Marx tenía razón

Ya no hay
nadie en este pa
ís que no se haya apercibido, que no
sienta, la extrema agravaci
ón de la crisis política que padece el régimen. Uno de sus destacados plumíferos se lamentaba en estos términos no
hace mucho: «Como si Marx tuviera raz
ón, el
desbarajuste en la infraestructura econ
ómica está provocando un descontrol creciente en la superestructura política».
Así es. Al régimen monarco-fascista que Franco dejó «atado y bien atado» le están estallando
las ataduras. Todas las instituciones del Estado, desde la monarqu
ía hasta los sindicatos oficiales, no es que estén desprestigiadas, es que son el blanco de la ira popular. Los
llamados poderes p
úblicos, el ejecutivo, el legislativo y
el judicial, andan hechos unos zorros. El gobierno de Rajoy, que no asoma m
ás que para anunciar más explotación y más miseria, se ha ganado la inquina hasta de quienes le votaron.
«El Parlamento de la naci
ón» y los que se dicen
«representantes del pueblo» tienen que ser defendidos por un ej
ército de antidisturbios, so pena de ser linchados. Las altas
instancias judiciales, andan a la gre
ña: La
Audiencia Nacional contra el Supremo y
éste contra el
Constitucional y todos ellos se
ñalados por el Tribunal de Estrasburgo
(nada sospechoso de izquierdismo) como prevaricadores. Los presidentes de los
gobiernos aut
ónomos ni aparecer pueden en acto público alguno sin que sean abucheados y sin que trabajadores o
estudiantes les prometan que «nuestros recortes ser
án a la guillotina» o «debajo de la nuez», según los casos.
Al descontrol
creciente
se le han venido a unir ahora, como era de esperar, las
reivindicaciones de las burgues
ías catalana y vasca. El «Estado de
las Autonom
ías», ideado para diluir en él las legítimas aspiraciones de los pueblos de Galicia, Cataluña y el País Vasco, se está viniendo abajo: en cuanto las cajas se han vaciado, los reinos de
taifas ya no convienen a quienes durante d
écadas se han
enriquecido metiendo la mano en ellas.
Lógicamente una ocasión así no podía ser desaprovechada por las burguesías
nacionales, especialmente la catalana. Sabe que, aprovechando la enorme
debilidad del r
égimen, puede ponerle contra las cuerdas y
conseguir un «concierto econ
ómico» mucho más favorable para ella. Y para lograrlo no ha dudado en atizar el fuego
del independentismo y utilizarlo como moneda de cambio en sus negociaciones con
Madrid.
Buena parte
de la burgues
ía catalana no va a renunciar, al menos
por ahora, a la «unidad de mercado» que para ella representa Espa
ña (no es casual que el presidente de la gran patronal española sea catalán), lo que sí hará es amagar con exigir la independencia y al tiempo intentar que el
odio de la clase obrera y del resto de los trabajadores hacia sus explotadores
y opresores vaya dirigido
únicamente contra el gobierno de Madrid e
incluso contra los «espa
ñoles» en general. Pero en algo le
han fallado las cuentas a su actual representante, el Sr. Mas. Cre
ía que, tras su entrevista con Rajoy, sería recibido en
Barcelona en olor de multitudes. Sin embargo quienes le recibieron fueron los
trabajadores en huelga de los transportes, quienes no le obsequiaron
precisamente con p
étalos de rosa. El detalle tiene su
importancia porque ha sido la burgues
ía catalana,
de la mano de CiU y codo a codo con el PP, la primera en desmantelar los
servicios p
úblicos, en exigir (y seguramente redactar) una reforma laboral que ha
liquidado lo que quedaba de derechos laborales, ha impuesto leoninas
condiciones de contrataci
ón a la clase obrera de todo el Estado
espa
ñol, etc. etc. Y eso lo tienen muy presente los obreros catalanes. Tal
como ha sucedido otras veces en la historia de Espa
ña, es muy
posible que la lucha revolucionaria del proletariado confluya con la del
movimiento nacional, lo cual redundar
ía a favor de
la clase obrera de todo el Estado.
La oligarquía española seguirá apretando aún más el dogal de la explotación, de la opresión y del terror. Les va en ello su supervivencia. Y ante esa
perspectiva no cabe m
ás que oponerles una tenaz resistencia,
organizando y uniendo
la fuerza de la clase obrera de todo el Estado, con
el objetivo de derribar el Estado monopolista y fascista espa
ñ
ol.

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