Helped Greece to Mask its True Debt, http://www.spiegel.de/international/europe/greek-debt-crisis-how-goldman-sachs-helped-greece-to-mask-its-true-debt-a-676634.html
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Estados Unidos está más cerca de Grecia que de Alemania

Si las comparaciones no son odiosas, sí son curiosas por lo menos. El New York Times ha comparado la actual crisis griega con la de 1947, con el país envuelto en una guerra revolucionaria y a punto de caer en las garras de la URSS de los tiempos de Stalin. Entonces apareció la “doctrina Truman”, con un sobre por valor de cientos de millones de dólares encima de la mesa para mantener a Grecia en la órbita occidental y en la OTAN.

Grecia no sólo tiene un problema de dinero. En la reciente visita de Merkel a la Casa Blanca, Obama le dijo que Alemania tenía que solucionar la bancarrota “para bien de occidente”. Han leído Ustedes correctamente: no para bien de Grecia sino de Occidente. El país heleno plantea un problema estratégico, pero quien tiene el problema no es Grecia sino el imperialismo. Es a ellos a quienes conviene solucionarlo.

A través de su portavoz, el New York Times, Obama presiona a Merkel y le dice lo que tiene que hacer: no debe orientarse por la política interior de su país; lo que debe hacer es tomar las riendas de la Unión Europea. Allá como acá todos aseguran que la salida de Grecia del euro sería catastrófica, pero no para Grecia sino para Europa, que tendría cientos de miles de millones de pérdidas que harían las finanzas inmanejables.

Grecia entró en la zona euro por consideraciones geopolíticas y sólo se mantendrá en ella por las mismas razones. Si hay que volver a falsificar los libros de contabilidad, como hizo Mario Draghi en 1999, se volverá a hacer ahora como se hizo entonces y todos cerrarán los ojos igual. ¿No se lo han contado a Ustedes?, ¿se lo han contado al revés? Pues sepan que cuando Draghi era uno de los máximos responsables en Europa de Goldman Sachs, asesoró al Primer Ministro griego Kostas Karamanlis para ocultar la verdadera magnitud del déficit griego. Esa ocultación condujo a la actual crisis de la deuda. Por eso en junio de 2011 el Parlamento Europeo preguntó a Draghi por sus actividades al frente de Goldman Sachs en relación al falseamiento de la contabilidad griega.

Pero la falsificación de las cuentas de Grecia ya no tiene remedio. Ahora el problema es que caiga en las garras de Rusia o China como estuvo a punto de caer en 1947. Según el New York Times ambos países “están a la espera de dividir y debilitar a la Unión Europea”. Si a Merkel le regalan un mapa, verá que Grecia es la última frontera europea antes de ese caos que se llama Oriente Medio y si le regalan un libro de historia se apercibirá de que la Guerra Fría empezó en Grecia y que a Grecia lo metieron en la OTAN lo mismo que en el euro: a pesar de que no es un país atlántico ni tampoco del norte. Si a Merkel le regalan los balances contables de Grecia verá que se gasta el dinero en comprar armamento (a Alemania). Si le regalan los Diálogos de Platón se enterará de que la civilización occidental, esa de la que tanto alardean, nació en Grecia.

La vicepresidenta del Banco Central de Alemania, el Bundesbank, Claudia Buch, declaró hace poco al diario “Rheinische Post” que si bien es posible valorar los efectos directos, “nadie sabe cuáles serán los efectos indirectos” de la crisis griega. Pues nosotros tenemos una bola de cristal que nos da el siguiente augurio: si a Grecia la expulsan del euro, lo más probable es que Gran Bretaña abandone la Unión Europea en 2017.