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Breve resumen de una matanza cualquiera que ayuda a entender los motivos de la ‘radicalización’ mundial

La publicación del libro “Hit and run” por los periodistas neozelandeses, Nicky Hager y Jon Stephenson, que trata sobre la intervención de la unidad de las fuerzas especiales de su país en Afganistán, ha levantado una enorme polémica.

La SSA (Special Air Service) neozelandesa, la única unidad de élite de que dispone el ejército, fue enviada en 2010 a Afganistán y su contribución a la guerra contra los talibanes es el orgullo del país, ha sido varias veces condecorada…

Son las consecuencias de mantener ocioso a algo, unas tropas en este caso, que siempre tienen que estar activas porque lo que no se utiliza frecuentemente se oxida, sobre todo si se trata de algo “de élite”.

Los ejércitos imperialistas han entrenado para matar y tienen que matar. Si no hay guerra se la inventan y acuden en ayuda de sus jefes, en este caso Estados Unidos que con países como Nueva Zelanda reviste sus guerras con los andrajos de supuestas coaliciones “internacionales”.

El caso es que en agosto de 2010 un teniente de la unidad, Tim O’Donnell, murió como consecuencia de la explosión de un artefacto explosivo en Baghlan y los mercenarios neozelandeses salieron inmediatamente a la caza del afgano, a saciar su apetito de sangre y de venganza.

Su diana fueron un grupo de civiles afganos de lo más pacíficos que vivían tranquilamente en seis pequeñas poblaciones, entre ellas una niña de seis años. Todos fueron masacrados cobardemente por los criminales neozelandeses.

En su momento la matanza fue denunciada por Mohammad Ismail, jefe del distrito de Tala Wa Barfak, al que nadie prestó atención. Entonces habló de que 8 civiles habían sido asesinados en un ataque dirigido desde helicópteros estadounidenses.

En Wellington, la capital de Nueva Zelanda, lo desmintieron rápidamente y entre la palabra de un afgano y la de un neozelandés no cabe ningún tipo de dudas.

La versión que inventaron en Neva Zelanda fue la siguiente: nueve talibanes habían sido “neutralizados” en el curso de una misión heroica, otra más de nuestras SSA.

En ese tipo de matanzas simpre hay unos responsables directos, los mercenarios de aprietan el gatillo contra el primero que se pone por delante, aunque sea un niño, y los canallas se aplauden, los encubren y justifican desde los despachos, vestidos con un impecable traje.

La tarea de estos últimos es iniciar la saga de desmentidos, sembrar la confusión, dejar pistas falsas… En Nueva Zelanda la polémica está servida. Por un lado está la versión oficial y por la otra los conspiranoicos de siempre que ven fantasmas por todas partes.

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¿Quién pagará la factura por la presencia de la OTAN en la frontera occidental de Rusia?

El aumento de los contingentes de la OTAN en los países bálticos y Polonia se planificó a mediados del año pasado. Pero hace años que la aviación de la OTAN está desplegada en Estonia y el año pasado llegaron tanquistas estadounidenses. Además, entre 4.000 y 5.000 tropas de países miembros de la Alianza imperialista van a la república para participar en maniobras militares, como Tormenta de Primavera, que tiene lugar cada año.

Actualmente en el país hay un batallón de la OTAN permanente y unificado, algo que buscaban desde hace tiempo las antiguas repúblicas soviéticas del Báltico.

Se espera que en la frontera occidental de Rusia aparezca una nueva brigada, que contará con subdivsiones desde el Báltico hasta el Mar Negro. No será muy cuantiosa pero se trata del primer paso para la creación de las fuerzas de acción rápida de la OTAN.

Los países de Europa del este que acojan las unidades de esta nueva fuerza imperialista tendrán que realizar grandes gastos de mantenimiento, sobre todo después de que Trump ha advirtido que va a cerrar el grifo del maná militar, lo cual tiene su truco: uno de los principales objetivos de Washington es el aumento de las exportaciones norteamericanas de armamento a Europa. La llegada de equipos militares y de tecnología adicional, que realmente se dedicarán a entrenar y trabajar con el ejército de Estonia, encajan bien con esta política.

Todos los gastos en infraestructura en la base de Tapa, la redistribución y colocación de tropas militares extranjeras suponen un alto coste para el presupuesto de un país pequeño como Estonia. Además los instructores de la OTAN no van a enseñar así como así las tecnologías militares occidentales a los estonios.

Pero el verdadero problema para la Alianza es Kaliningrado, el enclave ruso en el Báltico, donde hay un gran agrupación de tropas rusas. Tanto en Tallin, como en Bruselas y Washington entienden que ni un batallón, ni cinco, podrían lanzar una ataque contra San Petersburgo desde la ciudad estonia de Narva.

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Los ‘antimilitaristas’ son los cómplices de los yihadistas en España

Aday Quesada

En España los colectivos supuestamente “antibelicistas” han tratado en los últimos tiempos, con escaso éxito, de movilizar a la opinión ciudadana en favor de los grupos terroristas proccidentales que actúan en Siria.

Una de esas organizaciones es el MOC (Movimiento de Objeción de Conciencia), creado por José Beúnza, el primer objetor de conciencia de la historia de España. Según precisaba Andrei Kononov en un artículo titulado “El movimiento antimilitarista en España: un agente al servicio del imperialismo?”, el MOC es una organización adscrita a la “Internacional de Resistentes a la Guerra”, una entidad que ha prestado y presta un indisimulado apoyo a los activistas del Euromaidán ucraniano y de la oposición golpista venezolana.

Según consta en la página web de esta “Internacional”, uno de sus principales representantes en España es el colectivo Antimilitaristas.org -conocido por Insumissia- desde cuyas publicaciones se hace una encendida defensa de las fraudulentas “revoluciones de colores” de la denominada “Primavera Árabe”.

En el curso de los últimos meses, los colectivos “antimilitaristas” y de objeción de conciencia han estado particularmente movilizados para lograr que en el Estado español se generara un movimiento a favor de la “pacificación en Siria”. Se trata de un reclamo tardío. Durante los últimos cinco años, Siria ha estado sometida a una auténtica invasión extranjera, protagonizada por los países occidentales y por los grupos yihadistas ultraconservadores, a las órdenes de las monarquías feudales de la península arábiga. En el curso de la misma se calcula que ha muerto más de un millón de personas. Durante todos estos años, las voces que pudieron escucharse en los grandes medios internacionales reclamaban  una victoria sin concesiones de los grupos ultraconservadores. Éstos fueron visitados con gran despliegue publicitario por destacados políticos de la Unión Europea y de los Estados Unidos, que les expresaron su solidaridad y apoyo.

Justo cuando la situación militar ha dado un giro de 180 grados, nuestros “pacifistas” y “objetores de conciencia” han comenzado a reclamar hipócritamente la “pacificación de Siria”. Lo que podría haber sido un loable deseo, a estas alturas no se puede interpretar más que como una trampa artera, urdida sin duda con el deliberado propósito de confundir. Y ello sea dicho sin prejuzgar la ingenuidad de no pocos integrantes de esas ONG que, con muy buenos deseos pero con poca cabeza, desconocen los datos y significados de la raíz de este conflicto.

En Canarias, las organizaciones de objeción de conciencia, como el MOC, son exiguamente minoritarias. No tienen incidencia social alguna, aunque aún así tratan de vender entre nosotros la mercancía averiada de los “Cascos Blancos”.

Según obra en nuestro conocimiento, el MOC grancanario realizó una “presentación semiclandestina” de esa organización en Las Palmas. Presentaron su acto como una reflexion sobre Siria. Luego, de rondón, metieron una conexión directa con los hombres del agente James Le Mesurier. Según nuestras fuentes, el secretismo de la presentación estuvo motivado por el temor a que se presentaran en el acto gente que cuestionaran los argumentos defendidos por “los héroes” recientemente galardonados. Pensamos, sin embargo, que hubiera resultado de mucho interés ese careo ideológico. Pero nuestros peculiares objetores prefirieron la “clandestinidad” a la confrontación argumental. Y fue, naturalmente, peor para todos nosotros.

http://canarias-semanal.org/not/19997/el-fraude-de-los-cascos-blancos-y-sus-simpatizantes-en-espana-y-en-canarias/
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Montenegro: el escenario del crimen se incorpora a la OTAN

Una muestra del clima de golpe de Estado que ondea por la Casa Blanca es el artículo publicado por la revista Foreign Affairs, en el que sus autores afirman que el ingreso de Montenegro en la OTAN es una prueba para comprobar si Trump sigue siendo “amigo” de Putin y va a firmar con él otro Tratado de Yalta o si, por el contrario, va a defender -por fin- los intereses de Estados Unidos.

El asunto tiene su miga. Como ven, no sólo los seudomarxistas equiparan a unos (Estados Unidos) con otros (Rusia) para concluir que son igualmente imperialistas. En Washington también piensan lo mismo: que uno (Trump) y otro (Putin) son amigos. Como consecuencia de ello, ponen toda la carne en el asador por no tener amigos o, por lo menos, por no tener ese tipo de amigos (rusos).

Para lo del Tratado de Yalta no es necesario recurrir a Foreign Affairs porque es uno de tantos tópicos, naturalmente falsos, que se pueden encontrar a miles en cualquier buscador de internet: como la URSS (antes que Rusia) también era un Estado imperialista, se repartió con los demás firmantes (Gran Bretaña y Estados Unidos) el mundo en zonas de influencia.

Al tópico se le puede dar la vuelta del revés: como la URSS se repartió el mundo en Yalta con las potencias imperialistas, era tan imperialistas como ellas. Ya ven: son todos iguales. Da lo mismo Estados Unidos que Rusia; todos (los imperialistas) son iguales, todos quieren lo mismo…

Esa es la conclusión de quienes, seudomarxistas o no, reconvierten la historia en historieta, aunque en Washington los buitres añaden a los tópicos el ingrediente de lo concreto que los otros eluden: la incorporación de Montenegro, un país con un ejército de 2.000 soladados, a la OTAN para defenderse del imperialismo ruso, el expansionismo ruso, la agresión rusa…

Es el mundo del revés: la agresión no consiste en expandir, aunque sea de manera minúscula, una alianza militar sino que la misma se refuerza para defenderse de una agresión previa a Montenegro (que nadie ha visto por ninguna parte). Es la incorporación número 29 a la OTAN, por lo que debemos concluir que Rusia ha amenazado a 29 países, ya que la excusa es siempre la misma: el expansionismo ruso.

No hay nadie mínimamente serio en el mundo capaz de sostener tamaña excusa. Incluso en Estados Unidos un comentarista se ha burlado escribiendo que si la lucha contra el expansionismo ruso tuviera que depender de la aportación militar de Montenegro a la OTAN, sería mejor esconder la cabeza bajo la almohada.

Naturalmente, las explicaciones hay que buscarlas por otro lado. Uno de esos equipos de planificación que proliferan cerca del Pentágono ha explicado que se trata de enviar una señal clara a la OTAN para recordar quién manda y quién toma las decisiones, tanto si son importantes como si son tan irrelevantes como la incorporación de Montenegro. En la OTAN Estados Unidos no admite ninguna clase de vetos a sus propuestas.

En setiembre el subsecretario de Defensa, Michael Carpenter, largó ante el Senado la rehaíla de tópicos sobre qué países se pueden incorporar y qué países no se pueden incorporar a la OTAN, una decisión que depende de la catalogación que haga Estados Unidos de los candidatos, esto es, del marchamo de democracia, libertad, derechos humanos y demás etiquetas que ellos mismos ponen y quitan.

La entrada de Montenegro en la OTAN le pone, pues, el sello de calidad, la denominación de origen democrática.

Hay que volver a repetir que la realidad transcurre justamente por el camino contrario a las etiquetas del Pentágono, la Casa Blanca y el Senado de Estados Unidos: Montenegro es otro de esos Estados mafiosos creado por el imperialismo tras la Guerra de los Balcanes y la destrucción de la antigua Yugoeslavia. En el aeropuerto de Podgorica, la capital, los montenegrinos verán aterrizar a los mismos aviones de la OTAN que les bombardearon y masacraron en 1999.

Sólo Kosovo está a la altura delincuencial de Montenegro. Con una población de 600.000 habitantes, Montenegro cuenta con más de 100 asesinatos políticos sin resolver y, como bien dice Sputnik, “no se trata solo de ideología, sino de una dura lucha por el poder y por intereses financieros” (*).

Durante 30 años el Primer Ministro de Montenegro ha sido Milo Djukanovic, que en 2015 recibió de una ONG el primer premio al crimen organizado, la corrupción, los ajustes de cuentas, el blanqueo de dinero, el tráfico de armas, de drogas… Es uno de esos criminales al que el imperialismo ha convertido en Primer Ministro.

El contrabando de tabaco es la punta del icerberg del crimen organizado en Estado, un ejemplo de tantos delitos asociados al gobierno de Podgorica y a la mafia italiana. El director del contrabando de tabaco es Dusko Markovic, antiguo jefe de la seguridad del Estado, actual Primer Ministro y hombre de paja de Djukanovic, que además de lucrarse con el contrabando es el instigador del asesinato de un conocido editor montenegrino.

Sin embargo, al repasar las escasas noticias que circulan por el mundo sobre Montenegro, lo que sobresalen son los malévolos planes de Putin para asesinar a Djukanovic. En una entrevista a la revista Time, su sicario Markovic se vanagloriaba de haber desarticulado una organización integrada por 24 espías, dos de ellos de nacionalidad rusa, que pretendían provocar incidentes e incluso “un conflicto armado” que serviría de pretexto para tomar el poder e impedir la incorporación del país a la OTAN.

El corolario es más que obvio: para impedir los disturbios y que los espías rusos tomen el poder, Montenegro se debe incorporar a la OTAN. La revista Time denuncia el imperialismo y expansionismo rusos en los mismos términos que los seudomarxistas: “Ha comenzado una nueva batalla por Europa. Del Báltico a los Balcanes y del Mar Negro a Gran Bretaña, Vladimir Putin trata de reconstruir el imperio ruso 25 años después de la caída de la Unión Soviética”. Las críticas de Trump a la OTAN, añade Time, le hacen el juego al imperialismo ruso. Luego hay que reforzar la OTAN con nuevas adhesiones, como la de Montenegro.

También es la mejor manera de salvaguardar los intereses de un Estado dirigido por mafiosos.

(*) https://mundo.sputniknews.com/politica/201703051067379784-montenegro-otan-poblacion/
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Operación Gladio: la OTAN en las cloacas de los Estados europeos

El diputado Gelli y el terrorismo de Estado
Olivia Camp
31 de mayo de 1972: una pareja de carabineros se acerca a un Fiat 500 abandonado, en un bosque cercano al pueblo de Peteano. Al levantar el capó, el coche explota. Uno de los policías muere en el acto, el otro queda gravemente herido. Dos días después una llamada en nombre de las Brigadas Rojas reclama la autoría del atentado.

19 de julio de 1984: Vicenzo Vinciguerra, miembro del grupo neofascista italiano Ordine Nuovo, declara ante el juez Felice Casson —que había reabierto el caso Peteano al descubrir numerosas irregularidades en la investigación— que el atentado fue obra de una red paramilitar clandestina de la OTAN, formada por miembros de los servicios secretos del Estado y por militantes de extrema-derecha, como él.

24 de octubre de 1990: el primer ministro italiano, el demócrata-cristiano Giulio Andreotti, hace pública ante el Parlamento una declaración que informa sobre la existencia —desde los años 60— de un ejército clandestino en Italia, organizado por la OTAN y la CIA, con conexiones por toda Europa occidental; una red que, en Italia, será conocida como Gladio.

Gladio —o Red Gladio, Operación Gladio— fue finalmente el nombre con el que se dio a conocer a todas las estructuras secretas de la OTAN que operaron con intensidad en Europa durante la guerra fría, un ejército de las llamadas actividades Stay Behind. Estos “ejércitos secretos” —como los denominó el historiador suizo Daniele Ganser— fueron entrenados y formados con el asesoramiento y supervisión de la CIA desde el mismo final de la Segunda Guerra Mundial. Su objetivo original, presuntamente, era preparar un extenso cuerpo de infiltración que actuase en caso de una invasión soviética de Europa occidental. Dicho escenario nunca se dio, por supuesto, pero estas fuerzas de la OTAN se mantuvieron movilizadas. Desde finales de los años 60, y sobre todo durante los 70, cuando la idea de la invasión soviética resultaba descabelladamente ridícula, la tarea de las fuerzas Stay Behind de la organización del Atlántico Norte fue la de la desestabilización de los partidos comunistas de los países del occidente europeo. Italia era el país en el que los comunistas contaban con un mayor arraigo popular, fue por este motivo que la actividad terrorista de Gladio encontró allí su escenario más habitual; y llegaron los conocidos “años de plomo”.

El atentado de Peteano no fue la primera ni la última de las múltiples acciones de falsa bandera de Gladio en Italia. La táctica era deleznable, pero efectiva: se provocaba una masacre y se hacía responsable de ella a grupos de extrema izquierda. El fin venía dado: generación de un clima de miedo, lo que fue denominado como “estrategia de la tensión”, que justificaba de cara a la opinión pública la persecución política sobre militantes de izquierda, y fomentaba un descrédito, fundamentalmente, de los comunistas, presentados como terroristas.

El 25 de abril de 1969 explotan dos bombas en Milán, una en la Feria y otra en la Estación Central de trenes, dejan numerosos heridos, pero ningún muerto. El 12 de diciembre de 1969 hace explosión una bomba en Piazza Fontana, de nuevo en Milán, en el Banco Agrícola; esta vez sí hay muertos, dieciséis. El 22 de julio de 1970 una bomba mata a seis personas en la estación Gioia Tauro, y deja sesenta heridos. En el 72 explotó el Fiat de Peteano. El 28 de mayo de 1974 explota una bomba en una manifestación antifascista en Brescia: cuatro muertos. El 4 de agosto del mismo año, una explosión en el tren de Roma a Munich deja 12 fallecidos. La mayor de las masacres ocurre en 1980, el 2 de agosto, en la estación de trenes de Bolonia: ochenta y cinco muertos y más de doscientos heridos, el atentado más grave en la historia de Italia después de la guerra.

El atentado de Bolonia fue considerado por el gobierno de Francesco Cossiga como un accidente, en un primer momento; posteriormente, fue de nuevo atribuido a las Brigadas Rojas. No fue hasta 1995 cuando se condenó a los verdaderos responsables del mismo: Valerio Fioravanti y Francesca Mambro, neofascistas de Ordine Nuovo; fueron también condenados por encubrimiento dos miembros del SISMI, el servicio secreto militar italiano; y por los mismos motivos encausado el diputado Licio Gelli, viejo camisa negra reconvertido en agente de la CIA y líder de la poderosa logia Propaganda Due, que consiguió escapar a Suiza para evitar el procesamiento.

La declaración parlamentaria de Andreotti en octubre de 1990 supuso una monumental conmoción en Italia. El viejo político no había tenido un arranque de honestidad, sus palabras, desde luego, no estaban movidas por la conciencia o la culpa. Las motivaciones de Andreotti para destapar el escándalo nacen de un callejón sin salida, el que se había comenzado a dibujar con las investigaciones judiciales de Casson y de otros jueces, y en el que los aparatos del Estado, incluidos todos sus jefes de gobierno durante los 70 y 80, se estaban viendo encerrados. En 1988 el Senado italiano se vio obligado a crear una comisión de investigación, ante la vox populi que indicaba que algo olía a podrido en la versión oficial de la violencia de los “años de plomo”. Con algunos de los escuadristas neofascistas a sueldo de la OTAN y la CIA entre rejas y desvelando todo el entramado de Gladio, la verdad no tardaría en manchar la reputación de quién sabía cuántos políticos, empresarios e instituciones del Estado. Andreotti trató de adelantarse al escándalo, a fin de esgrimir su desconocimiento, y declarar que, en cualquier caso, él no vinculaba la existencia de esta red con los atentados de los años 70.

Tal fue la repercusión del descubrimiento público de Gladio que el Parlamento Europeo se vio obligado a aprobar una resolución en noviembre de 1990 reconociendo la existencia de dicha organización, la dirección de la OTAN y los actos terroristas, y llamando a los Estados en cuyos países se hubiera identificado esta estructura —que eran los doce que componían entonces la UE— a desmantelar lo que de ellas pudiera aún existir. La resolución exigía a los países en cuestión la apertura de comisiones de investigación, y la comunicación de dicha resolución a la OTAN y al gobierno de los Estados Unidos. Solo se formaron estas comisiones en Italia, Bélgica y Suiza. Ni la OTAN, ni los EEUU, como el resto de Estados, abrieron investigación alguna.

Es triste que en la actualidad, tan pocos años después de desvelado uno de los mayores casos de terrorismo de Estado y criminalidad política de la OTAN y la CIA, no haya ecos en la opinión pública. Es triste que, al contrario, y a pesar de las resoluciones y dictámenes oficiales, una verdad histórica tal sea tenida como una más de las teorías de la conspiración. Significa que vienen tiempos más oscuros aún.

http://drugstoremag.es/2015/10/gladio-italia-diario-de-la-otan-en-las-cloacas-del-estado/
Gelli: del fascismo a la OTAN (y de la OTAN al fascismo)
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La OTAN utiliza a Armenia para extender el cerco contra Rusia al flanco sur de la frontera

Hovannissian y Sefilian
Ayer el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, se entrevistó con el Presidente armenio Serge Sarkissian en la propia sede de la alianza imperialista para extender el cerco contra Rusia a la región del Cáucaso.

En marzo del año pasado Stoltenberg mantuvo otra entrevista con el ministro armenio de Asuntos Exteriores, Edward Nalbandian, y con el de Defensa, Seyran Ohanian, lo que demuestra el interés del imperialismo por el flanco sur de la frontera rusa, que también supondría acercar a los imperialistas a Irán y Siria, es decir, al polvorín de Oriente Medio.

No obstante, Armenia aún tiene la pelota en el tejado y no sabe de qué lado va a caer, lo que explica el conato de “Plaza Maidan” que se produjo en junio de 2015 y el intento de asalto a la comisaría de policía del barrio de Erebuni, en Erevan, la capital armenia, inmediatamente después de la entrevista de los ministros armenios con Stoltemberg el año pasado.

Las acciones formaban parte de un plan de golpe de Estado y tenían relación con la guerra larvada entre Armenia y Azerbaián por el Alto-Karabaj, una de cuyas últimas batallas, que duró cuatro días, se produjo en abril del año pasado. Pero sin necesidad de remontarse tan lejos, este fin de semana también se produjeron tiroteos en la línea de demarcación de las tropas de ambos bandos, algo que ya no es noticia.

Después del genocidio de hace un siglo, Armenia sobrevive gracias a la URSS y, lógicamente, aún mantiene fuertes lazos con Rusia, que la OTAN pretende erradicar totalmente, por las buenas o por las malas, mediante la diplomacia o mediante alguna desestabilización de colores.

Los manifestantes que salieron a la calle en junio de 2015 protestaban por el elevado precio de la electricidad, aunque había otro motivo no explícito: la empresa que suministra electricidad a Erevan es propiedad de Igor Sechin, uno de los más estrechos colaboradores de Putin del que ya hemos hablado algo en otra entrada.

Al mismo tiempo, una de las organizaciones que promovía las protestas era el Frente Revolucionario Armenio, que defiende la anexión por la fuerza del Alto-Karabaj, es decir, que al tiempo que criticaban la presencia rusa en Armenia pretendían incrementar la de Armenia en aquella región en disputa.

También exigían, lo mismo que los asaltantes de la comisaría de policía, la liberación de Jirair Sefilian, que permanece preso en la cárcel. Como tantos otros políticos de los antiguos países que formaron parte de la URSS, Sefilian nació en la diáspora, en Líbano, donde en los años ochenta luchó en defensa de las fuerzas armenias y cristianas, es decir, del lado falangista.

En 1990 retornó a Armenia, poniendo su experiencia militar al servicio del nuevo ejército en la guerra del Alto-Karabaj, llegando a obtener el grado de coronel. Abandonó el ejército por la política, ensayando en varias organizaciones, hasta que se asoció con Raffi Hovannissian, otro armenio de la diáspora retornado de Estados Unidos.

Sefilian ha sido detenido en varias ocasiones y, en cuanto a Hovannissian basta decir que es el agente de Soros en la región y ha formado parte de su sección georgiana al menos desde 2011, de la cual hay que recordar que tiene una estrecha relación con dos acontecimientos capitales: la desestabilización del gobierno georgiano en 2003 y la exportación de políticos georgianos a Ucrania a partir de 2004.

Los hilos de los manejos de la OTAN en el Cáucaso llevan muy lejos. Por ahora sólo añadiremos que los cables de Wikileaks ponen de manifiesto los estrechos vínculos de Hovannissian con Marie Yovanovitch, la embajadora de Estados Unidos en Armenia, en Kirguistán y en… Ucrania.

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La guerra nuclear contra China no es ninguna sombra

John Pilger

Cuando fui a Hiroshima en 1967, la huella de la sombra sobre las aceras estaba allí todavía. Era una impresión casi perfecta de un ser humano confiado: las piernas separadas, la espalda curvada, una mano sobre su costado mientras que la otra esperaba la apertura de un banco. A las ocho y cuarto de la mañana del 6 de agosto de 1945, la persona y su silueta quedaron grabadas en el granito. He contemplado la sombra durante una hora o mas, inolvidable. Cuando he regresado muchos años después, ya no estaba: trasladada, desaparecida, una molestia política.

Estuve dos años realizando un documental titulado “La próxima guerra contra China”, donde las pruebas y los testigos nos avisan sobre el hecho de que la guerra nuclear no es una sombra, sino una posibilidad. La mayor acumulación de fuerzas armadas norteamericanas desde la Segunda Guerra mundial esta en marcha. Están en el hemisferio norte, sobre las fronteras occidentales de Rusia, en Asia y en el Pacífico, frente a China. El gran peligro que esto suscita no es noticia, o bien se oculta y se deforma, mediante un alboroto de burdas informaciones falsas que hace eco del miedo psicópata impuesto a la conciencia pública durante gran parte del siglo XX.

De la misma manera que el renacimiento de la Rusia post soviética, el ascenso de China como potencia económica es calificada de “amenaza existencial” al derecho divino de Estados Unidos de regular y dominar los asuntos de la humanidad. Para luchar contra esto, en 2011 el presidente Obama anunció un “pivot hacia Asia” lo que significa que cerca de dos tercios de las fuerzas navales estadounidenses se transferirían hacia Asia y el Pacífico de aquí a 2020. Hoy, más de 400 bases militares norteamericanas rodean China con misiles, bombardeos, navíos de guerra y, especialmente, con armas nucleares. De Australia al Japón y a Corea, a través de Pacífico y a través de Eurasia, de India a Afganistán, las bases forman, en palabras de un estratega norteamericano, “el perfecto nudo corredizo”.

Un estudio de la RAND Corporation (que desde la de Vietnam ha planificado las guerras de Estados Unidos) se titula “Guerra con China. Pensar lo impensable”. Por encargo del ejercito, los autores recuerdan la Guerra Fría, cuando RAND hizo famoso el slogan de su principal estratega, Herman Khan: “Pensar lo impensable”. El libro de Khan, “Sobre la guerra termonuclear”, elaboraba un plan para una guerra nuclear “con posibilidades de ganar” a la Unión Soviética. Hoy su punto de vista apocalíptico se ve compartido por los que detentan un auténtico poder en Estados Unidos: los militaristas y los neoconservadores en el gobierno, en el Pentágono, en el establishment de los servicios de inteligencia de seguridad nacional y en el Congreso.

El secretario de Defensa de Obama, Ashton Carter, un fanfarrón muy hablador, afirmó que la política de Estados Unidos es hacer frente “a aquellos que comprueban la dominación de Estados Unidos y quieren eliminarla”.

Si hay un atisbo de renovación en la política exterior está precisamente en la visión de Donald Trump, cuya retórica abusiva sobre China durante la campaña electoral atribuyó a esta el calificativo de “violadora” de la economía estadounidense. El 2 de diciembre, en una provocación directa contra China, el presidente electo Trump se dirigió al presidente de Taiwán, que China considera como una provincia renegada. Provista de misiles norteamericanos, Taiwán es un núcleo de tensión permanente entre Washington y Pekín.

“Estados Unidos”, escribe Amitai Etzioni, profesor de Asuntos exteriores en la Universidad George Washington, “se preparan para una guerra con China, si bien la decisión aún no ha sido examinada por los políticos electos, Casa Blanca y Congreso”. Esta guerra comenzaría por un “ataque ciego contra las instalaciones chinas de defensa territorial, incluyendo lanzaderas de misiles terrestres y marítimos […] satélites y antisatélites”. El riesgo incalculable es que “los ataques profundos en el interior del territorio podrían ser percibidos equivocadamente (?) por los chinos como intentos preventivos de destruir sus armas nucleares, haciéndoles caer en el terrible dilema de “no hay nada que perder”, que conduciría a una guerra nuclear”.

En 2015 el Pentágono publicó su manual sobre la “Ley de guerra”, en donde se indica: “Estados Unidos no han aceptado ningún tratado que prohíba el empleo de armas nucleares, por lo que las armas nucleares son armas legales para Estados Unidos”.

En China un estratega me dijo que “nosotros no somos su enemigo, pero si ustedes [en Occidente] deciden que lo somos, debemos prepararnos sin retraso”. El ejército y el arsenal chino son pequeños con relación al de Estados Unidos. “Por primera vez”, escribe Gregory Kulacki, de la Unión de Científicos Comprometidos, “China contempla poner sus misiles nucleares en estado de alerta a fin de que puedan ser lanzados rápidamente en previsión de un ataque […] Esto seria un peligro importante y un peligroso cambio en la política china […] En efecto, las políticas nucleares de Estados Unidos son el más importante factor externo que influencia las decisiones chinas de elevar el nivel de alerta de sus fuerzas nucleares”.

El profesor Ted Postol fue consejero científico del jefe de las operaciones navales norteamericanas, una autoridad en las armas nucleares. Me dijo que “todo el mundo aquí quiere ser visto como malvado. Vea cómo me he convertido en un cabecilla… No tengo miedo de hacer lo que sea militarmente, no temo amenazar, soy un gran gorila de pecho velludo. Y hemos entrado en un estado mental, Estados Unidos han entrado en una situación en la que hay mucho ruido de botas, y realmente se ha orquestado al más alto nivel”. Le respondí que era algo que parecía increíblemente peligroso.

En 2015, y en el mayor de los secretos, Estados Unidos ha organizado el más importante ejercicio militar desde la Guerra Fría. Era Talisman Sabre: un ejército de buques y de bombarderos de largo alcance simulando un “concepto de batalla aérea y naval contra China”, bloqueando las vías marítimas en el estrecho de Malaca y cortando el acceso de China al petróleo, el gas y otras material primas procedente de Oriente Medio y África.

Tamaña provocación y el temor de un bloqueo por parte de la flota americana convencieron a China para construir febrilmente pistas de aterrizaje estratégico sobre los arrecifes en disputa y los islotes de las islas Spratleys, en el Mar de la China Meridional. El pasado julio el Tribunal Permanente de Arbitraje de Naciones Unidas ha rechazado la reivindicación de soberanía china sobre estas islas. Aunque la acción haya sido de forma oficial presentada por Filipinas, se ha defendido ante el tribunal por abogados estadounidenses y británicos de primera línea, y la pista podría llevarnos hasta la ex secretaria de Estado Hillary Clinton.

En 2010 Clinton se trasladó a Manila. Exigió que la antigua colonia norteamericana reabriera las bases militares yanquis cerradas en los años 90 como consecuencia de una campaña popular contra la violencia que generaban, en particular contra las mujeres filipinas. Declaró que la reivindicación de China sobre las Islas Spratleys, situadas a más de 7.500 millas de Estados Unidos, constituía una amenaza para su “seguridad nacional” y para la “libertad de navegación”. El gobierno del presidente filipino Benigno Aquino, que recibió millones de dólares en armas y equipamiento militar, interrumpió las conversaciones bilaterales con China, y firmó un acuerdo secreto de cooperación intensificada con Estados Unidos. Este acuerdo concedió cinco bases rotatorias a Estados Unidos y reinstauró una disposición colonial detestada, según la que los empresarios civiles y las fuerzas yanquis estaban fuera de la jurisdicción del derecho filipino.

La elección de Rodrigo Duterte en abril [de 2016] ha trastocado a Washington. Autocalificándose de socialista, declaró que “en sus relaciones con el mundo, Filipinas buscará una política extranjera independiente”, destacando que Estados Unidos no se habían disculpado por sus atrocidades coloniales. “Voy a romper con Estados Unidos”, dijo, prometiendo expulsar a las tropas norteamericanas. Pero Estados Unidos continúan en Filipinas, y los ejercicios militares conjuntos continúan.

En 2014, bajo el imperio de la “dominación mediante la información”, jerga del Pentágono para denominar a la manipulación de los medios y la difusión de noticias falsas, labor a la que se destinan 4.000 millones de dólares al año, la administración Obama lanzó una campaña de propaganda contra China calificándola de amenaza para la “libertad de navegación”. Fue la CNN la que abrió el camino, con su “periodista de seguridad nacional” embarcado en un vuelo de vigilancia de la Marina norteamericana hablando con entusiasmo de las Islas Spratleys. La BBC convenció al piloto filipino, asustado, para que dirigiera su Cessna monomotor [un avión de turismo] hacia las islas en disputa “para ver como reaccionaban los chinos”. Ninguno de estos periodistas se preguntó por qué los chinos construían pistas de aterrizaje a lo largo de su propio litoral, ni por qué las fuerzas militares norteamericanas se agolpan a las puertas de China.

El propagandista en jefe nombrado es el almirante Harry Harris, comandante militar norteamericano en Asia y en el Pacífico. “Mis responsabilidades”, dice al New York Times, “cubren un territorio que va desde Bollywood [India] a Hollywood, de los osos polares a los pingüinos”. Nunca se ha descrito la dominación imperial de forma tan miserable. Harris es uno de los numerosos almirantes y generales del Pentágono que ha reunido una selección de periodistas maleables para justificar una amenaza tan capciosa como aquella con la que George W. Bush y Tony Blair justificaron la destrucción de Irak y de la mayor parte de Medio Oriente. En Los Ángeles y el pasado septiembre, Harris declaró que estaba listo “para enfrentarse a una Rusia revanchista y a una China segura de si misma […] Si tuviéramos que luchar ahora, esta tarde, no quiero que sea un combate leal. Si es una pelea a cuchillo, sacaré un revólver. Si es un tiroteo, llamaré a la artillería […] y a todos nuestros socios con su artillería”.

Estos socios comprenden a Corea del sur, que alberga la base de lanzamiento del “Sistema de Defensa aérea de Gran Altura” del Pentágono, conocido con el nombre de THAAD, supuesto encargado de apuntar contra Corea del norte. Como indica el profesor Postol, apunta contra China.

En Sidney, Harris ha convocado a China para que “destruya su Gran Muralla en el Mar de la China Meridional”. La iconografía estaba en la portada de los medios. Australia es el socio más obsequioso de Estados Unidos. Su élite política, sus fuerzas armadas, sus agencias de investigación y sus medios de información están integrados en los que se denomina la alianza. El cierre del puerto de Sidney para el séquito de un dignatario estadounidense de visita no es raro. El criminal de guerra Dick Cheney tuvo derecho a este honor.

Aunque China sea el mayor socio comercial de Australia, sobre la que reposa una gran parte de su economía nacional, “enfrentarse a China” es la obligación marcada por Washington. Los pocos disidentes políticos de Canberra se arriesgan a las iras maccarthistas de la prensa Murdoch [magnate de la prensa de nacionalidad australo-norteamericana]. “Ustedes, los australianos, están con nosotros, pase lo que pase”, ha declarado uno de los arquitectos de la guerra de Vietnam, McGeorge Bundy. Una de las bases más importantes de Estados Unidos es Pine Gap, cerca de Alice Springs. Establecida por la CIA para espiar a China y a toda Asia, contribuye de manera esencial a la guerra mortal de Washington, efectuada mediante drones en Medio Oriente.

En octubre Richard Marles, portavoz de la defensa del principal partido de oposición australiano, el Partido Laborista, exigió que las “decisiones operativas” con ocasión de las acciones de provocación contra China sean cedidas a los mandos militares en el Mar de China Meridional. En otros términos, una decisión que podría suponer una guerra con una potencia militar no debiera ser tomada por un cargo elegido o un Parlamento, sino por un almirante o por un general.

Se trata de la línea del Pentágono, que históricamente ha sido divergente de todo Estado que se pretenda democrático. La influencia del Pentágono sobre Washington, que Daniel Ellsberg ha calificado de golpe de Estado silencioso, se refleja en la suma record de 5.000 millones de dólares que Estados Unidos dedica a sus guerras agresivas desde el 11 de Septiembre de 2001, según un estudio de la Universidad Brown. El millón de muertos de Irak y la huída de 12 millones de refugiados de al menos cuatro países son sus consecuencias.

La isla japonesa de Okinawa cuenta con 32 instalaciones militares, desde la que han partido ataques norteamericanos contra Corea, Vietnam, Camboya, Afganistán e Irak. Hoy su principal blanco es China, con la que los habitantes de Okinawa tienen estrechos lazos culturales y comerciales. Constantemente hay aviones militares en el cielo sobre Okinawa. A veces hacen vuelos rasantes sobre viviendas y escuelas. La gente no puede dormir, los enseñantes no pueden enseñar. A cualquier parte de su propio país que vayan se ven rodeados de vallas que les aíslan del exterior. Un movimiento anti-base se fue desarrollando en Okinawa después de que una chica de 12 años fuera violada por tropas norteamericanas en 1995. Era uno de los centenares de delitos de este tipo que nunca fue perseguido. Apenas mencionada en el mundo, la resistencia asistió a la elección del primer gobernador anti-base del Japón, Takeshi Onaga, quien representó un inesperado obstáculo para el gobierno de Tokio y para los planes del Primer Ministro ultranacionalista Shinzo Abe de abolir la Constitución pacifista.

Fumiko Shimabukuro, de 87 años de edad, formó parte de este movimiento de resistencia. Era una superviviente de la Segunda Guerra Mundial, cuando la cuarta parte de los naturales de Okinawa murieron durante la invasión norteamericana. Fumiko y centenares más se refugiaron en la bella bahía de Henoko, que intentaron salvar mediante la resistencia. Estados Unidos querían destruir la bahía a fin de prolongar las pistas para sus bombardeos. “Teníamos que elegir, el silencio o la vida”, dice. Mientras que estamos reunidos pacíficamente en el exterior de la base norteamericana de Camp Schwab, un helicóptero gigante Sea Stallion planea sobre nosotros a fin de intimidarnos.

Al este del Mar de China está la isla coreana de Jeju, un santuario semitropical, lugar de patrimonio mundial declarado “Isla de la Paz Mundial”. Sobre esta isla ha sido construida una de las bases militares más provocadoras del mundo, a menos de 400 millas de Shangai. El pueblo de pescadores de Gangjeong se ve dominado por una base naval surcoreana concebida especialmente para los portaaviones norteamericanos, submarinos nucleares y destructores equipados con el sistema de misiles Aegis, orientados hacia China. La resistencia popular a estos preparativos de guerra existe en Jeju desde hace casi una década. Cada día, y a menudo dos veces al día, los vecinos, los sacerdotes católicos y todos sus partidarios organizan una misa que bloquea las puertas de la base. En un país en el que las manifestaciones políticas se ven prohibidas a menudo pero no así las grandes religiones, la práctica ha producido un espectáculo maravilloso. Un de sus dirigentes, el padre Mun Jeong-hyeon, nos dice: “Cada día canto cuatro canciones en la base, poco importa el tiempo. Canto incluso durante los tifones, sin excepción. Para construir esta base han destruido el entorno y la vida de los vecinos, y debemos dar testimonio de ello. Quieren gobernar el Pacífico, quieren hacer de China un país aislado en el mundo. Quieren ser los dueños del mundo”.

Vuelo desde Jeju a Shangai por primera vez desde hace más de una generación. La última vez que vine a China, el ruido más fuerte que recuerdo es el de los timbres de las bicicletas. Mao Tse Tung acababa de morir, y las ciudades aparentaban ser lugares sombríos, en donde convivían la anticipación y la espera. Algunos años más tarde Ten Xiao Ping, “el hombre que cambió China”, se convirtió en el jefe supremo. Nada me había preparado a los asombrosos cambios de hoy. China permite ver ironías exquisitas, como la casa de Shangai en donde Mao y sus camaradas fundaron clandestinamente el Partido Comunista chino en 1921. Hoy se encuentra en el centro de un barrio marítimo muy capitalista. Se sale de este santuario comunista, con un pequeño Libro Rojo y un busto en plástico de Mao para ir a meterse a los antros de Starbucks, Apple, Cartier y Prada.

¿Se sorprendería Mao? Lo dudo. Cinco años antes de su gran revolución de 1949, envió un mensaje secreto a Washington: “China debe industrializarse”, escribía, “y esto solo puede hacerse mediante la libre empresa. Los intereses chinos y americanos se integran económica y políticamente. Estados Unidos no tiene nada que temer de cooperar. No podemos arriesgarnos a entrar en conflicto”.

Mao se ofreció para un encuentro con Franklin Roosvelt en la Casa Blanca, y su sucesor, Harry Truman, y el siguiente, Dwight Eisenhower. Se le rechazó, o se le ignoró deliberadamente. La ocasión que hubiera podido cambiar la historia contemporánea, impidiendo las guerras en Asia y salvar innumerables vidas se perdió, porque la sinceridad de estos intentos fue negada en el Washington de los años 50, “cuando la fase catatónica de la Guerra Fría apretaba al país con su puño de hierro”, escribía entonces el crítico James Naremore. Las falsas noticias impuestas al gran público presentaba una vez más a China como una amenaza, encontrando el origen de esto en la misma mentalidad.

El mundo se desplaza inexorablemente hacia el este. Pero la visión asombrosa de Eurasia por parte de China apenas es comprendida en Occidente. La Nueva Ruta de la Seda es un corredor destinado al comercio: puertos, gaseoductos y trenes de alta velocidad hasta Europa. Como dirigente mundial de la tecnología ferroviaria, China negocia con 28 países itinerarios sobre los cuales los trenes alcanzarán los 400 kilómetros por hora. Esta apertura al mundo goza del la aprobación de una gran parte de la humanidad y, al mismo tiempo, une China y Rusia.

“Creo en la ‘excepción estadounidense’ con cada fibra de mi ser”, declara Barack Obama, recordando el fetichismo de los años 30. Este culto moderno a la superioridad lleva por nombre “americanismo”, el depredador dominante del mundo. Bajo el gobierno liberal de Obama, galardonado con el Premio Nobel de la Paz, los gastos para modernizar las ojivas nucleares han aumentado más que bajo cualquier otro presidente desde el fin de la Guera Fría. Una mini-arma nuclear está en preparación. Conocida con el nombre de B61 Modelo 12, significa según James Cartwright, antiguo vicepresidente de la Junta de Jefes del Estado Mayor, que “una bombas más pequeña [hace su empleo] más aceptable”.

El septiembre, el Consejo Atlántico, grupo de reflexión geopolítico estadounidense, ha publicado un informe que predecía un mundo hobbesiano “marcado por la ruptura del orden, el extremismo violento y una era de perpetua guerra”. Los nuevos enemigos serían una Rusia “que resurge” y una China “cada vez más agresiva”. Solo los heroicos Estados Unidos nos pueden salvar.

Esta propaganda de guerra tiene una cualidad paradójicamente demencial. Es como si el “siglo americano” proclamado en 1941 por el imperialista estadounidense Henry Luce, dueño de la publicación “Time”, acabara sin preaviso, y nadie tuviera el valor de decir al emperador que recoja sus armas y se vuelva a casa.

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La policía de Lituania detiene a cinco soldados de la OTAN que estaban borrachos

La policía lituana tuvo que usar un taser o pistola eléctrica durante la detención de cinco soldados de la OTAN en la ciudad de Klaipeda, informa el portal Baltnews.lt, que cita al departamento de policía del Ministerio del Interior del país.

Según el portal, la noche del 18 al 19 de febrero varios soldados de la OTAN que se encontraban en estado ebrio protagonizaron una pelea cerca de un club nocturno. Los militares, que resultaron ser de nacionalidad checa, trataron de resistirse a la policía lituana, que se vio obligada a usar un taser.

Los militares checos llegaron el mes pasado a Klaipeda para participar a finales de febrero en ejercicios conjuntos de defensa de la costa del mar, escribe Baltnews.lt.

El portal recuerda que este incidente no es el primero en el que se ven involucrados militares de la OTAN, pues ya se han registrado conflictos entre soldados de la Alianza y residentes en Siauliai, Jonava, Kaunas y Vilna.

El destino de los militares checos de la OTAN que protagonizaron una pelea con la Policía lituana será decidido por su propio mando militar.

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El yihadismo como arma de guerra no convencional del imperialismo

Alejandra Loucau

La nueva cúpula de la CIA, presidida por Mike Pompeo, el flamante jefe mundial de espías y operaciones encubiertas elegido por el presidente Trump, hizo entrega de un premio al príncipe heredero saudí, Mohamad bin Nayef bin Abdulaziz Al Saud, en honor a su “lucha antiterrorista y sus contribuciones para asegurar la paz y la seguridad internacional”. Demasiadas ironías en una sola oración.

Inmediatamente después de este escandaloso acto condecorativo, numerosos analistas se aprestaron a juzgar el hecho como “una broma de mal gusto”, teniendo en cuenta no sólo la responsabilidad de la CIA en la creación y organización de las principales redes terroristas en todo el mundo, especialmente árabe, sino también el oscuro prontuario del reino saudí en el financiamiento y reclutamiento de los grupos extremistas activos en la región mediooriental. Pero el hecho en sí no sólo se trata de un acto de hipocresía de los que nos tienen acostumbrados los miembros de la alta política global; expresa además un elemento de continuidad en materia de política exterior que indica ciertos indicios de la relación entre el presidente Trump y su aún incierta estrategia hacia esta zona invadida, saqueada y destruida por las distintas caras de la intervención imperialista durante las últimas décadas.

Antes de adentrarnos en especulaciones debemos pensar qué tan ciertas o posibles pueden ser las ideas del nuevo presidente norteamericano, respecto a las intenciones declaradas de acabar “realmente” con Daesh y Al-Qaeda y, por decantación, con la estrategia de la CIA de utilizar al terrorismo como arma de guerra “no convencional” contra gobiernos opuestos a los planes norteamericanos. Para analizar este tema debemos tener en cuenta algunos elementos.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos creó oficialmente la CIA como parte fundamental de una nueva estructura de dominación global. La llamada Guerra de cuarta generación fue introducida en la doctrina militar norteamericana muchas décadas antes, pero cobró impulso en esta época como un cambio cualitativo en la forma de ejercer el poder. Así, Estados Unidos reemplazó la vieja doctrina de lo que Eric Hobsbawn llamó el  “imperialismo formal” (a través del cual las potencias coloniales dominaban y administraban de forma directa los pueblos subyugados militar y económicamente) por una doctrina más “informal” de dominación imperialista, que se desligó del problema de la administración colonial y la ocupación militar permanente, optando por utilizar mecanismos más indirectos, claro está, sin abandonar nunca la táctica de la intervención militar directa.

Tal orientación implicó, en el plano militar, el desarrollo de técnicas no convencionales y el uso de lo que se conoce actualmente como “guerra en las sombras” o “guerra sucia” para ejercer el dominio sobre países cuyos gobiernos eran hostiles a sus designios o ejercían algún tipo de obstáculo para los intereses de los capitales transnacionales. La manipulación de los medios de comunicación, la organización de atentados y asesinatos políticos, la tortura sistemática, el reclutamiento de mercenarios, etc. fueron elementos empleados en el marco de esta estrategia. El terrorismo fue apropiado por la CIA como un método ‘anónimo’ para producir el caos, la desestabilización o a la eliminación de actores políticos a escala internacional.

Hacia el final de la Guerra Fría surgió la Doctrina Reagan que comenzó a considerarse válida contra gobiernos o grupos con respaldo soviético, y que, años después, fue revitalizada ante los atentados del 11-S por la Doctrina Bush, que implicó el desarrollo de tácticas usadas contra diferentes insurgencias, el radicalismo, el crimen transnacional y otras actividades que se empezaban a denominar genéricamente como terroristas. Desde este punto de vista, se introducía una concepción de guerra total basada en operaciones políticas y psicológicas enmarcadas en conflictos de baja intensidad. De esta manera, la estrategia militar utilizada en este tipo de conflictos se convertía en política.

Transcurridos más de 15 años de los atentados de las torres gemelas y desde que la denominada “primavera árabe” llegó al mundo árabe, fuimos testigos del surgimiento y la multiplicación de numerosos grupos terroristas surgidos en el contexto de las desastrosas incursiones por parte de Estados Unidos, con la complicidad de las potencias de la OTAN, en Medio Oriente. Hay que recordar que el grupo terrorista EIIL (Daesh, en árabe) nació al calor de la intervención militar norteamericana en Libia, que culminó con el asesinato de su entonces presidente Muamar Gadafi, en 2011. Previamente a este suceso, los más altos estrategas norteamericanos junto a sus “seguidores” de la OTAN se encargaron de armar una compleja red de grupos radicales de índole terrorista que sirvieron como punto de apoyo para desencadenar desestabilización en aquellos países donde los gobiernos no fueran lo suficientemente colaborativos con sus intereses. La CIA formó parte constitutiva de esta orientación funcionando como nexo entre los servicios de inteligencia de las principales potencias mundiales y los colaboradores regionales. Dicha agencia organizó la entrada en Libia de estos grupos desde Túnez y Egipto, durante los bombardeos que realizó el gobierno francés.

Posteriormente, esos núcleos recibieron armamento a través de una red montada por la misma CIA cuando, después de haber ayudado al derrocamiento de Gadafi, pasaron a Siria en 2011 para derrocar a Al-Asad y seguidamente atacar Irak, en momentos en que el gobierno de Al Maliki se alejaba de Occidente y se acercaba a China y Rusia.

En consecuencia, se fueron diseminando los grupos extremistas por territorios particularmente estratégicos para asentar sus centros de mando. El infierno de la guerra y la anarquía resultaron un buen escenario para reclutar y entrenar a cientos de terroristas.

Cuando el presidente Obama puso en manos de la CIA la brillante idea de organizar a diversos grupos armados, la agencia “ya sabía que tenía un socio dispuesto a financiarla: Arabia Saudita”. Junto con Qatar, Jordania y los Emiratos Árabes Unidos, el reino wahabita “proporcionó armas y miles de millones de dólares, mientras que la inteligencia estadounidense dirigió el entrenamiento de los rebeldes”. Así lo documentó el New York Times en una investigación publicada el 23 de enero de 2016. Wikileaks hizo lo propio al sacar a la luz las conexiones entre la ex Secretaria de Estado y posterior candidata presidencial Hillary Clinton y el lobby saudí, para llevar adelante los mencionados planes.

Pero antes, George Bush Junior había declarado que los atentados del 11-S “fueron perpetrados por Al-Qaeda”, lo cual justificaba la invasión de Afganistán y posteriormente de Irak, luego de la escandalosa mentira mundial posteriormente probada de que Sadam Hussein albergaba en su territorio armas de destrucción masiva y planeaba utilizarlas contra la población norteamericana.

En 15 años, Estados Unidos había sacrificado a más de 10.000 vidas estadounidenses, mientras el saldo de ciudadanos medioorientales muertos fue de más de 2 millones, sin contabilizar el desplazamiento poblacional, la destrucción y la guerra inacabada en el continente. Durante todos esos años se ocultó el rol jugado por Arabia Saudí como cerebro de Al-Qaeda y, más concretamente, su relación con los terroristas que llevaron supuestamente a cabo los atentados del 11-S.

Pero la estrecha colaboración entre los servicios secretos de Estados Unidos y Arabia Saudí ya tenía sus antecedentes. En Angola la CIA apoyó, con financiamiento saudita, a los rebeldes que operaban contra el gobierno de Luanda, aliado de la URSS; en Afganistán Estados Unidos organizó una red de grupos extremistas para luchar con los soviéticos, que Arabia Saudita financió a través de una cuenta de la CIA en un banco suizo; los saudíes financiaron la operación de la CIA para ayudar a los contras en Nicaragua con 32 millones de dólares a través de una cuenta en las Islas Caimán, sólo por nombrar algunos casos recopilados por Red Voltaire.

Republicanos y demócratas han sabido aprovechar la especial relación con esta potencia del Golfo Pérsico que, a su vez, también ha recibido sus beneficios. Por ello nunca vimos que Estados Unidos condenara la violación de los derechos humanos o la ejecución de civiles entre las fronteras que protegen a esta monarquía. No obstante, este trabajo de colaboración desigual también se extiende a otras esferas. Arabia Saudí es principal exportador de crudo del mundo, de un gobierno que, por su poder es el único en el mundo árabe que puede contrarrestar el alcance regional de su archirrival Irán. De hecho, el Estado árabe constituyó una pieza clave para mantener los precios del petróleo bajos cuando estos comenzaron a desplomarse en el 2015. La petromonarquía se negó a recortar su cuota de producción, inclusive en su propio desmedro, para poder amortiguar la caída estrepitosa de la renta proporcionada por este recurso natural a partir de la disminución de la oferta. La medida fue tomada luego de una clara presión por parte de Estados Unidos, que sí logró sus cometidos al lograr desequilibrar rápidamente, en mayor o menor medida, los pilares de las economías de países que se resistían a sus órdenes como Venezuela, Rusia e Irán.

En el ocaso de su mandato, Obama aprobó una operación de venta de armas a los saudíes por un valor de 154,9 millones de dólares, en el medio de la feroz agresión que dicha monarquía sigue perpetrando aún hoy contra el pueblo yemení. Ya en 2014, Arabia Saudí se había convertido en el mayor importador de armas del mundo con la compra de equipamiento militar, principalmente de Estados Unidos, por un valor de 6.400 millones de dólares.

[…] El nuevo presidente Donald Trump no ve razón alguna para estropear tan provechosas relaciones. Si bien su administración, ya desde la época preelectoral viene declarando la intención de dejar de apoyar y financiar a grupos extremistas, no parece que la relación con los principales patrocinadores del terrorismo internacional vaya a menguar.

El objetivo principal de la utilización del terrorismo como arma se enmarca en la necesidad más general por parte de la principal potencia del mundo, de influir a través de actividades clandestinas en gobiernos extranjeros, organizaciones o personalidades, con el fin de lograr un escenario adecuado para la aplicación de su política exterior, sin tener que recurrir a la costosa (desde todo punto de vista) intervención militar clásica. Esta estrategia es constitutiva del aparato de dominación imperialista contemporáneo y, por ende, imprescindible para la conservación de la hegemonía en un mundo globalizado.

[…] Debemos analizar si efectivamente están dadas las condiciones para que el presidente Trump cambie de rumbo en la estrategia política exterior de Estados Unidos. ¿Dejará Trump en el pasado la táctica que promueve la utilización de actores indirectos como “contras” o “terroristas” en sus acciones internacionales, para pasar a desarrollar políticas de injerencia directa? ¿O combinará ambos métodos, como lo hizo el segundo presidente Bush? En el primer caso, el método resultaría por demás anacrónico y obsoleto, con casi ninguna esperanza de éxito para sus perpetradores; más bien nos hallaríamos ante el empleo de un recurso por extrema debilidad, que dejaría mucho más expuestos los mecanismos del poder imperialista. En el segundo, los resultados recientes no han sido nada exitosos para los paladines de la política imperialista y catastróficos para el resto de la humanidad.

En definitiva, sólo cuando se acabe la incertidumbre que genera el hoy imprevisible rumbo que marca el nuevo jefe de la Casa Blanca y el imperialismo norteamericano pase a la acción, se podrán resolver las actuales incógnitas, lo que nos pondrá a los incómodos analistas en la obligación de pensar la entrada en una nueva y desconocida era de “guerras no convencionales”.

http://www.resumenmediooriente.org/2017/02/18/trump-la-cia-y-medio-oriente-la-mano-invisible-de-la-guerra/

Reagan recibe en la Casa Blanca a los principales dirigentes de Al-Qaeda
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La OTAN también refuerza su presencia naval en el Mar Negro

Ayer los ministros de Defensa de los Estados miembros de la OTAN reunidos en Bruselas acordaron reforzar la presencia naval en el Mar Negro, donde ya han llevado a cabo maniobras militares recientemente.

En un comunicado oficial la OTAN declaró que tiene intención de multiplicar sus operaciones de reconocimiento aéreo en las costas, sin referirse a que se trata sólo de las costas y las aguas jurisdiccionales de Rusia.

Sin embargo, en una conferencia de prensa, el secretario general de la alianza imperialista, Jens Stoltenberg, negó expresamente que se tratara de un acto provocador para agudizar la tensión con Rusia, sino de “reforzar la presencia de la OTAN en el Mar Negro y hacer maniobras militares”.

Un alto oficial de la alianza manifestó que el plan de la OTAN es puramente defensivo. Se trata asegurar sus infraestructuras en dicho Mar y recolectar informaciones sobre el dispositivo ruso de defensa, especialmente sus misiles tierra-aire, añadió.

La actividad militar de la OTAN en las fronteras con Rusia es obsesiva. La semana pasada anunció que siete buques de la alianza realizaron ejercicios de guerra antisubmarina en el Mar Negro en el marco de las maniobras Escudo Naval 2017, que comenzaron oficialmente el 1 de febrero y de las que forma parte España.

Desde el Báltico hasta Sebastopol, la OTAN ha vuelto a levantar el Telón de Acero, aunque en este flanco sur tiene un problema: la Convención de Montreux de 1936 limita a tres semanas la presencia de barcos militares de países sin salida al Mar Negro en las aguas del mismo.

Por esa razón la OTAN está buscando una excusa para que su presencia se pueda hacer permanente y necesita recurrir a los recién llegados, países ribereños, como Rumanía. Estos monaguillos de última hora propusieron crear una “flota conjunta” de la OTAN en el Mar Negro, un plan apoyado por Ucrania y por Turquía, hasta que en julio fracasó del golpe de Estado impulsado por… la OTAN.

La OTAN también lo tiene difícil con Bulgaria desde la derrota de “la quinta columna” en las últimas elecciones. En julio del año pasado Borisov afirmó que no quiere que su país se deje arrastrar a una guerra con Rusia y que su pretensión es desmilitarizar el Mar Negro, “librándolo de buques y submarinos”.

Aunque algunos países quieran desmilitarizar el Mar Negro, la OTAN está empeñada en lo contrario. El 26 de octubre del año pasado, Stoltenberg señaló que seis países de la OTAN (Canadá, Alemania, Países Bajos, Polonia, Turquía y Estados Unidos) estaban dispuestos a participar en el reforzamiento de la presencia militar de la alianza en el Mar Negro.