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Biografía de Marx (Parte 5)



La
penetración de la alienación en la filosofía materialista

En 1841 apareció en Alemania una obra que dará un giro
completo a la filosofía clásica alemana: La esencia del cristianismo de
Ludwig Feuerbach (1804-1872). Acerca de la influencia de esta obra, escribió
Engels: El entusiasmo fue general: al punto que todos nos convertimos
en feuerbachianos
.

Emparedado entre dos gigantes del pensamiento, la aportación
de Feuerbach parece menor: ya no es Hegel pero tampoco es todavía Marx. No es
así. Hoy apenas podemos imaginarnos la trascendencia de un filósofo que fue el
primero en enfrentarse con Hegel, que había llevado el pensamiento a las más
altas cumbres de la historia de la humanidad, con los hegelianos y con el
idealismo en general, en una ambiente totalmente dominado por aquella
ideología. Fue un extraordinario filósofo al que, sin embargo, se conoce por
referencias y al que todo el mundo compara. Apenas existen aún hoy traducciones
de sus obras al castellano (1). Además de La esencia del cristianismo,
entre sus obras, cabe destacar su poema Pensamientos sobre la muerte y
la inmortalidad
, escrito en 1830, donde ya niega la existencia de dios y de
otra vida más allá de la muerte, Contribución a la crítica de la
filosofía de Hegel
 (1839), Tesis preliminares para la reforma
de la filosofía
 (1842) y Principios fundamentales de la
filosofía del futuro
 (1843).


Feuerbach es el prototipo usual de filósofo dedicado a desarrollar
un pensamiento original en el campo, alejado del alboroto urbano y de las
pequeñas cuestiones mundanas. No comprendió la revolución de 1848 y nunca
aceptó el marxismo, pese a que en 1870, dos años antes de morir, se afilió al
Partido Socialdemócrata. Pero esta militancia era un señuelo por dos razones:

— el pensamiento de Feuerbach es un exponente de los límites
hasta los que podía llegar la democracia burguesa revolucionaria de aquella
época en Alemania
— en su biografía y en su obra la práctica no existe y la
política tampoco.

Feuerbach, dirán Marx y Engels en la Ideología
alemana
, llega todo lo lejos que puede llegar un teórico sin dejar de ser
un teórico y un filósofo. No superó el carácter contemplativo de toda la
filosofía anterior a Marx. No es casualidad que el aforismo de Marx acerca de
que los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo de diversos modos,
cuando de lo que se trata es de cambiarlo, lo insertara precisamente dentro
sus Tesis sobre Feuerbach, escritas en 1845, porque eso es lo
caracteriza a su filosofía.

En aquel ambiente intelectual cargado de idealismo
hegeliano, Feuerbach fue el primer materialista, el primero que rompió con el
maestro desde posiciones claramente revolucionarias y, por sí mismo, eso ya le
vale un puesto de renombre en la historia de la filosofía.

En la teoría del conocimiento sigue con todo rigor el punto
de vista del empirismo y del sensualismo. Es una consecuencia del carácter
contemplativo de la filosofía en general y más específicamente del materialismo
anterior a Marx. Las cosas sensibles, dirá Marx, no son simples objetos dados a
la contemplación humana. El hombre actúa transformándolos. El mundo es también
creación humana, no es algo estático, sino resultado de la industria y del
estado social humano. Las primeras líneas de las Tesis sobre Feuerbach tratan
precisamente esta cuestión y son de capital trascendencia en el marxismo:


El defecto fundamental de todo el materialismo anterior
-incluyendo el de Feuerbach- es que sólo concibe el objeto, la realidad, la
sensoriedad, bajo la forma de objeto o de contemplación, pero no como actividad
sensorial humana, como práctica, no de un modo subjetivo. De aquí que el lado
activo fuese desarrollado por el idealismo, por oposición al materialismo, pero
sólo de un modo abstracto, ya que el idealismo, naturalmente, no conoce la
actividad real, sensorial, como tal.


La crítica de Marx al carácter pasivo del conocimiento de
Feuerbach revaloriza uno de los aspectos que, sin embargo, retiene de él:
el importante problema de la relación del hombre con la
naturaleza. Esa relación -dice Marx- no es una contemplación sino una actividad
práctica. Los seres humanos nos ponemos en relación con la naturaleza mediante
el trabajo. La naturaleza es el medio para satisfacer las necesidades, así como
el objeto de nuestra actividad. Marx decía que la naturaleza es el
cuerpo inorgánico del hombre
. Mediante el trabajo, el hombre satisface sus
necesidades y exterioriza sus potencias humanas, es decir, crea sus condiciones
de vida, crea un mundo humano, se crea a sí mismo superando su mero ser
natural
.

Frente a la antítesis de Bruno Bauer entre naturaleza e
historia, la lucha del hombre contra la naturaleza, Marx habla de su unidad y
la encuentra en la industria: hay una naturaleza histórica y una historia
natural. A su vez, esto no impide a Marx y Engels retener dos puntos
importantes:

— la prioridad de la naturaleza exterior
— el hombre como algo distinto de la naturaleza.

A su vez, en su trabajo se relaciona con otros seres
humanos, creando diferentes formas de relación (cooperación, intercambio,
división del trabajo, explotación, lucha de clases) que cambian históricamente.

El ateísmo fue la segunda aportación de Feuerbach, aunque la
primera en el tiempo. No llegó a ese punto a causa de su materialismo sino que,
como buen alumno idealista, partió por el contrario de la crítica teológica.
Feuerbach concibe la religión como una alienación porque no es la religión
quien hace al hombre sino el hombre quien hace la religión. Los seres
superiores que crea nuestra fantasía, los dioses, son producto de la proyección
fantástica de nuestro propio ser. La religión es una objetivación de las
propiedades humanas y de un ser sobrenatural al que también éstas se atribuyen.
Es como si el hombre se duplicara y contemplara su propia esencia en la imagen
de dios. Resulta, pues, que la religión se presenta como autoconciencia
inconsciente del hombre
.


No obstante, Feuerbach no considera que la alienación
religiosa sea un reflejo de una enajenación más profunda: la terrenal. Tras
criticar el mundo religioso es preciso criticar y revolucionar prácticamente el
mundo social del que es un reflejo. Por otro lado, lo que él critica no es
exactamente la religión, sino la teología.

Otra de las aportaciones importantes de Feuerbach es el
concepto de alienación, concepto introducido por Hegel, del cual Feuerbach
mantiene su sentido negativo, pero nada más, ya que le da la vuelta al
considerar que la alienación no es la objetivación sino la abstracción: Abstraer
significa poner la esencia de la naturaleza fuera de la naturaleza, la esencia
del pensar fuera del acto de pensar. La filosofía hegeliana ha enajenado al
hombre de sí mismo en la medida en que todo su sistema reposa en estos actos de
abstracción. Ella identifica de nuevo, ciertamente, lo que separa, mas sólo de
una manera a su vez separable, mediata. La filosofía carece de unidad
inmediata, de certeza inmediata, de verdad inmediata
. La alienación es un
fenómeno del sujeto.
 
Pero en este punto, como en la religión o la ética,
Feuerbach no es materialista. Concibe el sujeto sólo como conciencia. La
conciencia es lo primero y lo más importante y, en consecuencia, la alienación
como un fenómeno de la conciencia exclusivamente, de modo que, por rechazo,
aspira a crear una conciencia exacta, como dijeron Marx y Engels.
Del mismo modo que en su crítica de la religión sustituye una teología por
otra, también aquí Feuerbach sustituye la conciencia falsa por la verdadera.
Mientras pretende cambiar la conciencia para ponerla de acuerdo con lo existente,
lo que se proponen Marx y Engels era cambiar lo existente como modo
de cambiar la conciencia.

Superadas las limitaciones con que Feuerbach la concibe, el
concepto de alienación resultará fundamental para introducir luego toda una
batería de nociones decisivas en el marxismo, especialmente la de ideología.
Ese desarrollo lo inició Marx en los Manuscritos filosófico-económicos de
1844 y está presente en todas esas características alusiones suyas acerca
del fantasma que recorre Europa, el fetichismo de
la mercancía, entre otras.

Sin embargo, Feuerbach tuvo importantes carencias, la más
importante de las cuales es su abandono de la dialéctica de Hegel: es
materialista pero no tiene en cuenta la historia y, en la medida en que tienen
en cuenta la historia, no es materialista. No ve que el mundo sensible
que le rodea no es algo dado desde toda una eternidad y constantemente igual a
sí mismo -escriben Marx y Engels-, sino el producto de la industria y del
estado social, en el sentido de que es un producto histórico, el resultado de
la actividad de toda una serie de generaciones, cada una de las cuales se
encarama sobre los hombres de la anterior, sigue desarrollado su industria y su
intercambio y modifica su organización social con arreglo a la nuevas
necesidades
.

Además, Feuerbach aún mantenía las concepciones idealistas
acerca de los fenómenos sociales. Buscaba en la sustitución de la autoconciencia
inconsciente por la conciencia, o sea, en última instancia, confiaba en la
instrucción, e incluso sostenía que era necesaria una nueva religión.

La característica del materialismo de Feuerbach es su
antropocentrismo: Mi primer pensamiento fue Dios, el segundo fue la
razón y el tercero y último, el hombre
, dice Feuerbach resumiendo su
itinerario intelectual. Al recuperar el sensualismo, Feuerbach recupera también
al hombre y sitúa en un primer plano el problema de su esencia y de su puesto
en el mundo. Sin embargo, lo que hace es cambiar la abstracción de sitio;
esencializa la naturaleza humana, planteando las relaciones sociales y la misma
humanidad como una esencia inmutable fuera de su producción histórica, fuera de
las condiciones que hacen nacer en cada momento dicho tipo de humanidad y
sociedad. Concebía al hombre como un individuo abstracto, como un ser puramente
biológico.

No existe la esencia humana eterna e
inmutable, no existe el hombre sino el patricio, el plebeyo,
el siervo de la gleba, el burgués, el proletario. Feuerbach, al realizar su
crítica en términos de esencia humana, deja de analizar las relaciones sociales
que determinan lo que los hombres son; al hablar del hombre abstracto,
ahistórico, naturaliza las relaciones sociales existentes que son un producto
histórico y uno una esencia natural.

En suma, como escribieron Marx y Engels, en Feuerbach no
había más que intuiciones sueltas, simples gérmenes necesitados de
desarrollo. El desarrollo les correspondía a ellos proseguir.

(1)
Las obras de Feuerbach asequibles en castellano son: La esencia del
cristianismo
, Editorial Claridad, Buenos Aires, 1941 y también en la
Editorial Trotta, Madrid, 1995; Tesis provisionales para la reforma de
la filosofía
, Editorial Labor, Barcelona, 1976; y La esencia de la
religión
, Editorial Páginas de Espuma, Madrid, 2005; además existe una
selección de Textos escogidos que incluye los Principios
de la filosofía del futuro
, publicado por la Facultad de Economía de la
Universidad de Caracas de 1964. 

Biografía de Marx (Parte 4)



Una
prensa de agitación política



Cerrada la vía de la docencia, Marx se lanzó al periodismo,
que era una forma de agitación política desconocida hasta entonces en Alemania.
Desde abril de 1842 empezó a colaborar con la Gaceta Renana que
convirtió en una tribuna para propagar las ideas avanzadas y luchar contra la
reacción política y el oscurantismo.

En el periódico Marx empezó a caer del cielo a la tierra, de
lo abstracto a lo concreto. Su puesto de observación le permitió conocer de
cerca la situación de los trabajadores. El contacto directo con la lucha de las
amplias masas de Alemania y su conocimiento del movimiento obrero de otros
países influyeron grandemente en el joven Marx y le hicieron comprender la
necesidad de profundizar sobre problemas nuevos para él, los problemas
económico-sociales. La aparición de una nueva clase, el proletariado, en la
palestra de la lucha hizo que Marx sintiese curiosidad por las publicaciones
socialistas que habían aparecido en Inglaterra y Francia. Engels dice
que Marx le habló posteriormente más de una vez de que el estudio de la ley
sobre la tala ilícita y de la situación de los campesinos de Mosela le
indujeron a pasar de la política a la economía y, de este modo, al socialismo.

Como correspondía a un demócrata revolucionario, en una
serie de artículos, Marx asumió la defensa de los intereses materiales de las
masas populares. Aquí se perfila el paso de Marx del idealismo al materialismo
y de la democracia revolucionaria al comunismo. Pero aún faltaba un trecho.
Cuando el periódico fue acusado de comunismo, Marx respondió anunciando la
próxima publicación de una crítica fundamental del comunismo. Se
negó a adoptar las teorías comunistas tal y como existían entonces de una
manera superficial. Pensaba que las formas de comunismo expuestas eran burdas y
poco desarrolladas, presentándose como abstracciones dogmáticas. En una carta a
Arnold Ruge de noviembre de 1842 escribía que consideraba inadmisible y
hasta inmoral el contrabando de dogmas comunistas y socialistas, es decir, de
una nueva manera de ver el mundo, en las críticas teatrales corrientes, etc., y
que exigía, si se trataba el tema, un estudio totalmente distinto y más a fondo
del comunismo
.


Además, Marx tampoco era aún materialista; estaba convencido
de que para cambiar la sociedad primero había que cambiar el pensamiento. Para
ello había que influir en la opinión general, desarrollar nuevas ideas y
desplegar vastas campañas de propaganda. Sus preocupaciones entonces estaban en
la prensa, en la defensa de la libertad de expresión. La política también la
concebía como un debate de ideas. Por eso uno de sus artículos más importantes,
realmente demoledor, es el que analiza las nuevas normas sobre censura.
Compuesto de seis largos artículos, analizaba entonces los debates de la Dieta
renana sobre la libertad de prensa que habían sido divulgados públicamente pero
sin mencionar los nombres de los participantes. Decía que la Dieta no soportaba
la luz del día y que si, al elegir a sus representantes, los lectores confiaron
en ellos, al ocultarse en el anonimato no confiaban en el juicio de quienes les
otorgaron su confianza.

Uno de los oradores había reclamado la libertad de prensa
como parte integrante de la libertad de industria, y Marx respondió: ¿Acaso
es libre la prensa degradada a industria? Es innegable que el escritor tiene
que ganar con el trabajo de su pluma para existir y escribir, pero jamás
existir y escribir para ganar. La primera libertad de la prensa consiste
precisamente en no ser una industria. Al escritor que prostituye esa libertad
de prensa, convirtiéndola en medio material, le está bien empleada como castigo
de esa esclavitud exterior de la censura; o por mejor decir, ya su propia
existencia es su castigo
. Marx también hablaba de sí mismo, exponiendo una
norma a la que se ajustaría durante toda su vida. Sus trabajos fueron siempre
fin y jamás un medio, hasta tal punto que llegó a dedicarles su propia
existencia.

En sus artículos Marx se mantiene aún en un punto de vista
humanista abstracto, antropocéntrico. Para aquel Marx, el problema reside en
saber quién es el sujeto real que, para el hombre, es el hombre mismo. Con
la Gaceta Renana Marx lucha contra la opresión social,
política y espiritual imperante en Prusia y en el resto de Alemania. Al
observar, en numerosas ocasiones, la actitud desalmada del gobierno prusiano y
sus funcionarios hacia las necesidades vitales del pueblo, Marx llegó a la
conclusión de que dicho gobierno, sus funcionarios y sus leyes no reflejaban ni
defendían los intereses del pueblo, sino los de las capas dominantes: la
nobleza y el clero.

En la redacción de la Gaceta Renana, Marx había
asistido, en las oficinas del periódico en Colonia, a las reuniones de un
círculo de discusión animado por Moses Hess (1812-1875), el primer hegeliano
que se pasó a las filas del comunismo. Los historiadores no han valorado
suficientemente esta temprana influencia de Hess, anterior a la de Weitling y
Proudhon. También de origen burgués y con una vasta cultura, Hess había viajado
de joven por Francia e Inglaterra y destacó entre los primeros revolucionarios
renanos. Aunque reclamaba el sufragio universal, Hess denominó anarquía a
su filosofía social expuesta primero en su Triarquía europea y
en 1843 en Die Philosophie der Tat.

Hess era un hombre muy influenciable y su doctrina, muy
primitiva, acusa su eclecticismo, por no decir confusión. Se declaraba atraído
por Spinoza; ponía a Saint-Simon a la altura de Hegel, aunque también se le
puede considerar próximo a Stirner al declarar que todas las acciones libres
deben surgir de los impulsos individuales, no contaminados por ninguna
influencia externa. Este híbrido no podía satisfacer a Marx, que no se
comprometió con Hess a la ligera. Era la época dorada del socialismo utópico
cuyas diversas variantes se basaban, casi todas, en especulaciones abstractas
acerca de la forma de alcanzar una nueva sociedad más igualitaria, y no tenían
ninguna, relación con las luchas que se desarrollaban ante sus ojos. Es por lo
que Marx rechaza la mayor parte de esos tipos de socialismo que le son
contemporáneos y los considera como formas dogmáticas que encaran el mundo con
esquemas prestablecidos y que consideran indignas de su atención las luchas
políticas prácticas. No se trata de aportar la conciencia a cualquier cosa
inconsciente -la esencia del idealismo- sino de hacer consciente un proceso que
evoluciona ya en esa dirección, un proceso conducido por una necesidad material
que contiene también la necesidad de hacerse consciente de sí mismo. Es la
formulación de la Ideología alemana que define al comunismo
como el movimiento real que suprime el estado de cosas existentes,
que sitúa la conciencia revolucionaria en la existencia de una clase
revolucionaria y que define explícitamente la conciencia revolucionaria como
una emanación histórica del proletariado explotado.

No obstante, durante un tiempo los caminos y Hess y Marx
caminos corrieron en paralelo. En setiembre de 1841 Hess escribió a Bertold
Auerbach una carta para presentarle a Marx:

Te alegrarás de conocer a un hombre que es ahora amigo
nuestro, aunque vive en Bonn, donde muy pronto será encargado de curso […] Me
ha producido una impresión extraordinaria y, sin embargo, mi actividad está muy
próxima a la suya; en resumen, disponte a conocer al más grande y quizá al
único verdadero filósofo vivo. Muy pronto, cuando sea conocido del público (por
sus escritos al mismo tiempo que por su curso en la Universidad), atraerá sobre
él las miradas de Alemania entera […] El doctor Marx -así se llama mi ídolo-
es todavía un hombre muy joven (apenas tiene veinticuatro años). Dará el golpe
de gracia a la religión y a la política medievales; une el espíritu más mordaz
a la más profunda gravedad filosófica: imagina a Rousseau, a Voltaire, a
Holbach, a Lessing, a Heine y a Hegel fundidos en una sola persona, y digo
fundidos y no arrojados al mismo saco […] ese es el doctor Marx.



A Marx su suegro ya le había insistido en la importancia de
Saint-Simon, pero fue Hess quien acercó a los últimos utopistas franceses a
Alemania. Hasta ese momento sólo llegaban noticias muy vagas acerca de
sociedades secretas que circulaban por los periódicos alemanes. Cuando al cabo
de poco tiempo Hess y Marx coincidieron en París, conocieron a Proudhon y a
Bakunin y compartieron varios proyectos políticos. La Ideología alemana es
una respuesta contra un ataque de los hegelianos contra Marx, Engels y
Hess, hasta el punto de que parece ser que éste escribió una parte del texto.
Pese a su anarquismo nominal, Hess nunca estuvo próximo a Proudhon y sus
relaciones con Bakunin terminaron más tarde en una disputa encarnizada. A pesar
de que Hess escribió la parte de la Ideología alemana en la
que se ataca el verdadero socialismo, luego se convirtió en un
exponente de ese mismo verdadero socialismo junto con Carlos
Grün, Hermann Kriege y otros, por lo que tuvo que verse sometido a la
demoledora crítica de Marx. No obstante, a pesar de las divergencias, a
diferencia de otros renegados, Hess nunca se apartó totalmente de Marx,
acabando en las filas lassalleanas. Luego Marx y Engels siguieron
manteniendo relación con su mujer Sibylle Pesch (1820-1903), otra activa
militante revolucionaria que participó en la Liga de los Comunistas, en el
partido lassalleano y en dos congresos de la I Internacional, los de
Bruselas y Basilea. En una carta escrita dos años de la muerte de Hess, Marx le
califica de amigo y camarada, apreciando su obra científica Teoría
dinámica de la materia
.

Inicialmente Hess fue el director del periódico porque Marx
no comenzó a colaborar hasta que en abril se desvanecieron sus intentos de
seguir a Bauer en la Universidad de Bonn. En octubre del mismo año fue nombrado
redactor-jefe y tuvo que trasladarse a vivir a Colonia, mientras Bauer, al ser
expulsado de Bonn, se fue a vivir a Berlín y allí fundó la Liga de los
Libres
 con sus hermanos, Max Stirner, Meyen, Köppen y otros, entre los
que se puede incluir a Engels que entonces cumplía en Berlín el servicio
militar. Con la excepción de Köppen y Engels, este grupo inició una deriva
nihilista, mientras en Colonia Marx experimentaba un proceso inverso. En el
periódico se fue abriendo una brecha entre Marx y sus viejos amigos berlineses,
entre el político y los filósofos, que acabará en una lucha abierta: Cuanto
más penetraba Marx en la realidad concreta más se perdían en la abstracción sus
amigos berlineses
, escribió Nikolaievski. En un principio simplemente
pareció que Bauer no evolucionaba, pero nada se estanca; lo que no evoluciona
retrocede y el retroceso de Bauer, el fogoso neohegeliano, le pondrá en los
brazos de la reacción.

El detonante de la ruptura fue George Herwegh, un poeta que
había ganado gran notoriedad en 1841 con una obra romántica de éxito. Aunque
era un atolondrado político, Herwegh formaba parte de los círculos de
intelectuales revolucionarios y tuvo que exiliarse a comienzos de 1843, aunque
pudo regresar pronto, siendo recibido por Federico Guillermo IV, una entrevista
absurda que dio lugar a una polémica. Algunos colaboradores berlineses de la Gaceta
Renana
 querían criticar la reunión de Herwegh en el periódico. Por su
parte, Herwegh respondió atacando a aquellos berlineses neohegelianos
vinculados al círculo de amigos de Bauer. Marx no estaba de acuerdo con la
reunión de Harwegh con Federico Guillermo IV y, por otro lado, estaba de
acuerdo con las críticas de Harwegh a los berlineses, aunque no entraban en el
fondo del asunto, que era su propio comportamiento. Con el apoyo de Ruge, Marx
se negó a publicar las críticas a Harwegh en el periódico y los berlineses
rompieron la relaciones. Bauer se unió a ellos.

La polémica con la Liga de los Libres tiene
relación con las dos visitas de Engels a Hess en la redacción de
la Gaceta Renana. La segunda de ellas se produjo a finales de
noviembre de 1842 cuando marchaba camino de Inglaterra. Entonces conoció a Marx
pero aquella primera toma de contacto no fue buena. Engels estaba en
correspondencia con los berlineses, que le hablaban mal de Marx, y éste
desconfiaba del que consideraba como un embajador de la Liga de los
Libres
.


Gracias a Marx, la Gaceta Renana fue
adquiriendo una orientación democrática y revolucionaria. El gobierno de Prusia
estableció una rigurosa censura sobre el periódico, asustado por el rápido
aumento de su influencia. Bajo la dirección de Marx se triplicó el número de
suscriptores, alcanzando los tres mil, un número alcanzado por muy pocos
periódicos en Alemania. Los artículos que superaban la censura eran
reproducidos por otros medios y se citaban elogiosamente. Estaba a punto de
convertirse en el periódico más importante de Alemania cuando en enero de 1843
el gobierno dispuso su suspensión a partir del 1 de abril del mismo año después
de haberse publicado unos artículos subversivos, entre ellos uno de Marx sobre
los sufrimientos de los viñadores de la región del Mosela. Como no podía
compartir los propósitos de los accionistas de la Gaceta Renana,
que querían imprimir al periódico una orientación más moderada, Marx declaró el
17 de marzo que no pensaba seguir en la redacción. Fue entonces cuando decidió
abandonar su país para editar en el extranjero una revista revolucionaria
destinada a Alemania. Marx entendía que la revista debía someter todo
lo existente a una crítica implacable
.

Biografía de Marx (Parte 3)



Demócrito y Epicuro
en el país de los idealistas


En la Universidad de Berlín, Marx leyó de todo pero estuvo
muy influido por el pensamiento de Hegel que, convenientemente manipulado, era
la doctrina oficial del Estado prusiano. Hegel había muerto en 1831 y no era en
absoluto responsable del modo en que quienes decían ser sus herederos,
retorcían sus postulados, especialmente aquel de que todo lo real es
racional
. Más que cualquier otra cosa, Hegel es el filósofo del cambio, de
la evolución, de que todo lo real tiene que convertirse en racional,
lo cual es precisamente lo contrario de lo anterior. Bajo Hegel se cobijó tanto
la reacción como la revolución; en una expresión no del todo correcta pero
gráfica se ha dicho que los unos se aferraron al sistema, los otros al método.
Lo realmente importante es que aquellas disputas no eran más que el envoltorio
de una lucha política entre el viejo feudalismo alemán y la nueva burguesía
revolucionaria. Pero aquello duró muy poco. Hegel no podía ser nunca un pilar
sólido del orden establecido. La presencia de Hegel en la burocracia prusiana y
alemana ha sido muy exagerada por la posteridad. La misma existencia de unos
revolucionarios que se refugiaban en el hegelianismo, desencadenó una reacción
contra todo lo que tuviera algo que ver con el pensamiento de Hegel y el
gobierno tuvo que liquidar hasta su misma memoria.

Aunque Hegel glorificaba a la burocracia prusiana, esto sólo
podía ir en detrimento de la religión, que era el núcleo de la tradición feudal
y fue en el terreno religioso donde sobrevino el primer choque entre ambas
corrientes que se reclamaban hegelianas. Hegel había sostenido que las
historias sagradas de la Biblia debían ser consideradas como profanas porque a
la fe no le compete el conocimiento de la historia. En 1835 David Strauss se
aferró a esa idea para someter la historia evangélica a la crítica histórica
escribiendo una Vida de Jesús que provocó una enorme
sensación. La Biblia no era la palabra de dios sino un libro de historia. Así
Strauss entroncaba con el luteranismo y el racionalismo burgués. Su
planteamiento hubiera sido inconcebible en un país dominado por el catolicismo
y el dogma pero resultaba lógico en aquellos países donde la vinculación del
hombre con dios se establecía a través de una lectura propia de la Biblia.

Hasta Strauss, la filosofía hegeliana y la religión habían
vivido en buena armonía. Marx escribió, pocos años después: La crítica
de la religión es la condición necesaria de toda crítica. El fundamento de la
crítica irreligiosa es el siguiente: el hombre hace la religión, la religión no
hace al hombre. Pero el hombre no es un ser abstracto, exterior al mundo real.
El hombre es e1 mundo del hombre, es el Estado, la sociedad. Ese Estado, esa sociedad,
que son un mundo absurdo, producen la religión, absurda concepción del mundo.
La religión es la realización fantástica del ser humano, porque el ser humano
no tiene verdadera realidad. La lucha contra la religión es, pues,
indirectamente, la lucha contra un mundo del que ella es el aroma espiritual
.

Políticamente, Strauss era inofensivo, como lo siguió siendo
durante toda su vida. Pero había abierto la veda; sólo había que explotar aquel
filón y para eso ni siquiera eran necesarios pensadores profundos y gruesos
libros de filosofía sino, más que nada, divulgadores y agitadores. Entre éstos
encajaba a la perfección Arnold Ruge (1802-1880), quien había estado
encarcelado de 1824 a 1830. En 1832 entró como profesor en Halle, donde comenzó
a publicar los Anales de Halle entre 1838 y 1841, el órgano de
la izquierda hegeliana. Gracias a un matrimonio afortunado, disfrutaba de una
existencia apacible. Ruge nunca fue más allá del liberalismo burgués, por más
radical que fuera su apariencia. Aunque luego tuviera que refugiarse, en sendas
ocasiones, en Francia y en Inglaterra, él mismo se calificó alguna vez,
bastante acertadamente, de comerciante en espíritu al por mayor. Sin ser ningún
pensador original, ni mucho menos un revolucionario, Ruge tenía, sin embargo,
la cultura, la ambición, el celo y el ardor combativo que hacían falta para
dirigir bien una revista o un periódico científico. Él aseguraba a la
burocracia prusiana que sus Anales de Halle eran cristianos
y prusianos de Hegel
 pero, por mucho que se lo suplicó, el Estado
prusiano no le correspondió en aquel momento, tardó un poco más, lo que tardó
Ruge en abandonar cualquier veleidad agitadora. Finalmente, Ruge acabó a los
pies de Bismarck, quien en 1877 le gratificó con un pensión para pagar y apagar
su conciencia. Es de aquellos que pasó de vivir el presente a vivir del pasado
y, naturalmente a recordarlo: escribió unas memorias tituladas Recuerdos
del tiempo pasado, 1862-1867
. Pero eso sucedió bastante después…

En Halle los Anales de Ruge se convirtieron
en un centro de reunión para todos los espíritus inquietos, especialmente todos
los neohegelianos de Berlín, entre los que había docentes, profesores y
escritores de edad juvenil. De ellos destacaremos a cuatro: Eduardo Meyen,
Adolfo Rutenberg, el más íntimo de los amigos berlineses de Marx, Carlos
Federico Köppen y, sobre todo, Bruno Bauer. No se sabe si también pertenecía a
aquel círculo Max Stirner, profesor en un colegio de señoritas. Nada hay que
permita afirmar que Marx le conociera personalmente, pero entre ambos no medió
nunca la menor afinidad espiritual.
El más importante de todos ellos era Bruno Bauer
(1809-1882), hijo de un pintor en una fábrica de porcelana. Estudió filosofía y
teología en la Universidad de Berlín directamente con Hegel hasta que éste
murió en 1831. En una ocasión Hegel otorgó al joven Bauer un premio académico
por un ensayo filosófico criticando a Kant. Tras obtener la licenciatura en
teología, comenzó a enseñar en la Universidad de Berlín en 1834 y se ocupó,
sobre todo, de crítica bíblica. Próximo entonces a las posiciones de la derecha
hegeliana, criticó a Strauss afirmando la autoridad indiscutible de la
revelación divina, lo que desató una réplica por parte de éste y de la reacción
prusiana. Fue este debate el que empujó a Bauer a cambiar de alineamiento
filosófico, pasándose a la izquierda hegeliana. Al mismo tiempo, en el curso de
esta polémica la reacción se dio cuenta que aquel peligroso proceso tenía sus
raíces en Hegel y que había que acabar con todo el hegelianismo. A la inversa,
Bauer se apercibió de que la única manera de defender Hegel de aquel ataque
generalizado era desde las posiciones de la izquierda.

En 1836, durante sus primeros días como profesor, Bauer
impartió clases a Marx del mismo modo que, una generación después, también fue
mentor de otro joven: Friedrich Nietzsche. Ambos acabaron abandonando a Bauer.
En 1838 publicó en dos volúmenes su Kritische Darstellung der Religion
des Alten Testaments
 que muestran que, aun siendo muy superior a
Strauss desde el punto de vista intelectual, seguía fiel a la derecha
hegeliana. Pero muy pronto su opinión sufrió un vuelco y, en tres trabajos, uno
sobre el cuarto evangelio, el de Juan, otro sobre los tres sinópticos (Marcos,
Mateo y Lucas) y el tercero titulado Herr Hengstenberg, kritische
briefe uber den Gegensatz des Gesetzes und des Evangeliums
, anunció su
ruptura con la derecha hegeliana.

Las aportaciones de Bauer a la historia evangélica fueron
muy importantes, limpiando los últimos residuos teológicos que Strauss había
dejado en pie. Elaboró un profundo análisis de la literatura cristiana del
siglo I para demostrar que en los Evangelios no existía la verdad histórica,
que todo en ellos era obra de la imaginación de los evangelistas. Asimismo
argumentó que la religión cristiana no le había sido impuesta, como se pensaba,
al mundo greco-romano, sino que era el más genuino producto de este mundo. De
este modo, abría la única senda por la que se podían investigar científicamente
los orígenes del cristianismo. Sostuvo que muchos temas centrales del Nuevo
Testamento, especialmente los que eran opuestos al Antiguo Testamento, ya se
encontraban en la literatura greco-romana de aquella época. Bauer demostró que
la influencia judía en Roma había sido mucho más importante de lo que los
historiadores habían creído hasta entonces y que el judaísmo se había
introducido en Roma en la época de los Macabeos, incrementando su población.

Pero en 1839 el prestigio de Bauer, el giro radical que dio
a la teología y, sobre todo, su incorporación al círculo de la izquierda
hegeliana forzaron su traslado a la Universidad de Bonn. Era un intento de
descabezar al grupo, privarlo de su dirección para dispersarlo. La vinculación
entre Bauer y Marx era muy estrecha entonces. Apenas se estableció aquel en
Bonn, intentó que Marx se trasladara con él. Entonces Marx trabajaba en su
tesis doctoral sobre la Diferencia entre la filosofía natural de
Demócrito y la de Epicuro
. Para Bauer aquello no tenía demasiado interés.
Para él, fuera de Aristóteles, Spinoza y Leibniz, no había otra filosofía en el
mundo. En una carta le aconsejaba a Marx que acabase de una vez con aquel despreciable
examen
 y que no le dedicase tanto tiempo, lo cual demostraba que ya
entonces Marx hacía gala de su estilo de escribir concienzudo y, por tanto,
exasperantemente lento, lo que fue una desolación para todos los que le
conocieron, especialmente Bauer, que era una máquina de escribir, casi de manera
automática. En la carta Bauer le decía, además, que Ruge le daba pena y
calificaba de lánguidos sus Anales de Halle aceptando,
a cambio, la publicación de una revista radical que Marx le había propuesto,
dirigida por ambos.

Bauer era el campeón de la crítica. Si existe el arte por el
arte, Bauer sería el representante de la crítica por la crítica, un verdadero
precursor de la Escuela de Frankfurt. La palabra nihilismo apareció entonces
bajo estas influencias perdidas en la abstracción. Lo de Bauer era una
revolución pero sólo en el terreno de la filosofía, para la que Bauer contaba
más con la ayuda que con la oposición del gobierno. La miopía política
de Bauer no era otra cosa que el reverso de su agudeza de visión filosófica
,
escribió Mehring. Bauer atacaba a la teología pero sólo para entronizar al
Estado prusiano sobre fundamentos más sólidos. Separando a la Iglesia del
Estado se fortalecía el Estado y más concretamente sus instituciones
educativas, especialmente la universidad, algo en lo que los académicos como
Bauer estaban muy interesados en una época en la que aún estaban obligados a
llevar peluca. Como Ruge, Bauer acabó sus días siendo otro de aquellos
aduladores de Bismarck.

Muy influido entonces por Bauer, Marx presentó su tesis
doctoral sobre Demócrito y Epicuro, dos filósofos que Hegel había tratado con
bastante desdén porque no podían competir con Platón ni compararse con
Aristóteles. Los escépticos, epicúreos y estoicos formaron escuelas filosóficas
griegas que brotaron en su decadencia, contribuyendo más que ninguna otra a
fecundar el cristianismo. Su meta común era hacer al hombre individual,
independiente de todo lo exterior a él, retrotrayéndole a su vida interior,
llevándole a buscar su dicha en la paz del espíritu, asilo inconmovible aunque
el mundo se derrumbase. En suma, eran filosofías de la autoconciencia. Pero
luego el cristianismo, sostenía Bauer, había enajenado la autoconciencia en
beneficio del Señor de los Evangelios. La humanidad había sido educada en la
esclavitud de la religión cristiana para, de este modo, preparar mejor el
advenimiento de la libertad y abrazarla con tanta o mayor fuerza cuando por fin
ese día llegase. La propia conciencia del hombre, al recobrar su
autoconciencia, recobraría un poder infinito sobre los frutos de su prolongado
renunciamiento.

Como había escrito Köppen, en este abigarrado galimatías
filosófico de la época no subyacía otra cosa que el racionalismo burgués del
siglo XVIII, que también había bebido de las fuentes de la duda de los
escépticos, el ateísmo de los epicúreos y la convicción republicana de los
estoicos. Aunque no tenían la talla de Platón o Aristóteles, estos filósofos
griegos habían dejado una huella muy profunda en la historia. Habían abierto al
espíritu humano nuevas perspectivas, rompiendo las fronteras sociales de la
esclavitud y las fronteras nacionales del helenismo, habían fecundado el
cristianismo primitivo, la religión de los dolientes y los oprimidos, que en
Platón y Aristóteles se trocaba en la Iglesia explotadora y opresora de los
dominadores.

Esta es la médula que Marx quiso explotar. Entonces, aunque
seguía compartiendo la concepción idealista, empezaba ya a extraer de la
ambigua filosofía de Hegel conclusiones ateas y revolucionarias. Mientras Hegel
criticaba el materialismo y el ateísmo de Epicuro, Marx hablaba con admiración
de la valiente lucha que el filósofo griego había sostenido contra la religión
y los prejuicios. Mientras todos los filósofos se habían burlado de Epicuro por
su absurda tesis de la declinación de los átomos, Marx le considera como el
más grande racionalista griego
 que había introducido un absurdo entre
las leyes ciegas de la naturaleza por el que se filtraba la libertad humana.

Naturalmente, en medio de un ambiente idealista, que era
también el de Marx entonces, éste traía el materialismo, el atomismo y el
ateísmo como notas discordantes, otra declinación de los átomos. Además del
materialismo, Demócrito y Epicuro tenían en común su atomismo, y Marx expone
así la diferencia entre ambos: para Demócrito se trata tan sólo de la existencia
material del átomo, mientras Epicuro pone de relieve el concepto del átomo al
lado de su realidad, la forma al lado de la materia; no le basta la existencia;
investiga también la esencia, y no ve en el átomo solamente la base material
del mundo sino también el símbolo del individuo aislado. Si Demócrito deducía
de la caída perpendicular de los átomos la necesidad de cuanto acaecía, Epicuro
los desviaba un poco de la línea recta para dejar sitio al libre arbitrio. Es
una contradicción entre el átomo como fenómeno y como esencia. La filosofía de
Epicuro introduce así una explicación ilimitadamente arbitraria de los
fenómenos físicos.


Es también sorprendente la superioridad que Marx observa en
Epicuro sobre Demócrito porque éste no hizo más que aventurar una hipótesis que
era el resultado de la experiencia, pero no su principio dinámico, un defecto
capital que luego Marx siempre denunció en todo el materialismo anterior que no
captaba la realidad más que bajo una forma pasiva, no como práctica, no como
actividad humana. Con esto adelantaba la importancia que luego dio al
movimiento y a la práctica. Demócrito era un teórico y Epicuro un político,
como se demuestra en el desafío de éste a la religión. Epicuro le atrajo a Marx
porque era un luchador, un filósofo se alzaba contra el peso oprimente de la
religión y la desafiaba.

Fue la primera obra extensa de Marx, de la que Mehring
concluye: Con este estudio, el discípulo de Hegel se extiende a sí
mismo el certificado de mayoría de edad: su pulso firme domina el método
dialéctico, y el lenguaje acredita esa fuerza medular de expresión que había
tenido, a pesar de todo, el maestro, pero que hacía mucho tiempo que no se veía
en el séquito de sus discípulos
.

Marx tenía la oportunidad de consagrarse a la actividad
científica y hacerse profesor de la Universidad de Bonn junto a Bauer. Pero él
prefería a Epicuro antes que a Demócrito. Era un militante, no un teórico. No
quería convertirse en un pensador solitario que escribía en el remanso de una
biblioteca. Era un demócrata, un revolucionario que luego evolucionaría hacia
el comunismo bajo la atracción de una clase, el proletariado, que supo hacer
suyos el indudable talento de Marx como pensador en la lucha por un mundo
nuevo. La concepción de los revolucionarios nunca ha sido invención de un
ideólogo individual, sino la expresión teórica de un movimiento vivo.

El ministro de Educación Altenstein había trasladado a Bauer
a la Universidad de Bonn con la promesa verbal de concederle una plaza de
profesor titular, pero murió en mayo de 1840 casi al mismo tiempo que Federico
Guillermo III y su sustituto, Eichhorn, no estaba por la labor. Se iniciaba una
etapa de dura reacción acompañada de represión política. Le propusieron que se
dedicara a escribir con la promesa del apoyo financiero del Estado pero Bauer
no aceptó y se aprestó a librar una batalla con la ayuda de Marx en una nueva
revista de agitación. El nuevo ministro mantuvo el pulso inundando la
Universidad de Berlín de reaccionarios prestos a librar toda clase de batallas.
Llevó allí al viejo Schelling, que se había convertido en portaestandarte de la
revelación divina, para dar el golpe de gracia al hegelianismo. En medio de
violentas manifestaciones de protesta, Julius Stahl, un absolutista, sucedió al
hegeliano Gans, fallecido el año anterior. El forjador de escuela histórica del
derecho, Savigny, amigo personal del nuevo monarca Federico Guillermo IV,
depuró a universidad de las tesis jurídicas hegelianas. Por tanto, en 1840
Prusia había declarado la guerra al hegelianismo, que apenas había podido
reinar una década. El título de un folleto de Bauer resumía el final de aquella
época: La trompeta del juicio final contra Hegel, el ateo y el
anticristo
. Marx participó en la redacción de ese folleto; formaba parte de
esa corriente y, aunque lo hubiera pretendido, las aulas estaban vetadas para
él.

Marx decidió doctorarse en la pequeña Universidad de Jena y
publicar luego la tesis doctoral, acompañado de un prólogo retadoramente audaz,
como testimonio de sus conocimientos para luego instalarse en Bonn y editar
allí con Bauer, la proyectada revista. Además, como doctor por una Universidad
extranjera
, la de Jena, las universidades prusianas no podrían cerrarle sus
puertas y tendrían que permitirle profesar la enseñanza por libre.

El 15 de abril de 1840 Marx recibió la investidura de doctor
por la Universidad de Jena, sin su presencia personal, previa presentación de
una tesis que no era más que un fragmento de una magna obra en la que se
proponía estudiar la evolución de la filosofía epicúrea, estoica y escéptica,
poniéndolas en relación con toda la filosofía griega.

Biografía de Marx (Parte 2)



Los años jóvenes


Marx nació el
5 de mayo de 1818 en Tréveris, una antigua ciudad medieval enclavada en la
Prusia renana. En el siglo X fue, con Roma, uno de los centros de la
cristiandad. Poseía establecimientos de curtido y fábricas textiles, pero la
industria manufacturera no estaba muy desarrollada en comparación con las zonas
septentrionales de Renania. Tréveris conservaba hasta cierto punto las
costumbres de una ciudad medieval, encuadrada en una región vinícola donde los
campesinos eran en su mayoría pequeños propietarios, vinateros, amantes de la
alegría y el buen vino. Marx siempre se interesó entonces por la situación de
aquellos campesinos. Realizaba excursiones a los pueblos de los alrededores y
se documentaba a fondo sobre su vida. Los artículos que publicó años más tarde
en la prensa demuestran que conocía perfectamente los detalles de la vida
rural, el régimen de la propiedad del campo, y los procedimientos de cultivo de
los campesinos de la comarca.

Su padre,
Enrique Marx, era un abogado de origen judío, culto y libre de prejuicios
religiosos que admiraba la filosofía del siglo XVIII y enseñó a su hijo a leer
las obras de librepensadores como Locke, Diderot, Voltaire pero sobre todo
Kant.

Mientras
algunos biógrafos han negado casi totalmente la influencia de su origen judío
sobre Marx, otros se han dedicado a subrayar su enorme trascendencia. Es
indudable que en la historia del socialismo alemán cuatro judíos, Börne, Heine,
Marx y Lassalle tuvieron un papel muy importante. Pero ahí el origen judío no
tuvo influencia en evolución política. No fueron motivos religiosos sino
políticos, como el propio Marx explicó en sus artículos sobre la Cuestión
judía
. Están ligados a la situación semifeudal de Alemania donde, como
otros, los judíos carecían de derechos civiles y políticos, agravados en su
caso porque les alcanzaba aunque se tratara de burgueses. Lo verdaderamente
importante y lo que se ha tratado de silenciar con el recuerdo de las raíces
judías de Marx, es la situación semifeudal de Alemania y la privación de
derechos políticos de las amplias masas. El padre de Marx, que desde hacía
mucho tiempo no practicaba, seguía siendo judío, se convirtió en 1824 al
cristianismo para escapar a la discriminación que sufrían los judíos tras la
reincorporación de Renania a Prusia. Por su parte, Marx escribió el 13 de marzo
de 1843 en una carta a Arnold Ruge: La religión israelita me inspira
repulsión
.

Aunque no
estuviera ligado espiritualmente en absoluto con el medio, Marx se interesó por
la cuestión judía durante su juventud. Mantenía relaciones con la comunidad
judía de Tréveris. Los judíos enviaban frecuentemente peticiones para solicitar
la desaparición de diversas medidas humillantes. A petición de sus parientes próximos
y de la comunidad de Tréveris, Marx, que entonces tenía veinticuatro años,
escribió una de estas peticiones. Marx no despreciaba en absoluto a sus
antiguos correligionarios; se interesaba por la cuestión judía y participaba en
la lucha por la emancipación de los judíos. Ello no le impedía distinguir
perfectamente entre los judíos pobres y los representantes de las altas
finanzas, aunque, a decir verdad, había pocos judíos ricos en la región donde
vivía Marx. La aristocracia judía estaba concentrada entonces en Hamburgo y
Frankfurt.

Buena prueba
de la ausencia de aquella influencia religiosa es el segundo de los tres
ejercicios escolares que tuvo que presentar para aprobar su bachillerato. Se
titulaba Una demostración, según el evangelio de San Juan, naturaleza,
necesidad y efectos de la unión de los creyentes de Cristo
. Expresa todavía
la persistencia confesional del cristianismo que imperaba en el ambiente
escolar que, en todo caso, no era el judaísmo sino el protestantismo, también
minoritario en Tréveris, donde la mayoría era católica.

Lo mismo cabe
decir del supuesto carácter prusiano de Marx, que significa
ignorar por completo que aquella Renania era cualquier cosa menos prusiana. No
sólo por su temporal adscripción francesa sino porque la reincorporación a
Prusia significaba la pertenencia formal a un régimen administrativo que en
absoluto suponía que los renanos fuesen, desde el punto de vista social,
prusianos. Algunos autores pretenden enlazar esa genética prusiana con
Hegel para destacar la sobrevaloración de Marx hacia el Estado y la burocracia.
Pero nadie como Marx puso a la sociedad por delante del Estado, dando la vuelta
al pensamiento hegeliano y enfrentándose luego a Lassalle a causa de la
veneración de éste por el Estado. En cuanto a Prusia, tanto los escritos de
Marx como los de Engels testimonian que no hubo mayores adversarios
de la unificación de Alemania por la vía prusiana que ellos. Por tanto, esas
ideas son ajenas por completo a Marx a lo largo de toda su trayectoria, en las
que demostró que su programa tenía por objeto la desaparición del Estado.

En cualquier
caso, el origen -y más si ese origen es lejano- no determina el rumbo de
ninguna persona. Influye, pero seguramente influyen mucho más otras circunstancias,
algunas de las cuales la propia biografía personal se encarga de superar y
olvidar. Otras permanecen. Entre éstas fue importante para Marx la propia
ubicación geográfica de su Renania natal. A orillas del río que le da el nombre
y próxima a la frontera francesa, en Renania la influencia de la revolución de
1789 fue muy importante. Estuvo en manos de los franceses y no fue entregada a
Prusia hasta después de 1815. Los franceses abolieron en Renania las cargas
feudales y la región se convirtió en una de las más industrializadas de Prusia.
Las riquezas naturales de la región (carbón y hierro) contribuyeron al
surgimiento de una gran industria capitalista metalúrgica y textil que, a su
vez, ocasionó la ruina de los campesinos y los artesanos y la formación de una
nueva clase: el proletariado.
El desarrollo
del capitalismo también hizo cada vez más insoportables los vestigios de las
relaciones feudales de servidumbre que perduraban aún en muchos países de
Europa. Acostumbrados a una relativa libertad bajo el régimen francés, los
renanos reaccionaron contra el régimen prusiano al cual se vieron sometidos. En
1832 se organizó una gran fiesta en Hambach en la cual Börne defendió la
necesidad de una Alemania libre y unificada. Entre ellos se encontraba un
obrero de 23 años, Johann Becker, un revolucionario que realizaba agitación y
propaganda y posteriormente se convirtió en escritor.

Pero Becker
era sobre todo un hombre de acción que organizó fugas de los revolucionarios
encarcelados. Estando en prisión, su círculo organizó en 1833 un ataque armado
contra la guarnición de Frankfurt, sede entonces de la Dieta de la
Confederación Germánica. Los estudiantes y obreros afiliados a este círculo
estaban convencidos de que una insurrección en esta ciudad produciría una
fortísima impresión en Alemania, pero fracasaron. Carlos Schapper participó
activamente en aquella insurrección y, después del fracaso, consiguió huir a
París donde, junto con Schuster y otros, fundaron una sociedad secreta: la Liga
de los Proscritos.

Entonces
Marx, que conocería luego a muchos aquellos revolucionarios, estudiaba en el
instituto de Tréveris, donde permaneció de 1830 a 1835, reconociendo sus
maestros que era uno de los alumnos más brillantes. Encargado por su profesor
de escribir una composición sobre la elección de una profesión por los jóvenes,
Marx argumentó que no se puede elegir libremente una profesión, que el hombre
nace en unas condiciones que condicionan la elección así como su concepción del
mundo. Se podría adivinar ya el embrión de la concepción materialista de la
historia. Pero es necesario ver en ello únicamente la prueba de que, ya durante
su juventud, Marx, influenciado por su padre, había penetrado en las ideas
fundamentales del materialismo francés.

Después de
terminar los estudios en el instituto, en 1836 se matriculó en la Facultad de
Derecho de la Universidad de Bonn, donde estuvo un año, pasando luego a la de
Berlín. En aquella época habían cesado los disturbios revolucionarios y reinaba
establecía una cierta calma en la vida universitaria, presidida por la
represión y los confidentes de la policía; la práctica había dejado paso a la
teoría. Aunque se había matriculado en derecho su interés estaba en la
filosofía y la historia.

De esta época
poseemos un documento interesante sobre él: una carta en la que se dirige a su
padre como a un amigo íntimo, al cual explica claramente sus ideas. Enrique
Marx apreciaba y comprendía muy bien a su hijo, y basta leer su respuesta para
poder juzgar su profunda cultura. En el espíritu de este tiempo, Marx busca
unas concepciones, unas doctrinas, que le permitan motivar teóricamente el odio
que ya siente por el régimen político y social dominante. Posteriormente
estudiará esta cuestión con mayor detalle.

Las ideas
científicas y políticas de Marx cristalizaron en una época en que en Alemania y
otros países de Europa maduraban importantes acontecimientos históricos. El
fortalecimiento del capitalismo en los países de Europa occidental llevaba a la
agudización de la lucha de clases, al impulso de los movimientos
democrático-burgueses y de liberación nacional. Si bien espontánea e
inconscientemente, el proletariado se rebelaba ya contra la opresión capitalista,
haciendo su entrada en la escena histórica. En la Alemania atrasada y
semifeudal, fraccionada económica y políticamente, donde las masas trabajadoras
sufrían un doble yugo -el de los vestigios del feudalismo y el del capitalismo
naciente- maduraba la revolución democrático-burguesa. El fin de los años 30 y
comienzo de los 40 se caracterizaban en Alemania por el aumento del descontento
de las masas populares, la animación de la vida social y el surgimiento de
diversos grupos y tendencias oposicionistas en la burguesía y la
intelectualidad.

Biografía de Marx (Parte 1)



Introducción

Carlos Marx, genial
pensador y dirigente del proletariado, ocupa un lugar destacado entre las
grandes figuras cuyas obras y cuyos nombres perviven a través de los siglos. El
17 de julio de 2005 el programa de la BBC In our time organizó
una votación entre los espectadores para elegir al mayor filósofo de la
historia, y éste fue el resultado:


1.
Carlos Marx
27,93%
2.
David Hume
12,67%
3.
Wittgenstein
 6,80%
4.
Nietzsche
 6,49%
5.
Platón
 5,65%
6.
Immanuel Kant
 5,61%
Tumba de Marx en el cementerio de Highgate (Londres)


A estos pensadores
les siguen Tomás de Aquino, Sócrates, Aristóteles, Karl Popper y otros. Por
tanto, a pesar de todos los esfuerzos propagandísticos de la burguesía acerca
de la muerte del pensamiento marxista, sigue más vivo que
nunca. Sus ideas transcienden la letra escrita y han ejercido una poderosa
influencia histórica, especialmente a lo largo de todo el siglo XX. Ningún otro
autor tiene tan ingente número de seguidores como él repartidos por todo el
mundo y, desde luego, absolutamente nadie entre los explotados y oprimidos.
Marx era un pensador como ha habido muy pocos en la historia. Como escribió Engels, Marx
era un genio; los demás, a lo sumo, somos hombres de talento. Sin él, la teoría
no sería hoy, ni con mucho, lo que es. Por eso ostenta legítimamente su nombre
.


El mayor mérito
histórico de Marx consiste en haber forjado la ciencia que trata de las leyes
más generales que rigen el desarrollo de la naturaleza, la sociedad y el
pensamiento humano, esto es, el materialismo dialéctico y el materialismo
histórico. Con ello mostró el camino no sólo para la comprensión del mundo,
sino también para su transformación por la vía revolucionaria.


Marx demostró de
manera científica que la muerte del capitalismo y el triunfo de la sociedad
comunista son inevitables. Gracias a él, el socialismo dejó de ser un sueño
estéril en un futuro mejor de la humanidad y se convirtió en una ciencia.


Junto con su amigo Federico
Engels, Marx fundamentó científicamente la misión histórica del proletariado
como la clase más avanzada, revolucionaria hasta el fin, que, al liberarse a sí
misma, libera de todo yugo y de toda explotación al conjunto de la humanidad.


Marx señaló que el
camino que conduce a la sociedad socialista es el de la revolución proletaria y
la dictadura del proletariado. La principal diferencia del marxismo con las
ideologías burguesas más progresistas y avanzadas es la teoría de la dictadura
del proletariado.


La doctrina de Marx
es la ideología de la clase obrera, la expresión teórica de sus intereses
vitales, la ciencia de la transformación del mundo por vía revolucionaria. Los
fundadores del marxismo enseñaban que el proletariado no podría cumplir su
misión histórica de sepulturero del capitalismo y creador de la nueva sociedad
si no organizaba su propio partido proletario.


Si echamos una
mirada retrospectiva al espacio creciente de tiempo que nos separa del período
en el que Marx vivía, queda claro el hecho irrebatible de que, en el curso de
la lucha de clases revolucionaria, la influencia de la teoría creada por él
sobre las masas trabajadoras aumenta cada vez más. La clase obrera -la más
avanzada, la que orienta a todos las masas oprimidas- va influyendo cada vez
más en la marcha de la historia universal, transformando el mundo de una manera
activa y conscientemente, apoyándose en las leyes objetivas del progreso
social, descubiertas por Marx y Engels y desarrolladas posteriormente por Lenin.
La doctrina de Marx, desarrollada por Lenin y empleada de manera
creadora y constantemente enriquecida por los partidos comunistas de todo el
mundo, demuestra cada vez con mayor claridad su enorme fuerza vital.

Biografía de Marx

Carlos Marx
(1818-1883)

Sumario:



(Antorcha.org)

La lucha de los comunistas griegos contra el revisionismo

Movimiento por la
Reorganización del Partido Comunista de Grecia (1918-1955)

a)      Los sucesos de Taskent

A finales de agosto de 1949, después de tres años y medio de
lucha armada contra la reacción monárquico-fascista griega y el imperialismo
angloamericano, siguiendo una decisión tomada por el Comité Central del Partido
Comunista de Grecia (KKE), los partisanos del Ejército Democrático de Grecia
(DSE) dejaron atrás su patria y se replegaron a Albania. Fue un exilio masivo.
En 1949-1950, un número total de 55.381 personas (de las cuales un 67,6% eran
adultos de 18 a 55 años, un 1,7% eran muy ancianos y 17.352 eran niños de hasta
17 años) abandonaron Grecia y se asentaron en las diferentes Repúblicas
Populares y en la Unión Soviética. Casi 18.000 refugiados comunistas se fueron
a Taskent, la capital de la República Socialista Soviética de Uzbekistán, donde
fueron organizados en campamentos residenciales llamados Politeias.


Después de haberse adaptado a las nuevas condiciones de
vida, los comunistas griegos procedieron a reorganizar su partido. Del 10 al 14
de octubre de 1950, la III Conferencia del KKE tuvo lugar. Este organismo purgó
a casi todos los oportunistas del partido. Por primera vez desde 1940, se le
asestó un duro golpe al oportunismo de derecha y a todos los oportunistas que
habían traicionado el movimiento popular durante la época de la ocupación nazi
habiendo firmado los acuerdos en Lebanon (20/5/1944), Gazerta (26/9/1944) y
Varkiza (12/2/1945) y a quienes, además, habían saboteado el desarrollo y el
aumento del DSE durante la guerra civil.


Poco después de la muerte de Stalin en 1953, la fracción
revisionista de Jruschov, Mikoyan y Brezhnev que se impuso en el PCUS empezó a
aproximarse a los secretarios [generales] de los Partidos Comunistas para evaluar
su buena disposición a adoptar su línea contrarrevolucionaria. Ellos descubrieron
que la dirección del KKE encabezada por Nikos Zachariades no quería abandonar
el revolucionario camino marxista-leninista-estalinista y seguir el rumbo
revisionista antiestalinista. En particular, ellos pidieron que revisara su
actitud en tres cuestiones fundamentales del movimiento comunista
internacional:


1)     
Considerar la Yugoslavia capitalista como un
país “socialista”.


2)     
Volverse contra Stalin escribiendo artículos en
Pravda sobre el “culto a la personalidad” – este infame mito jruscheviano de
origen idealista.


3)     
Consentir la liquidación de la Kominform.


La respuesta dada por el gran e inquebrantable líder
comunista sobre todas las cuestiones de arriba fue negativa.


Cuando los miembros de la camarilla revisionista
jruscheviana tuvieron la certeza de que este tipo de presión no tendría ningún
efecto, intentaron formar una fracción oportunista de derecha en la
Organización del Partido de Taskent (KOT) – la más Organización del KKE más
grande en los países socialistas – y hacer que se hiciese con la dirección de
la Organización. Por desgracia para ellos había una falta de apoyo a ello salvo
por unos pocos oportunistas. La dirección revolucionaria del KKE liderada por
Nikos Zachariades actuó inmediatamente; los líderes de la fracción fueron
desenmascarados y sacados de la dirección de la KOT.


Nikos Zachariades, hablando en una reunión de cuadros del
Partido en el teatro Mu Ki Mi en Taskent, dijo lo siguiente, entre otras cosas:
“Camaradas, varios de los que han hablado atacaron a Demetriou y más o menos lo
consideran el líder de los revisionistas. Demetriou, camaradas, es sólo la
punta de la cola de un elefante torpemente camuflado. El deber serio e
histórico asignado a todos nosotros es tirar de esta cola de manera que el
mundo entero vea el elefante: Jruschov” (K. Karanikola, “Mia lefki selida tou
KKE”, p. 59).


El enfrentamiento entre los miembros de la fracción y el
resto de los comunistas griegos se fue intensificando y la situación en Taskent
fue muy tensa durante el periodo de agosto y septiembre de 1955. En tal
ambiente, se hicieron tres
intentos de asesinato contra Nikos Zachariades. En el primero, el Coronel
armenio de la KGB Saakov intentó darle un helado envenenado pero Zachariades
rechazó estar siempre al cuidado de qué y dónde comía. En el segundo, alguien
le lanzó un pesado ladrillo mientras estaba pronunciando un discurso en una
reunión del partido; Zachariades lo esquivó en el último momento (Ahillea
Papaiaonnu, “H apagoreumeni eikona – Dioktes kai ieroktonoi tou Nikou
Zachariades”, Atenas 2004). En el tercero, el mejor organizado de los tres,
tres individuos emboscaron el coche que iba a llevarle al aeropuerto. El plan
fracasó sólo porque Niyazov, el secretario general estalinista del PC de
Uzbekistán, se dio cuenta de ello y avisó a Zachariades.


“Había una buena razón por la que los revisionistas querían
exterminar a Zachariades, ya en 1955. Sabían muy bien que si Zachariades
hubiera estado presente en el XX Congreso, él habría desbaratado sus planes al
menos en relación a la “crítica del culto a la personalidad”. Esto se debía a
que Zachariades era lo suficientemente valiente y audaz como para expresar su
opinión abiertamente, al contrario que los líderes de los otros partidos
comunistas. D. Vlantas (miembro del Politburó del KKE) escribe en su libro,
“Nikos Zachariades y 22 compañeros”, lo siguiente: “Cuando llegué a Taskent en
julio de 1955, un representante de la dirección soviética me propuso ayudarle a
finiquitar el complot que había empezado en 1949 y, ellos, a cambio, me
ayudarían a convertirme en Secretario General del KKE. Yo rechacé la propuesta.
Zachariades vino a Taskent a mitades de agosto de 1955. Le informé sobre una
situación extremadamente crítica. Le acentué que ya no sólo era la Organización
de Taskent la que estaba en juego sino todo el partido. Le sugerí que  debíamos volver a Bucarest, la sede del CC,
convocar una sesión donde demostráramos la existencia de un complot y luego
enviar una delegación a Moscú pidiendo explicaciones. Zachariades rechazó mi
sugerencia.”


Cuando hasta la formación de una fracción considerable
fracasó, el 9 de septiembre de 1955 el grupo revisionista jruscheviano organizó
un sangriento pogromo en Taskent empleando un grupo de oportunistas griegos.
Esto fue “una provocación abierta contra la delegación del CC del KKE: el
violento y gangsteril asalto a las oficinas donde la delegación tenía su sede y
el herimiento de tres de sus miembros” (del V Pleno, en diciembre de 1955).
Sobre 200 oportunistas liderados por los líderes de fracción Ipsilantis,
Demetriou, Barbalias y otros – que estaban bajo el asesoramiento directo de los
revisionistas soviéticos – llevó a cabo un sangriento asalto a las oficinas de
la Organización del Partido de Taskent, pero no lograron capturarlos: “a las 4
de la tarde, el 9 de septiembre alrededor de 200 personas se reunieron en el
patio del séptimo Politeia junto a los líderes de fracción que estaban animando
a sus seguidores con vodka, cerveza y vino” (K. D. Karanikola: “Mia lefki
selida tou KKE”, p. 53).


El asalto a las oficinas de la KOT fue precedida por las
provocaciones de la fracción en varias Politeias: “En esas Politeias donde los fraccionalistas
tenían algún apoyo, como en la 2ª, 3ª, 7ª, 9ª y 11ª, empezaron a saquear las
bibliotecas locales y a quemar libros, especialmente aquellos escritos por
Zachariades, Bartziotas y otros sobre la lucha del DSE” (ibid. p. 46).


Este actor provocador levantó una protesta entre los miles
de miembros del Partido que se apresuraron a defender las oficinas de la KOT. Luego
tuvieron lugar enfrentamientos y palizas con los fraccionalistas hasta que la
policía y los destacamentos de cadetes vinieron a su rescate. Muchos resultaron
heridos y tuvieron que ser transportados al hospital mientras cientos de
comunistas griegos eran arrestados, principalmente oficiales de alto rango del
DSE, metidos en prisión y luego juzgados por “vandalismo”.


Todos los refugiados políticos en Taskent sabían que los
instigadores de los provocadores “sucesos de Taskent” eran los revisionistas
jruschevianos que pretendían la liquidación del KKE. Todo el mundo sabía que el
puñado de oportunistas griegos estaba en permanente contacto con y bajo el
asesoramiento del traicionero grupo revisionista jruscheviano. Uno de los
oportunistas más conocidos, Kostas Gritzonas, confiesa: “Una tarde, durante el
momento en que los sucesos de Taskent alcanzaban su punto culminante, mientras
iba desde el 7º hasta el 9º Politeia junto con el secretario de la KOT,
Aristotelis Hatouras, me confió que el movimiento anti-zachariadistas
disfrutaba de la ayuda de los soviéticos. Me dejó con el entendimiento de que
estaban teniendo conversaciones en privado con los jruschevistas del CC del PC
de Uzbekistán” (K. Gritzonas: “Meta to Grammo”, pp. 18-19).


La abrumadora mayoría de los comunistas griegos, más del 95%
de los miembros de la KOT, condenaron la intervención de los revisionistas
jruschevianos en el KKE y acudieron  para
apoyar su partido encabezado por Nikos Zachariades. Su enfrentamiento violento
y sangriento con los fraccionalistas fue el primer acto de resistencia en el
movimiento comunista contra el revisionismo desde antes del XX Congreso. Esta
actitud anti-revisionista fue claramente expresada en el histórico V Pleno del
CC del KKE reunido a finales de diciembre de 1955 (26-28/12/1955). Fue histórico
porque:


1)     
Condenó abiertamente la intervención revisionista
anticomunista y jruscheviana en el KKE y


2)     
Fue el último órgano convocado de nuestro
heroico partido antes de su completa liquidación.


En la decisión del Pleno, en relación con la situación en la
KOT, se dice que: “la fracción no habría logrado nada en absoluto si no hubiera
recibido la ayuda de ciertos camaradas soviéticos, quienes estaban convencidos
de que la fracción era la más fuerte y la parte más pro-soviética de la KOT a
la que debían apoyar y ayudar. Este hecho animó a los fraccionalistas aún más a
actuar y a declarar abiertamente que “todo lo que decimos y hacemos es aprobado
por los soviéticos” (Demetriou) y que “no tengo miedo de nada porque 200
millones de soviéticos me respaldan” (Hatouras) etc. etc.”


El V Pleno fue un auténtico triunfo del bando
marxista-leninista en el KKE y de Nikos Zachariades personalmente. Esto es
incluso admitido por el máximo líder fraccionalista en la KOT, Demetriou
(“Eleutherotypia”, 2004). Sin embargo, la fracción revisionista no estaba
todavía completamente derrotada y el resultado de la lucha interna en el KKE
estaría contundentemente determinada por la lucha correspondiente en el PCUS
entre los partidarios de Stalin y los partidarios de Jruschov.
La abrumadora oposición militante de los refugiados
comunistas exiliados de Grecia, encabezados por Nikos Zachariades contra la
camarilla jruscheviana en septiembre de 1955 en Taskent, fue cronológicamente
la primera en la historia de las luchas del Movimiento Comunista Internacional
contra el revisionismo jruscheviano y, también, un punto culminante de la
heroica lucha del KKE revolucionario (1918-1955). Si uno toma en cuenta el
insólito desastre que siguió inevitablemente a la aplicación del revisionismo
jruscheviano a los partidos comunistas (destrucción del socialismo y
restauración del capitalismo en la Unión Soviética, la desintegración de la
URSS capitalista, liquidación de los partidos comunistas), puede decirse que no
sólo fue un punto culminante de la prolongada lucha del KKE
estalinista-zachariadista, sino que fue al mismo tiempo un gran y único momento
en la lucha del Movimiento Comunista Internacional (Komintern-Kominform) contra
la nueva tendencia contrarrevolucionaria y traidora del revisionismo jruscheviano
que emergió en sus líneas a mediados de los años 50: fue precisamente este
momento el que marcó el comienzo de la más encarnizada lucha
político-ideológica contra el revisionismo jruscheviano a nivel internacional,
una lucha que siguió durante medio siglo hasta ahora, que aún continúa y que va
a continuar en el futuro hasta su victoria final. En este contexto, los
“sucesos de Taskent” adquieren una importancia histórica triple:


–         
Primero, constituyen la primera intervención
abierta y brutal de los revisionistas jruschevianos en los asuntos internos de
un partido comunista pretendiendo liquidarlo.


–         
Segundo, marcan el inicio de la resistencia y la
lucha de los comunistas griegos contra el revisionismo jruscheviano incluso
antes de su surgimiento como una completa tendencia político-ideológica en el
XX Congreso del PCUS (febrero de 1956).


–         
Tercero, estos sucesos alzaron la bandera de la
lucha de los comunistas de todos los países contra esta tendencia
contrarrevolucionaria. El levantamiento y la batalla de los comunistas griegos
en Taskent en septiembre de 1955 marca el comienzo del período de la lucha
contra el revisionismo jruscheviano a nivel internacional.



b)      El “VI Pleno”

En febrero de 1956, durante el contrarrevolucionario XX
Congreso del PCUS, comenzaron las farsas judiciales contra los comunistas
griegos, refugiados políticos, en Taskent. En esta farsa, los veteranos del DSE
curtidos en la lucha, como Giorgos Kalianesis (general), Dimitris Vyssios
(lugarteniente-coronel) y otros, fueron procesados por vandalismo y vagabundeo.
Cumpliendo sus condenas, fueron deportados a Siberia y enviados a campos de
concentración “que estaban intencionadamente contiguos a los campos de
concentración de criminales de guerra alemanes condenados a 25 años de prisión,
la pena máxima según el derecho penal soviético. Los alemanes no trabajaban por
su status de “prisioneros de guerra” y, aparte de que se les daba la comida de
un soldado soviético, recibían paquetes de medicina y comestibles de la Cruz
Roja de la Alemania del Oeste cada diez días. Los refugiados condenados se
alimentaban con patatas podridas y cereales molidos y mohosos. Esta “dieta” la
seguían bajo condiciones de trabajo pesado y agotador (D. Vyssios: “Carta
abierta a M. N. Ponomarov”, antiguo Director del Departamento de Relaciones
Internacionales del CC del PCUS, enero de 1991).


La oposición de los comunistas griegos al revisionismo
jruscheviano fue expresada en masa. La abrumadora mayoría (95%) de los miembros
de la Organización del Partido en Taskent se declaró en contra de la
intervención jruscheviana en el KKE y defendió la línea revolucionaria del
partido y del CC liderado por Nikos Zachariades mostrando una contundente
firmeza y un valor sin precedentes. La actitud de los comunistas cautivos en la
cárcel y en los campos de concentración en Grecia fue similar.


Fue precisamente esta abrumadora oposición de los comunistas
griegos (que oscila desde el 85 al 95% en Taskent y en las Repúblicas
Populares) la que impidió que el KKE fuese transformado en un partido burgués
de tipo socialdemócrata. El KKE revolucionario es el único partido comunista de
un país capitalista no había sido transformado aún en un partido
contrarrevolucionario, burgués, socialdemócrata. Este hecho forzó a los
revisionistas jruschevianos a crear un partido completamente nuevo en lugar del
viejo.


En el momento del XX Congreso del PCUS, los jruschevianos
formaron el infame “Comité Internacional”, el cual supuestamente tenía como
objetivo examinar la situación en el KKE. Comprendía cuadros de seis partidos
comunistas:


1)     
Yugov, del Partido Comunista de Bulgaria


2)     
Kovac, del Partido de los Trabajadores Húngaros


3)     
Mazur, del Partido Obrero Unificado Polaco


4)     
Dej, del Partido de los Trabajadores de Rumanía


5)     
Kuusinen, del Partido Comunista de la Unión
Soviética


6)     
Barak, del Partido Comunista de Checoslovaquia


El presidente del Comité Internacional era, formalmente,
Gergiou Dej – el títere de Jruschov – pero de hecho era Otto V. Kuusinen, miembro
del Politburó del PCUS. Nikos Zachariades, dirigiéndose a Dej durante uno de
las sesiones del comité, dijo lo siguiente en relación a su intromisión en los
asuntos internos del KKE: “¿Quién le otorgó el derecho de examinar los
problemas del heroico KKE a usted, que dormió en agosto de 1944 bajo fascismo y
se despertó un día bajo una República Popular, fundada por los tanquistas rojos
que marcharon desde Stalingrado cuando destruyeron la fascista División Rumana
y te la ofrecieron a ti como regalo? ¿Qué experiencia tiene usted para criticar
la lucha de los comunistas griegos, quienes, dicho sea en su honor, por medio
de la lucha, no permitieron ni siquiera a un solo ciudadano griego luchar en el
Frente Oriental contra la URSS? (K. Karanikola, pp. 70-71).


El Comité Internacional intervino abiertamente y sin
pretextos en el KKE convocando arbitrariamente el infame “VI Pleno” en marzo de
1956. En este encuentro ilícito el informe no fue leído por un griego, sino por
el presidente del “Comité Internacional”, Dej. Los antiguos cuadros y los
miembros expulsados participaron, pero no el Secretario General, elegido
legalmente, del Partido, Nikos Zachariades. La brutal intervención de los
revisionistas jruschevianos a través del “VI Pleno” dio como resultado la liquidación
actual del KKE (1918-1955). Esto fue llevado a cabo por:


a)     
La ilegal y forzosa eliminación de la dirección
revolucionaria elegida del KKE, incluyendo al Secretario General del Partido,
que fue arrestado y aislado, y designada una dirección títere, oportunista de
derecha.


b)     
Las expulsiones masivas de miles de comunistas.


c)      
La liquidación de las restantes organizaciones
del Partido en 1958.


El nuevo partido que fue creado en 1956, el “K”KE [nótese
que es una traducción del griego y que las comillas recaen en la sigla
“comunista”] no tenía ni tiene ninguna relación en absoluto – ideológica,
política y orgánicamente – con el antiguo KKE revolucionario (1918-1955). Fue
una escandalosa creación de los revisionistas jruschevianos que adoptaron la
línea contrarrevolucionaria y socialdemócrata promulgada en el XX Congreso del
PCUS, concretamente la transición pacífica al socialismo. Por esta razón, el
nuevo partido ha sido, desde el mismo comienzo, un partido burgués
socialdemócrata ya no guiado por el marxismo-leninismo-estalinismo, sino por la
tendencia contrarrevolucionaria del revisionismo jruscheviano, una variante de
la ideología burguesa.


Un año más tarde, en 1957, los revisionistas del “K”KE
convocaron el “VII Pleno”, un encuentro tan ilícito como el VI Pleno. Según las
resoluciones de este “pleno”, Zachariades fue incluso despojado de su membresía
del partido y condenado al exilio. Además, fue desvergonzadamente acusado de
espiar para los alemanes cuando estuvo en Dachau. Un comité especial creado
para investigar el asunto no encontró ninguna prueba en absoluto que sostenga
esta monstruosa acusación.


c)       La persecución de los comunistas griegos

La gran mayoría de los comunistas griegos bajo el liderazgo
de Nikos Zachariades no sólo rechazó ofrecer una firme resistencia contra las
resoluciones del XX Congreso y del VI Pleno sino que fueron los primeros del
Movimiento Comunista Internacional en hacerlo ya en 1956 – el rechazo del
revisionismo por Mao Zedong y Enver Hoxha fue expresado cuatro años más tarde,
en la conferencia de partidos comunistas en 1960. Lo que es más importante
todavía es que, en el difícil periodo que siguió al XX Congreso, la lucha de
los comunistas griegos contra el revisionismo tanto griego como soviético
siguió tomando diferentes formas. En 1958, 6000 comunistas de Taskent
escribieron una carta a los CC de Partidos Comunistas de la Unión Soviética,
China, Italia, Francia, Bulgaria, Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumanía,
Vietnam, Cuba, Corea y Albania con respecto a la situación en el KKE. En la
primera página de esta carta se menciona lo siguiente: “El actual CC del KKE no
es la dirección que encabezó las luchas revolucionarias de nuestro pueblo. Esto
es así porque:


1)     
El ascenso de esta dirección es el resultado de
una provocación política contra el KKE el 09/09/1955 en una de sus
organizaciones más grandes, la Organización del Partido de Taskent y,
posteriormente, de la arbitraria convención y resolución del VI Pleno en 1956.


2)     
La política de esta dirección es la revisión de
la línea revolucionaria que el KKE tenía antes del VI Pleno, es la revisión de
la teoría marxista-leninista.


3)     
A esto le acompaña una línea oportunista que se
desvía de los principios marxista-leninistas.


4)     
Esta política oportunista, al seguirse, debilita
la lucha de nuestro pueblo y pretende subordinar nuestro movimiento a los
intereses de la burguesía griega.”


La importancia histórica y política de este documento apenas
puede ser sobrevalorada. Aparte de ser un ejemplo de la resistencia contra el
revisionismo en el KKE, contiene un exhaustivo esbozo histórico de los asuntos
internos del partido abarcando completamente el periodo de antes del XX
Congreso. Demuestra más claramente el papel contrarrevolucionario y traidor de
todos esos oportunistas, como Vafiades y Partsalidis, que estuvieron en los
altos rangos del KKE durante la resistencia armada contra las fuerzas de
ocupación alemanas, el imperialismo angloamericano y la reacción fascista
griega. Fueron los mismos que acusaron a la dirección de Zachariades de
“errores izquierdistas” y “aventurerismo” en relación con la estrategia y la
táctica del partido en la guerra civil, en la III Conferencia del KKE en 1950.
Finalmente, fueron los mismos que fueron nombrados posteriormente en la
dirección del KKE por los revisionistas jruschevianos.


Por su continua y activa lucha contra el revisionismo, miles
de comunistas griegos en los años siguientes fueron expulsados por la dirección
oportunista de derecha que había sido designada. Otros decidieron desvincularse
del nuevo partido burgués y oportunista. Además, estuvieron sujetos a toda una
serie de persecuciones a manos de los fascistas que adquirieron distintas
formas: vigilancia, espionaje, arrestos, encarcelamientos, deportaciones a
Siberia, etc. Muchos cuadros del partido fueron deportados a Siberia y entre
ellos el Secretario General del Partido, Nikos Zachariades, que, después de 17
años deportado, murió en Surgut. Los sucesos que tuvieron lugar en Taskent en
1962 son bastante indicativos del ambiente de terror y opresión que había
contra los comunistas griegos.


Los secretarios de todas las organizaciones del partido en
Taskent y el comité de apoyo a los comunistas encarcelados y deportados de
Grecia decidieron organizar un encuentro de masas el 27 de mayo de 1962 para
conmemorar el 21º aniversario de la caída de la esvástica de la Acrópolis.
Evidentemente, este evento iba a tener mucho éxito y a atraer a muchos griegos
de Taskent. La idea de dicho evento atrajo también a muchos partidarios de los
revisionistas, que decían que lo veían bien y que iban a participar. De esta
forma, el encuentro serviría para salvar la distancia entre los partidarios de
los revisionistas y la gran mayoría de los comunistas griegos que se oponían a
su línea. Al mismo tiempo, permitiría a cada bando medir su fuerza real; se
haría obvio que los revisionistas consiguieron la dirección del KKE sólo
gracias a la violencia, el terror, las persecuciones, los chantajes y la
intervención liquidadora del PCUS.


Como se esperaba, los preparativos para el encuentro
pusieron sumamente preocupados a los revisionistas soviéticos y griegos y, por
tanto, hicieron todo lo posible por cancelarlo. Los revisionistas del “K”KE
amenazaron con expulsar a cualquiera de sus partidarios que se uniese al
encuentro. El CC del PC de Uzbekistán celebró una sesión especial para discutir
este evento. Como primer paso, la cabeza de la milicia, el general Sloenensky,
llamó a sus cuadros de las organizaciones del Partido en Taskent y los amenazó
con medidas duras si se atrevían a participar en el evento. Los administradores
de fábrica amenazaron con despedir del trabajo, un castigo ya impuesto a muchos
comunistas griegos después del VI Pleno. Todo el aparato del Estado y del
Partido se comprometió activamente a cancelar el encuentro.


No obstante, los comunistas griegos, llenos de espíritu
combativo, ignoraron las amenazas y la presión psicológica y continuaron con
los preparativos. Como resultado, las autoridades soviéticas recurrieron a la
fuerza bruta para detener el evento que los asustaba tanto. El 18 de mayo, el
primer secretario de la organización del partido de la 9ª Politeia fue
arrestado y condenado a 15 días de prisión por vagabundeo. Cuando este arresto
se hizo conocido al día siguiente, delegados de todas las Politeias de Taskent
fueron al jefe de la milicia para protestar por esto. Aunque él les prometió
liberar a Sidiropulos, pronto se enfrentaron a un organizado y bárbaro ataque.
La policía fue hacia ellos con furia, empezó a golpearlos con porras y correas
y los arrastraron sobre el suelo cubierto de sangre. Sesenta personas fueron
arrestadas y muchas de ellas  fueron
condenadas por vagabundeo y vandalismo. El 21 de mayo los primeros secretarios
de la Organización del Partido en Taskent se presentaron ellos mismos ante las
oficinas del comité local del PC de Uzbekistán para protestar por el ataque
brutal y las detenciones ilegales que tuvieron lugar el 19. No sólo no
recibieron ninguna respuesta en absoluto, sino que también el secretario de la
organización del partido de la 13ª Politeia, Petros Touloudis, fue detenido en
el acto.


Durante la semana del 21 al 27 de mayo, las autoridades
soviéticas desencadenaron un baño de terror nunca antes visto en todas las
Politeies de Taskent. Bajo la guía de los revisionistas, la policía entró a la
fuerza en las casas de la gente por la noche confiscando dinero y objetos
personales. Los retratos de Nikos Belogiannis y los héroes de la Revolución
Griega de 1821 que decorarían el lugar del encuentro fueron confiscados y
destruidos. El 19 y 22 de mayo, el secretario de la organización del partido de
la 5ª Politeia, Mitsos Eleutheriou, y el miembro del comité de la organización
del partido de la 4ª Politeia fueron detenidos y tenidos durante mucho tiempo
en prisión solitaria. Fueron acusados de “anti-soviéticos” y fueron condenados
a 3 y 4 años respectivamente. El 25 de mayo, los secretarios de las
organizaciones del partido de la 7ª y 12ª Politeia Achileas Papaioannou y
Spiros Stamatakos fueron deportados a Kazajstán. Muchos otros los acompañaron.


Las persecuciones continuaron después de mayo. El 14 de
septiembre, cuatro líderes comunistas de Taskent fueron citados y se les
comunicó que tenían 12 horas para preparar su marcha a Petropavlosk, el lugar
donde serían deportados. El 20 de octubre, Slonenski citó a otros 24 cuadros
del KKE y el DSE y les anunció lo siguiente: “No reconocéis la resolución del
VI Pleno del CC del KKE y del VIII Congreso del KKE y, además, habéis
emprendido una lucha activa contra la dirección del KKE y su línea política
reconocida y apoyada por el CC del PCUS. Consideramos esto como una acción
hostil contra la Unión Soviética y es por esto por lo que la Unión Soviética os
está privando del status de refugiado político y os está enviando como
deportados a Kazajstán”. Miles de hombres, mujeres y niños una cálida despedida
al último gran grupo de refugiados que se marchaban a su lugar de deportación.
Ellos declararon que la generación de combatientes del DSE rechazaba estar
sometida y que continuaba la lucha contra el nuevo fascismo.


Savvas Palles, un voluntario en la guerra civil española, en
una de sus cartas, ya deportado, desde Kazajstán del norte en octubre de 1962
escribió lo siguiente: “Al mismo tiempo que Karamanlis cierra el campo de
concentración en Ai Stratis y libera a los comunistas, el líder “comunista”
Koligiannis funda otro campo de concentración en las vastas estepas Kazajstán
del norte. ¿Por qué? ¿Por qué razón? ¿Qué crimen cometimos que se nos impusiera
un castigo tan cruel e inhumano? ¿Dejamos que nuestros oponentes, los
oportunistas, respondan; dejamos que declaren públicamente por qué nos
encarcelaron y nos deportaron? Por supuesto que no responderán porque no se
atreven a hacerlo. Porque son cobardes y quieren hacerse pasar por fuertes que tienen
el apoyo de otros. Porque no tienen el valor de decir la verdad y tratan de
ocultar su crimen.


Pero
sabemos por qué nos encarcelaron y deportaron. Nuestro crimen es político.
Rechazamos convertirnos en sirvientes, lacayos. Rechazamos postrarnos ante los
agachados. Rechazamos enterrar la verdad, renegar de nuestros principios
revolucionarios, pisotear las tradiciones revolucionarias de nuestro pueblo y
nuestro partido; ¡rechazamos renegar de nuestra dignidad revolucionaria! Ese
era nuestro pecado, nuestro crimen. Por eso nos dispersaron por la la
inmensidad de Kazajstán del norte.


¿Qué
razón hay para la resuelta oposición los refugiados políticos griegos
comunistas (95% en Taskent y 85-90% in las otras Repúblicas Populares) al
revisionismo jruscheviano, de personas que había sido educadas en un espíritu
de profunda confianza y lealtad a la Unión Soviética socialista?


Primero
de todo, está el papel guía y decisivo jugado, en esta lucha sumamente difícil,
por el valiente,   implacable e
inflexible revolucionario Nikos Zachariades, para que el KKE no abandonase su
línea revolucionaria. Además de su oposición al grupo revisionista, a comienzos
de 1956, respondió así a varios revisionistas griegos, miembros del CC del KKE,
cuando le pidieron que dimitiese: “No os concederé este favor ahora, no
permitiré que convirtáis al KKE en un partido burgués” (Dimitri Votsika,
“Portraita koryfeon stelehon tou KKE”, Atenas, 1999, p. 21).


En
segundo lugar, está el hecho de que los miembros del KKE fueron partisanos
curtidos en la lucha que lo habían dado todo por la lucha armada revolucionaria
contra las fuerzas autóctonas reaccionarias monárquico-fascistas y contra el
imperialismo, teniendo casi una década (1940-1950) de lucha armada en su haber.
Esta larga experiencia revolucionaria les ayudó a demostrar la madurez
político-ideológica necesaria, firmeza, consistencia y decisión en este momento
crítico.


Nikos
Zachariades había previsto el desastre que vendría si el revisionismo
jruscheviano se impusiera, y es esta predicción la que permite su prestigio
histórico como un gran líder comunista revolucionario a ser tenido en cuenta:
“estén atentos, camaradas, estos son provocadores internacionales, van a
intentar causar un gran daño al Movimiento Comunista Internacional y sus
colaboradores griegos causarán un gran daño a nuestro país” (Taskent,
septiembre de 1955). No sólo previó el desastre, sino que también fue el primer
líder comunista del MCI que se levantó y lucho contra la tendencia
contrarrevolucionaria del revisionismo jruscheviano con la misma constancia
hasta el final de su vida.


Luego,
en 1962, Zachariades, desde el lugar donde se encontraba deportado, escribió:
“El grupo fraccionalista-oportunista que buscaba una política de apaciguamiento
con la reacción burguesa prostituyó y ocultó el legado revolucionario del
movimiento popular de Grecia. No es casual que en el programa del denominado VI
Pleno, el carácter socialista del KKE fue completamente enterrado y, en su
lugar, la transición pacífica y un cambio democrático fueron presentados como
la panacea; una transición anti-leninista y revisionista”.


d)      Rupturas en el KKE después de
1956


El VI
Pleno marcó la primera gran ruptura en el KKE. Como hemos mencionado más
arriba, miles de miembros del partido y cuadros que eran leales a la dirección
revolucionaria encabezada por Nikos Zachariades fueron expulsados del KKE. Las
deportaciones, los encarcelamientos y todo tipo de persecuciones fascistas
después de 1955-1956 no fueron suficientes para hacer que la mayoría de los
comunistas griegos se sometieran, para hacer que abandonasen el camino
revolucionario del estalinismo y romper su monolítica unidad
político-ideolológico-orgánica. Durante muchos años después de 1956 hubo
organizaciones del partido estalnistas-zachariadistas “ilegales” trabajando en
Taskent y en más sitios. Los revisionistas soviéticos, dándose cuenta de su fracaso
y del aislamiento de la camarilla traidora plantada de Kolligianis, Partsalidis
y demás, decidieron cambiar de táctica. Además de la opresión y las
persecuciones fascistas, intentaron provocar una ruptura en el bando de los
comunistas estalinistas-zachariadistas desde dentro empleando a agentes que
mantendrían una fachada “anti-jruschevista” y “estalinista-zachariadista”. No
cabe ninguna duda de que el revisionismo jruscheviano fue el que causó la más
grande y desastrosa ruptura en el MCI, incluyendo nuestro propio partido, el
KKE. Sin embargo, las rupturas posteriores, por cualquiera que fuesen sus
excusas y pretextos, también tuvieron desastrosas consecuencias. Una gran
ruptura la causó la nueva tendencia oportunista que apareció en la comunidad de
refugiados políticos de Rumanía a finales de los 60 y liderada por Gavrilos
Papadopoulos, Polydoros Daniilidis, Vaskos Pasxalis y otros.


El
objetivo común de los revisionistas jruschevianos, las camarillas traidoras de
Kolligiannis-Partsalidis y el nuevo grupo oportunista de derecha era la
expulsión de Nikos Zachariades de nuestro partido; su consigna era:
“Zachariades debería abandonar la dirección del KKE”. En lo que respecta a los
dos primeros, no hay duda de que este era precisamente su objetivo. En relación
al grupo de derecha, aquí está lo que P. Daniilidis confiesa abiertamente: “Yo
estaba siempre diciendo que Zachariades debía ser destituido del partido a
pesar de que esto no se hiciese correctamente” (P. Daniilidis, “O Polydoros
thymatai”, p. 288, Istorikes ekdoseis, Atenas, 1990). La actitud anti-KKE de
este grupo causó un daño muy grave al movimiento comunista griego porque
primero lo desorientó de su punto de vista político, ideológico y organizativo
y, segundo, trajo su fragmentación conduciendo a miles de comunistas al
aislamiento. Hasta llegaron a afirmar que Zachariades se había convertido en un
desertor, un traidor y que se había unido supuestamente a los revisionistas
jruschevianos. De hecho, ordenaron a todas las organizaciones estalinistas-zachariadistas
de Taskent y de las Repúblicas Populares que interrumpiesen todas las protestas
contra el gobierno soviético por la liberación de Zachariades porque él
supuestamente estaba “libre y paseándose por Moscú”, aunque de hecho estuviese
en completo aislamiento en Surgut.


e)      La muerte de Nikos Zachariades

A
principios de agosto de 1973, cuando las autoridades soviéticas y el liderazgo
jruscheviano de Florakis anunciaron que Nikos Zachariades había muerto, se
formularon inmediatamente dos versiones diferentes de su muerte. La primera
versión, la oficial, fue presentada por el liderazgo socialdemócrata de
Brezhnev y Florakis: “El 1 de agosto Nikos Zachariades moría de un ataque al
corazón a la edad de 70 años” (Comunicado del CC del “K”KE). La segunda versión
fue promulgada por la abrumadora mayoría de los comunistas griegos, que
rechazaron enseguida la primera, según la cual Nikos Zachariades murió de un
“ataque al corazón”, y creían que realmente fue asesinado por los revisionistas
soviéticos en Surgut, Siberia, el lugar donde se hallaba deportado.


Diecisiete
años después del “comunicado” inicial de las autoridades soviéticas, en 1990,
Alexander Petrushin, un coronel de la KGB, envió una nota al periódico
“Tiumenski Izvestia” en la que contradecía la versión original y presentaba una
tercera, la de un suicidio.
Es
obvio que las dos versiones de arriba de la muerte de Nikos Zachariades, la del
ataque de corazón y la otra del suicidio, se excluyen mutuamente y, por tanto,
lo más probable es que sean falsas. Las camarillas traidoras y socialdemócratas
de Brezhnev y Florakis claramente se contradicen. ¿Cuándo decían la verdad, en
1973 o en 1990?


La
abrumadora mayoría de los comunistas griegos creían, acertadamente, y siguieron
haciéndolo, que los revisionistas soviéticos habían asesinado a Nikos
Zachariades en concordancia con el acuerdo con la dirección revisionista del
“K”KE para preservar la existencia de su partido socialdemócrata cuya presencia
y actividad servía, por un lado, a la política exterior de la Unión Soviética
revisionista-capitalista y, por otro, a los intereses de la reaccionaria clase
burguesa griega, actuando como sus agentes en las filas del movimiento obrero
griego.


Sería
interesante señalar que la muerte de Nikos Zachariades tuvo lugar en la víspera
de la “transición” política en Grecia. Los revisionistas soviéticos, debido a
su colaboración con los imperialistas americanos, eran conscientes de que una
“transición” política era inminente en Grecia, concretamente el remplazamiento
de una dictadura militar-fascista por un gobierno burgués “democrático”. Si el
nuevo gobierno quería mantener su fachada democrática, no tenía sólo que
legalizar al revisionista “K”KE, sino que, también, permitir la repatriación
los refugiados políticos comunistas, los antiguos partisanos del DSE, de los
países revisionistas. Sin embargo, era sabido para los revisionistas tanto
griegos como soviéticos que la gran mayoría (sobre el 85-95%) de los comunistas
griegos eran acérrimos partidarios de Zachariades y, sobre su regreso a Grecia,
sacarían el tema de su liberación de deportado empleando todos los medios
posibles, incluyendo manifestaciones diarias delante de la embajada soviética y
una campaña internacional. Bajo dicha presión, los revisionistas soviéticos se
verían obligados a liberarlo y dejarlo regresar a su patria.


Por
consiguiente, bajo circunstancias que escapaban de su control, y conscientes de
la gran autoridad que Nikos Zachariades tenía entre los comunistas griegos, los
revisionistas soviéticos  habrían sentido
sumamente incómodo que el gran líder comunista y antiguo miembro del Comité
Ejecutivo de la III Internacional volviera a su país. En particular tal
resultado tendría las consecuencias siguientes:


a)      La inevitable caída de sus
instrumentos en el país, esto es, de los dos partidos socialdemócratas “K”KE y
“K”KE (interior).


b)      La reorganización de los
comunistas y la formación de un KKE revolucionario y masivo, guiado por el
marxismo revolucionario, esto es, por el leninismo-estalinismo, y la preservación
concomitante partido EDA [Izquierda Democrática Unida] antifascista y
antimperialista (que fue fue liquidado por los revisionistas y remplazado por
el PASOK, inofensivo para los intereses de la burguesía y los imperialistas).


c)       La posibilidad de un KKE
revolucionario en alianza con la Albania socialista sería muy peligrosa, en ese
momento, para el futuro del revisionismo jruscheviano en Europa, para la
existencia y actividad de los revisionistas soviéticos y europeos.


Aparte
de lo anteriormente mencionado, lo que sugiere que la tercera versión de la
muerte de Nikos Zachariades, esto es, la del asesinato, es la más probable y
convincente es lo siguiente:


Primero,
la declaración-confesión hecha por Stavros Zorbalas, el director del Centro de
Estudios Marxistas, en 1990: “¿Cómo podría haber un partido (refiriéndose al
“K”KE revisionista) si Zachariades volvía a Grecia?” (D. Vyssios: “Carta
abierta a Boris Nikolayevich Panomariov”, antiguo director del Departamento de
Relaciones Internacionales del CC del PCUS). Y también la hecha por Panos
Demetriou: “en cualquier caso, sólo un informe de la KGB puede resolver el
enigma de su muerte” (“Ethnos”, 29/12/1990).


Segundo,
el testimonio muy importante de la periodista Vera Kuznechova en su entrevista:
“Puse a G. Mauros (un periodista griego) en contacto con personas competentes
como la guardia de Zachariades y el médico forense, que, bajo presión, escribió
falsamente en su informe que Nikos Zachariades murió de un ataque al corazón.
Cuando hablé con él, admitió que había diagnosticado un asesinato, no un ataque
al corazón”.


Tercero,
la declaración hecha por N. Tomilina, la directora de los Archivos del Estado
ruso, en la primavera del 2000: “No todas las pruebas que conciernen a Nikos
Zachariades han sido publicadas y, particularmente, los documentos relacionados
con las circunstancias de su muerte. Estos documentos han sido clasificados de
alto secreto y no se permite el acceso a ellos hasta que sean desclasificados”.


Teniendo
en cuenta todo lo de arriba, se plantea la siguiente cuestión fundamental: si
el caso de la muerte de Nikos Zachariades se archivó definitivamente con el
establecimiento de la versión del “suicidio”, ¿por qué, entonces, no se publica
la parte de los archivos relacionada con las circunstancias de su muerte? ¿Por
qué los documentos sobre las circunstancias de su muerte son, todavía,
clasificados como de alto secreto y no se permite el acceso a ellos? Es
evidente que los revisionistas anticomunistas jruschevianos y sus servicios
secretos fascistas, incluso después de más de tres décadas (1973-2006) y a
pesar de continuas “ediciones”, no pueden hacer convincentes sus archivos en
cuanto a la segunda versión falsa de la muerte de Nikos Zachariades, la del
“suicidio”.


Sin
duda, Nikos Zachariades, a través de su lucha revolucionaria, se alta a la
altura de una eminencia como un gran líder revolucionario y comunista, como
“uno de las más importantes figuras del MCI” (Niyazov, Taskent 1955); José
Stalin, durante las reuniones del XIX Congreso del PCUS (1952), dijo sobre él:
“¿Lo veis? Él es un gran líder. Llevará la revolución no sólo a Grecia sino
también a Europa entera” (P. Demetriou, “Ek vatheon”, Atenas 1997, pp.
202-203). Fue de lejos el Secretario General más competente que el KKE ha tenido
nunca y fue sugerido por la III Internacional para este puesto en 1931. Nikos
Zachariades siguió siendo hasta el final de su vida un inquebrantable oponente
del revisionismo. Al final de su vida dijo: “Nadie puede quitarte la dignidad,
solamente la puedes perder tú mismo” y también: “el que no sabe cómo morir
cuando es necesario no sabe cómo vivir y fracasará en su vida. El que tiene
miedo de fracasar va a arrastrarse durante el resto de su vida”.


Naturalmente,
el grupo revisionista de Jruschov-Brezhnev lo vio como un oponente
político-ideológico serio, poderoso y muy peligroso al que por tanto había que
eliminar con decisión de la dirección del KKE a toda costa, y destruir política
y físicamente; tan peligroso era considerado que uno de los partidarios más
ferviente de Jruschov, el poeta francés Louis Aragon, vio adecuado mencionarlo
en su libro de dos volúmenes “Historia de la Unión Soviética”: “La acusación de
culto a la personalidad dio como resultado la destitución de su cargo como
Secretario General del KKE” (L. Aragon, “Historia de la Unión Soviética”, v. 2,
p. 268, Atenas, 1963).


Para
concluir, creemos que los sucesos antes mencionados, que abarcan el periodo
entre la masacre de Taskent en 1955 y la muerte de Nikos Zachariades en 1973,
dejan al movimiento revolucionario actual uno de los más valiosos legados que
podría servir a su tarea de reorganización en el siglo XXI.

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