Los europeos están divididos entre los que quieren que la guerra en Ucrania termine lo antes posible, aunque eso signifique hacer concesiones a Rusia , y otros que creen que Rusia debe ser claramente derrotada y castigada. Leer más
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Los europeos están divididos entre los que quieren que la guerra en Ucrania termine lo antes posible, aunque eso signifique hacer concesiones a Rusia , y otros que creen que Rusia debe ser claramente derrotada y castigada. Leer más
La semana pasada el Banco Central Europeo (BCE) anunció que iba a endurecer su política monetaria, un viraje que carecía de precedentes desde 1994. Inmediatamente después tuvo que tranquilizar al capital financiero porque el tipo de interés italiano a 10 años se elevó por encima del 4 por cien por primera vez desde 2014.
La burbuja financiera marcha hacia el desastre e Italia e el primer candidato a pinchar. Su deuda soberana ha alcanzado el 151 por cien del PIB.
El mercado de deuda soberana corre el riesgo de fragmentarse en Europa. El diferencial de tipo de interés se va a ahondar entre los diferentes países, lo que puede crear un desequilibrio entre las economías europeas. El BCE ha prometido que va a tratar de impedirlo.
El diferencial entre los tipos alemanes e italianos se ha ampliado a 200 puntos básicos, una cifra que todavía está muy lejos de los 600 puntos básicos que alcanzó durante la crisis de la eurozona en 2011. Pero es demasiado alta para el BCE, que ha hecho de la lucha contra la fragmentación del mercado europeo de deuda soberana una prioridad.
Italia es uno de los mayores emisores de deuda de la eurozona. Durante años, ha tenido que hacer frente a un nivel de deuda muy elevado, que se ha agravado aún más con el confinamiento. Si bien el aumento de los tipos de interés europeos no supone un riesgo a corto plazo -Italia se ha endeudado lo suficiente con los tipos actualmente bajos-, a más largo plazo tendrá que endeudarse a tipos más altos, lo que supondrá una presión sobre los costes de su deuda y pondrá en duda su sostenibilidad fiscal.
En cualquier caso, las subidas de tipos serán un freno muy fuerte para el crecimiento económico. En realidad, el fantasma que aparece es el de la recesión.
Para evitarlo el BCE lanza mensajes contradictorios porque las normas que han estado vigentes hasta ahora, ya no sirven, en especial los topes a los déficits presupuestarios, que dejaron de estar vigentes con la pandemia, pero que pueden convertirse en permanentes.
El BCE habla de “cierta flexibilidad” en la aplicación de las normas, para seguir comprando activos como en la pandemia. Mientras, los países europeos que van tras Italia, como es el caso de España, siguen anestesiados. En España no ocultan que como “todos” están igual, al BCE no le queda otra que seguir sacándoles las castañas del fuego.
Lo único que ocultan de verdad es que, de momento, hay economías, como la española, que están intervenidas -de hecho- y que quien toma las decisiones no es el gobierno del PSOE y Podemos, sino Bruselas. En economía manda la Unión Europea y en lo demás la OTAN.
Las oficinas de la Unión Europea son un teatro de cambalaches para imponer el bloqueo del petróleo ruso. Dado que Hungría se opone a la medida, los demás han tenido que negociar un trueque: a cambio de que Hungría vote a favor del bloqueo, el oleoducto húngaro queda fuera del mismo. Los países europeos no podrán importar petróleo ruso, excepto Hungría.
Los representantes de los Veintisiete debatieron el domingo una nueva propuesta que eximiría temporalmente a un oleoducto húngaro clave de un embargo gradual de la Unión Europea sobre el petróleo ruso, en un intento de desbloquear su sexto paquete de sanciones contra Moscú, en vísperas de una cumbre de la Unión Europea en Bruselas.
La propuesta prevé un embargo del petróleo ruso suministrado por barco de aquí a finales de año, excluyendo “por el momento” el que se suministra a través del oleoducto de Druzhba, que abastece a Hungría, Eslovaquia y la República Checa, entre otros.
Hungría, un país sin salida al mar que depende del petróleo enviado desde Rusia a través de Druzhba para el 65 por cien de su consumo, se opone a un embargo del oleoducto y ha rechazado la primera oferta de una excepción de dos años. Budapest ha exigido al menos cuatro años y casi 800 millones de euros de financiación europea para adaptar sus refinerías.
La nueva propuesta presentada a los embajadores de los Estados miembros no llegó a un acuerdo el domingo, por lo que se ha celebrado una nueva reunión esta mañana, antes de la cumbre.
La exención plantea un “problema de equidad” entre los estados para sus compras de petróleo, que ha sido planteado por algunos de ellos.
Al centrarse en el petróleo transportado por mar, la Unión Europea ataca al menos a dos tercios de las exportaciones rusas de petróleo.
Para la Unión Europea, la factura de importación de petróleo ruso (80.000 millones de euros) es cuatro veces superior a la del gas el año pasado. Un embargo limitado que excluyera los oleoductos sería mucho menos doloroso para la Rusia de Putin, ya que encontrar nuevos clientes que se abastezcan de los petroleros es mucho menos difícil.
En Bruselas temen que la ausencia de un acuerdo sobre estas nuevas sanciones ensombrezca la reunión de jefes de Estado y de Gobierno, y han acelerado las consultas en los últimos días. Zelensky intervendrá al inicio de la cumbre por videoconferencia.
Además del embargo de petróleo, el paquete de sanciones también pretende excluir del sistema financiero internacional Swift al mayor banco ruso, Sberkank (37 por cien del mercado), y a otras dos instituciones bancarias, además de ampliar la lista negra de la Unión Europea a unos 60 rusos.
La Unión Europea también quiere garantizar la liquidez de Ucrania para mantener en marcha su economía de guerra. La Comisión ha propuesto una ayuda de hasta 9.000 millones de euros para este año. La reconstrucción de Ucrania, en la que la Unión Europea quiere desempeñar un papel destacado, también estará en la agenda. Kiev estimó recientemente la magnitud de la destrucción (carreteras, infraestructuras) en 600.000 millones de dólares.
REPowerEU, según la web de la Comisión Europea es un plan comunitario de para «poner fin a la dependencia de la Unión Europea con respecto a los combustibles fósiles rusos». El objetivo es reducir la dependencia de la Unión Europea de los combustibles fósiles rusos y acelerar la transición lejos de las fuentes de energía intensivas en carbono. Leer más
La Unión Europea se pone en marcha para deshacerse del gas ruso. Esta mañana la Comisión Europea ha presentado un plan denominado REPowerEU que se basa en cuatro pilares (ahorrar, diversificar, acelerar e invertir) y costará de 300.000 millones de euros. Todo para desprenderse de los combustibles rusos lo antes posible, en particular de su gas.
La Unión Europea importó el año pasado en torno a 155.000 millones de metros cúbicos de gas ruso, lo que representa alrededor del 40 por cien de las importaciones totales de gas del Viejo Continente. En una rueda de prensa Ursula von der Leyen ha señalado que en abril el gas ruso había caído hasta el 26 por cien de las importaciones europeas de gas. “Pero tenemos que movernos más rápido”, dijo, ya que la dependencia energética de la Unión Europea se ha hecho aún más evidente.
El plan tiene varios plazos. En primer lugar, debería permitir a la Unión Europea desprenderse de dos tercios de las importaciones de gas ruso para finales de año, es decir, unos 110.000 millones de metros cúbicos. En segundo lugar, debe conducir a una reforma estructural del sistema energético europeo de aquí a 2027-2030 para garantizar su independencia, acelerando al mismo tiempo la transición energética. Es el cuento de la lechera.
“La emergencia de seguridad y la emergencia climática van de la mano”, dijo Von der Leyen. El plan de acción supone, por tanto, el refuerzo de la “descarbonización” de la economía europea, fijados el pasado verano en el paquete “Fit For 55”, que debe permitir a Europa reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 55 por cien de aquí a 2030.
REPowerEU se basa en cuatro pilares. El primero es reducir el consumo de energía, sobre todo con medidas de eficiencia energética. Esto se subestimó en “Fit For 55”. Bruselas considera ahora que hay que alcanzar un 13 por cien de eficiencia energética de aquí a 2030, frente al 9 por cien previsto inicialmente en “Fit For 55”. Este ahorro energético debe basarse en gran medida en la mejora de la eficiencia energética de los edificios, 35 millones de los cuales deben ser renovados en Europa de aquí a 2030.
Pero Bruselas también cuenta con el comportamiento de los ciudadanos individuales, invitándoles a la sobriedad energética. La Comisión toma como ejemplo la campaña de la Agencia Internacional de la Energía, que anima a los consumidores a bajar un grado sus termostatos, a reducir la velocidad en la autopista o a teletrabajar. Bruselas estima que “los cambios de comportamiento podrían reducir la demanda de gas y petróleo en un 5 por cien a corto plazo”.
El segundo eje consiste en diversificar el suministro de gas. Para ello, la Unión Europea pretende recurrir al gas canalizado desde Azerbaiyán, Argelia y Noruega. Pero también para importar masivamente gas natural licuado por vía marítima (60.000 millones de metros cúbicos de aquí a 2022) desde Estados Unidos, África Occidental, Egipto y Australia. Sin embargo, eso requiere inversiones en nuevas infraestructuras capaces de manejar estos volúmenes, especialmente en el norte de Alemania y en Europa central y oriental. Se inyectarán 10.000 millones de euros en los enlaces que faltan.
Las estrategias basadas en el gas licuado son doblemente peligrosas. En primer lugar, la construcción de las terminales no estará terminada hasta dentro de cuatro o seis años, lo que nos traslada a 2026. En segundo lugar, no se basan en un análisis de los costes para los consumidores. Sin embargo, debido a la tensión en el mercado internacional, los precios del gas licuado serán inevitablemente más altos que los del gas ruso.
Además, la vida de estas infraestructuras, que no son compatibles con la neutralidad del carbono, se prolonga durante varias décadas. Por lo tanto, estas terminales podrían convertirse en chatarra o, por el contrario, encerrar a la Unión Europea en el uso de combustibles fósiles.
Estamos hablando de una cantidad limitada de infraestructuras para satisfacer las necesidades futuras sin que se produzca un bloqueo en los combustibles fósiles. Estas infraestructuras tendrán que ser compatibles para el uso futuro del hidrógeno, si es que llega.
El tercer pilar consiste en acelerar el despliegue de las energías renovables. Bruselas propone aumentar el porcentaje de energías renovables en el mix energético del 40 por cien al 45 por cien para 2030. En concreto, esto supondría 1.236 gigavatios de capacidad renovable para esa fecha, frente a los 511 gigavatios actuales. La atención se centra en la fotovoltaica, “la energía renovable que más rápido se despliega”, donde Bruselas se propone alcanzar los 600 gigavatios de capacidad para 2030. Esto se logrará mediante un despliegue masivo de plantas de energía solar en los tejados. Para 2025, los edificios públicos y comerciales de más de 250 metros cuadrados deberán estar equipados con paneles solares. Esta obligación se ampliará a los nuevos edificios de viviendas a partir de 2029.
Para que los Estados miembros puedan seguir este elevado ritmo, la Comisión pretende generalizar las buenas prácticas para reducir los plazos de obtención de los permisos, que por término medio son de 9 años en la energía eólica y de 4,5 años en la solar. La idea es fomentar los enfoques participativos para simplificar los procedimientos de autorización. Paralelamente Bruselas quiere revisar la directiva europea para introducir el principio de que las energías renovables constituyen un interés público superior. El objetivo es garantizar que los procedimientos de autorización no excedan de un año.
Bruselas también quiere crear un acelerador de hidrógeno verde para producir 10 millones de toneladas de hidrógeno renovable a escala local e importar otros 10 millones de toneladas de aquí a 2030. El objetivo es sustituir el gas, el petróleo y el carbón en la industria y la movilidad pesada. Sin embargo, no hay suficiente electricidad baja en carbono para producir este hidrógeno. Esto podría llevarnos a utilizar gas y carbón para producir hidrógeno por electrólisis del agua y, por tanto, a emitir más CO2.
El último pilar se refiere a las inversiones, que deberán ser “masivas”. Bruselas los ha cifrado en 300.000 millones, incluidos 210.000 millones de inversiones adicionales previstas de aquí a 2027. Una gran parte será en forma de préstamos, el resto a través de subvenciones.
De estos 300.000 millones, 12.000 millones se destinarán a nuevas infraestructuras de gas y petróleo. “Todo el resto de la financiación se utilizará para acelerar la transición a la energía limpia”, dijo Von der Layen.
El plan REPowerEU se esbozó por primera vez el 8 de marzo y ahora debe ser debatido y aprobado por los jefes de los Estados miembros en el próximo Consejo Europeo, que se celebrará los días 30 y 31 de mayo.
En las últimas semanas, los líderes de los tres países más grandes de la UE por población (Francia, Alemania e Italia) se han manifestado a favor de las negociaciones entre Kiev y Moscú como una forma de poner fin a los combates en Ucrania.
A diferencia del presidente Biden, el presidente francés Emmanuel Macron, el canciller alemán Olaf Scholz y el primer ministro italiano Mario Draghi han hablado con el presidente ruso Vladimir Putin por primera vez desde que Rusia comenzara la «operación especial» en Ucrania el 24 de febrero. En contra de lo sostenido por los principales medios de comunicación, las fisuras en el mal llamado «bloque» comunitario son más que evidentes.
Los tres líderes europeos han firmado el envío de armas a los ucranianos, pero también han pedido un alto el fuego. Después de hablar con Putin por teléfono el viernes, Scholz escribió en Twitter: «Debe haber un alto el fuego en Ucrania lo más rápido posible».
En un discurso ante el Parlamento Europeo la semana pasada, Macron dijo: «No estamos en guerra con Rusia». Dijo que el «deber de Europa es apoyar a Ucrania para lograr un alto el fuego y luego construir la paz».
Draghi se reunió con Biden la semana pasada y, después de la reunión, el líder italiano, que previamente desalentó las conversaciones con Rusia, dijo que era hora de comenzar a pensar en un acuerdo de paz. “Acordamos que debemos seguir apoyando a Ucrania y presionar a Moscú, pero también comenzar a preguntarnos cómo construir la paz”, dijo Draghi.
«La gente… quiere pensar en la posibilidad de lograr un alto el fuego y comenzar de nuevo algunas negociaciones creíbles. Esa es la situación en este momento. Creo que tenemos que pensar profundamente en cómo abordar esto«, agregó Draghi.
Después de la reunión de Biden-Draghi, la Casa Blanca todavía parecía desinteresada en las negociaciones . «Creemos que el papel más constructivo es continuar apoyando a los ucranianos en la mesa de negociaciones y apoyarlos militarmente«, dijo la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki.
El secretario de Defensa, Lloyd Austin, habló recientemente con su homólogo ruso por primera vez desde que Rusia invadió, pero el secretario de Estado, Antony Blinken, el principal diplomático de Estados Unidos, aún no ha hablado con el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergey Lavrov. Los dos diplomáticos hablaron por última vez el 15 de febrero.
El primer ministro británico, Boris Johnson, comparte la opinión de Washington sobre las negociaciones. Johnson le dijo recientemente a Macron en una llamada que «instó» a Ucrania a no mantener conversaciones con Rusia y, según se informa, le dijo al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky el 9 de abril que incluso si Kiev estaba lista para firmar un acuerdo con Moscú, Occidente no lo estaba.
Otros países de línea dura de la OTAN se han manifestado en contra de las conversaciones con Moscú. A principios de abril, el primer ministro polaco Mateusz Morawiecki criticó duramente a Macron por hablar con Putin, comparándolo con “negociar con Hitler”.
La Comisión Europea de Transportes ha eliminado la frontera del año 2035 como tope para abandonar los motores de combustión interna. La transición ecológica no será una prohibición pura y dura de los motores convencionales sino que deberá tener en cuenta un conjunto de alternativas técnicas.
Bruselas pide que se modifique el programa ecológico “Fit for 55”, un cambio de rumbo considerable, incluso comparado con el de hace unas semanas, cuando la fecha fijada por la Unión Europea para la transición a la movilidad cien por cien eléctrica parecía ineludible.
El documento es un dictamen y, por lo tanto, tiene por delante un largo proceso de aprobación. El plan establece que, a partir de 2035, los vehículos de nueva matriculación deberán reducir las emisiones en un 90 por cien y no más del 100 por cien.
Los fabricantes creen que ese objetivo se puede alcanzar con motores de combustión interna, alimentados por combustibles de nueva generación y combustibles sintéticos.
El frente de la electricidad a toda costa ha dado una primera señal significativa de fracaso a la que la situación internacional creó en el último periodo, empezando por la dependencia del gas ruso para la producción de electricidad y el papel de China en el control de las materias primas necesarias para la fabricación de baterías.
A la hora de calcular las emisiones hay que tener en cuenta todo el ciclo de vida de los coches, desde la producción hasta la eliminación y el reciclaje, no sólo el tubo de escape (que no es poco).
Con el desarrollo actual de las fuerzas productivas el objetivo 100 por cien eléctrico es simplemente imposible y 100 por cien “renovable” también.
Veremos lo que pasa ahora con los nuevos impuestos sobre los carburantes tradicionales, sobre los vehículos tradicionales, sobre los peajes…
El Consejo de Europa acaba de ponerse en marcha para que los países miembros declaren la guerra a Rusia, ya que están llamados a crear un Tribunal Penal Internacional para investigar los crímenes de Rusia en Ucrania, y sólo ellos. Se trata de vestir con una pátina de legalidad lo que hasta ahora era un aluvión de bloqueos y embargos. También se trata de poner una cara a los malos de la película para seguir alimentando los noticiarios.
Ya lo vimos en Yugoslavia, con una gran diferencia: el Estado fue despedazado, mientras que Rusia sigue en pie. Los tribunales internacionales son creados por los vencedores para juzgar a los vencidos. Se trata, pues, de presentar a Rusia como un país derrotado y vencido.
Por su parte, Rusia hace lo propio y también quiere juzgar los crímenes cometidos por el ejército ucraniano. A un lado y otro de frente los soldados dejarán su sitio a los picapleitos.
Un miembro polaco de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa presentó la petición formalmente. “La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (APCE) ha hecho un llamamiento a todos los Estados miembros y observadores de la organización para que creen urgentemente un tribunal penal internacional ad hoc, al que se le debe dar un mandato para investigar y procesar el crimen de agresión cometido por los dirigentes políticos y militares de la Federación Rusa”.
En España un tribunal así resultaría anticonstitucional porque no se pueden crear tribunales después de haberse cometido el delito y, desde luego, no se admiten los tribunales “ad hoc”. En consecuencia, lo ilegal no es la guerra sino el tribunal que pretende juzgarla.
Pero la resolución (*) es aún más ridícula porque el cometido de dicho tribunal sería “aplicar la definición del crimen de agresión” establecida por el “derecho internacional consuetudinario”, por lo que no aplicaría ninguna norma previa. Incluso en España tampoco se admitiría nada parecido porque no se admite ningún delito que no esté definido por una ley anterior al hecho.
En fin, quien está violando el derecho internacional es el Consejo de Europa, que pretende facultar al tribunal para “órdenes de detención internacionales sin estar limitado por la inmunidad” de los Jefes de Estado y de Gobierno y otros funcionarios públicos, algo de lo que en España también buenas experiencias con la Corona. Ningún juez español ha sido capaz de juzgar al Jefe del Estado español y ahora pretenden hacernos tragar con un Jefe de Estado extranjero.
Es absolutamente delirante de principio a fin. Estados Unidos ya ha dicho que no participará en semejante farsa porque no admite la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional, lo mismo que Rusia.
Con este tipo de montajes va a ocurrir lo mismo que con las sanciones. En un caso se fractura el mercado internacional y en el otro se acabará con la cooperación jurídica internacional. Cuando alguien cometa un delito en un país europeo, no habrá nada mejor que refugiarse en Rusia, que dejará de tramitar las extradiciones. Si los criminales rusos encuentran asilo en Londres, donde reciben el tratamiento de exiliados políticos, lo mismo harán los rusos con los británicos.
(*) https://www.coe.int/fr/web/portal/-/pace-calls-for-an-ad-hoc-international-criminal-tribunal-to-investigate-war-crimes-in-ukraine
Las empresas de la Unión Europea podrán cumplir con el sistema propuesto por Rusia para pagar las importaciones de gas en rublos sin violar las sanciones de la Unión Europea contra Moscú, dijo el viernes la Comisión Europea.
Los dirigentes de la Bruselas dicen que aún no está claro cómo funcionaría ese sistema. “El procedimiento para establecer excepciones a los requisitos del decreto aún no está claro”, dice el documento publicado por la Comisión.
En marzo, el gobierno ruso emitió un decreto por el que se exigía a las empresas energéticas europeas que abrieran cuentas en Gazprombank, donde los pagos en euros o dólares se convertirían en rublos.
La medida se produjo poco después de que Putin exigiera a los países hostiles, que han impuesto sanciones económicas a Moscú por la Guerra de Ucrania, que paguen el gas ruso en rublos.
La semana pasada, la Comisión Europea dijo que el pago del gas ruso en rublos por parte de los compradores de la Unión Europea, como exige Moscú, violaría el régimen de sanciones aprobado por la Unión Europea.
“Este mecanismo supondría una violación de las actuales medidas restrictivas de la Unión Europea adoptadas contra Rusia, su gobierno, el Banco Central de Rusia y sus apoderados”, según una nota interna publicada por Reuters.
El boicot al gas ruso provocaría una crisis económica en Alemania y en la Unión Europea, declaró el canciller alemán, Olaf Scholz, en una entrevista concedida ayer a Der Spiegel.
El jefe de Gobierno afirmó que la prohibición costaría millones de puestos de trabajo y hundiría la economía alemana, lo que por otra parte dificultaría a Berlín la financiación del esfuerzo bélico y la reconstrucción de Ucrania.
Scholz destacó que se debe evitar una “dramática crisis económica” con “graves consecuencias” para Alemania y Europa. “No podemos dejar que eso ocurra”, añadió.
El embargo a Rusia tendría “consecuencias mundiales”, una tesis que ya ha admitido el presidente francés, Emmanuel Macron, quien advirtió que el próximo invierno toda Europa tendría que enfrentar las consecuencias de imponer un embargo al gas ruso.
“No veremos las consecuencias de esto en la primavera y el verano de 2022. Hemos repuesto las existencias, pero el próximo invierno no se podrá hacer si no hay más gas ruso. Debemos ser muy tranquilizadores en esta etapa: no es el escenario en el que estamos hoy, pero eso podría suceder”, afirmó Macron en una entrevista con el diario Ouest-France.
En cuanto al gasoducto Nord Stream 2, Scholz dijo que esperaba que las sanciones de Estados Unidos fueran las que bloquearan su puesta en marcha, pero no fue así. Al final, fue Berlín quien impidió que el gasoducto entrara en funcionamiento en febrero, alegando como motivo la operación militar de Moscú en Ucrania.
El canciller considera que Alemania debió haber diversificado sus importaciones de energía hace años. En lo que respecta a la dependencia del gas, el petróleo y el carbón rusos, “se debería haber garantizado desde el principio que también se podría recurrir a otros proveedores en un plazo muy breve”.
El error más importante que cometió Alemania fue no haber financiado terminales de gas licuado e infraestructuras de importación para sus refinerías de petróleo, sin importar que su costo fuese elevado, agregó Scholz.
Aunque Austria nunca ha tenido una central nuclear en funcionamiento y Alemania tiene previsto cerrar sus tres últimas a finales de año, la electricidad procedente de centrales nucleares diseñadas por Rusia es una fuente de energía indispensable para 100 millones de personas en los países del este de Europa.
En los países del antiguo bloque oriental, pero también en Finlandia, los reactores nucleares de agua a presión de la serie VVER, desarrollados en la época soviética, proporcionan alrededor del 40 por cien de la electricidad necesaria en esos países. Pero también en otros lugares, como en China, Turquía, India, Irán y pronto en Bangladesh, los reactores VVER rusos son los que producen la energía eléctrica.
Pero a diferencia de una central de carbón convencional, a la que le da igual que el combustible llegue a la caldera desde Polonia, Rusia o Australia, los reactores nucleares requieren barras de combustible de uranio adaptadas con todo detalle a cada tipo de reactor. Estas barras de combustible son componentes mecánicos de precisión en los que se colocan pastillas cerámicas de uranio ligeramente enriquecido en conjuntos de barras de circonio, con tolerancias de una centésima de milímetro.
La producción debe cumplir normas reglamentarias muy estrictas, en particular para garantizar que el material fisionable no pueda reutilizarse posteriormente con fines militares. En general, el proceso de obtención de una licencia internacional para un fabricante de barras de combustible dura unos cinco años, y pocos países del mundo disponen de la infraestructura y la tecnología necesarias.
Los reactores VVER actualmente en funcionamiento, de entre 440 y 1.200 megavatios, sólo pueden funcionar con barras de combustible fabricadas por TVEL, filial de Rosatom, en sus plantas de Elektrostal, cerca de Moscú, y Novosibirsk. Es cierto que el grupo estadounidense Westinghouse fabrica ahora barras de combustible compatibles, que también se utilizan en algunas centrales VVER de Ucrania. Pero incluso dentro de una gama de modelos, las barras de combustible no pueden intercambiarse a voluntad, y las réplicas estadounidenses son mucho más caras que las originales de Rosatom.
Así que no hay alternativa para los operadores de las plantas de Europa oruental si no quieren quedarse a oscuras. Incluso los políticos responsables lo han reconocido y por eso no han incluido la tecnología nuclear rusa en la lista de prohibiciones y sanciones.
La subida generalizada del precio de las materias primas energéticas no ha eximido al mineral de uranio en bruto. El precio del mineral de uranio en la Bolsa de Chicago se ha triplicado en los dos últimos años hasta alcanzar los 63,5 dólares por libra estadounidense (unos 0,45 kg), después de haber fluctuado entre 20 y 25 dólares durante una década. La mitad de este aumento se ha producido en las pocas semanas transcurridas desde el inicio del conflicto ucraniano.
—https://zurzeit.at/index.php/uranbrennstaebe-russlands-verdecktes-energiemonopol/