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En Ucrania la OTAN lleva a cabo el mayor despliegue militar desde la Guerra Fría

La OTAN está llevando a cabo en Ucrania el mayor despliegue militar desde la Guerra Fría. Lo mismo que en Afganistán, el objetivo es presionar a Rusia, lo que la intoxicación propagandística presenta justamente al revés, como un intento de hacer frente a un supuesto «expansionismo» ruso.
Como consecuencia de los continuos reveses del gobierno de Kiev en el Donbás, la OTAN se ha visto obligada a duplicar sus efectivos de reacción rápida, 30.000 mercenarios frente a los 12.000 que había hasta ahora, a los que hay que añadir una «punta de lanza» de otros 5.000 soldados capaces de desplegarse «en pocos días» en el este de Ucrania.
El anuncio del despliegue militar pretende transmitir la impresión de que la OTAN aún no esta combatiendo en Ucrania, pero que puede hacerlo de manera instantánea. Es falso,  ya que el ejército de Kiev combate con tropas contratadas por la OTAN, munición de la OTAN, equipamiento de la OTAN y batallones dirigidos por instructores de la OTAN.
Además, el despliegue es sólo una parte de la ofensiva contra Rusia. Además, Estados Unidos y la Unión Europea han aplicado varias rondas de sanciones económicas a Rusia para que les dejen las manos libres en Europa oriental.
El jueves los ministros de Defensa de la OTAN dijeron que su objetivo es reforzar la «defensa colectiva» de la OTAN en el este de Europa ante lo que califican como «acciones agresivas» de Rusia, aunque en su comunicado no aclararon ni a qué «acciones» se refieren, ni qué entienden por «agresividad».
Un dia antes de la reunión, el secretario general de la organización imperialista, el noruego Jens Stoltenberg, dijo que el despliegue militar no es ofensivo sino defensivo, a pesar de que se produce en un país situado junto a la frontera rusa: «Todo lo que hagamos para reforzar nuestra protección colectiva estableciendo esta nueva fuerza [de despliegue rápido] es defensivo», dijo a la prensa. «Es una respuesta a lo que hemos visto de Rusia durante algún tiempo y responde a nuestras obligaciones internacionales», añadió.
Incumpliendo todos y cada uno de los acuerdos firmados con la URSS de Gorbachov y la Rusia de Yeltsin, la OTAN se ha instalado en las mismas puertas de Rusia, en territorios que antiguamente formaban parte de la URSS. De hecho, la fuerza de reacción rápida se asentará en seis bases militares situadas en seis países que desde la caída del Telón de Acero han sido incorporados a la OTAN: Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Rumanía.
En cada una de estas unidades de comando y control habrá entre 30 y 40 militares, que se asegurarán de mantener sobre el terreno el material necesario para facilitar el despliegue de las tropas. «Harán que puedan desplegarse las fuerzas de la OTAN más rápido», dijo Stoltenberg. Añadió que también servirán para «coordinar ejercicios internacionales» y que «son importantes porque harán de vínculo entre la defensa nacional y las fuerzas internacionales de la OTAN».
La sangría que el imperialismo ha provocado en Ucrania es un horror. Desde que se desencadenó en abril del año pasado, la guerra ya ha costado la vida a más de 5.000 personas y ha provocado el desplazamiento de otras 800.000, según cifras de Acnur, que calcula en 430.000 los ucranianos desplazados dentro del país y otros 387.000 que han solicitado el estatuto de refugiado, asilado u otros permisos de residencia en Rusia.
Para ejercer presión sobre el gobierno de Putin con el fin de que deje de apoyar a los separatistas prorrusos que combaten contra Kiev en Donetsk y Lugansk, la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá, entre otros países, han impuesto varias rondas de sanciones a Rusia.
Pero la decisión adoptada el jueves por la OTAN se centrará sobre el terreno. El refuerzo militar del imperialismo en el este de Europa se debe a que la OTAN ya no ve la incorporación a Rusia de la península de Crimea en marzo y el golpe de Estado en Kiev como crisis temporales. Hasta ahora la rutina en Ucrania eran oleadas de enfrentamientos esporádicos intercalados con fases de calma. Los imperialistas dicen que desconocen hacia dónde va a evolucionar el conflicto, pero adoptan medidas para una situación de guerra permanente. Lo explicó el vicesecretario general de la organización militar imperialista, Alexander Vershbow, el miércoles. «La agresión de Rusia en Ucrania no es un incidente aislado, sino algo que cambia el juego en cuanto a la seguridad en Europa. Refleja un patrón de comportamiento en evolución que comenzó hace algunos años», aseguró.
La OTAN tampoco descarta una mayor escalada de la guerra. Según los imperialistas, las maniobras realizadas en las últimas fechas sugieren que Moscú es capaz de lanzar una operación de alto perfil en muy poco tiempo, y ante esto consideran que necesitan reforzar las fuerzas de respuesta rápida.
La percepción de Rusia es diferente. El Kremlin ha comprobado que la OTAN se mueve cada vez más cerca de la frontera rusa y que la ampliación de la OTAN hacia el este ha cambiado todo el equilibrio geopolítico en Europa, lo que genera más peligros para Rusia. Según Putin, los movimientos de la OTAN no son defensivos sino que tratan de «debilitar la independencia de Rusia». En su informe semanal, el ministro de Exteriores ruso, Alexander Lukashevic, dijo este jueves: «La esencia es obstruir el proceso de integración natural de la Comunidad de Estados Independientes [organización supranacional compuesta por 10 de las 15 exrepúblicas soviéticas], arrancar a Ucrania y a otros vecinos de Rusia por cualquier medio».

España ejercerá de gendarme de la OTAN

Desaparecida la URSS, la OTAN se quedó sin enemigos exteriores y se los tuvo que buscar en su propio interior. Así nació la «guerra contra el terrorismo», reconvertida ahora en «lucha contra el terrorismo», una tarea que parece más bien de tipo policial que militar.
A tales fines, la OTAN no puede prescindir de un país, como España, con una experiencia tan dilatada en machacar a su propio pueblo. Los gendarmes españoles son maestros en esas lides y la OTAN ha recurrido a ellos para que formen parte de la primera Fuerza de muy Alta Disponibilidad, una brigada que se formará en 2016 y que tiene como fin lograr a lo que califican como «una mayor seguridad euroatlántica».
La brigada recibe el nombre de VJTF (Very High Readiness Joint Task Force). Es la unión de cinco batallones internacionales procedentes de países como Alemania, Francia, Italia, Polonia, Reino Unido y España. Cada una de ellas ejercerá de forma rotatoria el mando de la VJTF en los Cuarteles Generales de Alta Disponibilidad de las estructuras de la OTAN para garantizar su operatividad durante los próximos años.
España será la primera en tomar el mando en el Cuartel de Bétera de esta brigada para mostrar así su total compromiso con la OTAN.
Todos estos batallones tienen como objetivo lograr una brigada que pueda actuar en un muy poco tiempo a todas las amenazas que se le puedan presentar a eso que llaman «seguridad euroatlántica».
Este plan parte de la Cumbre de Gales donde se formuló el Plan de Acción de Preparación. Pero este proyecto tiene aún mucho por delante: antes de que se pueda declarar operativa en la Cumbre de Varsovia de 2016, la brigada pasará por un proceso de preparación y certificación durante el 2015, aunque deberá estar lista para un posible despliegue.
Ya que estamos en vísperas electorales, es posible que en su programa electoral alguien (de esos «de izquierda») se acuerde de nuestra ilegal presencia en la OTAN. Se busca a alguien amante de la legalidad vigente, aunque sólo sea en el programa electoral (ya sabemos que estas cosas no pueden ir más allá). Ya ven. Aquí nos conformamos con muy poco.

La ocupación soviética de Afganistán (1)

Para el movimiento comunista internacional la ocupación militar de Afganistán que llevó a cabo el ejército soviético en 1979 es, después de la guerra de Corea, uno de los episodios más oscuros del siglo pasado, un alarmante síntoma de bancarrota. Unos lo interpretan como un deber internacionalista ante el llamamiento del propio gobierno afgano. Para otros es la mejor demostración del carácter imperialista (o socialimperialista) de la URSS. En cualquier caso, se trata del cómodo manejo de un cliché para salir del atolladero lo mejor posible.

La intervención soviética deriva del propio carácter del país, de su pertenencia al movimiento de los no alineados, así como de su inserción estratégica en Asia central junto con otro países, especialmente Pakistán.

Como todos los del Tercer Mundo, Afganistán surge en el pasado siglo como una creación artificial, con fronteras dibujadas por los imperialistas (línea Durand) que reparten a las poblaciones arbitrariamente y, por consiguiente, provocan un problema nacional, especialmente con los pashtunes. Ese tipo de problemas dividen a los países y los enfrentan con sus vecinos, por lo que son estimulados por las potencias imperialistas.

Además, Afganistán es “tierra de nadie”, una región que no es ni el Imperio Británico (India y Pakistán), ni el Persa (Irán), ni el zarista (Rusia, URSS). Su surgimiento explica las relaciones privilegiadas que mantuvo con la URSS desde la Revolución de Octubre:

a) el gobierno de Kabul contribuyó junto al ejército rojo en el aplastamiento de la contrarrevolución blanca y de los “basmaci” durante la guerra civil rusa, que en parte se desenvolvió en suelo afgano

b) Afganistán y la URSS firmaron en 1920 uno de los primeros tratados internacionales de la historia en los que se reconoce el derecho a la autodeterminación de las naciones

c) desde su fundación en 1955, Afganistán formó parte del bloque de países no alineados.

Casi en ese mismo momento se producen otros dos acontecimientos fundamentales: Pakistán se separa de la India y el imperialismo crea CENTO, una especie de OTAN en Asia central uno de cuyos puntales, además de Pakistán, es Irán, en donde es aplastada la revolución nacionalista de Mossadegh (Operación Ajax).

Durante la guerra fría Afganistán es un país atrapado y aislado por el imperialismo. Su único aliado es la URSS, que se encarga de mantener el Estado y, en particular, el ejército. Desde 1956 hasta 1978, la URSS proporcionó a Afganistán 1.265 millones de dólares en ayuda económica y aproximadamente 1.250 millones de dólares de ayuda militar. El 60 por ciento del comercio exterior afgano es con la URSS.

Lo mismo que su vecino, Pakistán es otro Estado artificioso que se separa de la India por motivos religiosos, al constituir su población con mayoría musulmana, mientras que comparte con Afganistán una parte de la población pashtún, lo que es motivo de fricciones entre ambos.

Frente a dos vecinos no alineados, India y Afganistán, Pakistán se convierte en el más fiel vasallo del imperialismo en Asia central cuyo ejército dispone, además, de un arsenal nuclear.

Frente a vecinos muy poderosos, el Estado afgano es débil y sobrevive volcado hacia el exterior y de espaldas a su propia población. La ayuda soviética y las ventas de gas sufragan los presupuestos públicos y crean una burbuja en Kabul, la capital, de clases urbanas separadas del mundo rural. En esa burbuja es donde se crea el Partido Democrático del Pueblo Afgano (PDPA), que agrupa a los medios más avanzados del país, a su vez estrechamente ligados a la URSS. Dicho partido es tan artificial como el propio país. Está radicalmente escindido en dos facciones: Jalq (“Nación”) y Parcham (“Bandera”). La primera es mayoritaria y de origen pashtún; la segunda es minoritaria y de origen darí.

Kabul no es más que una pequeña urbanización en medio de una sociedad feudal, rural y patriarcal, en la que, sin embargo, sobrevivía una organización de tipo comunal en la cual:

— el 80 por ciento de la población es analfabeta
— casi dos millones de habitantes son nómadas o seminómadas
— más de la mitad de las tierras no se pueden cultivar

La inmensa mayoría la población vive en la miseria. En 1972 se produjo una de las hambrunas más dramáticas de la historia, en la que murieron millones de personas.

En Afganistán, lo mismo que en muchos países del Tercer Mundo, la fragilidad del Estado convierte a los golpes palaciegos en la forma de relevar al gobierno. En 1973 uno de esos golpes sustituyó a la monarquía por la república, poniendo a la cabeza del Estado al general Mohamed Daud, provocando el primer flujo de exiliados políticos hacia Pakistán, como el tayiko Ahmed Shah Massoud y el pastún Gulbuddin Hekmatyar.

En un contexto de inestabilidad creciente, el 17 de abril de 1978 el gobierno asesina en Kabul a Ali Akbar Kaibar, destacado dirigente del PDPA, y una manifestación espontánea de más de 10.000 militantes de dicho Partido acaba en una redada policial en la que encarcelan a los dirigentes Nur Mohammad Taraki, Babrak Karmal y Hafizulá Amín. Temiendo que los asesinaran en masa, los militantes del Jalq en el ejército atacan el palacio presidencial, asesinan a Daud y el 28 de abril toman el poder.

Hafizullah Amin

Hafizullah Amin

Nur Mohammad Taraki es elegido Presidente de la República y Hafizulá Amín ejerce de primer ministro. Ambos son dirigentes de Jalq y ponen en marcha un programa avanzado de reformas democráticas:

— separan la religión del Estado
— inician una campaña de alfabetización en la que por primera vez en las escuelas se enseña en las lenguas nativas de los alumnos y asisten mujeres
— implantan la reforma agraria
— erradican los cultivos de opio
— eliminan los impuestos elevados contra la población
— legalizan los sindicatos
— imponen un salario mínimo
— promueven la igualdad de derechos para las mujeres: permiso de no usar velo, transitar libremente y conducir automóviles, abolición de la dote, integración de mujeres al trabajo y a estudios universitarios, así como a la vida política con cargos públicos (7 mujeres fueron elegidas al parlamento).

Se trata más bien de una declaración de buenas intenciones que de realizaciones inmediatas, especialmente en el campo, donde varias medidas encuentran una fuerte oposición.

Al mismo tiempo, el gobierno desata una intensa campaña represiva. Cuarenta de los generales y aliados políticos de Daud, entre ellos dos antiguos primeros ministros, son ejecutados. También hubo muertos, encarcelados y desaparecidos entre los fundamentalistas. La represión alcanza a Parcham, que fue perdiendo influencia y Babrak Karmal, su dirigente, tuvo que exiliarse en Praga.

El gobierno y Jalq están muy lejos de tener una línea política coherente. La política represiva parece más bien responsabilidad del primer ministro Amín, a quien Taraki delega una parte importante del poder. También hay evidencias muy sólidas de que Amín era un agente de la CIA desde sus tiempos de estudiante en Estados Unidos, lo que explicaría alguna de sus acciones al frente del gobierno.

A comienzos de los años sesenta Amín cursaba estudios de doctorado en la Universidad de Columbia y Winsconsin en una época en la que la CIA reclutaba sus agentes entre los estudiantes extranjeros. El presidente de la Asociación de Estudiantes Afganos en Estados Unidos, Zia H. Noorzay, trabajaba para la CIA y más tarde se convirtió en Ministro de Hacienda de Afganistán. Uno de los estudiantes afganos a quien Noorzay y la CIA trataron en vano de reclutar, Abdul Latif Hotaki, declaró en 1967 que un buen número de los funcionarios clave del gobierno de Afganistán que estudiaron en Estados Unidos eran de la CIA. Aunque se dijo que en 1963 Amin se convirtió en dirigente de la Asociación de Estudiantes Afganos, no se ha podido corroborar. Sin embargo, se sabe que, en parte, la Asociación se financió con dinero procedente de la Fundación Asia de la CIA, a la que Amín estuvo asociado.

El encargado de negocios de la embajada de Estados Unidos en Kabul, Bruce Amstutz, se reunía frecuentemente con Amín. En circunstancias normales, esos contactos pasarían desapercibidos, pero había una guerra civil y, al mismo tiempo que hablaba con un contendiente, Estados Unidos armaba al otro bando. Amin también se reunía en secreto con Pakistán y China. El corresponsal de The Guardian, Jonathan Steele, escribió (1) que Amin reconoció haber recibido dinero de la CIA antes de 1978. El embajador británico en Moscú Braithwaite señaló que después de varias reuniones con Amin, incluso el embajador estadounidense preguntó a Bush padre, entonces director de la CIA, si le tenía en su nómina (2).

El 14 de febrero de 1979 un comando fundamentalista secuestra en Kabul al embajador de Estados Unidos, Adolph “Spike” Dubbs, antiguo embajador en Moscú, exigiendo la liberación de tres presos. Antiguo embajador en Moscú, a Dubbs le nombraron tras llegar el PDPA al poder para reconducir los acontecimientos. Más claramente: Dubbs empieza a dirigir los primeros planes de la CIA en Afganistán.

El secuestro es una provocación a la que se añaden varias circunstancias oscuras de varios personajes oscuros que el tiempo no ha logrado aclarar suficientemente. Tras la caída de la URSS los documentos desclasificados del KGB demuestran que:

— Estados Unidos pide al gobierno de Amín que negocie con los secuestradores
— el responsable del KGB en Kabul se opone y recomienda el asalto
— Amín se niega a negociar, ordena el asalto y los fundamentalistas asesinan al embajador
— la ejecución inmediata de los fundamentalistas asegura su silencio

En marzo cae el sha de Irán y Jomeini llega al poder. Al mismo tiempo, en Herat, una ciudad fronteriza entre ambos países, estalla una sublevación militar dirigida por oficiales fundamentalistas del ejército.

Para reprimir la revuelta, el ejército afgano recurre a la ayuda de los pilotos soviéticos. No fue tan sangrienta como la pintó la propaganda imperialista y los “historiadores”. La ciudad de Herat no fue bombardeada, ni hubo miles de víctimas afganas. El número total de bajas soviéticas parece no haber sido superior a tres.

Tras el levantamiento de Herat se amotinaron otras guarniciones. La inestabilidad era galopante y forzó al gobierno a reclamar a la URSS ayuda militar trece veces entre enero y setiembre. Todas las peticiones fueron rechazadas. Como explicó un funcionario soviético: “Hemos estudiado cuidadosamente todos los aspectos de esta operación y hemos llegado a la conclusión de que si nuestras tropas se desplegaran en el país, la situación en Afganistán no sólo no mejoraría sino que empeoraría seriamente”. No obstante, los soviéticos incrementaron el número de asesores y comenzaron a elaborar los planes de contingencia шторм333 (Storm333) para la utilización a gran escala de fuerzas terrestres.

Como respuesta a la intervención soviética, los imperialistas desencadenan la llamada Operación Ciclón, que refuerza su presencia en Islamabad (Pakistán), desde donde comienzan a organizar y entrenar a los talibanes. La escalada militar se inició, pues, bastante antes de la entrada del ejército soviético en diciembre de 1979. El consejero norteamericano de seguridad de la época de Carter, Zbigniew Brezinsky, reconoció que la intervención imperialista “empezó el 3 de julio de 1979 cuando el presidente Carter firmó la primera directiva sobre la asistencia clandestina a los oponentes del régimen pro soviético de Kabul” (3). En sus memorias el antiguo director de la CIA Robert M. Gates confirma que “la intervención de la CIA se produjo 6 meses antes de que las tropas soviéticas entraran en Afganistán el 24 de diciembre de 1979” (4).

La responsabilidad de Amín en el control del gobierno afgano se puso de relieve en setiembre, cuando ordena el asesinato de Taraki, lo que hizo cambiar de opinión a los soviéticos. A finales de diciembre la 40 División del ejército soviético con 80.000 soldados y 3.800 tanques y vehículos blindados penetra en el país. Su misión no era ayudar a Amin sino ejecutarlo. Al tiempo que entraban por el norte, tropas especiales atacan el palacio presidencial en Kabul. En una batalla larga y sangrienta, habitación por habitación, Amín fue finalmente acorralado y ejecutado.

Le sucedió Babrak Karmal, dirigente de Parcham recién llegado de su exilio en Praga, que puso en marcha una política errática.

(1) Ghosts of Afghanistan: The Haunted Battleground, Portobello Books, Londres, 2012.
(2) Afgantsy: The Russians in Afghanistan, 1979-89, Oxford University Press, 2011.
(3) Nouvel Observateur, enero de 1998.
(4) Duty: Memoirs of a Secretary at War, Alfred A. Knopf, 2014.

Corea del norte rompe las negociaciones con Estados Unidos acusándoles de mafiosos

En un comunicado que acaba de difundir la Comisión Nacional de Defensa, Corea del norte afirma que no ve la necesidad de seguir negociando con Estados Unidos, país al que ha acusa de actuar como un «mafioso».
«Ahora que la estrategia militar de los imperialistas mafiosos de Estados Unidos hacia Corea del norte se acerca a una etapa cercana a incitar una agresión, la respuesta justa del Ejército y el pueblo norcoreano se centrará en infligir los más amargos desastres a Estados Unidos», indica en el comunicado.
En el mismo critica a Obama por las nuevas sanciones contra Pyongyang y por decir que Corea del norte está destinado a hundirse, según ha informado la agencia surcoreana de noticias Yonhap.
«Es la decisión del Ejército y el pueblo de Corea del Norte no seguir teniendo la necesidad de sentarse en la mesa de negociaciones con Estados Unidos, ya que [Washington] pretende acabar con la ideología [del país] y derribar su sistema social», agregan.
Así, ha advertido de que incrementará «su acción de repuesta justa» por todos los medios posibles, incluidos los medios «más pequeños, precisos y diversificados» de armas nucleares y sus capacidades de guerra informática.
«Estados Unidos ha de tener en cuenta que el tiempo de las pesadillas se acerca cuando tengan que hacer frente al una perdición final más desastrosa en territorio estadounidense», ha agregado la comisión, recalcando que el comunicado se ha publicado con la aprobación del máximo dirigente coreano Kim Jong Un.
Esta nueva advertencia se produce poco después de que Estados Unidos ofreciera un encuentro en una tercera nación, lo que fue rechazado por Corea del norte, que pidió que el mismo se celebrara en Pyongyang, propuesta rechazada por Washington.
En Pekín se está celebrando ahora una reunión entre los gobiernos de Corea del sur y China para analizar la posibilidad de reabrir las conversaciones a seis bandas sobre el programa nuclear de Corea del norte. El encuentro tendrá lugar apenas una semana después de que los jefes negociadores de Estados Unidos, Corea del sur y Japón se reunieran en Tokio para tratar el asunto.
Las conversaciones a seis bandas -en las que participan ambas Coreas, Estados Unidos, China, Japón y Rusia- permanecen suspendidas desde 2008, cuando Pyongyang abandonó la mesa de negociaciones.
Tras su tercera prueba nuclear en febrero de 2013 el gobierno norcoreano pidió el reinicio de las negociaciones sin condiciones previas.

Obama confiesa sus pecados con Ucrania

En una entrevista concedida a Fareed Zakaria, de la cadena de televisión CNN, Obama lleva a cabo una exposición del golpe de Estado que se produjo en Ucrania en febrero del año pasado en el que reconoce implícitamente el papel predominante desempeñado por Estados Unidos. La frase es la siguiente:
«El señor Putin no tomó su decisión sobre Crimea y Ucrania en función de una gran estrategia sino, esencialmente, porque fue sorprendido por las protestas en Maidan y por la posterior fuga de Yanukovich, después de que llegáramos a un acuerdo de transición para el gobierno de Ucrania».
La frase ha tenido que ser cuidadosamente preparada y la duda es si ese «nosotros» que emplea Obama se refiere exclusivamente a Estados Unidos o incluye a la Unión Europea, es decir, a los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania, Francia y Polonia que se reunieron con Yanukovich la noche del 21 de febrero del pasado año, no para asegurar la transición del poder a la oposición, sino para acelerarla.
Entonces no había duda de que Yanokovich se marchaba del país porque firma el acuerdo como presidente en funciones y tenía de plazo hasta las elecciones previstas para diciembre del mismo año.
Estados Unidos no defendía el acuerdo de la Unión Europea con Yanukovich porque tenían otros planes. Por lo tanto, tenía que reducir el acuerdo a papel mojado, para lo cual utilizó a los manifestantes en Maidan, totalmente dominados por bandas neonazis, como Pravy Sektor, y profesionales llegados de fuera que cumplían un guión diseñado y financiado por Estados Unidos y otros, como Soros, que no ha escondido su papel en los acontecimientos del año pasado en Kiev.
Una vez que el acuerdo con la Unión Europea se convirtió en papel mojado, cuando Estados Unidos se aseguró el poder de facto en las calles, se produjo el acuerdo del que habla Obama, es decir, la toma del poder por la fuerza. En aquel momento, amenazado de muerte, Yanukovich abandonó Kiev.
Las palabras de Obama confirman, además, que a pesar de la propaganda imperialista acerca del expansionismo ruso en Crimea y Ucrania, Putin no sólo no tenía una «gran estrategia» al respecto sino que fue sorprendido por el golpe de mano de Maidan.
Es más, para no ser tachados de idiotas, ni Obama ni nosotros, debemos pensar que a pesar de haber sido «sorprendido» Putin tenía muchas y muy buenas fuentes de información en un país que es vecino al suyo. No le podía sorprender Maidan. Lo que le pudo sorprender -siquiera un poco- fue el plan exacto que los imperialistas estaban ejecutando en Maidan.
En diciembre el director de Stratfor, George Friedman, en una entrevista a la revista rusa Kommersant lo explicó con una claridad que Obama no podía utilizar, diciendo que Rusia había calificado a las manifestaciones de Maidan como el golpe de Estado más flagrante de la historia y, en efecto, confesaba Friedman cínicamente, «fue el golpe más fragrante de la historia».
¿A qué vienen estas golpes de sinceridad que conciernen a la organización de un golpe de Estado dirigido contra un país soberano de Europa? Sabemos que en cualquier circunstancia Estados Unidos hubiera apoyado las movilizaciones de Maidan, es decir, aún en el supuesto de que no hubieran sido planificadas por ellos.
La duda es si en la Casa Blanca no se quedaron también algo sorprendidos, no exactamente por el desenlace de Maidan sino por la postura de la Unión Europea en noviembre de 2013, que fue el detonante de la crisis. Es posible que Obama torpeadara el posterior acuerdo entre Yanukovich y la Unión Europea precisamente para que los acontecimientos no volvieran a sorprenderles.
Por lo tanto, las declaraciones de Obama, como las anteriores de Friedman, tratan de conceder a la escalada anti-rusa en Europa oriental una coherencia de la que carece, lo cual es una hipótesis que no habría que descartar en absoluto.

La lucha contra el imperialismo (y 2)

Juan Manuel Olarieta

Aunque se habla de él en singular, el imperialismo no es un todo; «no existe ese todo», decía Lenin (1). El imperialismo no se puede asimilar a la troika, ni al Club Bilderberg, ni a la Unión Europea, ni a las transnacionales. Las instituciones públicas y privadas del imperialismo se basan en los tratados y los acuerdos mutuos entre las aves de rapiña imperialistas. Pero además de eso hay que tener en cuenta la ruptura de los mismos.

El siglo XX demuestra que en la época del imperialismo las contradicciones internas siempre han resultado más importantes que la coordinación de los esfuerzos entre los buitres («la comunidad internacional»), que no son otra cosa que otros tantos intentos de imponer la hegemonía de alguno de ellos sobre los demás. Lo que diferencia al imperialismo respecto a la etapa anterior del capitalismo son precisamente esas contradicciones internas. Los acuerdos entre imperialistas son efímeros; lo que realmente permanece entre ellos es su mutua rivalidad.
Este rasgo característico es una fuente constante de paradojas, sobre todo cuando se asocia mecánicamente el imperialismo a la dominación de las potencias más fuertes respecto a los países dependientes. Entonces el imperialismo sigue pareciendo un todo: el que forman dichas potencias hegemónicas.
Las contradicciones internas del imperialismo no son de tipo geográfico o geoestratégico, del tipo norte-sur u oriente-occidente. Tampoco son las contradicciones entre dos enemigos, como el proletariado y la burguesía, sino las que existen en las propias entrañas del enemigo, las que enfrentan a las potencias imperialistas como bloques rivales.
La rivalidad entre las potencias imperialistas, la lucha de unos imperialistas contra otros, propicia en ciertas corrientes del movimiento revolucionario la equiparación de ambos bandos, la tesis de que «no hay imperialistas buenos», de que no se puede criticar sólo a unos imperialistas porque se hace el juego a los otros, de que todos ellos son malos porque, en suma, pretenden repartirse las zonas de influencia en el mundo. Ni siquiera admiten algo parecido a un «enemigo principal». No discriminan entre unos y otros, no existen unos que atacan y otros que se defienden, no hay agresores ni agredidos porque todos son iguales.
Así presentado el asunto no hay ninguna posibilidad, pues, de entrar en ese juego, que es ajeno a la lucha de la clase obrera. La respuesta tiene que ser la inhibición porque no es posible tomar partido en algo así, estar con unos o con otros. Es una postura propia de los puristas que no asumen ningún protagonismo dentro del movimiento de masas, de los que se limitan a elaborar comunicados infalibles con los que es imposible estar en desacuerdo porque se sitúan por encima del bien y del mal, o más bien están fuera de juego, algo característico de quienes viven en un tercer país no involucrado en ninguna batalla.
Por ejemplo, en los primeros años ochenta durante las marchas contra la OTAN la secta UCE portaba pancartas con la consigna «Ni OTAN ni Pacto de Varsovia» que dejaba a los manifestantes estupefactos, no sólo por la consideración del Pacto de Varsovia como una organización imperialista, del mismo estilo que la OTAN, sino porque nadie sabía que existeran en España bases militares de tal organización. Lo propio de ese tipo de sectas consiste en añadir problemas ficticios (Pacto de Varsovia) a los realmente existentes (OTAN).
La equiparación de unas potencias imperialistas con otras también conduce a la concepción del imperialismo como un todo, normalmente porque quienes las adoptan son grupos marginales, algo que les lleva a la superficialidad. Sus comunicados son colecciones de obviedades y frases trilladas.
Las potencias imperialistas se agrupan por bloques, cada uno de los cuales tiene sus propias características, que las organizaciones revolucionarias tienen que saber diferenciar al detalle, teniendo en cuenta que, como decía Lenin en 1916, la peculiaridad del imperialismo es «la tendencia a anexionarse no sólo países agrarios sino toda clase de países» (2).
Cuando Lenin se refería a «toda clase de países» era para incluir a las propias potencias imperialistas, a los países centrales como objeto del reparto del mundo, como le ocurrió a Alemania tras la Primera Guerra Mundial que, paradógicamente, a pesar de ser «uno de los países capitalistas más fuertes y avanzados», Lenin lo consideraba como «un país imperialista oprimido» (3).
Pero, ¿cómo es posible concebir que un país imperialista esté, al mismo tiempo, oprimido?
Esa paradoja es posible por varias razones pero fundamentalmente por la hegemonía: si todos los países imperialistas fueran iguales, ¿qué sentido tiene hablar al mismo tiempo de hegemonía y de lucha por la hegemonía como rasgo distinto del imperialismo?
Si hay hegemonía y si hay lucha por hacerse con ella es porque no todos los países imperialistas están en el mismo plano, no son iguales, como creen los nihilistas porque el imperialismo se rige por la ley del desarrollo desigual, es decir, porque el imperialismo crea desigualdades entre los propios países imperialistas, rompe los equilibrios existentes y crea nuevos desequilibrios entre ellos que, además, no son siempre los mismos, hasta tal punto que con el desarrollo del capitalismo, los imperialistas acaban convirtiéndose en víctimas de su propio juego. Cuando todo el mundo está repartido, son los propios imperialistas los que dejan de ser el sujeto para convertirse en el objeto mismo del reparto, como le estaba ocurriendo a Alemania entonces.
Lenin no ponía a los imperialistas en el mismo plano, hasta tal punto que la Revolución de Octubre hubiera resultado impensable sin una contradicción entre los imperialistas tan aguda como la gran guerra de 1914 que Stalin caracterizó como «una pugna encarnizada entre los dos principales grupos imperialistas»(4). La subsistencia luego de la URSS también hubiera resultado mucho más difícil sin esa contradicción, por lo que, a diferencia de los nihilistas, en 1920 Lenin seguía preguntando: «¿Hay en el mundo capitalista de nuestros días contradicciones radicales que se deban utilizar?»(5).
Es algo que un revolucionario se pregunta a cada momento, un punto de vista muy distinto de quien quiere limitarse a redactar comunicados. Lenin habla de «utilizar», de hacer y no de escribir, lo cual exige ir mucho más allá de las colecciones de frases y de recetas que valen en 1915 lo mismo que un siglo después, como si el mundo fuera el mismo y como si las situaciones fueran intercambiables. Alguien que tiene que hacer, se ve obligado a tomar partido y los amantes de las frases hechas deben saber que ese posicionamiento nunca es el mismo, lo cual es una fuente continua de nuevas paradojas, algo que también explicó Lenin de manera paradógica: en febrero de 1918, escribió, «no vacilé lo más mínimo en llegar a cierto ‘acuerdo’ con los monárquicos franceses», lo cual no consideró como un óbice para hacer luego todo lo contrario: «No dudaré ni un solo instante en concertar un ‘acuerdo’ idéntico con las aves de rapiña del imperialismo alemán»(6).
A causa de su partidismo, en 1917 a Lenin le acusaron de ser un espía alemán, viéndose obligado a huir de Rusia, a la que acababa de llegar después de muchos años de exilio. Lo mismo le ocurrió a Stalin cuando en 1939 firmó un acuerdo de no agresión con el III Reich, algo que los puristas han despreciado durante décadadas y que, sin embargo, cuatro años después no impidió firmar algo similar con el bando contrario: el Acuerdo de Teherán primero y el Tratado de Yalta después.
A pesar de que Lenin ponía la palabra «acuerdo» entre comillas, los nihilistas se siguen asombrando de la posibilidad de llegar a acuerdos con el enemigo, o interpretan que dichos «acuerdos» convierten en un amigo a un enemigo como por arte de magia, o que son un «apoyo» a unos en contra de los otros. «No se puede apoyar a un imperialismo contra otro», dice el grupúsculo francés denominado Partido Comunista Maoísta en referencia a la guerra en Ucrania (7) para hacer creer que la agresión no va dirigida también contra Rusia, que con ella Rusia se está expandiendo, o bien que Rusia tiene algo que ganar y no algo que perder o, mejor aún, que seguir perdiendo.
Los puristas son una especie que ha proliferado mucho en la historia. En 1939 aseguraron que la URSS se repartió Polonia con Alemania y en 1945 que se repartió el mundo entero con Estados Unidos y Gran Bretaña.
Es incalificable poner a los atacantes y los atacados al mismo nivel, casi tanto como asegurar que la guerra civil de 1936 fue un choque fratricida entre unos (fascistas) y otros (antifascistas). Si es difícil en la lucha de clases, por no decir imposible, se torna mucho más complicado en la arena internacional. Por eso los puristas suelen ser escritores, cronistas y redactores de blogs y de comunicados. Quienes asumen responsabilidades dentro de un movimiento revolucionario organizado saben que no hay situación más favorable que la escisión del adversario, que es la propia lucha revolucionaria lo que acaba dividiéndole y, por consiguiente, creando una situación aún más favorable para el movimiento.
Antes de la Revolución de Octubre, Lenin llegó a un acuerdo con la Alemania imperialista para viajar a Petrogrado en tren en mitad de la guerra mundial, junto con la dirección del partido bolchevique en pleno, nada menos que 32 militantes: «Durante la guerra mundial millones de balas alcanzaron su objetivo. Los ingenieros idearon los proyectiles más violentos, más potentes y de más largo alcance. Pero ninguno lo tuvo mayor ni fue más decisivo para la historia reciente que ese tren, cargado con los más peligrosos y más decididos revolucionarios del siglo y procedente de Suiza, atraviesa silbando toda Alemania, para llegar a Sant Petersburgo y allí hacer que el orden de la época salte en pedazos»(7).
Churchill escribió que el Estado Mayor alemán había dejado caer a Lenin en Petrogrado «como si se tratara del bacilo de la peste». ¿Cómo es posible que los imperialistas pusieran un tren a disposición de los bolcheviques para que se trasladaran desde Suiza hasta Rusia para estremecer al mundo entero sólo siete meses después de llegar a la estación de tren de Finlandia?
La misma pregunta se puede trasladar al interior mismo del partido bolchevique, donde también había puristas que se opusieron a un viaje que les hacía parecer cómplices del imperialismo alemán. Para este tipo de personas las apariencias, lo que digan los demás, no sólo son importantes, sino que son lo único realmente importante. No se trata de hacer sino de parecer.
Después de la Revolución, la URSS siguió firmando acuerdos con los imperialistas alemanes. En 1918 firmó el tratado de Brest-Litovsk, en 1922 el de Rapallo y en 1939 el Pacto Molotov-Von Ribbentrop. Pero Lenin y el gobierno soviético no «apoyaron» nunca al imperialismo alemán. Ni siquiera «se apoyaron» en él. Lo que hicieron fue aprovechar sus contradicciones con otros imperialistas para consolidar la revolución proletaria en la URSS.
(1) Lenin, Materiales sobre la revisión del programa del partido, en El imperialismo y los imperialistas, 1917, pg.133.
(2) Lenin, El imperialismo y la escisión del socialismo, 1916, pg.109.
(3) Lenin, Informe acerca de las concesiones, 1920, pg.165.
(4) Stalin, La Revolución de Octubre y la táctica de los comunistas rusos, en Cuestiones del Leninismo, pg.119.
(5) Lenin, Informe acerca de las concesiones, 1920, pg.162.
(6) Lenin, Carta a los obreros norteamericanos, 1918, pgs.147-148.
(7) http://drapeaurouge.over-blog.com/2014/03/ukraine-la-lutte-se-poursuit-entre-les-imperialistes.html
(8) Stefan Zweig, El tren sellado, en Momentos estelares de la humanidad, Editorial El Acantilado, 2012.

La lucha contra el imperialismo (1)

Juan Manuel Olarieta

El imperialismo, decía Lenin, es la fase superior del capitalismo. También se podría definir de otras maneras, pero el título que Lenin dio a su obra tiene tanta fuerza expresiva que quienes hablan del imperialismo y de la lucha contra él apenas se preocupan de concretar contra qué o contra quién luchan. Lo dan por sabido.
Encontrarle al capitalismo fases superiores o inferiores no deja de ser una manera de ordenar temporalmente la historia, por lo que a mí, personalmente, cuando me hablan de la lucha contra el imperialismo me suena como a la lucha contra el Renacimiento. ¿A qué se refieren?
El desconcierto arrecia cuando en lugar de «imperialismo» utilizan alguno de esos eufemismos posmodernos, como globalización, que cumplen dos funciones mistificadoras: dan un toque izquierdista al reformismo y un toque internacionalista al nacionalismo. Es el caso paradigmático del bolivarismo en la actualidad, que se resume con esos dos parámetros, reformismo y nacionalismo por más que parezca todo lo contrario.
Los eufemismos son ideológicos porque ocultan la realidad esencial de la lucha contra el imperialismo, que de forma inmediata es una lucha contra el capitalismo y, por consiguiente, contra el Estado propio. Aquí es donde realmente entra en juego aquella frase de que las contradicciones «externas» operan a través de las «internas», que en realidad debería decir que todas las contradicciones son siempre internas. Sólo hay verdadera lucha contra el imperialismo cuando hay una lucha contra el Estado propio o, si se quiere, contra la inserción de dicho Estado dentro de la cadena imperialista.
Lo que se opone al imperialismo no es el nacionalismo sino el internacionalismo. No tiene sentido lamentarse de la pérdida de soberanía o de independencia nacional por parte de un país que pertenece a la OTAN, por ejemplo, porque las decisiones estratégias y militares las toman fuera del país, en el Pentágono o en Bruselas. En un sentido estricto ni siquiera tiene sentido llamar a una lucha contra la OTAN. En todo caso habría que llamar a luchar por sacar al país de la OTAN (y demás instituciones imperialistas).
Que sepamos, hasta la fecha ningún país ha entrado en la OTAN a la fuerza. Ese tipo de decisiones las toma cada país, es decir, que la burguesía decide una cierta manera de situar a su país dentro de la cadena imperialista, lo cual, unido a la presión de los demás países y, especialmente, la de las potencias más fuertes, es lo que acaba poniendo a un país en el tablero mundial.
No es cuestión de «política internacional», ni de decisiones unilaterales del tipo «Otro mundo es posible». No es un guante reversible, no es sólo la proyección sobre el mundo de las decisiones que toma un país sino también de lo contrario: de las consecuencias que tienen sobre dicho país las decisiones que toman los demás, especialmente las potencias imperialistas más fuertes, cuyas decisiones se convierten en «presiones».
El encuadre de un país en el mundo depende de la correlación fuerzas, de factores económicos y militares, siendo estos, a su vez, dependientes de los anteriores. No se entra lo mismo que se sale, ni de la OTAN ni de la mayor parte de las instituciones del imperialismo, como el FMI, el Banco Mundial, la Comisión Bilderberg, la Organización Mundial de Comercio, la Unión Europea (Banco Central Europeo) y otros similares que tienen en común que no son «internacionales» en el sentido de que no son «de todos los países», ni de todos los países por igual, sino que se trata de prolongaciones de las potencias hegemónicas, es decir, de Estados que tienen nombres y apellidos.
El día antes de la victoria de Syriza en Grecia, Pablo Iglesias se apresuró a anunciar en La Sexta que, en caso de llegar al gobierno, Podemos no tenía «ninguna intención» de sacar a España del euro. Y yo añado: ni del euro, ni de la OTAN, ni de ningún tinglado del imperialismo. No obstante, las declaraciones de Iglesias contribuían a poner en claro que la lucha contra la OTAN consiste salir de ella y que la lucha contra la Unión Europea es abandonarla, y que si Podemos no va a hacer ni una cosa ni otra es porque pretende mantener a España dentro de los dispositivos del imperialismo.
Tras la caída de la URSS, el trotskismo se sintió en su salsa en medio de los foros «antimundialistas» que se crearon en la década posterior y de los que formaron parte ellos, precisamente ellos, que siempre se llenaron la boca con su revolución «mundial», entendida como una lucha contra superestructuras y abstracciones fantasmagóricas, como la troika, es decir, apuntando en la dirección equivocada y encubriendo los verdaderos pilares del imperialismo, que son las grandes potencias imperialistas.
La lucha contra el imperialismo es una lucha interna de cada país; no está dirigida contra un enemigo más allá de las fronteras, contra Obama en América o Merkel en Europa, sino de una manera mediata. No es otra cosa que una ruptura del encuadre del propio país dentro de la cadena imperialista, que sólo es posible llevando a cabo una revolución, es decir, derrotando a la propia burguesía.
Por ejemplo, la firma de la paz de Brest-Litovsk fue, junto a la expropiación de la tierra, la decisión más importante de la Revolución de Octubre y el golpe más duro que recibió entonces el imperialismo. Fue una decisión tan unilateral que no sólo dependió de Rusia sino exclusivamente del Partido Bolchevique, con la oposición frontal de todas las demás organizaciones políticas «de izquierda» (mencheviques, eseristas) que pusieron entonces al descubierto su verdadera naturaleza nacionalista.
En la medida en que el encaje de un país dentro del imperialismo no es el que se corresponde con las pretensiones de la burguesía, que siempre quiere más, sino que depende de otros factores y en especial de las fuerzas hegemónicas, en muchos países la burguesía lamenta los agravios nacionales, más o menos justificados, que vienen «de fuera». Así promueve el nacionalismo para poner a la clase obrera bajo su férula, lamentando la pérdida de la independencia nacional, como Pablo Iglesias, quien en La Sexta recordó «a todo el mundo» que la soberanía española recae en el parlamento español, una estupidez soberana que nadie puede creer.
Al más puro estilo patriotero, Iglesias añadió: «Si la señora Merkel quiere gobernar en mi país debe ganar las elecciones de mi país». Todo este tipo de declaraciones -y otras parecidas- tratan de dejar fuera al verdadero enemigo, de no luchar contra el Estado propio y, por el contrario, participar o compartir el poder político con la burguesía, crear frentes y unidades para ponerse bajo su abrigo.
Tras su victoria electoral, Syriza ha anunciado la formación de un «gobierno de salvación». ¿Qué es lo que pretende salvar Syriza? El capitalismo, naturalmente. Toda la verborrea nacional-reformista conduce siempre al mismo punto: a tratar de salvar al capitalismo de sí mismo.

La OTAN construye instalaciones secretas en Polonia

La Alianza Atlántica está construyendo instalaciones secretas en el territorio de Polonia, en particular aeródromos militares y radares de largo alcance en la frontera con Rusia, según el portal innpoland.pl, publica Rossiyskaya Gazeta.
«Cuantiosos inversiones se inyectarán próximamente en la ampliación y modernización de los aeródromos», indica la fuente.
Agrega que se prevé crear una base para aviones cisterna y «decenas de instalaciones secretas, incluidas las que deberán proteger estas bases que la OTAN califica de estratégicas».
Según el portal, la alianza dedica especial atención precisamente a las bases aéreas y planea someter a modernización siete aeródromos militares.
Una fuente de la oficina de inversiones de la OTAN ha revelado que en la construcción de la base de aviones cisterna se invertirán 27 millones de dólares y 136 millones de euros se gastarán en la construcción de cinco bases logísticas y dos navales.
El Ministerio de Defensa polaco se negó a comentar esta información, alegando que se trata de los proyectos secretos.
Fuente: http://mundo.sputniknews.com/prensa/20150128/1033715396.html

El mercenario británico que combate en el Batallón Azov

Los corresponsales de la agencia LifeNews han logrado identificar a un mercenario anglófono con los distintivos del sanguinario Batallón Azov que combate por el gobierno de Kiev.
Se llama Chris Garret y es ciudadano británico, originario de la isla de Man.
La personalidad de Garret había intrigado desde que hace unos días se difundió un vídeo en internet en el que su voz se escucha a la perfección.
Garret se negó a conceder una entrevista a los enviados de LifeNews, pero respondió a unas preguntas que le hicieron en privado. 
A pesar de que en el vídeo Garret porta armas y exhibe los escudos del Batallón, dice que no ha participado en accciones armadas como soldado: “No soy nazi ni de ultraderecha, estoy aquí para ayudar a la gente… mis fines son pacíficos, hago aquí más o menos lo que había hecho en Birmania, había aprendido muchas cosas allá”
Según Garret, es voluntario y llegó a Ucrania “para ayudar”. Por su experiencia militar fue enviado inmediatamente al Batallón Azov, donde, según sus propias palabras, trabaja como médico de campaña y zapador.
Cuando los corresponsales de LifeNews le preguntaron por sus planes, contestó que se iba a quedar en Ucrania “hasta el final de la guerra”.
Fuente: LifeNews установил личность британского наемника в Мариуполе, http://lifenews.ru/news/148977

Comunista, independentista, matemático

El año pasado se publicó en Francia un libro del periodista Jean-Charles Deniau titulado “La verdad sobre la muerte de Maurice Audin”, un comunista argelino, militante independentista y profesor de matemáticas en la Universidad de Argel, detenido y desaparecido durante la batalla de 1957 contra el colonialismo.

Fue un crimen de Estado, uno de los muchos que cometieron los colonialistas durante las guerras de liberación nacional de aquella época. No hay nada nuevo que decir sobre el asunto, como no sea volver a repetir, una y otra vez, lo que se sabe, que es mucho, y lo que se sospecha, que es más aún.

Que desde hace más de medio siglo Francia guarde silencio sobre los crímenes que ha cometido en Argelia es, en efecto, una redundancia. El silencio es una parte del terrorismo de Estado, y cuando tanto se habla ahora del terrorismo, precisamente en Francia, hay que empezar hablando del terrorismo promovido, armado, financiado, respaldado y meticulosamente organizado por el Estado francés.

A la casa en la que vivía Audin en Argel llegaron los paracaidistas el 11 de junio de 1957 y nada más se ha vuelto a saber de él, salvo que los criminales estaban a las órdenes del general Massu.

Su caso no es diferente de los otros 3.000 desaparecidos que hubo entre enero y octubre de aquel año, un verdadero agujero demográfico en medio de la “Batalla de Argel” que marcó el punto sin retorno en una guerra sin tregua por sacudirse de encima el yugo colonial.

Audin fue víctima de la paranoia anticomunista de la época. En medio de la guerra fría, para los imperialistas franceses la “Batalla de Argel” formaba parte de la lucha contra el comunismo y contra la URSS, lo que explica el ensañamiento con el profesor de matemáticas.

Había nacido en Beja, Argelia, el 14 de febrero de 1932. Tenía, pues, 25 años y una familia con tres hijos pequeños cuando fue secuestrado por los paracaidistas. También su mujer y sus tres hijos, uno de ellos recién nacido, estuvieron encerrados en la vivienda durante cuatro días, custodiados por los paracaidistas.

Audin militaba en el Partido Comunista de Argelia, que era clandestino desde hacía dos años. Además de sus clases en la universidad, se dedicaba al trabajo sindical. Pocos meses después de su desaparición, Laurent Schwartz leyó en la Universidad de la Sorbona su tesis doctoral, que fue premiada en ausencia.

El gobierno de París y los militares a su servicio lanzaron entonces la típica cortina de humo para consumo de la prensa: tras su detención Audin se había logrado fugar durante un traslado. Naturalmente que ni la policía ni los paracaidistas emprendieron su búsqueda. ¿Para qué?

En 1958 una investigación minuciosa (y censurada) llevada a cabo por el historiador Pierre Vidal-Naquet concluyó que no existió tal fuga y que murió a manos de los paracaidistas, indicando al posibilidad de que falleciera como consecuencia de las torturas de que fue objeto por el teniente Charbonnier durante su interrogatorio en el cuartel de El Biar.

Las memorias que dejó escritas el coronel Yves Godard empezaron a destapar que el asesinato no fue exactamente así, sino peor aún. Tras su detención Audin fue asesinado a sangre fría por Gerard Garcet, uno de los lugartenientes del general Massu.

Cada vez que se levantaba por las mañanas, el general francés redactaba una lista con los combatientes que debían morir y los que debían seguir con vida un poco más de tiempo. Entre la vida y la muerte de aquellos héroes la tortura estaba a medio camino.

En su libro Deniau pone en boca del general Aussaresses, otro criminal de la guerra de Argelia recientemente fallecido, que tras la detención de Audin, él personalmente como responsable de información se encargó de organizar su ejecución encubierta “con la cobertura plena y entera del poder político”. Pero, ¿cómo creer al general mentiroso, a ese que siempre había dicho que el detenido se fugó?

El cuerpo de Audin nunca apareció. A petición de su viuda y después de numerosas protestas, hace dos años Hollande prometió abrir los archivos y, en efecto, a los tres meses a la viuda le llegó un sobre con varios documentos del Ministerio de Defensa tan cuidadosamente seleccionados que no aportaban nada nuevo que no se supiera de antemano.

En enero del año pasado el ministro de Defensa repitió las promesas de contribuir al esclarecimiento de la verdad con todo lo que estuviera al alcance de su mano. Otra burla macabra. El ministro tiene la mano muy corta.

Sirvan estas líneas para recordar a los imperialistas, a todos ellos, que se equivocan si creen que el silencio es sinónimo de olvido. Todo lo contrario.

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