Categorías
Noticias

Estados Unidos y el Califato Islámico reculan en Siria

Apoyado por las milicias populares, ayer el ejército de Siria arrebató al Califato Islámico el campo de gas de Chaer en la provincia de Homs, en el centro de Siria, según la televisión oficial siria. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos ha confirmado la noticia.

El campo de gas, situado cerca de las ruinas de Palmira, había sido capturado por los takfiristas hace una semana después de intensos combates en los que fallecieron 30 soldados del ejército sirio. Este éxito del ejército es el tercero tras la recuperación de otros dos yacimientos de gas en la misma provincia.

La radio iraní informa hoy de que en Irak el Califato Islámico también ha padecido importantes reveses en la provincia de Nínive, donde han tenido que destruir su arsenal más importante debido al avance del ejército hacia el norte de la provincia de Saladino hacia la ciudad de Mosul. El depósito se encontraba en la Facultad de Agricultura de Hammam Al-Alil.

En su huida los terroristas del Califato Islámico masacraron a 17 habitantes de Kabisseh, al oeste de Al-Anbar. Entre las víctimas se encuentran el imán y un predicador de la mezquita.

Por su parte, según las mismas fuentes iraníes, Washington ha anunciado que desiste de la formación de los rebeldes «moderados» porque es imposible fiarse de ellos, ya que desertan de las milicias para incorporarse a Al-Nosra o al Califato Islámico.

La información ha sido confirmada por un diplomático sirio, quien ha manifestado lo siguiente: «Las cosas se están moviendo hacia una resurrección de la conferencia de Ginebra. Los amigos rusos nos han propuesto la celebración de la tercera ronda de la conferencia a principios de 2015, que sería una versión corregida de Ginebra I y Ginebra II. Según esto, la participación de los grupos de la oposición y anti-Assad se extenderá. Se trata de oponentes internos, organizaciones y personas independientes, sin conexión con la coalición de la oposición siria. Estas ideas constituirán el eje principal de las conversaciones de Moallem en Rusia, que se esperan para finales de noviembre».

Esta misma fuente agregó: «Tenemos la impresión de que los estadounidenses han cambiado su posición frente al plan ruso y quieren reanudar las negociaciones políticas sobre Siria«.

Categorías
Noticias

Israel sometió a los palestinos a trabajos forzados

Yazan al-Saadi

Con el paso del tiempo,  poco a poco, se ha ido exponiendo una gran parte de las circunstancias siniestras y oscuras de la limpieza étnica sionista de Palestina a finales de la década de 1940. Un aspecto -poco estudiado ni tratado en profundidad- es el internamiento de miles de civiles palestinos en al menos 22 de los campos de concentración y trabajo, dirigidos por los sionistas, que existieron de 1948 a 1955. Ahora podemos conocer un poco más sobre los contornos de este crimen histórico gracias a la extensa investigación llevada a cabo por el gran historiador palestino Salman Abu Sitta y el miembro del Centro Palestino de recursos Badil, Terry Rempel.
El estudio -que será publicado en el próximo número de la revista Journal of Palestine Studies– se basa en las casi 500 páginas de los informes del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), escritos durante la guerra de 1948, que han sido desclasificados, puestos a disposición pública en 1996 y descubiertos por casualidad por uno de los autores en 1999.
Además, los autores han reunido los testimonios de 22 antiguos presos palestinos de esos campos civiles, a través de entrevistas que han llevado a cabo ellos mismos en 2002, o documentados por otros en otros momentos.
Con estas fuentes de información, los autores, como ellos dicen, han reconstruido una historia más clara de la forma en que Israel capturó y encarceló a «miles de civiles palestinos como trabajadores forzados» y los explotó «para sostener su economía en tiempo de guerra«.

A la búsqueda del crimen

«Me topé con este pedazo de la historia en la década de 1990 cuando estaba reuniendo material y documentos de los palestinos», dijo Abu Sitta Al-Akhbar. «Cuanto más profundizas, más descubres que los crímenes han ocurrido, que no se han registrado y que no son conocidos».
En aquella época Abu Sitta fue a pasar una semana a Ginebra para visitar los archivos del CICR, que se acababan de inaugurar. Según él los archivos se habían puesto a disposición del público tras las acusaciones de que el CICR había tomado partido por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Era una oportunidad que no podía dejar pasar, mostrar que el CICR había registrado los acontecimientos que tuvieron lugar en Palestina en 1948. Fue allí donde cayó sobre el archivo que trataba la cuestión de los cinco campos de concentración dirigidos por los israelíes.
Entonces decidió buscar testigos o antiguos presos y entrevistar a los palestinos en los territorios de la Palestina ocupada, Siria y Jordania. «Todos ellos han descrito la misma historia y su experiencia real en esos campos», dice.
Inmediatamente le asaltó una pregunta: por qué en la historia había tan pocas referencias sobre estos campos, sobre todo cuando se ha aclarado, gracias a sus investigaciones, que estos campos habían existido y que hubo más de cinco.
«Muchos antiguos presos palestinos vieron el concepto de Israel como un enemigo peligroso, por lo que pensaron que su experiencia de trabajo en estos campos de concentración no era nada en comparación con otra tragedia más grande: la Nakba. La Nakba lo eclipsó todo», explicó Abu Sitta.
«Sin embargo, cuando profundicé en el período de 1948-1955, encontré más referencias como Muhammad Nimr al-Jatib, que fue el imán de Haifa, que transcribió entrevistas con alguien de la familia al-Yahya que estuvo en uno de los campos. Pude localizar el rastro de ese hombre en California y pude discutir con él en 2002», añadió.
Lenta pero firmemente Abu Sitta fue encontrando otras referencias, como la información de un judío llamado Janud, que escribió una tesis de doctorado en la Universidad Hebrea sobre el asunto, y los relatos personales del economista Yusif Sayigh, que contribuyeron confeccionar mejor el alcance y la naturaleza de aquellos campos.
Después de más de una década, Abu Sitta y su coautor, Rempel, pudieron finalmente presentar sus hallazgos al público.

De la carga a la oportunidad: los campos de concentración y de trabajo

El establecimiento de campos de concentración y de trabajo tuvo lugar después de la proclamación unilateral del Estado de Israel en mayo de 1948.
Antes de aquel suceso, el número de palestinos cautivos en manos de los sionistas era bastante reducido, ya que, como se afirma en el estudio, «los dirigentes sionistas concluyeron rápidamente que la expulsión forzada de la población civil era la única manera de crear un Estado judío en Palestina con una mayoría judía lo suficientemente grande como para que fuese ‘viable'». En otras palabras, para los estrategas sionistas, en las fases iniciales de la limpieza étnica, los presos fueron una carga.
Aquellos cálculos cambiaron con la proclamación del Estado de Israel y la participación de las fuerzas armadas de Egipto, Siria, Irak y Transjordania, después de que tuviera lugar el grueso de la limpieza étnica. A partir de aquel momento, «las fuerzas israelíes comenzaron a capturar prisioneros, tanto soldados árabes regulares (para un eventual intercambio), y -de manera selectiva- civiles palestinos no combatientes en buen estado de salud».
El primer campamento fue el de Ijlil, en torno a 13 kilómetros al noreste de Jaffa, en la aldea palestina destruida Ijlil al-Qibiliyya, vacía de población, a comienzos de abril. En su mayoría Ijlil se componía de tiendas de campaña, con cientos y cientos de presos, clasificados como prisioneros de guerra por los israelíes, rodeados de alambre de espino, torres de vigilancia y una puerta con los guardias.
Con las sucesivas conquistas de Israel y el consiguiente aumento del número de presos, se crearon otros tres campos. Son los cuatro campos «oficiales» que los israelíes han reconocido y que el CICR visitó activamente.
En el estudio se señala: «Los cuatro campamentos estaban sobre o eran anexos a instalaciones militares puestas en marcha por los británicos durante el Mandato. Se utilizaron durante la Segunda Guerra Mundial para que el internamiento de los prisioneros de guerra, alemanes, italianos u otros. Dos campos -Atlit, creado en julio a unos 20 kilómetros al sur de Haifa, y Sarafand al-Amar, en el centro de Palestina- ya habían sido utilizados en la década de 1930 y 1940 para la detención de inmigrantes ilegales».
Atlit fue el segundo campo más grande después de Ijlil; podía albergar hasta 2.900 presos, mientras que Sarafand tenía una capacidad máxima de 1.800 presos y Tal Letwinksy, cerca de Tel Aviv, a más de 1.000.
Los cuatro campos estaban administrados por «antiguos oficiales británicos que habían desertado de sus filas, cuando las fuerzas británicas se retiraron de Palestina a mediados de mayo de 1948», y los guardias y el personal administrativo de los campos eran antiguos miembros del Irgún y del grupo Stern, dos grupos calificados como organizaciones terroristas por los británicos antes de su marcha. En total, los cuatro campos «oficiales» empleaban 973 soldados.
Un quinto campamento, llamado Umm Jalid, fue instalado en el sitio de otra aldea vaciada de población, cerca de la colonia sionista de Netanya; incluso se le asignó un número oficial en los registros, pero nunca tuvo estatuto «oficial». Podía albergar a unos 1.500 presos. En contraste con los otros cuatro campamentos, Umm Jalid fue «el primer campamento creado exclusivamente como campo de trabajo» y «el primero de los campos ‘reconocido’ para ser cerrado […] a finales de 1948″.
Además de estos cinco campos «reconocidos», había al menos otros 17 «campos no reconocidos» que no fueron mencionados en las fuentes oficiales, pero que los autores han descubierto a través de muchos testimonios de prisioneros.
«Al parecer, muchos» [campos], dicen los autores, [fueron] «improvisados o ad hoc, a menudo se coponían de una comisaría, una escuela o la casa del notable de la aldea», que podía contener de unas decenas a 200 presos.
La mayoría de los campos, oficiales o no, se situaban dentro de las fronteras del Estado judío propuesto por las Naciones Unidas, «a pesar de que al menos en cuatro [campos no oficiales] -Beersheba, Julis, Bayt Daras y Bayt Nabala- estaban en el Estado árabe asignado por las Naciones Unidas», y otro estaba dentro del «corpus separatum» de Jerusalén.
El número de presos palestinos no combatientes «superó ampliamente» al de soldados árabes las fuerzas armadas regulares o verdaderos prisioneros de guerra. Citando un informe mensual de julio de 1948, escrito por el jefe de la misión del CICR Jacques de Reynier, el estudio indica que de Reynier señaló que «la situación de los internos civiles se había ‘confundido totalmente» con los prisioneros de guerra, y que las autoridades judías ‘trataban a todos los árabes entre los 16 y los 55 años de edad como combatientes y los encerraban como prisioneros de guerra'». Además, el CICR descubrió que entre los presos de los campos oficiales 90 prisioneros eran hombres mayores y 77 eran jóvenes varones de 15 años de edad o menos.
El estudio destaca las declaraciones del delegado del CICR Emile Moeri en enero de 1949 sobre los prisioneros de los campos: «Es doloroso ver a esas pobres gentes, en particular a los ancianos, que han sido arrancados de sus aldeas y enviados sin motivo a estos campos, obligados a pasar el invierno en tiendas de campaña húmedas, lejos de sus familias; los que no son capaces de sobrevivir en estas condiciones mueren. Niños (de 10-12 años) también están en esa situación. Del mismo modo, algunos enfermos que padecen tuberculosis languidecen en los campos en condiciones que, aunque correctas para personas con buena salud, les conducirán sin duda a la muerte si no encontramos una solución a este problema. Desde hace mucho tiempo hemos exigido a las autoridades judías la liberación de estos civiles enfermos que necesitan tratamiento y que se les ponga al cuidado de sus familias o en un hospital árabe, pero no hemos recibido respuesta».
El informe señalaba que «no existen cifras precisas sobre el número total de civiles palestinos detenidos por Israel durante la guerra de 1948-49» y parece que las estimaciones no tienen en cuenta los campamentos de «no oficiales», ni el traslado frecuente de presos entre los campos en funcionamiento. En los cuatro campos «oficiales», el número de presos palestinos nunca superó los 5.000, según los datos de los archivos israelíes.
Basándonos en la capacidad de Umm Jalid y en las estimaciones de los «campamentos no oficiales», el número total de presos palestinos se podría situar en torno a los 7.000, y tal vez mucho más, indica el estudio, si tenemos en cuenta una nota escrita en su diario el 17 de noviembre de 1948 por David Ben-Gurion, uno de los principales dirigentes sionistas y primer ministro de Israel, que habló de «la existencia de 9.000 prisioneros de guerra en campamentos administrados por Israel».
En general, las condiciones de vida en los campamentos «oficiales» estaban muy por debajo de lo que se consideraba adecuado en el derecho internacional de aquella época. Moeri, que visitado constantemente los campos, informó de que en noviembre de 1948 en Ijlil «la mayoría de las tiendas estaban destrozadas», de que el campo «no estaba listo para el invierno», las letrinas no están cubiertas y la cantina no ha funcionado durante dos semanas. Aparentemente, refiriéndose a la situación que existía, declaró que «las fruta siempre es defectuosa, la carne es de mala calidad [y] las legumbres son escasas».
Además, Moeri informó de que él mismo vio «las heridas de la violencia» de la semana anterior, cuando los guardias dispararon a los presos, hiriendo a uno de ellos y moliendo a golpes a otro.
Como muestra el estudio, el estatuto civil de la mayor parte de los presos era claro para los delegados de la CICR en el país, que informaron de que, con toda certeza, los hombres capturados «no habían estado nunca en el ejército regular». Los presos que habían combatido, dice el estudio, fueron «sistemáticamente asesinados por una bala con el pretexto de que habían tratado de escapar».
Cuando no los masacraban, las fuerzas israelíes se centraban siempre en los hombres aptos, dejando atrás a las mujeres, los niños y los ancianos, continuado esa política incluso después de que los niveles de enfrentamiento militar disminuyeran. En su conjunto, como lo muestran los archivos israelíes y cita el estudio, «los civiles palestinos constituían la gran mayoría (el 82 por ciento) de las 5.950 personas clasificadas como internos en los campos de prisioneros de guerra, mientras que los palestinos (civiles y militares) sólo constituían el 85 por ciento».
El secuestro y encarcelamiento a gran escala de civiles palestinos parecen corresponder a campañas militares israelíes. Por ejemplo, una de las primeras redadas importantes tuvo lugar durante la Operación Danj, cuando 60-70.000 palestinos fueron expulsados de las ciudades centrales de Lydda y Ramleh. Al mismo tiempo, entre una cuarta y una quinta parte de la población masculina de esas dos ciudades que tenía más de 15 años de edad, fue enviada a los campos.
La mayor redada de civiles tuvo lugar en las aldeas del centro de Galilea, capturados durante la Operación Hiram, en el otoño de 1948.
Un superviviente palestino, Moussa, describió a los autores lo que vió entonces: «Nos capturaron en todas las aldeas de los alrededores: al-Bina, Deir al-Asad, Nahaf, al-Rama, y Eilabun. Se llevaron a cuatro hombres jóvenes y dispararon contra ellos […] Nos llevaron a pie. Hacía calor. No podíamos beber. Nos llevaron a al-Maghar [aldea drusa palestina], después a Naalal [colonia judía] y a continuación a Atlit».
Un informe de las Naciones Unidas de 16 de noviembre de 1948 corrobora el testimonio de Moussa; indica que 500 palestinos «fueron llevados a marchas forzadas y en vehículos al campo de concentración judío de Nahlal».
La política de atacar a civiles, especialmente los hombres «aptos», no fue una coincidencia, según el estudio, el cual establece que «con decenas de miles de judíos, hombres y mujeres, llamados al servicio militar, los internos civiles palestinos eran un complemento importante de la mano de obra judía civil empleada en virtud de la legislación de emergencia en apoyo de la economía de Israel», que incluso los delegados del CICR señalaron en sus informes.
Los presos fueron obligados a realizar obras públicas y militares, tales como el drenaje de los humedales, a trabajar como empleados, recolectar y transportar los bienes saqueados a los refugiados, remover las piedras de las casas palestinas demolidas, pavimentar las carreteras, cavar trincheras militares, enterrar a los muertos y muchos más.
Como lo describe en el estudio un antiguo preso palestino llamado Habib Mohamed Alí Jarada: «Nos obligaban a trabajar todo el día a punta de pistola. Por la noche, dormíamos en tiendas de campaña. En el invierno, el agua se filtraba por debajo de nuestras camas, hechas de hojas secas, cartones y pedazos de madera».
Otro preso de Umm Khaled, Marwan Iqab al-Yehiya, declaró en una entrevista con los autores: «Tuvimos que romper y transportar piedras todo el día [en una cantera]. Como alimento cotidiano teníamos una patata por la mañana y la mitad de un pescado seco por la noche. Molían a golpes a quien desobedeciera las órdenes». Ese trabajo se entremezclaba con humillaciones de los guardias israelíes; Yehiya habla de presos «alineados y obligados a desnudarse, como castigo por la fuga de dos presos durante la noche».
«Los adultos y los niños [judíos] del kibbutz vecino venían a observarnos, alineados y desnudos, y se reían de nosotros. Para nosotros era terriblemente degradante», agregó.
En los campos los abusos de los guardias israelíes eran sistemáticos y generalizados. El objetivo principal eran los aldeanos, campesinos así como los palestinos de las clases bajas. Lo hicieron así, dice el estudio, porque los presos instruidos «conocían sus derechos, tenían el suficiente coraje para hablar con sus secuestradores y se resistían a ellos».
Lo que también es un apunte interesante del estudio es la manera en que la filiación ideológica entre los presos y sus guardias afectó a sus relaciones mutuas.
Consigna el testimonio de Kamal Ghattas, que fue capturado durante el ataque israelí a Galilea: «Hemos tenido un altercado con nuestros carceleros. 400 de nosotros nos hemos sublevado contra 100 soldados. Trajeron refuerzos. A tres de mis amigos y a mí nos metieron en una celda. Nos amenazaron con disparar contra nosotros. Durante toda la noche cantamos el himno comunista. Nos trasladaron a los cuatro al campo de Umm Khaled. Los israelíes temían por su imagen en Europa. Nuestro contacto con nuestro Comité central y el Mapam [Partido Socialista de Israel] nos salvó… Conocí a un oficial ruso y le dije que nos habían secuestrado de nuesotras casas, aunque no éramos combatientes, lo que constituía una violación de los Convenios de Ginebra. Cuando él supo que yo era comunista, me tomó en sus brazos y me dijo: ‘Camarada, tengo dos hermanos en el Ejército Rojo. ¡Viva Stalin!, ¡Viva la Madre Rusia’«.
Los palestinos menos afortunados fueron sometidos a actos de violencia, incluidas las ejecuciones arbitrarias y la tortura, sin recurso. Las ejecuciones siempre se perpetraron con el pretexto de «intento de fuga» real o supuesta por los guardias.
Las ejecuciones se hicieron tan corrientes que un antiguo preso palestino de Tel Litwinsky, Tewfik Ahmed Juma Ghanim, dijo: «Los que se negaban a trabajar eran asesinados a tiros. Dijeron que habían intentado escapar. Los que pensamos que íbamos a ser asesinados, reculamos ante de los guardias».
Tras la fuerte presión del CICR y otras organizaciones, a finales de 1949, los presos palestinos fueron liberados progresivamente, pero las liberaciones tuvieron un alcance limitado y se concentraron en casos específicos. Los prisioneros de los ejércitos árabes fueron liberados en un intercambio de prisioneros, pero los presos palestinos fueron expulsados unilateralmente al otro lado de la línea del armisticio sin comida, ni provisiones, ni refugio, y se les obligó a caminar y no volver jamás.
Hasta 1955 la mayoría de los civiles palestinos encarcelados no fueron finalmente liberados.

Un crimen permanente

La importancia de este estudio tiene multiples facetas. No sólo revela las numerosas violaciones de la ley y los convenios internacionales de la época, tales como el Reglamento de La Haya de 1907 o los Convenios de Ginebra de 1929, sino que también muestra cómo los acontecimientos modelaron al CICR a largo plazo.
Debido a que el CICR se enfrentó con un protagonista israelí agresivo que no quería atender ni respetar el derecho internacional y los convenios, el propio CICR tuvo que adaptarse a lo que consideró como los medios más prácticos para asegurar que se respetaran los más elementales derechos de los presos civiles palestinos.
En el informe final, el estudio cita a Reynier: El CICR «ha protestado muchas veces afirmando el derecho de esos civiles a disfrutar de su libertad, a menos que sean culpables y juzgados por un tribunal. Pero tácitamente tenemos que aceptar su estatuto de prisioneros de guerra porque de esa manera se benefician de los derechos que la Convención les otorga. De lo contrario, si no estuvieran en los campos, serían expulsados [a un país árabe] en el que, de una u otra manera, sin recursos, llevarían una vida miserable de refugiados».
A final de cuentas, simplemente el CICR y otras organizaciones fueron ineficaces, mientras que impunemente Israel ignoró las condenas, con la cobertura diplomática de las principales potencias occidentales.
Y lo que es más importante aún, el estudio arroja luz sobre la magnitud de los crímenes de Israel tras su nacimiento brutal y sangriento. Y «todavía tenemos mucho que decir», como dice la última línea del estudio.
«Es increíble para mí y para muchos europeos que han visto mis pruebas», dijo Abu Sitta, «que en Palestina se abrieran campos de trabajos forzosos, tres años después de haber sido cerrados en Alemania, y que fueran gestionados por guardias judíos que habían sido prisioneros de los alemanes».
«Que mala imagen para el espíritu humano, cuando el oprimido copia al opresor contra la vida de los inocentes», agregó.
Esencialmente el estudio muestra los fundamentos y principios de la política israelí hacia los civiles palestinos, que se presenta en forma de secuestros, capturas y detenciones. Ese crimen continúa a día de hoy. Basta leer los informes de centenares de palestinos detenidos antes, durante y después de la última guerra de Israel en la franja de Gaza este verano.
«Gaza es hoy un campo de concentración, en nada diferente de los del pasado», concluye Abu Sitta.

Fuente: Al-Akhbar, http://english.al-akhbar.com/content/israels-little-known-concentration-and-labor-camps-1948-1955

Categorías
Noticias

Las tropas de Estados Unidos ya combaten otra vez en Irak

En cada rueda de prensa Chuck Hagel, secretario de Estado de Defensa, repite infatigablemente: «Las botas no volverán a pisar el suelo de Irak». Se refiere a las botas que utilizan los militares. El envío de tropas sobre el terreno está, pues, fuera de la agenda del imperialismo.

No obstante, Obama ha ordenado el envío de 350 soldados adicionales, lo que oficialmente eleva a 820 el número de tropas oficialmente desplegado en Irak desde la caída de Mosul, en el mes de junio. La excusa es la protección de la embajada de Estados unidos en Bagdad.

Las fuerzas especiales de Estados Unidos están colaborando con los kurdos. Lo cuenta Ford Sypher, un periodista del Daily Beast y las fotos (1) muestran a los soldados estadounidenses con uniforme militar pero sin distintivos en Zumar, un pequeño pueblo ocupado en junio por los yihadistas del Emirato Islámico.

Poco antes los peshmergas kurdos habían bloqueado un puesto de control y sus oficiales en el Ministerio de Defensa kurdo en Erbil no dieron ninguna clase de explicaciones. Dijeron al periodista: «Sí, queremos informarles a ustedes pero no podemos… Tenemos visitantes, usted los va a ver».

Poco después Sypher vio a los visitantes, llegando a la conclusión de que, sin duda, eran miembros de las fuerzas especiales de Estados Unidos.

El Daily Mail ha retomado la información de Sypher, reconociendo su validez (2), ya que Sypher «sabe lo que dice» porque fue miembro de los rangers en Irak y Afganistán.

Además, el servicio de inteligencia kurdo ha confirmado que las fuerzas especiales de Estados Unidos y alemanas estaban colaborando con los peshmerga kurdos en Zummar. Su función es la de dirigir el fuego de los aviones estadounidenses sobre las posiciones del Emirato Islámico.

Situado a 60 kilómetros al noroeste de Mosul, Zumar forma parte del territorio en disputa ya que está cerca de la presa Saddam y de un pozo de petróleo. Fue reconquistado por los peshmerga kurdos.

(1) http://www.thedailybeast.com/articles/2014/09/02/are-american-troops-already-fighting-on-the-front-lines-in-iraq.html
(2) http://www.dailymail.co.uk/news/article-2740793/American-forces-ground-Kurds-say-US-commandos-fighting-ISIS-northern-Iraq-Obama-said-no-combat-troops-fight.html#ixzz3CKPbR0Zo
Categorías
Noticias

La decapitación de Steven Sotloff tiene su lado oscuro

Juan Manuel Olarieta
Un portavoz del ministerio israelí de Asuntos Exteriores reveló a través de su cuenta de Twitter que Steven Sotloff, el segundo periodista estadounidense decapitado por el EIIL, había nacido en el seno de una familia judía sionista de Miami y que compartía su nacionalidad estadounidense con la israelí.

Inicialmente los detales biográficos se habían mantenido en secreto para no poner en riesgo la vida del supuesto reportero secuestrado que colaboraba con las revistas Time y Foreign Policy. Pero tras su fallecimiento algunos medios han desvelado nuevos datos del pasado de Sotloff: hizo su aliya (retorno a Israel) en 2005, seguido tres años después por un curso de formación en el Centro Interdisciplinario de Herzliya.

Esta última parte, su estancia en Herzliya, desapareció muy pronto de los medios digitales, pero se puede recuperar de la caché de Google. La desaparición tiene su importancia para quienes conocen el mundillo del espionaje: Herzliya es un semillero del Mossad.

De 2008 a 2013 Sotloff viajó por Oriente Medio como periodista independiente. Sus primeros empleos fueron en el Jerusalem Post y en Media Line, dos órganos próximos a la extrema derecha sionista.

Entre 2011 y 2013 Sotloff mantuvo una amistosa correspondencia con un viejo colega de la misma escuela de Herzliya, el  periodista israelí-estadounidense Oren Kessler (1), que vive en Londres, es miembro de la Henry Jackson Society, un influyente equipo de los sectores británicos más reaccionarios e islamófobos.

En una conversación con la revista digital Politico, Kessler reveló que durante sus viajes por los países árabes su amigo Sotloff había fingido ser musulmán. Otros testimonios corroboran que para explicar el origen de su apellido Sotloff afirmó ser de origen checheno.

Site Intelligence Group, el organismo que difundió el vídeo de su decapitación tiene su sede en Bethesda, Maryland, y también está ligado a la inteligencia militar de Estados Unidos e Israel, así como a la ultraderecha sionista. Requerido por varios medios para dar cuenta del origen del vídeo, Site ha afirmado que estaba en un servidor de intercambio de archivos, lo cual es falso.

La fundadora de Site es Rita Katz, hija de un judío irakí ejecutado en la plaza central de Bagdad por espionaje a favor de Israel. Katz creó Site en 2002 y durante seis años se albergó en los mismos servidores que acogen a varios medios digitales judío-estadounidenses.

Desde su llegada a Estados Unidos Katz colaboró tanto con el espionaje imperialista como con organizaciones sionistas, como el «Investigative Project on Terrorism». Se dio a conocer públicamente en 2003 cuando publicó su libro «Cazadora de terroristas» (Terrorist Hunter) en el que relata su infiltración en grupos islamistas.Rita Katz mantiene estrechos vínculos con Richard Clarke, el antiguo jefe de la lucha antiterrorista en Estados Unidos, así como investigadores en el Departamento de Justicia, el Departamento del Tesoro y el Departamento de Seguridad Nacional.

Su tinglado virtual Site sirve de referencia a las unidades antiterroristas de las policías del mundo ya que se dedica a la vigilancia de sitios islamistas de internet, publicando los documentos más truculentos que se atribuyen a Al-Qaeda, o incluso falsificándolos. En 2008 Site presentó una supuesta foto con la que los islamistas ilustraban los estragos de una explosión nuclear en Washington. En realidad la habían tomado de un vídeojuego (2)

Habitualmente Site colabora con un grupo denominado IntelCenter, una rama de iDefense, una empresa de Virgina de seguridad informática que forma parte de Verisign. IntelCenter está dirigido por N. Ben Venzke, que en enero de 2001 publicó un informe minucioso sobre el «ciber-conflicto palestino-israelí». Su personal forma parte de la inteligencia militar. Uno de ellos, Jim Melnick, es un antiguo responsable de operaciones psicológicas en los tiempos en que Donald Rumsfeld era secretario de Defensa, es decir, el encargado de fabricar mentiras.

La empresa analiza las publicaciones de internet sobre Oriente Medio y rastrea su origen y alojamiento. A veces IntelCenter también crea y difunde información, hasta el punto de que parece ser la empresa creadora  del sello As-Sahab, la supuesta editorial videográfica de Al-Qaeda, lo cual conduce a sostener que no sólo Al-Qaeda como organización es un tentáculo del Pentágono sino que el imperialismo produce y difunde sus truculentos vídeos cuando necesita justificar su política intervencionista.

(1) http://www.politico.com/magazine/story/2014/09/mourning-my-almost-friend-steve-sotloff-110525.html

(2) http://www.dcjunkies.com/showthread.php?4927-SITE-mistakes-video-game-image-for-terrorist-planning

Categorías
Noticias

Un Califato en el norte de Irak

Juan Manuel Olarieta

El grupo islamista ahora conocido con las siglas EIIL ha cambiado varias veces de nombre en muy poco tiempo. Apareció en 2003 durante la resistencia contra la invasión de Irak, llamándose Tawhid al-Jihad. En la época de Ayman Al-Zawahiri se convirtió en «Organización de la Base de la Yihad en los países de los dos ríos», en referencia al Tigris y el Eufrates. Tres años después se coaligó con grupos internacionales en la órbita de Al-Qaeda para aprovecharse de sus fuentes de financiación y sus recursos, cambiando su nombre por el de «Califato de Irak», una expresión que hace referencia a su voluntad de constituir un Estado confesional. En 2013 amplió su organización a Siria, calificándose como «Califato de Irak y Levante», en donde «Levante» es el sinónimo geográfico de una extensa región que -fundamentalmente- se refiere a Siria.

Se trata de una organización muy pequeña típicamente takfirista, es decir, que no reconoce a los musulmanes como una comunidad unificada, por lo que apela a la lucha contra otros musulmanes, especialmente chiítas, y ha convertido a la población civil, incluidos los sunitas, en objetivo militar de sus ataques, lo que ha dado lugar a conocidas y estremecedoras matanzas en masa, ampliamente divulgadas en los medios. El propio jefe de Al-Qaeda, Al-Zawahiri, tuvo que entrevistarse con los dirigentes del Califato para que cesaran las matanzas de chiítas.

Que los chiítas se hayan convertido en su objetivo militar se explica porque fueron quienes asumieron las riendas del Estado tras la retirada de los imperialistas en 2011, su victoria electoral y su subsiguiente política de marginación -por decirlo de una manera suave- de las minorías irakíes, especialmente en el norte del país. La culminación llegó cuando el presidente chiíta de gobierno Nuri al Maliki expulsó al vicepresidente sunita Tariq al Hashemi, que tuvo que huir a Turquía y fue condenado en rebeldía por «apoyar al terrorismo».

Desde el primer día los imperialistas han promocionado esa política sectaria, ya que fueron ellos quienes después de la invasión dividieron a Irak arbitrariamente en tres regiones diferenciadas: la kurda, la sunita y la chiíta. Hasta la retirada de 2011 su propósito ha sido siempre el de mantener la inestabilidad política, un objetivo que coincide exactamente con la situación internacional en todos los puntos calientes del mundo, desde Ucrania a Centroáfrica, no sólo porque la confusión habilita acciones criminales, como el derribo de tres aviones de pasajeros en un plazo muy breve de tiempo, sino porque es la antesala de la próxima guerra mundial.

Las mutuas matanzas expresan la política escisionista del imperialismo en Oriente Medio, favorecen su dominación y su presencia en la región y, finalmente, desarrollan el sectarismo religioso hasta tal punto que han logrado dividir a los propios sunitas, consecuencia lógica de un grupo minoritario que unilateralmente se constituye a sí mismo como Califato, es decir, como Estado, lo cual ha engendrado una espiral ya que, Estados Unidos, ha reaccionado poniéndose en contacto con otras milicias de la resistencia a fin de que dejen de combatirles a ellos y traten frenar al Califato.

Bajo el gobierno de Al Maliki, el ejército irakí, creado, sostenido y entrenado por los imperialistas, demostró su artificiosidad. Sus acciones incrementaron el descontento, especialmente entre las minorías del norte del país hasta el punto de que en algunas poblaciones las milicias del Califato fueron recibidas como libertadores. La propaganda imperialista está haciendo el resto, al poner al EIIL en primer plano, bien por sus crímenes, bien por sus rutilantes victorias militares, como la toma de Mossul, la segunda ciudad en importante de Irak, «defendida» por 30.000 soldados del ejército irakí que la abandonaron sin combatir.

El EIIL parece así como una gigantesca fuerza militar, de la que se ignora su origen, su armamento, su financiación y su reclutamiento. Incluso parece la única fuerza militar en el norte de Irak, en donde hay otras milicias mucho más potentes, como los antiguos baasistas o el Mando Supremo para la Yihad y la Liberación, una coalición de 23 organizaciones armadas encabezados por el «Ejército de los Hombres de Orden Naqshaband» de Ansar ul Sunna.

Pero la propaganda imperialista no admite situaciones complejas; por eso para los medios no existen otras acciones más que las del Califato, cuanto más truculentas, mejor, porque se trata de poner la barbarie en primer plano, es decir, de inculcar que la resistencia a los planes de imperialismo tanto en Oriente Medio como en África es una forma de salvajismo. Lo que es una barbarie no es el imperialismo sino la lucha contra el imperialismo. El mundo no puede prescindir de la ayuda de los países «civilizados», que están moralmente obligados a intervenir «por razones humanitarias» y -naturalmente- desinteresadas.

Una cierta corriente minoritaria de opinión viene sosteniendo el apoyo de Estados Unidos al EIIL, lo cual se puede acabar convirtiendo en una tesis tópica. Pero a los imperialistas lo que realmente les interesa es el avispero en sí mismo, no una u otra de las avispas, la mayor parte de las cuales son intercambiables.

El asunto es aún más claro en lo que a los saudíes concierne. No sólo los wahabitas no apoyan al Califato sino que han impedido reclutar fuerzas para combatir en las filas del EIIL, alguno de cuyos comandos han sido detenidos y encarcelados sobre el terreno cuando se disponían a ejecutar acciones armadas contra los dirigentes del país, a quienes consideran apóstatas. No obstante, sí es cierto que muchos caciques saudíes han financiado al EIIL a título individual y de manera discreta.

Queda esclarecer el papel de Irán en el avispero, un país que desempeñó un papel fundamental en la retirada de 2011, que después de la caída de Ajmadineyad mantiene un acuerdo con Estados Unidos y aspira a sustituir sus tropas por las suyas propias, con la consabida excusa del terrorismo del EIIL, cuyas acciones todos critican y a todos benefician. No cabe duda que la proclamación del Califato coincide con los objetivos estratégicos de Estados Unidos de contener a Rusia, China y la India, como sostiene la prensa rusa (2) y, como consecuencia de ello, las acciones militares del imperialismo contra las posiciones del EIIL son un simulacro, como recordaba Pedro Rojo recientemente en el diario «El Mundo»: sólo pueden ayudar a ampliar «la capacidad de convocatoria del califato»(3). Eso es lo que pretende Estados Unidos.

(1) Rusia Today, 17 de julio de 2014, http://actualidad.rt.com/actualidad/view/134244-snowden-mosad-crear-estado-islamico
(2) http://actualidad.rt.com/actualidad/view/134540-califato-arma-geoestrategica-contra-brics
(3) http://www.elmundo.es/internacional/2014/08/11/53e9178c22601d1a7a8b4596.html
Categorías
Noticias

El origen moderno del islamismo político

Juan Manuel Olarieta

La vertiente política del Islam se difundió a los cuatro vientos en 1991 cuando en Argelia el gobierno, apoyado por Estados unidos y la Unión Europea, dio un autogolpe de Estado, prohibió al partido islamista FIS para «proteger la democracia» y suprimió las elecciones que estaban a punto de perder.

El FIS había obtenido una victoria aplastante en la primera vuelta y no hubo oportunidad de una segunda. El autogolpe condujo a un levantamiento popular que duró 10 años y costó miles de muertos. La resistencia armada fue apoyada por una gran parte de la población argelina, e incluso, en medio de una impresionante campaña de intoxicación mediática en todo el mundo, el propio gobierno argelino creó un grupo terrorista islámico, el GIA (Grupo Islámico Armado), para combatir a los islamistas del FIS.

Cuando los islamistas del GIA comenzaron a matar islamistas, el asunto empezó a oler mal porque apareció la esencia misma del imperialismo: divide y vencerás. Fue una guerra civil dentro de otra guerra civil porque, una vez reducido a la clandestinidad, el FIS creó su propio grupo armado, denominado AIS (Ejército Islámico de Salvación).
       
Con los años un coronel del servicio secreto argelino, Mohammed Samraoui, escribió un libro («Crónica de los años de sangre») en el que reconocía que el GIA lo crearon ellos. El subtítulo era «Cómo los servicios secretos manipularon a los groupos islamistas» (1). No era muy exacto. En realidad lo que hicieron fue inventarse un cierto islamismo para combatir al islamismo.

Hablar del Islam como una unidad política o religiosa es, pues, un grave error. Incluso el GIA nunca logró convertirse en una marioneta de los militares argelinos, que sólo llegaron a controlar a una fracción muy minoritaria, de la que la mayoría se desligó para crear, a su vez, el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC).

El gobierno argelino se frotó las manos cuando estos grupos comenzaron a matarse entre ellos. Los militares parecieron el mal menor, un concepto que en el Islam no tiene cabida: no hay males mayores y menores, el mal siempre es malo. Aprovecharon las matanzas indiscriminadas de la población civil para recuperar la confianza de los argelinos situándose al margen de aquellos bárbaros islamistas.

No obstante, en su libro el coronel Samraoui reconoce que el servicio secereto argelino creó los comandos armados islamistas bastante antes de las elecciones, algo que debió conocer muy de cerca porque entre 1990 y 1992 fue el adjunto de Smain Lamari, el jefe del contraespionaje argelino. El coronel confirma que los terroristas más sanguinarios, como el propio Djamel Zitouni, el jefe del GIA, un mercenario analfabeto, antiguo vendedor de pollos, era un agente a sueldo de los generales, dice Samraoui, que fueron quienes le promocionaron dentro de la organización, hasta el punto de que se convirtió en un emir de la misma en 1994.

La responsabilidad de la Unión Europea en el terrorismo del GIA no se ciñe sólo a la aprobación del golpe de Estado de 1992 sino que la DST, el contraespionaje francés, fue cómplice de los militares argelinos, a pesar de los asesinatos que el GIA cometió en suelo francés. El espionaje argelino operaba en Francia bajo la supervisión francesa, a la que mantenía puntualmente informada, incluidos sus infiltrados, cuyos planes la DST protegió.

Es el caso de Alí Touchent, un agente de la inteligencia argelina, conocido por los franceses, que fue enviado a Europa para cometer atentados sangrientos, como los de París de 1995, que se podían haber evitado, según Samraoui. No le interesó al contraespionaje francés porque les permitió poner a Francia y, sobre todo a París, bajo un estado de excepción con el que cualquier cosa se podía justificar.

El caso del GIA en Argelia es la continuación de la táctica de los escuadrones de la muerte que los militares pusieron en marcha en Latinoamérica en los años setenta. Se supo desde el primer momento. El mérito de haberlo denunciado corresponde, además de los propios espías y policías argelinos (2), a los islamistas argelinos, es decir, que ellos eran las víctimas y no los victimarios.

Lo único que cabe añadir es que ninguno de los crímenes del GIA hubiera sido posible sin el respaldo de Estados Unidos y la Unión Europea, especialmente Francia.
(1) Mohammed Samraoui, Chronique des années de sang. Algérie: comment les services secrets ont manipulé les groupes islamistes, Éditions Denoël, 2003
(2) Un officier algérien accuse les services secrets dans les attentats de Paris, Le Monde, 10 de noviembre de 1997, http://www.algeria-watch.org/mrv/mrvmass/officieraccuse.htm.
Categorías
Oriente Medio

El islamismo funciona con mando a distancia

El terrorismo salafista no es una creación del imperialismo estadounidense, no nace con Al-Qaeda como consecuencia de la guerra de Afganistán contra el ejército soviético. Es muy anterior. El impulso de ciertas corrientes islamistas, muy minoritarias, como las takfiristas, procede de los imperialistas británicos y franceses. Además de dibujar mapas geopolíticos, la dominación de Oriente Medio requería dibujar nuevos mapas religiosos, crear doctrina.

Tras la Revolución de Octubre los imperialistas trataron de manipular a los pueblos islámicos contra la URSS, especialmente en el Cáucaso, una tarea continuada durante la Segunda Guerra Mundial por los nazis. Hitler apoyó la creación de unidades militares islámicas como parte de la Legión Oriental que invadió la URSS: “No veo ningún riesgo en crear unidades puramente mahometanas”, dijo Hitler en 1942, añadiendo que eran los más fiables: “Considero que sólo los mahometanos son seguros. Todos los demás los considero inseguros”.

Gerhard von Mende, un letón nazi que trabajaba en la Universidad de Berlín como profesor de estudios turcos, fue pionero de la idea de convertir a los pueblos islámicos de la URSS (tártaros, chechenos, kazajos, uzbekos) en una quinta columna contra el socialismo aprovechando la antigua Red Prometeo, un círculo de viejos reaccionarios zaristas creado en 1925 que tenía su base de operaciones a caballo entre Varsovia y París.

Bajo la dirección del criminal de guerra Theodor Ober­lan­der, durante la guerra Von Mende encabezó una división del Ministerio del Reich encargado de los territorios orientales ocupados por los nazis, especialmente del Cáucaso. Tras la derrota se estableció en la Alemania ocupada por los británicos. En octubre de 1945 escribió una carta al comandante Morrison ofreciendo sus redes islamistas dentro de la URSS al imperialismo británico, para lo cual pedía que las unidades islamistas nazis fueran liberadas de los campos de concentración para ser utilizadas contra la URSS. Fue el comienzo de una nueva carrera en el espionaje y el sabotaje contra la URSS de la mano de Wal­ter Schenck, un antiguo oficial de inteligencia de las SS.

La CIA era de la misma opinión que Hitler y Von Mende: era posible utilizar a los islamistas contra la URSS. Tras la guerra el espionaje estadounidense logró que una parte de las redes islamistas que habían realizado tareas de sabotaje dentro de la URSS salieran del país y se instalaran en Munich. Aunque el KGB logró ejecutar en Alemania a algunos islamistas soviéticos procedentes del Cáucaso y Asia central, otros empezaron a colaborar para emisoras de la CIA, como Radio Free Europe o Radio Liberty, donde el 80 por ciento eran viejos colaboradores de los nazis.

Entre ellos estaba Ibrahim Gacaoglu, un imán que había luchado con la Legión Oriental hitleriana en el Cáucaso. Von Mende le instaló en la Alemania de la posguerra para controlar las remesas a sus contactos en el interior de la URSS. Al mismo tiempo Gacaoglu hablaba en los micrófonos de Radio Free Europe denunciando que en la URSS los ateos cerraban las mezquitas. En 1957 dio una rueda de prensa con Garip Sultán, otro viejo oficial del ejército nazi en el Cáucaso, para denunciar la deportación en masa del pueblo checheno. Sultan era hijo de un capitalista tártaro-bashkir expropiado durante la colectivización de 1929. Cuando falleció hace tres años, los obituarios de la prensa alemana se olvidaron de los aspectos desagradables de su biografía. Sólo recordaron su lucha en favor de la libertad de expresión en la URSS, cuando hablaba en las emisoras de la CIA bajo el seudónimo de Fanis Ishimbay.

En julio de 1953 una delegación de la Hermandad Musulmana de Egipto, entre ellos Said Ramadán, hijo de Hassan al-Banna, el fundador de la Hermandad, se reunió en la Casa Blanca con Eisenhower. En aquella recepción Eisenhower pronunció unas palabras para explicar el significado del acto: en sus relaciones con los dirigentes árabes “nuestra fe en Dios debe darnos un objetivo común: la lucha contra el comunismo y el ateísmo”.

Pero la revolución de los oficiales libres encabezada por Nasser puso en aprietos a los islamistas egipcios. En 1959 Ramadán se tuvo que refugiar en Ginebra (Suiza), donde murió en 1995. Su agente de enlace en la CIA era Bob Dreher, que tenía su base en Munich. En Egipto los islamistas se convirtieron en uno de los puntales más importantes para derrocar al gobierno de Nasser, estrechamente aliado a la URSS.

Una nota confidencial del BUPO (servicio secreto suizo) fechada el 17 de agosto de 1966 evoca abiertamente los vínculos de Ramadán con el imperialismo: “Definitivamente, mantiene excelentes relaciones con los ingleses y los americanos”. Un año después otro documento (5 de julio de 1967) presenta al islamista como “un agente de información de los ingleses y de los americanos. Además, creo que ha prestado grandes servicios en términos de información – BUPO”.

Gracias a sus influencias, el director de la fiscalía federal suiza no sólo infringió una orden de deportación de 31 de enero de 1967, sino que seis meses después le concedió permiso de residencia: existía la posibilidad “de que los amigos de Said Ramadán tomen el poder en los próximos meses en uno u otro Estado que ahora se conoce como progresista o socialista”.

Al exiliado egipcio nunca le faltaron medios: viajaba por Europa en un impresionante Cadillac americano pagado por la familia real saudí. Con el dinero de la CIA y de los saudíes creó en Ginebra el Centro islámico, la primera institución de este tipo en Europa. También fue uno de los fundadores de la Liga del Mundo Islámico. Eran las primeras redes islamistas europeas, que en aquella época se dirigían contra el bloque socialista a través de tentáculos de la CIA como Amcomlib (American Committee for the Liberation of the Peoples of Russia) y American Committee for Liberation from Bolshevism con los que Ramadán estaba en contacto permanente.

En los años cincuenta el dirigente de Amcomlib era Isaac Patch, que en 2005 fue entrevistado por el Wall Street Journal, manifestando que el empleo de islamistas en la lucha contra el comunismo estaba fuera de cualquier clase de dudas porque “son grandes creyentes y grandes anticomunistas”.

Sin embargo, Von Mende no estaba satisfecho ni con la CIA ni con la organización de las redes islamistas en Europa: “Alemania es una puerta que nadie controla porque no tiene portero. Todo el mundo viene y hace lo que le da la gana”. Se propuso buscar un portero y lo encontró en Nurredin Nakibhodscha Namangani, un imán originario de Uzbekistán que fue detenido en 1941 por la policía soviética y poco después liberado por el ejército nazi, al que se incorporó activamente. Se convirtió en imán de una división de las SS y fue condecorado con la Cruz de Hierro.

Namangani llegó a Munich en 1956 con los gastos pagados por el espionaje germano occidental. Creó una comisión para edificar varias mezquitas, ya que en aquella época no había más que dos en toda Alemania. La construcción de una nueva en Munich puso en contacto a las dos redes anticomunistas, la de Namangani y la de Ramadán, que en 1959 organizaron el primer Congreso Islámico Europeo, financiado por el espionaje estadounidense y alemán a través de distintos intermediarios, como Amcomlib.

La mezquita de Munich no estaba destinada sólo para el culto de los musulmanes alemanes sino que debía convertirse en el mando a distancia contra el movimiento comunista internacional. Después de controlar la religión, los imperialistas estaban decididos a dictar el credo, los salmos y las letanías, es decir, a convertirla en el centro de la guerra santa contra el bloque socialista.

La guerra de Vietnam congeló aquel proyecto, hasta que en 1979 Afganistán y la llegada del régimen de los ayatolas a Irán puso de nuevo a los islamistas en la primera línea. Para entonces en Munich había tomado el relevo uno de los sicarios de Ramadán, un sirio nacionalizado italiano, Alí Ghaleb Himmat, que había llegado a la mezquita como estudiante, amasando una gigantesca fortuna personal de origen saudí cuyo centro era el Banco Al-Taqwa.

Tras los atentados del 11 de septembre de 2001 Bush acusó al Banco Al-Taqwa de financiar a Al-Qaeda. Además de Himmat, el socio mayoritario del Banco era el italo-egipcio Yussef Nada, también dirigente de la Hermandad Musulmana, encarcelado por Nasser en 1954 y al que la propaganda imperialista presentó como “uno de los cinco lugartenientes de Bin Laden”.

El Banco tenía una sede en Nassau (Bahamas), otra en Lugano (Suiza) y otra en Liechtenstein. A causa de ello la fiscalía suiza abrió una “investigación” que duró más de tres años y no condujo a ninguna parte porque, después de la intensa campaña de propaganda, Estados Unidos no aportó ninguna prueba contra el chiringuito financiero de Himmat y Nada. Las pruebas podían volverse contra ellos mismos. En cualquier caso siempre es mejor guardar la mierda debajo del felpudo.

Categorías
Oriente Medio

En Irak los kurdos se han puesto bajo la tutela de Israel

Este artículo tiene que empezar como los cuentos infantiles, pero es rigurosamente cierto, aunque nadie se crea los cuentos: hubo un tiempo en que Kurdistán fue un país de religión judía. Si bien los kurdos son un pueblo de origen indoeuropeo, su religión ha ido cambiando a lo largo de la historia, en función de las necesidades políticas de su clases dominantes.

En el año 586 antes de nuestra era, es decir, hace unos 3.000 años el rey de Babilonia Nabucodonosor deportó a los judíos a Mesopotamia después de derrotarles militarmente. Luego Babilonia fue sometida al Imperio Persa y los antiguos deportados judíos se convirtieron en un sector muy influyente, hasta el punto de que un reino kurdo, Abiadene, se convirtió al judaísmo en el siglo I de nuestra era. Después los kurdos se convirtieron al cristianismo, después al islamismo… Todo dependió siempre de intereses que tenían que ver más con la tierra que con el cielo.

Después de la Segunda Guerra Mudial y la formación del Estado de Israel, uno de los objetivos militares más importantes de Tel Aviv fue la destrucción de Irak y la conquista de Kurdistán, un empeño en el que no cejó nunca. Durante el invierno de 1950 a 1951 organizó la operación “Ezra y Nehemiah” para trasladar en masa a Palestina a los judíos kurdos originarios de Irak, donde suman actualmente una comunidad de 200.000 habitantes que habla un dialecto del antiguo arameo.

Israel también estimuló los levantamientos de los independentistas kurdos, utilizando al régimen del Sha como plataforma de agresión. Hacia 1963 el apoyo israelí a los independentistas kurdos adquirió un carácter masivo, con el envío de consejeros militares.

En 1967 durante la Guerra de los Seis Días, para ayudar a Israel los kurdos organizaron una sublevación. El dirigente kurdo Mustafá Barzani se trasladó entonces a Israel para entrevistarse con el presidente Zalmar y el ministro de Defensa Moshe Dayan. Los kurdos lograron obstaculizar la movilización del ejército irakí en ayuda de Egipto y Siria contra Israel. En agradecimiento, Israel entregó a los kurdos el armamento soviético que obtuvo en el campo de batalla. Barzani reconoció que había recibido varios millones de dólares de Israel para financiar la revuelta kurda. Las fotos de la colaboración israelo-kurda revuelven los estómagos mejor asentados (1).

Una vez que el imperialismo destruyó Irak brutalmente, creando en su lugar un reino de taifas, los kurdos lograron una cierta autonomía, hasta el punto de que a finales de abril de 2004 algunas agencias de noticias anunciaron que capitalistas judíos estaban comprando tierras en le norte de Kurdistán y que estaba a punto de abrirse un puente aéreo de Kurdistán a Tel Aviv.

Dos años después la BBC informaba de que Israel había enviado instructores de las fuerzas especiales a Kurdistán para entrenar a dos unidades militares kurdas. La primera era una fuerza encargada de proteger el aeropuerto de Hawler, junto a Erbil, que está a medio camino entre Israel y sus objetivos militares en Irán. La otra se transformaría en una fuerza de élite de las autoridades independentistas.

La operación se llevó a cabo a través de un contratista privado de seguridad, la empresa de Interop, especializada en consultoría de seguridad. Uno de sus fundadores es Danny Yatom, un antiguo director del Mossad. Para disimular su origen, sobre el terreno Interop se presentó con la cobertura de dos empresas suizas: Kudo y Colosium.

En los años 2004-2005, Interop estuvo dirigida por Schlomi Michaels, un antiguo oficial de los servicios secretos israelíes. Además Israel ha suministrado a los kurdos 150 millones de dólares de equipos de comunicaciones y seguridad.

Naturalmente, el apoyo israelí ni es puramente sentimental, ni tiene sólo una explicación estratégica y militar. Tel Aviv se interesa también por dos materias primas vitales para ellos: el agua y el petróleo. Existe ya un proyecto para tender sendas tuberías a través de Jordania.

Los mensajes publicados por Wikileaks demuestran que los vínculos de Kurdistán con Israel alcanzan cotas aún más preocupantes: en los ataques llevados a cabo por comandos israelíes contra centrales nucleares irakíes participaron unidades kurdas. La información se obtuvo a través de Stratfor, la empresa privada que sirve de pantalla a la CIA, y fue validada por el diario israelí Haaretz hace 10 años.

Hay otros indicios que conducen sobre esa pista. El Mosad ha ejecutado, directa o indirectamente, a cinco científicos nucleares iraníes, como Ahmadi Roshan, que fue asesinado en Teherán el 11 de enero de 2004. Pues bien, al mes siguiente la cadena NBC admitió que Israel había contratado los servicios de la organización iraní MEK, Mujahidin-e-Khalq, para asesinarlos.

La MEK, Organización de los Mujahidines del Pueblo de Irán, es un antiguo movimiento guerrillero que luchó contra el régimen del Sha. Tras la agresión imperialista de 2003 fueron perseguidos inicialmente y, aunque lograron trasladar sus bases a Irak, empezaron a colaborar con Israel contra Saddam Hussein, momento a partir del cual los imperialistas les borraron del listado de organizaciones terroristas.

Las zonas kurdas de Irak se han convertido en una de las bases de apoyo fundamentales de Israel, con el beneplácito y la cobertura de los “autonomistas” kurdos. En un artículo titulado “The Kurds and Israel: Straws the wind” el diario Jersusalem Post propuso en febrero una cooperación entre Israel y el nuevo Estado kurdo para crear una “fuerza política” en Oriente Medio (2).

El mes pasado el dirigente del PDK y presidente del Parlamento kurdo, Massud Barzani, se mostró dispuesto a abrir un consulado israelí en la región que ocupa en el norte de Irak y advirtió a los palestinos que viven en Irak que se abstengan de emprender acciones que calificó de “terroristas”.

Hace unos días el antiguo dirigente de la seguridad israelí, Avi Akhtar, reconoció durante una conferencia de prensa en Tel Aviv que a Israel le interesa la división de Irak y que su objetivo estratégico es que el país no vuelva a alinearse con los países árabes, así como crear un Estado kurdo en Kirkuk, junto a los pozos de petróleo que controlan los independentistas y que están exportando sin autorización del gobierno de Bagdad. El destino del petróleo kurdo es Israel.

La semana pasada el primer ministro israelí Netanyahu volvió a mostrarse abiertamente partidario de la creación de un Estado independiente de Kurdistán: “Debemos […] apoyar la aspiración de los kurdos a la independencia”, dijo. Los kurdos “son un pueblo de luchadores que han dado prueba de su compromiso político, su moderación política y merecen que se les de la independencia política”.

Era cuestión de tiempo que se oyera la palabra mágica: traición. La pronunció el martes pasado un diputado chiíta que, además, calificó a Barzani como “agente” de Israel. En Irak los kurdos son otro buen ejemplo de un movimiento nacional que no lucha contra el imperialismo sino que forma parte de él.

(1) http://saradistribution.com/barzanisisraelresa.htm
(2) http://www.jpost.com/Experts/The-Kurds-and-Israel-Straws-in-the-wind-361248

Categorías
Noticias

El imperialismo orquestó la Primavera Árabe

Juan Manuel Olarieta

Un documento confidencial elaborado en 2010 por el Departemento de Estado confirma que la denominada Primavera Árabe no sólo no fue espontánea sino que estuvo promovida de forma activa por el imperialismo estadounidense después de un largo periodo de maduración.

El documento, que tiene cinco páginas, lo ha publicado la organización Middle East Briefing (1), que pudo tener acceso al mismo recurriendo a la legislación sobre libertad de información. Se titula «Middle East Partnership Initiative: Overview» y está fechado el 22 de octubre de 2010.

La Primavera Árabe comenzó en diciembre de aquel año con el derrocamiento del gobierno en Túnez, denominada «Revolución de los Jazmines» y desde entonces sacudió a varios países, afectando a Egipto, Libia, Yemen y Siria y causando cruentas guerras civiles y una conmoción sin precedentes en el mundo árabe.


No obstante, los preparativos empezaron varios años antes, cuando en 2002 la Casa Blanca empezó a elaborar los planes de desestabilización que forman parte del programa regional «Middle East Partnership Initiative» dirigido contra países del norte de África y Oriente Medio apoyándose en ONG locales que son los tentáculos de la diplomacia imperialista.

El gobierno de Obama no escatimó en gastos para interferir sobre los asuntos internos de los países árabes. En 14 años se han gastado 600 millones de dólares en unos 1.000 grandes proyectos políticos. La financiación de las ONG ha supuesto más de la mitad de los proyectos del plan, señala el documento. Los agentes de enlace con las ONG locales los designa la embajada de Estados Unidos en cada país.

La Iniciativa «no suministra fondos a los gobiernos extranjeros y no negocia acuerdos bilaterales de asistencia», señala el informe, que establece una lista de los países destinatarios con prioridad: Yemen, Arabia Saudita, Túnez, Egipto y Bahrein. Libia y Siria fueron añadidos un año después de la elaboración del informe por el Departamento de Estado.

En Egipto el gobierno de Estados Unidos se centró en la Hermandad Musulmana, a la que consideraba compatible con la política imperialista de Estados Unidos. El gobierno de Obama aseguraba incluso el «servicio post-venta» de las ofensivas de desestabilización, que forman parte de la remodelación del «Gran Oriente Medio».

En septembre de 2011 la Iniciativa creó una oficina especial de coordinación de las transiciones políticas en aquella región estratégica, poniendo a William B. Taylor al frente. Se trata de un diplomático con experiencia en campañas de desestabilización ya que fue el embajador de Estados Unidos en Ucrania durante la «revolución naranja» de 2006 a 2009.

Según el informe del Departamento de Estado, su tarea es la de coordinar la asistencia de Estados Unidos a las «democracias emergentes» el norte de África y Oriente Medio, incluyendo a Egipto, Túnez y Libia.

Contra viento y marea, Santiago Alba Rico y otros miembros significados de Izquierda Anticapitalista siempre sostuvieron el carácter espontáneo de la Primavera Árabe (2) que, según dijeron, sirvió luego de detonante para que estallara el movimiento de los indignados del 15-M en la Puerta del Sol. Esther Vivas llegó a decir que la Primavera Árabe tuvo un carácter «internacionalista», pero eso nunca lo entendí muy bien. En aquel momento pensé que la indignación estaba dirigida -entre otras cosas- contra la Casa Blanca. Ahora mismo me da la impresión de que la indignación no era de unos contra otros, sino que es muy posible que se tratara de la misma indignación, es decir, que la Casa Blanca y los indignados compartieran el mismo estado de ánimo.

Uno de los motivos que me lleva a pensar de esa manera es que tras la «Revolución de los Jazmines», el Foro Social Mundial se pudo reunir en Túnez en marzo de 2013. Creo que es a eso a lo que Vivas llama «internacionalismo»: el imperialismo abría las puertas a la «democracia», no sólo en el interior de aquel país árabe, sino a 5.000 indignados procedentes de todas las partes del mundo, que dos años después se pudieron congregar allá en paz y libertad para que luego Vivas nos lo pudiera contar a nosotros (3).

No sólo los árabes; todos los pueblos del mundo debemos sentirnos deudores de la política benefactora del Departamento de Estado, el Pentágono, la CIA y la Casa Blanca.

(1) U.S. State Dept. Document Confirms Regime Change Agenda in Middle East, http://mebriefing.com/?p=789
(2) Santiago Alba Rico, Libia, el caos y nosotros, Gara, 19 de septiembre de 2011, http://www.anticapitalistas.org/Libia-el-caos-y-nosotros
(3) Esther Vivas, Del Foro Social Mundial a las Revueltas Árabes, http://cemsenmoviment.wordpress.com/tag/movimiento-antiglobalizacion/

Categorías
Noticias

Fundamentalismo y pragmatismo. La cuestión ideológica

 Juan Manuel Olarieta
Área Crítica, núm.43, mayo-junio de 1992

«Indudablemente, los demócratas creen en las trompetas, cuyos toques habían derribado las murallas de Jericó. Y cuantas veces se enfrentan con las murallas del despotismo, intentan repetir el milagro» (Carlos Marx)

En la reciente [1990] reunión del Comité Central del PCUS, Gorbachov calificaba de «fundamentalistas» a los que pretendían perseverar en lo que él llamó «viejos errores», a los que se atrincheraban en las ideas de siempre, que él supone ya gastadas, plagadas de fracasos y reñidas con la realidad, o quizá mejor, con el «realismo».

Por su parte, Anguita sostenía lo mismo con otras palabras, también en la última reunión del Comité Central del PCE. Venía a decir que sólo existe aquello que es racional: más o menos aquella frase que se atribuye a Hegel en defensa del absolutismo prusiano: «Todo lo real es racional y todo lo racional es real». En términos castizos: «No hay más cera que la que arde». Hay que dejarse de sueños e ilusiones y atenerse a lo que hay, a lo que verdaderamente existe.

Hace años se decía que todo aquello que desborda la realidad era utopía: no existía y -lo que es peor- nunca existiría. El socialismo utópico estaba desacreditado, pero en beneficio de una forma de socialismo calificado -ni más ni menos- que de científico. Hoy nadie es utópico y al científico se le tacha de fundamentalista, porque verdadera ciencia -dicen- no hay más que a la hora de estudiar la naturaleza. En cuestiones sociales y políticas hay que ser práctico, tecnócrata, moverse por cálculos utilitarios y no por principios o máximas, que solo existen en la religión, en el dogma.

Vamos a tratar de ver cómo, en realidad, lo que constittuye religión pura y simple es este nuevo pragmatismo, tan en boga en todos los ámbitos políticos, ya que si bien antes se reducía a una forma de pensamiento político propio y característico de la derecha, hoy ha contagiado a la izquierda, incluso a los más fervientes y viejos revisionistas. Y vamos a ver también cómo ese pragmatismo es, además, pese a todo su prurito laico, una de las peores y más burdas formas de religión.

La ‘paz’ de Westfalia


En 1648 la «paz» de Westfalia puso fin en Europa a treinta años de guerras religiosas con las que se trató de frenar el avance del protestantismo, o quizá mejor habría que decir, del capitalismo. El tratado coincidió temporalmente con la revolución inglesa, impulsada precisamente por los puritanos, una variante del protestantismo inglés. En Westfalia se establecieron dos principios básicos en materia religiosa: que los reyes tenían competencia para establecer la religión de sus paises respectivos, y que solo serían reconocidas tres religiones: la luterana, la calvinista y la católica.

En realidad las cosas fueron bastante más lejos, porque el protestantismo significó el declive de la religión (de todas las religiones) en Europa, por varias razones. Entre otras, su idea de «sacerdocio universal» hacía de cada creyente un intérprete del dogma y, en consecuencia, inició una diáspora de corrientes, tendencias y movimientos, dogmáticos cada uno de ellos pero anti-dogmáticos en su conjunto. Inició la separación entre la Iglesia -reformada- y el Estado -burgués- lo que constituía un suicidio, porque ninguna teología podía sobrevivir separada -y por tanto no apoyada- políticamente.

La Iglesia no había sido más que una especie de Estado cuando el Estado no existía como tal, tras la caída del Imperio Romano, y la teología, un sucedáneo de las ideologías políticas: dogma cuando provenía de la clase dominante y herejía cuando se trataba de la clase dominada. En cada lucha contra la herejía no había -generalmente- más que represión de un movimiento popular. Así ha venido sucediendo hasta que la filosofía y la política adquirieron su mayoría de edad y se independizaron de todo ropaje bíblico, lo que históricamente coincide con el avance del protestantismo, que no fue más que un repliegue de la religión hacia el mundo privado, de la conciencia, dejando a las ideologías políticas su propio terreno. Pero lo dejaron abonado de escepticismo, de agnosticismo: tanto en teología como en ideología, los protestantes introdujeron la duda, el anti-dogmatismo, la incertidumbre permanente. Al final, la teoría cede en beneficio de la práctica, la teología en beneficio de la ingeniería y el escolasticismo en beneficio del empirismo. El mundo pasa a dividirse en dos campos: los dogmáticos y los escépticos, los fundamentalistas y los relativistas, los fanáticos y los tolerantes. Por supuesto, «nosotros» lo europeos, los «occidentales» somos los de «mente abierta»; lo de los demás es eso: fundamentalismo, un calificativo con pretensiones despectivas al que se trata de asociar lo peor de la intolerancia religiosa (fanatismo, oscurantismo, barbarie, violencia, etc.).

Ortodoxia


El término «fundamentalista» viene a suceder a aquel otro también denostado de «ortodoxo» y al más viejo aún de «sectario». Hasta hace bien poco se podía ser, en efecto, heterodoxo; es decir, se podían profesar determinadas opiniones y creencias siempre que no coincidieran exactamente con las de otro, sobre todo si ese otro había muerto hace años, porque entonces se caía en el pecado de «ortodoxia». Había que seguir pero discrepar; coger algo y criticar otro poco; tomar de aquí y de allí; cristianos por el socialismo; un poco de Marx, otro poco de Freud; una pizca de Keynes y otra de Marshall; media de anarquismo y otra media de ecologismo.

Se trataba del imperio del sincretismo, de la mezcla, del baile eterno de distintas ideologías que nunca llegan a acostarse juntas. Pero había algo: incoherentes, contradictorias y confusas, esas corrientes ofrecían proposiciones positivas. Ahora ya -casi- nadie se atreve a proponer nada por estos lares, ni bueno ni malo ni regular; todos están a la defensiva, a criticar lo que los «ortodoxos» y «fundamentalistas» proponen, para luego llamarles eso precisamente: ortodoxos y fundamentalistas. Pero eso ya lo saben los propios fundamentalistas.

Hoy predomina el vacío ideológico más espantoso; nadie se atreve ya a dar alternativas, a proponer programas, a convocar a nada; todo suena utópico e inútil. Pretenden que no seamos protagonistas sino espectadores, que observemos los sucesos con frialdad, desde la lejanía. Se puede opinar, comentar y hasta criticar, pero siempre que se trate de lo ajeno, de aquello en lo que no se interviene ni participa. Y los acontecimientos se deben analizar tal y como el periodista o el fotógrafo nos presentan la realidad: en la distancia, como árbitros imparciales.

Tal actitud deriva, como decía Lenin, de la posición clasista de los intelectuales en el capitalismo los cuales «ocupan una posición peculiar entre las otras clases, perteneciendo en parte a la burguesía por sus relaciones, por sus concepciones, etc., y en parte a los obreros asalariados, ya que el capitalismo, a medida que va privando a los intelectuales de su posición independiente, los transforma en asalariados dependientes y amenaza con rebajar su nivel de vida. Esta situación de transición, inestable, contradictoria de la capa social que examinamos, se refleja en el hecho de que en su seno se propagan más ampliamente esas concepciones indecisas, eclécticas, esa mescolanza de principios y criterios contradictorios; esa aspiración a elevarse a los dominios de la retórica y a esfumar con bellas frases los conflictos que enfrentran a los grupos históricos de la población» (Obras Completas, tomo IV, pg.205).

Hoy quedas desacreditado como juez si te conviertes en parte, o sea, si participas. Así que debes renunciar a intervenir para poder opinar. Especialmente si lo que propones se sale de los cánones de lo establecido, o no concuerda con el modo de operar unitario.

Todo esto agravado, además, por el hecho de que «hay que ser» demócrata, aceptar, admitir y no salirse de las pautas de la «mayoría». No importa lo que esa «mayoría» proponga, exija o decida: independientemente de ello, hay que hacer lo que esa «mayoría» resuelva. Tampoco importa cómo se forme esa «mayoría»; se supone que todo funciona automáticamente, que la opinión «mayoritaria» se reúne y se forma espontáneamente, que nadie es capaz de influirla, condicionarla o manipularla en su propio interés. Esa «mayoría» no es más que el mercado (o mejor, el supermercado) de las opiniones, creencias e ideologías en su libre y espontáneo desenvolvimiento. En lo político no hay monopolios: cada hombre tiene un voto. Nadie está en posesión de la verdad absoluta -dicen- por lo que hay que sumar las «medias verdades» de cada uno para poder decidir.

Pragmatismo


El «cretinismo parlamentario» que de tales ideas deriva es una pelicular enfermedad cuyos estragos no datan de ahora, sino que se remontan a 1848; Marx en su «18 de Brumario» lo definió como «una enfermedad que aprisiona como por encantamiento a los contagiados en un mundo imaginario, privándoles de todo sentido, de toda memoria, de toda compresión del rudo mundo exterior».

A los posesos de dicha enfermedad todo les parece neutro, aséptico y funcional. El pragmatismo se convierte en la filosofía de esa «mayoría». Pero el pragmatismo es la filosofía más estúpida que se ha inventado; es la única que ha tenido su origen en los Estados Unidos y fue elaborada por piadosos protestantes. Es la «filosofía de la praxis» pero sin filosofía. No aporta ninguna solución positiva a nada, carece de soluciones o iniciativas novedosas: trata simplemente de convencernos de que la «democracia» y la «mayoría» son como una botella vacía que se puede llenar con cualquier líquido. No hay democracia burguesa, ni democracia popular, ni democracia parlamentaria, ni democracia cristiana. La democracia -según ellos- carece de adjetivos.

Ese mismo relativismo es el que trata de imponer la burguesía hoy por todas partes. No se puede ser creyente ni ateo; hay que se agnóstico porque de lo contrario te tachan de fundamentalista, de teólogo, cuando son quienes así piensan los que no son capaces de salir de la teología, o mejor quizá, de una determinada forma de teología, aquella que impuso la burguesía hace cuatrocientos años, la de la reforma protestante. Fue el calvinismo quien rompió la teocracia medieval, separó la Iglesia -presbiteriana- del Estado -burgués- sobre la base de dos claves: la Iglesia -protestante- carece de organización y jerarquía; es sólo doctrina y dogma; el Estado -capitalista- es sólo organización y jerarquía: carece de doctrina y dogma.

Este Estado burgués calvinista no sólo admite todas las creencias, opiniones e ideologías, sino que, además, es «neutral» ante ellas, tolerante, abierto y no intervencionista: aconfesal en lo religioso, neutral en lo ideológico y abstencionista en lo económico. Tan aséptico como la máquina de vapor de Watt.

Quisiera, no obstante, hacer una salvedad que juzgo intersante. Me referiré a un piadoso calvinista inglés, padre y teórico del moderno Estado burgués, John Locke, quien en su «Carta sobre la tolerancia» dejó escritos cuáles eran los límites de esa tolerancia burguesa: «No deben ser de ninguna forma tolerados -y cito literalmente- quienes niegan la existencia de Dios. Las promesas, convenios y juramentos, que son los lazos de la sociedad humana, no pueden tener poder sobre un ateo. Prescinir de Dios, aunque sólo sea de pensamiento, disuelve todo».

Los modernos intelectuales agnósticos, objetivos, escépticos y fríos no son más que la correa de transmisión, los portavoces de la ideología oficial del Estado burgués: calvinistas empedernidos, vamos. Naturales como el Estado; pragmáticos como el gobierno; asépticos como el comentarista de un partido de «cricket»; vacíos como una botella de «whisky» escocés presbiteriano; cínicos, en fin, como el luterano que piensa que se salvará no por sus obras, sino por su sola fe. La teología protestante, como la de nuestros intelectuales, se singulariza por la predestinación ¿para que tratar de cambiar el mundo que está «condenado» a ser como es, o sea, capitalista? Así convierten la cultura en el nuevo «opio del pueblo».

Esos intelectuales son, igual que el Estado burgués, indiscutiblemente demócratas, partidarios de «lo que diga la mayoría», encadenados siempre a su palabra favorita: «depende». El invento de la democracia -palabra aborrecida hasta entonces- fue obra de otro ginebrino, Rousseau, seguramente vecino de Calvino y tan neutral como él, como la mismísima Suiza, su Cruz Roja y sus cuentas bancarias numeradas; tan mecánicos y objetivo como sus relojes de precisión.

Rousseau, sin embargo, sólo parcialmente redujo los problemas y discusiones políticas a términos cuantitativos y homogeneos: «cada hombre un voto y a sumar» es algo que sólo después han tratado de imponer. Pero incluso algo tan sencillo como eso envuelve una contradicción insoluble: sólo se pueden sumar cantidades homogéneas; la democracia y las «mayorías» no se basan en la pluralidad, en la diversidad, en la heterogeneidad, sino en todo lo contrario.

La construcción del Estado burgués se lleva a cabo sobre la base de la uniformidad a la que se denomina nación que no es más que la burguesía como clase y de la que se excluyen a todos los demás grupos sociales, incluso mediante el exterminio. Burke (irlandés, de padre protestante y madre católica) la definía como una unidad orgánica de rangos ordenados. La concepción burguesa de la nación como unidad, uniformidad y homogeneidad no sólo excluye, por supuesto, al proletariado, sino que además es lo que da lugar precisamente a las diversas, «cuestiones nacionales», a la opresión de las naciones minorizadas que comienza a producirse ya en los mismos orígenes del capitalismo. Así sucedió en Estados Unidos con los indios, en Alemania con los judíos o en España con los moriscos. Se perseguía una homologación cultural, religiosa, social y nacional. El «Estado representativo» de la burguesía no representa a todos, ni mucho menos, sino solo a unos pocos. Un filósofo tan querido por la burguesía como Kant decía que los trabajadores, por ejemplo, no eran personas, sino sólo peones de la sociedad que, por ello mismo, no podían votar en las elecciones. Nos han repetido hasta la saciedad aquello de que «todos navegamos en el mismo barco» cuando, en realidad, unos viajaban en primera, otros fregaban la cubierta y sólo unos pocos se instalaban en la cabina de mando.

Democracia


Pluralismo y democracia son, pues, términos opuestos. No pueden votar los obreros con sus patronos; los carceleros con sus presos; los alumnos con sus profesores; los insumisos con sus generales; los verdugos con sus víctimas. Para poder votar hay que tener los mismos intereses, las mismas necesidades: hay que pertenecer al mismo grupo, al mismo cuerpo social.

Rosseau decía que no bastaba que las leyes fueran expresión de la «voluntad general» sino que, además, debían estar destinadas al «bien común». No puede haber voluntad general ni intereses comunes entre clases, grupos y colectivos opuestos y enfrentados. Lo que normalmente se califica hoy de «mayoría» no es realidad tal mayoría, sino precisamente una minoría oligárquica economicamente dominante. Quien se atiene al criterio de esa «mayoría» no hace más que seguir la política de la burguesía; quien acata esa «mayoría» está esclavizado por la burguesía.

Ni la democracia ni la mayoría tienen nada que ver con lo que ahora existe. No reflejan la voluntad mayoritaria ni se ejercen en interés de la mayoría. La burguesía sólo concedió el sufragio universal cuando pudo formar «mayorías» a medida de sus intereses, cuando fue capaz de conseguir que las elecciones hicieran de una minoría real una mayoría aparente.

Los mecanismos a través de los cuales se obtiene una mutación de esas características son muy variados y prolijos. Hoy una infinita gama de mecanismos que van desde el terror puro y simple hasta la intoxicación ideológica más sutil y refinada. Hoy no es difícil para el Estado de los monopolios recabar en cada momento la «mayoría» justa que necesita. Dispone del ejército, de la banca, de los medios de comunicación, de la ley electoral, de los partidos y de un largo etcétera de herramientas suficientes como para colocar la etiqueta democrática de un día para otro al despotismo más exagerado.

Y todo esto porque el Estado -según los calvinistas- es neutral y apolítico: un día está al servicio de una dictadura feroz y corrupta, y al día siguiente es un servicial gestor de los intereses de la «mayoría»; un día la policía te tortura y al siguiente te indica gentilmente una calle. Si hay dictadura es por culpa de una minoría; si hya democracia es reflejo de la mayoría. En las dictaduras la minoría aplasta a la mayoría; en las democracias, la mayoría respeta a las minorías. En las dictaduras la minoría es siempre minoritaria; en la democracia la mayoría puede transformarse en minoría, y viceversa.

El carácter fraudulento de esa forma de agnosticismo político no puede ser más descarado. Una mayoría no puede ser siempre más que mayoritaria: los órganos políticos deben expresar sus intereses y la gestión pública debe hacerse en su favor. Si no sucede de esa forma lo que hay que cambiar no es la mayoría, no hay que hacer de la minoría la mayoría, sino cambiar el sistema político.

Hoy la mayoría es la clase obrera: la única democracia posible es la que exprese la voluntad de los trabajadores y la única política la que defienda los intereses de esta clase. No basta que un diputado sea elegido por los trabajadores, sino que debe actuar en cada momento en pro de sus aspiraciones. En consecuencia, debe poder ser revocado por quienes le votaron si no promueve las necesidades de sus votantes. No bastan elecciones periódicas: hay que participar consciente y activamente en las decisiones y en la gestión pública. Si la democracia tiene hoy sentido no es más que ese exactamente, y es todo lo contrario de lo que nos rodea.

El diluvio universal


El sistema político así configurado no es relativista ni neutral; tiene un contenido clasista, un dogma, una doctrina, un rumbo: el de desaparecer. Eso significa, al mismo tiempo, una resistencia de su contrario, presupone necesariamente un antagonista, un oponente. La teología no era más que una divinización de la política; y a la inversa. Desde siempre los análisis políticos y teológicos revistieron un aspecto dialéctico; hay cielo o infierno, burgueses y proletarios, buenos y malos, reaccionarios y revolucionarios; virtud y pecado. La lucha de clases era el fondo; la teología proporcionaba la forma, el argumento: legitimaba la represión de unos, lo mismo que la sublevación de los otros. Los príncipes luteranos alemanes aplastaron en el siglo XVI la sublevación campesina de Thomas Müntzer en nombre de la lucha contra la herejía anabaptista. ¿Acaso vaciló el mismísimo Dios en inundar la tierra, ahogando a todos los pecadores y salvando sólo a Noé y a su familia?, ¿Acaso no incendió Sodoma y Gomorra para acabar con todos sus engolfados pobladores?

Es inconcebible pretender analizar cualquier fenómeno social sin comprender el antagonismo que envuelve. Calvino envió a Servet a la hoguera, pero éste hubiera hecho lo mismo con Calvino: la unidad o la trinidad de Dios no podían resolverla de otra manera, no cabían votaciones, «mayorías», «democracias» ni parlamentos. Si los cistercienses hacian del Estado -feudal- el «brazo armado» de la Iglesia -romana- los luteranos invirtieron los términos: los sacerdotes no eran más que funcionarios del Estado, su «brazo ideológico», idea ésta que fue la que finalmente se impuso, incluso en los Estados católicos, hasta que finalmente tan distinguidos funcionarios fueron relevados por otros más eficaces: la policía, los militares y los recaudadores de impuestos.

Fueron los protestantes, pues, quienes convirtieron a los ministros de Dios en ministros del gobierno burgués. Reirnos del Islam y criticar sus normas y costumbres cuando no somos capaces de evaluar críticamente nuestra propia historia, me parece un «intolerable» ejercicio de petulancia. Eso de cortar la mano por determinados delitos, no solamente no es privativo de los países musulmanes, sino que aparece en el Fuero de Vizcaya (teóricamente vigente según la actual Constitución) y fue Kant quien justificó la «ley de talión»; la blasfemia todavía es delito en España; los repertorios de jurisprudencia aún enseñan cómo nuestro Tribunal Supremo declaraba en 1974 procedente el despido de un maestro que en sus enseñanzas no tenía en cuenta la providencia divina; y el «Jefe del Estado» venía nombrando a los obispos con el beneplácito de Roma hasta hace bien poco. Entonces, ¿de qué podemos vanagloriarnos?, ¿Habrá que recordar que en esta España «democrática», lo mismo que en los Estados Unidos, aún existen los capellanes castrenses?, ¿No es la reina de Inglatera al tiempo la jefa de la iglesia de su país?, ¿No nos dicen los medios de comunicación que lo del Ulster es una guerra entre católicos y protestantes? Todas las constituciones monárquicas europeas han declarado «sagrada» la persona del rey, incluída la de alguien como Alfonso XIII. Y tampoco queda tan lejos la imagen del Papa bendiciendo los cañones que Mussolini enviaba a conquistar Abisinia.

Es más: todos los modernos Estados nacionales europeos son construcciones influenciadas por el cisma religioso iniciado por los protestantes y en base precisamente a sus principios políticos. Las propias lenguas nacionales fueron desarrolladas contra el latín papista; la predicación en el lenguaje popular vernáculo es una idea básica de los protestantes. Lutero y Calvino están considerados entre los forjadores de los idiomas alemán y francés respectivamente. «La traducción que Lutero hizo de la Biblia -escribió Hegel- ha sido de un valor inapreciable para el pueblo alemán. Este ha recibido en ella un libro nacional, como no lo tiene nación alguna del mundo católico. Las naciones católicas tienen un sinnúmero de libritos de oraciones; pero no un libro fundamental para el adoctrinamiento del pueblo». En Euskadi sabemos que nuestro idioma escrito hasta hace bien pocos años consistía en devocionarios, misales y salmos religiosos. Que Sabino Arana, nuestro padre fundador (tanto del nacionalismo como del idioma vasco), establece la ecuación «euskaldun = fededun» (vasco = creyente) y que el ideario «jelkide» (nacionalista) no es otro que «Jaungoikoa eta lege zaharrak» (Dios y leyes viejas).

La religión era el opio del pueblo; su función fue siempre recabar e imponer disciplina a los trabajadores en beneficio de las clases dominantes. Los mayores peligros para la religión han derivado siempre de las revoluciones, de las sublevaciones populares, porque demostraban el fracaso y la ineficacia de la función sacerdotal, el divorcio entre el pueblo y el púlpito. El protestantismo fue la cuna que acabó rompiendo el monopolio ideológico de la Iglesia, de todas las Iglesias cristianas. Es por ello que desde su aparición, el Estado burgués ha tenido que ir recambiando a los predicadores religiosos por otros nuevos predicadores; los intelectuales, esos nuevos funcionarios escépticos y cínicos, esos plumíferos que dicen «pasar» de todo, especialmente de «mullahs», de «ayatollahs» y de «guerras santas». En realidad no pasan de nada: no podrían pasar sin el sueldo que les viene del Estado. Porque ellos mismos no son más sacerdotes secularizados; porque su dogma es el relativismo, el pragmatismo, el escepticismo, el servilismo -en fin- hacia sus amos, hacia quienes les pagan.

La Guerra Santa


Vivimos actualmente en una época revolucionaria, de profunda crisis (económica, política, cultural, religiosa, moral, etc.) de modo que, igual que en todas las épocas históricas de cambio acelerado, las masas se aproximan a todas aquellas ideologías que necesitan para orientar y justificar su lucha. Y si en los países de influencia protestante, que son todos los occidentales, esa ideología reviste una apariencia laica, en aquellos otros, como los musulmanes, reviste apariencias religiosas, fundamentalistas. El auge del chiísmo no es más que un esfuerzo del Islam por no caer derrotado frenta al escepticismo occidentalizante (protestante), por no quedar relegado a un estéril y agonizante «opio del pueblo». Que un agnóstico «socialista» como Sadam Hussein invoque a Dios en su guerra por Kuwait después de ocho años de guerra contra el fundamentalismo del régimen iraní, es un giro de lo más importante, ilustrativo del rumbo de los acontecimientos en el mundo musulmán.

A falta de otros recursos ideológicos, la teología islámica -como todas las teologías- es capaz de proporcionar lo necesario para captar el ánimo de los musulmanes de un bando y de otro, lo mismo que la Biblia servía en Inglaterra tanto a los episcopalianos del arzobispo Laudo como a los presbiterianos del reverendo Knox o a los puritanos de Thomas Cartwright. Entre nosotros: la polémica sobre si la Guerra del Golfo [1990] ha sido una guerra justa o injusta, no ha sido más que una discusión teológica, una vieja discusión en términos teológicos, que incluso Lenin utilizó para referirse a la Primera Guerra Mundial como guerra «injusta», o sea, «imperialista». Que alguien trate de calificarla como «santa» no es más que otra forma de hablar de lo mismo. El problema consiste en discutir precisamente si es o no «santa». La tropa que Cromwell reclutaba por las tabernas para hacer la revolución -burguesa- en Inglaterra acabó transformándose en «el ejército de los santos», al que también se le llamó «ironside» (costilla de hierro) porque jamás se rendía: hoy los llamarían fanáticos y fundamentalistas, pero fueron los forjadores de Inglaterra.

El carácter belicoso de la teología brota por todos los poros. El evangelio de San Mateo (26,51) como el de San Lucas (22,47) cuentan que al ir a detener a Jesús cuando rezaba en el huerto de los Olivos, algunos de sus seguidores pretendieron evitarlo sacando sus espadas, hasta el punto de que llegaron a cortar la orreja de un ayudante del Sumo Sacerdote (San Juan 18, 10): no cabe duda, pues, de que se trataba de una organización armada. En otro apartado, el evangelio de San Lucas cuenta (22,36) cómo Jesús recomendaba a sus seguidores que lo vendieran todo y compraran armas, porque iban a ser perseguidos y debían defenderse.

Las guerras de religión del siglo XVII fueron la expresión más clara de ese intento de resolver los problemas políticos a cañonazos: «La existencia de los protestantes -recurrimos otra vez a Hegel- no podía asegurarse sin lucha en ninguna parte, pues se trataba no de la conciencia como tal, sino del poder político y propiedad privada que los protestantes habían tomado contra los derechos de la Iglesia y que ésta reclamaba».

Las diferencias con la ideología secular actual son evidentes; el intelectual tolerante de nuestros días carece de ideas propias y, por tanto, no está dispuesto a luchar por ellas, a sacrificarse; el fundamentalista está convencido y, pese a padecer tortura y cárcel no cede; por el contrario, la misma práctica, el mismo choque de sus ideas con la realidad y con el antagonista, o le hacen cambiar o se las confirman cada vez con mayor rotundidad. El escéptico no quiere verificar sus ideas; dice que él no es el mesías y que no quiere imponer su forma de pensar a los demás; no puede contrastar su pensamiento, de manera que es siempre errático. Por contra, el fundamentalista acaba transformando en ciencia sus convicciones: solo los fundamentalistas han triunfado en la historia porque sólo ellos han estado dispuestos a luchar, a batirse en la «guerra santa».

La clave no es más que esa: la práctica. Las teorías y las teologías se esfuman cuando se enfrentan al «rudo mundo exterior» y se tienen que transformar en ciencia. Y la ciencia no está sólo para interpretar el mundo, sino para modificarlo. En contra de lo que los pragmáticos pretenden, solo hay verdaderas ideas cuando el pensamiento tiene relación con la realidad y pretende cambiarla. Eso no sólo no es utopía, sino auténtica ciencia: socialismo científico.

Que esa modificación requiera violencia no depende más que del oponente, del que pretende seguir beneficiándose de lo existente, de lo real. Según Hegel, «el pensamiento se ha convertido en violencia allí donde lo positivo que tenía enfrente era violencia».