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Fascismo

A perro flaco, todo son pulgas. La crisis política del régimen

Se puede asegurar que vivimos en medio de una crisis política permanente que no puede encontrar solución dentro de este régimen o que sólo podrá desaparecer con el régimen que la ha generado. Este es el verdadero ‘estado de la nación’, el estado natural del régimen creado por Franco y heredado por el rey y toda su corte […]

“La crisis política es una clara manifes­tación de “anormalidad“, de enfermedad de la sociedad burguesa, y más si se hace crónica, lo que corresponde indudable­mente al proceso interno de descomposi­ción o putrefacción que arranca desde su misma raíz, de sus relaciones económicas y que se extiende por todo el cuerpo social hasta alcanzar su cabeza, al Estado y a su “conciencia jurídica“. Es entonces cuando comienza a apestar”.

“La debilidad del régimen, su crisis polí­tica tiene, efectivamente, un carácter cró­nico y también estructural, que abarca a todo el aparato institucional del Estado, a su sistema de partidos, a su organización territorial, a su jefatura, etc… El repunte de la crisis económica ha contribuido, por otra parte, a que todo esto se haga más visible, más evidente. Ya se sabe, ‘a perro flaco, todo son pulgas’”

M. P. M. (Arenas): Informe Político al IV Congreso.

El colapso de la monarquía borbónica

La propia monarquía está colapsando. Es, de hecho, el eslabón más débil del ré­gimen. Al hecho de ser una monarquía im­puesta por uno de los dictadores fascistas más sanguinario, terrorista y genocida de Europa, se suma el anacronismo histórico de la institución monárquica y su carác­ter parasitario y absolutamente corrupto, como lo atestiguan los 1600 millones de euros de fortuna personal que varios me­dios internacionales le atribuyen al Bobón, por no hablar del resto de corruptelas a que parecen ser tan aficionados los miem­bros de la familia real.

En momentos en que millones de tra­bajadores de este país se encuentran al borde de la indigencia (cuando no sumi­dos totalmente en ella), sufriendo recortes de todo tipo, viendo abolidos los pocos derechos con que contábamos, esta ins­titución se hace especialmente odiosa y especialmente insostenible.

Una parte de la oligarquía financiera española contempla la “opción republica­na” (una república tan antidemocrática como la monarquía actual) para cuando las cosas se pongan feas. Son cons­cientes de la significación emocional que para los trabajadores tiene la república y creen poder valerse de esta reivindicación para “calmar los ánimos” cuando éstos se encuentren demasiado encrespados. De aquí que sea una parte de la prensa más negra y reaccionaria, como los fascistas de “El Mundo”, los encargados de publicitar esa “opción republicana” que, cier­tamente, podría contribuir a mitigar tem­poralmente el conflicto social y político en un momento determinado. Sin embargo, no todos los sectores del régimen con­templan esa posibilidad, especialmente el Ejército (“garante de la Constitución mo­narca-fascista“), entre otras cosas porque no tendría un efecto duradero, al contra­rio, abrirla una brecha en el régimen que no haría más que profundizarse.

La farsa parlamentaria también se desmorona

Pero el problema con que se encuentra el Estado no es que la monarquía sea un eslabón débil, sino que el con­junto del sistema es toda una cadena devorada por la herrumbre. Los llama­dos grandes partidos, en su alternancia a la hora de machacamos, han caído en el más absoluto descrédito. El “partido de la abstención” es siempre el vence­dor en todos y cada uno de los procesos electorales. El despego de los trabajadores hacia estos grandes partidos ha sido siempre mayoritario. Y, en estos momentos, es un despego que ya empiezan a compartir aquellos que, en su ingenuidad, creían que las farsas elec­torales servían para algo. Las medidas anti-obreras, la represión, los recortes de derechos, los innumerables casos de corrupción política que salen a la luz un día sí y otro también, están dejando a los “partidos de gobierno” en una situa­ción muy precaria.

Lo sucedido en Grecia podría repetirse aquí. Tanto los “socialdemócratas” como los conservadores -la pata izquierda y la derecha del régimen- se desplomaron en la penúltimas elecciones, y fue necesario dar un pucherazo, orquestado por los cen­tros de poder de la (des)Unión Europea, para volver a poner las cosas en su sitio. Que los dos grandes partidos que en nuestro país se han venido alternando en el gobierno se vengan abajo, es una bue­na noticia. Significaría que la crisis políti­ca está avanzando en su metástasis. El desmoronamiento del bipartidismo y, parlamenta­rio, es decir, del sistema de partidos que sustenta el régimen monarco-fascista, constituirá otro paso muy importante en el camino de la transformación social, políti­ca y económica.

El gobierno Rajoy va camino de ser el más breve de las últimas tres décadas. Y a la caída del gobierno Rajoy le podría su­ceder un gobierno de “concentración na­cional“, encabezado por el PP y el PSOE. Esto contribuirá a un mayor descrédito de estos partidos o de los que jugaran el pa­pel de “oposición“, como los neofascistas de UPyD o los babosillos de IU (a los que no cabe calificar sino de palmeros del bipartidismo). Un gobierno de este tipo nos situaría ya en un contexto, no de fascismo más o menos encubierto, como el que he­mos padecido hasta ahora, sino que las máscaras caerían definitivamente y nos enfrentaríamos a un fascismo a cara de perro, dispuesto a defender el decrépito sistema capitalista con todos los medios a su alcance, a cual más terrorista.

El fascismo abierto: solución o problema?

La represión política va a aumentar (lo está haciendo ya) hasta niveles que a la mayoría de los trabajadores les pueden resultar impensables en pleno siglo XXI. Esta represión, en forma de apaleamien­tos de manifestantes, de tortura, persecu­ción política, encarcelamientos, asesinatos por parte de la policía o grupos parapoliciales o, incluso, desapariciones, ha estado siempre presente, en un grado o en otro, a lo largo de las últimas tres décadas. Pero ocurría que este tipo de medidas sólo se aplicaban de forma más o menos quirúrgi­ca a determinadas expresiones del movimiento obrero y popular del Estado español (a nuestro Partido, a la izquierda abertzale, a las organizaciones de solidaridad con los presos políticos, a las organizaciones guerrilleras…). Podríamos hablar del caso de Jon Anza, de Juan Carlos Delgado de Codes, Francisco Javier Eizaguirre y tan­tísimos otros. Esta represión va a dejar de ser tan quirúrgica; sin duda, se va a generalizar. Y debemos estar preparados para afrontar una situación de este tipo.

Sin embargo, una vez que el régimen tome esta vía con todas las consecuencias, su crisis política alcanzaría un punto en que se tornaría ya terminal, a falta de que se dieran otros factores, como lo es la organización de un movimiento obrero y popular que estuviera en disposición de dar un vuelco a la situación, lo que des­de luego no va a ser, en el corto y medio plazo, una tarea fácil, teniendo en cuenta que la organización de este movimiento va a tener que acometerse en unas con­diciones que, por un lado, van a ser muy favorables, por cuanto los trabajadores son cada vez más conscientes de cuáles son las causas de los males que pade­cemos y de cuáles son las soluciones a los mismos, pero también, por otro lado, muy complicadas debido a los niveles de represión a los que aludimos.

Aunque no debemos olvidar que, como se apuntaba en el ya citado Informe Político de nuestro IV Congreso, “el régimen ya no puede evitar que los mismos medios bár­baros, terroristas, que utiliza para combatir al movimiento revolucionario acaben más tarde o más temprano volviéndose contra él. Ya no vivimos en los tiempos tenebrosos en que podían ocultar y quedar completa­mente impunes todos los crímenes, atrope­llos y abusos del poder”. Todas las medi­das represivas que pueda ejecutar, van a obstaculizar durante un tiempo el avance del movimiento obrero y popular, pueden frenar momentáneamente el proceso de transformación política, social y económica en que estamos inmersos; pero no podrán abortarlo de ningún modo y, en última ins­tancia, ganarán para la causa revoluciona­ria a más y más sectores del pueblo. Es decir, la vía del regreso a los orígenes se presenta como la única salida posible para el régimen, pero es una salida que conduce a una situación aún peor, infinitamente más peligrosa para su supervivencia.

El barco se hunde. Sálvese quien pueda

Y por enésima vez vuelve a ponerse en tela de juicio la sacrosanta unidad de la patria española. España es una cárcel de pueblos y, en un momento como el actual, las tendencias soberanistas van a cobrar nuevos bríos en las nacionalidades del Estado. ¿Quién quiere permanecer en un barco que se hunde sin remisión?

Ya es una consigna común entre diversos sectores nacionalistas la de que la salida de la crisis para las nacionalidades pasa por la realización de su independen­cia. Es una consigna que, por lo demás, es totalmente falaz, a no ser que esas na­cionalidades pretendan, junto con la con­secución de la independencia, trasladarse a algún otro planeta de la Vía Láctea que no sea éste en el que habitamos, en el que la crisis del sistema capitalista está presente hasta en la última aldea de la Melanesia. No obstante, es una consigna que puede calar en amplios sectores sociales de esas nacionalidades y puede también tener como consecuencia no sólo la tentativa de separación, sino la materia­lización de la misma, lo que también pue­de verse facilitado por el agravamiento de las contradicciones interimperialistas y la posibilidad de que España se convierta en territorio a repartir en función del de­sarrollo de esas contradicciones entre las grandes potencias imperialistas.

Nuestro Partido siempre ha hablado del peligro de balcanización del Estado español. Este peligro persiste. Y no sólo persiste: puede cobrar nuevos bríos en una situación en la que el Estado no es que no sea capaz de impedir la soberanía de las nacionalidades a las que oprime desde hace siglos, sino que parece ser to­talmente incapaz de conservar su propia soberanía en tanto que Estado.

De un tiempo a esta parte, es un lugar común decir que el poder de decisión so­bre lo que ocurre en esto que llamamos España se encuentra cada vez menos en Madrid y más en ciudades como Berlín o Washington. En ocasiones, hay una cierta exageración en estas afirmaciones. Pero hay no poca verdad en ellas. Y esto tie­ne unas consecuencias muy importantes de cara a la cuestión territorial: ¿cómo va a poder el Estado español contener las tendencias soberanistas de las nacio­nalidades cuando él mismo se muestra incapaz de mantener el tipo en el ámbito internacional, siendo en este terreno prác­ticamente un guiñapo al que todo dios vapulea?

Por otra parte, ya lo hemos dicho muchas veces, desde el punto de vista de la lucha revolucionaria, no podemos sino alegrarnos de que al Estado se le multipliquen los problemas. Cuanto más débil se encuentre, más sencillo resultará derrocarlo.

Además, los comunistas somos firmes defensores del derecho de autodetermi­nación de las nacionalidades oprimidas y, por lo tanto, no tene­mos el menor reparo, y tampoco hay la menor contradicción en re­lación a los principios que defendemos, en apoyar los procesos de liberación nacional que se puedan producir y concretar al calor de un contexto como el ac­tual. Aunque también decimos que los pro­blemas de los trabajadores de cualquier nacionalidad no se van a resolver con la creación de este o el otro nuevo Estado, sino únicamente sobre la base de la des­trucción del capitalismo y de la revolución socialista.

Algo más sobre la cuestión de la soberanía

La pérdida de soberanía del Estado es­pañol, y su supeditación cada vez mayor a los designios marcados por las grandes potencias imperialistas es un hecho. ¿A qué se debe este proceso? ¿Cuáles son sus causas?

España siempre ha sido un país capitalista de segunda o casi de tercera fila, lo que ha venido determinado por su particular desarrollo (o subdesarrollo) his­tórico, político, económico, cultural… Es algo completamente natural que, en un contexto de agudización de la crisis capi­talista, un país de estas características se vea en la obligación de agachar el hocico y plegarse a lo que decidan los que sí tie­nen poder (económico, militar, etc.) en la arena internacional

Pero en esta cues­tión de la pérdida de soberanía, cuando se parte de posiciones revolucionarias o con­secuentemente pro­gresistas, hay que hilar muy fino, si no se quie­re caer en el melifluo chovinismo que, a ve­ces, se nos cuela por la puerta de atrás sin que nos apercibamos de ello. Este riesgo exis­te y ya hay quienes pretenden hacer de la recuperación de la soberanía el caballo de batalla del momento. Nos referimos a IU y a no pocos sectores que forman eso que hemos dado en llamar el “reformismo ra­dical“. Éste es un camino peligroso, en el que el riesgo de desorientarse y desbarrar es muy grande.

Lo primero que debemos tener claro es que los trabajadores, por el hecho de malvivir en una sociedad capitalista, ca­recemos de cualquier soberanía. Ésta la ostenta la clase burguesa, la clase de los explotadores, que son los que manejan las riendas del Estado. Por lo tanto, no­sotros no podemos perder lo que no tene­mos, por mucho que manden en Bruselas por muy poco que mande Madrid.

Quien está perdiendo soberanía es la oligarquía financiera española y su Estado, y los trabajadores no podemos sino alegrarnos de que esto sea así. Estamos hablando en este artículo de la crisis política del régimen; pues bien, ésta es otra manifestación de esa crisis: no sólo se encuentra corroído por las mil y una contradicciones que arrastra desde su nacimiento, sino que ya no es capaz de mandar ni en su propia casa y son otros los que le dictan gran parte de las medi­das que debe aplicar.

Lo que las organizaciones revolucionarias y los movimientos democráticos y populares no podemos hacer bajo ningún concepto es convertirnos a estas alturas de la película en defensores de la sobera­nía del Estado burgués y de su régimen, como están haciendo ciertos grupos que incluso se autodenominan marxistas. Cuanta más soberanía pierda, mejor, por­que más clara verán los trabajadores y los sectores populares la necesidad de derrocar un Estado que carece de todo margen de maniobra y que sólo se dedica a aplicar las medidas que otros le impo­nen, haciéndolo, además, de la única manera que sabe y puede hacerlo: a golpe de porra y de terrorismo de Estado.

Por supuesto que los revolucionarios defendemos la soberanía de los pueblos; pero eso, la soberanía de los pueblos y, más concretamente, la de la clase obrera y del resto de los trabajadores, no la so­beranía de cuatro parásitos explotadores. Y la soberanía de los pueblos, sólo puede materializarse con el derrocamiento de los Estados burgueses, sean éstos mucho, poco o nada soberanos, con la toma del poder político por parte de la clase obrera en alianza con otros sectores populares. De aquí que haya que andarse con pies de plomo cuando hablamos de esta sobe­rana cuestión. Hay que utilizarla sin duda en la agitación y en la propaganda, para poner de manifiesto que el Estado espa­ñol no es ni tan siquiera el famoso gigante con los pies de barro de Mao, sino apenas un muñeco de trapo lleno de remiendos con el que juega el susodicho gigante; pero teniendo muy claro en qué medida se deben y se pueden utilizar y con qué sen­tido ciertas consignas o planteamientos.

El desmoronamiento de la ideología burguesa y la necesidad del Partido

Al final, toda esta cuestión que estamos tratando aquí nos conduce a una conclu­sión muy simple: la ideología burguesa se está desmoronando, están cayendo los mitos en que ésta se sustenta: el pretendido carácter democrático del Estado burgués, la sociedad de consumo, el estado de bien­estar y los mitos particulares de la ideolo­gía burguesa made in Spain: la transición modélica, la monarquía como garante de la democracia y otras tonterías similares.

El Estado burgués se muestra como lo que es. Marx y Engels ya lo definieron hace muchos años como el consejo de administración del capitalismo o, en su dimensión represiva, como una banda de hombres armados al servicio del capital. En cuanto a la sociedad de consumo, cada vez más sectores sociales están siendo excluidos de la misma. La máxima capitalista de “consume y no pienses” ya no surte ningún efecto. Falta un elemento de la ecuación: si a los trabajadores ya no les está permitido consumir porque care­cen de medios para hacerlo, ya sólo les queda pensar y actuar en consecuencia.

Y ahí se le complican mucho las cosas al capitalismo. ¿Y qué decir del Estado de bienestar? Lo están desmontando piedra a piedra. Y, al hacerlo, el capitalismo se está privando de un colchón fundamental con el que contener el conflicto social

¿Pero pueden todas estas circunstan­cias conducirnos a una situación revolucio­naria por sí mismas, espontáneamente? Es evidente que no. Hace falta la organiza­ción que, a partir de esas circunstancias, nos conduzca a la situación revolucionaria.

Y esta organización, como no puede ser de otro modo, es el Partido Comunista, es de­cir, nosotros, los cuatro gatos y un tambor que estamos empeñados en que en este país se dé nada más y nada menos que una revolución socialista. Sin la labor del Partido, no hay ni revolución ni cambio posible. ¿Quién va a llevar a cabo ese cambio o esa revolu­ción? ¿Un movimiento espontáneo, sin un claro programa revolu­cionario? ¿Ese batibu­rrillo de grupos seudocomunistas que pulu­lan por ahí, a cual más confuso, oportunista y desorientado?

Sólo nuestro Partido puede transformar la crisis económica, social, política e ideoló­gica en una crisis revolucionaria. Aunque, para llegar a esto, antes debemos resolver no pocas cuestiones, como lo es la reorganización del Partido en todos los planos, la reconstrucción de sus organismos, la formación de los nuevos militantes, la cap­tación de otros muchos que, literalmente, y no es ninguna fanfarronada, están es­perando a que les demos la oportunidad de trabajar con nosotros (y debemos bus­car los medios de llegar a ellos). Y ésta, ciertamente, es la tarea del momento. Sin embargo, toda esta situación por la que es­tamos atravesando va a facilitamos mucho el trabajo, siempre, claro, que no come­tamos más imprudencias y errores de los estrictamente inevitables.

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Los caminos de la revolución en Italia. De los años 70 en adelante (parte 2)

2. Los años 60: el surgimiento de una nueva clase obrera.
En Italia 1968 más bien fue…1969. Porque aunque en 1968 se vio la eclosión del movimiento estudiantil y durante los años 60 se dieron muchas luchas obreras de nuevo tipo, de un nuevo ciclo, en sobre todo en 1969 cuando se vive un hito general, una explosión social colectiva.
La primavera de 1969 está marcada por un gran ciclo de huelgas salvajes, que se van a extender como mancha de aceite por todas la fábricas FIAT (cuya mitad estaba prácticamente concentrada en el área metropolitana de Turín.; alrededor de 120.000 asalariados. Huelgas que son mas bien una especie de revuelta violenta contra la brutalidad de la condición obrera, del “obrero-masa”, producto del equilibrio de fuerzas de la posguerra –continuación de la derrota del movimiento partisano y de las tensiones revolucionarias- y por tanto de la aplicación masiva del modelo taylorista-fordista. En realidad, la esclavitud en cadena.
Durante los años 50 y 60 este proceso está acompañado por un enorme movimiento de urbanización en torno a los cuatro polos industriales del norte: Turín, Milán, Génova y Venecia-Marghera. Millones de italianos e italianas del Sur y otras regiones pobres sufrieron el desarraigo y fueron amontonados en los guetos metropolitanos. Fueron unos movimientos de la misma amplitud y con las mismas implicaciones socioculturales que las actuales inmigraciones del Sur del globo.
Y esto no hizo más que reforzar la carga explosiva de las huelgas que vendrían. Lo mismo que el fenómeno de la escolarización masiva, que pondrá en movimiento masas de jóvenes inmigrados, y no solamente los estudiantes clásicos. Recordemos a propósito que una de las cunas fundamentales de la lucha armada ha sido la Universidad de Trento, con su Facultad de Sociología entonces inaugurada, punta de lanza de las nuevas disciplinas y de la apertura al mundo por un lado, y por otro lado facultad mucho mas popular que las otras, los matriculados procedían de las filas de esta nueva escolarización de masas. Fue un importante lugar de iniciativa y debate, y del que emergieron numerosos futuros dirigentes de organizaciones y principalmente el núcleo que, con los primeros militantes obreros de Milán y de Emilia, formaron las Brigadas Rojas en 1970. Igualmente, desde principios de los años sesenta, los nuevos militantes que se separaban del Partido Comunista revisionista, tuvieron también sus experiencias privilegiando un enfoque “sociológico” de la nueva clase obrera, intentando comprender la nueva composición de clase, las tendencias susceptibles de insuflar fuerza a la marcha de la clase obrera.
Esta fue la rica experiencia y la producción teórico-práctica de algunas revistas como Quaderni Rossi, La Classe, Quaderni Piacentini. Este crisol, con una corriente más clásica del marxismo-leninismo (llevando la batalla contra el revisionismo moderno del PCI), generará las experiencias político-organizacionales de 1968 y 1969.
Volviendo al desarrollo de los acontecimientos, desde julio de 1960 comenzaba a hacerse notar la expresión de una clase obrera joven, procedente de la emigración, menos marcada por las derrotas de la posguerra, no ligada a la antigua cultura obrera del trabajo y portadora de un espíritu de revuelta contra la bestialidad de las cadenas de montaje y el despotismo de fábrica (y el social, la policía), portadora de una actitud agresiva respecto a la apropiación del producto social. El taylorismo-fordismo había producido un resultado de clase muy bueno: había empujado a fondo la transformación del trabajo como “trabajo abstracto”, haciendo cruel y evidente la realidad del trabajo alienado, degradado. Había producido un proletario extremadamente denso y homogéneo que, cotidianamente, sufría toda la violencia de un sistema que le deshumaniza, lo transforma en un apéndice de las máquinas, lo convierte en mercancía. La respuesta obrera será más violenta aún, aumentando en capacidad de rechazo y hostilidad a este sistema, hasta favorecer su producto más lógico: la lucha armada para hacer la revolución, para tomar el poder.
Durante los años sesenta, el estallido puntual de una gran huelga o de disturbios callejeros permitirán también la unión con la base obrera del ciclo precedente, justamente en el primer episodio de julio de 1960, con enfrentamiento particularmente fuertes y victoriosos con los polizontes (que habían matado a numerosos huelguistas y militantes en aquellos años) en Génova y en las demás ciudades obreras próximas, y que tumbaron el intento de colocar en el gobierno a los herederos de Mussolini. En esas ocasiones se reunieron la nueva determinación y la experiencia precedente. Encuentro que, desde luego, fue boicoteado con todas sus fuerzas por el aparato revisionista que comienza en aquella época el juego de la criminalización de los jóvenes extremistas.
Se producirán después, principalmente, los disturbios de Piazza Statuto en Turín, en 1962, tres días de enfrentamientos resultado del asalto obrero a la sede del sindicato amarillo U.I.L. (fundado como otros en Europa con fondos del Plan Marshall) a causa de una grave traición. Y las huelgas violentas de 1967 y 1968, en los polos industriales como el complejo textil de Valdagno o el sector petroquímico de Porto Marghera, ambos en Venecia.
El elemento novedoso, la nueva expresión de clase que se manifiesta en este momento, estallará de manera masiva y generalizada en la primavera de 1969 en la FIAT. Además de la radicalidad de las huelgas salvajes, los primeros desbordamientos violentos (sabotaje de las líneas de montaje, ataque a los jefes-policía) se afirman nuevas formas de organización, espontáneas y mas cercanas a los colectivos de trabajo: es de hecho  una organización de masa en las líneas de producción, en los equipos o en sectores que ponen, en última instancia, al delegado como vanguardia de lucha, reconocido y parte del grupo (rompiendo la legitimidad de la antigua representatividad sindical, mínima y desligada de la producción), hasta llegar a la formación de la Asamblea Autónoma de Obreros y Estudiantes. Es la marcha de los estudiantes a las puertas de las fábricas, organizada por los grupos políticos extraparlamentarios, lo que da lugar a esta Asamblea en donde, a la salida del trabajo, se mezclan obreros y militantes externos para continuar y desarrollar las huelgas salvajes cotidianas. Estas Asambleas autónomas serán una experiencia muy importante, una forma de organización real de la lucha de masas, y un lugar de debate y formación para toda una nueva ola de militantes. Aquí es donde se formarán realmente los grupos más importantes, Lotta Continua y Potere Operaio, como resultado del trabajo innovador de los círculos militantes/intelectuales de los años sesenta (realizado principalmente a la entrada de las fábricas mediante la técnica de la encuesta) y de la capacidad de comprender y referirse a las nuevas expresiones obreras. Alrededor de finales de 1969 nacen sus respectivos periódicos. Las luchas se extenderán hasta julio, culminando en nuevos disturbios en Turín, en relación con el problema del alojamiento: la batalla de Corso Traiano, el 3 de julio de 1969. Una manifestación convocada a la salida de la Fiat Mirafiori, que reúne a millares de proletarios de la fábrica y de los barrios, se transforma en una batalla contra la policía a lo largo del día y de la noche extendiéndose a numerosos barrios de las afueras, y dándose los pasos previos de la intervención organizada de grupos militantes, orientada hacia el desarrollo de la violencia revolucionaria.

El otoño contemplará un nuevo salto al generalizarse a escala nacional, sobre todo en las fábricas pero también entre los obreros agrícolas y algunos otros sectores. Es la renovación del convenio estatal de metalurgia, lo que enciende la hoguera. El Estado está en serias dificultades y la respuesta represiva no está a la altura: habrá cuatro obreros agrícolas muertos (en Battipaglia y Avola, en el sur, así como un policía durante una manifestación obrera en Milán). Pero las verdaderas medidas para retomar el control de la situación serán otras, como la intervención de los aparatos reformistas-revisionistas en el seno de la clase, principalmente a través de la consigna de nombramiento de nuevos delegados y nuevos Consejos de fábrica. Aún considerando que las estructuras existentes estaban completamente desfasadas e inadaptadas a esta explosión proletaria, y que en todo caso era necesario hacer como que se cambiaba algo, las nuevas estructuras eran mucho más consistentes (se pasa de algunos pocos delegados por centenares de asalariados, a un delegado por cada equipo de obreros, de algunas decenas de personas, y adaptados a la nueva realidad de enormes masas de obreros recientemente urbanizados y radicalizados. Durante bastante tiempo estas nuevas estructuras serán reapropiadas por la fuerza desbordante de la Autonomía de Clase, estando obligados los aparatos revisionistas a aflojar las riendas para intentar la recuperación en una fase más calmada. Pero desde el principio se ve su auténtica intención, dado que estos Consejos están en competencia y en contra de las Asambleas autónomas.
Por otro lado, está la repentina aparición del terrorismo de Estado, con la masacre del 12 de diciembre de 1969 (16 muertos en un banco por una bomba indiscriminada). Es el acto inicial de toda una estrategia, muy precisa y diseñada a la sombra de los círculos ocultos del poder (y bajo la influencia de los círculos imperialistas internacionales) y que constituirá una auténtica declaración de guerra de clases. Contrariamente a abundantes prejuicios, el proletariado muy raramente comienza las hostilidades, porque su recorrido de lucha, aún radical, en los procesos revolucionarios no es ni simple ni rápido. La dominación burguesa, por el contrario, está ahora constituida en forma de contrarrevolución preventiva, y conoce y teme intensamente los desarrollos de la lucha de clases.
Estos saltos importantes en la dinámica de luchas obligarán al movimiento de clase a “crecer rápido”. Es entonces cuando el debate en torno a las perspectivas, y principalmente la cuestión política y la cuestión de la violencia revolucionaria tiene lugar, tomando una nueva amplitud. Coincide también con el peso de contexto internacional que ve desarrollarse, en toda su potencia, la ola de luchas de liberación nacional anticolonial, el inmenso prestigio de la guerra popular de Vietnam y de la Revolución en China. Que también alimentan la nueva ola de guerrillas latinoamericanas, fuente de gran inspiración para nosotros al estar un poco a medio camino entre las guerras populares y la realidad de las metrópolis imperialistas.
Es preciso señalar con claridad que el contexto internacional ha tenido más peso que otros factores de influencia, debido a que la dinámica de la Revolución proletaria es internacional, se determina localmente pero en relación con la fase capitalista internacional y en relación a las relaciones globales de fuerza entre las clases.
Es necesario precisar bien esto, en contra de las ideas erróneas que han circulado, tal como la premisa muy italiana de una situación democrática particularmente degradada y bajo la amenaza de una deriva fascistizante, lo que habría legitimado y caracterizado la toma de las armas por el movimiento revolucionario. Esto es falso, y procede de una interpretación al uso de diferentes corrientes de la “disociación”, para aminorar o reducir la importancia ideológico-política de esta vía, su carácter de estrategia, su finalidad de Revolución clasista. No se dio realmente el peligro de un golpe de Estado fascista, sino más bien la maduración de la teoría de la “contrarrevolución preventiva” como forma ya estable y auténtico armazón interno de las sedicente democracias imperialistas.
Todo movimiento de clase o de liberación habría chocado inevitablemente contra esta armadura interna del Estado, más allá de un determinado umbral de lucha y de reivindicación. Ahí se plantearía inevitablemente la cuestión: o recular, renunciar a sus aspiraciones traspasándolas a los gestores reformistas, o aceptar la guerra de clases. Se puede, por otro lado, considerar la persistencia real de una herencia política e ideológica de la Resistencia antifascista, por la gran fuerza que tuvo en Italia, hasta el punto de haber acariciado la posibilidad de su transformación con la toma del poder revolucionario. La crisis revolucionaria dura hasta 1948, cuando Togliatti ordena ásperamente el abandono de esta vía, ante la gravísima crisis que sigue precisamente al atentado que acababa de sufrir. Desde su cama en el hospital ordena a los millares de insurgentes que habían tomado las armas y controlaban importantes localidades obreras (y que empezaban a atacar a la policía y el ejército) detener sus acciones. “Volved a casa”: he ahí la gran traición revisionista, que hundiría las fuerzas de clase, entre ellos los partisanos, en una profunda crisis, facilitando la reacción, la ola revolucionaria.
Los recuerdos de todo eso eran profundos y estaban todavía vivos. Será una “lejana” raíz que contribuirá a un resurgir revolucionario, a su legitimación en el plano de la continuidad histórica, incluso con la transmisión de las armas.
Los motivos de fondo son, por tanto, los reseñados, pertenecientes a la nueva fase internacional, a las nuevas formas de explotación capitalista y de composición de clase.
Más precisamente, los dos primeros movimientos armados –el Grupo 22 de Octubre y los G.A.P., Grupos de Acción Partisana- fueron una mezcla perfecta de nuevas instancias militantes y de recuperación de la herencia partisana. Pero no fueron más que dos meteoros luminosos, consumidos rápidamente. No fue suficiente la determinación  de los nuevos militantes proletarios que se expresaba en ellos a través de  ataques con explosivos contra los capitalistas, financieros, fascistas, la constitución de una radio pirata con algunos momentos brillantes, así como la colaboración del célebre editor G. Feltrinelli que cayó en combate, haciendo una gran contribución publicando y difundiendo gran cantidad de textos internacionales, especialmente los procedentes de América del Sur. Careció de profundidad de análisis y de proyecto.
La verdadera historia comienza en noviembre de 1970: el primer ataque incendiario contra un directivo de Pirelli. Por primera vez aparece una firma: Brigadas Rojas.
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Marx tenía razón

Ya no hay
nadie en este pa
ís que no se haya apercibido, que no
sienta, la extrema agravaci
ón de la crisis política que padece el régimen. Uno de sus destacados plumíferos se lamentaba en estos términos no
hace mucho: «Como si Marx tuviera raz
ón, el
desbarajuste en la infraestructura econ
ómica está provocando un descontrol creciente en la superestructura política».
Así es. Al régimen monarco-fascista que Franco dejó «atado y bien atado» le están estallando
las ataduras. Todas las instituciones del Estado, desde la monarqu
ía hasta los sindicatos oficiales, no es que estén desprestigiadas, es que son el blanco de la ira popular. Los
llamados poderes p
úblicos, el ejecutivo, el legislativo y
el judicial, andan hechos unos zorros. El gobierno de Rajoy, que no asoma m
ás que para anunciar más explotación y más miseria, se ha ganado la inquina hasta de quienes le votaron.
«El Parlamento de la naci
ón» y los que se dicen
«representantes del pueblo» tienen que ser defendidos por un ej
ército de antidisturbios, so pena de ser linchados. Las altas
instancias judiciales, andan a la gre
ña: La
Audiencia Nacional contra el Supremo y
éste contra el
Constitucional y todos ellos se
ñalados por el Tribunal de Estrasburgo
(nada sospechoso de izquierdismo) como prevaricadores. Los presidentes de los
gobiernos aut
ónomos ni aparecer pueden en acto público alguno sin que sean abucheados y sin que trabajadores o
estudiantes les prometan que «nuestros recortes ser
án a la guillotina» o «debajo de la nuez», según los casos.
Al descontrol
creciente
se le han venido a unir ahora, como era de esperar, las
reivindicaciones de las burgues
ías catalana y vasca. El «Estado de
las Autonom
ías», ideado para diluir en él las legítimas aspiraciones de los pueblos de Galicia, Cataluña y el País Vasco, se está viniendo abajo: en cuanto las cajas se han vaciado, los reinos de
taifas ya no convienen a quienes durante d
écadas se han
enriquecido metiendo la mano en ellas.
Lógicamente una ocasión así no podía ser desaprovechada por las burguesías
nacionales, especialmente la catalana. Sabe que, aprovechando la enorme
debilidad del r
égimen, puede ponerle contra las cuerdas y
conseguir un «concierto econ
ómico» mucho más favorable para ella. Y para lograrlo no ha dudado en atizar el fuego
del independentismo y utilizarlo como moneda de cambio en sus negociaciones con
Madrid.
Buena parte
de la burgues
ía catalana no va a renunciar, al menos
por ahora, a la «unidad de mercado» que para ella representa Espa
ña (no es casual que el presidente de la gran patronal española sea catalán), lo que sí hará es amagar con exigir la independencia y al tiempo intentar que el
odio de la clase obrera y del resto de los trabajadores hacia sus explotadores
y opresores vaya dirigido
únicamente contra el gobierno de Madrid e
incluso contra los «espa
ñoles» en general. Pero en algo le
han fallado las cuentas a su actual representante, el Sr. Mas. Cre
ía que, tras su entrevista con Rajoy, sería recibido en
Barcelona en olor de multitudes. Sin embargo quienes le recibieron fueron los
trabajadores en huelga de los transportes, quienes no le obsequiaron
precisamente con p
étalos de rosa. El detalle tiene su
importancia porque ha sido la burgues
ía catalana,
de la mano de CiU y codo a codo con el PP, la primera en desmantelar los
servicios p
úblicos, en exigir (y seguramente redactar) una reforma laboral que ha
liquidado lo que quedaba de derechos laborales, ha impuesto leoninas
condiciones de contrataci
ón a la clase obrera de todo el Estado
espa
ñol, etc. etc. Y eso lo tienen muy presente los obreros catalanes. Tal
como ha sucedido otras veces en la historia de Espa
ña, es muy
posible que la lucha revolucionaria del proletariado confluya con la del
movimiento nacional, lo cual redundar
ía a favor de
la clase obrera de todo el Estado.
La oligarquía española seguirá apretando aún más el dogal de la explotación, de la opresión y del terror. Les va en ello su supervivencia. Y ante esa
perspectiva no cabe m
ás que oponerles una tenaz resistencia,
organizando y uniendo
la fuerza de la clase obrera de todo el Estado, con
el objetivo de derribar el Estado monopolista y fascista espa
ñ
ol.
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Los Comités de Resistencia Popular ante el 14-N

Cuando la realidad cae por su propio peso y la gran mayoría
de la población no dejamos de alarmarnos por datos como casi seis millones de
parados, un 22% de españoles viviendo bajo el umbral de riesgo de pobreza, el
40% de los hogares con dificultades para afrontar gastos imprevistos, 1’7
millones de familias con todos sus miembros en paro, o un paro juvenil que
supera el 54%, ahora, los sindicatos CCOO y UGT convocan una huelga general
para el 14 de noviembre respaldada por el PSOE, ocho meses después de la última
(la del 29-M). Cabe preguntarse si no ha habido ningún motivo en todo este
tiempo, entre una y otra huelga, para seguir ejerciendo más presión y paros en
la producción. Es lógico, también, cuando nos preguntamos si quizás los motivos
sean políticos y/o partidistas, dado que pese a la mala gestión del Gobierno
anterior sólo se le convocó una huelga general. Otra pregunta lógica que todo
el mundo nos hacemos, y quizá la más importante, es si estos sindicatos
volverán a vender a todos los trabajadores firmando pactos con el Gobierno de
turno después del parón de 24 horas que a todos nos animan a cumplir. Quizás,
la respuesta sea que su parón irrisorio y oportunista de 24 horas sirve sólo
para lavar la imagen de unos sindicatos y/o políticos frente a una sociedad
cada vez más condenada a la pobreza y la precariedad laboral. Por si fuese
poco, llaman a la huelga a los trabajadores aun sabiéndose que, gracias a sus
políticas de concertación y pacto social, ahora prácticamente se pueda hablar
de despido libre (o en el mejor de los casos de abaratamiento del mismo), de la
reducción al mínimo del poder de los convenios laborales, etc. En conclusión:
¿Qué garantías nos darán estos sindicatos mayoritarios para ir a la huelga de
24 horas? Quizás las mismas que dieron a tantas personas que ahora ocupan la
trágica cola del paro. Todo esto nos lleva a pensar que la solución no está en
parones de 24 horas para el lavado de imagen de algunos de los culpables, ni
tampoco está en que los sindicatos pidan pequeños parches o reformas en pro de
los trabajadores.

Tras varias asambleas de debate en torno a la convocatoria
del 14-N, los C. R. P. hemos llegado a una serie de puntos en común:

  
1. La huelga general es una gran herramienta de lucha contra la Patronal y el
Estado, pero que los sindicatos amarillos prostituyen y hacen inocua.

  
2. Debe ser objetivo de los diversos movimientos y organizaciones de carácter
obrero lograr una huelga general como culminación de un proceso de luchas,
concienciación de clase y acumulación de fuerzas, haciendo de tal método algo
plenamente obrero, revolucionario e indefinido. Obrero porque la huelga general
debe ser convocada por los trabajadores y sus organizaciones verdaderamente
combativas, buscando una unidad de clase que garantice su éxito. Revolucionario
porque la huelga general debe valerse de la metodología de lucha que sea
necesaria en el momento en el que se desarrolle, sin el pacifismo pactado por
el verticalismo sindical, sin manifestaciones de índole festiva, sin
negociaciones en pro de intereses particulares y sin acatar los servicios
mínimos que desvirtúan la huelga general. Indefinido porque no se ha de marcar
un final que acote la huelga, sino que su duración debe ir en función de la
consecución de los objetivos político-económicos motivadores de la huelga,
manteniendo un pulso parando plenamente la producción hasta la victoria o
derrota (derrota que, cuando se da, suele llegar fruto de la represión,
traiciones o esquirolaje).

  
3. Apoyar el 14-N en los términos que plantean los sindicatos amarillos es
darles un balón de oxígeno a ellos y a sus partidos políticos (PSOE, PCE e IU),
pues pretenden sacar tajada una vez más de las desgracias del pueblo trabajador
para ganar enteros ante él. Fueron CCOO, UGT, PSOE y PCE la “parte izquierda”
necesaria para perpetuar y dar estabilidad al sistema que hoy nos tiene en tan
malas condiciones, haciéndose cómplices inseparables del mismo en multitud de
políticas destinadas a la subyugación de los obreros, tales como los Pactos de
la Moncloa o las reformas laborales.

  
4. Consideramos que el hecho de que los sindicatos verticales hayan convocado
para el 14-N una huelga general, va a provocar que buena parte consciente de la
clase obrera no secunde la convocatoria ante la desidia y el desprecio que se
siente hacia estos, por lo que no llamaremos esquiroles a quienes, de forma
crítica y razonada, no secunden su formato de huelga farsa, aunque por otro
lado, sí vayamos a encontrarnos los mismos esquiroles que nunca secundan nada,
ninguna huelga, ninguna lucha; no por clasificarla como farsa, sino por
puro conformismo, insolidaridad y los clásicos motivos de un esquirol
traidor.

   5. CCOO y UGT no son sindicatos, son mafias
sindicales subvencionadas fuertemente por el Estado ante el que nunca serán
pujantes, son servidores de la clase dominante. Por ello, hay que decir
abiertamente que son nuestros enemigos. Hay que desenmascararles, enfrentarse a
ellos. No hablamos de que el conjunto de los afiliados a estos sindicatos
respondan al patrón de sus cúpulas, pues sabemos que hay gente honesta y
honrada en sus bases, verdaderos obreros a quienes también les corresponde
luchar contra las continuas puñaladas que desde estos sindicatos se han ido
dando a los trabajadores, por lo que llamamos a las bases de estos sindicatos a
abandonarlos, rebelándose así contra ellos y dando fuerza a un movimiento
obrero independiente y organizado, integrándose en otros sindicatos combativos
o creando asambleas en sus lugares de trabajo.

¡POR UNA VERDADERA HUELGA GENERAL
INDEFINIDA, POLÍTICA, DE CLASE Y COMBATIVA!

¡GUERRA AL CAPITAL Y A LA MAFIA
SINDICAL!

¡VIVA LA LUCHA DE LA CLASE OBRERA!
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Amén, amén y requeteamén


A raíz del asalto al supermercado de Écija, el sacerdote y teólogo José Ignacio González Faus escribe esta carta abierta al Ministro de Interior.

Mi querido señor ministro:

Acabo de oír por radio sus declaraciones a propósito de los sucesos en el supermercado de Écija. Reconoce Ud. que hay mucha gente que lo está pasando mal, pero arguye con el clásico axioma moral: el fin no justifica los medios.

Como el ideario de su partido apela a “los principios del humanismo cristiano”, me permito recordarle que según esos principios no hubo en aquella acción ningún uso de medios moralmente ilegítimos (en su legalidad no entro ahora).
Los principios del humanismo cristiano proclaman que “en casos de extrema necesidad todas las cosas son comunes” (in extrema necessitate omnia sunt communia). Porque “la distribución y apropiación de las cosas que procede del derecho humano no puede impedir que estas cosas remedien las necesidades de los hombres. Por eso todo lo que uno tiene de más lo debe a los pobres para su sustento. Y si la necesidad de alguien es tan grave y tan urgente que hay que remediarla con lo primero que se tenga a mano…, entonces cualquiera puede remediar su necesidad con los bienes de los demás, tanto si los quita de modo público como secreto; y esta acción no reviste carácter de robo ni de hurto”.
Estas palabras no son del alcalde de Marinaleda ni del innombrable Carlos Marx. Son de Santo Tomás de Aquino, uno de los pilares de ese humanismo cristiano al que Uds. dicen seguir. Y puede verlas en la Summa Theologica (2ª 2ªe, cuestión 76).
A ellas añadirá el cardenal Cayetano, gran comentador de Tomás, que un juez puede distribuir entre los necesitados el dinero sobrante de los ricos. Me pregunto, pues, si no están Uds. en el atolladero de aplicar la ley contra unos principios que dicen regular el ideario de su partido, quedando como embusteros ante la ciudadanía.
Entiendo además que si Ud. esgrime ese principio de que el fin no justifica los medios, se volverá inmediatamente contra toda la política de este gobierno: para un fin de suyo legítimo y necesario como es rebajar nuestra deuda, ha recurrido el gobierno a medios inmorales (temo que quizás también anticonstitucionales) como son privar a mucha gente de derechos constitucionales, de los ingresos mínimos indispensables, abocarlos al hambre, a la desesperación, a la falta de asistencia médica indispensable, a tener que recurrir a unas Caritas ya desbordadas y a quedarse sin vivienda después de un enorme esfuerzo y encima con una deuda impagable para la que ni siquiera vale el principio lógico de la dación por pago.
La mayoría de los medios que han aplicado Uds. para saldar la deuda española son inmorales y no se justifican por ese fin tan legítimo.
Hace poco habló el presidente del Gobierno de posibles nuevos recortes en esa misma dirección, para reunir 65.000 millones de euros imprescindibles. Su gobierno debe saber que, en España, hay 16 personas que poseen ellas solitas unas fortunas cercanas a los 60.000 millones. Sólo 16 personas entre más de cuarenta millones de españoles. No creo pues que, a la luz del humanismo cristiano, pueda caber duda de cuáles hubieran sido los medios legítimos.
Porque, por otro lado, se repite ahora que todo el dinero que nos va a prestar draconianamente la UE es “para tapar los agujeros de los Bancos”. Ya habíamos oído mil veces que el problema de nuestra deuda era sobre todo de carácter privado y no público; y ahora lo vemos confirmado al saber dónde van a ir esos primeros 30.000 millones que esperamos recibir el mes que viene. Los Bancos y sus agujeros han sido efectivamente los primeros causantes de nuestro desastre actual (sin negar ahora otros factores exteriores a España).
Y lo fueron porque, para un fin de legitimidad muy discutible (como era el enriquecerse más y más) pusieron en juego medios absolutamente ilegítimos, otorgando préstamos que sabían que no podían ser devueltos pero de los que esperaban resarcirse con expropiaciones forzosas mucho más pingües de lo que se expropió en el supermercado de Écija.
¿Sabe Ud. cuántas viviendas inútiles son hoy propiedad de los Bancos? Un ministro del interior debe conocer ese detalle. Como sabrá también que a bastantes gentes ancianas y no muy letradas que tenían en Bankia unos ahorros de seis mil o diez mil euros que constituían toda su fortuna, se las engañó haciéndoles firmar un papel que “iba a ser su solución”, y se les convirtieron los depósitos en acciones, robusteciendo al Banco y debilitándolas a ellas al impedirles disponer de su dinero ahora que lo necesitan.
Si Ud. está decidido a no permitir que para fines en sí legítimos se usen medios ilegítimos, no dudo de que, antes que al alcalde de Marinaleda y su grupo, llevará Ud. a los tribunales a una serie de banqueros de cuyo nombre prefiero no acordarme para esperar a que los investigue la justicia.
O mejor: déjeme decirle que dudo mucho de que Ud. se atreva a hacer eso que sería tan justo: porque son esos Bancos quienes financian buena parte de sus campañas electorales que, tal como están, son otro medio ilegítimo que no queda justificado por el fin de ganar unas elecciones. Y, por supuesto, esto último no vale sólo para su partido sino también para otros del Estado.
Puedo equivocarme como todo ser humano. Pero siempre he tenido la impresión de que, en su partido, suelen argumentar apelando a grandes principios universales indiscutibles, pero que no se aplican al caso concreto que se discute. Y que además suelen exigir a los demás lo que no se exigen a Uds. mismos. Debo confesar que las declaraciones suyas que acabo de oír por radio, me confirman una vez más en esa impresión.
Gracias por haberme leído. Quedo de Ud. atentísimo
José Ignacio González Faus

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Manifiesto de solidaridad con los procesados del #8F

Tomado de http://8f-45anos.org/17/10/2012/manifesto/


CUENTA SOLIDARIA
0072 0121 31 0000207496

En castellano:

Nuestra lengua nacional se encuentra en un estado límite. La gravedad de su
situación llega a tal punto que, según confirman los estudios socio-lingüísticos
más solventes, la trasmisión intergeneracional ya no está asegurada y en
cuestión de décadas, de no suceder profundos cambios en políticas y actitudes
por parte de la sociedad gallega y las instituciones, nos podemos enfrentar al
suceso final del proceso de exterminio lingüístico iniciado en 1492. Esta es la
cruda realidad para quien amamos este país y su idioma como nuestra máxima
expresión.

En 2009, las medidas favorables al gallego que adoptaba la administración
bipartita tuvieron una contestación feroz y extremista de los sectores
políticos y mediáticos partidarios de su exterminio definitivo o de su
trasformación en un habla reducido a la comunicación doméstica e informal:
hacer del gallego un idioma constreñido a determinadas esferas de la comunicación, más indigno de la enseñanza, de la administración, de los medios
públicos, etc., fue y es, la tarjeta de visita de los que ayer ordenaban a
nuestros abuelos y abuelas a punta de fusil: Sea
patriota. No sea bárbaro. Hable usted nuestro idioma cervantino.
 Y ahora se envuelven en el
argumento hipócrita de la libertad de idioma o de la libertad de elegir.
Distintas estrategias para el mismo fin.

Aquel 8 de febrero de 2009, cuando grupos tan significativos como Falange
Española de la JONS
, Unión Progreso y Democracia y los dirigentes más
radicalizados del Partido Popular salieron a las calles de Compostela para
bloquear el avance del gallego con la convocatoria de Galicia Bilingüe,
decidimos, como hicieron centenares de gallegas y gallegos, salir también a la
calle para denunciar aquella farsa ridícula que pretendía convertir las
víctimas en verdugos y a los históricos valedores de la imposición del español
en “mártires” de una lengua sin derechos. Con esta respuesta colectiva pusimos encima de la mesa la dignidad nacional de
las gallegas y los gallegos y denunciamos que la lengua de Galicia es la
víctima de la imposición, de la minorización social y del peligro real de extinción.
Fuimos, por este motivo, identificad@s por hablar en gallego, golpead@s
brutalmente, detenid@s y criminalizad@s, en cuanto a minoría extremista de este
país que es partidaria de aniquilar su lengua se manifestaba con protección
policial y la compañía de centenares de personas traídas en autobuses traídos
de fuera da Galicia.

Ahora, una vez más, el echo extravagante sucede en la realidad: los procesados
e procesadas somos los agredidos. Se nos acusa de un amplísimo abanico de
delitos que van desde “resistencia a la autoridad” que golpeaba ciudadanas y
ciudadanos caídos en el suelo hasta “desordenes públicas”, por huir de quien se
ensañaba con personas indefensas.


La guinda del pastel es una petición fiscal de 45 años de prisión por levantar
la voz contra los enemigos del gallego, que puede suponer el ingreso en prisión
de muchos de nosotros, y la imposición de sanciones económicas imposibles de
afrontar que superan los 30.000 euros.

Los doce hombres y mujeres que nos sentaremos en el banquillo de los acusados a
partir del 23 de Octubre en Compostela demandamos de la ciudadanía gallega, de
vuestras organizaciones políticas, sindicales y sociales y de todos aquellos y
aquellas que, día tras día, defendéis la lengua de esta vieja nación, un
ejercicio de solidaridad activa con los y las procesadas, denunciando el juicio
político de que seremos objeto, posicionándoos públicamente y movilizándoos en
reivindicación de nuestra libertad el día del inicio de la vista.
Vuestra
solidaridad es, ahora, imprescindible.


Colectivo de procesad@s @8F_45 anos
Defender el gallego no es delito

En gallego:

A nossa língua nacional encontra-se num estado limite. A gravidade da sua situaçom chega a tal ponto que, segundo confirmam os estudos sócio-lingüísticos mais solventes, a transmisom intergeracional já nom está garantida e em questom de décadas, de nom mediar profundas mudanças em políticas e atitudes por parte da sociedade galega e as instituiçons, podemo-nos enfrontar ao sucesso final do processo de extermínio lingüístico iniciado em 1492. Esta é a crua realidade para quem amamos este país e o seu idioma como máxima expressom de nós.
Em 2009, as medidas favoráveis ao Galego que adoptava a administraçom bipartida tivérom umha contestaçom feroz e extremista dos sectores políticos e mediáticos partidários do seu extermínio definitivo ou da sua conversom numha síria reduzida à comunicaçom doméstica e informal: fazer do Galego um idioma constrangido a determinadas esferas da comunicaçom, mas indigno do ensino, das administraçons, dos meios públicos, etc., foi, e é, o cartom de visita dos que onte ordenavam aos nossos avós e avoas a ponta de fusil Sea patriota. No sea bárbaro. Hable usted nuestro idioma cervantino e agora se envolvem no argumento hipócrita da Libertad de idioma ou da Libertad para elegir. Distintas estratégias para o mesmo fim.
Aquel 8 de Fevereiro de 2009, quando grupos tam significativos como Falange Española de la JONS, Unión Progreso y Democracia e os dirigentes mais radicalizados do Partido Popular saírom às ruas de Compostela para bloquear o avanço do Galego com a convocatória de Galicia Bilingüe, decidimos, como figérom centenas de galegas e galegos, saír também à rua para denunciar aquela farsa ridícula que pretendia converter as vítimas em verdugos e aos históricos valedores da imposiçom do espanhol em “mártires” dumha língua sem direitos.
Com esta resposta colectiva pugemos acima da mesa a dignidade nacional das galegas e os galegos e denunciamos que é a língua da Galiza a vítima da imposiçom, da minorizaçom social e do perigo real de extinçom. Fumos, por este motivo, identificad@s por falar em Galego, golpead@s brutalmente, detid@s e criminalizad@s, enquanto a minoria extremista deste país que é partidária de aniquilar a sua língua se manifestava com protecçom policial e a companhia de centenas de pessoas traidas em autocarros vindos de fora da Galiza.
Agora, mais umha vez, a inversom extravagante acontece na realidade: os processados e processadas somos os agredidos. Acusa-se-nos de um amplíssimo abano de delitos que vam da “resistência à autoridade” que golpeava cidadás e cidadaos caidos no chao até “desordens públicas”, por fugir de quem se assanhavam com pessoas indefensas.
A guinda do pastel é umha petiçom fiscal de 45 anos de prisom por levantar a voz contra os inimigos do Galego, que pode supor o ingresso em prisom de muit@s de nós, e a imposiçom de sançons económicas impossíveis de afrontar que superam os 30.000 euros.
Os doce homes e mulheres que nos sentaremos na bancada dos acusados a partir de 23 de Outubro em Compostela demandamos da cidadania galega, das vossas organizaçons políticas, sindicais e sociais e de todos aqueles e aquelas que, dia após dia, defendedes a lingua desta velha naçom, um exercício de solidariedade activa com os e as processadas, denunciando o juízo político de que seremos objecto, posicionando-vos publicamente e mobilizando-vos em reivindicaçom da nossa liberdade o dia do início da vista. A vossa solidariedade é, agora, imprescindível.
Colectivo de processad@ @8F_45 anos
Defender o Galego nom é delito

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Reformar el PCE desde dentro: una postura reformista

Texto elaborado por el PCE(r)


-tomado del excelente blog Línea Revolucionaria–



Refundar el partido desde dentro: esta es la idea guía de los “rupturistas” con
el PCE. ¿Pero qué se esconde detrás de este planteamiento?

Se esconde, básicamente, un planteamiento reformista, se esconde un
planteamiento no de lucha y enfrentamiento con los que claramente ya -y no desde
hace poco tiempo- forman parte del campo contrarrevolucionario.

Es la famosa ley del mínimo esfuerzo, muy típica cuando se ha estado acostumbrado
a ser un “revolucionario” sin complicarse mucho la vida. Pero debemos ver el porqué de estos posicionamientos en su contexto, no como
algo aislado.



L. Montes

Desde hace ya algún tiempo, algunos sectores del PCE, más en concreto las juventudes
de este partido, han dicho basta a la política pro-oligárquica de los popes
“peceros”; pero es, en mi opinión, un basta con la boca pequeña, parece como si
al amagar con romper con el PCE, se les hubiera abierto el suelo a sus pies,
como si se les hubiera presentado una fatal cuestión: ¿qué hay después del PCE?
¿hay vida al otro lado?

Se podría hacer una analogía con los pensamientos que invadían a los hombres de
la antigüedad cuando aún no se sabía que la Tierra era redonda. Estos pensaban
que existía un fin del mundo, que si se sobrepasaban ciertos límites
geográficos uno caía por un precipicio hacia no se sabe dónde.

En muy parecida situación se encuentran las juventudes comunistas; piensan: no puedo
seguir colaborando con esta gentuza, tengo que romper con ellos; pero luego
dicen: ¿y hacia dónde voy? No voy a crear yo ahora un partido, con lo que
cuesta. Mejor sigo trabajando aquí e intento moldear a estos reformistas allá,
lo que ocurre es que tienen una gran confusión de ideas, unos “devenires” tanto
a izquierda como a derecha que les impiden tomar una posición consecuentemente revolucionaria.

Enumeremos una por una esas ideas, para así poder tener el cuadro completo de la situación.

-SOBRE LA LUCHA LEGAL E ILEGAL.


Arrastran lacras tremendamente reformistas en este sentido. Sobrevaloran en exceso
el papel de la lucha legal en general y de la lucha parlamentaria en
particular. Es obvio que no aciertan a determinar el carácter del Estado
español -si es democrático o fascista. Aunque en algunos momentos lo puedan
tachar de fascista, siempre en un plano como abstracto y nebuloso, en la
práctica, quizá inconscientemente, lo aceptan como un Estado democrático, o
cuando menos como mínimamente tolerante con las libertades políticas.

Esto es algo inevitable, teniendo en cuenta a quienes han tenido de “maestros”.

Ahí tenemos que estar nosotros para contrarrestar toda la “formación” que han
recibido.

-SOBRE LA LUCHA ARMADA.

Muchos de ellos muestran una actitud favorable hacia la práctica de la lucha
armada y la sienten como justa. Pero les pasa lo de siempre: a un primer
planteamiento más o menos consecuente en el sentido revolucionario se les suma
un segundo que anula el “revolucionarismo” del primero.

Sería bueno apuntar que en ningún momento se pronuncian en contra, pero tampoco completamente a favor.

Esto es también muy lógico, por el hecho de haber sido “educados” en la famosa vía
parlamentaria al socialismo, para la cual, como es natural, la teoría militar
no existe, ya que, según esta esquelética ideúcha, la vía de la revolución
armada no tiene validez, está superada, y por tanto no es necesario profundizar
en ella.

Me da la impresión de que les han tenido encerrados en una burbuja, donde los ecos
de la guerra popular prolongada (GPP) propugnada por Mao no les han llegado,
por lo que se encuentran completamente perdidos y desarmados en lo que a teoría
militar se refiere.

-SOBRE LA CUESTIÓN DE LA ORGANIZACIÓN CLANDESTINA.

Esto, para ellos, ni existe. Están tan acostumbrados a reunirse en su local y a
cantar «La Internacional» en voz alta que lo de andar escondiéndose ni se lo
plantean. Esta cuestión está muy ligada a la primera, a la de la lucha legal,
pues a una forma de lucha corresponde una determinada forma de organización.

Cuando se les comenta lo de la organización clandestina se les pone una cara
como de decir: ¿clandestinidad, para qué? ¿de quién nos debemos esconder? Legalismo,
legalismo y legalismo, esa es la base de todos sus problemas. Una razón que
ellos aducen para defender lo de «refundar el partido desde dentro» es el hecho de que todos aquellos que
en algún momento se separaron del PCE no han conseguido formar un partido
realmente fuerte, con base social, y por eso ellos plantean lo de refundar el
partido con las mismas siglas y demás para mantener su base social. Y yo me
pregunto: ¿cuál es la base social actual del PCE? ¿Los que van a su fiesta en la
Casa de Campo? ¿Los que se toman los vinos en sus chiringuitos en las ferias de
barrio? ¿O los que les votan cuando hay elecciones, sin prestar atención a su
programa, y que sólo lo hacen por costumbre? Que me digan a mí cuál es el grado
de influencia del PCE en el movimiento obrero actualmente. Yo diría que ese
grado de influencia es igual a cero. Que convoquen una huelga general de las de
antaño, seguro que no participa ni Camacho. Que convoquen una manifestación; no
va ni la policía, y ya es decir.

También me comentaron en algún momento lo de reunificar a todos los grupos comunistas.
En eso estoy completamente de acuerdo con ellos; y porque estoy a favor de reunificar
a todos los comunistas (los de verdad) no quiero que mi Partido, el PCE(r) se una
con los vendidos anticomunistas del PCE. Yo estoy a favor de la reunificación
comunista; ¿pero reunificar sobre qué? Reunificar sobre la base de los
principios, reunificar sobre la base del marxismo-leninismo.

Esta es la postura del PCE(r) y, por tanto, la mía; y como comunistas que somos
no vamos a movernos ni un ápice de estos postulados.

A mí esto de «refundar desde dentro» me suena a ese “desde dentro” de los
posibilistas; esta posición, básicamente, esconde o camufla unos postulados
conciliadores, unos postulados nada combativos. Si realmente se quiere ser
revolucionario, se ha de serlo siempre (desde el comienzo al fin) y en todos
los planos (organizativo, político y propagandístico). Una revolución es un
conjunto de revoluciones: revoluciones individuales, grupales y revoluciones
sociales. No se puede querer encabezar un proceso revolucionario, si la vanguardia
política de ese proceso revolucionario “nace” de un proceso reformista.

El PCE se podría reformar si sus desviaciones políticas e ideológicas se
mantuvieran dentro de lo que podemos denominar campo revolucionario, si aún se
mantuviera dentro de los límites de éste.

Ahora bien, si esas desviaciones políticas e ideológicas han sobrepasado ya
cualquier límite y ya no se sitúan en el campo revolucionario, sino en el de la
contrarrevolución, la posibilidad de reformarlo se desvanece. Se puede reformar la casa cuando aún está en pie, no
cuando está derruida; cuando está derruida ya no se reforma, se vuelve a
construir.


Lo que quiero decir es que ser revolucionario en materia de refundación es
reconstruir el partido sobre la base de la ruptura consecuente con el
revisionismo, sobre la base del marxismo-leninismo; lo de las siglas, la base
social, la infraestructura y demás es secundario, en tanto que si se tiene una
línea política justa y una clara determinación de hacer la revolución, todo
llegará: si no hay gente, vendrá gente; si no hay infraestructura, se creará.
Lo importante es ser firme en los principios y mantener una línea política
consecuentemente revolucionaria, todo lo demás vendrá, más tarde o más
temprano, vendrá.
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Camarada Arenas condenado a 17 años mas + exposiciones (audio)

Tomado del blog Fracción Proletaria

Ha sido condenado a otros 17 años por un ataque a una ETT, del que se le considera autor, ya que como siempre, la audiencia nacional sigue diciendo que el dirige a los GRAPO, otra vez, otro juicio farsa.
La Sección Cuarta de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional ha condenado a 17 años de prisión a los miembros de los Grapo Manuel Pérez Martínez, ‘camarada Arenas’, Fernando Silva Sande y María Victoria Gómez Méndez, por el ataque contra la empresa madrileña de trabajo temporal People perpetrado en enero de 1998.
Los jueces Ángela Murillo, Carmen-Paloma González y Juan Francisco Martel consideran a los tres culpables de la comisión de un delito de estragos terroristas y defienden que Pérez Martínez, en calidad de secretario general y líder máximo de la organización, junto con Silva Sande y Gómez Méndez como miembros del ‘comando Central’ de los Grapo decidieron atentar contra la ETT.
Fuente: europaress
Han salido tres exposiciones de los acusados, que se pueden escuchar desde aquí:



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Breve historia de la lucha armada de los GRAPO

Publicamos a continuación un breve esbozo sobre la historia de esta organización armada que hemos encontrado por internet en inglés. Pese a que es algo antiguo, consideramos que aporta una visión general de lo que supone la existencia de esta organización guerrillera que aspira a convertirse en el futuro Ejército Popular. Hemos omitido la traducción de algunas aclaraciones del texto original al considerarlas obvias para cualquier persona residente en el Estado español.



Los Grupos de Resistencia Antifascista
Primero de Octubre (GRAPO) nacieron en el verano de 1975. En ese momento veinte
miembros del Partido Comunista de España (reconstituido) – PCE(r) -, partido
clandestino formado cinco meses antes, llevaron a cabo su primera acción armada
contra las fuerzas de seguridad fascistas. El 2 de agosto de 1975, dos guardias
civiles (un cuerpo represivo militar y policial) fueron tiroteados en el centro
de Madrid. Uno de ellos murió en el acto y el otro resultó gravemente herido.
Era el primer golpe de los GRAPO devuelto a la ola de terror fascista conocida
como “el verano del terror”.

El PCE(r) tenía su
propia sección técnica creada para
llevar a cabo expropiaciones a bancos para apoyar la lucha revolucionaria y
castigar a los soplones de la policía; desde el núcleo de esta sección
surgieron los GRAPO.

El 1 de octubre de
1975 cinco comandos diferentes de los GRAPO ejecutaron a cuatro policías e
hirieron gravemente a otro en Madrid. Era la respuesta a los asesinatos de
cinco antifascistas (dos miembros de ETA y tres militantes del FRAP – una
organización ya desaparecida) fusilados por la policía el 27 de septiembre en
aplicación de las penas de muerte ordenadas por las autoridades militares.

Los GRAPO no
reivindicaron la autoría de todas estas acciones hasta el 18 de julio de 1976,
cuando sesenta bombas volaron blancos fascistas por todo el país. Era el 40
aniversario del comienzo de la guerra civil (1936-39) en la que los fascistas
salieron victoriosos.

En enero de 1977 la
policía arrestó a cuarenta miembros del PCE(r) y de los GRAPO en Madrid y en
Barcelona y consiguió liberar al Teniente General Villaescusa y al oligarca
español Oriol, que estaban secuestrados por comandos de los GRAPO desde hacía
sesenta días para intercambiarlos por presos políticos con el fin de forzar al
gobierno para que concediese la amnistía. Unos días antes dos comandos de los
GRAPO habían ejecutado a dos policías y a un guardia civil en Madrid y dejaron
heridos a tres guardias civiles más en dos ataques distintos a las fuerzas
represivas fascistas en respuesta al asesinato de cinco abogados de izquierda
por una banda paramilitar que actuaba a las órdenes de la Guardia Civil.

El 4 de junio dos
guardias civiles murieron tiroteados en Barcelona en el mismo día en que se
celebraban las primeras elecciones generales desde 1936 y la farsa reformista
continuaba. Esta acción era una clara señal que demostraba que las
organizaciones revolucionarias no iban a aceptar la renovación del fascismo
bajo ninguna máscara “democrática”.

El 27 de septiembre
el capitán de la Policía Nacional, Herguedas, murió tiroteado por un comando de
los GRAPO en Madrid. Había sido uno de los voluntarios fascistas que habían
ejecutado a los cinco antifascistas justo dos años antes.

En 1977 y 1978 las
acciones de los GRAPO siguieron adelante, principalmente bombas contra
comisarías de policía y edificios militares y también contra centros
gubernamentales. Pero también se llevaron a cabo algunas ejecuciones selectivas. El 22 de marzo de 1978 moría tiroteado cerca de su casa en Madrid
el director general de prisiones Jesus Haddad. Era responsable del asesinato de
un preso anarquista en la prisión de Carabanchel, muerto apaleado hasta la
muerte por los directores de la prisión que intentaron sacar información de él
sobre un plan de fuga de los presos del PCE(r) y GRAPO.

1979 fue el año en
que los GRAPO llevaron a cabo más acciones: el 9 de enero un juez del Tribunal
Supremo fue tiroteado en Madrid; el 5 de marzo un general del ejército fue
ejecutado cuando un grupo de los GRAPO abrieron fuego contra su coche en una
calle del centro de Madrid; el 6 de abril el jefe de la Brigada anti-terrorista
de la Policía Nacional fue ejecutado en Sevilla; en total, veinte miembros de
la policía fascista fueron ejecutados ese año en una combinación de acciones de
guerrilla urbana por todo el país; explotaron muchas bombas ese año también.

Por otro lado, los
militantes del PCE(r) y GRAPO pagaron un alto precio por ello: cien personas
fueron encarceladas acusadas de pertenencia a dichas organizaciones (la policía
aseguraba que tanto el PCE(r) como los GRAPO eran lo mismo y muchos militantes
del PCE(r) fueron detenidos sin ninguna prueba contra ellos – el Partido
comunista revolucionario siguió estando perseguido como en la dictadura de
Franco). Siete miembros del PCE(r) y GRAPO fueron asesinados por la policía ese
año: el 28 de junio Martin Eizaguirre y Fernández Cario fueron asesinados por
un equipo especial de los servicios secretos militares españoles en París. Eran
miembros del Comité de Relaciones Internacionales del PCE(r) y estaban
exiliados. Martin Eizaguirre era también miembro del Comité Central del PCE(r).

El 20 de abril Juan
Carlos Delgado de Codes, un miembro del Comité Central del PCE(r) fue tiroteado
por la policía secreta en Madrid, no poseía armas ni pertenecía a la guerrilla.
Sólo entre abril y mayo los GRAPO llevaron a cabo treinta acciones armadas en
respuesta al asesinato de Delgado de Codes. Esto fue luego criticado por el
PCE(r) por caer en una táctica militarista. A partir de ese momento, los GRAPO
pusieron todos sus esfuerzos en mantener la luchar armada y darle un carácter
prolongado, asumiendo que no sólo es posible sino necesario seguir la
estrategia de la Guerra Popular Prolongada y que es posible desarrollar esta estrategia
en un país capitalista desarrollado europeo.

La represión
emprendida contra el PCE(r) desmanteló sus organizaciones de masas como ODEA,
Pueblo y Cultura, UJA, etc. Muchos de sus miembros y simpatizantes fueron
arrestados y la mayoría de ellos encarcelados. 
(…) La mayoría de sus miembros tuvieron que elegir entre abandonar la
lucha o entrar en la clandestinidad.

El 17 de diciembre
de 1979 cinco dirigentes de los GRAPO se fugaron de la prisión de Zamora usando
un túnel excavado durante meses por presos del PCE(r) y GRAPO (algunos de ellos
eran mineros). Fue un duro golpe para el gobierno, que intentó detenerlos de
nuevo a cualquier precio. Tres de ellos fueron finalmente asesinados por la
policía (en 1980, 1981 y 1982) y los otros dos fueron detenidos pronto porque
todos ellos volvieron a la lucha.

En 1980 y 1981 los
GRAPO eran una organización débil debido a la represión descargada contra sus
simpatizantes. En esos años los GRAPO llevaron a cabo ocho ejecuciones,
incluyendo dos generales del ejército y un coronel, para denunciar el papel
jugado por el ejército en la guerra sucia y la contrainsurgencia. Algunos
policías y guardias civiles fueron también ejecutados. Los GRAPO, como una
organización que aspira a convertirse en el núcleo del futuro Ejército Popular
nunca ha tenido como objetivos civiles inocentes ni ha usado tácticas
peligrosas para los civiles en sus acciones militares y sabotajes.

En 1980-81 nueve
miembros de los GRAPO fueron asesinados por la policía en una clara política de
“tirar a matar”. El militante del PCE(r) José España Vivas murió mientras
estaba siendo torturado el 6 de septiembre de 1980. El 19 de junio de 1981 Kepa
Crespo Galende, preso del PCE(r), moría en su 94º día de huelga de hambre
contra la política de tortura, aislamiento y exterminio de los presos
políticos. El gobierno fue forzado a reunificar a los presos y a permitirles
mantener comunas en las cárceles (La Comuna Carlos Marx, de 80 hombres presos
del PCE(r) y GRAPO, en la prisión de Soria duró hasta 1989. Entonces el
gobierno socialfascista del PSOE la desmanteló. Las mujeres presas del PCE(r) y
GRAPO mantuvieron la Comuna Carmen López en Yeserias, Madrid, que duró hasta el
mismo año).

En octubre de 1982
los socialfascistas del PSOE llegaron al gobierno. El PSOE empezó matando a
Juan Martín Luna, dirigente de los GRAPO, muerto siendo tiroteado hasta seis
veces en Barcelona en una operación encubierta. Estaba desarmado. Algunos años
después tres policías fueron acusados de asesinato, pero después fueron
absueltos. En la víspera de las elecciones generales, que se celebraban el 28
de octubre, los GRAPO plantaron treinta bombas en Madrid, Barcelona, Valencia y
otras veinte zonas del país; las explosiones estaban dirigidas a promover el
boicot y a denunciar la farsa electoral.

En 1983 y 1984 los
GRAPO se recuperaron de su anterior debilidad y llevaron a cabo muchas acciones
armadas. En esos años plantaron alrededor de setenta bombas contra objetivos
policiales, en apoyo a las huelgas obreras, en apoyo a revolucionarios de otros
países, etc. y también contra los reaccionarios mass media burgueses (por
ejemplo, en el consulado alemán en Barcelona en apoyo a los presos de la RAF,
bombas contra la patronal, etc.).

En esos años los
GRAPO también llevaron a cabo algunas ejecuciones: en abril de 1983 un teniente
de la policía nacional y un guardia civil fueron ejecutados en Valencia y la
Coruña, el primero con una explosión en su coche y el segundo muerto de un
disparo. Esas acciones fueron llevadas a cabo en apoyo a los obreros de los
astilleros que estaban en huelga y estaban siendo salvajemente reprimidos por
las fuerzas policiales.

El 2 de enero de
1984 dos policías fueron abatidos a tiros en Madrid. En todo ese año los GRAPO
hicieron auténticos esfuerzos para apoyar las luchas del proletariado por todo
el país (cuarenta y seis bombas explotaron ese año) para devolverle el golpe a
las fuerzas represivas y cobrar el impuesto revolucionario necesitado para
proseguir la lucha (alrededor de cien empresarios españoles pagaron el impuesto
revolucionario ese año).

El 5 de septiembre
tres comandos de los GRAPO lanzaron una ofensiva para obligar a los explotadores
a pagar el impuesto revolucionario. En Madrid un empresario que se había negado
a pagar murió tiroteado; en Sevilla, otro comando de los GRAPO ejecutó a
Padura, conocido explotador y presidente de la patronal; y, finalmente, en la
Coruña el responsable de la radiodifusión de RNE fue gravemente herido en
respuesta a su propaganda contrarrevolucionaria. Era una advertencia a los
medios reaccionarios que continuamente desacreditaban la lucha revolucionaria. Uno
de los militantes de los GRAPO que había llevado a cabo la acción en la Coruña
fue asesinado por la policía varias horas después y otro resultó herido y
capturado cuando un grupo de los GEO asaltó la casa donde se escondían.

La represión lanzada
contra los GRAPO y el PCE(r) ese año fue muy dura. En junio Manuel Pérez
Martínez, camarada Arenas, secretario general del PCE(r),  salió de prisión después de haber estado
preso desde 1977 acusado de asociación ilícita (la expresión legal utilizada
por el Estado fascista español para perseguir a los revolucionarios cuando no
tenían pruebas contra ellos). Arenas, como otros muchos ex-presos del PCE(r),
tuvo que pasar a la clandestinidad de nuevo siendo esta la única manera de
desarrollar la lucha sin el control policial. Desde los 70 parte de la
dirección y la organización clandestina del PCE(r) y GRAPO había tenido su base
en Francia, la policía española nunca había podido acabar con ella.

El 19 de enero de
1985 la policía política española consiguió capturar a la mayoría de los
militantes de los GRAPO en España: diecinueve de ellos fueron capturados en
nueve provincias diferentes, la policía descubrió diecisiete pisos, muchas
armas y munición y dinero cobrado a través del impuesto revolucionario. Este
hecho fue posiblemente debido a que se saltaron muchas de las normas de
seguridad y clandestinidad de los GRAPO cuando llevaron a cabo tantas acciones
en apoyo a las luchas obreras. La estricta compartimentación dentro de la
organización había sido rota y esto permitió a la policía asestar este duro
golpe en sólo cuarenta y ocho horas.

La reorganización de
los GRAPO fue lenta y dificultosa. En 1985 casi había dejado de existir pero el
espíritu de sacrificio de los nuevos militantes, la mayoría de ellos sin
ninguna experiencia anterior en la guerrilla, permitió seguir en la lucha. En
1985 y 1986 llevaron a cabo expropiaciones a bancos. Algunas se torcieron y
siete miembros de los GRAPO fueron detenidos. El dinero se había convertido en
el principal problema de la organización ya que no eran lo suficientemente
fuertes como para cobrar el impuesto revolucionario; los GRAPO necesitaban
pisos francos, coches y todo tipo de infraestructura para desarrollar la
guerrilla urbana con éxito desde la clandestinidad. Las armas también se necesitaban urgentemente.

1987 fue un pequeño
punto de inflexión. En ese año se llevaron a cabo seis acciones armadas según
fuentes policiales. Hubo algunas expropiaciones exitosas de bancos y una
comisaría de la policía local fue asaltada en Málaga para hacerse con armas: un
comando de los GRAPO asaltó la comisaría, desarmó a tres agentes y los ató (no
fueron ejecutados ya que no eran considerados objetivos adecuados. La policía
local se ocupa principalmente del tráfico y no juega un papel especial en la
represión). En otra operación un comando de los GRAPO intentó asaltar una
comisaría de la policía nacional en Valencia para hacerse con DNIs en blanco,
hubo un tiroteo y un policía fue gravemente herido.

En 1988 los GRAPO
llevaron a cabo de nuevo acciones armadas para cobrar el impuesto
revolucionario. El 27 de mayo Claudio Sanmartín, presidente del Banco de
Galicia, murió tiroteado en su casa en la Coruña. Se había negado a pagar,
alertando a la policía de la actividad de los GRAPO, y fue también un conocido
explotador que había empobrecido a muchos, especialmente a pequeños campesinos,
con créditos. Era también responsable del cierre de muchas fábricas debido a la
especulación bancaria. Dos meses después otro empresario que se había negado a
pagar el impuesto revolucionario fue gravemente herido en la Coruña.

El 4 de octubre los
GRAPO consiguieron hacerse con ochocientos DNIs en blanco de una comisaría en
el centro de Madrid. Durante el asalto un policía murió tiroteado y su arma fue
tomada (la mayoría de las armas de los GRAPO provenían de sus acciones contra
la policía y los guardias de seguridad).

El 10 de marzo de
1989 los GRAPO ejecutaron a dos guardias civiles en Santiago el mismo día que
el grupo TREVI estaban dando un mitin en Madrid (TREVI era en ese momento la
cabeza visible de la represión en Europa occidental). En julio de 1989 los
GRAPO solventaron sus problemas económicos expropiando 148 millones de pesetas
de un banco de Castellón.

En noviembre los
presos políticos de PCE(r) y GRAPO comenzaron una huelga de hambre indefinida
por el fin de la dispersión y su reunificación en una sola cárcel (las comunas
de presos políticos habían sido desmanteladas por el gobierno del PSOE en
1987). En apoyo a esta lucha de los presos, los GRAPO lanzaron una ofensiva
guerrillera en diciembre: el 13 un comandante del ejército fue tiroteado en
Madrid, siendo gravemente herido; el 15, un coronel de alto rango del ejército
fue tiroteado tres veces y quedó discapacitado; el 18, un miembro de la policía
secreta murió tiroteado cerca de Barcelona y, finalmente, el 28, dos guardias
civiles fueron ejecutados en Gijón mientras custodiaban un edificio oficial. El
gobierno respondió arrestando a dos miembros del PCE(r), encarcelándolos e
intentándolos implicar en estas acciones armadas (una de las mentiras difundida
por los medios de masas reaccionarios dice que los miembros de los GRAPO son
sólo reclutados desde las filas del PCE(r), intentando presentar este partido
comunista clandestino como el brazo político
de los GRAPO).

Como la huelga
siguió, muchos presos fueron llevados a hospitales donde les amarraron a las
camas, fueron molestados por la policía y obligados a someterse a la alimentación
forzosa, medida desesperada y torturadora del gobierno para evitar las muertes
de estos revolucionarios en ese mismo momento (el gobierno prefería
aniquilarlos lentamente y silenciosamente en las prisiones).

El 27 de marzo de
1990, un comando de los GRAPO ejecutó al doctor Muñoz en Zaragoza. En el
comunicado en el que reivindicaban la acción, los GRAPO lo calificaron como un
torturador dispuesto a seguir las órdenes y las políticas del gobierno para
conseguir que los presos se rindiesen por la fuerza a la agonía y la tortura de
la llamada alimentación forzosa. Él no había aceptado las órdenes de un juez de
detener este tipo de tortura y era un firme partidario de los planes de
exterminio del gobierno (casualmente era el primo del Fiscal General del Estado).
Como resultado de la alimentación forzosa, la huelga de hambre se hizo muy
larga. El 25 de mayo de 1990, el preso José Manuel Sevillano moría después de
177 días en huelga de hambre. Era miembro de los GRAPO y estaba en prisión
desde 1987. Los GRAPO decidieron evitar entrar en la táctica del ojo por ojo
porque esto sólo podía beneficiar a las ya alertadas fuerzas de seguridad y
después de una acción de respuesta (la ejecución de un coronel del ejército en
Valladolid el 15 de junio), los GRAPO se centraron en llevar a cabo una
ofensiva para tomar la iniciativa de nuevo en el septiembre próximo.

En septiembre de
1990 los GRAPO plantaron seis bombas en Madrid, Tarragona, Barcelona y Gijón.
El 6 explotaron tres bombas en Madrid: una en el edificio de la bolsa, otra en
el Tribunal Supremo y la última en el Ministerio de Economía). En ninguna de
estas acciones hubo víctimas civiles. El 8 de septiembre una bomba explotaba en
instalaciones de petróleo en Tarragona, causando a la compañía monopolista
Repsol daños valorados en 400 millones de pesetas; el 10, una bomba estalló en la
sede central del PSOE en Barcelona causando daños valorados en 100.000 dólares.
Ese mes terminó con una acción de los GRAPO en Gijón el 28 cuando un comando
asaltó un edificio oficial haciéndose con mil carnés de conducir en blanco y
luego plantó una bomba que hizo volar las instalaciones. En noviembre de 1990,
dos bombas más volaron dos edificios oficiales en Barcelona.

En 1991 y 1992 los
GRAPO continuaron con la campaña de atentados contra edificios oficiales e
instalaciones monopolistas: dieciséis bombas explotaron en esos años causando
importantes daños. En febrero de 1991 una bomba de los GRAPO cortó durante seis
horas el oleoducto militar de la OTAN que suministraba a las bases militares
estadounidenses en territorio español. Esta acción tenía la intención de
sabotear este oleoducto que estaba siendo usado por la aviación militar
estadounidense para devastar ciudades iraquíes durante la Guerra del Golfo. En
abril de 1992 los GRAPO plantaron una bomba en el Instituto Nacional de
Industria y en el Ministerio de Empleo en Madrid. Dos guardias civiles
resultaron heridos. También se llevaron a cabo algunas expropiaciones de bancos
en esos años.

El 7 de abril de
1993 tres militantes de los GRAPO murieron en Zaragoza en un ataque contra un
furgón blindado que fue atacado con explosivos para expropiar los fondos que
contenía. Un guardia de seguridad también murió y dos más resultaron gravemente
heridos. En 1993, un total de siete bombas explotaron en edificios oficiales en
Madrid: en la patronal, las sedes del PSOE y en otras sedes implicadas en la
reconversión industrial que habían despedido a miles de obreros en los últimos
años.

En 1994 las acciones
de los GRAPO tenían como objetivo hacerse con fondos, los cuales se necesitaban
con urgencia. Se llevaron a cabo algunas expropiaciones de bancos. En enero dos
bombas explotaron en Madrid en la víspera de una huelga general: en una oficina
de taxistas y una oficina de desempleo. En julio y diciembre asaltaron dos
furgones blindados usando explosivos en Gasteiz (Vitoria) y Barcelona, y se
expropió dinero (sobre medio millón de dólares) y armas.

En 1995 los GRAPO
llevaron a cabo una de las más acciones más importantes y decisivas de los
últimos años. El 27 de junio los GRAPO secuestraron a Publio Cordón en
Zaragoza; Cordón es un rico empresario, presidente de la compañía de seguros
PREVIASA; fue liberado el 17 de agosto en Barcelona después de pagar 400
millones de pesetas. Tenía que pagar otros 800 millones de pesetas a los GRAPO
después de su liberación pero prefirió volar (sus negocios no eran muy limpios,
también era cónsul de Guatemala y tenía un negocio importante en ese país. En
noviembre la policía arrestó a tres miembros de los GRAPO en Barcelona y
Valencia pero no pudieron recuperar el dinero.

El 9 de enero de
1996 los presos políticos del PCE(r) y GRAPO comenzaron una huelga de hambre indefinida
por su reunificación en una sola cárcel, la liberación de los presos enfermos y
de todos los presos que habiendo cumplido sus condenas todavía estaban en
prisión. Los presos detuvieron su protesta el 1 de febrero después de haber
recibido promesas del gobierno de que iban a poner fin al aislamiento y a
liberar a los presos enfermos, pero todo esto demostró ser una mera triquiñuela
para obligar a los presos a abandonar la lucha, la cual estaba teniendo lugar
en medio de elecciones generales. La huelga de hambre fue retomada el 15 de
febrero después de saber que el gobierno no tenía ninguna intención real de
negociar. Concluyó el 21 de marzo debido a la grave salud de la mayoría de los
presos y después de haber recibido informes favorables para la liberación de
los presos enfermos.

Hoy en día parece
que los GRAPO están sumidos en una nueva reorganización y una cosa es clara: el
Estado fascista español ha perdido la batalla en el sentido de que no ha podido
aniquilar a la organización armada ni al partido revolucionario, el PCE(r).

Durante esos
veintiún años, tres mil personas han sido arrestadas en relación con los GRAPO
y el PCE(r), de las cuales 1400 han sido encarceladas. Hoy en día, hay
cincuenta y cuatro presos del PCE(r) y GRAPO en las cárceles españolas.

Desde 1975 a 1995,
los GRAPO han llevado a cabo alrededor de 60 ejecuciones, han plantado más de 300
bombas y han llevado a cabo unas 3000 acciones (el gobierno español reconoce
oficialmente 545).

Veinte militantes de
los GRAPO han muerto por acción de la policía o como consecuencia de
explosiones. Siete militantes del PCE(r) han sido asesinados por la policía y
grupos paramilitares. Según fuentes policiales alrededor de 100 miembros del
PCE(r) y GRAPO están en la clandestinidad.

Esperamos que os guste esta breve historia de la lucha
armada de los GRAPO, única en Europa occidental debido a su estrategia de
Guerra Popular Prolongada seguida por el PCE(r) y GRAPO.

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Entrevista a José María Sánchez Casas

Entrevista en la televisión andaluza al ya fallecido militante del PCE (r) y GRAPO