



En el curso de las operaciones militares sobre Siria, a los pilotos se les ha prohibido establecer contacto con los cazas rusos, por lo que están autorizados a disparar sus misiles si se sienten amenazados.
Cada uno de los misiles cuesta 200.000 libras esterlinas y su velocidad multiplica por tres la del sonido, por lo que pueden abatir un blanco en vuelo sin que sean avistados por él. Ese es el motivo de los incidentes que se vienen produciendo entre los aviones rusos y los aviones Tornado alemanes desde febrero de este año.
En una rueda de prensa, el Teniente General Joachim Wundrak afirmó que los cazas rusos Sujoi Su-35 S persiguen a los bombarderos alemanes sistemáticamente en vuelo. Los Tornado alemanes no son atacados ni forzados a abandonar el espacio aéreo sirio, sino que son objeto de medidas de acompañamiento que generan tensión en los pilotos.
Según el general alemán, la intención de estos movimientos es demostrar que los aviones de combate rusos, a diferencia de los de la “coalición internacional” están allí por invitación del gobierno sirio y por tanto gozan de legitimidad, mientras los demás no son bienvenidos.
“Las fuerzas aéreas sirias son también muy activas”, aseguró entonces Wundrak sin entrar a precisar su actitud hacia los aviones alemanes. La ministra alemana de Defensa, Ursula von der Leyen, declaró que, “al contrario que las tropas rusas”, por parte de Alemania no habrá colaboración alguna con tropas bajo el mando del presidente sirio Bashar Al-Assad.
Durante semanas se han escuchado rumores en Berlín sobre la situación de acoso que los Tornado alemanes destinados en Siria sufren durante sus vuelos y finalmente los mandos del Ejército germano tuvieron que explicar con detalle lo que estaba ocurriendo, poniendo de manifiesto que el riesgo de un choque entre la aviación rusa y la británica tiene un alto porcentaje de probabilidades de producirse, con consecuencias dramáticas.
El Parlamento británico aprobó el envío de aviones Tornado a Siria a finales del año pasado, poniendo como excusa el asesinato en junio de más de 20 turistas británicos en… Túnez.
Los Tornado británicos operan desde la base aérea de Akrotiri, situada en la isla de Chipre, donde dispone de unos 860 militares y diversos cazas, entre ellos ocho Tornado GR4 y una aeronave Voyager para repostar, así como drones Predator armados con misiles Hellfire.
Hasta ahora los aviones Tornado iban cargados con bombas de alta precisión Paveway, de los que pueden cargar hasta cinco. Ahora llevarán misiles Brimstone, que alcanzan una velocidad supersónica.
En unas declaraciones a la BBC, el capitán Richard Davies, de la Royal Air Force, aseguró que en los más de 400 ataques aéreos que han realizado en Irak, nunca han tenido ninguna víctima civil. Realmente asombroso. A eso se le llama puntería.
El documento oficial de la DIA (Agencia de Inteligencia del Pentágono) de 12 de agosto de 2012, desclasificado el 18 de mayo de 2015, señala que “los países occidentales, los Estados del Golfo y Turquía apoyan en Siria a las fuerzas de oposición para establecer un emirato salafista en el este de Siria, conforme a los deseos de las potencias que respaldan a la oposición para aislar al régimen sirio”.
La agresión imperialista tiene una estrecha relación con la invasión de Irak en 2003. El gobierno de Bashar Al-Assad fue uno de los pocos que se opusieron a ella y apoyaron a la resistencia contra las fuerzas ocupantes del Pentágono. Los imperialistas obligaron a millones de irakíes a cruzar la frontera y establecerse en el país vecino.
Una vez desencadenada la Primavera Árabe, en diciembre de
2011 las tropas estadounidenses se retiraron de Irak. Pero, lo mismo que en
Afganistán, la retirada nunca fue completa ni duró mucho tiempo.
Estados Unidos trataba de reproducir en Siria el mismo guión que en Irak, dibujar un nuevo mapa, no sólo geográfico sino también político, fragmentar Oriente Medio en territorios religiosa y nacionalmente homogéneos, crear nuevos reinos de taifas, engendrar inestabilidad y, en suma, dividir para dominar.
Es mucho más que una estrategia de “caos controlado” porque a medida que el tiempo transcurría y el gobierno de Siria se mantenía en pie, la estrategia imperialista se convirtió en una guerra de desgaste, interminable, agotadora y cruel.
La elección de Siria como objetivo militar se debe a varios motivos. El primero es su estrecha alianza con Irán, la bestia negra del imperialismo en la región. El segundo es su guerra permanente con Israel, que desde 1981 ocupa los altos del Golán, una parte fronteriza del territorio sirio. El tercero es su oposición a la invasión de Irak, tras la cual muchos irakíes se refugiaron en Siria huyendo de la represión.
La eliminación de Saddam Hussein en Irak fortalece a Irán que, junto con Siria, es uno de los componentes más importantes del denominado “eje de la resistencia” contra el imperialismo en Oriente Medio. En los correos electrónicos de Hillary Clinton, cuando era secretaria de Estado, aparece uno escrito en diciembre de 2012, en el que asegura que, dada la “relación estratégica” entre Irán y Siria, el derrocamiento de Bashar Al-Assad sería un beneficio inmenso para Israel y haría que Israel perdiera el temor a perder el monopolio nuclear.
Además de romper ese “eje de la resistencia” en Oriente Medio (Irán, Siria, Hezbollah), la Guerra de Siria también tiene como objetivo la alianza de Bashar Al-Assad con Rusia, estrechar el cerco sur sobre Rusia, una continuación del que la OTAN intenta trabar desde el Báltico, Ucrania, Cáucaso y Asia central. La Primavera Árabe es una continuación de las “revoluciones de colores” desatadas por los imperialistas desde 1990 en los nuevos Estados surgidos de la fragmentación de la Unión Soviética.
La guerra trató de interferir en la Ruta de la Seda, meter una cuña entre Rusia y China, lo mismo que ya tiene una introducida entre Rusia y Europa.
Ha sido el mayor fracaso del imperialismo en la guerra, ya que ha fortalecido el protagonismo de Rusia, no sólo en Oriente Medio sino en el mundo entero y ha estrechado sus relaciones con Irán y con China.
Al inicio de la guerra la relación de Siria con Turquía es buena. Ambas partes habían firmado en 1999 el Acuerdo de Adana. En plena etapa de esplendor económico, el gobierno de Erdogan se había opuesto tanto a las sanciones contra Irán como al ataque contra Irak en 2003. Turquía está contra los planes del imperialismo en Oriente Medio porque sería una de sus víctimas. Por eso se opone al nuevo reparto.
Sin embargo, muy rápidamente los imperialistas presionan a Turquía para que desempeñe el papel de base logística de los salafistas. Al miso tiempo Siria permite que el PKK se convierta en Rojava en una plataforma contra los vecinos del norte.
Turquía experimenta un doble fracaso. El primero es el de la paz. La política de “cero problemas con los vecinos” fracasa. El segundo es el de la guerra, que le conduce al enfrentamiento con Rusia y un aislamiento total en la región. El realineamiento de Turquía en 2016 es otro de los grandes fracasos del imperialismo en la guerra.
Trataba de la Guerra de los Balcanes, mostrando los crímenes de guerra de los serbios (los malos), con sus matanzas indiscriminadas y sus fosas comunes, mientras que los buenos entonces aún no se calificaban como yihadistas, sino de una manera apologética. La Wikipedia les llama “guerrilla musulmana”.
La Guerra de los Balcanes fue una agresión imperialista de la OTAN, que es lo que permite expresar el aspecto más relevante de la película: el enfrentamiento entre los militares estadounidenses (el almirante Gene Hackman) y los demás comparsas de la OTAN (el almirante Joaquim de Almeida), así como la insoportable situación de que en un operativo militar unos (los estadounidenses) tengan que subordinarse a los demás (los portugueses nada menos).
La película se estrenó en 2001, con la llegada de Bush a la Casa Blanca y muy poco antes de la fatídica voladura de las Torres Gemelas, cuando a la historia se le dio una vuelta de tuerca: convirtieron a los yihadistas en los malos de la película y empezó la “guerra contra el terrorismo”.
La RMA o Doctrina Rumsfeld se puede resumir en que en el futuro Estados Unidos quiere tener las manos completamente libres. Por ello renuncia a cualquier clase de compromisos, empezando por Rusia, como es lógico, acabando con todos y cada uno de los tratados de reducción de armas que había venido firmando desde los tiempos más remotos de la URSS y no van a firmar ningún otro que les ate las manos.
Por supuesto que tampoco admite ninguna clase de subordinación hacia la ONU, ni instituciones internacionales de ninguna clase.
El Pentágono ni siquiera quiere supeditarse a la OTAN, ni a sus aliados más incondicionales porque está dispuesto a a asumir la iniciativa, sin esperar el beneplácito de terceros. En el Trío de las Azores no había más que un único actor, Bush, mientras que los otros dos (Blair y Aznar) eran meros comparsas.
El ejemplo fue el ataque contra Afganistán en 2001. El Pentágono aceptó la intervención de una fuerza de la ONU, pero sus tropas se quedaron fuera y, desde luego, jamás admitieron instrucciones procedentes de ella.
Hay otros aspectos militares interesantes en la RMA, pero posiblemente el que muestra la película es el más significativo: Estados Unidos no quiere compromisos, ni siquiera con sus mejores amigos (si es que los tiene).
El Kremlin ha anunciado oficialmente que Rusia está “dispuesta a cooperar con Turqiía en la industria de defensa” y que eso se traducirá en “proyectos concretos”, aunque no los ha enumerado.
Los planes turcos para la renovación de su defensa aérea se iniciaron en 2013, cuando optó por el sistema chino Hongqi-9/FD 2000, poniendo de manifiesto el distanciamiento que el gobierno de Erdogan tomaba respecto de la OTAN.
La adjudicación china triunfó frente a la oferta franco-italiana Eurosam (SAMP-T) y la estadounidense Raytheon/Lockheed-Martin (Patriot PAC-3). Previamente Turquía también había renunciado al sistema ruso S-300 PMU-2 de Almaz-Antey por ser excesivamente oneroso.
La decisión turca fue duramente criticada por la OTAN por su incompatibilidad con las redes de la Alianza y porque suponía entregar a los chinos información confidencial, como el código IFF.
En noviembre del año pasado el gobierno de Ankara anunció que desistía de la adjudicación china, por lo que en la OTAN creyeron que se decantaría por una de las dos opciones restantes, la europea o la estadounidense.
No fue así. El gobierno turco anunció el lanzamiento de un programa autóctono que confió a Aselsan, una empresa especialista en electrónica militar, y a Rokestan, que fabrica misiles, que trabajarían con un misterioso “sistema de armamento mundialmente reconocido”.
Ahora fuentes diplomáticas turcas han reconocido que se trata del sistema ruso de defensa aérea, lo que ha vuelto a desatar toda clase de comentarios sobre el progresivo alejamiento de Turquía de la OTAN.
Los síntomas son inequívocos. El 30 de setiembre Erdogan criticó el Tratado de Lausana de 1923 que fijó la frontera con Grecia en el Mar Egeo, lo que ha sido recibido por el gobierno de Tsipras con enorme desagrado. Ha calificado las declaraciones de Erdogan como “peligrosas” para las relaciones entre ambos países y toda la región.
Los pasos más inmediatos que va a dar el Pentágono van a empezar por enviar a los salafistas misiles Manpad, Tow y las llamadas “jabalinas”, un tipo de lanzacohetes portátiles antitanque.
Pero los aviones rusos pueden volar por encima de los 5.000 metros, fuera del radio de alcance de los Manpad, por lo que pueden reducir el daño notablemente.
No se puede decir lo mismo de los helicópteros, por más que sean resistentes al impacto de los Manpad. Pero los rusos también disponen de opciones de combate. Los helicópteros rusos Mi-28 y Ka-52 pueden disparar desde 10 kilómetros de distancia, por lo que también quedarían fuera del alcance de los misiles.
El problema más importante para Rusia serían los helicópteros de transporte, que podrían ser un blanco fácil.
Rusia tiene un abanico de opciones más amplio que Estados Unidos, que se ha metido en una verdadera ratonera. Puede enviar al campo de batalla blindados T-90, que hasta la fecha han mostrado ser inmunes a los Tow.
También pueden enviar mucha más artillería, lanzagranadas, lanzallamas pesados como el TOS-1 y la fuerza aérea puede iniciar bombardeos mucho más pesados que los actuales. Sin embargo, por motivos políticos, es complicado que se decida a enviar infantería.
Lo más probable es que ese papel lo sigan desempeñando Hezbollah y los iraníes que, hasta la fecha, han tapado muy eficazmente los agujeros del ejército sirio en los distintos frentes de combate.
La variedad de opciones, tan importante en una guerra como la de Siria, es lo que arroja algo de luz a la táctica que han seguido los rusos, incluso antes de la tregua. De hecho la tregua nunca ha sido otra cosa que una de esas opciones. Su táctica tiene dos claves esenciales: no quieren un enfrentamiento militar directo con Estados Unidos en Siria y consideran que el tiempo juega a su favor.
La segunda clave ayuda a entender la exasperante lentitud de movimientos de Rusia, tanto en el terreno diplomático como en el militar. Parece actuar con retardo y da la impresión de de vacilar, lo que hay que unir a ese lenguaje almibarado y sosegado de Lavrov, que jamás pierde la compostura.
Sus palabras contrastan con las declaraciones chusqueras de los gringos, propias del oeste más salvaje. Algunas de ellas son tan poco originales que volvemos a oír la manoseada comparación entre Putin y Hitler, para consumo de un auditorio muy poco exigente.
Un nuevo rearme de los yihadistas en Siria no resultaría eficaz sin una una zona de exclusión aérea, que es el caballo de batalla de los sectores más reacciones del partido republicano y que, si se deciden a imponerlo, deberá hacer suyo la “demócrata” Clinton.
Una zona de exclusión aérea, ¿conduciría a la guerra directa con Rusia? Los generales del Pentágono creen que sí, pero hay que tener en cuenta la llamada Doctrina Rumsfeld y las experiencias bélicas anteriores.
Hasta ahora Estados Unidos ha impuesto las zonas de exclusión aérea después de intensos ataques con misiles crucero desde la fuerza aérea y la marina de guerra. El objetivo militar consiste en destruir los radares, las defensas aéreas del adversario y su capacidad de mando.
El ataque dura entre 2 y 10 días y va acompañado de una ofensiva de guerra electrónica, de la destrucción de las bases aéreas, de los aviones del adversario en tierra y de los depósitos de combustible.
Tras ello se abre una segunda fase con el despliegue de aviones de combate aire-aire junto con Awacs para lograr la supremacía aérea y atacar las agrupaciones de fuerza del adversario con un mínimo daño.
Trasladar ese plan bélico a Siria es muy complicado y en ningún caso el Pentágono podrá lograrlo sin un coste muy importante.
Aunque el despliegue en Siria de los sistemas S-400 y S-300 en Siria es reducido, el ejército de Estados Unidos no lo ha puesto a prueba.
Hay algo aún peor: Rusia dispone de radares de muy largo alcance que hacen imposible un ataque sorpresa.
Por su no fuera suficiente, Rusia utiliza mecanismos de guerra electrónica capaces de sembrar el caos en los sistemas de mando, control, comunicación e inteligencia de Estados Unidos.
Legalmente la mayor parte de los sistemas S-400 y S-300 están en territorio ruso, en la base aérea de Jmeimim y los cruceros rusos de la clase Slava y Kuznetsov fondeados en la costa siria, por lo que cualquier ataque a ellos es técnicamente un ataque directo contra Rusia, lo que abre la posibilidad de contraataques y represalias por parte de Rusia en cualquier región de Oriente Medio.
Aún en el supuesto de que el ejército de Estados Unidos fuera capaz de imponer su supremacía aérea a toda costa, los rusos tendrían aún importantes bazas que poner en funcionamiento.
Aunque Estados Unidos pueda imponer su supremacía aérea en Siria y aunque fuera capaz de soportar su enorme coste militar, aún tendría importantes problemas políticos, que pueden ser decisivos.
El primero es que no va a contar con el respaldo de la ONU, un factor que no es tan despreciable como más de uno pueda pensar.
En una escalada militar Estados Unidos se arriesga a una ruptura con sus aliados de la OTAN, que no van a poder seguir a su socio hasta esos extremos porque se lo deja muy fácil: no cuenta con el respaldo de la ONU.
Los países europeos punteros, quizá con la excepción de Gran Bretaña, no se van a enfrentar a Rusia en ningún caso, con excepción de los peleles, como los del Báltico, Ucrania, Polonia, Rumanía y otros parecidos.
Queda una última incógnita: una zona de exclusión aérea sobre Siria exigiría un formidable despliegue de aviación, posiblemente de centenares de aeronaves, por lo que hay que preguntar qué bases utilizarán. ¿La de Incirlik? ¿Autorizarán los turcos el empleo de su suelo para una guerra en la que interviene Rusia?
Todo indica que no, porque Turquía ya lo impidió en 2003 durante la invasión de Irak y porque Estados Unidos no podrá invocar el artículo 5 del Tratado de Washington que fundó la OTAN (“uno para todos, todos para uno”), al no contar con el respaldo de la ONU.
En un contexto de guerra total en Siria, lo más probable es que Irak ordenara el cierre de su espacio aéreo y que la fuerza aérea de Estados Unidos tampoco pueda utilizar ni a Jordania, ni a Egipto, ni a Arabia saudí, ni mucho menos a Israel.
La única posibilidad que tienen es la de utilizar portaviones emplazados en el Mediterráneo, un remedio complicado pero factible, sobre todo si la campaña no se prolonga demasiado.
El viceministro añadió que como no se pudo garantizar la seguridad del paso de los convoyes humanitarios de la ONU, se frustró la entrega de ayuda a los habitantes de Alepo.
Antonov señaló que a pesar de que el ejército sirio retiró dos veces sus fuerzas de la carretera de Castello, Estados Unidos no logró organizar la retirada de las tropas yihadistas de la zona, por lo que los militares sirios volvieron a ocupar sus posiciones anteriores.
Después de que los intentos de desbloquear la ruta de Castello se fracasara, Rusia creó siete puntos para repartir alimentos y medicamentos a la población de la ciudad Alepo. También abrió un corredor por el que los yihadistas podrían haber abandonado la parte de la ciudad que ocupan.
Las continuas invocaciones a la población civil, los refugiados y el derecho humanitario, demuestran hasta qué punto se han convertido en un instrumento de la agresión y la guerra imperialista.
Al menos la mitad de las informaciones, ciertas o falsas, así como las intervenciones de los dirigentes políticos del mundo entero sobre la Guerra de Siria ponen en primer plano al derecho humanitario.
No se trata sólo de justificar una agresión imperialista, ni tampoco de propaganda de guerra: la población civil está al mismo nivel que cualquier plan de batalla. Desde hace un cuarto de siglo la mayor parte de las víctimas de las guerras no son los combatientes sino la población civil.
A los portavoces de Estados Unidos se les nota realmente histéricos, especialmente en la ONU, porque hasta muy poco estaban acostumbrados a llevar la situación hasta un extremo tal que a Rusia no le quedaba otro remedio que ceder, y ahora Rusia ha dicho -y demostrado- que no va a ceder más.
Aunque los portavoces rusos miden las palabras, están siendo muy claros y han dejado la iniciativa Estados Unidos. Si a partir de Siria hay una escalada militar, el primer paso lo va a tener que dar Estados Unidos y es posible que sea después de las elecciones del mes que viene. Lo que deben tener muy claro en el Pentágono es que Rusia se va a defender militarmente y ha puesto todos los medios para ello, dentro y fuera de Siria.
Así lo demuestra el despliegue de misiles SS-26 Iskander en la base de Jmeimim, capaces de transportar cargas nucleares, el empleo de bombarderos estratégicos y la reciente instalación de los S300V4 “Anteys-2500”, que se suman a los S400 que ya funcionan a pleno rendimiento.
Antes Rusia había llevado misiles aire-suelo de ataque; los de ahora son suelo-aire y están preparados para responder a un ataque, como el que llevó a cabó la “coalición” en Deir Ezzor contra el ejército sirio “por error”. El diario ruso Kommersant (*) asegura que si el contingente ruso en Siria fuera amenazado, los mandos militares ordenarían “disparar a matar”, y se refiere a los misiles.
Durante un tiempo Rusia ha seguido manteniendo la vana esperanza de lograr que Estados Unidos mantuviera algún tipo de cooperación o coordinación en Siria, pero toda ha resultado inútil. La Casa Blanca sigue su propio guión y no lo va a cambiar.
Ante esa situación, Rusia ha desistido de cooperar en las negociaciones sobre plutonio y armas nucleares. Estados Unidos va cortando todos y cada uno de los pocos puentes que aún quedaban abiertos y en Rusia la prensa habla de “ultimátum”. No están dispuestos a admitir más sanciones económicas, ni más provocaciones junto a las fronteras, ni más acuerdos de buenas intenciones que luego se convierten en papel mojado.
La tensión es tal envergadura que, según Kommersant, durante su viaje a Moscú, el ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean Marc Ayrault, ha ofrecido a Francia como intermediario entre la Casa Blanca y el Kremlin. “Pero no hay que esperar ninguna suavización de la política occidental hacia Rusia”, concluye Kommersant.
(*) http://www.kommersant.ru/doc/3108698
Lo contó el propio Simón Peres, artífice el programa nuclear israelí y Premio Nobel de la Paz al que ahora todos lloran, mientras esconden sus numerosos crímenes debajo del felpudo, como es de recibo en todo lo que se refiere al Estado hebreo.
Para negociar el acuerdo con Francia, Peres viajó a París en 1955, donde mantuvo contacto con altos oficiales del ejército, así como intelectuales, escritores y artistas, como Yves Montand o André Malraux.
Entonces a Peres no le conocía nadie. Uno de sus principales puntos de apoyo en París fue Georges Elgozy, consejero económico del Presidente del Consejo frances, que le abre las puertas de las altas esferas, hasta el punto de que el israelí llegó a tener un despacho propio en el Ministerio francés de Defensa.
Pers entabló una relación muy estrecha con el dirigente socialista francés Guy Mollet, que llegaría a primer ministro un año después de la llegada de Peres. Esa misma noche Mollet le llamó por teléfono a Peres a Tel-Aviv para decirle que todas las promesas que le había hecho en París seguían en pie.
Con su amigo al frente del gobierno, Peres no tardó en volver a París para pedirle un reactor nuclear y uranio, la materia prima.
Los vínculos entre ambos países se reforzaron tras la Operación del Canal de Suez de 1957, cuando los imperialistas británicos y franceses enviaron un cuerpo expedicionario a Egipto para enfrentarse a Nasser.
Francia, y especialmente su gobierno socialista, puso toda la carne en el asador para que Israel tuviera armas nucleares contra los países árabes. Además de uranio, envía centenares de técnicos y un reactor nuclear de 24 megawatios que se instala en Dimona, en el desierto de Neguev.
Los acuerdos firmados entre ambos países implicaban la construcción de una fábrica subterránea de separación isotópica.
A la vista de las continuas agresiones militares a sus vecinos (Egipto, Siria, Líbano) era una verdadera temeridad por parte de Francia, inducida por sus propios intereses, ya que a cambio del apoyo nuclear, Francia quería tener acceso a la tecnología estadounidense a través de Israel.
Cuando en 1958 De Gaulle llegó al poder, ordenó la paralización inmediata de la colaboración nuclear con Israel y reorientó la política exterior francesa en una línea favorable a los países árabes, que se profundizó tras el reconocimiento de la independencia de Argelia en 1962.
En 1967, durante la Guerra de los Seis Días, el arsenal nuclear israelí estaba plenamente operativo. Hoy dispone de 80 ojivas nucleares y material suficiente para lanzar 200 bombas, tanto desde submarinos como desde misiles balísticos.
En el imperialismo no hay ninguna clase de igualdad y, naturalmente, el peso sustancial de las relaciones internacionales no está en los países más débiles, en las colonias, ni en el Tercer Mundo. Tampoco en las instituciones internacionales. Lo imponen las potencias más fuertes.
A su vez, las diversas potencias mundiales no tienen la misma fuerza militar, económica, tecnológica o política. No están en equilibrio y, aunque lo estuvieran, el capitalismo siempre se desarrolla de una manera desigual, de manera que si ese equilibrio existe, se romperá inevitablemente; tarde o temprano.
En el imperialismo todos los países, pero especialmente las grandes potencias, disputan una carrera en la que nadie quiere quedarse atrás porque resultaría engullida por las demás. Cada día el mundo se ve sometido a una prueba de fuerza, a lo que Lenin llamaba un “reparto de las esferas de influencia”.
Ese reparto no es sólo físico, no es como la división de un pastel entre los comensales porque el mundo, escribió Lenin, ya se repartió hace mucho (pgs.96 y 101). Uno de los cinco rasgos fundamentales en los que Lenin resume el imperialismo (pg.113) es que “la política colonial de los países capitalistas ha terminado” (pg.96).
Lenin se refería a un reparto “territorial” o geográfico, que es la imagen más corriente -y vetusta- del imperialismo: anexiones, cambio de fronteras, escisión del territorio de un Estado… Sin embargo, el reparto del mundo tiene un componente de naturaleza “económica” al que Lenin se refiere como “lucha por el territorio económico” (pg.106) o reparto “económico” del mundo, llegando a hablar incluso un reparto “político” (pg.108).
Este reparto “económico” es el de un pastel que va cambiado de tamaño y, resulta que en esta fase imperialista, es cada vez más pequeño a causa de la crisis económica. Este factor es lo que agudiza cada vez más las contradicciones entre las grandes potencias que, finalmente, acabarán desencadenando otra guerra mundial.
Las formas en que se lleva a cabo el reparto del mundo son muy variadas, aunque normalmente la que más se utiliza es la expansión, que casi se ha convertido en un sinónimo del mismo imperialismo. Pero hay muchas más, típicas de las épocas de crisis profunda, como las actuales. Una de ellas, a las que no se suele hacer referencia, a pesar de su actualidad, es la destrucción económica y política de un país, como intentó Estados Unidos con Alemania en 1945 (Plan Morgenthau). De ahí que la guerra sea el medio típico en que los imperialistas se reparten el mundo.
En el reparto del mundo tan importante es adquirir un buen pedazo del pastel para sí mismo como debilitar al adversario, rebajarle su ración. Por ejemplo, el Plan Morgenthau trató de eliminar la potencia industrial y tecnológica de Alemania, convertirlo en un país agrario y, naturalmente, semicolonial.
Sin embargo, habitualmente cuando se habla del reparto del mundo se equipara con el reparto de las colonias, convertidas en el pastel por antonomasia. Parece que sólo los países agrarios, más débiles, los dependientes, están más expuestos a ser devorados por los grandes. Es un error. No hay dicotomía entre unos países y otros o, por decirlo de otra manera, cualquier país, como Alemania en 1945, es susceptible de convertirse en tercermundista, lo cual es otra de las formas en que los imperialistas se reparten el mundo.
Una de las formas de reparto del mundo es la conversión, ya expuesta por Lenin en su época, de los países independientes en colonias (pgs.101, 103), porque las formas “de dependencia estatal” son diversas; hay países dependientes políticamente independientes, así como dependencia financiera y diplomática (pg.108). Hay países que están obligados a mendigar préstamos continuamente, y hay otros que son los que ponen el dinero para los anteriores y, por lo tanto, las condiciones que rigen la entrega.
“Este género de relaciones entre algunos grandes y pequeños Estados ha existido siempre, pero en la época del imperialismo capitalista se convierte en sistema general, entran a formar parte del conjunto de relaciones que rigen el ‘reparto del mundo’, pasan a ser eslabones en la cadena de las operaciones del capital financiero mundial” (pg.109).
La sumisión de los países más débiles es relativamente sencilla para las grandes potencias, pero en una época de crisis aguda, como la actual, es un bocado totalmente insuficiente que cambia muy poco el reparto del mundo. Lenin decía que las grandes potencias no sólo buscan la anexión de las regiones agrarias, sino también de las industriales (pg.116). Para salir de la crisis a quien tienen que someter es a sus competidores, a aquellas potencias que tienen una fuerza parecida.
En el reparto del mundo no sólo los países dependientes forman parte del bocado. Ni siquiera ellos son el bocado más suculento. En 1919 lo que se repartieron los imperialistas fueron el Imperio Austro-Húngaro y el Imperio Otomano, fracasando en Rusia gracias a la Revolución de Octubre. Lo mismo cabe decir de Alemania o de Japón tras las dos guerras mundiales. Las bases militares más importantes que tiene Estados Unidos en el mundo tampoco están en países periféricos, sino en Alemania y Japón.
Algunos de los ataques de las potencias imperialistas en el Tercer Mundo no van dirigidos contra los países dependientes sino contra otras potencias. Son agresiones indirectas, ahora llamadas “por procuración” (proxys) o a través de intermediarios. Un ejemplo actual de ese tipo de agresiones es la guerra en el Donbas.
Por eso no es exacto hablar de contradicciones internas y externas. La Guerra de Siria es una agresión externa, un ataque del imperialismo a un país, lo cual no es óbice para reconocer que el imperialismo instrumentalizó una contradicción interna, un descontento social, poniendo en movimiento a ciertas fuerzas sociales proclives a ponerse al servicio de sus intereses.
Este tipo de antagonismos son lo que Stalin y la III Internacional denominaron “contradicciones interimperialistas”. Proceden de la rivalidad mutua de las grandes potencias. En ciertos casos, como el de Estados Unidos, luchan por preservar la hegemonía. En otros, luchan por conquistarla. Finalmente hay casos en los que la desafían, intentan evadirse de ella, reducir su presión o incluso pretenden ser tratados de forma paritaria.
La lucha por la hegemonía no significa, como la historia pone de manifiesto, que las grandes potencias sean reemplazables unas por otras, o que unas puedan sustituir a otras. Ni la posición económica y política, ni los intereses de unas y otras son los mismos. Unas potencias no pueden ponerse en el lugar de las otras. No pueden hacer lo mismo. Su potencia militar no es equivalente y sus intereses son contradictorios entre sí.
Es un error poner a todas las potencias en el mismo plano. El imperialismo no forma un bloque homogéneo y los cambios en la correlación de fuerzas entre las potencias se resuelven mediante guerra.
A medida que la presión de los más fuertes llega a ser asfixiante, se crea en el mundo una gran bolsa de países permanentemente damnificados y esquilmados que, con el tiempo, suelen reaccionar en ocasiones y buscan el apoyo de otros que están en su misma situación. Se generan movimientos de tipo nacionalista, como el de los No-Alineados, la mayor parte de las veces para buscar algún acomodo entre los “eslabones de la cadena”, pero sin tratar de romperla.
Es un empeño utópico. No es posible lograr ninguno de esos objetivos por medios pacíficos. No es posible luchar contra la hegemonía asfixiante de las grandes potencias imperialistas sin acabar antes con el imperialismo.
La lucha contra el imperialismo no es, pues, exclusivamente nacional sino revolucionaria; necesariamente tiene que ir vinculada a la lucha por el socialismo, es decir, no se puede apoyar sólo en la capacidad de un Estado sino, sobre todo, en el movimiento de las masas.
Desde cualquier ángulo, el imperialismo conduce a la guerra. En un caso porque las potencias imperialistas no tienen otra forma de repartirse el mundo que recurriendo a ella. En el otro, porque la única manera de enfrentarse al imperialismo y a la guerra imperialista consiste en transformarla en guerra revolucionaria.