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Cuando en internet algo es gratis, la mercancía es Usted

La actividad de los dispositivos electrónicos de los usuarios (móviles, tablets, ordenadores) se guardan en los servidores del monopolio informático Google, que ha pasado de ser un buscador de internet a un centro de procesamiento de la información personal de los usuarios con fines de espionaje y de lucro.

Cuando en internet algo es gratis, la mercancía es Usted (*). El buscador de Google, los vídeos de YouTube, el correo de Gmail, los blogs o los mapas de Google, además de ofrecer un servicio gratuito, actúan también como procesadores de toda la información de la navegación por internet.

Con los datos de los usuarios es posible conocer la actividad detallada de cada uno de ellos, sus gustos, su voto, su puesto de trabajo, sus preferencias, sus necesidades, sus amistades…

La actividad de rastreo con diferentes fines (entre ellos, el espionaje) está descrita en el documento “Términos de uso y condiciones” de Google, que todo usuario de internet acepta sin haberlo leído.

Entre otras cosas, las búsquedas sirven para mostrarle al usuario publicidad de empresas, servicios y mercancías, incluso aunque Usted no quiera ver esa información en su navegador.

Google conoce todos los lugares que visitan los usuarios, una información que almacena en el Historial de Ubicaciones. Los usuarios que tienen una cuenta de Google pueden consultar toda su actividad en la red.

Para evitar convertirse en mercancía barata, lo primero que tiene que hacer el usuario es dejar de utilizar Google y pasarse a otro buscador. Si en internet hay tantos buscadores diferentes, si algunos de ellos no te convierten en una mercancía, a diferencia de Google, ¿por qué sólo utiliza uno de ellos? Pruebe algo diferente, como esto:

http://www.ixquick.com/esp
http://duckduckgo.com/
http://blekko.com/
http://search.yippy.com/
http://fefoo.com/
http://www.ask.com
http://www.teoma.com/
http://www.webcrawler.com/
http://ww-search.com/

Si es adicto a Google y no quiere desensgancharse, aún hay remedios para eliminar el acopio de información personal por parte de capitalistas desaprensivos.

Para preservar su intimidad personal, otra cosa que el usuario debe hacer es aprender a borrar periódicamente los datos que el navegador conserva, tales como el historial de navegación o las cookies.

Para convertir al usuario en mercancía barata, los monopolios informáticos se aprovechan de la ley del mínimo esfuerzo, el miedo al teclado, la tendencia a seguir siempre las mismas rutinas y el recurso a lo más cómodo. No sea vago. Si la intimidad le importa, atrévase a explorar nuevos caminos.

(*) http://www.abc.es/tecnologia/redes/abci-google-averigua-todo-google-sabe-201605062211_noticia.html
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La base de datos del Banco de Qatar pone a los espías al descubierto

El 25 de abril la base de datos del Banco Nacional de Qatar fue pirateada, publicándose en internet 1,40 GB de información con datos personales de 400.000 clientes. Más de 15.000 documentos relacionados con más de 100.000 cuentas bancarias (1) y un millón de tarjetas bancarias.

Doha News confirmó esta información (2) y, según a cadena Al-Jazeera, “varios archivos del Banco Nacional de Qatar fueron subidos ilegalmente a una web de intercambio de archivos llamada global-files.net y después borrados sin explicación”(3).

La intrusión ha permitido a los atacantes revelar datos de cientos de miles de cuentas bancarias, incluyendo números de tarjeta, números PIN e historiales de transacciones de sus clientes.

Los datos conciernen especialmente a la familia Al-Thani que gobierna Qatar, así como a ministros y altos oficiales del ejército, de los que se han publicado sus números de teléfono, domicilios, cuentas corrientes, correos electrónicos, saldos y todo tipo de detalles.

La información está archivada en carpetas que especifican los datos contiene cada una de ellas: Al-Thani, Defensa, Policía, seguridad, Inteligencia, espionaje e incluso fotos de personas aún sin identificar.

Según Hackread, entre los archivos subidos a la web se encuentra una carpeta que lleva por nombre “Inteligencia, espionaje” que contiene datos financieros de agentes del MI6 -la agencia de espionaje británica-, el ministro qatarí de defensa y de la oficina de seguridad para el estado, denominada “Mujabarat” (4).

El periodista Jason Murdock del IBtimes también asegura que en esa carpeta hay información relacionada con los servicios de inteligencia franceses y polacos.

También aparecen datos relacionados con hasta 30 periodistas de Al Jazeera, que contienen hasta 1.200 grabaciones con números de teléfono, números de documentos de identidad y direcciones.

Los piratas han dedicado una atención especial a las cuentas de Yussef Al-Qardaoui, un portavoz de los Hermanos Musulmanes muy influyente en Egipto que hace 50 años huyó a Qatar, convitiéndose en el hombre de confianza del antiguo emir. En 2014 Egipto envió a la Interpol una orden internacional de detención contra él por incitación al asesinato, vandalismo, violencia y robo.

(1) http://www.ibtimes.co.uk/qatar-national-bank-1-4gb-database-leak-gives-data-customers-journalists-spies-1556787
(2) http://dohanews.co/alleged-qnb-data-hack-exposes-personal-data-qatar-residents/ 
(3) http://www.aljazeera.com/news/2016/04/qatar-bank-investigates-reports-massive-data-leak-160426150308624.html
(4) https://www.hackread.com/qatar-national-bank-hacked-database-leaked/
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Unidad 8200: el espionaje electrónico israelí queda al descubierto

La Unidad 8200, encargada del espionaje electrónico en el ejército israelí, es la más avanzada del mundo después de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, asegura el periodista israelí Amir Raybobort.

En un artículo publicado en el diario Maariv, Raybobort afirma que el enorme esfuerzo desplegado por Israel en el terreno tecnológico militar se ha utilizado en las operaciones de espionaje de la Unidad 8200. Para ello, las empresas tecnológicas israelíes se han volcado al servicio de dicha Unidad.

Los sofisticados ordenadores que utiliza son capaces de vigilar los mensajes importantes, que suman millones de contactos y millones de expresiones.

Una investigación llevada a cabo por el periodista Yuav Limor revela, además, que la Primavera Árabe cambió el funcionamiento de la Unidad, dirigida por un general del ejército israelí.

En ella trabajan ingenieros informáticos y de telecomunicaciones que la utilizan como un vehículo para pasar después a trabajar en multinacionales de la tecnología, en las que vuelcan la experiencia adquirida en el espionaje militar.

En el artículo que publica en el sitio “Israel Today”, Limor relata que la unidad de espionaje está volcada en las redes sociales utilizadas en los países árabes, sobre todo Facebook y Twitter para detectar cambios en el comportamiento que podrían repercutir sobre los intereses del gobierno de Tel Aviv.

La Unidad 8200 agrupa a oficiales y tropa que acompañan a las fuerzas del ejército de tierra en sus campañas militares para recolectar información sobre el terreno.

Otra de sus funciones se centra en la guerra electrónica contra el proyecto nuclear iraní, habiendo introducido el virus Stuxnet en los equipos informáticos con el que lograron paralizar las centrales iraníes.

La desclasificación de algunos documentos secretos israelíes sobre la guerra de 1973 contra los países árabes demuestra que la Unidad 8200 logró instalar dispositivos de escucha en oficinas y lugares estratégicos de sus vecinos.

Esta Unidad de espionaje coordina su actividad con “Syaeret Matkal”, la unidad de élite del ejército israelí que dirige directamente el jefe de la inteligencia militar y está especializada en cometer asesinatos contra árabes por todo el mundo.

Las multinacionales se disputan la contratación de los ingenieros israelíes que han trabajado en inteligencia militar. Muchos de ellos continúan con su trabajo de espionaje al servicio del ejército israelí con la cobertura de su trabajo privado.

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La maldición del ‘hacker’ (un cuento moderno)

Los medios de comunicación quieren hacer creer al mundo entero que los “Papeles de Panamá” fueron obtenidos por un pirata (“hacker”) habilidoso que se introdujo, como un ladrón, en los equipos informáticos del bufete de abogados Mossack Fonseca, encontró la llave, se apoderó de los documentos y salió de estampida.

Hoy día con un ordenador se pueden hacer muchas cosas desde la confortable habitación de una vivienda, pero los piratas (“hackers”) son mucho más que eso: verdaderos dioses para los que nada es imposible, desde desencadenar “revoluciones” de colores y Primaveras Árabes, cuyos protagonistas han sido -según dicen por ahí- entusiastas espontáneos del móvil, interconectados (horizontalmente) a través de las redes sociales…

Es un cuento moderno; la realidad es otra cosa, mucho menos espontánea de lo que relatan los medios. Por ejemplo, el viernes el Presidente de Bolivia, Evo Morales, informó que Estados Unidos había enviado 12 “hackers” para que triunfase el “No” en el referéndum constitucional celebrado el 21 febrero.

Lo más probable es que Morales se haya quedado corto; serían bastantes más de 12 y no sólo se llevaron el móvil consigo.

En cualquier caso, la noticia descubre que las redes sociales son mucho menos espontáneas de lo que dicen los medios; de hecho, no son diferentes de los propios medios. Del mismo modo que Estados Unidos “fabrica” la mayor parte de la información que difunden los medios, “fabrica” exactamente igual la mayor parte de la información que difunden las redes sociales, las páginas web o el WhatsApp.

Ambas forman parte de la misma ideología dominante, son tan falsas (o tan ciertas) como la misma ideología dominante y proceden de los mismos centros de producción del cúmulo de ideas que proliferan en nuestro tiempo, que se difunden anónimamente y cuyo origen también parece igualmente anónimo.

Los propios “hackers” han sido fabricados de esa manera ideológica, tan científica y tan mítica a la vez como la manzana que le cayó a Newton en la cabeza, permitiéndole descubrir (y describir) la ley de la gravedad, algo de lo que hasta entonces no se había apercibido, ni él ni nadie.

Son como Jano, el legendario personaje con dos rostros, capaz de mirar en dos direcciones opuestas a la vez. Cuando el “hacker” descarga películas sin pagar el peaje que corresponde a la propiedad privada es un pirata, un delincuente, pero si se lleva los “Papeles de Panamá” esa misma palabra se traduce de otra manera y se transforma en un benefactor de la humanidad.

Como los científicos y los ingenieros, los informáticos crean sus propias leyendas, que luego se acaban creyendo ellos mismos, posiblemente porque así se ven como personajes legendarios. Esos relatos son la Ilíada y la Odisea del mundo moderno: esos jóvenes trasteando en el garaje encima del teclado de un ordenador que acaban siendo multimillonarios y creando imperios, como Microsoft o Google, a los que nadie acusaría de aprovecharse de la piratería.

Todo lo contrario: resulta que los capitalistas de la informática luchan contra la piratería. Si los “hackers” son piratas, ellos no son “hackers”.

Hasta las palabras se prostituyen, tanto en inglés como en castellano, y su uso es prostitución pura, lo mismo que su traducción. En un principio, la palabra “hack” se utilizaba en los centros de investigación de Estados Unidos como sinónimo de “trastear” e incluso de “jugar”. Entonces el “hacker” era el “manitas” de la informática que exploraba las múltiples posibilidades de un lenguaje de programación, de un sistema operativo o de un programa.

En el principio de todo, incluida la informática, no está una teoría que luego “se aplica” a la práctica, sino al revés. En este caso eso es aún más claro porque algunos programas informáticos se llaman precisamente “aplicaciones” (app, “applications”).

La propiedad privada llegó a la informática mucho después y ocurrió lo que describe Marx cuando en “El Capital” analiza la acumulación originaria: algunos avispados expropiaron lo que hasta entonces era de uso colectivo, lo patentaron y lo llevaron al Registro Mercantil. Desde entonces la informática tiene nombres y apellidos, de personas o de multinacionales. Antes era anónima, abierta, libre y colectiva.

Ahora los piratas le dan la vuelta a la historia, acusan de pirateo a los demás y se han propuesto acabar con la proliferación del pirateo en la informática. Según dicen, con los ordenadores e internet nos hemos acostumbrado a la “barra libre”, a que todo sea gratuito y eso, por lo visto, se ha convertido en un serio problema para las multinacionales, que están llevando a los piratas a la cárcel.

Como se sienten identificadas con esta ingeniería, las multinacionales dicen que a quien perjudica la gratuidad es a la programación, al desarrollo de los sistemas operativos o las aplicaciones digitales, lo cual es falso. Hasta la fecha, una parte importante de la expansión de este conjunto de nuevas técnicas procede de los aficionados y no de los profesionales. La gratuidad no ha frenado sino que ha promovido el desarrollo de la informática.

Pero, lo mismo que la astronomía, la informática no es sólo un conglomerado de habilidades técnicas que se estudian en las facultades de ingeniería correspondientes, sino bastante más: una “cultura” o, mejor dicho, una “subcultura” con sus propios códigos, su argot, su cine (Annonymous, Matrix), sus propios entusiastas (“geeks”) e incluso sus propios partidos políticos piratas.

En los cuentos y las leyendas es difícil separar la realidad de la fantasía. Por eso, quien quiera estudiar las relaciones entre la ciencia y la ideología, a los que la burguesía presenta como mundos antitéticos, tiene en la informática uno de los terrenos mejor abonados y de más actualidad.

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Serguei A. Lebedev, pionero de la informática soviética

 Pierre Vandeginste
Cuando participaba en los años treinta en el esfuerzo emprendido para la electrificación de la Unión Soviética, Serguei Alexeievitch Lebedev quiso automatizar la resolución de sistemas de ecuaciones que permitiesen estudiar centrales y redes eléctricas. Ello le conduciría a concebir, en la arruinada Ucrania de la posguerra, la Malaia Elektronnaia Schetnaia Machina, el primer ordenador socialista soviético.

Serguei Alexeievitch Lebedev es uno de esos oscuros héroes de la informática al que llevará largo tiempo ser acogido el panteón de la disciplina, junto a Charles Babbage, John Ven Neumann y Alan Turing. El papel de pionero de este desconocido ingeniero ruso es sin embargo indiscutible. No porque pueda reivindicar una auténtica primicia mundial en materia de creación de un ordenador. Más modestamente, Lebedev, padre de la informática soviética, concibió el primer ordenador digital, electrónico y con un programa grabado… en Europa continental. Su aislamiento en la Ucrania y Rusia de las postguerra, y las penosas condiciones materiales en las cual concibió este ordenador soviético ex nihilo, le convierten sin embargo en un romántico aventurero de la tecnología.

A 400 kilómetros al este de Moscú, Nijni Novgorod, rebautizada como Gorki entre 1932 y 1990, es hoy la tercera ciudad de Rusia, con cerca de dos millones de habitantes. Fue allí en donde Lebedev nació el 2 de noviembre de 1902, en una familia de enseñantes. Poco se sabe de su infancia. Lebedev hizo sus estudios en la Escuela Superior técnica de Moscú, donde se licenció en 1928. Su especialidad fue la electricidad de alta tensión. No era cualquier cosa. En la época, “la electrificación de la Unión Soviética” es la prioridad. ¿No había definido Lenin el comunismo como “el poder de los soviets más la electrificación de todo el país”? Para los ingenieros se trata de llevar la luz al pueblo, propulsarlo a la modernidad. La tesis de Lebedev, dirigida por el profesor K.A. Krug trata sobre la estabilidad de las redes eléctricas que conectan varias centrales entre sí.

En una primera etapa, Lebedev enseña en la misma escuela en que se forma, dando sus primeros pasos de investigador en el Instituto de Ingeniería Eléctrica, también dirigido por Krug. Sus trabajos relativos a la concepción de centrales y redes eléctricas exigen la solución de sistemas complejos de ecuaciones, y Lebedev comienza a interesarse por la automatización de estos cálculos. Se ve atraído en un primer momento por el cálculo analógico.

El analizador diferencial de Vannevar Bush, una máquina capaz de resolver de forma mecánica sistemas de ecuaciones diferenciales, operativa desde 1931 en el Massachusetts Institute of Technology, impresionó incluso en Moscú. En el entorno de Lebedev, dos colegas, I.S. Bruk y luego L.I. Gutenmahker, trabajan en este tipo de máquinas, y finalmente construyen una.

Llega la guerra, obligando al laboratorio de Lebedev a un repliegue de dos años en Sverdlovsk, 100 kilómetros más al este. Poco después de esta prueba, mientras la Unión Soviética cura sus heridas, Lebedev es nombrado en mayo de 1946 director del Instituto de Energía de la Academia de Ciencias de Kiev, capital de Ucrania. Su interés por el cálculo analógico sigue intacto y al principio, él y su equipo continúan realizando aparatos de este tipo.

A principios de 1947, Lebedev comienza sin embargo a apasionarse con el cálculo digital, denominación de la informática primigenia. Los historiadores de la informática Gregory Crowe y Seymour Goodman destacan que un baile de matemáticos, físicos e ingenieros llegados de las cuatro esquinas de Rusia transforman los seminarios de su laboratorio en la sala de partos de la informática soviética. Allí se habla de álgebra de Boole, de biestables, de impulsos, de registros magnéticos, de representaciones de dígitos en “coma flotante”, etc. Es a partir de 1947 cuando Lebedev toma la trayectoria que le llevará en cuatro años al 6 de noviembre de 1950, una fecha memorable. Ese día, en efecto, el MESM, Malaia Elektronnaia Schetnaia Machina o “pequeña máquina electrónica de cálculo”, primer ordenador soviético, produce sus primeros balbuceos.

Durante todo ese período, Lebedev prepara progresivamente el terreno, pone los cimientos, une los ladrillos teóricos y prácticos que le permiten formar su rompecabezas. Las condiciones materiales son rudas: Kiev es una ciudad devastada en donde todo es un problema, comenzando por la vivienda. Lebedev estará mucho tiempo viviendo con su esposa es una única habitación. Como apreciado profesional, el ingeniero debe en primer lugar reunir habilidades, e inventarlas si es  necesario. Luego, encontrar ingenieros eléctricos que hayan sobrevivido a la guerra no es una cosa sencilla. Y queda aún iniciarlos en los arcanos del cálculo digital, que se está inventando.

¿Y la influencia extranjera? Los historiadores de la informática han podido mal que bien evaluar lo que Lebedev y su equipo podrían conocer sobre los progresos realizados en Gran Bretaña y en los Estados Unidos. Seymour Goodman considera que algunas publicaciones occidentales presentando máquinas precoces como el ENIAC, en la Universidad de Pensilvania, primer ordenador electrónico que se programó mediante cableado, o bien otros que describieran de forma sucinta los proyectos de auténticos ordenadores con programa grabado, como el EDSAC de la Universidad de Cambridge, pudieran haber sido accesibles en Kiev. Pero destaca también que, para obtener lo que necesitaba, Lebedev tendría que pelear continuamente con su jerarquía, a la que llevó tiempo entrever la superioridad de su costoso enfoque del cálculo analógico. Eso nos hace pensar que no debía de estar respaldado por una red de espionaje científico. Hay una certeza: la MESM no se parece a ningún ordenador occidental.

Harán falta dos años y medio de trabajos preparatorios para que Lebedev determine la arquitectura de su criatura, conciba y haga realidad decenas de piezas separadas y subconjuntos. En el verano de 1949 llega el momento del ensamblado. Lebedev obtiene un nuevo local en absoluto adaptado, pero que tiene la virtud de existir y de ser bastante espacioso. Su equipo se instala en los 500 metros cuadrados de un dormitorio en el antiguo monasterio de Feofania, a 15 kilómetros de Kiev. Allí también las condiciones son rudas. Feofania carece de todo. Afortunadamente, el equipo ha conseguido un camión para transportar el material y efectuar la recogida del personal desde Kiev, mañana y tarde. Cuando llueve, las carreteras no asfaltadas se convierten en auténticos barrizales, y los ingenieros se reúnen para empujar el camión y salir del atolladero. En el monasterio la jornada comienza con una recogida de leña cuando el rigor del clima hace vital el calor de las estufas.

A trancas y barrancas el trabajo avanza. A finales de 1949, se define la forma general de la máquina. Sus impresionantes contenedores ocupan una habitación de 50 metros cuadrados con una altura de dos pisos. Se comienza a instalar sus innumerables módulos y a tejer su inextricable red de interconexiones. Llegan los primeros ensayos. Como es normal, nada marcha según lo previsto y hay que improvisar, reinventar, utilizar sin cesar todo tipo de “chapuzas”. De esa forma, cuenta Anne Fitzpatrick, del laboratorio de Los Álamos, se acaba por hacer un agujero en el techo para facilitar la evacuación de la formidable cantidad de calor producido por este ingenio que alberga 6.000 lámparas de vacío y que consume hasta 25 kilowatios.

Sin embargo, Lebedev se ve adelantado en la línea de llegada.

¿Cuándo se entera el ruso de que el 21 de junio de 1948 en Manchester, Freddie Williams y su equipo han tenido la alegría de ver a su “Baby” balbucear su primer programa de factorización? No se sabe. Es cierto que esta máquina rudimentaria, también llamada Manchester Mark 1, sólo efectúa 7 instrucciones, entre ellas la sustracción y la negación. Pero no la adición, que tiene que realizar combinando las dos operaciones mencionadas. Sin embargo se trata, aunque en sus inicios, de un verdadero ordenador con programa grabado, conforme al esquema propuesto por John Von Neumann en junio de 1945 en su famoso “Primer borrador de informe sobre el Edvac”. El mismo Williams ha optado, como recomienda Von Neumann, por una memoria común a datos e instrucciones, 32 palabras de 32 bits.

En comparación con la “Baby” de Manchester, la MESM que prepara Lebedev mira más allá. La adicción y la sustracción son ejecutadas por circuitos “paralelos”, mientras la “Baby” trabaja en serie y más lentamente. Además, la multiplicación y la división están, desde el principio, en el menú. Una doble memoria de lámparas permite almacenar 31 números de 17 bits, y 63 instrucciones de 20 bits.

Por fin el 6 de noviembre de 1950 la MESM ejecuta con éxito su primer programa al ritmo de 50 instrucciones por segundo. Dos meses más tarde, se efectúa una demostración ante una deslumbrada delegación de la Academia de Ciencia de Ucrania. Lebedev no se para a gozar de sus laureles. Vuelve al trabajo y, perfeccionando su primera máquina, se implica en la consecución de la BESM, Bistrodeistvuiushchaia Elektronnaia Schetnaia Machina, la “máquina electrónica de calcular rápida”. Obtiene ahora un apoyo más importante por parte de la Academia, en donde cuenta con un aliado en la persona de Mijail Alexeievitch Lavrentiev, vicepresidente de la Academia de Ciencias de Ucrania. Lavrentiev batalla desde 1947 para convencer a su institución, así como a la Academia de Ciencias de la URSS de que la naciente informática está llamada a tener un gran porvenir, haciéndoles declarar esta disciplina una prioridad nacional. Argumento de peso: el desfile de científicos que se presentan ahora en Feofania para ejecutar allí sus primeros programas destinados a “calcular” trayectorias balísticas o explosiones nucleares.

Esta vez Lebedev tiene un competidor oficial, el equipo dirigido por Yuri Bazilevski, que trabaja en Moscú con una máquina denominada Strela [Flecha, en ruso]. Pero la BESM de Lebedev demostrará rápidamente su superioridad. Destinada al cálculo de alta precisión, esta nueva máquina representa los números en “coma flotante”, es decir, bajo la forma de una mantisa de 32 bits mas un bit de signo y un exponente de 5 bits mas un bit de signo. La memoria principal, única, dispone esta vez de 1024 palabras de 39 bits, susceptibles de almacenar un número o una instrucción. Un tambor de 5.120 palabras y cuatro bandas magnéticas de 30.000 palabras cada una completan el cuadro. Cuando es declarada adecuada para el servicio en abril de 1953 la BESM ejecuta unas 1000 instrucciones por segundo. Se la dotará con una nueva memoria, más rápida, a principios de 1955, que le permitirá alcanzar la velocidad de crucero de 8.000 instrucciones por segundo.

Hasta su muerte el 3 de julio de 1974, Serguei Alexeievitch Lebedev no cesará de inventar nuevas máquinas; ¡15 ordenadores en total! La BESM-2, en 1958, será la primera en ser producida de forma industrial. En la BESM-4 hace su aparición el transistor. ¿El canto de cisne de Lebedev? Fue la BESM-6, una máquina legendaria, capaz de conseguir un millón de instrucciones por segundo. Estuvo operativa en 1965, y después se fabricaron 350 ejemplares, que acompañaron a la conquista espacial soviética.

Fuente: http://www.larecherche.fr/savoirs/figure-du-passe/sergei-a-lebedev-pere-ordinateur-sovietique-01-05-2004-81488

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El efecto Goebbels en la era digital

La era digital no sólo refuerza la ideología dominante, que para ejercer su papel dominante, debe ser pueril, simple e incluso cutre, sino que además es una fábrica de debilidad intelectual.

Está ligado a la facilidad de uso. Todo es tan sencillo que no hay que complicarse la vida y, sobre todo, no hay que pensar. Basta echar un vistazo a la Wikipedia o buscar en Google.

En su inmensa mayoría, internet no produce ideas; lo que prevalece en el mundo virtual son reproducciones, el corta y pega de textos que eleva a la categoría de ley ideológica la política de Goebbels: una falsedad que se repite miles de veces se convierte en un tipo especial de verdad.

No es exactamente una verdad, pero se le parece mucho. Se caracteriza porque no necesita demostración, que es la esencia de una verdad de verdad. Si alguien asegura que Stalin fue un tipo sanguinario, jamás le van pedir explicaciones. No es necesario demostrar la ideología dominante por un evidencia sencilla: millones de personas que piensan lo mismo no pueden equivocarse. Es imposible.

En la era digital el efecto Goebbels se llama de otra manera: viralidad, trend topic… Los mensajes rebotan de un sitio a otro, llenando el correo electrónico de basura y, sobre todo en ciertos temas, la inmensa mayoría de páginas web no son otra cosa que eso: basura.

En esencia, internet no es creativo sino reproductivo. Los autores de contenidos son la voz de su amo; carecen de criterio propio; son meros altavoces de lo que otros han dicho, de rumores imprecisos y de cotilleos con pretensiones.

Es el caso de Distrito Seis, que repite el programa de La Sexta de Jordi Évole sobre el trabajo esclavo del franquismo y pretende ser tan sumamente original que lo equipara al “gulag” soviético (*). Su autor no da para más.

Dice que el “gulag” es “uno de los símbolos más representativos” de la Unión Soviética. Ya ven. Lo más representativo de la Unión Soviética no fue acabar con el hambre o el analfabetismo, sino el “gulag” precisamente.

¿Por qué? Porque el pobrecillo que ha escrito eso no sabe que lo extraño es encontrar un país en el mundo en el que no hubiera “gulags”. Tampoco se ha preocupado de informarse. ¿Para qué?

Alguien debería anunciarle de que al acabar la guerra civil española, a los combatientes republicanos que se exiliaron en Francia los recluyeron en campos de concentración. ¿No se ha enterado de que en países tan democráticos como Francia, gobernada entonces por el Frente Popular, había campos de concentración?

Otro ejemplo: en Estado Unidos es conocido el caso de Guantánamo, algo que ocurrió hace medio siglo y sigue ocurriendo ahora mismo.

¿Por qué nadie asocia los campos de concentración a un país como Estados Unidos? Por pura pereza mental, por apatía y por una incapacidad crítica alarmante.

Entre ambos casos hay, además, una pequeña diferencia: en la Unión Soviética en los campos de trabajo recluían a personas condenadas después de un juicio; en Estados Unidos en los campos como Guantánamo (y otros) encierran a personas que no han sido juzgadas jamás.

Al redactor de Distrito Seis le sorprendió que en el franquismo los presos políticos trabajaran como esclavos. Se enteró gracias a la tele y eso le inspiró una asociación de “ideas” propia de su ínfima condición intelectual: el franquismo es como el comunismo.

En cuatro líneas ese tipo de clichés se repiten machaconamente: en la Unión Soviética hubo “millones” de prisioneros que, además, estaban “hacinados” y trabajaban en condiciones “extremas”. ¿Verdad que les suena todo ese tipo de frases manoseadas?

Internet hubiera hecho las delicias de Goebbels y el III Reich. La facilidad de edición llena internet de textos vacíos, tópicos y monótonos, que retratan exactamente a quienes los escriben, con el agravante de que muchas veces creen que han descubierto el mundo con sus tonterías.

Este fenómeno es más que evidente ante asuntos claves de la historia, como la Unión Soviética, en donde la ideología dominante tiene que echar el resto a la búsqueda de intelectos serviles, dóciles, disciplinados que reproduzcan las consignas sin hacerse preguntas.

A quien quiera informarse, de verdad, hay que decirle que el crecimiento intelectual no es un problema de inteligencia, como creen muchos, sino de voluntad. ¿Realmente se quiere informar Usted?, ¿el saber le interesa? Pues sepa desde ahora que eso exige un esfuerzo, obliga a investigar. Se podría decir incluso que obliga a buscar, de no ser porque ahora eso no requiere esfuerzo: se busca en Google y en la Wikipedia, que es como buscar en el cubo de la basura.

Desconfíe siempre de quien se lo da todo hecho, de quien no le llena de dudas, de quien no le obliga a la fatigosa tarea de pensar.

(*) http://distritoseis.es/gulags-franquismo
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Las redes sociales son el cebo que atrapa a millones de usuarios

Las redes sociales ofrecen un flujo incalculable de información sobre las personas y sus entornos familiares y laborales. La Schufa, la agencia alemana que estudia el historial crediticio de la población, ha decidido aprovecharlo y ha anunciado su intención de utilizar datos de internet para evaluar la solvencia de las personas, de cara a la concesión de posibles créditos o contratos, una política con la que espera aumentar la precisión de sus informaciones.

Schufa suministra datos a bancos, aseguradoras y empresas inmobiliarias sobre la solvencia de millones de ciudadanos alemanes y este anuncio ha levantado una ola de críticas.

A través del análisis de datos es posible reconstruir el perfil de opinión sobre una persona. Los investigadores, a través de cuentas propias en Facebook o Twitter, puede averiguar de forma oculta direcciones, modificación de direcciones de otros usuarios y terminar construyendo un perfil nutrido de las opiniones o afirmaciones que otros usuarios de la red social tienen de nosotros. Y de ahí deducir si somos dignos de recibir un crédito o un seguro, acceder a un empleo, alquilar un piso o contratar una línea de teléfono móvil.

No se trata exclusivamente de la información que los usuarios cuelgan en abierto en la red, sino también de la que cuelgan aquellos que aparecen como sus “amigos”.

Los investigadores pueden además entrar en foros en los que formulen preguntas de doble intención sobre el usuario cuya solvencia tratan de evaluar.

La información permanece en las redes sociales aún después de haber cerrado una cuenta, por lo que datos de adolescentes y jóvenes acaban formando parte de un archivo en poder del Estado, de bancos, de oficinas de empleo, inmobiliarias y agencias de detectives.

Esos archivos valen mucho dinero y hay un mercado en el que se compran y se venden, de unas empresas a otras.

La ministra de Justicia alemana, Sabine Leutheusser Schnarrenberger, ha pedido a Schufa explicaciones sobre este proyecto de investigación de tres años de duración, alegando que “esta agencia no puede convertirse en el Gran Hermano de los intereses económicos”.

Pero la ley está con Schufa y sólo hay un remedio: empezar a borrar las cuentas en las redes sociales desde este mismo momento. El uso de Facebook o Twiter no es gratuito; se paga revelando información sobre la vida privada.

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Alemania instala virus informáticos para espiar a sus ciudadanos

A finales del pasado año el gobierno de Alemania aprobó el uso de virus informáticos para vigilar a ciudadanos que considere oportuno, según ha anunciado un portavoz del Ministerio del Interior germano.

Hasta ahora el argumento presentado por el gobierno es que «básicamente, ahora tenemos estas destrezas en un área en donde antes no las teníamos».

A pesar de la protesta de los Verdes, cuyos dirigentes han señalado que «el fin no justifica los medios», el Ejecutivo alemán aprobó este programa a finales de 2015, según ha asegurado el portavoz del Ministerio.

Los virus tienen distintas denominaciones en la jerga informática inglesa: rootkits, troyanos, virus,
malware, keylogers, exploits, sniffers, spyware, backdoors, gusanos,
criptolockers, ransomware y otros. Se trata de programas usados para recolectar de forma fraudulenta información de dispositivos electrónicos y enviarla a terceros. Piratas informáticos y ladrones emplean este tipo de programas tener acceso a datos confidenciales de usuarios a través de internet.

Pueden llegar al ordenador de muchas maneras, por ejemplo, como archivos adjuntos en correos electrónicos. Una vez instalados en un sistema operativo, tienen capacidad para espiar, recopilar y enviar datos o controlar de forma remoto de un ordenador desde otro dispositivo.

Fuente: http://www.telesurtv.net/news/Alemania-usara-virus-informatico-para-espiar-a-sus-ciudadanos-20160224-0004.html
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El CNI espía la vida de todos

Juan Manuel Olarieta

En mayo de 2012 se destapó una red de espionaje, el caso Pitiusa, que manejaba un ingente volumen de información sobre los ciudadanos de este país. Policía, Guardia Civil, Ejército, Servicios Secretos y empresas privadas aparecen confabulados en una trama, la mayor conocida hasta la fecha, que no va dirigida contra ningún país extranjero, ni tiene tampoco objetivos militares.

La conexión del CNI con este entramado es obvia. El imputado clave de la trama es Matías Bevilacqua-Brechbuhler, que trabaja para el CNI, según ha confirmado a la policía el propio servicio de espionaje. De origen argentino, Bevilacqua empezó su carrera como pirata informático y en Barcelona organizó la empresa CF Labs por cuenta del CNI. Fue director técnico de la plataforma esCERT, encargada de coordinar el Proyecto Europeo EISPP, financiado con fondos comunitarios.

CF Labs participa en el Laboratorio de Protección Cibernética de Infraestructuras Críticas, una de las empresas adjudicatarias del Centro Nacional de Excelencia de Ciberseguridad. No es más que una subcontrata del Ministerio del Interior. La Comisión Europea adjudicó el proyecto a dicho Ministerio, al Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad (ICFS) y a varias empresas privadas asociadas al mismo.

El Centro Nacional de CiberSeguridad es el primer centro de espionaje informático español creado tras el Programa de Infraestructuras Críticas (PEPIC) aprobado por la Unión Europea con el objetivo de “proteger la seguridad nacional del ciberterrorismo y el espionaje industrial”, una necesidad creciente como consecuencia de la rivalidad entre las grandes potencias imperialistas y entre las grandes multinacionales. Tiene su sede en el campus de la Universidad Autónoma de Madrid donde reside el ICFS y está dotado con una subvención de más de 700.000 euros concedidos por la Comisión Europea.

Durante su detención a Bevilacqua le fueron intervenidos 140.000 euros en metálico, que justificó a la policía diciendo que era el pago de unos trabajos realizados para el CNI, si bien la policía maquilló su declaración, reemplazando las siglas del espionaje por “Defensa”. Su caso es parecido al de Hellín, otro asesor de los aparatos represivos del Estado.

Impartía numerosos cursos de formación a jueces, fiscales y miembros de la policía y la guardia civil. Bevilacqua fue quien capturó los correos electrónicos de Urdangarin, que fueron luego difundidos por Diego Torres, su antiguo socio en Noos. El abogado de Urdangarin pagó 7.000 euros a CF Labs para recuperar los correos electrónicos del disco duro de la agencia que llevaba las cuentas del Instituto Noos.

El pirata era omnipresente. También trabajaba para dos de los detectives implicados en la trama Pitiusa, Sara Dionisio y Juan Manuel Olivera. Este último era propietario de Vertex, la empresa que espió a Ignacio López del Hierro, marido de María Dolores de Cospedal. Ambos habían coincidido en la empresa Cybex con Bevilacqua antes de que éste fundara CF Labs.

El administrador de Cybex es el detective Juan de la Torre, de la agencia Intelligence Bureau y en ella trabajaba también Sergio Córcoles, policía local de Santa María de Palautordera, que era propietario de un apartamento en un complejo de cala Portinatx, en la costa ibicenca. Nadie se preocupó nunca por la fuente de ingresos de aquel modesto policía municipal que disfrutaba de tan lujoso chalet.

Tradicionalmente Baleares ha sido el núcleo de operaciones de espionaje. En este caso el jefe del CNI en las islas ha tenido que prestar declaración en la causa. El CNI puso a Bevilacqua a trabajar para el gobierno de Chávez en materia de seguridad informática, aunque la prensa escribió la noticia al revés: “El imputado Matías Bevilacqua ha asesorado en materia de seguridad informática al Gobierno de Hugo Chávez”, titulaba el ABC el 31 de julio del pasado año.

Las multinacionales son una de los nichos de información y de negocio del espionaje moderno. Yolanda Menal, directora de recursos humanos de la multinacional Unilever en España, ordenó a Bevilacqua espiar tanto a proveedores como a empresas de la competencia. Pero además controló el correo electrónico de sus propios subordinados sin que se enterasen para afianzar su propio poder y utilizaba los datos para despedir a los trabajadores. En otras ocasiones Unilever los utilizaba para el chantaje. A través de las conversaciones telefónicas intervenidas se demuestra que ofrecían a los trabajadores permisos retribuidos como salida menos mala y, ante notario, le revisan su ordenador para dar así cobertura legal a las informaciones que habían extraído previamente del ordenador de forma ilegal.

Con el mismo fin de represión laboral, la multinacional Du Pont también intervino los ordenadores de tres trabajadores a los que quería despedir. Quien encargó las investigaciones en esta ocasión fue el director del gabinete jurídico, José Luis Badia, que tiene su despacho en Ginebra. El volumen de datos incautados en los discos duros de los correos alcanza los 13 gigas de documentación. Los informes que obran en el sumario son contundentes: los pinchazos de los correos electrónicos de los empleados se realizan para “motivar los despidos” ante los tribunales.

Bevilacqua también pinchó el ordenador del consejero delegado de Minas de Río Tinto, Carlos Estévez, por encargo de la competencia: “Pinchamos en Outlook, lo conectamos vía Imap, hacemos una réplica en local, podemos probar a descargarlo desde el despacho y, si funciona, ya no tenemos que hacer nada más”.

También fue citado a la comisaría de policía Eduardo Garriga, el antiguo director gerente de la compañía de seguros Mutua Universal. En una de las conversaciones telefónicas grabadas por la policía al detective Aitor Gómez y a un tal Tino, un guardia civil le dice al detective: “Si vienen los del centro [CNI] es para dar cobertura al informante, no para organizar ellos nada […] Es simplemente de protección, porque no se fían de la Guardia Civil, que es lo que me dijiste”.

Lo bueno de montar estos tinglados, además de financiar el CNI, es que cuando se destapa presentan el asunto como si algún desaprensivo estuviera comerciando con datos privados para su provecho particular. Así es como presentaron el año pasado a la trama Método3 que espiaba a los futbolistas del Barcelona. En el caso Pitiusa son nada menos que 80 las agencias de detectives implicadas.

Ningún particular ni red privada es capaz de organizar algo así. El caso Pitiusa es la trama de criminal más importante organizada en Europa desde los tiempos de los GAL. Sólo Gladio es comparable. Han sido capaces de infiltrarse en el Inem, Hacienda, juzgados o policía y han accedido a todo tipo de información sobre cualquier persona que vive este país. Contaban con tan buenos informantes que incluso algún soplón les alertó en diciembre de 2011 de que la policía estaba tras sus pasos.

Además del CNI formaban parte de su trama de colaboradores una red de funcionarios que se extendía por Hacienda, la Policía Nacional, la Guardia Civil, el INEM, el catastro, la Seguridad Social, Sanidad, Hacienda vasca, Tráfico, Registro de la Propiedad, juzgados, entidades bancarias, compañías eléctricas, empresas de alquiler de coches, agencias de viaje, compañías aéreas, Movistar, Orange, e incluso estaban a punto de conseguir un infiltrado en Visa y otros monopolios similares.

Para entender este tipo de entramados hay que entender que en su nuevo estatuto de personal el CNI está captando a sus espías entre directivos de multinacionales españolas y extranjeras. Para financiarse el CNI, vendía luego los datos a los bancos, preocupados por la solvencia de sus clientes, devoradores de un listado de nombres, teléfonos e historias laborales que crecía mes a mes.

Aunque el sumario tiene ya 60 tomos, no hay ningún cálculo sobre el volumen de datos e informes con los que ha traficado esta red a lo largo de los años que llevaba operando. Tampoco constan las personas que han sido espiadas. No se ha cuantificado la magnitud del delito, ni en dinero, ni los datos robados, ni las personas afectadas. La desconfianza hace pensar en la capacidad de la red para poder robar datos médicos y vendérselos a empresas aseguradoras, o a los mismos bancos en cuyas hipotecas incluyen seguros de vida.

Desde sus inicios el número de imputados ha pasado de los 70 iniciales a los 183 actuales (2012). La progresión geométrica con la que aumenta indica que se trata solo la punta del iceberg.


En la oficina del Inem de Badalona los funcionarios no solo atendían a los trabajadores que buscaban empleo, sino que también horneaban galletas, preparaban empanadillas, fabricaban camisetas y hacían fotocopias. Con esas palabras en clave se entendían los funcionarios de la oficina y Francisco García Pérez, “Paco El Conseguidor”, funcionario jubilado que había trabajado en ella y seguía ejerciendo como intermediario de la red. En el sumario consta que una pareja de informadores, Ana Xicola y Eduard Ferrer Torres, pasaban cada mes “hasta 2.500 y 3.000 consultas” a Paco.

En la trama se han visto implicados todos los cuerpos del Estado (agentes judiciales, policía nacional, guardia civil, militares), todos ellos encabezados por los únicos que tienen patente de corso: los chicos del CNI. Las ramificaciones del caso salpican a ministerios como los de Trabajo e Interior, al CNI y un sin fin de jueces, militares y policías. Ninguno de los 183 implicados está en prisión.

Fuente: http://www.elotropais.com/index.php?option=com_content&task=view&id=447&Itemid=29
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Google lo sabe todo de ti

Ignacio Ramonet

En nuestra vida cotidiana dejamos constantemente rastros que entregan nuestra identidad, dejan ver nuestras relaciones, reconstruyen nuestros desplazamientos, identifican nuestras ideas, desvelan nuestros gustos, nuestras elecciones y nuestras pasiones; incluso las más secretas. A lo largo del planeta, múltiples redes de control masivo no paran de vigilarnos.

En todas partes, alguien nos observa a través de nuevas cerraduras digitales. El desarrollo del Internet de las cosas (Internet of Things) y la proliferación de objetos conectados multiplican la cantidad de chivatos de todo tipo que nos cercan. En Estados Unidos, por ejemplo, la empresa de electrónica Vizio, instalada en Irvine (California), principal fabricante de televisores inteligentes conectados a Internet, ha revelado recientemente que sus televisores espiaban a los usuarios por medio de tecnologías incorporadas en el aparato.

Los televisores graban todo lo que los espectadores consumen en materia de programas audiovisuales, tanto programas de cadenas por cable como contenidos en DVD, paquetes de acceso a Internet o consolas de videojuegos  Por lo tanto, Vizio puede saberlo todo sobre las selecciones que sus clientes prefieren en materia de ocio audiovisual. Y, consecuentemente, puede vender esta información a empresas publicitarias que, gracias al análisis de los datos acopiados, conocerán con precisión los gustos de los usuarios y estarán en mejor situación para tenerlos en el punto de mira.

Esta no es, en sí misma, una estrategia diferente de la que, por ejemplo, Facebook y Google utilizan habitualmente para conocer a los internautas y ofrecerles publicidad adaptada a sus supuestos gustos. Recordemos que, en la novela de Orwell 1984, los televisores obligatorios en cada domicilio, «ven» a través de la pantalla lo que hace la gente («¡Ahora podemos veros!»). Y la pregunta que plantea hoy la existencia de aparatos tipo Vizio es saber si estamos dispuestos a aceptar que nuestro televisor nos espíe.

A juzgar por la denuncia interpuesta, en agosto de 2015, por el diputado californiano Mike Gatto contra la empresa surcoreana Samsung, parece que no. La empresa fue acusada de equipar sus nuevos televisores también con un micrófono oculto capaz de grabar las conversaciones de los telespectadores, sin que éstos lo supieran, y de transmitirlas a terceros. Mike Gatto, que preside la Comisión de protección del consumidor y de la vida privada en el Congreso de California, presentó incluso una propuesta de ley para prohibir que los televisores pudieran espiar a la gente.

Por el contrario, Jim Dempsey, director del centro Derecho y Tecnologías, de la Universidad de California, en Berkeley, piensa que los televisores-chivatos van a proliferar: «La tecnología permitirá analizar los comportamientos de la gente. Y esto no sólo interesará a los anunciantes. También podría permitir la realización de evaluaciones psicológicas o culturales, que, por ejemplo, interesarán también a las compañías de seguros«. Sobre todo teniendo en cuenta que las empresas de recursos humanos y de trabajo temporal ya utilizan sistemas de análisis de voz para establecer un diagnóstico psicológico inmediato de las personas que les llaman por teléfono en busca de empleo

Repartidos un poco por todas partes, los detectores de nuestros actos y gestos abundan a nuestro alrededor, incluso, como acabamos de ver, en nuestro televisor: sensores que registran la velocidad de nuestros desplazamientos o de nuestros itinerarios; tecnologías de reconocimiento facial que memorizan la impronta de nuestro rostro y crean, sin que lo sepamos, bases de datos biométricos de cada uno de nosotros  Por no hablar de los nuevos chips de identificación por radiofrecuencia (RFID), que descubren automáticamente nuestro perfil de consumidor, como hacen ya las «tarjetas de fidelidad» que generosamente ofrece la mayoría de los grandes supermercados (Carrefour, Alcampo, Eroski) y las grandes marcas (FNAC, el Corte Inglés).

Ya no estamos solos frente a la pantalla de nuestro ordenador. ¿Quién ignora a estas alturas que son examinados y filtrados los mensajes electrónicos, las consultas en la red, los intercambios en las redes sociales? Cada clic , cada uso del teléfono, cada utilización de la tarjeta de crédito y cada navegación en Internet suministra excelentes informaciones sobre cada uno de nosotros, que se apresura a analizar un imperio en la sombra al servicio de corporaciones comerciales, de empresas publicitarias, de entidades financieras, de partidos políticos o de autoridades gubernamentales.

El necesario equilibrio entre libertad y seguridad corre, por tanto, el peligro de romperse. En la película de Michael Radford, 1984, basada en la novela de George Orwell, el presidente supremo, llamado Big Brother, define así su doctrina: «La guerra no tiene por objetivo ser ganada, su objetivo es continuar«; y: «La guerra la hacen los dirigentes contra sus propios ciudadanos, y tiene por objeto mantener intacta la estructura misma de la sociedad».

Dos principios que, extrañamente, están hoy a la orden del día en nuestras sociedades contemporáneas. Con el pretexto de tratar de proteger al conjunto de la sociedad, las autoridades ven en cada ciudadano a un potencial delincuente. La guerra permanente (y necesaria) contra el terrorismo les proporciona una coartada moral impecable y favorece la acumulación de un impresionante arsenal de leyes para proceder al control social integral.

Y más teniendo en cuenta que la crisis económica aviva el descontento social que, aquí o allí, podría adoptar la forma de motines ciudadanos, levantamientos campesinos o revueltas en los suburbios. Más sofisticadas que las porras y las mangueras de las fuerzas del orden, las nuevas armas de vigilancia permiten identificar mejor a los líderes y ponerlos fuera de juego anticipadamente.

«Habrá menos intimidad, menos respeto a la vida privada, pero más seguridad«, nos dicen las autoridades. En nombre de ese imperativo se instala así, a hurtadillas, un régimen de seguridad al que podemos calificar de «sociedad de control».

En la actualidad, el principio del «panóptico» se aplica a toda la sociedad. En su libro Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, el filósofo Michel Foucault explica cómo el «Panóptico» («el ojo que todo lo ve«) es un dispositivo arquitectónico que crea una «sensación de omnisciencia invisible» y que permite a los guardianes ver sin ser vistos dentro del recinto de una prisión. Los detenidos, expuestos permanentemente a la mirada oculta de los «vigilantes», viven con el temor de ser pillados en falta. Lo cual les lleva a autodisciplinarse. De esto podemos deducir que el principio organizador de una sociedad disciplinaria es el siguiente: bajo la presión de una vigilancia ininterrumpida, la gente acaba por modificar su comportamiento.

Como afirma Glenn Greenwald: «Las experiencias históricas demuestran que la simple existencia de un sistema de vigilancia a gran escala, sea cual sea la manera en que se utilice, es suficiente por sí misma para reprimir a los disidentes. Una sociedad consciente de estar permanentemente vigilada se vuelve enseguida dócil y timorata».

Hoy en día, el sistema panóptico se ha reforzado con una particularidad nueva con relación a las anteriores sociedades de control que confinaban a las personas consideradas antisociales, marginales, rebeldes o enemigas en lugares de privación de libertad cerrados: prisiones, penales, reformatorios, manicomios, asilos, campos de concentración. Sin embargo, nuestras sociedades de control contemporáneas dejan en aparente libertad a los sospechosos (o sea, a todos los ciudadanos), aunque los mantienen bajo vigilancia electrónica permanente.

La contención digital ha sucedido a la contención física.

A veces, esta vigilancia constante también se lleva a cabo con ayuda de chivatos tecnológicos que la gente adquiere libremente: ordenadores, teléfonos móviles, tabletas, abonos de transporte, tarjetas bancarias inteligentes, tarjetas comerciales de fidelidad, localizadores GPS, etc. Por ejemplo, el portal Yahoo!, que consultan regular y voluntariamente unos 800 millones de personas, captura una media de 2.500 rutinas al mes de cada uno de sus usuarios.

En cuanto a Google, cuyo número de usuarios sobrepasa los mil millones, dispone de un impresionante número de sensores para espiar el comportamiento de cada usuario: el motor Google Search, por ejemplo, le permite saber dónde se encuentra el internauta, lo que busca y en qué momento. El navegador Google Chrome, un megachivato, envía directamente a Alphabet (la empresa matriz de Google) todo lo que hace el usuario en materia de navegación. Google Analytics elabora estadísticas muy precisas de las consultas de los internautas en la Red. Google Plus recoge información complementaria y la mezcla. Gmail analiza la correspondencia intercambiada, lo cual revela mucho sobre el emisor y sus contactos. El servicio DNS (Domain Name System, o Sistema de nombres de dominio) de Google analiza los sitios visitados.

YouTube, el servicio de vídeos más visitado del mundo, que pertenece también a Google  y, por tanto, a Alphabet, registra todo lo que hacemos en él. Google Maps identifica el lugar en el que nos encontramos, adónde vamos, cuándo y por qué itinerario AdWords sabe lo que queremos vender o promocionar. Y desde el momento en que encendemos un smartphone con Android, Google sabe inmediatamente dónde estamos y qué estamos haciendo.

Nadie nos obliga a recurrir a Google, pero cuando lo hacemos, Google lo sabe todo de nosotros. Y, según Julian Assange, inmediatamente informa de ello a las autoridades estadounidenses.

En otras ocasiones, los que espían y rastrean nuestros movimientos son sistemas disimulados o camuflados, semejantes a los radares de carretera, los drones o las cámaras de vigilancia (llamadas también de «videoprotección»). Este tipo de cámaras ha proliferado tanto que, por ejemplo, en el Reino Unido, donde hay más de cuatro millones de ellas (una por cada quince habitantes), un peatón puede ser filmado en Londres hasta 300 veces cada día. Y las cámaras de última generación, como la Gigapan, de altísima definición (más de mil millones de píxeles), permiten obtener, con una sola fotografía y mediante un vertiginoso zoom dentro de la propia imagen, la ficha biométrica del rostro de cada una de las miles de personas presentes en un estadio, en una manifestación o en un mitin político.

A pesar de que hay estudios serios que han demostrado la débil eficacia de la videovigilancia en materia de seguridad, esta técnica sigue siendo refrendada por los grandes medios de comunicación. Incluso una parte de la opinión pública ha terminado por aceptar la restricción de sus propias libertades: el 63 por ciento de los franceses se declara dispuesto a una «limitación de las libertades individuales en Internet en razón de la lucha contra el terrorismo«.

Lo cual demuestra que el margen de progreso en materia de sumisión es todavía considerable.