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El sargento Romero Béjar: de ‘pata negra’ en Intxaurrondo a narco en Algeciras

El 15 de noviembre del año pasado fue detenido el sargento José Romero Béjar, alias “El Moro”, antiguo miembro del Grupo Omega de la Guardia Civil, los “pata negra” del cuartel de Intxaurrondo de San Sebastián.

Al sargento le detuvieron en la Operación Jinete como integrante de una organización compuesta por 11 personas dedicadas al tráfico de drogas. Estaba destinado en la Comandancia de Algeciras y en la vivienda que tenía en una urbanización gaditana escondía medio millón de euros en la cara oculta de una estantería. Un auténtico “zulo”. Tuvieron que utilizar un taladro para romper el hormigón.

Su página en Facebook delataba su alto nivel de vida, impropio de un suboficial de la Guardia Civil: en él se podían ver caballos, embarcaciones y casas de lujo.

Además de introducir droga, la organización desmantelada contaba con infraestructura para el blanqueo de capitales. En la investigación aparecen implicadas varias sedes bancarias, que habrían participado en el lavado del dinero negro y entre los detenidos figura el empresario tarifeño Antonio Guerrero.

A principios de los años ochenta “El Moro” estuvo destinado en el cuartel de Intxaurrondo a las órdenes del comandante Galindo. Diez años después fue imputado por la Audiencia Nacional en los sumarios referentes a la guerra sucia y su nombre apareció en el sumario del caso Lasa y Zabala.

El silencio fue su mejor aliado. El propio General Galindo le exculpó a él y al resto de sus subordinados en una declaración firmada antes de entrar en la cárcel por su condena en el caso Lasa y Zabala. Salió limpio de todas las acusaciones.

Antes de su detención, el último mensaje que colocó en su muro personal de Facebook fue para apoyar una iniciativa en la internet para proclamar héroe nacional al general Galindo.

Su experiencia en el Terrorismo de Estado le dio la suficiente experiencia para entrar en la élite de la Guardia Civil: el Grupo Omega creado por Luis Roldán para las tareas más “especiales”.

En 1996 el sargento llegó al cuartel de Tarifa para “luchar” contra el narcotráfico y en 2002 el alcalde de Los Barrios, del PSOE, le nombró Jefe de la Policía Municipal de la manera acostumbrada, por la cara, ya que no poseía la titulación necesaria para el puesto. Tuvo que volver al cuartel de Tarifa a seguir “luchando” contra el narcotráfico… y llenando el “zulo” de billetes.

http://www.elindependiente.com/politica/2016/11/14/bejar-pata-negra-de-intxaurrondo-detenido-por-narcotrafico-en-algeciras/
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El País: otro mito de la transición que se hunde

Prisa-El País fue el emblema de la transición, el indicador de que algo había cambiado en 1976 y su más fiel apologista. El periódico, alabado hasta el ridículo, era tan fraudulento como la propia transición.

Llegó a convertirse en el primer monopolio desinformativo español, con 800 millones de beneficios en la década de 2000. Ahora agoniza, por fin, lo mismo que la transición que contribuyó a adornar.

Es el capitalismo escribiendo su propia historia. En los tiempos de la burbuja se endeudó hasta los 5.000 millones de euros. Su primer capataz, el fascista Juan Luis Cebrián, equiparó su sueldo con los del sector financiero, embolsándose 12 millones de euros en 2011.

Al pinchazo de la burbuja le sucedió lo de siempre, despidos en todas las unidades de negocio, incluidos los 129 en El País y la entrada a saco en el capital de los fondos buitres, agrupados en Liberty Acquisitions Holdings y tres grandes bancos —Banco Santander, CaixaBank y HSBC—, que se han hecho con el control accionarial desplazando a la familia Polanco.

Las acciones de Prisa cotizan al valor más bajo y los problemas de la empresa se han trasladado a la mafia Polanco, los padres fundadores del engendro. El actual segundo mayor accionista del monopolio ha tenido que solicitar varias ayudas a sus bancos acreedores ante la imposibilidad de pagar sus deudas. El Banco Santander y CaixaBank han tenido que salir al rescate de Otnas, a través de la cual controlan parcialmente su participación del 17 por ciento en Prisa, sindicada con el grupo mexicano Herradura.

Otnas es una empresa patrimonial que a finales de 2015 tenía un balance negativo, por lo que según establece la ley, se debía haber disuelto, pero no lo hizo porque los bancos acreedores salieron en su ayuda, refinanciando un préstamo de más de 170 millones de euros.

Ante nuevos impagos, el año pasado ambos bancos, Santander y CaixaBank, accedieron a convertir en capital 41,31 millones de euros del citado crédito, lo que los convirtió en accionistas de Otnas.

Los buitres sólo tienen que esperar nuevos impagos pacientemente para apoderarese por completo de las acciones del monopolio desinformativo. Como garantía del agujero, los Polanco han puesto 3.659 millones en acciones de Prisa que son papel mojado: hoy apenas valen 15 millones de euros.

Además de la transición, la historia de Prisa cuenta todos los viejos tópicos del capital financiero: los bancos apoderándose de las empresas industriales ruinosas. En este caso, los banqueros desplazan a los periodistas. Los medios de comunicación forman parte del capital financiero y, por su carácter monopolista, están indisolublemente ligados al Estado. No hay cuarto poder (nunca lo hubo).

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Los monarcas españoles se enriquecieron con el tráfico de esclavos durante siglos

La esclavitud se reintrodujo en España en los años siguientes a la llamada “Reconquista”. Derrotados por la guerra, muchos islamistas fueron reducidos a la esclavitud. El Decreto de 1609 de expulsión de los moriscos incluyó en el Reino de Valencia una excepción: quedaban excluídos los que fueran esclavos, que seguirían perteneciendo a sus dueños.

Como siempre, lo que determinó la expulsión de aquella parte de la población no fue su religión sino su condicón de clase.

La población esclava era mucho más importante de lo que los historiadores han querido hacer creer. En Valencia uno de cada tres habitantes era esclavo, en Barcelona uno de cada diez, una proporción parecida a la de Sevilla y Cádiz.

A partir del siglo XV empezaron a llegar esclavos procedentes de África. Se calcula que aquí los negreros negociaron la compraventa de unos 700.000 esclavos entre los siglos XVI y XX. El mayor propietario de esa “mercancía” era la Corona, que los explotaba en sus minas y galeras. La monarquía española siempre ha vivido del robo y el tráfico ilegal de esclavos, a quienes marcaba salvajemente con hierros candentes con los sellos del rey de turno, como si fuera ganado.

Pero el verdadero negocio del tráfico negrero llegó con la colonización de América. El exterminio de la población autóctona provocó una necesidad de mano de obra barata, que se llevó desde África.

Sobre todo fueron los Borbones quienes comenzaron a participar en el siglo XVIII en el tráfico de esclavos a gran escala. Felipe V, alias “El Guarro”, fue el primero. Firmó un suculento contrato con la Real Compañía de Guinea, también de nacionalidad francesa, por el que percibía el 25 por ciento de los beneficios de la empresa esclavista. Su socio era su primo, otro Borbón, el rey de Francia Luis XV.

La regente María Cristina de Borbón y su segundo esposo, Agustín Fernando Muñoz y Sánchez, Duque de Riansares, consiguieron labrar una fortuna colosal con el comercio de esclavos, que no tenían antes de llegar a España. El coronel gaditano Manuel Pastor Fuentes desempeñó un papel fundamental en el negocio negrero que la monarquía tenía en Cuba. Fue quién implantó el pago de una cuota por cada esclavo importado, que después él mismo se encargaba de trasladar a María Cristina de Borbón. Por eso su hija, la reina Isabel II le nombró senador vitalicio y le otorgó el título de Conde de Bagaes.

Al ser despojada de la Regencia por Espartero, Maria Cristina salió de España en 1840 como la mujer más rica de Europa. Pero la dejaron marchar con el dinero que había robado.

El Presidente del Gobierno Leopoldo O’Donnell dirigió la Capitanía General de Cuba entre 1843 y 1848, donde desató una cruel represión tras una revuelta esclava en la isla, conocida como la “Conspiración de la escalera”. En Cuba O’Donnell controlaba y se lucraba del tráfico de esclavos. Por cada “pieza” desembarcada recibía 51 pesos de los negreros. Amasó una fortuna de 500.000 pesos durante su estancia en la isla, el equivalente a diez millones de reales en la moneda española de la época.

España fue el último país en abolir la esclavitud porque el negocio era una fuente de enriquecimiento personal de los Borbones, la aristocracia y los altos dirigentes del ejército colonial español. Como el tráfico de esclavos era ilegal, las grandes fortunas de este país amasaron sus riquezas con uno de los peores crímenes que la humanidad ha conocido. Pero en este país, ¿a quién le ha importado la legalidad?

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Más de 60 fusilados por los franquistas en Valencia serán rescatados del olvido

En los primeros años de represión franquista en Valencia, a los presos de Sant Miquel dels Reis (la prisión política de la ciudad) se les enviaba a la Cárcel Modelo semanas antes de ser fusilados. El 18 de enero de 1940 se produjo una “saca” de magnitudes considerables. La mayoría de los cuerpos terminaron en la fosa 113 del cementerio de Paterna, donde eran ejecutados.

Según las investigaciones basadas en los registros de la prisión y del cementerio, se estima que hay unas 60 personas enterradas en esta fosa, procedentes de distintos pueblos de Valencia, Madrid y Burgos. Es, hasta ahora, la más grande en el territorio valenciano, último escollo de la República. Como gran parte de las tumbas comunes de víctimas del franquismo, está sin exhumar, pese a la ley de Memoria Histórica.

Para rescatar a los asesinados del olvido, los familiares se han constituido en una asociación y gracias a las ayudas de la Diputación de Valencia, comenzarán las excavaciones en junio.

“Empezó como un proyecto personal”, cuenta Santi Vallés, lingüista, escritor y presidente de la asociación. “Yo buscaba a mi tío Paco porque se lo prometí a mi abuela antes de morir”. El presidente de la asociación se encargó personalmente de ir a los archivos de Salamanca, a los del Ministerio de Defensa y de contactar con ArqueoAntro, una plataforma que ya estaba realizando exhumaciones en otras poblaciones.

Los familiares lamentan el exceso de burocracia por el que deben pasar para autorizar los proyectos, así como el elevado coste de los mismos.

Este en concreto costará unos 125.000 euros y la Diputación de Valencia financia aproximadamente la mitad. “Sin las ayudas sería imposible. El Estado debería actuar de oficio y hacer como en Alemania, asumir la responsabilidad con normalidad e invalidar los juicios que los condenaron a muerte”, reclama Santi como portavoz de los familiares de las víctimas.

Los trabajos comenzarán en cuanto finalice la exhumación de los cuerpos de la fosa 82, también en Paterna, en la que se estima que hay enterradas unas 20 personas. Miguel Mezquida, de ArqueoAntro, responsable de ejecutar el proyecto, prevé que será una labor más complicada que las anteriores. “Prevemos que nos llevará alrededor de 2 meses y medio. Hay muchas víctimas enterradas, unas encima de otras porque se acumulan varias ‘sacas’ y es un espacio muy pequeño, de unos dos metros de largo, dos de ancho y más de cuatro de profundidad”.

Miguel explica que realizan esta tarea porque «la gente tiene derecho a saber lo que ha pasado”. “Las fosas siempre hablan. Es un trabajo minucioso, es una excavación en contexto forense, aunque el Estado español no judicializa estos crímenes”, señala Miguel. Aunque, añade, con esperanza “hacemos el trabajo forense para que algún día se puedan juzgar”.

Esta era la fórmula genérica con la que comenzaban las misivas que se enviaron a los familiares de los fusilados por agentes franquistas en nombre supuestamente de los otros presos: “Valencia, a 18 de enero de 1940. Cárcel Modelo. Estimada compañera, el principal motivo que nos induce a escribirle esta carta es para manifestarle nuestro dolor muy justificado por la ejecución de su marido y buen compañero nuestro. Patente su extremado valor, habiendo ir cara a la muerte con la tranquilidad que caracteriza a los inocentes”.

http://www.eldiario.es/cv/comun-numerosa-Valencia-exhumara-junio_0_629937436.html
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Franco fue otra víctima del ‘terrorismo’ (prohibido hacer chistes)

Desde el mismo inicio de la guerra civil en 1936, varios comandos armados, que entonces sólo los fascistas calificaban como “terroristas”, intentaron hacer justicia de la de verdad, es decir, ejecutar al criminal Franco.

Apoyar dichas acciones armadas, defenderlas y justificarlas es un delito porque la legislación vigente y los jueces fascistas tienen que proteger a una “pobre víctima” como el criminal Franco, al que nosotros despreciamos y humillamos desde aquí todo lo que podemos.

Pocos días antes de que se levantara contra al República,  el 14 de julio de 1936, tres anarquistas canarios (Antoni Vidal, Antonio Tejera y Martí Serasols) intentaron ejecutar al general fascista, y fue una pena que no lo lograran. Nosotros justificamos, enaltecemos y veneramos a aquellos tres héroes, a los que jamás calificaremos de “terroristas”. El único terrorista fue Franco y los suyos.

Aquellos tres héroes anarquistas solicitaron apoyo al gobernador civil de Canarias, Manuel Vázquez Moro, quien se negó en rotundo. Tras el golpe de Estado fue detenido y fusilado por los verdaderos y únicos terroristas: los fascistas.

En la noche del 16 de julio, cuando Franco embarcó en el buque Viera y Clavijo, la policía impidió que otro héroe, Amadeo Hernández le ejecutara. La policía le detuvo, le condenaron a cuatro años de cárcel, le enviaron a la península donde fue fusilado junto a otros tres republicanos acusados de intentar volar el Hotel Madrid, donde se encontraba Franco en Canarias.

El mismo 18 de julio de 1936, cuando el general fascista se disponía a ir a la Base Aérea de Gando para trasladarse a Marruecos y ponerse al frente del ejército golpista de África, un héroe, Juan García Suárez, alias “El Corredera”, encabezó un comando armado que le había tendido una emboscada. “El Corredera” tuvo que vivir 20 años clandestinamente, hasta que fue asesinado por garrote vil.

Otros héroes que trataron de matar al criminal fascista no eran españoles, sino georgianos, como Stalin, que encargó la ejecución al inglés Philby a principios de 1937. No se pudo llevar a cabo por la desaparición de Paul Hardt, el superior de Philby. Fue una pena.

En 1949 el grupo guerrillero anarquista Los Maños, que tenía su base en los Pirineos y estaba dirigido por Wenceslao Giménez Orive, viajó a Madrid con la idea de hacer justicia y ejecutar al general asesino. En su mayor parte los integrantes de los Maños eran huérfanos de represaliados por el fascismo.

Entre 1936 y hasta su muerte en 1975, los antifascistas planearon 17 atentados contra Franco y, lamentablemente, ninguno prosperó. Desde aquí hacemos apología de esos intentos y rendimos honores a quienes se esforzaron por cumplimentarlos. A ninguno de ellos los consideramos “terroristas”, sino todo lo contrario: para nosotros son héroes.

La Guardia Civil detiene a Juan Garcia Suárez, ‘El Corredera’
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Silogismo (sobre Cassandra)

Bianchi

Premisa mayor: el almirante Carrero Blanco «voló» en 1973, dos años antes de la muerte (en la cama-quirófano o mesa-camilla) del general Franco, esto es, en dictadura.
Premisa menor: fue ETA la autora del magnicidio durante el fascismo rampante. Nadie, ningún partido político, entonces prohibidos, «condenó» dicho ascenso a los cielos. Al revés: fue celebrado a la sazón en privado en numerosos domicilios corriendo el champán, como también lo fue, recién fallecido el dictador en 1975, en casi todos los pueblos vascos en fiestas patronales echando al aire boinas, txapelas, bufandas y otros adminículos. No se consideraba a ETA una «banda armada» y menos «terrorista»; al revés. Se les consideraba unos «gudaris» (soldados vascos).
Conclusión: o bien habría que enjuiciar -retrospectivamente y retroactivamente- a esos pueblos por «enaltecimiento del terrorismo», o bien, como dijera -ya en «democracia»– el entonces ministro del Interior, José Barrionuevo, con el presidente Felipe González, «ETA ha sido siempre una organización ‘terrorista’», de lo cual se puede colegir, también, en pura lógica formal, y/o escolástica, que este individuo, Barrionuevo, siempre fue un fascista (carlistón sí consta que fuese este fundador, entre otros, de los GAL). Y quienes respaldaron y cohonestaron su criterio, también, pues ni corrigen ni desmienten nada, luego son, al menos, cómplices, sino coautores (encubridora sería la prensa a la voz de su amo).
También cabe concluir -caben más conclusiones que dejamos al caletre y cacumen del lector- que, a tenor de la condena a un año por la Audiencia Nazional (sucesora del TOP franquista) de la adolescente Cassandra por unos tuits sobre la «voladura» de Carrero Blanco, que son unos chistes –«idioteces» para Pablo Iglesias que finge escandalizarse patrimonializando la indignación, como ya se dijo aquí hace poco, pero cuidándose muy mucho de recordarnos que aquí no se vive en una «dictadura»-, una de dos: o bien la ejecución de un declarado fascista -como, por ejemplo, el conocido torturador pronazi, trabajó para la Gestapo, Melitón Manzanas en 1968, tiempos de la psicodelia para algunos- lo convierte automáticamente en «demócrata» siendo el artífice del «milagro» una organización que se reclamaba nacionalista y revolucionaria, o bien no importa el carácter violento de sus muertes pues, con y después de Franco, se trata de funcionarios y servidores del Estado, antes «autoritario» (ya empezaba la sociología al uso a no llamar a las cosas por su nombre) y hoy «democrático» y de Derecho, como gustan de empalagar a la gente. Tenemos, pues, si no desbarramos mucho, que lo único que no cambia fue el carácter «terrorista», genotipo y fenotipo de ETA con lo que, «malgrè lui», tampoco ha cambiado el sesgo fascista del Estado que se sirvió, encima, de una pseudoamnistía como ley de Punto Final de sus verdugos (como harían en Argentina no mucho después). Lo que molestaba no eran los muertos que ETA pudiera ocasionar, sino sus objetivos políticos, tal que hoy, ¿qué ha cambiado entonces, en lo fundamental, no en lo adyacente?
Casandra, diosa griega de las profecías.
Buenas tardes.
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¿Qué es el fascismo? ¿Y tú me lo preguntas?

Bianchi

La Audiencia Nazional condena a un año a una tuitera, Cassandra, por hacer chistes sobre la «voladura» de Carrero Blanco que no pocos ni sabrán quién era este almirante fascista más franquista que Franco y que fuera ejecutado por ETA en 1973 dando lugar a la misteriosa y siniestra frase del dictador que dijo aquello de «no hay mal que por bien no venga», como diciendo esto facilita la «transición a la democracia» que estamos cocinando tiempo ha. A Cassandra, son sus palabras, le han arruinado la vida pues le han privado de su beca de estudios (hacía Historias). O sea, una canallada, una hijoputez propia de canallas fascistas que, después de más de cuarenta años, defienden la memoria de alguien cuyos deudos, una nieta, p. e. , no se sintieron ofendidos por esos tuits que, como dirían los comedidos pijoprogres, serán de «peor o mejor gusto», pero una «barbaridad» la condena. Sobre todo, antiestética.

Y es que su «buen gusto» les impide -aunque se lo pida el cuerpo y lo digan en petit comitte- decir que estas cosas sólo pasan en «países fascistas». No, esto no. A lo más que osaban en sus audacias era a decir que vivimos en un «país bananero» (yo les sugerí decir «monarquía cocotera», pero declinaron mi sugerencia), pero no fascista. Esta es la diferencia, una de tantas, que nos separan a los «iluminados» que hacemos este blog de estos renovadores de la nada o nefelibatas que viven en las nubes con el riñón cubierto. A los cuales, por cierto, les vienen de perlas estas fascistadas del régimen español surgido en el 36 (Carrero «voló» antes del llamado «régimen del 78» y la sentencia que sufre esta chavala, como el rapero Valtonyc, los titiriteros, Strawberry, Hasel, etc. se dicta hoy, en «democracia», ¿se debe ello a una solución de continuidad acaso?) para sacar pecho democrático, hacer aspavientos, mesarse los cabellos y fingir escándalo: pero ¿cómo es posible…? Luego hacen risitas en el Charlamento, piden réplicas, juegan, se divierten, cambian cromos, se pasan teléfonos, quedan en el bar del Congreso, jijijajá… En una palabra -y ofrecemos desde aquí gratis el «copyleft»– PATRIMONIALIZAN LA INDIGNACIÓN, sólo ellos, los del planeta «podemita», están autorizados a indignarse ante tamañas tropelías del… ¿fascismo?

¡No, por dios y por la virgen! Aquí hay democracia, mejor o peor, pero democracia perfectible, subsanable, reformable, transversal, geometría variable, patatín y patatán.

La prueba de lo que decimos, de que hay democracia, es que a nosotros, los podemitas, el non plus ultra de la revolución posible y pendiente, es que se nos permite no sólo indignarnos, sino patrimonializar esa indignación. Si hubiera fascismo estaríamos encarcelados (y los «illuminatti» y conspiranoicos fusilados por furros, con efe). Esa es la línea roja -hay más- que nos separa de los comunistas de verdad. De los de pacotilla ya nos las pintamos solos.

Egun on.

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30 años de la batalla de los obreros de Reinosa contra la reconversión industrial

Se han cumplido 30 años de una de las mayores movilizaciones populares que tuvieron lugar en Cantabria. El contexto histórico, en plena reconversión industrial, y el caldo de cultivo existente en una comarca como Campoo, azotada por una crisis que parecía no tener fin, desembocaron en unas protestas masivas y en una represión policial como nunca se había visto, que sacaron a la calle a todo un pueblo y que se grabaron a fuego en la memoria de los cántabros.

La Primavera de 1987 tuvo consecuencias inmediatas. La primera fue irreversible: el fallecimiento de un obrero campurriano, Gonzalo Ruiz, que fue víctima de un ataque de la Guardia Civil, que tomó militarmente y por la fuerza una ciudad como Reinosa, donde se produjeron decenas de detenciones, agresiones, destrozos, heridos y que cambió para siempre la mentalidad de los campurrianos.

A comienzos de 1987 Reinosa vivía un enorme clima de tensión social y laboral a causa de las carencias de servicios públicos y del declive constante de sus industrias. Los datos son más que significativos: se habían perdido 2.000 puestos de trabajo en dos años a causa de la reconversión industrial. A principios de marzo, Cenemesa presentó un expediente de rescisión de 178 contratos, mientras Forjas y Aceros aprobó un expediente “de excedentes” que afectaba a 463 trabajadores.

La sangría de empleos parecía no tener fin. Y en ese contexto se hizo público solo unos días después que el hasta entonces presidente de Forjas, Enrique Antolín, dejaba su puesto para ocupar el cargo de consejero de Obras Públicas en el Gobierno Vasco. Cuando llegó a la fábrica de Reinosa a recoger sus pertenencias, fue retenido por los trabajadores para forzar una negociación.

Esa fue la espita que desencadenó el conflicto posterior. Tras su liberación por la Guardia Civil y el posterior desarme y expulsión de los miembros de la Guardia Civil por parte de los obreros, el Gobierno de Felipe González, con José Barrionuevo como ministro del Interior y con Luis Roldán como máximo responsable de la Guardia Civil, respondió a las demandas obreras con cada vez mayores contingentes de guardias civiles, tanquetas y helicópteros.

Los días se sucedieron con enfrentamientos continuos, que culminaron el Jueves Santo con cargas de la Guardia Civil sobre la población y un saldo de más de 60 detenciones, casi 100 heridos y, días después, un muerto, Gonzalo Ruiz.

Aquella experiencia muestra que la concienciación, organización y lucha son el único camino para defender los puestos de trabajo y el futuro de Cantabria, a la vez que evidencia hasta dónde pueden llegar los poderosos para imponer sus intereses económicos a todo un pueblo.

http://www.eldiario.es/norte/cantabria/sociedad/Campoo-reivindica-obrera-aniversario-primavera_0_599840124.html
 
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Ha muerto Rockefeller, el mejor símbolo de un siglo de imperialismo estadounidense

Víctor García Guerrero
David Rockefeller ha muerto con apenas 101 años y en pleno apogeo de su doctrina: empresa y política deben ir juntas de la mano y, si están acompañadas de portaaviones y misiles, mejor. El heredero de una de las sagas de millonarios más conocidas de Estados Unidos falleció en la cama, como hacen los señores. Su muerte pilló de viaje al secretario de Estado. Rex Tillerson, ejecutivo de toda la vida de Exxon Mobile, no ha hecho todavía comentarios. No se llevaba bien con los Rockefeller, y eso que esto podía haber sido su sueño húmedo: empresario y jefe de la política exterior de Estados Unidos. Rockefeller se ha muerto cuando más brilla el poder de las multinacionales.

El fallecido presidió el Chase Manhattan Bank, del que decían que tenía su propia política exterior, lógicamente, anticomunista: apoyó el golpe de Estado contra Allende y se tapó los oídos para no escuchar los gritos de Víctor Jara y otros seiscientos cuando los torturaron en el estadio Chile, porque el dinero es tan ciego y sordo como la justicia. La intervención de Estados Unidos está acreditada en el país sudamericano, en Italia, en Guatemala, en Nicaragua, en Cuba… en la España de la democracia coronada. A Rockefeller habría que haberle preguntado por la supuesta mano negra de Rusia en la política de Estados Unidos, a lo mejor los del Kremlin le parecían unos primerizos.

Porque en este terreno de la conspiración, Estados Unidos lleva unas ciertas décadas de ventaja. El aeropuerto internacional de Washington se llama Dulles en honor al secretario de Estado que practicó como pocos el amor y el respeto por la soberanía de los pueblos: John Foster Dulles le dio un golpe de estado al presidente nacionalista de Irán, Mossagedh, y puso en su lugar al servil Shah, dandi torturador hasta que lo echaron los ayatolás. Dulles también alentó el golpe en Guatemala que dio lugar a una guerra de doscientos mil muertos. El secretario de Estado trabajaba para el presidente y para la United Fruit Company. Del imperio de los plátanos también cobraba Allen Dulles, su hermano y director de la CIA.

La primera oficina de la CIA estuvo en el Rockefeller Center de Nueva York: por allí también pasó General Dynamics, que construye aviones y tanques. La televisión NBC tiene su sede principal en el complejo de Manhattan, y la agencia Associated Press estuvo años en sus rascacielos, pero lo que más glamur le da al bloque son los conciertos navideños en el Rockefeller Plaza y, por supuesto, el Radio City Music Hall, pero lo que más glamur le da al bloque son los conciertos navideños en el Rockefeller Plaza y, por supuesto, el Radio City Music Hall. Ahí tocan estos días artistas como Franco de Vita, Carlos Vives o New Order. Los británicos tocarán su famoso Blue Monday, incluido en el disco “Poder, corrupción y mentiras”.

http://lasoga.org/fallecimiento-david-rockefeller-conspiraciones-cia-22-marzo-2017/
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Memoria Histórica

García Oliver: impresiones del viaje de un anarquista por la URSS

[Oslo, 15 de setiembre de 1940] El cónsul de la Unión Soviética me indicó que mi solicitud de visado de tránsito no se tramitaba en el consulado, sino que la atendía personalmente la embajadora de los Soviets en Suecia, la camarada Alejandra Kollontai.

La embajada estaba en el mismo edificio, y se ascendía a ella por una amplia escalinata. Al final de la escalinata me estaba esperando una señora de porte distinguido y cabello canoso. Era Kollontai […]

Era una mujer inteligente, de sólida cultura. No hizo ninguna alusión a mi filiación anarquista. Solamente me dijo que le era muy grato saludar al que fue miembro del gobierno de la República española y al gran luchador revolucionario que yo había sido.

— Tengo el encargo –me dijo- de mi gobierno de saludarle y, por tratarse de un largo viaje a través de la Unión Soviética, expresarle la seguridad de que, en caso de cualquier situación conflictiva que se le pueda presentar los amigos estarán siempre dispuestos a ayudarle […]

Me pidió el pasaporte para ordenar que le extendieran el visado de tránsito. Como disponía del diplomático y del Främlingpass, le pregunté cuál sería preferible.

— Cualquiera de los dos; la Unión Soviética todavía reconoce a la República española. Sin embargo –dijo- acaso le convenga más el Främlingpass… Pero le visaremos los dos y usted use el que más le guste […]

— Vea usted camarada, tengo el encargo de interesarme por sus asuntos. Así que me dispensará si le pregunto cómo piensa salir de la Unión Soviética. En fin, para qué quiere usted el visado de tránsito.

— Tengo pensado ir a Vladivostock donde, al parecer, puede embarcarse para América.

— Ese es el asunto. Desde Vladivostock todos los que van a América, del norte o del sur, se dirigen al Japón, donde hay línea de vapores para todo el mundo. Pero usted camarada, creo que no debe correr el riesgo de ir al Japón, de donde podrían conceder su extradición a la España de Franco.

— Si no es por el Japón Fru Kollontai –le dije– ¿por dónde podría ir a América desde Vladivostock?

— Preste atención. El gobierno soviético tiene un contrato con algunos barcos de la Johnson’s Line, una compañía sueca […] Pero el contrato que tenemos con ella obliga a la Johnson’s Line a no admitir pasajeros, excepto los que autoriza el gobierno soviético […] Puede decirle usted que está autorizado por el gobierno soviético y que, en caso de duda, me hablen por teléfono.

— Veo que los amigos a que usted se refirió han pensado en todo. ¿Sabía usted que, en tanto que anarquista, me he opuesto a los comunistas en España?

— De usted, camarada Oliver, lo sabemos todo. Y es usted bienvenido entre nosotros. Que tenga buen viaje –me dijo al tiempo que me entregaba los dos pasaportes visados.

— Muchas gracias Fru Kollontai, a usted y al gobierno soviético […]

[Moscú, 19 de setiembre]

Desayuné y sali a la calle. Estuve tentado de preguntar si a un viajero en tránsito, como yo, le estaba permitido deambular por las calles. ¡Había oido y leído tanto sobre lo pemitido o no en la URSS! Me decidí a salir sin pedir la opinión de nadie.

Nadie me detuvo, nadie me preguntó a dónde iba, nadie me siguió. Estaba palpando cuán exageradas eran la noticias que circulaban sobre la vida en la Unión Soviética. El gobierno soviético sabía de mi llegada a Moscú y no me lo daba a entender. Ninguna insinuación de amistosa vigilancia ni de oficiosa benevolencia. Nada, como si yo no existiese. Los sovieticos sabían ser discretos.

Llegué a la Plaza Roja, con las murallas del Kremlin a la derecha, la tumba de Lenin casi en el centro y al fondo una bonita Iglesia de torres coronadas de cúpulas como cebollas.

La venstisca era molesta y no formé en la cola, ya larga, de visitantes de la tumba de Lenin. Anduve por varias calles y avenidas […]

— Me dijeron en Intourist que saldrían esta noche en el Transiberiano, rumbo a Vladivostock. Le deseo muy bien viaje. Ahora vamos por la calle Pedro Kropotkin un señor muy bueno para sus siervos, a los que repartió sus tierras antes de la revolución de octubre. Por eso se le recuerda con cariño […]

Pronto llegaron los otros pasajeros que ocuparían el compartimento. Eran tres militares, dos oficiales y un cabo. Después supe que pertenecían a la guarnición de Vladivostock. Cambiamos saludos y se sentaron. Se comportaban entre sí con verdadera camaradería. Sólo hablaban ruso: mi viaje prometía ser de lo más aburrido.

El tren se puso en marcha […] Sí pude observar que en cada estación se levanta sobre una base un busto de Stalin […]

[Vladivostock, 28 de setiembre]

Nos fuimos hacia el puerto. No pudimos penetrar en él. No era un puerto abierto y libre. Estaba amurallado, con muros de unos tres metros de altura. Donde llegamos había dos puertas, una muy grande y otra chiquita. Un papelito pegado decía en ruso: Prohibido pasar sin autorización de Inflota […]

No tenía más remedio que recurrir a las grandes resoluciones. Y me acordé de lo que dijera Kollontai: los amigos me ayudarían. Tenía que jugar aquella carta. No sabía a qué amigos se refería la camarada embajadora, ni cómo entrar en contacto con ellos. Pero seguro que existían. Kollontai no me lo dijo en respuesta a algo que yo le pidiera sino espontáneamente, como si se tratase de un ofrecimiento […]

Regresé aprisa al hotel, entré en la oficina de Intourist y al encargado de atender a los viajeros le dije:

— ¿Es usted el jefe de Intourist en Vladivostock?

— No, no lo soy, pero estoy facultado para atender a los viajeros

— Lo sé. Sin embargo, me urge muchísimo hablar con el jefe […]

Pasó como un cuarto de hora. El empleado me avisó de que el jefe me recibiría […]

Quería entrar en contacto con el capitán del buque antes de que zarpase.

— Comprendo muy bien su problema. Pero vea usted que no somos nosotros quienes lo hemos creado. Ni aquí ni en cualquier otra ciudad del mundo habría tiempo suficiente para resolverlo, de manera que usted, fulminantemente, lograse salir a las tres de la tarde.

Me miró como queriendo decir que nada especial podía hacer por mí. Insistí. Saqué del bolsillo el pasaporte diplomático de la República española, del que no había hecho todavía uso. Entregándoselo, le dije:

— Cuando en Estocolmo Alejandra Kollontai, la embajadora soviética, me lo entregó, me dijo que si me ocurriese cualquier contrariedad, podía estar seguro de que los amigos me ayudarían. Pues bien, eso es lo que deseo: que me ayuden los amigos.

Al escuchar el nombre de la señora Kollontai, el jefe de Intourist hizo una ligera inclinación de cabeza y se puso a leer el pasaporte. Cuando lo hubo hecho, me miró como si yo no fuese ya el viajero de Främlingpass, el apátrida.

— ¡Pasaporte diplomático de la República española! Me siento honrado de tenerle aquí. Espero que podamos resolver sus problemas.

Hizo por lo menos cinco llamadas telefónicas. Cuando terminó me dijo:

— Por nuestra parte todo resuelto favorablemente. Lo llevaremos enseguida con el capitán del barco para que pueda arreglarse con él. ¿Tiene usted el equipaje listo?

— Si, lo tengo listo. Se trata solamente de una maleta

— Tenemos dos automóviles para el servicio de los viajeros. Pero están fuera del hotel. Nos queda solamente un camión de carga ¿No tendrá inconveniente en ir montado junto al chófer?

— Ningún inconveniente.

— Pues recoja su equipaje. Lo acompañarán dos miembros de la seguridad. En mi nombre en el todas las autoridades de esta población, ¡que tenga usted buen viaje!

— Muchas gracias, a usted y a las autoridades soviéticas. Nunca olvidaré que, desde la camarada Alejandra Kollontai hasta usted, he gozado de la protección de los amigos […]

Llegamos a la puerta de entrada al puerto. El oficial de guardia no permitía que se diera un paso más adelante. Había recibido la orden de hacerse cargo de mí y de conducirme hasta el jefe de Inflota. Además, no quería permitir que me acopañasen los dos miembros de la seguridad. Era evidente que se trata de un problema de prerrogativas entre dos autoridades opuestas.

En Inflota me recibió el almirante en jefe del puerto militar de Vladivostock. Era la más perfecta estampa de oficial de la Marina que hubiesen deseado los productores cinematográficos norteamericanos. Cordialmente me estrechó la mano y me dijo en francés:

— He recibido órdenes de hacer todo lo posible para dejarle a bordo del barco sueco. He enviado a mi ayudante a buscar al capitán del Margaret Torden […]

La milicia del barco aseguró que velaría por mí hasta que zarpara el barco, y los miembros de la seguridad de Intourist y del puerto se fueron los cuatro, satisfechos de no tener responsabilidades.

Para mis adentros me dije que ni Stalin podría salir clandestinamente de la Unión Soviética. Tenía que reconocer que las autoridades soviéticas, los amigos, habían sabido hacer las cosas. No me perdieron de vista ni un minuto desde el aeropuerto de Vilna hasta Vladivostock. Sabían quién era yo y a dónde iba, pero nunca se mostraron. Nada pedí, nada me dieron. Pero cuando solicité su ayuda, fui tratado no como un ex ministro de la República española sino como un ministro en funciones. Comprendí que quedaba en deuda con aquellas gentes. También me di cuenta de la amenaza que se cernía sobre todo el país, apretado entre el Japón y Alemania como por un enorme cascanueces. Después me enteré de que no dejaban penetrar en el puerto a los viajeros: los llevaban fuera del puerto y eran conducidos en barca a los buques. Al permitirme entrar en el puerto y recorrerlo, me habían dado muestras de confianza que merecían defensa por mi parte cuando les alcanzase la tormenta.

Los muelles del puerto de Vladivostock estaban llenos de grandes cajas de madera con letras que indicaban que procedían de Estados Unidos. En una gran explanada del puerto se veían simétricamente alineados aviones de combate americanos, todavía con funda verde olivo que les serviría de protección. Maquinaria, equipos, aviones. Vi que la guerra se acercaba a la Unión Soviética. Estaba tan cerca que acaso me agarrase en el mar. Favor por favor. Si la URSS entraba en guerra, la defendería.

Juan García Oliver, El eco de los pasos, Ruedo Ibérico, Barcelona, 1978, pgs.537 y stes.