La lucha de los comunistas griegos contra el revisionismo

Movimiento por la
Reorganización del Partido Comunista de Grecia (1918-1955)

a)      Los sucesos de Taskent

A finales de agosto de 1949, después de tres años y medio de
lucha armada contra la reacción monárquico-fascista griega y el imperialismo
angloamericano, siguiendo una decisión tomada por el Comité Central del Partido
Comunista de Grecia (KKE), los partisanos del Ejército Democrático de Grecia
(DSE) dejaron atrás su patria y se replegaron a Albania. Fue un exilio masivo.
En 1949-1950, un número total de 55.381 personas (de las cuales un 67,6% eran
adultos de 18 a 55 años, un 1,7% eran muy ancianos y 17.352 eran niños de hasta
17 años) abandonaron Grecia y se asentaron en las diferentes Repúblicas
Populares y en la Unión Soviética. Casi 18.000 refugiados comunistas se fueron
a Taskent, la capital de la República Socialista Soviética de Uzbekistán, donde
fueron organizados en campamentos residenciales llamados Politeias.


Después de haberse adaptado a las nuevas condiciones de
vida, los comunistas griegos procedieron a reorganizar su partido. Del 10 al 14
de octubre de 1950, la III Conferencia del KKE tuvo lugar. Este organismo purgó
a casi todos los oportunistas del partido. Por primera vez desde 1940, se le
asestó un duro golpe al oportunismo de derecha y a todos los oportunistas que
habían traicionado el movimiento popular durante la época de la ocupación nazi
habiendo firmado los acuerdos en Lebanon (20/5/1944), Gazerta (26/9/1944) y
Varkiza (12/2/1945) y a quienes, además, habían saboteado el desarrollo y el
aumento del DSE durante la guerra civil.


Poco después de la muerte de Stalin en 1953, la fracción
revisionista de Jruschov, Mikoyan y Brezhnev que se impuso en el PCUS empezó a
aproximarse a los secretarios [generales] de los Partidos Comunistas para evaluar
su buena disposición a adoptar su línea contrarrevolucionaria. Ellos descubrieron
que la dirección del KKE encabezada por Nikos Zachariades no quería abandonar
el revolucionario camino marxista-leninista-estalinista y seguir el rumbo
revisionista antiestalinista. En particular, ellos pidieron que revisara su
actitud en tres cuestiones fundamentales del movimiento comunista
internacional:


1)     
Considerar la Yugoslavia capitalista como un
país “socialista”.


2)     
Volverse contra Stalin escribiendo artículos en
Pravda sobre el “culto a la personalidad” – este infame mito jruscheviano de
origen idealista.


3)     
Consentir la liquidación de la Kominform.


La respuesta dada por el gran e inquebrantable líder
comunista sobre todas las cuestiones de arriba fue negativa.


Cuando los miembros de la camarilla revisionista
jruscheviana tuvieron la certeza de que este tipo de presión no tendría ningún
efecto, intentaron formar una fracción oportunista de derecha en la
Organización del Partido de Taskent (KOT) – la más Organización del KKE más
grande en los países socialistas – y hacer que se hiciese con la dirección de
la Organización. Por desgracia para ellos había una falta de apoyo a ello salvo
por unos pocos oportunistas. La dirección revolucionaria del KKE liderada por
Nikos Zachariades actuó inmediatamente; los líderes de la fracción fueron
desenmascarados y sacados de la dirección de la KOT.


Nikos Zachariades, hablando en una reunión de cuadros del
Partido en el teatro Mu Ki Mi en Taskent, dijo lo siguiente, entre otras cosas:
“Camaradas, varios de los que han hablado atacaron a Demetriou y más o menos lo
consideran el líder de los revisionistas. Demetriou, camaradas, es sólo la
punta de la cola de un elefante torpemente camuflado. El deber serio e
histórico asignado a todos nosotros es tirar de esta cola de manera que el
mundo entero vea el elefante: Jruschov” (K. Karanikola, “Mia lefki selida tou
KKE”, p. 59).


El enfrentamiento entre los miembros de la fracción y el
resto de los comunistas griegos se fue intensificando y la situación en Taskent
fue muy tensa durante el periodo de agosto y septiembre de 1955. En tal
ambiente, se hicieron tres
intentos de asesinato contra Nikos Zachariades. En el primero, el Coronel
armenio de la KGB Saakov intentó darle un helado envenenado pero Zachariades
rechazó estar siempre al cuidado de qué y dónde comía. En el segundo, alguien
le lanzó un pesado ladrillo mientras estaba pronunciando un discurso en una
reunión del partido; Zachariades lo esquivó en el último momento (Ahillea
Papaiaonnu, “H apagoreumeni eikona – Dioktes kai ieroktonoi tou Nikou
Zachariades”, Atenas 2004). En el tercero, el mejor organizado de los tres,
tres individuos emboscaron el coche que iba a llevarle al aeropuerto. El plan
fracasó sólo porque Niyazov, el secretario general estalinista del PC de
Uzbekistán, se dio cuenta de ello y avisó a Zachariades.


“Había una buena razón por la que los revisionistas querían
exterminar a Zachariades, ya en 1955. Sabían muy bien que si Zachariades
hubiera estado presente en el XX Congreso, él habría desbaratado sus planes al
menos en relación a la “crítica del culto a la personalidad”. Esto se debía a
que Zachariades era lo suficientemente valiente y audaz como para expresar su
opinión abiertamente, al contrario que los líderes de los otros partidos
comunistas. D. Vlantas (miembro del Politburó del KKE) escribe en su libro,
“Nikos Zachariades y 22 compañeros”, lo siguiente: “Cuando llegué a Taskent en
julio de 1955, un representante de la dirección soviética me propuso ayudarle a
finiquitar el complot que había empezado en 1949 y, ellos, a cambio, me
ayudarían a convertirme en Secretario General del KKE. Yo rechacé la propuesta.
Zachariades vino a Taskent a mitades de agosto de 1955. Le informé sobre una
situación extremadamente crítica. Le acentué que ya no sólo era la Organización
de Taskent la que estaba en juego sino todo el partido. Le sugerí que  debíamos volver a Bucarest, la sede del CC,
convocar una sesión donde demostráramos la existencia de un complot y luego
enviar una delegación a Moscú pidiendo explicaciones. Zachariades rechazó mi
sugerencia.”


Cuando hasta la formación de una fracción considerable
fracasó, el 9 de septiembre de 1955 el grupo revisionista jruscheviano organizó
un sangriento pogromo en Taskent empleando un grupo de oportunistas griegos.
Esto fue “una provocación abierta contra la delegación del CC del KKE: el
violento y gangsteril asalto a las oficinas donde la delegación tenía su sede y
el herimiento de tres de sus miembros” (del V Pleno, en diciembre de 1955).
Sobre 200 oportunistas liderados por los líderes de fracción Ipsilantis,
Demetriou, Barbalias y otros – que estaban bajo el asesoramiento directo de los
revisionistas soviéticos – llevó a cabo un sangriento asalto a las oficinas de
la Organización del Partido de Taskent, pero no lograron capturarlos: “a las 4
de la tarde, el 9 de septiembre alrededor de 200 personas se reunieron en el
patio del séptimo Politeia junto a los líderes de fracción que estaban animando
a sus seguidores con vodka, cerveza y vino” (K. D. Karanikola: “Mia lefki
selida tou KKE”, p. 53).


El asalto a las oficinas de la KOT fue precedida por las
provocaciones de la fracción en varias Politeias: “En esas Politeias donde los fraccionalistas
tenían algún apoyo, como en la 2ª, 3ª, 7ª, 9ª y 11ª, empezaron a saquear las
bibliotecas locales y a quemar libros, especialmente aquellos escritos por
Zachariades, Bartziotas y otros sobre la lucha del DSE” (ibid. p. 46).


Este actor provocador levantó una protesta entre los miles
de miembros del Partido que se apresuraron a defender las oficinas de la KOT. Luego
tuvieron lugar enfrentamientos y palizas con los fraccionalistas hasta que la
policía y los destacamentos de cadetes vinieron a su rescate. Muchos resultaron
heridos y tuvieron que ser transportados al hospital mientras cientos de
comunistas griegos eran arrestados, principalmente oficiales de alto rango del
DSE, metidos en prisión y luego juzgados por “vandalismo”.


Todos los refugiados políticos en Taskent sabían que los
instigadores de los provocadores “sucesos de Taskent” eran los revisionistas
jruschevianos que pretendían la liquidación del KKE. Todo el mundo sabía que el
puñado de oportunistas griegos estaba en permanente contacto con y bajo el
asesoramiento del traicionero grupo revisionista jruscheviano. Uno de los
oportunistas más conocidos, Kostas Gritzonas, confiesa: “Una tarde, durante el
momento en que los sucesos de Taskent alcanzaban su punto culminante, mientras
iba desde el 7º hasta el 9º Politeia junto con el secretario de la KOT,
Aristotelis Hatouras, me confió que el movimiento anti-zachariadistas
disfrutaba de la ayuda de los soviéticos. Me dejó con el entendimiento de que
estaban teniendo conversaciones en privado con los jruschevistas del CC del PC
de Uzbekistán” (K. Gritzonas: “Meta to Grammo”, pp. 18-19).


La abrumadora mayoría de los comunistas griegos, más del 95%
de los miembros de la KOT, condenaron la intervención de los revisionistas
jruschevianos en el KKE y acudieron  para
apoyar su partido encabezado por Nikos Zachariades. Su enfrentamiento violento
y sangriento con los fraccionalistas fue el primer acto de resistencia en el
movimiento comunista contra el revisionismo desde antes del XX Congreso. Esta
actitud anti-revisionista fue claramente expresada en el histórico V Pleno del
CC del KKE reunido a finales de diciembre de 1955 (26-28/12/1955). Fue histórico
porque:


1)     
Condenó abiertamente la intervención revisionista
anticomunista y jruscheviana en el KKE y


2)     
Fue el último órgano convocado de nuestro
heroico partido antes de su completa liquidación.


En la decisión del Pleno, en relación con la situación en la
KOT, se dice que: “la fracción no habría logrado nada en absoluto si no hubiera
recibido la ayuda de ciertos camaradas soviéticos, quienes estaban convencidos
de que la fracción era la más fuerte y la parte más pro-soviética de la KOT a
la que debían apoyar y ayudar. Este hecho animó a los fraccionalistas aún más a
actuar y a declarar abiertamente que “todo lo que decimos y hacemos es aprobado
por los soviéticos” (Demetriou) y que “no tengo miedo de nada porque 200
millones de soviéticos me respaldan” (Hatouras) etc. etc.”


El V Pleno fue un auténtico triunfo del bando
marxista-leninista en el KKE y de Nikos Zachariades personalmente. Esto es
incluso admitido por el máximo líder fraccionalista en la KOT, Demetriou
(“Eleutherotypia”, 2004). Sin embargo, la fracción revisionista no estaba
todavía completamente derrotada y el resultado de la lucha interna en el KKE
estaría contundentemente determinada por la lucha correspondiente en el PCUS
entre los partidarios de Stalin y los partidarios de Jruschov.
La abrumadora oposición militante de los refugiados
comunistas exiliados de Grecia, encabezados por Nikos Zachariades contra la
camarilla jruscheviana en septiembre de 1955 en Taskent, fue cronológicamente
la primera en la historia de las luchas del Movimiento Comunista Internacional
contra el revisionismo jruscheviano y, también, un punto culminante de la
heroica lucha del KKE revolucionario (1918-1955). Si uno toma en cuenta el
insólito desastre que siguió inevitablemente a la aplicación del revisionismo
jruscheviano a los partidos comunistas (destrucción del socialismo y
restauración del capitalismo en la Unión Soviética, la desintegración de la
URSS capitalista, liquidación de los partidos comunistas), puede decirse que no
sólo fue un punto culminante de la prolongada lucha del KKE
estalinista-zachariadista, sino que fue al mismo tiempo un gran y único momento
en la lucha del Movimiento Comunista Internacional (Komintern-Kominform) contra
la nueva tendencia contrarrevolucionaria y traidora del revisionismo jruscheviano
que emergió en sus líneas a mediados de los años 50: fue precisamente este
momento el que marcó el comienzo de la más encarnizada lucha
político-ideológica contra el revisionismo jruscheviano a nivel internacional,
una lucha que siguió durante medio siglo hasta ahora, que aún continúa y que va
a continuar en el futuro hasta su victoria final. En este contexto, los
“sucesos de Taskent” adquieren una importancia histórica triple:


–         
Primero, constituyen la primera intervención
abierta y brutal de los revisionistas jruschevianos en los asuntos internos de
un partido comunista pretendiendo liquidarlo.


–         
Segundo, marcan el inicio de la resistencia y la
lucha de los comunistas griegos contra el revisionismo jruscheviano incluso
antes de su surgimiento como una completa tendencia político-ideológica en el
XX Congreso del PCUS (febrero de 1956).


–         
Tercero, estos sucesos alzaron la bandera de la
lucha de los comunistas de todos los países contra esta tendencia
contrarrevolucionaria. El levantamiento y la batalla de los comunistas griegos
en Taskent en septiembre de 1955 marca el comienzo del período de la lucha
contra el revisionismo jruscheviano a nivel internacional.



b)      El “VI Pleno”

En febrero de 1956, durante el contrarrevolucionario XX
Congreso del PCUS, comenzaron las farsas judiciales contra los comunistas
griegos, refugiados políticos, en Taskent. En esta farsa, los veteranos del DSE
curtidos en la lucha, como Giorgos Kalianesis (general), Dimitris Vyssios
(lugarteniente-coronel) y otros, fueron procesados por vandalismo y vagabundeo.
Cumpliendo sus condenas, fueron deportados a Siberia y enviados a campos de
concentración “que estaban intencionadamente contiguos a los campos de
concentración de criminales de guerra alemanes condenados a 25 años de prisión,
la pena máxima según el derecho penal soviético. Los alemanes no trabajaban por
su status de “prisioneros de guerra” y, aparte de que se les daba la comida de
un soldado soviético, recibían paquetes de medicina y comestibles de la Cruz
Roja de la Alemania del Oeste cada diez días. Los refugiados condenados se
alimentaban con patatas podridas y cereales molidos y mohosos. Esta “dieta” la
seguían bajo condiciones de trabajo pesado y agotador (D. Vyssios: “Carta
abierta a M. N. Ponomarov”, antiguo Director del Departamento de Relaciones
Internacionales del CC del PCUS, enero de 1991).


La oposición de los comunistas griegos al revisionismo
jruscheviano fue expresada en masa. La abrumadora mayoría (95%) de los miembros
de la Organización del Partido en Taskent se declaró en contra de la
intervención jruscheviana en el KKE y defendió la línea revolucionaria del
partido y del CC liderado por Nikos Zachariades mostrando una contundente
firmeza y un valor sin precedentes. La actitud de los comunistas cautivos en la
cárcel y en los campos de concentración en Grecia fue similar.


Fue precisamente esta abrumadora oposición de los comunistas
griegos (que oscila desde el 85 al 95% en Taskent y en las Repúblicas
Populares) la que impidió que el KKE fuese transformado en un partido burgués
de tipo socialdemócrata. El KKE revolucionario es el único partido comunista de
un país capitalista no había sido transformado aún en un partido
contrarrevolucionario, burgués, socialdemócrata. Este hecho forzó a los
revisionistas jruschevianos a crear un partido completamente nuevo en lugar del
viejo.


En el momento del XX Congreso del PCUS, los jruschevianos
formaron el infame “Comité Internacional”, el cual supuestamente tenía como
objetivo examinar la situación en el KKE. Comprendía cuadros de seis partidos
comunistas:


1)     
Yugov, del Partido Comunista de Bulgaria


2)     
Kovac, del Partido de los Trabajadores Húngaros


3)     
Mazur, del Partido Obrero Unificado Polaco


4)     
Dej, del Partido de los Trabajadores de Rumanía


5)     
Kuusinen, del Partido Comunista de la Unión
Soviética


6)     
Barak, del Partido Comunista de Checoslovaquia


El presidente del Comité Internacional era, formalmente,
Gergiou Dej – el títere de Jruschov – pero de hecho era Otto V. Kuusinen, miembro
del Politburó del PCUS. Nikos Zachariades, dirigiéndose a Dej durante uno de
las sesiones del comité, dijo lo siguiente en relación a su intromisión en los
asuntos internos del KKE: “¿Quién le otorgó el derecho de examinar los
problemas del heroico KKE a usted, que dormió en agosto de 1944 bajo fascismo y
se despertó un día bajo una República Popular, fundada por los tanquistas rojos
que marcharon desde Stalingrado cuando destruyeron la fascista División Rumana
y te la ofrecieron a ti como regalo? ¿Qué experiencia tiene usted para criticar
la lucha de los comunistas griegos, quienes, dicho sea en su honor, por medio
de la lucha, no permitieron ni siquiera a un solo ciudadano griego luchar en el
Frente Oriental contra la URSS? (K. Karanikola, pp. 70-71).


El Comité Internacional intervino abiertamente y sin
pretextos en el KKE convocando arbitrariamente el infame “VI Pleno” en marzo de
1956. En este encuentro ilícito el informe no fue leído por un griego, sino por
el presidente del “Comité Internacional”, Dej. Los antiguos cuadros y los
miembros expulsados participaron, pero no el Secretario General, elegido
legalmente, del Partido, Nikos Zachariades. La brutal intervención de los
revisionistas jruschevianos a través del “VI Pleno” dio como resultado la liquidación
actual del KKE (1918-1955). Esto fue llevado a cabo por:


a)     
La ilegal y forzosa eliminación de la dirección
revolucionaria elegida del KKE, incluyendo al Secretario General del Partido,
que fue arrestado y aislado, y designada una dirección títere, oportunista de
derecha.


b)     
Las expulsiones masivas de miles de comunistas.


c)      
La liquidación de las restantes organizaciones
del Partido en 1958.


El nuevo partido que fue creado en 1956, el “K”KE [nótese
que es una traducción del griego y que las comillas recaen en la sigla
“comunista”] no tenía ni tiene ninguna relación en absoluto – ideológica,
política y orgánicamente – con el antiguo KKE revolucionario (1918-1955). Fue
una escandalosa creación de los revisionistas jruschevianos que adoptaron la
línea contrarrevolucionaria y socialdemócrata promulgada en el XX Congreso del
PCUS, concretamente la transición pacífica al socialismo. Por esta razón, el
nuevo partido ha sido, desde el mismo comienzo, un partido burgués
socialdemócrata ya no guiado por el marxismo-leninismo-estalinismo, sino por la
tendencia contrarrevolucionaria del revisionismo jruscheviano, una variante de
la ideología burguesa.


Un año más tarde, en 1957, los revisionistas del “K”KE
convocaron el “VII Pleno”, un encuentro tan ilícito como el VI Pleno. Según las
resoluciones de este “pleno”, Zachariades fue incluso despojado de su membresía
del partido y condenado al exilio. Además, fue desvergonzadamente acusado de
espiar para los alemanes cuando estuvo en Dachau. Un comité especial creado
para investigar el asunto no encontró ninguna prueba en absoluto que sostenga
esta monstruosa acusación.


c)       La persecución de los comunistas griegos

La gran mayoría de los comunistas griegos bajo el liderazgo
de Nikos Zachariades no sólo rechazó ofrecer una firme resistencia contra las
resoluciones del XX Congreso y del VI Pleno sino que fueron los primeros del
Movimiento Comunista Internacional en hacerlo ya en 1956 – el rechazo del
revisionismo por Mao Zedong y Enver Hoxha fue expresado cuatro años más tarde,
en la conferencia de partidos comunistas en 1960. Lo que es más importante
todavía es que, en el difícil periodo que siguió al XX Congreso, la lucha de
los comunistas griegos contra el revisionismo tanto griego como soviético
siguió tomando diferentes formas. En 1958, 6000 comunistas de Taskent
escribieron una carta a los CC de Partidos Comunistas de la Unión Soviética,
China, Italia, Francia, Bulgaria, Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumanía,
Vietnam, Cuba, Corea y Albania con respecto a la situación en el KKE. En la
primera página de esta carta se menciona lo siguiente: “El actual CC del KKE no
es la dirección que encabezó las luchas revolucionarias de nuestro pueblo. Esto
es así porque:


1)     
El ascenso de esta dirección es el resultado de
una provocación política contra el KKE el 09/09/1955 en una de sus
organizaciones más grandes, la Organización del Partido de Taskent y,
posteriormente, de la arbitraria convención y resolución del VI Pleno en 1956.


2)     
La política de esta dirección es la revisión de
la línea revolucionaria que el KKE tenía antes del VI Pleno, es la revisión de
la teoría marxista-leninista.


3)     
A esto le acompaña una línea oportunista que se
desvía de los principios marxista-leninistas.


4)     
Esta política oportunista, al seguirse, debilita
la lucha de nuestro pueblo y pretende subordinar nuestro movimiento a los
intereses de la burguesía griega.”


La importancia histórica y política de este documento apenas
puede ser sobrevalorada. Aparte de ser un ejemplo de la resistencia contra el
revisionismo en el KKE, contiene un exhaustivo esbozo histórico de los asuntos
internos del partido abarcando completamente el periodo de antes del XX
Congreso. Demuestra más claramente el papel contrarrevolucionario y traidor de
todos esos oportunistas, como Vafiades y Partsalidis, que estuvieron en los
altos rangos del KKE durante la resistencia armada contra las fuerzas de
ocupación alemanas, el imperialismo angloamericano y la reacción fascista
griega. Fueron los mismos que acusaron a la dirección de Zachariades de
“errores izquierdistas” y “aventurerismo” en relación con la estrategia y la
táctica del partido en la guerra civil, en la III Conferencia del KKE en 1950.
Finalmente, fueron los mismos que fueron nombrados posteriormente en la
dirección del KKE por los revisionistas jruschevianos.


Por su continua y activa lucha contra el revisionismo, miles
de comunistas griegos en los años siguientes fueron expulsados por la dirección
oportunista de derecha que había sido designada. Otros decidieron desvincularse
del nuevo partido burgués y oportunista. Además, estuvieron sujetos a toda una
serie de persecuciones a manos de los fascistas que adquirieron distintas
formas: vigilancia, espionaje, arrestos, encarcelamientos, deportaciones a
Siberia, etc. Muchos cuadros del partido fueron deportados a Siberia y entre
ellos el Secretario General del Partido, Nikos Zachariades, que, después de 17
años deportado, murió en Surgut. Los sucesos que tuvieron lugar en Taskent en
1962 son bastante indicativos del ambiente de terror y opresión que había
contra los comunistas griegos.


Los secretarios de todas las organizaciones del partido en
Taskent y el comité de apoyo a los comunistas encarcelados y deportados de
Grecia decidieron organizar un encuentro de masas el 27 de mayo de 1962 para
conmemorar el 21º aniversario de la caída de la esvástica de la Acrópolis.
Evidentemente, este evento iba a tener mucho éxito y a atraer a muchos griegos
de Taskent. La idea de dicho evento atrajo también a muchos partidarios de los
revisionistas, que decían que lo veían bien y que iban a participar. De esta
forma, el encuentro serviría para salvar la distancia entre los partidarios de
los revisionistas y la gran mayoría de los comunistas griegos que se oponían a
su línea. Al mismo tiempo, permitiría a cada bando medir su fuerza real; se
haría obvio que los revisionistas consiguieron la dirección del KKE sólo
gracias a la violencia, el terror, las persecuciones, los chantajes y la
intervención liquidadora del PCUS.


Como se esperaba, los preparativos para el encuentro
pusieron sumamente preocupados a los revisionistas soviéticos y griegos y, por
tanto, hicieron todo lo posible por cancelarlo. Los revisionistas del “K”KE
amenazaron con expulsar a cualquiera de sus partidarios que se uniese al
encuentro. El CC del PC de Uzbekistán celebró una sesión especial para discutir
este evento. Como primer paso, la cabeza de la milicia, el general Sloenensky,
llamó a sus cuadros de las organizaciones del Partido en Taskent y los amenazó
con medidas duras si se atrevían a participar en el evento. Los administradores
de fábrica amenazaron con despedir del trabajo, un castigo ya impuesto a muchos
comunistas griegos después del VI Pleno. Todo el aparato del Estado y del
Partido se comprometió activamente a cancelar el encuentro.


No obstante, los comunistas griegos, llenos de espíritu
combativo, ignoraron las amenazas y la presión psicológica y continuaron con
los preparativos. Como resultado, las autoridades soviéticas recurrieron a la
fuerza bruta para detener el evento que los asustaba tanto. El 18 de mayo, el
primer secretario de la organización del partido de la 9ª Politeia fue
arrestado y condenado a 15 días de prisión por vagabundeo. Cuando este arresto
se hizo conocido al día siguiente, delegados de todas las Politeias de Taskent
fueron al jefe de la milicia para protestar por esto. Aunque él les prometió
liberar a Sidiropulos, pronto se enfrentaron a un organizado y bárbaro ataque.
La policía fue hacia ellos con furia, empezó a golpearlos con porras y correas
y los arrastraron sobre el suelo cubierto de sangre. Sesenta personas fueron
arrestadas y muchas de ellas  fueron
condenadas por vagabundeo y vandalismo. El 21 de mayo los primeros secretarios
de la Organización del Partido en Taskent se presentaron ellos mismos ante las
oficinas del comité local del PC de Uzbekistán para protestar por el ataque
brutal y las detenciones ilegales que tuvieron lugar el 19. No sólo no
recibieron ninguna respuesta en absoluto, sino que también el secretario de la
organización del partido de la 13ª Politeia, Petros Touloudis, fue detenido en
el acto.


Durante la semana del 21 al 27 de mayo, las autoridades
soviéticas desencadenaron un baño de terror nunca antes visto en todas las
Politeies de Taskent. Bajo la guía de los revisionistas, la policía entró a la
fuerza en las casas de la gente por la noche confiscando dinero y objetos
personales. Los retratos de Nikos Belogiannis y los héroes de la Revolución
Griega de 1821 que decorarían el lugar del encuentro fueron confiscados y
destruidos. El 19 y 22 de mayo, el secretario de la organización del partido de
la 5ª Politeia, Mitsos Eleutheriou, y el miembro del comité de la organización
del partido de la 4ª Politeia fueron detenidos y tenidos durante mucho tiempo
en prisión solitaria. Fueron acusados de “anti-soviéticos” y fueron condenados
a 3 y 4 años respectivamente. El 25 de mayo, los secretarios de las
organizaciones del partido de la 7ª y 12ª Politeia Achileas Papaioannou y
Spiros Stamatakos fueron deportados a Kazajstán. Muchos otros los acompañaron.


Las persecuciones continuaron después de mayo. El 14 de
septiembre, cuatro líderes comunistas de Taskent fueron citados y se les
comunicó que tenían 12 horas para preparar su marcha a Petropavlosk, el lugar
donde serían deportados. El 20 de octubre, Slonenski citó a otros 24 cuadros
del KKE y el DSE y les anunció lo siguiente: “No reconocéis la resolución del
VI Pleno del CC del KKE y del VIII Congreso del KKE y, además, habéis
emprendido una lucha activa contra la dirección del KKE y su línea política
reconocida y apoyada por el CC del PCUS. Consideramos esto como una acción
hostil contra la Unión Soviética y es por esto por lo que la Unión Soviética os
está privando del status de refugiado político y os está enviando como
deportados a Kazajstán”. Miles de hombres, mujeres y niños una cálida despedida
al último gran grupo de refugiados que se marchaban a su lugar de deportación.
Ellos declararon que la generación de combatientes del DSE rechazaba estar
sometida y que continuaba la lucha contra el nuevo fascismo.


Savvas Palles, un voluntario en la guerra civil española, en
una de sus cartas, ya deportado, desde Kazajstán del norte en octubre de 1962
escribió lo siguiente: “Al mismo tiempo que Karamanlis cierra el campo de
concentración en Ai Stratis y libera a los comunistas, el líder “comunista”
Koligiannis funda otro campo de concentración en las vastas estepas Kazajstán
del norte. ¿Por qué? ¿Por qué razón? ¿Qué crimen cometimos que se nos impusiera
un castigo tan cruel e inhumano? ¿Dejamos que nuestros oponentes, los
oportunistas, respondan; dejamos que declaren públicamente por qué nos
encarcelaron y nos deportaron? Por supuesto que no responderán porque no se
atreven a hacerlo. Porque son cobardes y quieren hacerse pasar por fuertes que tienen
el apoyo de otros. Porque no tienen el valor de decir la verdad y tratan de
ocultar su crimen.


Pero
sabemos por qué nos encarcelaron y deportaron. Nuestro crimen es político.
Rechazamos convertirnos en sirvientes, lacayos. Rechazamos postrarnos ante los
agachados. Rechazamos enterrar la verdad, renegar de nuestros principios
revolucionarios, pisotear las tradiciones revolucionarias de nuestro pueblo y
nuestro partido; ¡rechazamos renegar de nuestra dignidad revolucionaria! Ese
era nuestro pecado, nuestro crimen. Por eso nos dispersaron por la la
inmensidad de Kazajstán del norte.


¿Qué
razón hay para la resuelta oposición los refugiados políticos griegos
comunistas (95% en Taskent y 85-90% in las otras Repúblicas Populares) al
revisionismo jruscheviano, de personas que había sido educadas en un espíritu
de profunda confianza y lealtad a la Unión Soviética socialista?


Primero
de todo, está el papel guía y decisivo jugado, en esta lucha sumamente difícil,
por el valiente,   implacable e
inflexible revolucionario Nikos Zachariades, para que el KKE no abandonase su
línea revolucionaria. Además de su oposición al grupo revisionista, a comienzos
de 1956, respondió así a varios revisionistas griegos, miembros del CC del KKE,
cuando le pidieron que dimitiese: “No os concederé este favor ahora, no
permitiré que convirtáis al KKE en un partido burgués” (Dimitri Votsika,
“Portraita koryfeon stelehon tou KKE”, Atenas, 1999, p. 21).


En
segundo lugar, está el hecho de que los miembros del KKE fueron partisanos
curtidos en la lucha que lo habían dado todo por la lucha armada revolucionaria
contra las fuerzas autóctonas reaccionarias monárquico-fascistas y contra el
imperialismo, teniendo casi una década (1940-1950) de lucha armada en su haber.
Esta larga experiencia revolucionaria les ayudó a demostrar la madurez
político-ideológica necesaria, firmeza, consistencia y decisión en este momento
crítico.


Nikos
Zachariades había previsto el desastre que vendría si el revisionismo
jruscheviano se impusiera, y es esta predicción la que permite su prestigio
histórico como un gran líder comunista revolucionario a ser tenido en cuenta:
“estén atentos, camaradas, estos son provocadores internacionales, van a
intentar causar un gran daño al Movimiento Comunista Internacional y sus
colaboradores griegos causarán un gran daño a nuestro país” (Taskent,
septiembre de 1955). No sólo previó el desastre, sino que también fue el primer
líder comunista del MCI que se levantó y lucho contra la tendencia
contrarrevolucionaria del revisionismo jruscheviano con la misma constancia
hasta el final de su vida.


Luego,
en 1962, Zachariades, desde el lugar donde se encontraba deportado, escribió:
“El grupo fraccionalista-oportunista que buscaba una política de apaciguamiento
con la reacción burguesa prostituyó y ocultó el legado revolucionario del
movimiento popular de Grecia. No es casual que en el programa del denominado VI
Pleno, el carácter socialista del KKE fue completamente enterrado y, en su
lugar, la transición pacífica y un cambio democrático fueron presentados como
la panacea; una transición anti-leninista y revisionista”.


d)      Rupturas en el KKE después de
1956


El VI
Pleno marcó la primera gran ruptura en el KKE. Como hemos mencionado más
arriba, miles de miembros del partido y cuadros que eran leales a la dirección
revolucionaria encabezada por Nikos Zachariades fueron expulsados del KKE. Las
deportaciones, los encarcelamientos y todo tipo de persecuciones fascistas
después de 1955-1956 no fueron suficientes para hacer que la mayoría de los
comunistas griegos se sometieran, para hacer que abandonasen el camino
revolucionario del estalinismo y romper su monolítica unidad
político-ideolológico-orgánica. Durante muchos años después de 1956 hubo
organizaciones del partido estalnistas-zachariadistas “ilegales” trabajando en
Taskent y en más sitios. Los revisionistas soviéticos, dándose cuenta de su fracaso
y del aislamiento de la camarilla traidora plantada de Kolligianis, Partsalidis
y demás, decidieron cambiar de táctica. Además de la opresión y las
persecuciones fascistas, intentaron provocar una ruptura en el bando de los
comunistas estalinistas-zachariadistas desde dentro empleando a agentes que
mantendrían una fachada “anti-jruschevista” y “estalinista-zachariadista”. No
cabe ninguna duda de que el revisionismo jruscheviano fue el que causó la más
grande y desastrosa ruptura en el MCI, incluyendo nuestro propio partido, el
KKE. Sin embargo, las rupturas posteriores, por cualquiera que fuesen sus
excusas y pretextos, también tuvieron desastrosas consecuencias. Una gran
ruptura la causó la nueva tendencia oportunista que apareció en la comunidad de
refugiados políticos de Rumanía a finales de los 60 y liderada por Gavrilos
Papadopoulos, Polydoros Daniilidis, Vaskos Pasxalis y otros.


El
objetivo común de los revisionistas jruschevianos, las camarillas traidoras de
Kolligiannis-Partsalidis y el nuevo grupo oportunista de derecha era la
expulsión de Nikos Zachariades de nuestro partido; su consigna era:
“Zachariades debería abandonar la dirección del KKE”. En lo que respecta a los
dos primeros, no hay duda de que este era precisamente su objetivo. En relación
al grupo de derecha, aquí está lo que P. Daniilidis confiesa abiertamente: “Yo
estaba siempre diciendo que Zachariades debía ser destituido del partido a
pesar de que esto no se hiciese correctamente” (P. Daniilidis, “O Polydoros
thymatai”, p. 288, Istorikes ekdoseis, Atenas, 1990). La actitud anti-KKE de
este grupo causó un daño muy grave al movimiento comunista griego porque
primero lo desorientó de su punto de vista político, ideológico y organizativo
y, segundo, trajo su fragmentación conduciendo a miles de comunistas al
aislamiento. Hasta llegaron a afirmar que Zachariades se había convertido en un
desertor, un traidor y que se había unido supuestamente a los revisionistas
jruschevianos. De hecho, ordenaron a todas las organizaciones estalinistas-zachariadistas
de Taskent y de las Repúblicas Populares que interrumpiesen todas las protestas
contra el gobierno soviético por la liberación de Zachariades porque él
supuestamente estaba “libre y paseándose por Moscú”, aunque de hecho estuviese
en completo aislamiento en Surgut.


e)      La muerte de Nikos Zachariades

A
principios de agosto de 1973, cuando las autoridades soviéticas y el liderazgo
jruscheviano de Florakis anunciaron que Nikos Zachariades había muerto, se
formularon inmediatamente dos versiones diferentes de su muerte. La primera
versión, la oficial, fue presentada por el liderazgo socialdemócrata de
Brezhnev y Florakis: “El 1 de agosto Nikos Zachariades moría de un ataque al
corazón a la edad de 70 años” (Comunicado del CC del “K”KE). La segunda versión
fue promulgada por la abrumadora mayoría de los comunistas griegos, que
rechazaron enseguida la primera, según la cual Nikos Zachariades murió de un
“ataque al corazón”, y creían que realmente fue asesinado por los revisionistas
soviéticos en Surgut, Siberia, el lugar donde se hallaba deportado.


Diecisiete
años después del “comunicado” inicial de las autoridades soviéticas, en 1990,
Alexander Petrushin, un coronel de la KGB, envió una nota al periódico
“Tiumenski Izvestia” en la que contradecía la versión original y presentaba una
tercera, la de un suicidio.
Es
obvio que las dos versiones de arriba de la muerte de Nikos Zachariades, la del
ataque de corazón y la otra del suicidio, se excluyen mutuamente y, por tanto,
lo más probable es que sean falsas. Las camarillas traidoras y socialdemócratas
de Brezhnev y Florakis claramente se contradicen. ¿Cuándo decían la verdad, en
1973 o en 1990?


La
abrumadora mayoría de los comunistas griegos creían, acertadamente, y siguieron
haciéndolo, que los revisionistas soviéticos habían asesinado a Nikos
Zachariades en concordancia con el acuerdo con la dirección revisionista del
“K”KE para preservar la existencia de su partido socialdemócrata cuya presencia
y actividad servía, por un lado, a la política exterior de la Unión Soviética
revisionista-capitalista y, por otro, a los intereses de la reaccionaria clase
burguesa griega, actuando como sus agentes en las filas del movimiento obrero
griego.


Sería
interesante señalar que la muerte de Nikos Zachariades tuvo lugar en la víspera
de la “transición” política en Grecia. Los revisionistas soviéticos, debido a
su colaboración con los imperialistas americanos, eran conscientes de que una
“transición” política era inminente en Grecia, concretamente el remplazamiento
de una dictadura militar-fascista por un gobierno burgués “democrático”. Si el
nuevo gobierno quería mantener su fachada democrática, no tenía sólo que
legalizar al revisionista “K”KE, sino que, también, permitir la repatriación
los refugiados políticos comunistas, los antiguos partisanos del DSE, de los
países revisionistas. Sin embargo, era sabido para los revisionistas tanto
griegos como soviéticos que la gran mayoría (sobre el 85-95%) de los comunistas
griegos eran acérrimos partidarios de Zachariades y, sobre su regreso a Grecia,
sacarían el tema de su liberación de deportado empleando todos los medios
posibles, incluyendo manifestaciones diarias delante de la embajada soviética y
una campaña internacional. Bajo dicha presión, los revisionistas soviéticos se
verían obligados a liberarlo y dejarlo regresar a su patria.


Por
consiguiente, bajo circunstancias que escapaban de su control, y conscientes de
la gran autoridad que Nikos Zachariades tenía entre los comunistas griegos, los
revisionistas soviéticos  habrían sentido
sumamente incómodo que el gran líder comunista y antiguo miembro del Comité
Ejecutivo de la III Internacional volviera a su país. En particular tal
resultado tendría las consecuencias siguientes:


a)      La inevitable caída de sus
instrumentos en el país, esto es, de los dos partidos socialdemócratas “K”KE y
“K”KE (interior).


b)      La reorganización de los
comunistas y la formación de un KKE revolucionario y masivo, guiado por el
marxismo revolucionario, esto es, por el leninismo-estalinismo, y la preservación
concomitante partido EDA [Izquierda Democrática Unida] antifascista y
antimperialista (que fue fue liquidado por los revisionistas y remplazado por
el PASOK, inofensivo para los intereses de la burguesía y los imperialistas).


c)       La posibilidad de un KKE
revolucionario en alianza con la Albania socialista sería muy peligrosa, en ese
momento, para el futuro del revisionismo jruscheviano en Europa, para la
existencia y actividad de los revisionistas soviéticos y europeos.


Aparte
de lo anteriormente mencionado, lo que sugiere que la tercera versión de la
muerte de Nikos Zachariades, esto es, la del asesinato, es la más probable y
convincente es lo siguiente:


Primero,
la declaración-confesión hecha por Stavros Zorbalas, el director del Centro de
Estudios Marxistas, en 1990: “¿Cómo podría haber un partido (refiriéndose al
“K”KE revisionista) si Zachariades volvía a Grecia?” (D. Vyssios: “Carta
abierta a Boris Nikolayevich Panomariov”, antiguo director del Departamento de
Relaciones Internacionales del CC del PCUS). Y también la hecha por Panos
Demetriou: “en cualquier caso, sólo un informe de la KGB puede resolver el
enigma de su muerte” (“Ethnos”, 29/12/1990).


Segundo,
el testimonio muy importante de la periodista Vera Kuznechova en su entrevista:
“Puse a G. Mauros (un periodista griego) en contacto con personas competentes
como la guardia de Zachariades y el médico forense, que, bajo presión, escribió
falsamente en su informe que Nikos Zachariades murió de un ataque al corazón.
Cuando hablé con él, admitió que había diagnosticado un asesinato, no un ataque
al corazón”.


Tercero,
la declaración hecha por N. Tomilina, la directora de los Archivos del Estado
ruso, en la primavera del 2000: “No todas las pruebas que conciernen a Nikos
Zachariades han sido publicadas y, particularmente, los documentos relacionados
con las circunstancias de su muerte. Estos documentos han sido clasificados de
alto secreto y no se permite el acceso a ellos hasta que sean desclasificados”.


Teniendo
en cuenta todo lo de arriba, se plantea la siguiente cuestión fundamental: si
el caso de la muerte de Nikos Zachariades se archivó definitivamente con el
establecimiento de la versión del “suicidio”, ¿por qué, entonces, no se publica
la parte de los archivos relacionada con las circunstancias de su muerte? ¿Por
qué los documentos sobre las circunstancias de su muerte son, todavía,
clasificados como de alto secreto y no se permite el acceso a ellos? Es
evidente que los revisionistas anticomunistas jruschevianos y sus servicios
secretos fascistas, incluso después de más de tres décadas (1973-2006) y a
pesar de continuas “ediciones”, no pueden hacer convincentes sus archivos en
cuanto a la segunda versión falsa de la muerte de Nikos Zachariades, la del
“suicidio”.


Sin
duda, Nikos Zachariades, a través de su lucha revolucionaria, se alta a la
altura de una eminencia como un gran líder revolucionario y comunista, como
“uno de las más importantes figuras del MCI” (Niyazov, Taskent 1955); José
Stalin, durante las reuniones del XIX Congreso del PCUS (1952), dijo sobre él:
“¿Lo veis? Él es un gran líder. Llevará la revolución no sólo a Grecia sino
también a Europa entera” (P. Demetriou, “Ek vatheon”, Atenas 1997, pp.
202-203). Fue de lejos el Secretario General más competente que el KKE ha tenido
nunca y fue sugerido por la III Internacional para este puesto en 1931. Nikos
Zachariades siguió siendo hasta el final de su vida un inquebrantable oponente
del revisionismo. Al final de su vida dijo: “Nadie puede quitarte la dignidad,
solamente la puedes perder tú mismo” y también: “el que no sabe cómo morir
cuando es necesario no sabe cómo vivir y fracasará en su vida. El que tiene
miedo de fracasar va a arrastrarse durante el resto de su vida”.


Naturalmente,
el grupo revisionista de Jruschov-Brezhnev lo vio como un oponente
político-ideológico serio, poderoso y muy peligroso al que por tanto había que
eliminar con decisión de la dirección del KKE a toda costa, y destruir política
y físicamente; tan peligroso era considerado que uno de los partidarios más
ferviente de Jruschov, el poeta francés Louis Aragon, vio adecuado mencionarlo
en su libro de dos volúmenes “Historia de la Unión Soviética”: “La acusación de
culto a la personalidad dio como resultado la destitución de su cargo como
Secretario General del KKE” (L. Aragon, “Historia de la Unión Soviética”, v. 2,
p. 268, Atenas, 1963).


Para
concluir, creemos que los sucesos antes mencionados, que abarcan el periodo
entre la masacre de Taskent en 1955 y la muerte de Nikos Zachariades en 1973,
dejan al movimiento revolucionario actual uno de los más valiosos legados que
podría servir a su tarea de reorganización en el siglo XXI.

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