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Economía

El Banco Central Europeo va a dejar de publicar sus previsiones económicas

Para no sembrar el pesimismo, el Banco Central Europeo (BCE) va a dejar de publicar sus previsiones económicas. Por lo demás, en los últimos meses ha modificado tantas veces sus estimaciones a la baja que ya no resultan fiables para nadie.

El 16 de diciembre del año pasado la Presidenta del Banco, Christine Lagarde, dijo que “es muy poco probable que subamos los tipos de interés en 2022”. Sin embargo, el 3 de febrero abrió la puerta a la subida y el 9 de junio prácticamente anunció subidas de tipos en julio y septiembre.

Esta misma mañana ha notificado la de julio: un 0,5 por cien de subida, la primera subida de tipos desde hace 11 años.

Las estimaciones económicas son como las de la pandemia o los sondeos electorales. Apenas tienen carácter científico porque son un instrumento de política económica. Se trata de estimular la actividad económica o, su caso, de impedir la depresión.

La teoría económica que explican en los institutos universitarios sólo habla de crecimiento, desarrollo y expansión. Las crisis económicas no tienen cabida y los “expertos” jamás han sido capaces de anticiparse a ninguna de ellas, por evidentes que sean.

Por eso es mejor que el BCE tenga la boca cerrada, y sería aún mejor que despidiera a esas legiones de analistas que no son capaces de analizar nada.

Desde luego, es obvio que el Banco deja de publicar previsiones porque las que elabora traen muy malos augurios.

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Economía

Bruselas asume el control del mercado energético europeo

Ayer la Comisión Europea pidió a los Estados miembros que para el 1 de agosto reduzcan su consumo de gas en un 15 por cien. En caso de dificultades, el objetivo pasaría a ser vinculante. Los titulares de los medios de comunicaciónn no dejan lugar a dudas sobre el verdadero alcance de la medida. El periódico francés Le Figaro lo explica así:

“El miércoles 20 de julio, Europa pasó a una economía de guerra. La Comisión presentó su plan de batalla destinado a preparar a la UE para el peor de los escenarios, es decir, una ruptura total del suministro de gas ruso. Para que conste, Rusia suministró unos 150.000 millones de m3 de gas en 2021, es decir, el 40 por cien de las importaciones de la UE. Mientras Vladimir Putin lleva varios meses jugando con los nervios de Europa en represalia por las sanciones impuestas en respuesta a la guerra de Ucrania, y mientras hay preocupación por la reanudación del gasoducto Nord Stream 1 -y con qué volumen- se espera el anuncio del jueves, la Comisión toma la delantera. ‘El objetivo es limitar los riesgos, mostrar a Putin y a los mercados que Europa podría superar una crisis así’, dice un diplomático” (*).

Para que no queden ambigüedades: Bruselas está a punto de tomar el control del mercado energético europeo y de la combinación energética de los Estados miembros. La Comisión cree que puede lograr algo que los países miembros no podrían por sí mismos y, desde luego, tratará de manera igual a países con infraestructuras energéticas muy diferentes. Algo más, por descontado: la Comisión Europea salta por encima de las empresas, públicas, pero también privadas, que tienen en sus manos la industria energética en Europa.

Ahora bien, reducir un 15 por cien el consumo de gas en Europa sirve para muy poco porque van a tener que recurrir a las reservas almacenadas. En consecuecia, si logran salvar este invierno, no lo van a lograr en el siguiente, como reconoce la propia Comisión Europea, si Rusia no mantiene el grifo abierto.

De momento, las noticias no son malas y esta mañana Rusia ha reanudado el suministro después de reparar la turbina del gasoducto Nord Stream 1.

Queda por ver hasta dónde llega esa solidaridad entre los diferentes Estados europeos o si, más bien, Bruselas ha tomado las riendas precisamente porque, por sí mismos, los Estados europeos no son nada solidarios entre sí. ¿Van a aceptar cortes de suministro unos países para que el gas vaya a los vecinos?

Esta mañana España ya ha dejado caer que no.

Bruselas se apoya en el artículo 122 del Tratado de la Unión Europea para adaptarse al peor escenario posible. Dicho artículo establece que “el Consejo, a propuesta de la Comisión, podrá decidir, con un espíritu de solidaridad entre los Estados miembros, medidas adecuadas a la situación económica, en particular si surgen dificultades graves en el suministro de determinados productos, especialmente de energía”.

Lo mismo que en la pandemia, la Comisión divide a los sectores económicos en “esenciales” y “no esenciales” y publica una lista de industrias cuya actividad deberá ser protegida en caso de crisis. En ellos están incluidos la defensa y la seguridad, la salud, la alimentación, los fertilizantes y el medio ambiente.

Los hospitales y las escuelas no se verán afectados, pero se les pide que reduzcan la calefacción y pongan el aire acondicionado a cierta temperatura. Las industrias en las que es muy complicado o imposible detener las líneas de producción también se salvarán.

Los demás sectores deberán estar preparados para parar la producción en las próximas semanas y meses, lo que nos devuelve a los cierres de empresas “no esenciales” durante el confinamiento, seguidos de los ERTE y las reducciones de jornada.

Es el manual más básico de la economía de guerra: inflación y carestía de la vida, racionamiento, recortes…

(*) https://www.lefigaro.fr/international/gaz-l-europe-bascule-dans-une-economie-de-guerre-20220720

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Economía

Rusia también ha ganado la guerra del gas

El 13 de julio Gazprom declaró que, tras una suspensión de diez días por trabajos de mantenimiento programados desde hace tiempo, el flujo de gas a través del Nord Stream podría no reanudarse. La decisión causó pánico entre los operadores, pero no fue una sorpresa. Es otro caso de profecía autocumplida en las relaciones ruso-europeas desde el inicio de la guerra en Ucrania.

La trama es siempre la misma: los Estados miembros de la Unión Europea se ponen duros con Rusia, la sancionan, entregan armas a Ucrania y pretenden golpear su economía. Sin embargo, a cada paso la cuestión del gas vuelve a salir a la palestra, ya que Europa se da cuenta de que es imposible sustituir por completo el gas de Moscú a corto plazo sin enfrentarse a un verdadero terremoto energético. Esto hace que las sanciones sean nulas y ofrece un arma de presión que Rusia puede utilizar sin coste alguno.

Los gestos simbólicos y demostrativos, las interrupciones o cortes de suministro y las declaraciones son calibrados cada vez por Moscú en un hábil juego de guerra psicológica contra Occidente. Sabiendo, como entiende Rusia, que los mercados, en los que se delega en gran medida la necesidad de fijar el precio de la energía en Europa, sufrirán tensiones e incertidumbres.

Los ganadores son los rusos. Europa trata de diversificar sus suministros con cautela, alejándose de la excesiva dependencia actual de Moscú. Pero no puede prescindir por el momento de algunas de las importaciones restantes del este. Gracias a la estrategia de presión de Moscú, los precios se disparan y Rusia puede armarse aumentando su caja energética incluso en un contexto de disminución de los suministros de Europa: al menos 530 millones de euros diarios han sido garantizados por la Unión Europea a Rusia para las compras de energía desde el 24 de febrero. En unos 140 días de guerra, eso supone 74.200 millones de euros.

Las importaciones europeas encabezan los ingresos rusos. Rusia obtuvo 93.000 millones de euros en ingresos por exportaciones de combustibles fósiles, incluido el carbón, en los primeros 100 días de la guerra (del 24 de febrero al 3 de junio). Estamos hablando de un superávit comercial sin precedentes. La Unión Europea importó el 61 por cien, por valor de unos 57.000 millones de euros.

La dependencia es declarada explícitamente por Europa, que no ha entendido la estrategia de guerra sicológica ensayada por Moscú desde el verano del año pasado. La crisis de precios del pasado invierno puso de manifiesto que Rusia suministraba al noroeste de Europa volúmenes de gas inferiores a los de los años anteriores a la pandemia. En concreto, entre septiembre y octubre del año pasado, cayeron alrededor de un 17 por cien. Mientras tanto, la curva de precios ha mostrado una impresionante subida. El 6 de octubre, las noticias sobre posibles problemas en la certificación del Nord Stream 2 hicieron subir los precios un 30 por cien en pocas horas, hasta los 116,83 euros por MWh.

El 21 de diciembre los envíos rusos a Alemania a través del oleoducto Yamal-Europa cayeron sin explicación alguna, provocando el pánico. El precio, que un mes antes era de 87 euros por MWh, se disparó a 179,18 euros. La guerra en Ucrania no hizo más que prolongar lo que ya estaba en marcha desde hace tiempo: en tiempos de tensión política, a Moscú le conviene tirar de la cuerda y desatar el caos.

El 3 de marzo Rusia cortó el suministro tras la decisión de Alemania de no certificar el Nord Stream 2, lo que hizo que el precio del gas europeo superara por primera vez los 200 euros. La misma dinámica se produjo el 26 de abril siguiente, cuando se cortó el suministro de gas a Polonia y Bulgaria: el precio subió más de un 25 por cien en cuestión de horas, después de haber bajado a los niveles anteriores a la guerra, lo que llevó a muchos países a hacer tratos con Rusia para pagar los contratos en rublos. Después de que en mayo se produjera un nuevo parón, bajando el gas a 80 euros por MWh tras las políticas iniciales de diversificación, a mediados de junio se produjo un nuevo repunte cuando, con motivo del viaje de Mario Draghi, Olaf Scholz y Emmanuel Macron a Kiev, Rusia cortó el suministro a Italia y Alemania.

Desde entonces, la victoria de Rusia ha sido definitiva, lo que ya se podía adivinar por las palabras sobre el “desempleo y la pobreza masivos” a los que se arriesgaba Alemania sin el gas ruso, según el ministro de Economía Robert Habeck, pronunciadas el 15 de marzo. ¿El resultado? Los precios subieron de 81 a 181 euros entre el 13 de junio y el 13 de julio.

Cada vez que el precio se estabiliza o baja, Rusia lanza tácticas de presión y una guerra económica híbrida a la que Europa reacciona desordenadamente, poniéndose entre la espada y la pared y haciendo explícita su dependencia de Rusia.

Con las sanciones, el arma energética se ha convertido en un instrumento legítimo (y previsible) de presión para Rusia, y Europa hará bien preparándose para evitar que Moscú lo explote cuando se acerque el invierno. Los países europeos han estado enviado arsenales de armas a Ucrania y no pueden esperar otra cosa que pasar frío, e incluso hambre.

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Estrategia

Italia y Argelia trabajan en un bloque político norteafricano, por fuera de la UE

El presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, viene haciendo desde principios de año varias declaraciones en las que habla de Italia como si fuera algo más que un país socio.

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Economía

España, que no depende del gas ruso, tendrá que racionar igualmente su consumo en ‘solidaridad’ con la UE

La poca dependencia española del gas ruso podría hacer pensar que las restricciones y el racionamiento que varios países europeos preparan para el otoño no afectará al consumo nacional. Nada más lejos de la realidad: los compromisos de España con la UE obligan a ceder energía en caso de caída del suministro.

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Economía

Reticencias en Alemania a poner dinero a disposición de los países europeos del sur

Los países del sur de Europa están endeudados hasta las trancas y durantes décadas se han acostumbrado a que en Bruselas abran un fondo y luego otro para pagarlas con tipos de interés por debajo del mercado. Suponen que la crisis económica es tan grave que Europa no les va a dejar tirados a todos. En la periferia manejan el cálculo de que, aunque quisieran, no podrían.

Sin embargo, cada vez hay más reticencias a seguir poniendo dinero a disposición de los países europeos endeudados. El último manifiesto es el de Joachim Nagel, el presidente del Bundesbank, que se opone a reducir las primas de riesgo entre unos y otros países.

En su reunión del 21 de julio todos esperan que el Banco Central Europeo (BCE) suba los tipos de interés y elabore un nuevo programa de compra de deuda de los Estados periféricos para reducir las primas de riesgo.

Nagel dice que esa política sólo debe tener carácter excepcional, que debería aprobarse en unas condiciones y una duración definidas con precisión, para no dar la impresión de que siempre ofrecen condiciones de financiación favorables.

“Yo advertiría contra el uso de instrumentos de política monetaria para limitar las primas de riesgo, ya que es prácticamente imposible establecer con certeza si una ampliación de los diferenciales de rendimiento está fundamentalmente justificada o no”, ha dicho en un discurso.

Blanco y en botella: Alemania no quiere un fondo antifragmentación que no vaya acompañado de normas estrictas, sobre todo de reducción del déficit, es decir, de austeridad y recortes presupuestarios.

Quizá el dinero fácil y los fondos europeos no se acaben de la noche a la mañana, pero cada vez impondrán exigencias más duras para obtenerlos.

El euro y el BCE no están para luchar contra la fragmentación del mercado común europeo, sino contra la inflación, y en Alemania eso se ha convertido en una prioridad cada vez más acusada. A medida que la preocupación es la inflación, la fragamentación deja de serlo, y si eso acaba con el euro, no importa tanto.

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Economía

El Banco Central Europeo coloca a España entre los países pobres y sometidos a rescate

Hace tiempo que el Banco Central Europeo habla de la “fragmentación” de lo que antes era un “mercado común europeo”, aunque nunca explicó suficientemente las medidas que pretendía implmentar para evitarlo. Ahora ha expuesto una de ellas, que ya sospechábamos: “El BCE canalizará la liquidez del norte al sur para evitar la fragmentación”.

Por lo tanto, los 19 países miembros de la Unión Europea se dividirán entre el norte (ricos) y el sur (pobres), por lo que también habrá una “clase media”, que no son ni de un tipo ni otro.

Como cualquier otro Estado cristiano que merezca tal nombre, el BCE quitará el dinero a los ricos para dárselo a los pobres, es decir, a los Estados que están en quiebra. Este mecanismo tan simple no es exactamente la “cuenta de la vieja”, ya que es pura economía financiera, y cuando se habla de dinero, en realidad son sólo préstamos, es decir, más deudas. Los países cristianos no regalan el dinero; lo prestan a cambio de más dinero.

“El Banco Central Europeo comprará bonos emitidos por Italia, España, Portugal y Grecia utilizando los ingresos de los vencimientos de la deuda alemana, francesa y holandesa que tiene en su cartera, para limitar la ampliación de los diferenciales de rendimiento entre los Estados”, han dicho esta mañana los que han participado en el foro anual del BCE celebrado en Sintra, Portugal.

El objetivo, como ya hemos expuesto, es reducir las primas de riesgo, aunque la jerga tecnocrática lo expresa de una manera mucho más sifisticada. Se trata de evitar la fragmentación financiera en la eurozona, mientras se prepara para subir los tipos de interés básicos.

El 21 de julio el BCE dará más detalles de un nuevo plan, aunque sabemos que las tres “clases sociales” se establecerán en función del tamaño de los Estados y la rapidez con la que han subido sus diferenciales.

“La composición de los tres grupos de países, que se revisará mensualmente, refleja la división entre países ‘centrales’ y ‘periféricos’ de la zona del euro que surgió a principios de la década de 2010 durante la crisis de la deuda de la zona del euro”, añade la agencia Reuters.

Los pobres son los países considerados por los especuladores privados como más arriesgados por el peso de su deuda pública o la debilidad de su economía, a saber, Italia, Grecia, España y Portugal. La lista era originalmente más larga pero fue acortada por el Consejo de Gobernadores.

El grupo de prestamistas incluye media docena de países del “núcleo duro” de la eurozona, entre ellos Alemania, Holanda y Francia, lo cual es un exceso de optimismo por parte del BCE porque Francia acabará entre los pobres sin pasar antes por la “clase media”.

Hasta hace bien poco a esto se le llamaba “rescate”, una palabra de la que ahora en Bruselas huyen como de la peste, lo mismo que en España. En 2012 el BCE acudió en socorro de España, que estaba en quiebra, pero el gobierno de Rajoy negó que hubiera un rescate y el actual sigue en la misma negativa.

Los socios europeos (los países ricos de Europa) no son solidarios. Además de dinero, ponen condiciones para conseguir la devolución de los préstamos. Entonces se dice que el país está intervenido, o sea, que ha dejado de ser soberano.

Las condiciones son siempre las mismas: recortes, es decir, medidas presupuestarias de reducción del gasto y de aumento de los impuestos (del IVA), acompañados de privatizaciones y venta del patrimonio público. A veces se llama también “ajuste”, o “austeridad”, o también “reformas estructurales”. Se supone que si el deudor gasta menos, tendrá más posibilidades de devolver el anticipo recibido.

Cuando nos referimos a privatizaciones (educación, sanidad) y ventas del patrimonio, no sólo hablamos de empresas sino de puertos, aeropuertos, islas, playas, hospitales, castillos, museos… Cuando Bruselas intervino a Grecia, la prensa económica dijo que “todo” estaba a la venta; absolutamente todo.

Por supuesto, el patrimonio público se dilapida a precios de saldo.

Las condiciones son más duras cuando el dinero procede de un organismo público, como el BCE, que compra deuda a precios por debajo del mercado. Entonces el BCE pasa a tener el control sobre las decisiones de política económica de los países pobres y deudores.

Cuando llegue la recesión (y cada vez está más cerca) la solidaridad de los socios europeos se romperá. Durante el rescate de Grecia, las negociaciones estuvieron a punto de acabar con la zona euro. En Italia, la Unión Europea llegó a imponer el cambio del Primer Ministro y el nombramiento de un “gobierno técnico” para ejecutar la política económica que Bruselas exigía.

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Ecología

La Unión Europea subirá aún más los precios de la energía por razones seudoecológicas

Las medidas seudocologistas de la Unión Europea levantan una oposición cada vez mayor, como ya hemos informado en otras entradas. En Holanda, esta misma semana, los campesinos y ganaderos llevan varios jornadas de movilizaciones, protestas y cortes de cerretera contra la prohibición de los fertilizantes nitrogenados.

En Luxemburgo, donde se reunían los ministros europeos de Medio Ambiente, flotó el fantasma de los chalecos amarillos, un movimiento nacido en 2018 de la subida de los precios de la gasolina a causa de un “impuesto verde”.

El temor a desencadenar una bomba de relojería social impregnó los debates durante muchas horas. Los ministros debían votar cinco objetivos clave de la Agenda 2030 para reducir un 55 por cien de emisiones de gases de efecto invernadero, incluida la ampliación de la tarificación del CO2 a los carburantes y la calefacción

Hasta que se llegó a un acuerdo de compromiso: van a crear un “fondo social del clima” (FSC), cuyo presupuesto podría alcanzar los 59.000 millones de euros entre 2027 y 2032 para recuperar parte de los ingresos del nuevo mercado del carbono (ETS2). Como la medida volverá a aumentar -aún nás- el precio de los combustibles, hay que apoyar a los más vulnerables para prevenir estallidos sociales como el de los chalecos amarillos.

No sólo habrá limosnas para los más pobres de forma temporal y limitada. Entre ellos hay que contar a los Estados miembros que no son capaces de financiar la renovación de edificios o la descarbonización de la calefacción y el transporte.

A pesar de las previsiones, los burócratas de Bruselas saben que una ola de movilizaciones sociales se extenderá por toda Europa y, en lugar de suprimir los combustibles fósiles, impulsarán su consumo aún más.

El tema divide a los Estados europeos y las posiciones parecen irreconciliables. Mientras Eslovaquia, Hungría, Polonia, Italia, los países bálticos y Grecia exigían un fondo ambicioso para compensar el choque que se avecinaba, negándose a sacrificar su cohesión social en el altar del clima, otros países, como Alemania, Suecia, Finlandia, Dinamarca y Holanda, quieren acelerar la descarbonización sin financiar la transición de los primeros.

El canciller alemán Eric Scholz se niega a poner mucho dinero en el fondo común para ayudar a los países mendicantes. Incluso llegó a circular una propuesta de presupuesto de 18.000 millones de euros para el fondo, antes de que Berlín se pusiera firme y lo elevara a 48.000 millones de euros ante la oposición.

Pero esa cantidad seguía siendo insuficiente para la mayoría de los ministros, ya que con la ampliación del mercado de CO2, el aumento de los precios de los combustibles y la calefacción promete pesar mucho en los bolsillos, ya que el precio del carbono se ha disparado en los últimos meses, hasta superar los 80 euros por tonelada.

Son los países ricos del norte los que impulsan las medidas seudoecologicas. Quieren que se amplíe el mercado europeo del carbono, mientras que los países que lo van a sufrir lo que quieren es dinero porque no tienen ninguna capacidad para financiar la transición ecológica.

Los países del sur y el este de Europa no pueden pagar la luz y la gasolina a los precios actuales; mucho menos con unos precios inflados por razones seudoecologistas. Las cifras no pueden ser más obvias: el 30 por cien de la población búlgara estaba en situación de pobreza energética en 2019, frente a solo el 2 por cien en Luxemburgo, según las estadísticas de la Unión Europea sobre ingresos y condiciones de vida.

Finalmente la mayoría de los miembros tiró por la calle de enmedio: un fondo de 59.000 millones de euros. Pero el diablo está en los detalles. Mientras que la propuesta del Parlamento Europeo asignaba un presupuesto mínimo al fondo social del clima equivalente al 25 por cien de los ingresos totales generados por el ETS2, el Consejo mantuvo la cifra no fluctuante de 59.000 millones de euros como límite máximo, equivalente al 25 por cien de los ingresos suponiendo un precio de 48 euros por tonelada de CO2 durante el periodo 2027-2032.

Las previsiones no son realistas. La mayoría de ellas parten de un precio mucho más alto, en torno a los 170 ó 180 euros por tonelada porque el sector energético reacciona muy poco ante la subida de los precios. Cualquiera que sea el precio, hay que mantener la nevera encendida las 24 horas del día.

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Economía

La fragmentación del ‘mercado común’ en Europa

La crisis económica está bloqueando los mercados mundiales, lo que supone una ruptura de la estructura diseñada en Bretton Woods tras el final la Segunda Guerra Mundial. El mercado mundial se fragmenta y el europeo también, lo que se expresa bajo la forma de distintas primas de riesgo.

Los países europeos pagan intereses diferentes por los préstamos que se ven obligados a contraer, por algo que está en la esencia misma del capitalismo: los tipos de interés son más elevados para quienes más necesitan de ellos.

El Banco Central Europeo (BCE) está dando indicaciones sobre el arsenal diseñado para impedir la fragmentación del mercado financiero en Europa. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, lo ha anunciado en la inauguración del Foro de Banca Central en Sintra.

“Esencialmente, la nueva herramienta que se está desarrollando debería evitar un aumento excesivo de los diferenciales de los bonos de la eurozona, al tiempo que [Bruselas] mantiene la presión sobre los gobiernos para que eviten una excesiva desviación fiscal”, ha dicho.

“Evitar los diferenciales entre los tipos de interés de los préstamos soberanos es un requisito previo para la correcta transmisión de la política monetaria en los diecinueve países de la zona euro”, añadió Lagarde.

“Las presiones inflacionistas se están intensificando y generalizando en la economía”, reconoce Lagarde, mientras que el crecimiento se está desacelerando, y “los choques de oferta que afectan a la economía podrían durar más de lo previsto”.

La ruptura del mercado “contribuye a una transmisión desigual de la normalización de nuestra política en las distintas jurisdicciones” y las medidas previstas para “preservar la transmisión pueden utilizarse a cualquier nivel de tipos, siempre que estén diseñadas para no interferir con la política monetaria”, concluyó.

No hay muchas más explicaciones. Se trata de declaraciones políticas para mantener la cohesión interna entre los 27 miembros de la Unión Europea. Para reducir la prima de riesgo los países pedigüeños, que son los del sur de Europa, tendrán que reducir el déficit presupuestario o, en otras palabras, introducir recortes, reducir los gastos sociales, las pensiones, privatizar, etc.

Ahora se trata de apostar si no será pero el remedio que la enfermedad, y no sólo porque en los países mendicantes del sur pueden estallar levantamientos sociales al estilo de Ecuador. También habrá que comprobar si los países ricos del norte, y en especial Alemania, están dipuestos a seguir poniendo dinero encima de la mesa a tipo de interés por debajo del mercado. ¿Hasta cuándo?

La experiencia histórica demuestra que las superestructuras de estilo de la Unión Europea sólo funcionan en las etapas de auge económico. Durante las crisis, la unidad se demuestra ficticia. Por eso el BCE no sabe lo que tiene que hacer y si lo supiera, no podría hacer nada.

La crisis económica está fuera de su alcance y la unidad europea también. Ni los países ricos están dispuestos a poder dinero de manera indefinida, ni los pobres van a aceptar las políticas de austeridad, ni los recortes, ni las privatizaciones.

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Economía

Ola de huelgas en Europa contra el aumento del coste de la vida

No sólo es en Ecuador. En casi toda Europa también ha comenzado una ola de huelgas. Los trabajadores exigen aumentos de los salarios frente a la inflación galopante y el aumento del coste de la vida.

La situación es especialmente espectacular en Reino Unido, que vive esta semana su mayor huelga ferroviaria en 30 años. Además, hay otras huelgas previstas o en discusión entre los trabajadores de los aeropuertos, los abogados, los profesores, los trabajadores de correos y los de la sanidad.

El gobierno quiere cambiar la ley para legalizar a los esquiroles: sustituir a los trabajadores que participen en las huelgas con otros temporales y reducir lo que considera como un impacto desproporcionado de las huelgas.

El transporte aéreo se ve especialmente afectado por las huelgas. En aerolíneas como Ryanair, Brussels Airlines o Easyjet, se han producido varias convocatorias de huelga a principios de verano en España, Italia y Portugal. El aeropuerto de Bruselas-Zavantem se vio obligado a cancelar todos sus vuelos a principios de semana tras una movilización nacional de los sindicatos belgas.

El jueves comenzó la primera jornada de huelga en el sector del metal en Bizkaia, con 52.000 trabajadores reclamando subidas salariales.

En Francia todos los sectores se ven afectados por huelgas, ya sea en la SNCF, el equivalente de Renfe, cuyos sindicatos preparan una huelga general el 6 de julio, o en la RATP (líneas de autobuses) o TotalEnergies el viernes. El aeropuerto de Roissy-Charles-de-Gaulle ya sufrió huelgas el 9 de junio, y las tiendas de Marionnaud el 24 de mayo.

La aceleración de la inflación, que debería alcanzar el 6,8 por cien en septiembre, se deja sentir en los bolsillos de los trabajadores, primero en los precios de la energía y ahora en los estantes de los supermercados. El aumento del coste de la vida empuja a los trabajadores a aumentar la presión sobre sus patronos. La falta de mano de obra en algunos sectores refuerza la fuerte posición de los trabajadores.