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Un genocidio de la CIA (¿otro?) olvidado

Darío Herchhoren

Durante la Segunda Guerra Mundial, el imperio japonés, que era una gran potencia militar en su época, atacó a China y creó en Manchuria un estado títere con un emperador (Pu Yi) que se prestó a los manejos imperiales. Esa historia está magníficamente expuesta en la película “El último emperador”. Pero las ansias de los fascistas imperialistas japoneses no se detuvo en China, y ocuparon toda Corea, Birmania, Filipinas e Indonesia. Para todo ello utilizaron su poderosa fuerza aérea y una marina de guerra temible. Su ambición imperial no tenía límites y su mayor interés era atacar y ocupar Australia.

En esos tiempos, lo que hoy conocemos como Indonesia, era una colonia holandesa que se conocía como Batavia. El ejército japonés ocupó toda Batavia, y sometió a su población a todo tipo de crueldades, lo que generó en la población sometida y humillada un fuerte sentido patriótico y la formación de una guerrilla que consiguió finalmente la derrota japonesa y la expulsión de sus tropas con graves pérdidas en vidas y material.

Al frente de esa guerrilla, estaba el Partido Comunista de Indonesia, que estaba muy influido por las ideas nacionalistas. El Partido Comunista de Indonesia fue fundado en 1920, al calor de la muy cercana revolución bolchevique de 1917, y se produjo a raíz de una escisión del Partido Socialista Indonesio.

Durante muchos años, la autoridad colonial holandesa ilegalizó al Partido Comunista, y durante los tiempos de ocupación japonesa obviamente los comunistas fueron ilegales al igual que toda forma de organización política o sindical.

Con la derrota de Japón el imperio holandés ya decaído y ruinoso, solo pudo aceptar la situación de hecho, que era que el movimiento patriótico indonesio había tomado la dirección de Batavia, y se había fundado la nación indonesia con ese nombre.

Al frente del país estaba Ahmed Sukarno, uno de los fundadores del movimiento de países no alineados, junto con Nasser de Egipto; Nehru de la India, y U Nu de Birmania, y el Mariscal Tito de Yugoslavia.

Sukarno contó desde el principio con el apoyo de los comunistas, y del ejército indonesio que estaba formado por combatientes que se habían forjado en la guerra anticolonial y no había en dicho ejército militares de carrera.

La nación indonesia ejercía una política independiente, aunque mantenía buenas relaciones con los USA, y con la Unión Soviética y el bloque socialista, y muy especialmente con la República Popular China, surgida de la guerra civil china que culminó en 1949.

Indonesia es un gran productor de petróleo y gas, y produce arroz y pescado en gran cantidad que exporta a su vecinos. A todo esto, el Partido Comunista Indonesio había crecido enormemente y su influencia era muy importante en el ejército, donde los oficiales ya salidos de academias militares se formaban en China. Esta situación desde luego que no era del agrado de los USA y de la CIA, que conspiraban para derrocar a Sukarno y estaban creando un clima de sublevación dentro de las fuerzas armadas para acabar con Sukarno.

Es en este clima, que un grupo de oficiales jóvenes en la nocha del 30 de septiembre de 1965, dan muerte a seis generales que estaban tramando un golpe militar pro yanqui, y ante esas muertes, el General Suharto, y el brigadier de la fuerza aérea Haris Nasution llaman a “defender la revolución nacional”, acusan a los autores de las muertes de los seis generales de conspiradores y “contrarevolucionarios», y desatan una sangrienta represión contra los comunistas, que son acusados de querer entregar el país a China.

Emiten un decreto por el cual obligan a la población a denunciar a los comunistas y a sus simpatizantes, acaban con la vida de tres millones de personas en un verdadero genocidio. Familias enteras son asesinadas, sus bienes son saqueados o confiscados, los locales del Partido Comunista son destruidos, y obviamente dicho partido desaparece físicamente.

Se crean patrullas de escuadrones de la muerte y patrullas vecinales que se dedican a sembrar el terror entre la población y esas patrullas provocan gran cantidad de muertes. Ahmed Sukarno sigue siendo nominalmente el presidente de Indonesia hasta su muerte, pero en realidad es un prisionero dentro del palacio Merdeka, que es la sede de la presidencia indonesia.

A su muerte lo reemplaza el sangriento y criminal general Suharto, que estuvo al frente del país durante varias décadas, y amasó una fortuna de 35 mil millones de dólares. Siempre se supo que todo este movimiento estuvo orquestado por la CIA que en todo momento apoyó a los genocidas.

Como colofón decir que esta matanza es algo de lo que hay muy poca información, y que se ha tratado de ocultar, cuando no de negar. Decir también que el gobierno del criminal Suharto tuvo excelentes relaciones con el gobierno español de Felipe González, el cual viajó a Yakarta, y firmó con el “demócrata” de la cal viva un importante acuerdo comercial de venta de armas a Indonesia.

A la muerte de Sukarno, su mujer; la japonesa Dewi Sukarno, se convirtió en la amante nada menos que de Francisco Paesa, el estafador a sueldo del ministerio del interior español, y que uno de los hijos de Suharto compró la multinacional de la alimentación norteamericana Nestlé, que estuvo involucrada en la venta de leche en polvo contaminada en Egipto. Como se ve; es de aplicación el dicho de que dios los cría y ellos se juntan.

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Los comunistas árabes en la lucha contra el fascismo

Maher Al-Charif
Desde la entrada en escena del fascismo y luego del nazismo en Europa, los partidos comunistas de los países árabes tomaron una neta postura adversa, poniendo en guardia contra sus ambiciones y sus políticas agresivas. Esta posición situó a los comunistas a contracorriente de algunos sectores de la opinión pública árabe, influenciados por la propaganda del fascismo y del nazismo, y que veían en Alemania e Italia potenciales aliados en su lucha contra Gran Bretaña y Francia, potencias coloniales en la mayoría de países árabes.

La actitud de los comunistas árabes ante el fascismo y el nazismo no fue diferente de la adoptada por el conjunto de partidos comunistas en el mundo, reagrupados desde principios de los años 20 en torno a la Internacional Comunista (IC). El séptimo Congreso de la IC, reunido en Moscú entre el 25 de julio y el 20 de agosto de 1935 constituyó un punto decisivo en la historia del movimiento comunista internacional. En presencia de delegados, entre ellos cierto número de árabes, el dirigente comunista búlgaro Dimitrov presento un informe sobre la “Ofensiva del fascismo y las tareas de la Internacional Comunista en la lucha por la unidad de la clase obrera frente al fascismo”. En ese informe Dimitrov apelaba a todos los partidos comunistas para actuar a fin de formar un frente popular de unidad antifascista, que incluyera a la mayoría de las masas de sus países. El dirigente Palmiro Togliatti presentó un informe sobre la lucha contra la preparación de una nueva guerra mundial por los imperialistas, y denunció al fascismo como “la fuerza principal” que fomentaba la guerra y subrayó la necesidad de ligar la lucha contra la guerra a la lucha contra el fascismo y los movimientos de inspiración fascista.

Las campañas contra el fascismo y al nazismo

La primera campaña organizada por los comunistas árabes contra el fascismo y sus políticas de guerra y colonialistas tenía como objetivo apoyar el combate de los etíopes contra la agresión italiana. Se constituyeron en muchos países árabes, a iniciativa de los comunistas, grupos de solidaridad con el pueblo etíope. A principios del mes de octubre de 1935, el Partido Comunista de Palestina publicó, con ayuda de los partidos de países árabes y africanos junto al de Italia, una declaración llamando a organizar una campaña internacional para detener la agresión fascista contra Etiopía. En ella se leía que “nosotros, hijos de los pueblos oprimidos de África y países árabes, nosotros, trabajadores de Italia… tenemos perfecta conciencia de que mediante nuestro apoyo al pueblo etíope, frente a la aventura fascista, nos enfrentaremos al peligro inminente de una nueva guerra mundial, que arriesga arrastrar al mundo entero, especialmente a nuestros países, hacia una destrucción sin precedentes”.

La segunda campaña organizada por los comunistas árabes contra el fascismo y sus complots fue la campaña de solidaridad con los republicanos españoles. Entonces, a iniciativa de la IC, comunistas árabes se unieron a las Brigadas Internacionales que se trasladaron a España para combatir junto a los republicanos españoles. Entre esos comunistas se encontraban miembros, árabes y judíos, del Partido Comunista de Palestina, tales como Ali Abdel Jaleq Al-Jibawi, miembro del Comité Central del Partido, muerto en España, y Najati Sidqi, miembro del secretariado del Partido, encargado por la dirección de la IC de participar en la organización de las campañas de información para los marroquíes que combatían en las filas de los rebeldes bajo el mando de Franco.

En 1936 el partido comunista palestino dedicó numerosas páginas de su semanario clandestino, “Al-Jabha Al-Shabiyya”, para dar a conocer a la opinión pública palestina la verdad de la guerra civil española y la naturaleza de las fuerzas en liza. En su número del 25 de septiembre de 1936, bajo el título “La guerra civil en España, una guerra de la reacción fascista contra la libertad y la democracia”, se escribía: “La atención de nuestro pueblo árabe está pendiente, tras nuestra querida Palestina, a esta guerra civil sin piedad que se desarrolla en España, desde hace dos meses”.

Tras introducir las premisas de estas guerra, el autor escribe: “El movimiento del General Franco es una guerra fascista contra la libertad y la democracia. Este movimiento no es hostil solamente al pueblo español, sino que supone un grave atentado también al pueblo árabe, principalmente a los árabes de Marruecos, que descubre la gravedad del error que han cometido ayudando a los fascistas españoles”. El mismo órgano del Partido había subrayado, en otro artículo publicado el 21 de agosto de 1936, que los jefes del movimiento fascista en España se habían rebelado y combatido el gobierno popular “tras haber recibido la orden, la aprobación y la asistencia material de los fascistas italianos y hitlerianos”.

La creación de los movimientos árabes contra el fascismo

Desde el año 1937, movimientos y organizaciones opuestas al nazismo y al fascismo comenzaron a formarse. En mayo de ese año se constituyó en Líbano y Siria la “Liga de Lucha contra el Fascismo” por un grupo de intelectuales comunistas y demócratas. Esa Liga celebró en Beirut entre el 6 y el 7 de mayo de 1939 el “I Congreso sirio-libanés por la lucha contra el fascismo” en el que participaron más de doscientos delegados llegados de ambos países que representaban a 32 organizaciones, sin contar con decenas de diputados a título personal o que dirigieron mensajes de aprobación y apoyo al congreso.

En Irak, el Partido Comunista llevó una campaña para acercar y unir al conjunto de las fuerzas nacionales opuestas al fascismo. Por su iniciativa se constituyó una organización feminista bajo el nombre de Asociación de Lucha contra el Fascismo y el Nazismo. El órgano central del partido, el diario “Al-Qaeda”, ostentaba como divisa: “¡Masas populares, uníos contra el fascismo, por el pan y las libertades democráticas, en un frente nacional unido!”.

En Egipto, el ardor de los fascistas provocó un recrudecimiento del celo en el campo de los comunistas y demócratas, donde se vio a los opositores al fascismo y al antisemitismo en numerosas asociaciones y organizaciones. En 1933, con el acceso al poder de Hitler, se creó el Comité de Lucha contra el Antisemitismo para emprender campañas contra el nazismo y organizar el boicot de los productos alemanes. Este mismo comité incitaba a los judíos a comprometerse en la lucha contra el fascismo en sus respectivos países en lugar de emigrar hacia Palestina. En 1934 se fundó la Liga de Partisanos de la Paz, que lanzó numerosas campañas de condena de la agresión italiana en Etiopía y para apoyar la lucha de los republicanos en España.

Desvelar la propaganda de los partidarios árabes del fascismo

Los comunistas árabes se aplicaron sin tardanza a la denuncia de la propaganda difundida por fascistas italianos y nazis alemanes en los países árabes. Esta propaganda encontraba una favorable acogida entre ciertos sectores de la opinión pública, sobre todo en las filas de la juventud. El escritor comunista libanés Raif Jury se enfrentó a las ideas que seducían a las jóvenes generaciones y los hacían receptivos al fascismo. En un artículo publicado en la revista “Al-Talia”, refutó la idea de que el fascismo se proponía liberar a los árabes del yugo de la colonización británica y francesa, sosteniendo que el fascismo “creía firmemente en la colonización y se preparaba con mano firme para la conquista”.

En un discurso pronunciado ante los delegados al I Congreso sirio-libanés de Lucha contra el Fascismo, celebrado en Beirut en mayo de 1939, el secretario general del partido comunista sirio-libanés, Jaled Bakdash afirmaba que “el objetivo principal de Hitler y de Mussolini era la ocupación de colonias en Asia y en África, estando sus esfuerzos dirigidos a consolidar su dominación en el corazón de Europa y los países del área mediterránea, no siendo más que un preámbulo estratégicamente necesario para realizar sus sueños de repartirse las zonas de Oriente, y en primer término el Cercano Oriente árabe”. Respondiendo a aquellos que entre los árabes llamaban a adoptar una política neutra en el conflicto que oponía los “países democráticos” a los “países fascistas” en Europa, Bakdash sostenía que los partidarios de la neutralidad ignoraban el hecho de que “si Italia y Alemania ganan la guerra, los jóvenes Estados árabes, desde Bagdad a Riad pasando por El Cairo, perderían su naciente autonomía y se convertirían, a ejemplo de Libia y Etiopía, en provincias italianas y germánicas… En cuanto a los jóvenes movimientos de liberación nacional, en Siria y palestina, serían ahogados en sangre, aplastados por las hachas de los verdugos de Roma y Berlín”.

El Partido Comunista sirio-libanés consagró buena parte de los debates de su 4º Congreso, de noviembre de 1941, a responder a la propaganda fascista que se difundía en los países árabes. En el informe aparecido al término de este Congreso, el Partido lanzó un llamamiento a los ciudadanos sirios y libaneses, invitándoles a rechazar las mentiras de los agentes nazis que pretendían que “la victoria coronaría los esfuerzos de Hitler, el cual preparaba la revancha, en nombre de los árabes contra el colonialismo extranjero y sus agentes”. Aquellos debieran saber, en efecto, que el hitlerismo es el “colonialismo más atroz que ha conocido la historia”.

En Irak, el Partido Comunista puso en guardia contra la política de los oficiales nacionalistas, autores de un golpe de Estado en 1941, susceptible de desembocar en un acuerdo con la Alemania nazi en virtud del principio universal que indica que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”.

En una carta fechada el 17 de mayo de 1941 y dirigida a Rachid Ali Kaylani, jefe de los oficiales rebeldes, el secretario general del Partido Comunista, Fahd, argumenta que los ejércitos de los países del Eje no son menos proclives al imperialismo que Gran Bretaña y que, por tanto, contar con la ayuda de un país imperialista, fuera cual fuera, no significaría más que la caída del movimiento nacional en brazos de otro imperialismo.

En Palestina, el comité central del Partido Comunista tuvo que reconocer, en 1939, que algunos dirigentes del movimiento nacional árabe palestino “habían facilitado la introducción de la propaganda fascista no solo en Palestina, sino en toda la región del Cercano Oriente, difundiendo la idea de que los fascistas alemanes ayudarían a los árabes en su lucha por la independencia”.

En Túnez, las fuerzas alemanas penetraron en noviembre de 1940; en respuesta a la posición de un gran número de militantes del partido Destur, que habían optado por la colaboración con los alemanes, el Partido Comunista tunecino llamó al pueblo “a enfrentarse, cueste lo que cueste, con el ocupante hitleriano, y unirse en el combate hacia la democracia y la paz”.

Solidaridad con la Unión Soviética y lucha universal contra el nazismo

Tras la firma por las democracias occidentales del Tratado de Munich con Alemania, a finales de septiembre de 1938, el poder soviético, temeroso de ver a las tropas germánicas invadiendo su territorio, dio su acuerdo, el 23 de agosto de 1939, a la firma de un tratado de no agresión con la Alemania nazi. Pese al malestar que esta repentina decisión de la URSS provocó en las filas de los comunistas árabes, no por ello fue menos apoyado, con el convencimiento que era necesario a cualquier precio el “único Estado socialista”.

La agresión alemana contra la URSS en junio de 1941 llevó a los comunistas del mundo, incluyendo a los árabes, a considerar el apoyo como una tarea primordial. Es entonces cuando los comunistas árabes organizan campañas de solidaridad con los pueblos soviéticos y a crear comités para su asistencia.

En la declaración publicada al final de su 4º congreso nacional, en noviembre de 1941, el Partido Comunista sirio-libanés consideraba que la consigna “Ayudemos a la Unión Soviética” debiera constituir la llamada de todos los hombres libres del mundo, incluyendo el mundo árabe. La idea era que “el destino de sus patrias y su independencia estaban ligados a la victoria del Estado Soviético y de los pueblos libres contra la Alemania nazi”.

Los comunistas árabes insistieron en la necesidad de unir la lucha de sus pueblos por la emancipación de la colonización franco-británica con la lucha universal contra el fascismo. En el artículo titulado “Nuestro partido comunista y el poder”, publicado en el diario “Sawt Al-Chab” de 22 de junio de 1944, Nicolás Chaui, eminente dirigente libanés, sostenía que la independencia real tal como se desea “no será facilitada y accesible más que en la medida en que la victoria general sobre el hitlerismo y el fascismo en general sea total, sólida y profunda”.

Por una solución democrática de la cuestión palestina

Tomando una firme postura contra el sionismo y sus objetivos en Palestina, los comunistas árabes condenaron la política de persecución de los judíos efectuada por los nazis en Europa.

Farjallah Al-Helu, uno de los dirigentes del Partido Comunista libanés, en un discurso en Beirut el 5 de octubre de 1944, afirmó que el combate de los árabes, incluidos los libaneses contra el sionismo no era debido “a una intención religiosa o de un resentimiento racista, como pretendían los sionistas, porque es innegable que los árabes no fueron nunca por ningún tipo de fanatismo”.

En su búsqueda de una solución democrática a la cuestión palestina, la Liga de Liberación Nacional, que agrupaba desde principios de 1944 a los comunistas, fue la única fuerza política, en el campo árabe, que intentó dar una dimensión internacional a la lucha del pueblo palestino. En este sentido, consideraba la cuestión palestina como un problema de liberación nacional, lo mismo que veían en ella “una parte integrante de una causa defendida a escala mundial por la desaparición de los regímenes racistas, la independencia de todos los pueblos en el seno de sus patrias, y la instauración de la fraternidad y la igualdad entre estos pueblos”.

La Liga de Liberación Nacional había buscado desde sus inicios una demarcación nítida entre el sionismo, por una parte, y la población judía de Palestina por la otra. Invitó al movimiento nacionalista árabe a contribuir, mediante la adopción de una política realista y democrática, “a debilitar el potencial de acción sionista en el seno de las masas judías”, subrayando que los intereses de estas “estaban directamente unidos el éxito de la lucha del pueblo árabe contra el imperialismo y el sionismo”. En esa misma óptica, criticaron las posiciones de los dirigentes nacionalistas tradicionales, que no dejaban de proclamar “que era absolutamente imposible vivir en paz con la comunidad judía de Palestina, o conceder a esta el menor derecho democrático”. Para la Liga, en efecto, la adopción de una política de paz hacia la población judía, así como la concepción de derechos democráticos no significaba, de ninguna manera, la renuncia a los derechos nacionales de los árabes palestinos.

Fuente: http://orientxxi.info/le-moyen-orient-1876-1980/les-communistes-arabes-et-la-lutte-contre-le-fascisme-et-le-nazisme-1935-1945,1490
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El proyecto de guerrilla continental del Che Guevara (2)

Jan Lust

3. Bolivia, Argentina y Perú

El rol de Bolivia en el proyecto revolucionario continental del Che fue de valor estratégico. Allá era donde la “columna madre”, mencionada por Manuel Piñeiro, debería construirse, o como Fidel Castro escribió: “la guerrilla en Bolivia fuese escuela de revolucionarios que harían su aprendizaje en los combates”. Manuel Piñeiro escribe además: “En su perspectiva del Che Guevara, esa guerrilla debía resultar en una escuela de formación de cuadros latinoamericanos, sobre todo del Cono Sur entre ellos argentinos, que propiciara extender la lucha armada a otros países fronterizos. A la vez, le permitiría acumular fuerzas políticas y militares y esperar por la ocasión más oportuna para continuar hacia su país natal. Ello dependería del desarrollo y crecimiento de la columna madre asentada en Bolivia. Sin ella, no era posible seguir hacia Argentina, donde también se había instalado una sanguinaria dictadura militar, apoyada por Estados Unidos y repudiada por los sectores más combativos del pueblo argentino. De una manera realista, el Che analizó que si a partir de Bolivia surgían y evolucionaban otras columnas guerrilleras, conformadas por combatientes de diversas naciones del Cono Sur, esto provocaría como reacción una alianza entre los gobiernos y los ejércitos de los países fronterizos, apoyados por el imperialismo. Ello contribuiría a la propagación de la lucha armada revolucionaria en la región, la cual se tornara un escenario de cruentas, largas y difíciles batallas que más tarde o temprano llevaría a la intervención yanqui. Eso sería, por tanto, otro de los Vietnam a los que él convocó en su histórico Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental”(1). Régis Debray, quien en Bolivia investigaba dónde exactamente se podía construir con éxito la “columna madre” de la guerrilla latinoamericana, escribe que la estrategia del Che no tenía a Bolivia como objetivo: “A lo más, podían cuestionar las posibilidades tácticas para un “foco” guerrillero, de superar en un primer estadio las dificultades de implantación. Y el Che, que pensaba siempre más como estratega que como táctico, no tenía razón alguna para considerarlas impedimento […] En este país Bolivia como acabamos de ver, el camino más corto para ‘llegar al poder’ no pasa por el campo, y no tiene por punto de partida, en todo caso, una zona rural semidesierta; aunque solo fuera porque el campesinado no es y menos todavía, desde la reforma agraria, la fuerza motriz de la revolución boliviana […] Al elegir un teatro de operaciones tan alejado geográficamente de los centros del poder político, el Che revelaba a la vez que se había dado un campo históricamente distinto. Al tomar así sus distancias, en todos los sentidos de la palabra, respecto de las luchas políticas bolivianas y respecto del terreno en el que acostumbran a decidirse la insurrección urbana vinculada al complot militar, hacía retroceder los hitos de un horizonte limitado a un asunto que él consideraba como provinciano: si América Latina es la ‘Patria Grande’ en potencia, las ‘patrias chicas’ que la componen no son jamás otra cosa que provincias […] En efecto, el Che no tenía como objetivo inmediato la toma del poder, sino la construcción previa de un poder popular materializado por su instrumento de acción, de una fuerza militar autónoma y móvil. En su concepción, la construcción del poder popular se anteponía a la toma del poder en Bolivia, derivada en el tiempo y secundaria en importancia”(2).

La concepción estratégica del Che no significaba, según Régis Debray, que las organizaciones guerrilleras que deberían crearse en América Latina, solo podrían derivarse de la “columna madre”. En su libro “La guerrilla del Che”, escribe que el Che “se basaba, antes que nada, en una situación en vías de conformación por entonces. Aquella red, en efecto, no iba a tejerse únicamente a partir de su centro boliviano, sino simultáneamente, en varios tramos. Las fuerzas del Che se limitarían en muchos casos a realizar la conjunción, ya que no física al menos política, con las fuerzas y los frentes guerrilleros implantados ya en su periferia, bien para reforzarlos o para coordinarlos”. Según Harry Villegas, uno de los objetivos del Che Guevara era coordinar el movimiento revolucionario en la parte sur de América Latina.

La construcción de una serie de unidades guerrilleras en toda América Latina era una actividad planeada. En Cuba, el Che Guevara ya habría elaborado planes acerca de este objetivo: “Cuando la columna de Fidel hubo alcanzado sus máximos efectivos habida cuenta de los recursos de la zona y de sus necesidades de movilidad, se destacó de ella la columna de Raúl Castro, en los comienzos de 1957, para ir a abrir el segundo frente en el norte de la provincia de Oriente, y después se destacaron la de Juan Almeida en la periferia de Santiago, en marzo de 1957, y en agosto de 1958 las dos columnas del Che y de Camilo Cienfuegos hacia Las Villas, de la misma manera debían destacarse de la columna de Ñancahuazú, cuando esta hubiera alcanzado su punto de congestión, una pequeña columna hacia el segundo frente boliviano de Chapare, al norte de Cochabamba, y después otro para abrir el tercer frente del Alto Beni, al norte de La Paz (las dos tenían ya sus responsables designados en el seno de la guerrilla, aunque todavía no públicamente). El conjunto de estos tres frentes articulados habría de constituir entonces el foco central boliviano. De allí, en un segundo tiempo, habrían de partir diversas columnas hacia los países vecinos”(3). El autor mexicano Jorge Castañeda, tiene una versión más detallada de lo que se refiere al surgimiento de las columnas guerrilleras: “Para el 20 de diciembre de 1966 habrían arribado la totalidad de los cubanos seleccionados así como sesenta bolivianos; con este núcleo inicial se crearía, más que un foco guerrillero, una especie de escuela de cuadros de la guerrilla latinoamericana. Las características del campamento debían entonces ser más bien el sigilo, la impenetrabilidad y el aislamiento, y no tanto la inmersión en zonas campesinas pobladas con propósitos de reclutamiento u obtención de víveres. A principios de 1967, se lanzaría un llamado a las direcciones revolucionarias latinoamericanas, para que enviaran a sus mejores cuadros, por las vías de acceso facilitadas por el PCB y Mario Monje. Del campamento inicial partirían diversas columnas nacionales en dirección a sus propios países, en excursiones de entrenamiento y reconocimiento más que de combate; al cabo de varios ensayos, se internarían en sus respectivos países, el Che conduciendo a la columna Argentina”.

Argentina y Perú formaron los puntos de lanza dentro de la concepción estratégica del Che. Una vez que la guerrilla en Bolivia se haya establecido firmemente, se debería empezar a trabajar en otros países. Ambos países se ubicaban relativamente altos en la lista de prioridades de La Habana, según la CIA (4). “En dirección de la Argentina se desplazaría otra columna latinoamericana compuesta también por una mayoría de argentinos, más importante esta sin duda que la anterior que se dirigiría al Perú y cuyo mando le correspondía tomar al Che, evidentemente, llegado el momento”(5). Víctor Dreke, un guerrillero cubano quien formó parte del grupo de cubanos que bajo la dirección del Che luchó en el Zaire (1965), señala que el Che Guevara había ido al país africano con la intención de regresar posteriormente a América Latina cuando la situación haya madurada y para luchar en Argentina. Según Juan Pablo Chang, de acuerdo a su “Informe de Francisco sobre la entrevista con Ramón y sobre la zona que se encuentra. Diciembre 23 de 1966”, el plan era que desde Bolivia divisiones irían al Perú, Argentina y Brasil. La guerrillera argentina-alemana Tamara Bunke (Tania), que llegó en noviembre de 1964 a Bolivia, había recibido el encargo, aparte de recoger información sobre la situación política en Bolivia, de no perder de vista a las preparaciones de los levantamientos en los países vecinos, en particular las de Argentina (6).

El 25 de julio de 1966, Harry Villegas escribió en su diario: “El Negro Mario Monje había ofrecido cuatro hombres para preparar las cosas en Argentina o Perú y prometió darnos otros seis”. En un mensaje de Fidel Castro al Che, enviado el 14 de diciembre de 1966, se lee: “Tú decidirás lo que mejor convenga de acuerdo al análisis sobre el terreno, esta entrevista contigo de Mario Monje con Ernesto Guevara, el día 31 de diciembre de 1966 lo planteé en base a que tú eras el jefe estratégico de esta operación y que la misma no se podía determinar dónde comenzaría exactamente ya que podían surgir incidentes imprevistos que obligasen a desarrollarlas en la tierra de Stanislao Mario Monje y Bolivia antes que hacia el Sur”. El día 21 de marzo de 1967, Che Guevara escribe en su diario: “El Pelao Ciro Bustos, por supuesto, está en disposición de ponerse a mis órdenes y yo le propuse ser una especie de coordinador, tocando por ahora sólo a los grupos de Jozamy, Gelman y Stamponi y mandándome 5 hombres para que comiencen el entrenamiento […] Si aceptan, deben comenzar la acción exploratoria en el norte argentino y mandarme un informe”.

Las organizaciones guerrilleras que tendrían que crearse en Argentina y Perú, debían ser los primeros focos de la resistencia continental. Sólo después del inicio de las acciones de ellas, se empezaría con los otros países. “El foco boliviano funcionaría entonces como un centro de adiestramiento militar y de coordinación política de las diversas organizaciones revolucionarias nacionales de América Latina. Los elementos más avanzados de cada país serían sustraídos de su base de origen, incorporados por un momento al foco boliviano mandado por el Che, y devueltos después a su base nacional como cuadros político-militares ya formados. Se multiplicaría así, por reproducción natural, la guerrilla original en varios puntos del continente” (Régis Debray).

En los primeros meses de 1967, se habría fundado en Argentina un ELN por, entre otros, Marcos Osatinsky y Roberto Quieto para apoyar a la guerrilla en Bolivia. Con el mismo plan se habrían creado las Fuerzas Armadas de Liberación (FAL) (7). Las organizaciones no entraron en acción. Quizás una de las razones habría sido la detención de Ciro Bustos en mayo de 1967. “Dantón Régis Debray y Carlos Ciro Bustos cayeron víctimas de su apuro, casi desesperación, por salir y de mi falta de energía para impedírselo, de modo que también se cortan las comunicaciones con Cuba (Dantón) y se pierde el esquema de acción en la Argentina (Carlos)” (Che Guevara). Harry Villegas señala, sin embargo, que “el Che sabía que si tomábamos el poder en Bolivia, había que construir un movimiento de base muy fuerte para que al defender su revolución, Bolivia se tornara en internacionalista. Con la preparación de todos los peruanos, los argentinos que participaran, iba a ser recíproca la ayuda. Y saldrían de allí columnas internacionales, junto con los cubanos que también participaríamos. Entonces la lucha se trasladaría a los grandes escenarios. Ya en la primera etapa iban a participar los revolucionarios argentinos, que realmente lo hicieron. Hubo una división argentina que marchó hacia la frontera y se acercaron en busca de nosotros, también los revolucionarios brasileños asumieron la responsabilidad de financiamiento económico”.

En el Perú, la guerrilla debía reconstruirse completamente. “El ELN peruano debía reconstruirse lentamente, y a ello se entregaba con un ardor metódico Juan Pablo Chang (El Chino), ayudado por los cuadros de su organización presentes en Bolivia. De todos modos, el combate no podía reanudarse en el Perú sino a partir de Bolivia, y esta conclusión deducida por el propio Che hubieron de trasmitírsela Papi y Pombo a los peruanos de La Paz, a través de Sánchez Julio Dagnino, en el mes de junio de 1966. Si bien los proyectos peruanos tan solo se aplazaban, la mala noticia causó en ellos cierto malestar –decepción y despecho– pronto superado” (Régis Debray). Los peruanos que formaron parte de la guerrilla en Bolivia se unirían, según Régis Debray, después de que la guerrilla boliviana había alcanzado un tamaño adecuado, a la recién formada base guerrillera en Ayacucho (8).

En el período en que el Che desarrollaba sus planes operativos, los guerrilleros del ELN y del MIR ya habían sido derrotados. La idea de restablecer una base guerrillera en Ayacucho no era realista. Además, las ambigüedades acerca de lo que exactamente había ocurrido en Ayacucho contribuyeron a que los mismos cubanos cambiaran sus planes y en vez de combatir en el Perú iban hacerlo primero en Bolivia. Los peruanos asimismo, no sabían lo que quedaba de la guerrilla en Ayacucho. El 2 de diciembre de 1966 el Che escribió que Juan Pablo Chang “cree que algunos sobrevivientes de la guerrilla están actuando en la zona, pero no lo saben a ciencia cierta pues no pudieron llegar hasta la zona”. Por eso, es un poco extraño leer lo que el Che señaló en su diario el 20 de marzo de 1967. Él escribió que el líder del ELN peruano “pide 5 mil dólares mensuales durante 10 meses y de La Habana le dijeron que discutiera conmigo. Trae además un mensaje que Arturo René Martínez no pudo descifrar por ser muy largo. Le dije que en principio sí, sujeto a que en 6 meses se alzara. Piensa hacerlo con 15 hombres y él como jefe en la zona de Ayacucho. Convinimos además, en que le recibiría 5 hombres ahora y 15 más, con algún lapso y les enviaría con sus armas luego de entrenarlos en combate. Él me debe enviar un par de transmisores de alcance medio (40 millas) y trabajaremos en la confección de una clave para nuestro uso y estar en permanente contacto”. En el mensaje número 4 del Che a Fidel Castro que debería haber sido escrito en el periodo del 10 al 19 de abril de 1967, se lee: “Llegaron Dantón Régis Debray y Francisco Juan Pablo Chang este no sabía cantidad de dinero y dejó dinero en La Paz, pienso darle 30 mil dólares y reservar el resto para cuando se alce; luce pocas condiciones y de carácter para dirigir guerrilla pero eso es cosa de él”. Además escribe que: “Manden los becados de Francisco aquí; informen contacto a La Paz, harán primera experiencia en esta zona”. La intención de reorganizar la guerrilla fue mencionada también por el propio Che en su mensaje a la Tricontinental. Se lee: “En el propio Perú, con tenacidad y firmeza, nuevas figuras aún no completamente conocidas, reorganizan la lucha guerrillera”.

La reconstrucción de la guerrilla en Ayacucho nunca se ha llevado a cabo. “Lo de Ayacucho prácticamente ya quedó descartado porque todo eso estaba descubierto por el ejército” (Milciades Ruíz). Sin embargo, ciertamente los peruanos tenían planes para dar nuevamente vida al proyecto guerrillero pero no en el departamento de Ayacucho. En el Diario se puede encontrar la siguiente frase al respecto. El 2 de diciembre de 1966 Che Guevara escribió: “También decidí darles apoyo a los guerrilleros peruanos para que enviaran 5 peruanos a establecer enlace para pasar las armas a una región cercana a Puno, del otro lado del Titicaca”. En el informe de Juan Pablo Chang a las autoridades cubanas sobre su conversación con el Che Guevara en diciembre de 1966, se lee lo siguiente: “Dijo que nosotros podíamos continuar con nuestros propios trabajos para abrir un frente guerrillero en la frontera con Bolivia en estrecha coordinación con él. Que en realidad nosotros debíamos hacer un trabajo de avanzada hasta que la columna de compañeros nuestros que parta de Bolivia llegue a la mencionada zona”. En 1966, el ELN peruano empezó a montar una base guerrillera en el departamento de Puno.

4. ¿Bolivia o Perú?

El Che escogió Bolivia como punto de partida para la lucha guerrillera continental. Sin embargo, se puede encontrar indicios que en vez de Bolivia tenía al Perú en mente. Pero debido a la falta de claridad acerca de lo que realmente había pasado en la provincia de La Mar y en qué estado se encontraba la organización guerrillera peruana después de la detención de Héctor Béjar, es posible que se hubiera tomado Bolivia como punto de partida.

En una entrevista con el escritor izquierdista Néstor Kohan, Harry Villegas dice: “Si en la lectura del diario que escribí en aquella época pudieras apreciar la coyuntura de cómo surgen las decisiones, te podrías dar cuenta de que realmente el Che no pretendía ir a Bolivia. El Che pretendía ir a Perú. Cuando nosotros salimos del África, la línea principal era ir a Perú. Y los bolivianos se comprometen con nosotros en darnos la ayuda para organizar la manera de ir a Perú o a Argentina […] Las instrucciones que a mí me dieron cuando yo salí de Praga era que le explicara a Papi concretamente que ya no íbamos para Perú. Que había que explicarle a Sánchez que era el representante del grupo peruano que teníamos en Bolivia las razones. Y todo esto se fundamentó en que el movimiento peruano estaba penetrado, infiltrado, como se podía ver por los golpes que le habían dado. Esas eran las instrucciones que me dieron”(9). En una entrevista con el general cubano William Gálvez dice: “Los primeros días de mayo de 1966 llegué con Tuma Carlos Coello a Praga. La razón de nuestro viaje, además de acompañar al Che, era, fundamentalmente, que él nos prepara para la futura misión, que sería reiniciar la lucha armada en Perú, para luego extenderla a los demás países; aunque la entrada del Che sería por Bolivia”. De acuerdo con documentos en posesión del autor Jon Lee Anderson, Harry Villegas ya habría empezado con su diario boliviano en junio de 1966. En el prólogo inédito, se habría podido leer que la “siguiente aventura” debía realizarse en territorio peruano. Jon Lee Anderson escribe también: “Según Pombo, la primera alternativa que propuso el Che para su destino siguiente fue Perú. Para ello necesitaba la ayuda de los bolivianos, estratégicamente situados en el país vecino. En abril de 1966 envió a Papi a Bolivia como explorador de avanzada con la intención de seguirlo si este daba ‘luz verde’”. “Lo primero era entrar en contacto con los peruanos, conocer el verdadero estado de su movimiento y [obtener] el apoyo del Partido Comunista Boliviano” dijo Pombo. Hasta el día de hoy perdura la polémica sobre cuál era el destino verdadero de la siguiente y última empresa guerrillera del Che. Según Pombo, los planes de ir a Perú se modificaron y se empezó a estudiar las posibilidades de Bolivia después de su llegada con Tuma a este país. La versión de Ariel Juan Carretero es distinta: “Piñeiro y Fidel ya pensaban en Bolivia cuando lograron sacar al Che de su reclusión en Tanzania”(10). Además el escritor norteamericano anotó: “Pombo dijo al autor que enviaron a Papi desde Praga a Bolivia con la intención de pedir a Monje que los ayudara a viajar a Perú y poner en marcha los preparativos para recibir al Che; que él y Tuma fueron luego a Perú a ayudar a Papi. Dijo que estando ellos en Bolivia, comenzó el derrumbe de las guerrillas peruanas y cundió la sospecha de que estaban ‘infiltrados’; que en ese momento empezaron a discutir la idea de iniciar una guerra en Bolivia. El problema de esta versión además de contradecirse con la de Ariel es que Pombo llegó a Bolivia en julio de 1966, pero la desintegración de los rebeldes peruanos había comenzado meses antes, con la muerte de Guillermo Lobatón y Luis de la Puente Uceda y la captura de Héctor Béjar producida en marzo”(11). Ulises Estrada señala que Papi y Emiliano (Dawi Santiago) fueron enviados a Bolivia para crear las condiciones que posibilitaría la entrada del Che al Perú a través de este país (12). Juan Carretero, en ese entonces jefe de la división latinoamericana de la Dirección General de Inteligencia (DGI), dice: “En Bolivia habían ocurrido luchas políticas muy fuertes y se acrecentaban las desigualdades sociales, y siempre ha sido un pueblo combativo. Por todas estas condiciones se tomó como un punto importante, para que pudiera desde allá preparar su ingreso al Perú y luego a la Argentina”.

Manuel Piñeiro, quien ha participado activamente en las preparaciones para la lucha guerrillera en Bolivia, dice lo siguiente sobre la cuestión si el Perú fue uno de los países donde el Che quería ir antes de que Bolivia fuese escogido: “Argentina, Perú, Bolivia, todo formaba parte de su proyecto integrador para llevar adelante su estrategia de continentalizar la revolución […] Es decir, que en el Perú había cierta organización y efervescencia popular, luchas sociales; ocurría la toma de tierras dirigida por Hugo Blanco; a la vez que era atractivo para el Che porque se hallaba más cerca de Argentina. Además, en esa época, en Bolivia existía un gobierno democrático surgido de la revolución de 1952, que duró hasta 1964. Sin embargo, tanto el intento guerrillero del ELN como los del MIR, fueron destruidos; murieron Luis de la Puente Uceda (en noviembre del ’65) y Lobatón (en enero del ’66); Héctor Béjar ya había sido detenido en 1965 y golpeada la columna que dirigía”(13). Régis Debray escribió: “Hasta mediados de 1966, según parece, el Che no pensaba en Bolivia sino como una plataforma de partida para el Perú, adonde efectivamente proyectaba trasladarse con el fin de unirse a los frentes guerrilleros ya implantados. En los comienzos de su misión, Papi había recibido instrucciones que no dejaban dudas sobre este plan original; por eso, desde sus inicios, la infraestructura clandestina de La Paz tenía por pilares a elementos del ELN peruano, instalados en el país desde el asunto de Puerto Maldonado. Pero la derrota sufrida por Luis de la Puente en Mesa Pelada, en el Cuzco, así como la desaparición del grupo de Lobatón y de Máximo Velando en Junín, sellaban en lo inmediato la suerte del MIR como organización militar, y la emboscada de Tincoj en diciembre de 1965, seguida de la captura de Héctor Béjar, la del ELN. Estos fracasos de 1965, confirmados y verificados en los primeros meses de 1966, eliminaban pues la primera opción del Che”. Durante los interrogatorios después de su detención en abril de 1967 en Bolivia, Régis Debray habría declarado que, según el Che, el Perú fue una mejor opción que Bolivia.

Los planes para una contribución directa del Che al frente guerrillero Javier Heraud en el departamento de Ayacucho es confirmado por Alaín Elías y Milciades Ruíz, ambos militantes del ELN. “En ese lapso cuando yo regreso a Lima, saliendo de Ayacucho en mayo de 1965 yo y Juan Pablo Chang, que estaba al mando de la ciudad, teníamos una conversación. Como yo bajaba, sabía cuál era la situación arriba, entonces le informo que nos faltaba capacidad, experiencia y que necesitamos cuadros cubanos que nos reforzaran, que son más experimentados”. Y cuando Juan Pablo Chang se fue a La Habana, “me preguntó dice Alaín Elías qué cosa puedo solicitar. Entonces dije que necesitamos gente con mayor experiencia, cuadros y se pensaba en el Che” (Alaín Elías). Milciades Ruíz dice que durante uno de sus viajes a Cuba, Juan Pablo Chang “se comprometió a traer al Che al grupo de Ayacucho, a la guerrilla de Ayacucho. Entonces él regresa en enero 1966 más o menos, y me dice:

― El Che se viene con nosotros.


Pero eso fue un arreglo antes de que caiga la guerrilla de Ayacucho”
(14)

Los cubanos respondieron favorablemente a la solicitud de enviar internacionalistas. En marzo de 1966, de acuerdo con la información que manejaba Alaín Elías en ese entonces, guerrilleros cubanos habían llegado a la ciudad de Arica (Chile) con el objetivo de reforzar el frente guerrillero en Ayacucho. “Sorpresivamente leí en el periódico que se había capturado a Héctor Béjar. Para mí, eso no tenía sentido porque para mí él estaba arriba. Cuando me conecté con la organización, resulta que efectivamente Héctor Béjar se había puesto en contacto con la organización. Lo iban a recoger para ponerlo en una casa clandestina, pero él estaba en la casa de una persona amiga de él que yo no conocía y ahí lo capturan. Entonces viene un desconcierto. En ese momento llega también la información que los cubanos ya están en Arica […] Julio Dagnino va por allá, para Arica, y me dice que están aquí pero están cambiando por la caída de Héctor y se van a Bolivia […] Los cubanos nos piden que reforcemos lo que se estaba organizando en Bolivia. Entonces Julio va para Bolivia y mandamos todo un equipo a Puno y a Bolivia. La presencia de cubanos en Arica es confirmada también por el hecho de que allá Juan Pablo Chang habría recibido dinero de José María Martínez (Papi). Luego, una persona con el nombre de Gallardo (Bolas) fue encargada de llevar este dinero a Lima”(15).

El 29 de julio 1966, Harry Villegas escribió en su diario: “Informamos a Sánchez, el compañero peruano que sirve como agente de enlace entre nosotros y Chino, de la decisión de nuestro gobierno de comenzar la lucha, primero en Bolivia y después en el Perú. Le explicamos el hecho de que, por el momento, las condiciones son mejores en Bolivia, comenzando por la forma en que se han desarrollado las cosas en su país que dieron al traste con la lucha armada allí (la muerte de De la Puente, la prisión de Calixto Héctor Béjar, la desaparición de Lobatón, etcétera. Él comprendió perfectamente las cosas. Le pedimos que continuara colaborando con nosotros, que su organización envíe hombres como está previsto para ser adiestrados aquí, que ellos participarían con los bolivianos en algunas de las acciones y posteriormente formarían el núcleo de las guerrillas en su país, junto con algunos de nuestros compatriotas”. El 6 de agosto escribió: “Llegan dos compañeros peruanos con mensajes de Chino que dice que no comprende el motivo por el que le da prioridad a Bolivia. Piensa que ellos, aún cuando están trabajando lentamente, han tomado la decisión de comenzar la lucha y que cualesquiera que fuesen las condiciones para esta que estuvieran faltando, ellas serán creadas. (La verdad es que, a nuestro juicio Ramón Che Guevara no puede ir allí, hay muchas cosas que deben ser aclaradas, tales como la captura de Calixto, la muerte de De la Puente, la desaparición de Lobatón y la captura de Gadea. Parece, por la forma en que van las cosas, como si Calixto se hubiese entregado, por intermedio del médico, tal vez a condición de que ellos garantizaran su vida)”. El 10 de septiembre anotó: “En nuestro anterior informe pedimos orientación sobre la forma cómo resolver la cuestión de Perú. A la vez que informamos, hemos procedido a informarle a Sánchez a los efectos que le hiciera llegar al Chino el cambio de bola le reiteramos nuestra decisión de seguirle ayudando en un plano secundario con relación a la cosa boliviana. El Chino contestó, accediendo a que Sánchez colaborase con nosotros en el Plan de Bolivia, pero a la vez nos hizo patente su opinión y decisión de trabajar, nos manifestó que aunque los trabajos habían ido lentos, se realizaban con paso firme, que su organización se mantiene en la decisión de ir a la lucha armada cueste lo que cueste”.

La elección de Bolivia no fue al azar. Inti Peredo escribe en su libro “Mi campaña con el Che”, que el Che escogió Bolivia porque “está ubicado en el corazón del cono sur de nuestro continente, limitaba con cinco países que tienen una situación política-económica cada vez más crítica, y su misma posición geográfica la convierte en una región estratégica para irradiar la lucha revolucionaria a las naciones vecinas”(16). Durante las conversaciones con el Che, el 31 de diciembre de 1966, el Che le habría explicado, según Mario Monje, “que su intención inicial era comenzar la lucha en otro lugar o país, pero que había llegado a la conclusión de que Bolivia ofrecía buenas condiciones […] que tal situación permitía crear un foco guerrillero, un foco revolucionario, impulsor de las luchas del pueblo, pues la guerrilla tendría la virtud de aglutinar a las fuerzas antiimperialistas y de arrastrarlas a la lucha armada; que el desarrollo de la lucha y la intervención abierta del imperialismo y de otras fuerzas extranjeras permitirían crear nuevos focos en otros países, generalizándose de ese modo la lucha guerrillera en el continente”.

La guerrilla boliviana fue construida en el sur del país, cerca de la frontera con Argentina. Che no ha participado en los viajes de reconocimiento, necesarios para la determinación de la zona de acción. Sin embargo, antes de que esta fuera decidida, el Che ha señalado reiteradamente que en el norte, cerca de La Paz, tenía que adquirir una finca. Esta región (Alto Beni), donde en septiembre de 1966 Régis Debray fue enviado para hacer un estudio geográfico y político y lo que el Che recibió justo antes de su partida, está a la altura del departamento peruano de Puno donde, en el mismo periodo, militantes del ELN estaban construyendo un frente guerrillero (17).

En los primeros meses de 1966 se buscaba una finca cerca de la localidad de Caranavi, que está alrededor de 3 horas de distancia de La Paz. La finca tenía que funcionar como un escondite y un centro de entrenamiento para guerrilleros que vinieron desde Cuba y estaban en camino al Perú. En 1965, otro grupo de peruanos fueron enviados a Cuba para recibir una capacitación política y militar. Los planes para la compra de una finca no se realizaron (18).

Los meses pasaron y aún no era determinado dónde se establecería la guerrilla. Esta situación duró hasta septiembre. Che insistió en la región cerca del departamento de Puno y envió a Alberto Fernández (Pacho) a Bolivia con un mensaje, de fecha del 3 de septiembre, diciendo que él ha escogido la región de Alto Beni (Caranavi). Según el cubano Daniel Alarcón (Benigno), uno de los sobrevivientes de la lucha guerrillera en Bolivia, los entrenamientos de preparación en Cuba apuntaban a que lucharían en el Alto Beni. Los cubanos recibían clases en el idioma quechua para comunicarse con los indígenas que vivían allí (19). En la región donde finalmente se inició la lucha, no se hablaba el quechua. Entonces, se podría concluir que el Che no había planeado empezar la guerra de guerrillas en el departamento de Santa Cruz.

El 6 septiembre se lee en el diario de Harry Villegas (1997: 49) que hubo un plan para comprar una finca en Alto Beni (20). Cuatro días más tarde él informó al Che que en los alrededores de Santa Cruz existían las mejores oportunidades para la guerrilla. Caranavi no cumplió con los requisitos porque, cerca de la finca que se iba a comprar, unidades del ejército estaban construyendo una carretera. Según Manuel Piñeiro, la opción de Alto Beni significaría que el Che debería permanecer más tiempo en Cuba y el Che creía que si él esperaba mucho tiempo, aumentarían las posibilidades de que los planes se filtraran y eso tendría como resultado de que el proyecto de la guerrilla continental podría peligrar. José María Martínez, que regresó a Cuba en octubre de 1966, presentó sus dudas al Che acerca de la zona sur de Santa Cruz (Ñancahuazú). Sin embargo, el Che no encontró los argumentos para postergar su contribución a la lucha. Según él, Ñancahuazú era una zona adecuada para largos entrenamientos. En Alto Beni se podría construir un segundo frente guerrillero.

Varios guerrilleros cubanos confirman que no era la intención combatir en la región de Ñancahuazú. Según Leonardo Tamayo (Urbano), el Che habría constatado que Ñancahuazú no cumplió con los requisitos guerrilleros. Ñancahuazú fue considerado como el campamento base para los combates que lejos de allí tendría que llevarse a cabo. Harry Villegas señala que la verdadera lucha guerrillera debía empezar en Alto Beni (21). También el boliviano Rodolfo Saldaña, que trabajaba en la red urbana de la guerrilla, confirma que la lucha tenía que hacerse en la región de Alto Beni. Ñancahuazú sirvió como una base de soporte (22). En octubre de 1966, Rodolfo Saldaña compró una hacienda en Alto Beni (23).

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El proyecto de guerrilla continental del Che Guevara (1)

Jan Lust

Es un hecho conocido que uno de los principales objetivos de la guerrilla del Che en Bolivia era servir como un catalizador y un centro de formación para la lucha guerrillera en el resto de América Latina. Sin embargo, las investigaciones sobre la relación concreta entre la guerrilla boliviana y los intentos guerrilleros que surgieron en otras partes de América Latina como consecuencia de la lucha en Bolivia son inexistentes o no han sido difundido ampliamente. Eso es muy curioso porque en su Diario Guevara habla sobre la internacionalización de la guerrilla. Además, también en las comunicaciones entre Guevara y La Habana durante la guerrilla boliviana la dinámica revolucionaria internacional de la guerrilla en Bolivia fue mencionada.

Se ha sugerido que el Che quería lanzar una lucha guerrillera en Argentina sobre la base de las columnas guerrilleras que se estaban desarrollando en Bolivia. Consideramos, sin embargo, de acuerdo con Harry Villegas, uno de los sobrevivientes de la guerrilla boliviana y también conocido como Pombo, que no sólo Argentina sino también Perú formó parte de los planes guerrilleros continentales del Che.

Sorprendentemente, la importancia del ELN peruana para el proyecto guerrillero del Che parece ser ignorado por la literatura sobre la guerrilla del Che. Biógrafos como Anderson (2010), Taibo II (2006), Castañeda (1997) Kalfon (1997) y O’Donnell (2003) han dado escasa atención a la relación entre el ELN peruano y boliviano. Más específicamente, ninguno de estos biógrafos menciona el intento guerrillero peruano en el departamento de Puno, ubicado cerca de la frontera con Bolivia, aunque deberían haber tenido acceso a las comunicaciones entre Guevara y La Habana que se refieren a este intento guerrillero. Además, en el Diario podemos, incluso, encontrar una clara referencia al supuesto intento guerrillero en Puno.

El 2 de diciembre de 1966, Guevara escribió: “También decidí darles apoyo para que enviaran 5 peruanos a establecer enlace para pasar las armas a una región cercana a Puno, del otro lado del Titicaca”. Por supuesto, su objeto de estudio no era el proyecto guerrillero continental de Guevara sino el hombre mismo. Sin embargo, es curioso descubrir que una de las biografías anteriores menciono el intento guerrillero en Puno.

En este artículo se describe el papel del ELN peruana en el proyecto guerrillero continental de Guevara. El objetivo inicial del Che fue fortalecer la lucha guerrillera en el Perú dirigido por el ELN en el departamento peruano de Ayacucho. La idea de desarrollar la guerrilla boliviana, sin embargo, surgió después de la derrota del ELN peruana en diciembre de 1965. Esta derrota no implicaba el fin del rol del ELN peruano en el proyecto guerrillero continental del Che. De hecho, en el mismo período que se levantó la guerrilla boliviana, también en el departamento peruano de Puno cerca de la frontera con Bolivia se intentó construir una fuerza guerrillera. Nuestros argumentos se basan en una revisión bibliográfica y entrevistas y correspondencia con exmilitantes del ELN peruana. El mapa que acompaña este artículo visualiza el papel estratégico del Perú para la guerrilla boliviana y, más en particular, el rol estratégico de la guerrilla peruana en el departamento de Puno.

Este artículo está estructurado en seis partes. En la primera parte se presentan las ideas de Guevara con respecto a la necesidad de una lucha guerrillera continental. La segunda parte ofrece una breve reseña de la aparición y evolución del ELN peruana y su relación con Cuba desde septiembre de 1962 hasta su derrota en diciembre de 1965 en el departamento de Ayacucho. La tercera parte discute el objeto principal de la guerrilla del Che: Perú o Bolivia. Con el fin de poner este tema en perspectiva, hemos incluido una narración sobre las supuestas relaciones entre la guerrilla boliviana y guerrilleros argentinos. En la cuarta parte analizamos la ubicación de la guerrilla boliviana y en la quinta parte describimos las intenciones del ELN peruano para construir una guerrilla en el departamento peruano de Puno, es decir, en la provincia de Sandia. Por último, en la sexta parte presentamos nuestras conclusiones.

1. El proyecto continental guerrillero del Che Guevara

El desarrollo de las ideas del Che sobre la lucha revolucionaria continental se remonta a principios de la década del sesenta. Ulises Estrada, un internacionalista cubano, escribe que desde 1961 el Che comenzó a hacer planes que le debería permitir desencadenar la lucha armada revolucionaria en otros países, en particular en la Argentina.

En su discurso con motivo del 152 Día de la Independencia de la Argentina, el 25 de mayo de 1962, el Guevara (1962) no dejó ninguna duda de que la revolución debería tener un carácter continental.

La necesidad de organizar la resistencia revolucionaria a nivel continental tenía que ver, además, de acuerdo con Guevara, que el imperialismo estaba preparando la represión contra los pueblos latinoamericanos y a eso se debería responder conjuntamente. Mientras más frentes guerrilleros fueron abiertos, más difíciles eran para ser combatidos.

En 1962, Guevara escribió el texto “Táctica y estrategia de la revolución latinoamericana”. En este trabajo, que se publicó el 6 octubre de 1968 en la revista cubana Verde Olivo, Guevara decía que los Estados Unidos harían todo para destruir el poder revolucionario. Eso haría difícil que la victoria se lograría en un país aislado. Por eso, según el Che, “a la unión de las fuerzas represivas debe contestarse con la unión de las fuerzas populares. En todos los países en que la opresión llega a niveles insostenibles, debe alzarse la bandera de la rebelión y esta bandera tendrá, por necesidad histórica, caracteres continentales”.

La lucha contra el imperialismo solamente podía tener éxito, dijo Che Guevara, cuando se la lleve a cabo en todo el mundo porque “hay que tener en cuenta que el imperialismo es un sistema mundial, última etapa del capitalismo, y que hay que batirlo en una gran confrontación mundial. La finalidad estratégica de esa lucha debe ser la destrucción del imperialismo”. Crear “muchos Vietnam” podría dividir las esfuerzas enemigas. Como un paso táctico en la lucha revolucionaria, Guevara proponía “la liberación gradual de los pueblos, uno por uno o por grupos, llevando al enemigo a una lucha difícil fuera de su terreno; liquidándole sus bases de sustentación, que son sus territorios dependientes”.

El ataque al imperialismo en las naciones en Suramérica debería ejecutarse, según Manuel Piñeiro, ex jefe del Departamento de América Latina del Ministerio del Interior de Cuba, en base a una columna madre que se fundaría en Bolivia. Columnas guerrilleras que se desprenderían como resultado de la guerrilla boliviana liderado por el Che podrían provocar “una alianza entre los gobiernos y los ejércitos de los países fronterizos, apoyados por el imperialismo” y, como consecuencia, contribuiría a la propagación de la lucha armada revolucionaria en la región.

El proyecto continental guerrillero del Che no fue, sin embargo, un asunto muy centralizado. Según Debray “las fuerzas del Che se limitarían en muchos casos a realizar la conjunción, ya que no física al menos política, con las fuerzas y los frentes guerrilleros implantados ya en su periferia, bien para reforzarlos o para coordinarlos”.

2. El surgimiento y la evolución del ELN peruano y sus relaciones con Cuba

El ELN peruano fue fundado en septiembre de 1962. Surgió del deseo de los jóvenes peruanos por seguir el ejemplo de la Revolución Cubana. Eran personas que habían salido por voluntad propia o que fueron expulsados del Partido Comunista Peruano (PCP). También había estudiantes becados por el Gobierno cubano que, impresionados por los éxitos de la Revolución Cubana, se motivaron para organizar la guerrilla. Además había gente que vino de otras organizaciones.

Es importante hacer hincapié en la formación del ELN en Cuba, ya que ayuda a comprender las relaciones específicas entre el ELN y el gobierno cubana. Por esta razón, no puede ser una sorpresa que, más adelante, el ELN peruana fue completamente insertada en el proyecto guerrillero continental del Che.

El ELN ha pasado por tres fases. La primera comenzó en 1961, cuando algunos exmiembros del PCP viajaron a Cuba con el fin de prepararse para la lucha armada en el Perú. Este período termina con la primera derrota del ELN en mayo de 1963 en la ciudad peruana de Puerto Maldonado. Esta primera fase fue organizada en cooperación con el gobierno cubano.

La idea era que los peruanos viajarían a La Paz (Bolivia) y desde allí cruzarían la frontera con Perú para establecer unidades guerrilleras en los departamentos de Cerro de Pasco, Junín y Cusco. En ese momento, en estos departamentos, los movimientos campesinos libraron fuertes batallas por la tierra. En La Paz, Cuba había instalado una base de apoyo con miembros del Partido Comunista Boliviano (PCB), la Juventud Comunista Boliviana (JCB) y con los cubanos como Ulises Estrada y Orlando Pantoja.

Los guerrilleros peruanos no llegaron a su destino porque en mayo de 1963 su vanguardia había sido sorprendida por la policía en la ciudad fronteriza peruana de Puerto Maldonado. Durante un tiroteo el poeta y guerrillero Javier Heraud murió.

La segunda fase del ELN se inició con un proceso de reestructuración y una evaluación de la primera experiencia guerrillera. Como parte del proceso de evaluación, el cuadro del ELN Néstor Guevara viajó a Cuba para conversar con el Che sobre lo que había sucedido en Bolivia y Puerto Maldonado. En esta fase, en septiembre de 1965, el frente guerrillero Javier Heraud fue creado en el departamento de Ayacucho. Este período cierra en diciembre de 1965 cuando el ELN es derrotado en la provincia de La Mar del mencionado departamento.

La decisión de continuar la lucha guerrillera obligó al ELN hacer una investigación. De hecho, desde 1962, cuando el ELN fue fundado y se decidió construir unidades guerrilleras en los departamentos de Cusco, Junín y Cerro de Pasco, Perú había cambiado mucho. La democracia parlamentaria había regresado y el nuevo presidente, Fernando Belaúnde (elegido en junio de 1963), propuso una reforma agraria.

La investigación llegó a la conclusión de que no era posible organizar una guerrilla en el Cuzco y que el campo de acción futuro debería estar en la provincia de La Mar del departamento de Ayacucho.

En abril de 1965, unos 20 militantes del ELN viajaron a La Mar con el fin de establecer el frente guerrillero Javier Heraud. Cinco meses más tarde, se llevó a cabo la acción principal del ELN: el ataque y la ocupación de la hacienda Chapi el 25 de septiembre de 1965. La acción contra la hacienda no fue inesperada porque, según Héctor Béjar, “Chapi era el símbolo de la dominación latifundista en toda la zona”. Además, la acción se había acordó con las comunidades campesinas de Chungui y Anjo.

El ataque a la hacienda pronto alertó al ejército y así apareció en octubre de 1965, “las primeras patrullas del ejército, pequeños grupos móviles que aparentan ser guerrilleros” se presentó. Después del ataque a Chapi varias otras haciendas fueron asaltadas y “vaciadas”.

El 17 de diciembre de 1965 se llevó a cabo una batalla con el Ejército. Esta batalla fue decisiva y se produjo justamente cuando la guerrilla estaba preparándose para dejar el departamento de Ayacucho y, curiosamente, para ir al departamento de Cuzco, donde a finales de octubre una unidad de la guerrilla del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) dirigido por Luis de la Puente fue diezmada. Sólo Héctor Béjar y el militante del ELN Edgard de la Sota lograron escapar del combate mortal.

La tercera fase se inició después de la detención de Héctor Béjar en febrero de 1966 y abarca el período 1966-1967. Esta fase se describe en este artículo.

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De la revolución a la traición: los Muyahidines del Pueblo de Irán

Gilles Munier y Hamed Ghashghavi
He aquí que se vuelve a hablar de Massud Radjavi, jefe de los Muyaidines del Pueblo (OMPI), grupo armado de oponentes iraníes que persiguen tomar el poder en Teherán desde hace más de 30 años. Desaparecido de la escena política y mediática desde la caída de Bagdad, se le había olvidado un poco. Un rumor le daba por muerto bajo los bombardeos norteamericanos. Pero sus partidarios, aunque aseguran que sigue con vida son evasivos cuando se les pregunta en donde se encuentra. Estaría, dicen, “en su puesto de combate, en la clandestinidad” o, según la página de Wikipedia redactada visiblemente por un redactor de la OMPI: “con sus tropas, en el corazón del peligro”. Otros tránsfugas creen que su mujer Maryam, a quien él colocó a la cabeza de su organización, lo ha expulsado, o hecho asesinar. ¿A quien creer?

El astuto príncipe Turku

El 7 de octubre de 2015, declarando ante el senador norteamericano Joseph Manchin durante una reunión del Comité de las Fuerzas Armadas titulada “La influencia iraní en Irak y el caso de Camp Liberty”, el coronel Wesley Martin, ex comandante militar de Camp Achraf, base iraquí en donde unos 3.000 miembros de la OMPI han estado bajo protección del ejército USA hasta 2012, indicaba que Massud Radjavi fue herido durante un ataque en Irak y que, según sus informaciones, “está en Francia”. Su testimonio hay que cogerlo con pinzas cuando se sabe que este alto responsable del antiterrorismo en Irak es actualmente uno de los “lobbistas” acreditados de la OMPI…

Entonces ¿hay que creer al príncipe Turku Al-Faisal, antiguo jefe de los servicios secretos saudíes, quién declaró el 9 de julio pasado, en Bourget, cerca de París, para estupor de los hablantes árabes invitados a en la reunión anual de la OMPI, que Massud Radjavi estaba muerto? Este anuncio malicioso, pronunciado en dos ocasiones no fue traducido por el intérprete de la organización visiblemente incómodo, pero fue recibido muy mal por su mujer Maryam que acababa de dar un vibrante homenaje a su marido como si estuviera vivo. Su rostro, hasta entonces radiante, cambió bruscamente.

Massud Radjavi
Una desaparición sin importancia

¿Se ha esclarecido por tanto el misterio de la desaparición de Massud Radjavi? Desde luego que no. Al-Alam, la cadena por satélite iraní en lengua árabe, reveló el pasado 25 de agosto que un avión norteamericano debía evacuar al secretario personal de Radjavi y a su médico personal hacia Albania, dejando entender que Radjavi podría encontrarse a bordo o ser enviado de la misma forma. Este traslado estaría motivado por la amenaza de un ataque contra Camp Liberty por la Intifada de Chaaban, organización que lleva el nombre de la insurrección chiíta de 2001 en Irak. En esa base militar situada cerca del aeropuerto de Bagdad, en donde han estado prisioneros muchos altos dirigentes baasistas, es donde los Muyaidines se han reagrupado bajo la protección del HCR (Alto Comisariado de las Naciones Unidas para los Refugiados).

Si Radjavi no estaba entre los pasajeros del avión USA o en otro vuelo chárter, sería necesario que Maryam justificara su prolongada ausencia de otra forma a la que lo han presentado (según algunos arrepentidos) algunos dirigentes de la OMPI a algunos miembros de la organización: Dios ha ocultado a su “jefe venerado” para protegerle de sus enemigos (en referencia a la ocultación de tipo menor o secundario, de la que se han beneficiado numerosos imanes chiítas), ¡y que reaparecerá cuando llegue la hora de derrocar la República islámica! No es extraño que con este tipo de confidencias nebulosas, bajo el sello del secreto, la OMPI pase por ser una secta político-religiosa que tiene por gurú a Massud.

Giro ideológico de 180 grados

El folletón Radjavi aun no ha terminado. Es interesante seguir en qué medida esta desaparición, o no, condiciona el porvenir de la OMPI. Dicho esto, lo más sorprendente está en otro tema: en la facultad que tiene esta organización de efectuar giros ideológicos de 180 grados y aliarse sin problemas con no importa quién, que pueda servir sus intereses.

Me he reunido con Massud Radjavi en dos ocasiones en Auvers-sur-Oise a comienzos de los años 80. Residía con Abolhassan Bani Sadr, primer presidente de la República islámica, con cuya hija se había casado. Se le consideraba islamo-marxista, anti-imperialista y anti-sionista.

Durante la guerra Irán-Irak y los 13 años de embargo que siguieron a la primera guerra del Golfo, me he entrevistado en numerosas ocasiones, en París y en Bagdad, con miembros de la OMPI. Incluso he tenido la ocasión de visitar la base Achraf. Aparte de su odio visceral a la República islámica de Irán, se adherían a la línea antiamericana y anti-israelí del partido Baas y de todos aquellos que se oponían a una nueva agresión a Irak. Cual no sería mi sorpresa al saber, tras el derrocamiento de Saddam Hussein, que la OMPI había cambiado de rumbo, aliándose a los neoconservadores y a la AIPAC, el lobby pro-israelí norteamericano.

Manipulaciones de todos los tipos

¿Qué sucedió cuando las tropas estadounidenses rodearon el Camp Achraf? Los Muyaidines, entonces considerados como terroristas por los Estados Unidos, debieron deponer sus armas. Agentes del Pentágono y del Mossad, llegados junto a los soldados dieron a elegir al núcleo dirigente de la OMPI entre la colaboración con sus servicios secretos en el asunto iraní o la detención y el procesamiento por terrorismo.

Algunos periodistas norteamericanos de investigación han levantado el velo que esconde sus nuevas actividades.

Seymour Harsh ha revelado en el New Yorker, en abril de 2012, que la JSOC (Comando Unificado de Operaciones Especiales) adiestraba desde 2005 a voluntarios de la OMPI en una base militar de Nevada.

Gareth Porter, de Inter Press Service ha demostrado que el informe que contenía las “pruebas” de que Irán buscaba dotarse de la bomba atómica ha sido “fabricado” por el Mossad y los Muyaidines del Pueblo. Añade que la OMPI y la CNRI (Consejo Nacional de Resistencia en Irán) colaboran estrechamente con el Pentágono y la CIA, y que utilizan “multitud de organizaciones pantalla para labores de propaganda y de manipulación, con el fin de preparar la opinión para una acción militar estadounidenses-israelí contra Irán”.

En enero de 2012, esta manipulación llega al asesinato de dos sabios iraníes participantes en el programa nuclear de su país. Según el diario israelí Haaretz, las muertes habrían sido producidas por terroristas de la OMPI con la ayuda del Mossad.


Aunque inscrita en la lista de organizaciones terroristas por los Estados Unidos en 1997 y por la Unión Europea en 2002, la OMPI ha continuado siempre sus actividades en Occidente, sin muchas molestias. Se comprende por qué su nombre ha sido finalmente retirado de la lista negra.

Profesión: hipócritas

La intervención del príncipe Turku en la conferencia anual de los Muyaidines significa que han pasado del plato de Irak en los tiempos de Saddam al de Arabia Saudita y esto no hace presagiar nada bueno. Esta nueva alianza (o subordinación) los pone al servicio de un reino feudal wahabita, corrupto, que considera a los chiítas como incrédulos a eliminar. Se explican así las numerosas defecciones que se han producido en las filas de miembros de la OMPI, liberados tras 13 años de encierro en Camp Achraf, luego llamado Camp Liberty.

Hay que ser musulmán para comprender bien el significado de la palabra “monafiqin” (hipócrita), gente que se dice creyente pero que actúa a la inversa de lo que dicta el Corán. Esta acusación se ha pegado a la piel de los Muyaidines desde que les fue aplicada por el imán Jomeini.

Por lo que nos concierne, es obligatorio constatar que el comportamiento de los Muyaidines del Pueblo, al menos desde las guerras del Golfo, es amoral. La definición de hipocresía en el diccionario Larousse es la siguiente: “Actitud consistente en disimular su carácter o sus verdaderas intenciones, afectar sentimientos, opiniones, virtudes que no se tienen, para presentarse bajo una luz favorable e inspirar confianza”. Les viene de maravilla.

Fuente: http://www.france-irak-actualite.com/2016/08/attention-moudjahidine-du-peuple-iranien.html
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El gobierno llega a un acuerdo de alto el fuego con la guerrilla en Filipinas

El gobierno de Filipinas y el Frente Democrático Nacional (FDNF), un coalición de grupos armados de izquierda, acordaron el viernes la extensión del alto el fuego por tiempo indefinido, a fin de crear condiciones favorables para el diálogo de paz.

El compromiso se formalizará con la firma de una declaración por representantes de ambas partes en Oslo, la capital noruega, donde se desarrollan las conversaciones desde el lunes, informó en una nota el Ministerio de Asuntos Exteriores de Noruega, país mediador.

De acuerdo con la cancillería europea, estas reuniones forman parte de los esfuerzos para terminar los conflictos prolongados casi 50 años en Filipinas.

Se espera que el diálogo de paz desarme las disconformidades entre el gobierno filipino y FDNF, y ponga fin al conflicto que cobró la vida de más de 40.000 personas, refiere el texto.

La fecha de tope de la tregua anterior expira el próximo 27 de este mes, indicaron los observadores del proceso.

Según los expertos, la reanudación de comunicación con el FDNF es una de las mayores prioridades del actual presidente filipino, Rodrigo Duterte, quien asumió el cargo el 30 de junio pasado.

Duterte considera hasta el establecimiento de un gobierno de coalición con el FDNF, precisaron.

Fuente: http://spanish.almanar.com.lb/adetails.php?eid=137069&cid=26&fromval=1
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Los brigadistas chinos en la guerra civil española

Agricultores analfabetos, trabajadores manuales, funcionarios públicos, unos 100 chinos se unieron a las brigadas internacionales que ayudan a luchar contra los fascistas del general Franco hace 80 años. A pesar de ser pocos en número, dejaron un recuerdo duradero.

En el otoño de 1937, Zhang Ruishu estaba disfrutando de uno de sus raros descansos de su trabajo de 14 horas diarias en primera línea del frente. Uno de los pocos, si no el único chino en Madrid, que no había pedido permiso de descanso -quedaba mucho que hacer-, pero su comandante había insistido en que se lo tomara. La capital española estaba decorado con desafiantes banderas desgarradas en que se leía “No pasarán” y “Madrid será la tumba del fascismo”. Zhang había visto a menudo antes estos signos. En un puesto de periódicos, sin embargo, un gran cartel promocional en la revista de noticias española la Estampa le llamó la atención.

El intrigante cartel mostraba la cara de un hombre de perfil. No era una cara bonita, sino ruda y curtida, con el pelo muy recortado, mejillas hundidas y un montón de dientes torcidos en una boca ligeramente abierta -la cara de un tonto que ha conocido dificultades. De repente, una multitud se agolpaba alrededor de Zhang; los ojos se abrían y los dedos le apuntaban. “¡Es él!” Clamaron, lanzándose hacia adelante para estrechar la mano del desconocido.

Casi 20 años después del día en que puso el pie en suelo europeo, el humilde hombre de 44 años de edad de la provincia de Shandong, ahora médico con las fuerzas republicanas en la lucha contra el fascismo en la guerra civil española, fue aclamado como un héroe en un país a casi 10.000 kilómetros de su casa.

Poco más de un año antes, el 17 de julio de 1936, al mismo tiempo que militarismo japonés se volvía cada vez más pesado en China, un grupo de oficiales [traidores] de derechas del ejército español, dirigido por el general Francisco Franco, se levantó contra el gobierno republicano democráticamente elegido. El movimiento marcó el comienzo de una guerra civil que se prolongó durante dos años y ocho meses y hacía entrever un conflicto aún mayor en Europa.

Mientras que los nacionalistas de Franco eran asistidos abiertamente por las fuerzas alemanas e italianas de los dictadores fascistas Adolf Hitler y Benito Mussolini, las naciones democráticas como Francia y Gran Bretaña aplicando una política oficial de no intervención para disgusto de muchos de sus propios ciudadanos, que vieron la contienda como una lucha contra los males del fascismo y el preludio de un conflicto aún mayor en Europa.

En respuesta a la indiferencia de sus gobiernos, decenas de miles de trabajadores, sindicalistas y estudiantes de izquierda se movilizaron y dirigieron a España, a tomar las armas. El número de combatientes extranjeros que lucharon en lo que llegó a ser conocido como las Brigadas Internacionales se ha estimado en 40.000, con voluntarios de 53 países, entre ellos Francia (9.000 personas), Estados Unidos (2800), Gran Bretaña (2.500), Polonia (3000) e incluso Alemania (4.000) e Italia (3000). Llegaron de Costa Rica y Albania, de Grecia, Cuba y Argentina, de Finlandia, Irlanda, Sudáfrica y Bulgaria.

Una investigación de varias décadas de Len y Hwei-Ru Tsou, dos investigadores americano-taiwanés (ahora retirados y con domicilio en San José, California), ha demostrado que más de 100 chinos combatieron hombro con hombro con los republicanos [y anarquistas]. Algunas de sus historias se detallan en el libro de la pareja, La llamada de España: Los voluntarios chinos en la Guerra Civil española (1936-1939), que fue publicado por primera vez en chino tradicional en Taiwán en 2001 (y ampliado en 2015), y en español y chino simplificado en 2013, con nuevo material añadido, que ahora sale a la luz.


“La llamada a las armas de Tsou” [Tsou’s call to arms ] fue una película documental realizada en Estados Unidos. “Creo que fue alrededor de 1986, que vimos ‘El Buen Combate’ [The Good Fight], dice Len Tsou, señalando que el documental se centró en la Brigada Abraham Lincoln, un batallón de combatientes estadounidenses que habían viajado a España. “Nos quedamos muy sorprendidos de que tantos voluntarios de todas partes del mundo se hubieran alistado. Comenzó entonces nuestro interés en las brigadas internacionales, y hemos aprendido todo lo que pudimos”.

Ese año fue el 50 aniversario del inicio de la guerra, y los veteranos de la Brigada Abraham Lincoln publicaron un folleto para recordar la ocasión. Contenía una lista completa de los voluntarios.

“Len y yo hechamos un vistazo y vimos que había tres nombres chinos allí”, dice Hwei-Ru Tsou. “Nos quedamos estupefactos. Los chinos en ese momento estaban luchando por su propia supervivencia, intentando rechazar la agresión japonesa”.

Una semilla había brotado, y la pareja cavó más profundo. Con muchos veteranos de guerra envejeciendo, los investigadores tuvieron que moverse rápido, viajando varias veces a España, China, Francia, Países Bajos, Bulgaria, Alemania y otros países para entrevistar a ex soldados, ex voluntarios, familiares y amigos, y entresacar la información de entre el marasmo de documentos oficiales.

Descubrieron que los chinos habían venido de todos los estratos, algunos de familias de funcionarios públicos, otros de lo más bajo de los trabajadores manuales y los agricultores analfabetos. Como su número había sido relativamente pequeña, no había habido ninguna brigada china oficial en España, y luchado en batallones de otras naciones, por lo general elegido en función de sus habilidades lingüísticas.

Aunque los fascistas de Franco tenían poder de su lado, los republicanos no estaban completamente solos: recibieron ayuda material y más de 2.000 tropas de combate de la Unión Soviética.

Mao Zedong envió una carta abierta de apoyo a los republicanos en el de mayo de 1937. “Si no fuera por el hecho de que tenemos el enemigo japonés frente a nosotros”, escribió Mao, “seguramente nos uniríamos a sus tropas”. Lo que Mao quizá no sabía era que, para aquel entonces, un número de chinos ya estaban allí.

El camino de Zhang a Europa comenzó ya en 1917, cuando -en los tiempos de la Primera Guerra Mundial- Gran Bretaña y Francia reclutaron a más de 100.000 chinos con el fin de que trabajaran en las fábricas cuyas plantillas regulares ahora estaban luchando en el frente. Nacido en la pobreza extrema en 1893, Zhang – huérfano siendo ya adolescente, sin trabajo, analfabeto y desesperado – se había registrado a bordo de un barco lleno de casi otros 2.000 hombres chinos con destino a Marsella.

Después de un viaje agotador 70 días por mar, Zhang se puso a trabajar en una fábrica de papel francesa. En menos de un año, sin embargo, Alemania se había rendido, la Primera Guerra [Mundial] terminó y los trabajadores chinos fueron un exceden para las necesidades franceses. La mayoría fueron enviados de vuelta a casa.

Sin familia y sin perspectivas en China, Zhang decidió quedarse y probar suerte, realizando los trabajos más desagradables y peligrosos (desenterrar cadáveres o detonación de bombas de gas sin explotar, por ejemplo) que los franceses evitaban.

También proveniente de Shandong, fuerte y valiente, Liu Jingtian nació en 1890. Tras su paso por el Ejército Chino también viajó a Francia en 1917, se quedó al terminar la guerra y en 1924, él y Zhang (cada vez más un autodidacta ahora enseñaba francés) obtuvieron un empleo estable en la planta de fabricación de automóviles Renault en el oeste del suburbio parisino de Boulogne-Billancourt. Al igual que muchos trabajadores de la industria del momento, se unieron al Partido Comunista Francés y, cuando estalló la guerra civil española, fueron llamados a bajar las herramientas, cruzar los Pirineos a pie y luchar contra el fascismo.

Zhang y Liu llegaron a España en noviembre de 1936, y aunque se les pidió a convertirse en ametralladores de la Brigada Internacional, por sus edades (ambos estaban en sus 40) se les asignó a los equipos médicos como camilleros, a menudo encargados de rescatar a los soldados heridos bajo el fuego enemigo. Como se describe en el Estampa, Zhang fue herido en el pecho, hombros y las manos durante el desempeño de sus funciones. También una dramática fotografía en el calor de la batalla que muestra a Liu rescatando a un soldado herido fue publicada en el diario español Frente Rojo, fue entonces alabado en reconocimiento a su heroísmo.

“En ese momento, era probable que si iban no recuperaran de nuevo sus trabajos [en la Renault de París]. Incluso puede que no fueran capaces de volver a Francia”, dice Hwei-Ru Tsou, “pero ellos fueron de todos modos, porque era una pelea muy importante. Estos dos tipos no eran jóvenes, los dos estaban solteros, y dijeron entre sí: ‘Si los trabajadores franceses van, cuando tienen familias, tienen hijos, entonces nosotros vamos también’. Fueron extraordinarios, y también muy queridos por sus compañeros. Eran muy valientes”.

Luchando con la Brigada Abraham Lincoln, estaban Zhang Ji de Minnesota y Chen Wenrao de Nueva York, que eran a demás originarios de China. Chen, nacido en la provincia de Guangdong y fue muerto en la sangrienta batalla de Gandesa, en 1938, a la edad de 25 años. Zhang, sin embargo, sobrevivió a la guerra en España.

Viniendo de una familia educada de relativamente privilegiada en la provincia de Hunan, Zhang Ji había salido de China hacia San Francisco en 1918, recibiendo el título de Ingeniero de Minas por la Universidad de Minnesota en 1923. Después de la crisis financiera del 1929, en que perdió su trabajo como una ingeniero y se radicalizó, se unió al Partido Comunista de los Estados Unidos en 1935. En marzo de 1937 a la edad de 37, Zhang Ji subió a bordo del trasatlántico SS París en Nueva York y se dirigió a Francia, luego cruzó los Pirineos hacia España. Alto, delgado y desgarbado, y no físicamente el más fuerte de voluntarios, Zhang Ji fue asignado inicialmente como conductor de camión, antes de tomar funciones de secretario.

Se describe en “La llamada de España” a un silencioso y misterioso doctor chino-indonesio, Bi Daowen (que también fue conocido por el nombre Indonesio como Tío Oen Bik) de Java, tenía 31 años cuando llegó a España, en septiembre de 1937.

Mientras que uno de los más fervientemente políticos de entre los chinos, delgado, con binóculos, fue Xie Weijin, que nació en la provincia de Sichuan en 1899. Xie participó en el Movimiento Antimperialista del Cuatro de Mayo en Shanghai en 1919 antes de dirigirse a Francia.

En la década de 1920, se unió a la Liga de la Juventud Comunista en Europa y al Partido Comunista de la rama europea china, y una foto tomada en una reunión en Berlín en 1927 muestra a Xie entregando una pancarta con la leyenda “De los Trabajadores de la huelga de Hong Kong y Kowloon” al líder comunista alemán Ernst Thalmann, que fue asesinado a tiros por orden expresa de Hitler en el campo de concentración de Buchenwald en 1944.

Xie se dirigió a España en abril de 1937. En una carta al Partido Comunista de España escribió: “No llegué a España para una estancia corta, sino para ir al frente de batalla. Me esforzaré al máximo en combatir como soldado. Espero que el comité me conceda este derecho y deje que me una a las Brigadas Internacionales al igual que muchos otros compañeros extranjeros”.

Xie se hizo ametrallador con el batallón de Austria, pero fue retirado de la primera línea por un disparo que atravesó su pierna derecha, por debajo de la rodilla.

De acuerdo con la investigación de los Tsou, Chen Agen fue posiblemente el único voluntario chino que llegó a la guerra directamente desde China. Chen, de hecho, huía de las autoridades después de haber organizado un sindicato en Shanghai. Mientras se dirigía a Europa en 1937, un cocinero vietnamita -se rumorea que fue Ho Chi Minh- quien encandiló a Chen con fábulas de la intrepidez antifascista de España, por lo que viajó allí para luchar; sólo para ser capturado y puesto a trabajar como prisionero de guerra sirviendo de mano de obra.

Con un embargo de armas, de acuerdo con la política de no intervención de muchos países, en 1938 los republicanos estaban en retirada, y en octubre el mando ordenó la disolución de las Brigadas Internacionales, con la esperanza [excusa] de convencer a los aliados extranjeros de los nacionalistas [fascistas] de retirar sus tropas; pero fue en vano, y la guerra terminó oficialmente el 1 de abril de 1939, con victoria de los nacionales.

Las suertes finales de los voluntarios de las Brigadas Internacionales fueron tan variadas como sus orígenes. Chen no fue liberado de la cárcel hasta 1942, y su rastro rápidamente se perdió en Madrid. Zhang Ji huyó de España después de la disolución de las Brigadas Internacionales y llegó a Hong Kong, donde en marzo de 1939 tas sus experiencias en la guerra civil española publicó las “viñetas españolas” en el periódico mensual Tien Hsia.

Chang había escrito de su deseo de unirse a VIII Ejército de Mao a su regreso a China, pero se desconoce si tuvo éxito; los Tsou no han encontrado ningún registro de su paradero después de Hong Kong.

Bi se enroló en China y en 1940 estaba en Yanan con las tropas de Mao. Bi fue uno de los voluntarios extranjeros que volvieron y fueron venerados como “los médicos españoles”, apoyando el esfuerzo de guerra de China contra Japón. Los médicos habían llegado en China desde Polonia, Alemania, Canadá, Gran Bretaña, India y muchos otros países, y habían servido en los campos de batalla españoles. Bi se mantuvo en Yanan hasta 1945 tras la rendición japonesa, trabajó en la Unión Soviética antes de regresar a Indonesia, donde fue condenado al ostracismo por sus acciones revolucionarias y creencias políticas. No se supo nada de él después de 1966, un año después del golpe militar de Suharto, y se sospecha que Bi pudo haber sido ejecutado.

“Cuando lo oí, lloré”, dice Hwei-Ru Tsou. “Sentí que había llegado a conocerlo. Lo sentía muy cercano a mi. Más tarde supe mucho acerca de sus hechos, no sólo en España sino también en China. Sentí que este gran hombre había sido olvidado, no sólo por su propio pueblo, pueblo de Indonesia, y sus compañeros, sino también por el mundo. Fue un hombre que vivió de sus ideales, y que tuvo un gran valor. Era un hombre increíble”.

A principios de 1939, Xie fue uno de los cientos de miles de refugiados republicanos que huyeron a Francia, donde fueron confinados en el famoso Campo de Concentración de Gurs durante ocho meses antes de regresar a China a través de Singapur, Hong Kong y Vietnam. Xie luchó con el Ejército Rojo contra los japoneses. Con el tiempo de trabajo como ingeniero para la fuerza aérea china en la década de 1950 y principios de los años 60. En 1965, sin embargo, Xie fue purgado por el Partido Comunista y acusado de revisionista debido a su implicación con los extranjeros en Europa. Murió de cáncer en 1978, no habiendo podido ser “rehabilitado”.

Liu llegó a Yanan a finales de 1939 y fue admitido en el Partido Comunista en 1946. Se sabe que trabajó en proyectos de construcción, incluyendo las [arqueológicas] viviendas cavernícolas de Yaodong por las que Yanan se hizo famoso, pero luego su rastro se pierde.

De acuerdo con Hwei-Ru Tsou, cuando los voluntarios internacionales se retiraron en 1938, Zhang Ruishu volvió a París y fue rápidamente detenido por el gobierno francés. Finalmente liberado con ayuda del Partido Comunista Francés, su antiguos compañeros de trabajo y sindicalistas de la Renault pagaron su pasaje en barco a China en el año 1939. A partir de 1949, trabajó en varias posiciones administrativas para la agencia de noticias Xinhua, retirándose en 1958. Diez años más tarde, solo y olvidado, calló a las puerta de su casa, y murió ese mismo año, a la edad de 75.

Para Hwei-Ru Tsou, las experiencias de los voluntarios chinos, que lucharon -y en algunos casos murieron- por sus convicciones internacionalistas en el lado opuesto del planeta de su tierra natal, no son mera historia, son ejemplos que brillan en un mundo habitualmente sacudido por tormentas políticas y la creciente intolerancia.

“Sus historias -en los tiempos actuales- son muy importantes”, dice. “La situación en aquel entonces -con Hitler y Mussolini levantandose sobre Europa, la situación económica y política en ese momento- podría regresar, y vemos signos de esto en algunos lugares del mundo. Estas historias pueden servir para mantenernos alerta”.

Fuente: http://www.scmp.com/magazines/post-magazine/long-reads/article/1989792/chinese-volunteers-who-fought-spanish-civil-war
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Dalton Trumbo: el Hollywood que vestía de rojo

Javier Castro

Los hermanos Lumière jamás imaginaron que alrededor de su mágica invención, se forjaría una poderosa industria, desarrollada en épocas de profundas transformaciones y conflictos, donde el cine adquirió relevante importancia, dando rienda suelta a talentosos creativos y sus formas narrativas, pero además, sirviendo como instrumento propagandístico para modificar conductas e imponer valores.

Lograrlo requería de efectivo control a los contenidos, siendo la censura aplicada a través de filtros con los más variados e inverosímiles criterios, una cuestión de intereses políticos e incluso, de seguridad nacional.

Fue la Primera Guerra Mundial (1914-1918) donde la propaganda se hizo actividad sistémica y se desarrolló en el sentido moderno. Aparece el Comité de Información Pública del presidente W. Wilson, quien elaboró con los residuos de la doctrina Monroe, una agenda para Hollywood, rodándose películas por encargo como “Pershing’s Crusaders” (1918), documental sobre el despliegue de las tropas estadounidenses en Francia, “Under tour flags” (1918), documental sobre las tropas aliadas en el conflicto; “The Kaiser, the Beast of Berlin” (1918), dirigida por Rupert Julian, donde se ridiculiza al Kaiser, obsesionado con dominar el mundo y desobedecido por sus tropas.

Tiempo después, un férreo sistema de regulación del contenido cinematográfico sería el “Código Hays”, una suerte de reglas impuestas a guionistas y directores que tuvo vigencia desde 1934 hasta 1968 y fue concebido por William H. Hays, miembro del Partido Republicano y el primer presidente de la Asociación de Productores y Distribuidores de Cine de América –MPPDA– (luego llamada MPAA).

Y claro, la censura se adoptó en todo el mundo. La mítica obra Casablanca fue sometida a cambios en doblaje para su proyección en España, en tanto el pasado de Rick (Humprey Bogart) da cuenta que participó en la guerra civil española con el bando republicano, la dictadura franquista no permitiría tal confesión y lo modifica diciendo que luchó contra la anexión austríaca de los nazis.

Aquí en Colombia, a finales de los años 30 del siglo XX, fue creada la Sociedad Industrial Cinematográfica, la cual controlaba el funcionamiento de numerosas salas para la proyección del denominado “cine moral”, acorde con los valores cristianos. En la siguiente década, la Acción Católica Colombiana nombraba juntas regionales que actuaban con autonomía para imponer censura.

En 1946 se aprobó la Ley 83 que señalaba al cine como factor de influencia en la delincuencia juvenil. Por ello los menores de 16 años no tenían permitida la entrada a películas que no fueran recreativas o educativas. La misma Ley de censura impedía la llegada de nuevas producciones, y la oferta cinematográfica se componía por películas filmadas veinte años atrás.

Sin embargo, siempre han emergido notables personajes dotados de un espíritu de lucha y vocación incorruptible, quienes han hecho frente a aquello que ante la censura el escritor bumangués Hernando Valencia Goelkel llamara: “mutilación de la inteligencia” y “represión de la libertad”.

Ejemplo de ello fue Dalton Trumbo, destacado novelista, guionista y director de cine norteamericano, quizá uno de los mejores en toda la historia. Hombre de convicciones políticas de izquierda,  miembro del Sindicato de Guionistas, la Liga Antinazi y solidario activista por el Comité de Refugiados Antifascistas.

En 1943 ingresa a las filas del Partido Comunista de los Estados Unidos y desarrolla su militancia escribiendo para el periódico Daily Worker, medio informativo partidario.

Aquella época era el ocaso de la Segunda Guerra Mundial, conflicto bélico criticado con dureza por Trumbo quien siempre expresó su desacuerdo con la injerencia de los EEUU. Ya en 1945 con el triunfo del Ejército Rojo sobre el fascismo alemán, se abrió paso al inicio de la guerra fría y con ello la persecución de los comunistas en la tierra del tío Sam.

Trumbo fue incluido en una lista negra junto a nueve de sus colegas por parte del Comité de Actividades Antiamericanas en la lógica del “Macartismo”, del que también fuera víctima Charles Chaplin y muchos otros baluartes del cine y las artes en general. A tal punto llegó su persecución, que al negarse a cooperar con las pretensiones delatoras del Congreso, fue condenado a prisión por un año. No cometió ningún delito, sus libertades civiles fueron constreñidas por pensar diferente a quienes ostentaban el poder.

Ya en el siglo XXI, Hollywood estaba en mora de rendirle un homenaje a tan célebre figura, reto que asumió el intrépido Jay Roach, y debo ser sincero al decir que no imaginaba al director de la saga “Austin Powers” haciéndose cargo del biopic de Trumbo, pero su experiencia en comedias permitió darle color al drama en aras de no hacer del film un acartonado discurso.

El desarrollo de la historia podría verse limitada por la estricta linealidad cronológica en que se cuenta, jugando allí un papel destacado la magistral dirección musical a cargo del joven y también norteamericano compositor Theodore Shapiro que nos mantendrá sumergidos en el relato.

Además, reconozco fui sorprendido por un Bryan Cranston entregado a su papel con la capacidad histriónica de la que gozaba el propio Trumbo, dotado de matices que hacen de la extravagancia una virtud. Junto a él, resalto la participación de John Goodman interpretando al peculiar empresario cinematográfico Frank King.

Ver la película que en Colombia se estrenará el próximo 9 de junio, nos conmoverá con la capacidad de entrega de un Dalton Trumbo apasionado por su carrera, enamorado de su familia, convencido de sus ideas. Demostrando con coraje el poder de la organización y ratificando que mientras haya causas justas, reivindicaciones justas, también habrá razones para conquistarlas.

Fuente: http://www.semanariovoz.com/2016/05/30/trumbo-el-comunista/
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Memoria Histórica

La caza de brujas contra los comunistas en Estados Unidos

Cuando el senador Joseph McCarthy llegó al coto de caza, la temporada ya estaba empezada. Y cuando volvió con sus presas a casa, herido y borracho, la partida continuó sin él. Sin embargo, su nombre quedó ligado a los límites del coto. En diciembre de 1954, McCarthy fue condenado por el propio Senado estadounidense. “Ha actuado en contra de la ética senatorial y ha pretendido llevar al Senado a la deshonra y al descrédito, obstruir los procedimientos constitucionales del Senado y perjudicar su dignidad”. Así quedaba reprobado el senador por Wisconsin. Y con ello salvadas las excusas para justificar y disculpar la “caza de brujas” anticomunista a lo largo y ancho del país. No solo eso. La “caza de brujas”, el “terror rojo”, una actividad y un clima que suponían un todo de amplio espectro, quedaban englobados bajo un nuevo término: “mcarthysmo”. Tanto fue así que adoptaría traducción universal. Toda persecución política por parte de elementos del Estado se podía calificar de episodio macartista, ya sucediera en cualquier parte del mundo. Porque lo importante no eran los elementos de fondo de tales persecuciones, sino los formales. El primero, la participación de “elementos del Estado”, lo que hacía al propio Estado un ente intocable en su conjunto, y lo humanizaba en su imperfección y en su capacidad de reconversión y limpia. Y segundo, en la cualidad episódica, en lo que se circunda temporalmente y, de nuevo, se disculpa como una mancha académica que no debe emborronar el expediente.

Joseph McCarthy le fue a los EEUU -discúlpese en lenguaje- un tonto útil. Y el macarthysmo, como término, un truco historiográfico que cercena sutilmente gran parte de la historia. Algo así como un saco donde entra todo, desde el famoso Comité de Actividades Antiamericanas -HUAC, siglas inglesas de House Committee on Un-American Activities- al clima generalizado de persecución. El nombre de McCarthy quedó ligado a “caza de brujas”, a los “Diez de Hollywood”, al “terror rojo”. El senador reportó méritos para ello. Pero él mismo fue un capítulo más en una historia compleja.

Evidentemente toda la “caza de brujas” y el clima de histeria anticomunista no dependió de McCarthy. Pero la estrategia del “todo es McCarthy” era la que mejor podía funcionar para que el gobierno de los EEUU saliese indemne de una aventura que se estaba volviendo demasiado arriesgada.

El Comité de Actividades Antiamericanas existía como organismo dependiente del Congreso de los Estados Unidos desde 1934, cuando fue creado para investigar la presencia de propaganda política extranjera en el país. Se centró particular y oficialmente en la posible actividad nazi entre estadounidenses de origen alemán y en el seno del Ku Klux Klan. La pronta conclusión fue que no había indicios concluyentes de penetración nazi, menos aún en el Klan, que era, a fin de cuentas, una “antigua institución estadounidense”. Tras ello, el Comité viró sus investigaciones hacia la influencia y extensión del comunismo, especialmente sobre aquellos sectores o gremios de notable influencia social, como podían ser los artistas e intelectuales. En el marco del New Deal y de las políticas de la administración Roosevelt -sustentadas en la Works Progress Administration- el principal y más famoso de los proyectos subvencionados fue el del Federal Theatre Project, que trató entre 1935 y 1939 -cuando fue cancelado- de desarrollar un amplio programa de actividades teatrales por todo el país que diera trabajo a miles de profesionales de las artes escénicas y que entretuviera a los trabajadores, en aquellos años de la Gran Depresión. Aprovechando la oportunidad, talentos como Arthur Miller y Orson Welles encontraron hueco para sus obras en el proyecto. El tono político de muchas de las representaciones pronto alarmó al gobierno estadounidense, cuyo Departamento de Estado llegó a a prohibir la representación de varias obras, como una que criticaba abiertamente la invasión de Etiopía por la Italia fascista y que hacía una representación crítica de Mussolini. El Departamento arguyó que no podía representarse en los escenarios a Jefes de Estado extranjeros, porque existía riesgo de provocar conflictos diplomáticos. La dramaturga y directora del Federal Theatre Project, Hallie Flannagan, tuvo que comparecer ante el Comité de Actividades Antiamericanas en 1938, para responder a preguntas tan insospechadas como la presunta militancia comunista de Christopher Marlowe, uno de los autores cuyas obras habían sido representadas -Christopher Marlowe, el autor isabelino, nacido en 1564-. Era el macarthysmo, antes de McCarthy.

Los interrogatorios de McCarthy, con un estilo agresivo y chabacano, grabados y difundidos públicamente, le confirieron la acertada imagen de estandarte anticomunista. En 1952 fue reelegido senador con el 54% de los votos. Había conseguido hacerse con el fervor popular de los católicos e incluso con el favor personal de la familia Kennedy, a pesar de encuadrarse en partidos políticos diferentes.

La persecución y las listas negras que se hicieron famosas por incluir notorios nombres de Hollywood comenzaron su sistemático curso en 1947, a cargo del Comité de Actividades Antiamericanas, con naturaleza de Comité Permanente desde dos años antes y presidido por el demócrata Edward Joseph Hart. Ya un año antes, en 1946, el diario The Hollywood Reporter publicaba una columna titulada Un voto para Stalin, donde se daban nombres y apellidos de supuestos infiltrados comunistas primordialmente en el mundo del cine. Walt Disney y Ronald Reagan fueron los profesionales que abrieron las audiencias del Comité, como abanderados contra la infiltración soviética en la industria del cine. Después de la primera salva, once testigos -en calidad de testigos fueron convocados por el HUAC- terminaron siendo declarados abiertamente hostiles; entre ellos, Bertolt Brecht, que procedió a abandonar los Estados Unidos. Quedaron los famosos “Diez de Hollywood”, acogidos en vano a la Primera Enmienda y a su derecho a no declarar. Fueron condenados por desacato al Congreso. Sólo uno de ellos revertirá su condena, evitará la prisión y el destierro profesional, el director Edward Dmytrik, tras reconocer su pertenencia al Partido Comunista, renegar de ello y delatar a otros colegas -para “salvar su piscina”, como apuntaría genéricamente Orson Welles sobre los delatores-. En 1950 se publica el folleto Red Channels -Canales Rojos: Informe sobre la influencia comunista en la radio y la televisión- que incluía el nombre de 151 personajes públicos -cineastas, escritores, periodistas, músicos, actores- de militancia o simpatía comunista. El folleto, publicado por el periódico semanal Counterattack -Contraataque-, órgano de American Business Consultants Inc., ponía de manifiesto la amplísima red gestada para declarar un absoluto estado de terror colectivo.

Los intereses corporativos funcionaron perfectamente engrasados con la HUAC y el FBI de Hoover, que tenía ya por entonces cientos de miembros infiltrados en el Partido Comunista de los Estados Unidos -CPUSA-. McCarthy, el senador, era la figura propicia para ponerse en primera línea de fuego de aquella cruzada anticomunista dentro del país.

Los interrogatorios de McCarthy, con un estilo agresivo y chabacano, grabados y difundidos públicamente, le confirieron la acertada imagen de estandarte anticomunista. En 1952 fue reelegido senador con el 54% de los votos. Había conseguido hacerse con el fervor popular de los católicos e incluso con el favor personal de la familia Kennedy, a pesar de encuadrarse en partidos políticos diferentes. McCarthy, por mucho que se le asocie con la persecución de Hollywood, no fijó su atención principal en el mundo del arte. Las listas negras de artistas e intelectuales habían crecido en el seno del Comité de Actividades Antiamericanas, del que McCarthy nunca formó parte. La lista que confeccionó el senador republicano y le sirvió de trampolín, quedó dibujada como una mera amenaza en febrero de 1950, cuando durante un discurso, sin dar nombres, dice tener una relación de 205 comunistas infiltrados no en entre bambalinas y sets, sino en el mismo Departamento de Estado. La cruzada de McCarthy se dirigía hacia la supuesta infiltración en el ejército y en el propio gobierno. En el momento de iniciar su inquisición el Presidente del gobierno era el demócrata Truman. Pero dos años más tarde, Eisenhower ganó las elecciones presidenciales, el primer republicano en veinte años. Y McCarthy encontrará en sus propias filas el principal escollo que salvar, finalmente insuperable.

Tras su reelección como senador se le asignó la presidencia del Subcomité de Seguridad Interna del Senado. Se le consideraba un puesto y una responsabilidad menor, pero McCarthy supo utilizar la posición para llevar a efectos la ofensiva final contra cualquier indicio de actividad comunista. Nombró a dos jóvenes de confianza como abogados del Subcomité, Roy Cohn -abogado principal- y Robert F. Kennedy -asistente-. En nombre de este Subcomité, interrogará a numerosos intelectuales, resultando paradigmática la audiencia a Dashiell Hammett, casi un ejercicio dramático de pura farsa. En el otoño de 1953 McCarthy inició su acometida contra el ejército, el caso Peress -el del dentista del Ejército al que el senador acusó de infiltración comunista en el cuerpo militar- supuso un desgaste y un cierto revés para McCarthy, que se granjeó la enemistad de importantes sectores dentro del Ejército cuando involucró al respetado General Ralph W. Zicker, inmediato superior de Peress.

En 1954 el tiempo de McCarthy comenzaba a acabarse. En la primavera de ese año, McCarthy y Roy Cohn fueron denunciados por favorecer el trato dentro del cuerpo de un asesor del Subcomité. Las audiencias del Ejército contra McCarthy fueron televisadas. McCarthy salió absuelto de toda culpa, no así Cohn, ni tampoco algunos de los cargos militares enfrentados a McCarthy. Las deliberaciones, en cualquier caso, importaban poco. La estrategia de la acusación contra McCarthy se centró en dejarle que se mostrase tal y como era, agresivo y un tanto simplón, y esperar que el público, ahora que no le veía enfrentado a la “amenaza comunista” sino a una de las más “antiguas instituciones estadounidenses”, el Ejército, le sentenciara. El senador de Vermont, Ralph Flandes, forzó finalmente la moción de censura del de Wisconsin, que quedó bajo investigación de un Comité específico compuesto por otros cinco senadores, dirigido por Arthur V. Watkins.

McCarthy, después del varapalo en la cámara, pasó a un segundo plano. Había sido reprobado, pero no por su visceral anticomunismo, sino por su alboroto. Con un severo problema de alcoholismo, murió apenas dos años después, en mayo de 1957. Él desapareció, pero la caza de brujas continuó, entonces sí, arreglando los desajustes de tono que el senador había introducido. Ni mucho menos desapareció el Comité de Actividades Antiamericanas, complemento y ejemplo inspirador para McCarthy. Aún en 1961 fueron condenados por desacato al Congreso -al acogerse a la Quinta Enmienda ante el HUAC- figuras como el cantante Pete Seeger o el dramaturgo Arthur Miller. En 1969 el Comité cambió de nombre, asumiendo el de Comité de Seguridad Interna. En 1975 fue formalmente disuelto y sus funciones pasaron a competencias del Comité Judicial del Senado. Al gobierno estadounidense le quedaban múltiples recursos, los programas del FBI y de la CIA para atacar las “nuevas amenazas subversivas” sobre suelo de los Estados Unidos serían más funcionales y sigilosos que los exabruptos del senador McCarthy.

Olvido Rus http://drugstoremag.es/2015/01/la-caida-de-mccarthy-y-la-continuidad-de-la-caza-de-brujas/

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50 años de la Conferencia Tricontinental

Mensaje a la Tricontinental
Ernesto ‘Che’ Gevara
Ya se han cumplido veintiún años desde el fin de la última conflagración mundial y diversas publicaciones, en infinidad de lenguas, celebran el acontecimiento simbolizado en la derrota del Japón. Hay un clima de aparente optimismo en muchos sectores de los dispares campos en que el mundo se divide.

Veintiún años sin guerra mundial, en estos tiempos de confrontaciones máximas, de choques violentos y cambios repentinos, parecen una cifra muy alta. Pero, sin analizar los resultados prácticos de esa paz por la que todos nos manifestamos dispuestos a luchar (la miseria, la degradación, la explotación cada vez mayor de enormes sectores del mundo) cabe preguntarse si ella es real.

No es la intención de estas notas historiar los diversos conflictos de carácter local que se han sucedido desde la rendición del Japón, no es tampoco nuestra tarea hacer el recuento, numeroso y creciente, de luchas civiles ocurridas durante estos años de pretendida paz. Bástenos poner como ejemplos contra el desmedido optimismo las guerras de Corea y Vietnam.

En la primera, tras años de lucha feroz, la parte norte del país quedó sumida en la más terrible devastación que figure en los anales de la guerra moderna; acribillada a bombas; sin fábricas, escuelas u hospitales; sin ningún tipo de habitación para albergar a diez millones de habitantes.

En esta guerra intervinieron, bajo la fementida bandera de las Naciones Unidas, decenas de países conducidos militarmente por los Estados Unidos, con la participación masiva de soldados de esa nacionalidad y el uso, como carne de cañón, de la población sudcoreana enrolada.

En el otro bando, el ejército y el pueblo de Corea y los voluntarios de la República Popular China contaron con el abastecimiento y asesoría del aparato militar soviético. Por parte de los norteamericanos se hicieron toda clase de pruebas de armas de destrucción, excluyendo las termonucleares pero incluyendo las bacteriológicas y químicas, en escala limitada. En Vietnam se han sucedido acciones bélicas, sostenidas por las fuerzas patrióticas de ese país casi ininterrumpidamente contra tres potencias imperialistas: Japón, cuyo poderío sufriera una caída vertical a partir de las bombas de Hiroshima y Nagasaki; Francia, que recupera en aquel país vencido sus colonias indochinas e ignoraba las promesas hechas en momentos difíciles; y los Estados Unidos, en esta última fase de la contienda.

Hubieron confrontaciones limitadas en todos los continentes, aún cuando en el americano, durante mucho tiempo, sólo se produjeron conatos de lucha de liberación y cuartelazos, hasta que la revolución cubana diera su clarinada de alerta sobre la importancia de esta región y atrajera las iras imperialistas, obligándola a la defensa de sus costas en Playa Girón, primero, y durante la Crisis de Octubre, después.

Este último incidente pudo haber provocado una guerra de incalculables proporciones, al producirse, en torno a Cuba, el choque de norteamericanos y soviéticos.

Pero, evidentemente, el foco de las contradicciones, en este momento, está radicado en los territorios de la península indochina y los países aledaños. Laos y Vietnam son sacudidos por guerras civiles, que dejan de ser tales al hacerse presente, con todo su poderío, el imperialismo norteamericano, y toda la zona se convierte en una peligrosa espoleta presta a detonar.

En Vietnam la confrontación ha adquirido características de una agudeza extrema. Tampoco es nuestra intención historiar esta guerra. Simplemente, señalaremos algunos hitos de recuerdo.

En 1954, tras la derrota aniquilante de Dien-Bien-Phu, se firmaron los acuerdos de Ginebra, que dividía al país en dos zonas y estipulaba la realización de elecciones en un plazo de 18 meses para determinar quiénes debían gobernar a Vietnam y cómo se reunificaría el país. Los norteamericanos no firmaron dicho documento, comenzando las maniobras para sustituir al emperador Bao-Dai, títere francés, por un hombre adecuado a sus intenciones. Este resultó ser Ngo-Din-Diem, cuyo trágico fin -el de la naranja exprimida por el imperialismo- es conocido de todos.

En los meses posteriores a la firma del acuerdo, reinó el optimismo en el campo de las fuerzas populares. Se desmantelaron reductos de lucha antifrancesa en el sur del país y se esperó el cumplimiento de lo pactado. Pero pronto comprendieron los patriotas que no habría elecciones a menos que los Estados Unidos se sintieran capaces de imponer su voluntad en las urnas, cosa que no podría ocurrir, aún utilizando todos los métodos de fraude de ellos conocidos.

Nuevamente se iniciaron las luchas en el sur del país y fueron adquiriendo mayor intensidad hasta llegar al momento actual, en que el ejército norteamericano se compone de casi medio millón de invasores, mientras las fuerzas títeres disminuyen su número, y sobre todo, han perdido totalmente la combatividad.

Hace cerca de dos años que los norteamericanos comenzaron el bombardeo sistemático de la República Democrática de Vietnam en un intento más de frenar la combatividad del sur y obligar a una conferencia desde posiciones de fuerza. Al principio, los bombardeos fueron más o menos aislados y se revestían de la máscara de represalias por supuestas provocaciones del Norte. Después aumentaron en intensidad y método, hasta convertirse en una gigantesca batida llevada a cabo por las unidades aéreas de los Estados Unidos, día a día, con el propósito de destruir todo vestigio de civilización en la zona norte del país. Es un episodio de la tristemente célebre escalada.

Las aspiraciones materiales del mundo yanqui se han cumplido en buena parte a pesar de la denodada defensa de las unidades antiaéreas vietnamitas, de los más de 1.700 aviones derribados y de la ayuda del campo socialista en material de guerra.

Hay una penosa realidad: Vietnam, esa nación que representa las aspiraciones, las esperanzas de victoria de todo un mundo preterido, está trágicamente solo. Ese pueblo debe soportar los embates de la técnica norteamericana, casi a mansalva en el sur, con algunas posibilidades de defensa en el norte, pero siempre solo.

La solidaridad del mundo progresista para con el pueblo de Vietnam semeja a la amarga ironía que significaba para los gladiadores del circo romano el estímulo de la plebe. No se trata de desear éxitos al agredido, sino de correr su misma suerte; acompañarlo a la muerte o la victoria.

Cuando analizamos la soledad vietnamita nos asalta la angustia de este momento ilógico de la humanidad.

El imperialismo norteamericano es culpable de agresión; sus crímenes son inmensos y repartidos por todo el orbe. ¡Ya lo sabemos, señores! Pero también son culpables los que en el momento de definición vacilaron en hacer de Vietnam parte inviolable del territorio socialista, corriendo, sí, los riesgos de una guerra de alcance mundial, pero también obligando a una decisión a los imperialistas norteamericanos. Y son culpables los que mantienen una guerra de denuestos y zancadillas comenzada hace ya buen tiempo por los representantes de las dos más grandes potencias del campo socialista.

Preguntemos, para lograr una respuesta honrada: ¿Está o no aislado el Vietnam, haciendo equilibrios peligrosos entre las dos potencias en pugna?

Y, ¡qué grandeza la de ese pueblo! ¡Qué estoicismo y valor, el de ese pueblo! Y qué lección para el mundo entraña esa lucha. Hasta dentro de mucho tiempo no sabremos si el presidente Johnson pensaba en serio iniciar algunas de las reformas necesarias a un pueblo –para limar aristas de las contradicciones de clase que asoman con fuerza explosiva y cada vez más frecuentemente–. Lo cierto es que las mejoras anunciadas bajo el pomposo título de lucha por la gran sociedad han caído en el sumidero de Vietnam.

El más grande de los poderes imperialistas siente en sus entrañas el desangramiento provocado por un país pobre y atrasado y su fabulosa economía se resiente del esfuerzo de guerra. Matar deja de ser el más cómodo negocio de los monopolios. Armas de contención, y no en número suficiente, es todo lo que tienen estos soldados maravillosos, además del amor de su patria, a su sociedad y un valor a toda prueba.

Pero el imperialismo se empantana en Vietnam, no halla camino de salida y busca desesperadamente alguno que le permita sortear con dignidad este peligroso trance en que se ve. Mas los “cuatro puntos” del Norte y “los cinco” del Sur lo atenazan, haciendo aún más decidida la confrontación.

Todo parece indicar que la paz, esa paz precaria a la que se ha dado tal nombre, sólo porque no se ha producido ninguna conflagración de carácter mundial, está otra vez en peligro de romperse ante cualquier paso irreversible, e inaceptable, dado por los norteamericanos.

Y, a nosotros, explotados del mundo, ¿cuál es el papel que nos corresponde? Los pueblos de tres continentes observan y aprenden su lección en Vietnam. Ya que, con la amenaza de guerra, los imperialistas ejercen su chantaje sobre la humanidad, no temer la guerra, es la respuesta justa. Atacar dura e ininterrumpidamente en cada punto de confrontación, debe ser la táctica general de los pueblos.

Pero, en los lugares en que esta mísera paz que sufrimos no ha sido rota, ¿cuál será nuestra tarea? Liberarnos a cualquier precio.

El panorama del mundo muestra una gran complejidad. La tarea de la liberación espera aún a países de la vieja Europa, suficientemente desarrollados para sentir todas las contradicciones del capitalismo, pero tan débiles que no pueden ya seguir el rumbo del imperialismo o iniciar esta ruta. Allí las contradicciones alcanzarán en los próximos años carácter explosivo, pero sus problemas y, por ende, la solución de los mismos son diferentes a la de nuestros pueblos dependientes y atrasados económicamente.

El campo fundamental de la explotación del imperialismo abarca los tres continentes atrasados, América, Asia y África. Cada país tiene características propias, pero los continentes, en su conjunto, también las presentan.

América constituye un conjunto más o menos homogéneo y en la casi totalidad de su territorio los capitales monopolistas norteamericanos mantienen una primacía absoluta. Los gobiernos títeres o, en el mejor de los casos, débiles y medrosos, no pueden oponerse a las órdenes del amo yanqui. Los norteamericanos han llegado casi al máximo de su dominación política y económica, poco más podrían avanzar ya; cualquier cambio de la situación podría convertirse en un retroceso en su primacía. Su política es mantener lo conquistado. La línea de acción se reduce en el momento actual, al uso brutal de la fuerza para impedir movimientos de liberación, de cualquier tipo que sean.

Bajo el eslogan, “no permitiremos otra Cuba”, se encubre la posibilidad de agresiones a mansalva, como la perpetrada contra Santo Domingo, o anteriormente, la masacre de Panamá, y la clara advertencia de que las tropas yanquis están dispuestas a intervenir en cualquier lugar de América donde el orden establecido sea alterado, poniendo en peligro sus intereses. Esa política cuenta con una impunidad casi absoluta; la OEA es una máscara cómoda, por desprestigiada que esté; la ONU es de una ineficiencia rayana en el ridículo o en lo trágico; los ejércitos de todos los países de América están listos a intervenir para aplastar a sus pueblos. Se ha formado, de hecho, la internacional del crimen y la traición.

Por otra parte las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo -si alguna vez la tuvieron- y sólo forman su furgón de cola. No hay más cambios que hacer: o revolución socialista o caricatura de revolución.

Asia es un continente de características diferentes. Las luchas de liberación contra una serie de poderes coloniales europeos, dieron por resultado el establecimiento de gobiernos más o menos progresistas, cuya evolución posterior ha sido, en algunos casos, de profundización de los objetivos primarios de la liberación nacional y en otros de reversión hacia posiciones pro-imperialistas.

Desde el punto de vista económico, Estados Unidos tenía poco que perder y mucho que ganar en Asia. Los cambios le favorecen; se lucha por desplazar a otros poderes neocoloniales, penetrar nuevas esferas de acción en el campo económico, a veces directamente, otras utilizando al Japón.

Pero existen condiciones políticas especiales, sobre todo en la península indochina, que le dan características de capital importancia al Asia y juegan un papel importante en la estrategia militar global del imperialismo norteamericano. Este ejerce un cerco a China a través de Corea del Sur, Japón, Taiwan, Vietnam del Sur y Tailandia, por lo menos.

Esa doble situación; un interés estratégico tan importante como el cerco militar a la República Popular China y la ambición de sus capitales por penetrar esos grandes mercados que todavía no dominan, hacen que el Asia sea uno de los lugares más explosivos del mundo actual, a pesar de la aparente estabilidad fuera del área vietnamita.

Perteneciendo geográficamente a este continente, pero con sus propias contradicciones, el Oriente Medio está en plena ebullición, sin que se pueda prever hasta donde llegará esa guerra fría entre Israel, respaldada por los imperialistas, y los países progresistas de la zona. Es otro de los volcanes amenazadores del mundo.

El África, ofrece las características de ser un campo casi virgen para la invasión neocolonial. Se han producido cambios que, en alguna medida, obligaron a los poderes neocoloniales a ceder sus antiguas prerrogativas de carácter absoluto. Pero, cuando los procesos se llevan a cabo ininterrumpidamente, al colonialismo sucede, sin violencia, un neocolonialismo de iguales efectos en cuanto a la dominación económica se refiere.

Estados Unidos no tenía colonias en esta región y ahora lucha por penetrar en los antiguos cotos cerrados de sus socios. Se puede asegurar que África constituye, en los planes estratégicos del imperialismo norteamericano, su reservorio a largo plazo; sus inversiones actuales sólo tienen importancia en la Unión Sudafricana y comienza su penetración en el Congo, Nigeria y otros países, donde se inicia una violenta competencia (con carácter pacífico hasta ahora) con otros poderes imperialistas.

No tiene todavía grandes intereses que defender salvo su pretendido derecho a intervenir en cada lugar del globo en que sus monopolios olfateen buenas ganancias o la existencia de grandes reservas de materias primas.

Todos estos antecedentes hacen lícito el planteamiento interrogante sobre las posibilidades de liberación de los pueblos a corto o mediano plazo.

Si analizamos el África veremos que se lucha con alguna intensidad en las colonias portuguesas de Guinea, Mozambique y Angola, con particular éxito en la primera y con éxito variable en las dos restantes. Que todavía se asiste a la lucha entre los sucesores de Lumumba y los viejos cómplices de Tshombe en el Congo, lucha que, en el momento actual, parece inclinarse a favor de los últimos, los que han “pacificado” en su propio provecho una gran parte del país, aunque la guerra se mantenga latente.

En Rhodesia el problema es diferente: el imperialismo británico utilizó todos los mecanismos a su alcance para entregar el poder a la minoría blanca que lo detenta actualmente. El conflicto, desde el punto de vista de Inglaterra, es absolutamente artificial, sólo que esta potencia, con su habitual habilidad diplomática –también llamada hipocresía en buen romance– presenta una fachada de disgustos ante las medidas tomadas por el gobierno de Ian Smith, y es apoyada en su taimada actitud por algunos de los países del Commonwealth que la siguen, y atacada por una buena parte de los países del África Negra, sean o no dóciles vasallos económicos del imperialismo inglés.

En Rhodesia la situación puede tornarse sumamente explosiva si cristalizan los esfuerzos de los patriotas negros para alzarse en armas y este movimiento fuera apoyado efectivamente por las naciones africanas vecinas. Pero por ahora todos los problemas se ventilan en organismos tan inocuos como la ONU, el Commonwealth o la OUA.

Sin embargo, la evolución política y social del África no hace prever una situación revolucionaria continental. Las luchas de liberación contra los portugueses deben terminar victoriosamente, pero Portugal no significa nada en la nómina imperialista. Las confrontaciones de importancia revolucionaria son las que ponen en jaque a todo el aparato imperialista, aunque no por eso dejemos de luchar por la liberación de las tres colonias portuguesas y por la profundización de sus revoluciones.

Cuando las masas negras de Sudáfrica o Rodesia inicien su auténtica lucha revolucionaria, se habrá iniciado una nueva época en el África. O, cuando las masas empobrecidas de un país se lancen a rescatar su derecho a una vida digna, de las manos de las oligarquías gobernantes.

Hasta ahora se suceden los golpes cuartelarios en que un grupo de oficiales reemplaza a otro o a un gobernante que ya no sirva sus intereses de casta y a los de la potencias que los manejan solapadamente pero no hay convulsiones populares. En el Congo se dieron fugazmente estas características impulsadas por el recuerdo de Lumumba, pero han ido perdiendo fuerzas en los últimos meses.

En Asia, como vimos, la situación es explosiva, y no son sólo Vietnam y Laos, donde se lucha, los puntos de fricción. También lo es Camboya, donde en cualquier momento puede iniciarse la agresión directa norteamericana, Tailandia, Malasia y, por supuesto, Indonesia, donde no podemos pensar que se haya dicho la última palabra pese al aniquilamiento del Partido Comunista de ese país, al ocupar el poder los reaccionarios. Y, por supuesto, el Oriente Medio.

En América Latina se lucha con las armas en la mano en Guatemala, Colombia, Venezuela y Bolivia y despuntan ya los primeros brotes en Brasil. Hay otros focos de resistencia que aparecen y se extinguen. Pero casi todos los países de este continente están maduros para una lucha de tipo tal, que para resultar triunfante, no puede conformarse con menos que la instauración de un gobierno de corte socialista.

En este continente se habla prácticamente una lengua, salvo el caso excepcional del Brasil, con cuyo pueblo los de habla hispana pueden entenderse, dada la similitud entre ambos idiomas. Hay una identidad tan grande entre las clases de estos países que logran una identificación de tipo “internacional americano”, mucho más completa que en otros continentes. Lengua, costumbres, religión, amo común, los unen. El grado y las formas de explotación son similares en sus efectos para explotadores y explotados de una buena parte de los países de nuestra América. Y la rebelión está madurando aceleradamente en ella.

Podemos preguntarnos: esta rebelión, ¿cómo fructificará?; ¿de qué tipo será? Hemos sostenido desde hace tiempo que, dadas sus características similares, la lucha en América adquirirá, en su momento, dimensiones continentales. Será escenario de muchas grandes batallas dadas por la humanidad para su liberación.

En el marco de esa lucha de alcance continental, las que actualmente se sostienen en forma activa son sólo episodios, pero ya han dado los mártires que figurarán en la historia americana como entregando su cuota de sangre necesaria en esta última etapa de la lucha por la libertad plena del hombre. Allí figurarán los nombres del Comandante Turcios Lima, del cura Camilo Torres, del Comandante Fabricio Ojeda, de los Comandantes Lobatón y Luis de la Puente Uceda, figuras principalísimas en los movimientos revolucionarios de Guatemala, Colombia, Venezuela y Perú.

Pero la movilización activa del pueblo crea sus nuevos dirigentes; César Montes y Yon Sosa levantan la bandera en Guatemala, Fabio Vázquez y Marulanda lo hacen en Colombia, Douglas Bravo en el occidente del país y Américo Martín en El Bachiller, dirigen sus respectivos frentes en Venezuela.

Nuevos brotes de guerra surgirán en estos y otros países americanos, como ya ha ocurrido en Bolivia, e irán creciendo, con todas las vicisitudes que entraña este peligroso oficio de revolucionario moderno. Muchos morirán víctimas de sus errores, otros caerán en el duro combate que se avecina; nuevos luchadores y nuevos dirigentes surgirán al calor de la lucha revolucionaria. El pueblo irá formando sus combatientes y sus conductores en el marco selectivo de la guerra misma, y los agentes yanquis de represión aumentarán. Hoy hay asesores en todos los países donde la lucha armada se mantiene y el ejército peruano realizó, al parecer, una exitosa batida contra los revolucionarios de ese país, también asesorado y entrenado por los yanquis. Pero si los focos de guerra se llevan con suficiente destreza política y militar, se harán prácticamente imbatibles y exigirán nuevos envíos de los yanquis. En el propio Perú, con tenacidad y firmeza, nuevas figuras aún no completamente conocidas, reorganizan la lucha guerrillera. Poco a poco, las armas absolutas que bastan para la represión de las pequeñas bandas armadas, irán convirtiéndose en armas modernas y los grupos de asesores en combatientes norteamericanos, hasta que, en un momento dado, se vean obligados a enviar cantidades crecientes de tropas regulares para asegurar la relativa estabilidad de un poder cuyo ejército nacional títere se desintegra ante los combates de las guerrillas. Es el camino de Vietnam; es el camino que deben seguir los pueblos; es el camino que seguirá América, con la característica especial de que los grupos en armas pudieran formar algo así como Juntas de Coordinación para hacer más difícil la tarea represiva del imperialismo yanqui y facilitar la propia causa.

América, continente olvidado por las últimas luchas políticas de liberación, que empieza a hacerse sentir a través de la Tricontinental en la voz de la vanguardia de sus pueblos, que es la Revolución Cubana, tendrá una tarea de mucho mayor relieve: la de la creación del Segundo o Tercer Vietnam del mundo.

En definitiva, hay que tener en cuenta que el imperialismo es un sistema mundial, última etapa del capitalismo, y que hay que batirlo en una gran confrontación mundial. La finalidad estratégica de esa lucha debe ser la destrucción del imperialismo. La participación que nos toca a nosotros, los explotados y atrasados del mundo, es la de eliminar las bases de sustentación del imperialismo: nuestros pueblos oprimidos, de donde extraen capitales, materias primas, técnicos y obreros baratos y a donde exportan nuevos capitales -instrumentos de dominación-, armas y toda clase de artículos, sumiéndonos en una dependencia absoluta.

El elemento fundamental de esa finalidad estratégica será, entonces, la liberación real de los pueblos; liberación que se producirá, a través de lucha armada, en la mayoría de los casos, y que tendrá, en América, casi indefectiblemente, la propiedad de convertirse en una Revolución Socialista.

Al enfocar la destrucción del imperialismo, hay que identificar a su cabeza, la que no es otra que los Estados Unidos de Norteamérica.

Debemos realizar una tarea de tipo general que tenga como finalidad táctica sacar al enemigo de su ambiente obligándolo a luchar en lugares donde sus hábitos de vida choquen con la realidad imperante. No se debe despreciar al adversario: el soldado norteamericano tiene capacidad técnica y está respaldado por medios de tal magnitud que lo hacen temible. Le falta esencialmente la motivación ideológica que tienen en grado sumo sus más enconados rivales de hoy: los soldados vietnamitas. Solamente podremos triunfar contra ese ejército en la medida en que logremos minar su moral. Y ésta se mina infligiéndole derrotas y ocasionándole sufrimientos repetidos.

Pero este pequeño esquema de victorias encierra dentro de sí sacrificios inmensos de los pueblos, sacrificios que deben exigirse desde hoy, a la luz del día y que quizá sean menos dolorosos que los que debieron soportar si rehuyéramos constantemente el combate, para tratar de que otros sean los que nos saquen las castañas del fuego.

Claro que, el último país en liberarse, muy probablemente lo hará sin lucha armada, y los sufrimientos de una guerra larga y tan cruel como la que hacen los imperialistas, se le ahorrará a ese pueblo. Pero tal vez sea imposible eludir esa lucha o sus efectos, en una contienda de carácter mundial y se sufra igual o más aún. No podemos predecir el futuros pero jamás debemos ceder a la tentación claudicante de ser los abanderados de un pueblo que anhela su libertad, pero reniega de la lucha que ésta conlleva y la espera como un mendrugo de victoria.

Es absolutamente justo evitar todo sacrificio inútil. Por eso es tan importante el esclarecimiento de las posibilidades efectivas que tiene la América dependiente de liberarse en forma pacífica. Para nosotros está clara la solución de esta interrogante; podrá ser o no el momento actual el indicado para iniciar la lucha, pero no podemos hacernos ninguna ilusión, ni tenemos derecho a ello, de lograr la libertad sin combatir. Y los combates no serán meras luchas callejeras de piedras contra gases lacrimógenos, ni de huelgas generales pacíficas; ni será la lucha de un pueblo enfurecido que destruya en dos o tres días el andamiaje represivo de las oligarquías gobernantes; será una lucha larga, cruenta, donde su frente estará en los refugios guerrilleros, en las ciudades, en las casas de los combatientes -donde la represión irá buscando víctimas fáciles entre sus familiares- en la población campesina masacrada, en las aldeas o ciudades destruidas por el bombardeo enemigo.

Nos empujan a esa lucha; no hay más remedio que prepararla y decidirse a emprenderla.

Los comienzos no serán fáciles: serán sumamente difíciles. Toda la capacidad de represión, toda la capacidad de brutalidad y demagogia de las oligarquías se pondrá al servicio de su causa. Nuestra misión, en la primera hora, es sobrevivir, después actuará el ejemplo perenne de la guerrilla realizando la propaganda armada en la acepción vietnamita de la frase, vale decir, la propaganda de los tiros, de los combates que se ganan o se pierden, pero se dan, contra los enemigos. La gran enseñanza de la invencibilidad de la guerrilla prendiendo en las masas de los desposeídos. La galvanización del espíritu nacional, la preparación para tareas más duras, para resistir represiones mas violentas. El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal.

Hay que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a su casa, a sus lugares de diversión; hacerla total. Hay que impedirle tener un minuto de tranquilidad, un minuto de sosiego fuera de sus cuarteles, y aún dentro de los mismos: atacarlo donde quiera que se encuentre; hacerlo sentir una fiera acosada por cada lugar que transite. Entonces su moral irá decayendo. Se hará más bestial todavía, pero se notarán los signos del decaimiento que asoma.

Y que se desarrolle un verdadero internacionalismo proletario; con ejércitos proletarios internacionales, donde la bandera bajo la que se luche sea la causa sagrada de la redención de la humanidad, de tal modo que morir bajo las enseñas de Vietnam, de Venezuela, de Guatemala, de Laos, de Guinea, de Colombia, de Bolivia, de Brasil, para citar sólo los escenarios actuales de la lucha armada, sea igualmente gloriosa y apetecible para un americano, un asiático, un africano y, aún, un europeo.

Cada gota de sangre derramada en un territorio bajo cuya bandera no se ha nacido, es experiencia que recoge quien sobrevive para aplicarla luego en la lucha por la liberación de su lugar de origen. Y cada pueblo que se libere, es una fase de la batalla por la liberación del propio pueblo que se ha ganado.

Es la hora de atemperar nuestras discrepancias y ponerlo todo al servicio de la lucha.

Que agitan grandes controversias al mundo que lucha por la libertad, lo sabemos todos y no lo podemos esconder. Que han adquirido un carácter y una agudeza tales que luce sumamente difícil, si no imposible, el diálogo y la conciliación también lo sabemos. Buscar métodos para iniciar un diálogo que los contendientes rehuyen es una tarea inútil. Pero el enemigo está allí, golpea todos los días y amenaza con nuevos golpes y esos golpes nos unirán, hoy, mañana o pasado. Quienes antes lo capten y se preparen a esa unión necesaria tendrán el reconocimiento de los pueblos.

Dadas las virulencias e intransigencias con que se defiende cada causa, nosotros, los desposeídos, no podemos tomar partido por una u otra forma de manifestar las discrepancias, aún cuando coincidamos a veces con algunos planteamientos de una u otra parte, o en mayor medida con los de una parte que con los de la otra. En el momento de la lucha, la forma en que se hacen visibles las actuales diferencias constituyen una debilidad: pero en el estado en que se encuentran, querer arreglarlas mediante palabras es una ilusión. La historia las irá borrando o dándoles su verdadera explicación.

En nuestro mundo en lucha, todo lo que sea discrepancia en torno a la táctica, método de acción para la consecución de objetivos limitados, debe analizarse con el respeto que merecen las apreciaciones ajenas. En cuanto al gran objetivo estratégico, la destrucción total del imperialismo por medio de la lucha, debemos ser intransigentes.

Sinteticemos así nuestras aspiraciones de victoria: destrucción del imperialismo mediante la eliminación de su baluarte más fuerte: el dominio imperialista de los Estados Unidos de Norteamérica. Tomar como función táctica la liberación gradual de los pueblos, uno a uno o por grupos, llevando al enemigo a una lucha difícil fuera de su terreno: liquidándole sus bases de sustentación, que son sus territorios dependientes.

Eso significa una guerra larga. Y, lo repetimos una vez más, una guerra cruel. Que nadie se engañe cuando la vaya a iniciar y que nadie vacile en iniciarla por temor a los resultados que pueda traer para su pueblo. Es casi la única esperanza de victoria.

No podemos eludir el llamado de la hora. Nos lo enseña Vietnam con su permanente lección de heroísmo, su trágica y cotidiana lección de lucha y de muerte para lograr la victoria final.

Allí, los soldados del imperialismo encuentran la incomodidad de quien, acostumbrado al nivel de vida que ostenta la nación norteamericana, tiene que enfrentarse con la tierra hostil; la inseguridad de quien no puede moverse sin sentir que pisa territorio enemigo; la muerte a los que avanzan mas allá de sus reductos fortificados; la hostilidad permanente de toda la población. Todo eso va provocando la repercusión interior en los Estados Unidos; va haciendo surgir un factor atenuado por el imperialismo en pleno vigor, la lucha de clases aún dentro de su propio territorio.

¡Cómo podríamos mirar el futuro de luminoso y cercano, si dos, tres, muchos Vietnam florecieran en la superficie del globo, con su cuota de muerte y sus tragedias inmensas, con su heroísmo cotidiano, con sus golpes repetidos al imperialismo, con la obligación que entraña para éste de dispersar sus fuerzas, bajo el embate del odio creciente de los pueblos del mundo!

Y si todos fuéramos capaces de unirnos, para que nuestros golpes fueran más sólidos y certeros, para que la ayuda de todo tipo a los pueblos en lucha fuera aún más efectiva, ¡qué grande sería el futuro, y qué cercano!

Si a nosotros, los que en un pequeño punto del mapa del mundo cumplimos el deber que preconizamos y ponemos a disposición de la lucha este poco que nos es permitido dar: nuestras vidas, nuestro sacrificio, nos toca alguno de estos días lanzar el último suspiro sobre cualquier tierra, ya nuestra, regada con nuestra sangre, sépase que hemos medido el alcance de nuestros actos y que no nos consideramos nada más que elementos en el gran ejército del proletariado, pero nos sentimos orgullosos de haber aprendido de la Revolución Cubana y de su gran dirigente máximo la gran lección que emana de su actitud en esta parte del mundo: “Qué importan los peligros o los sacrificios de un hombre o de un pueblo, cuando está en juego el destino de la humanidad”.

Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica. En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo, y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria.

[La Conferencia Tricontinental, en la que participaron 500 delegados procedentes de los países del Tercer Mundo, se celebró entre el 3 y el 15 de enero de 1966 en La Habana]