Juan Manuel Olarieta
Gustavo Durán Martínez (1906-1969) nació en Barcelona, hijo del coronel de artillería retirado José Durán Labad. En 1921 inició sus estudios musicales en el Conservatorio de Madrid, adonde se había trasladado a vivir su familia. Siendo todavía muy joven, frecuentó los ambientes culturales de la Residencia de Estudiantes, donde conoció a Dalí, Buñuel y García Lorca, entre otros.
Entre 1928 y 1934 residió en París, donde se dio a conocer como compositor y pianista en la compañía de Antonia Mercé, «La Argentina».
Poco antes de la guerra se unió al Quinto Regimiento de Milicias donde en dos meses obtuvo el grado de comandante por su arrojo y aptitudes de mando. Sus acciones en los primeros meses de la guerra las relató Malraux en su novela «La esperanza», escondidas bajo el nombre de uno de sus protagonistas: «Manuel».
Participó el frente de su brigada en importantes batallas (Jarama, Segovia, Guadalajara, Brunete) y, al tiempo, en el Congreso de Intelectuales Antifascistas. Ilya Ehrenburg escribió entonces a la prensa soviética que Durán era un ejemplo del intelectual en armas.
En 1937 dirigió en Madrid el Servicio de Información Militar de la República durante un mes, aunque luego Indalecio Prieto, ministro de la Guerra lo sustituyó, pasando a dirigir el XX Cuerpo del Ejército Popular republicano, donde alcanzó el grado de coronel.
Al final de la guerra huyó a Inglaterra desde Denia a bordo del crucero británico Galatea, en el que también viajaba otro coronel, el traidor Segismundo Casado, dirigente del golpe de Estado de marzo de 1939 dirigido contra la República en Madrid y colaborador del espionaje británico.
En Inglaterra Durán quiso enrolarse en el ejército británico para ir de nuevo al frente, lo que no consiguió. A mediados de agosto de 1939 conoció a su esposa, Bonte Crompton, hermana de Belinda Crompton, a su vez casada con Michael Straight. Una tercera hermana, Catherine, fue pareja del escritor británico Graham Green, vinculado a los servicios de inteligencia.
Además de amigos, Durán y Straight eran cuñados. Straight era el único agente norteamericano del grupo de intelectuales vinculados a la red de inteligencia soviética de la Universidad de Cambridge de la que formaban parte Philby, Burgess, Blunt y Maclean.
Gracias a su matrimonio Durán obtuvo el permiso de residencia en Estados Unidos y en diciembre de 1942 la nacionalidad de aquel país, incorporándose en Washington al Departamento de Estado. Su primer destino fue la embajada estadounidense en La Habana que dirigía Spruille Braden.
En la capital caribeña Durán mantuvo una relación muy estrecha con Hemingway, quien le nombró en la conocida novela «Por quién doblan las campanas». Hemingway era amigo íntimo del embajador Braden y, aunque tenía animadversion hacia el FBI, al que equiparaba a la Gestapo, se prestó a trabajar en la Isla como colaborador de los servicios de espionaje para penetrar los círculos nazis y falangistas que entonces infestaban La Habana. Para ello Hemingway pidió ayuda a Durán, creando una red de 26 antifascistas, en su mayor parte republicanos españoles exiliados.
Cuando en 1945 trasladaron al embajador Braden a Buenos Aires, Durán le acompañó a su nuevo destino. En Argentina la situación política era muy tensa en aquel momento. Perón celebraba sus primeras elecciones y Durán redactó el informe donde el departamento de Estado le acusaba de nazi, proponiendo abrir contra él un tribunal parecido al de Nuremberg. Influido por el informe de Durán, el Partido Comunista de la Argentina se posicionó erróneamente contra el peronismo.
A Perón se lo sirvieron en bandeja. Pudo decir que todo era una conspiración urdida por la embajada imperialista con la complicidad de los comunistas, es decir, que la campaña procedía del exterior, de las grandes potencias del momento. Entonces los peronistas acuñaron el lema «Braden o Perón» y respondieron al documento de Washington mencionando expresamente a Durán: «¿Qué razones, sin embargo, han inducido al Partido Comunista de la Argentina a entregarse al imperialismo yanqui?», preguntaba Perón, para agregar: «El Partido Comunista ha pactado con el imperialismo yanqui por intervención del Sr. Braden, ante quien el Sr. Gustavo Durán, su agregado civil en la Embajada de los Estados Unidos y secretario privado antes, durante y después de esa época, ha intercedido más de una vez. La participación del Sr. Durán en la alianza entre el Partido Comunista de la Argentina y el imperialismo yanqui no puede ser objeto de grandes dudas».
Durán se pudo mantener en el Departamento de Estado hasta que la guerra fría cambió las reglas del juego. Desde 1938 el espionaje británico sabía que Durán era un estrecho colaborador del gobierno republicano en la guerra civil española, lo que le valía ser considerado como «comunista». Pero hasta entonces otras necesidades más perentorias pusieron en cuarentena esa circunstancia, que salió a relucir más tarde, durante la caza de brujas del senador McCarthy, con carácter retroactivo.
En 1938 Galíndez estaba en Madrid al servicio de Irujo como funcionario del Ministerio de Justicia. Al menos desde el siguiente año hay confirmación de que era un confidente (agente DR-10) de la inteligencia militar de Estados Unidos, y posteriormente (como agente Rojas), del FBI. A través de Galíndez el FBI conoció el trabajo de Durán al frente del Servicio de Información Militar, que Walter Krivitski y quizá también Orlov, confirmaron al desertar de la URSS.
Además, Durán fue también denunciado por Indalecio Prieto, su anterior jefe, en un informe dirigido al pleno de la dirección del PSOE reunido en Barcelona en agosto de 1938 que luego se publicó como folleto. En dicho informe Prieto explicaba los motivos de su dimisión al frente del Ministerio de la Guerra, acusando a los comunistas, entre los que mencionaba a Durán, de copar los cargos de responsabilidad en las unidades militares y, en particular, del Servicio de Información Militar, una versión que ha hecho fortuna, como todas las que culpan a los comunistas.
El 28 de diciembre de 1943, desde la embajada estadounidense en la República Dominicana, Edgard J. Ruff confirmó las vinculaciones de Durán con los comunistas y, por consiguiente, con la inteligencia soviética. La fuente de Ruff no era otra que Galíndez, entonces consejero de Trujillo en la República Dominicana.
El FBI transmitió aquellas sospechas al senador McCarthy, que el 28 de marzo de 1946 abrió una causa contra Edward K. Barsky, dirigente de la red de apoyo a los antifascistas refugiados en Estados Unidos. En la investigación aparecía el nombre de Durán como militante comunista, comandante del Ejército Popular de la República y responsable de aquella red solidaria.
El senador McCarthy, y la política exterior de Estados Unidos, empezaba a caminar por la misma senda que el franquismo. En 1946 el espionaje franquista elaboró otro informe, donde Durán figuraba con el apodo de «El Porcelana». El 9 de abril el diario falangista «Arriba» publicó el informe con la apariencia de un artículo periodístico denunciando a Duran como agente del espionaje soviético.
A su vez aquel informe sirvió de base a otro de 4 de junio del coronel Wendall Johnson, agregado militar de la embajada estadounidense en Madrid.
En 1950 Durán volvió a ser investigado y tuvo que comparecer ante la comisión del senador McCarthy, quien concedía una importante tan grande a Durán que durante una cena en Nevada le dio a conocer entre los primeros cuatro agentes soviéticos: John Service, Gustavo Durán, Mary Jane Kenney y el Dr. Harlow Sharpley (Washington Post, 13 de febrero de 1950).
Acosado, Durán tuvo que dejar el Departamento de Estado y trasladar su residencia a Nueva York, donde comenzó a trabajar en la ONU. Luego vivió en Chile unos años encabezando una delegación de la Cepal. En 1960 pasó un año al frente de la misión civil de la ONU en el Congo cuando el avión en el que viajaba Hammarskjold, el secretario general de la ONU, fue saboteado.
Murió en Creta, Grecia, el 25 de marzo de 1969, donde fue enterrado.
Siguiendo a Prieto, una historiografía fabricada «ad hoc» considera que los comunistas (y sólo los comunistas) procedieron a una penetración sobrepticia en los cargos de responsabilidad de la República, aunque sólo fuera durante un mes, como es el caso de Durán. En la II República, con excepción de los comunistas, cualquiera tenía derecho a servir en la función pública.
Naturalmente, esa estúpida historiografía también considera que por encima, por debajo y al costado del PCE estaba la URSS de Stalin, máxime cuando se hace referencia a algo tan emblemático como el Servicio de Información Militar, como también es el caso de Durán.
Esa misma historiografía considera, finalmente, que quienes no se oponen a los comunistas, como es el caso de Durán, son comunistas igualmente. Es la teoría fascista de la «comisión por omisión»: no basta con no ser comunista sino que hay que oponerse a él de manera activa y militante.
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en 1857, tuvo importantes consecuencias políticas. Los problemas que no se
habían resuelto en la revolución de 1848 resurgieron con fuerza renovada. Su
atención la absorbieron el recrudecimiento de la lucha de Italia por la unidad
del país y su liberación del yugo austríaco y el movimiento por la unificación
de Alemania. Esta vez, lo mismo que en 1848, la principal preocupación de Marx
era que los movimientos democrático-burgueses se hicieran más amplios y más
potentes gracias a la participación de masas más vastas y más plebeyas,
de la pequeña burguesía en general, del campesinado en particular y, por
último, de las clases desposeídas. Todos los artículos de Marx correspondientes
a este período, lo mismo si tratan de Italia o de Alemania que de Polonia o de
Rusia, reflejan esa preocupación.
desenmascaró a Luis Bonaparte, que intentaba encubrir los egoístas fines
dinásticos que perseguía en la guerra con la consigna de liberación de Italia,
y demostró que el pueblo italiano no podría lograr la independencia y la unidad
del país más que mediante un levantamiento nacional que destronase a todos los
monarcas italianos, acabase con la opresión feudal, lo liberara del yugo
austríaco y le permitiera crear un Estado democrático unificado. Marx
consideraba que toda propaganda en favor del bonapartismo no sólo causaba un
daño directo a la causa de la revolución italiana, sino también a la revolución
alemana, y que ayudaba a las fuerzas reaccionarias en Europa. Por ello, en el
panfleto Señor Vogt, escrito en 1860, atacó a los agentes bonapartistas
infiltrados en el seno de los exiliados pequeño-burgueses.
durante casi un año. Profesor de Geología en Ginebra, Carlos Vogt (1817-1895)
era un científico muy conocido en toda Europa, uno de los principales
representantes del materialismo vulgar, un filósofo ateo y con ademanes
radicales que la burguesía suele confundir con el materialismo dialéctico.
Entre otras simplezas decía que el pensamiento brota del cerebro lo mismo que
la orina del riñón. Pero en aquella época, obras de Vogt como La
ciencia y la fe del carbonero tuvieron una enorme repercusión.
que pertenecía (Büchner, Moleschott) por parte de Engels es conocida.
Los calificó como predicadores viajeros.
los demócratas burgueses en la Alemania de mediados del siglo XIX. Había
participado en la revolución de 1848, fue diputado de la Asamblea de Franckfort
y, como tantos otros, luego tuvo que emigrar a Suiza. Gozaba de inmensa
influencia no solamente entre los demócratas alemanes, sino también entre todos
los círculos de viejos revolucionarios exiliados que vagabundeaban por Europa,
especialmente el ruso Alexander Herzen.
entre Francia y Austria en su disputa sobre Italia. Para Napoleón III era importante
ganarse para su causa a un célebre científico que, al mismo tiempo, era un
dirigente respetado entre los demócratas alemanes. Vogt estaba muy ligado a un
hermano de Napoleón III, que se hacía pasar por liberal y protector de la
ciencia. De él recibió Vogt dinero para distribuirlo entre los representantes
de los círculos de exiliados.
Italia, causó una profunda impresión entre los revolucionarios. Entre ellos
había algunos muy ligados a Marx y Engels en Londres, uno de los
cuales era Carlos Blind. Éste le contó a Marx que Vogt había recibido dinero de
Napoleón III, acusación que fue publicada por Guillermo Liebknecht en
la Gaceta de Augsburgo.
tribunales y aunque perdió el proceso, el periódico no pudo aportar ninguna
prueba de la acusación de corrupción porque Blind desmintió sus afirmaciones
previas. Que Vogt era un agente bonapartista no se pudo confirmar
documentalmente hasta muchos años más tarde, cuando se abrieron los archivos
secretos de Napoleón III.
como un mentiroso. Los exiliados alemanes en Londres, convencidos de que Liebknecht no
era más que un portavoz de Marx, se volvieron contra él, incluidos algunos de
los incondicionales suyos como Freiligrath, quien tuvo que descubrirse
manifestando en aquel difícil momento que sus relaciones con Marx eran personales.
Veterano de 1848, Freiligrath era entonces director de la sucursal de un banco
suizo cuyo director en Ginebra era amigo de Vogt. No quería arriesgar su
bolsillo. Los viejos como Freiligrath no renegaban de su pasado pero vivían de
recuerdos. Lassalle tenía mucha razón al decir que Marx estaba sólo, y no
solamente en Alemania. Solo pero erguido.
revolucionarios se encontraron en una situación difícil, sobre todo cuando
aquel pasó al ataque publicando un folleto en que acusaba a Marx de ser la
cabeza de una banda de ladrones y falsarios que no retrocedían ante nada. Las
más monstruosas calumnias se esgrimieron contra los comunistas. Conocido por su
amor al confort, Vogt acusó a Marx de llevar una vida lujosa a expensas de los
obreros.
publicar la primera edición de su Crítica de la economía política,
el libelo de Vogt armó un gran revuelo y, como era de esperar, tuvo una acogida
excelente en la prensa burguesa. Todos los publicistas burgueses, y
particularmente los renegados del socialismo que habían conocido personalmente
a Marx, aprovecharon la ocasión y vaciaron sus sacos de basura sobre su
adversario.
cualquier político. Su lema eran las palabras de Dante: ¡Sigue tu camino y que
la gente diga lo que quiera! Era un privilegio de cuantos se dedican a una
actividad política recibir elogios o ataques. Marx no respondía a las injurias
personales, de las cuales, sin embargo, se le colmaba continuamente. Se podían
dejar sin respuesta los ataques dirigidos contra Marx, pero no las calumnias
dirigidas contra los revolucionarios. Cuando estaban en juego los intereses de
la causa del proletariado, Marx respondía, y entonces era implacable.
preguntaron si era conveniente responder. Lassalle y algunos amigos de Marx
opinaban que era mejor guardar silencio; no se trata de que creyeran una sola
palabra de lo que había escrito Vogt, sino que tenían en cuenta el considerable
prestigio que el proceso le había proporcionado. En su opinión, Liebknecht había
herido en lo más vivo al gran demócrata, el cual al defender su honor había
caído también en excesos. Un nuevo proceso no haría más que confirmar su
triunfo, dado que no había ninguna prueba contra él. Por lo tanto, lo más
racional era dejar que la opinión pública se apaciguara.
a Lassalle que no se posicionara claramente en el conflicto, que tratara de
mantener las distancias entre ambos.
Marx. Según él, Marx no hubiera debido intervenir en la disputa entre Liebknecht y
Vogt, tendría que haberse quitado una preocupación sin ninguna utilidad para la
lucha. Pero en el momento en que Mehring escribió, Vogt carecía ya de toda
influencia política. Además, descuida que la obra dirigida contra Vogt iba
enfilada al mismo tiempo contra otras dos dianas: Lassalle y los exiliados. El
incidente con Vogt disimulaba profundas divergencias tácticas que habían
surgido entre el partido proletario y los partidos burgueses, y que, como
demostraba el ejemplo de Lassalle, en el propio partido proletario se habían
manifestado peligrosas fluctuaciones.
la siempre inestimable ayuda de Engels, Marx asumió esta tarea redactando
un folleto bastante breve, unas 40 hojas que tuvieron que imprimirse fuera de
Alemania donde sólo llegaron una cantidad insignificante de ejemplares.
Riazanov, es lo mejor de Marx como polemista. En toda la literatura mundial,
ninguna otra iguala a esta obra. Marx no se limita a destruir a Vogt
políticamente. Su panfleto no es una simple invectiva. Marx se sirve contra
Vogt de un arma en cuyo uso es un maestro: el sarcasmo, la ironía. En vida de
Marx, quienes vivieron directamente en sus propias carnes el período posterior
a 1849 afirmaron que no existe otra obra que ofrezca tanto material para la
caracterización de los partidos de aquella época, como el libro de Marx contra
Vogt. El lector contemporáneo necesitaría un mapa geopolítico de Europa de hace
150 años para orientarse en muchos de los detalles, pero se apercibirá de la
importancia política de este panfleto. El propio Lassalle, cuando apareció,
tuvo que reconocer que Marx había escrito una obra magnífica, que sus
apreciaciones habían sido equivocadas y que como político, Vogt había quedado
al descubierto para siempre.
sus grandes conocimientos geográficos y estratégicos al servicio de Marx para
la redacción de aquel folleto y pudiera orientarse en los problemas de los
eslavos del oeste y desenmascarar el paneslavismo de Vogt.
tarea de demoler políticamente a un científico respetado por toda la burguesía.
Ciertamente, cumplió esta tarea con brillantez pero su tentativa de calumniar a
los revolucionarios ofreció a Marx la ocasión de barrer a los partidos
burgueses en el poder o en la oposición y, en particular, caracterizar la
venalidad de la prensa burguesa, convertida en una empresa capitalista que
obtiene sus beneficios de la venta de palabras, al igual que otros las obtienen
de la venta de chucherías.
escritos del propio Vogt. Los principales testigos se habían desentendido del
asunto o se habían retractado de sus afirmaciones. Por ello, Marx toma todas
las obras políticas de Vogt y demuestra que no más que era un bonapartista que
repetía literalmente los argumentos desarrollados en las obras políticas de los
agentes de Napoleón III, y deduce que Vogt es o bien un vulgar papagayo que
repite estúpidamente los argumentos de los bonapartistas, o bien un agente
comprado del mismo modo que los restantes publicistas bonapartistas.
democracia burguesa alemana. Por esta razón, Marx desenmascara la mezquindad
política de esta democracia y, de paso, asesta algunos golpes a los reformistas
incapaces de acabar con el respeto reverencial por las clases
ilustradas. En 1860, cuando se iniciaba un nuevo movimiento entre la
pequeña burguesía y la clase obrera, y cuando cada partido se esforzaba por
ganarse a los trabajadores, importaba enormemente demostrar que los
representantes de la democracia proletaria no sólo no eran inferiores
intelectualmente a los representantes más populares y eminentes de la
democracia burguesa, sino que eran claramente superiores.
de los principales dirigentes de la democracia burguesa. Lassalle agradeció a
Marx que le hubiera facilitado la lucha contra los progresistas por la
influencia sobre los obreros alemanes.
folleto de Marx.
entre Marx y Lassalle, antiguo demócrata de Dusseldorf, a quien Marx había
conocido en 1848. En la importante cuestión de la manera de unificar Alemania,
Lassalle adoptó una posición completamente errónea. En su panfleto La
guerra italiana y la tarea de Prusia, Lassalle se manifestaba dispuesto a
apoyar el propósito de Prusia de llevar a cabo la unificación de Alemania desde
arriba, o sea, por vía contrarrevolucionaria, mientras que Marx luchaba por la
unificación del país desde abajo, mediante una revolución democrática.
Lassalle encabezó la Asociación General de Obreros Alemanes y trazó el programa
de ésta. Lassalle orientaba a los obreros solamente hacia la lucha pacífica,
legal, viendo en el sufragio universal la panacea para todas las calamidades
que sufrían los trabajadores. Lassalle inculcaba en los obreros la ilusión de
que el Estado prusiano podría ayudarles a organizar asociaciones de producción
que les liberarían de verse explotados. Lassalle era enemigo de la lucha de
clases, las huelgas y los sindicatos. A diferencia de Marx y de Engels,
que veían en los campesinos trabajadores el aliado de la clase obrera, Lassalle
estimaba que constituían una masa reaccionaria. Lassalle entabló negociaciones
directas con Bismarck, prometiéndole que los obreros apoyarían su política
interior y exterior si accedía a proclamar el sufragio universal. Aunque Marx
no conocía aún sus negociaciones secretas con Bismarck, no podían escapar a su
aguda mirada los coqueteos de Lassalle con la reacción prusiana. En sus cartas,
Marx y Engels decían que Lassalle era un demócrata palaciego
monárquico-prusiano con marcados tintes bonapartistas.
obreros, Marx y Engels se mantenían al principio a la expectativa y
se abstuvieron de momento de criticarle en público, pues Lassalle realizaba
cierta labor positiva ayudando a los obreros a liberarse de la influencia del
partido progresista burgués. Cuando, después de muerto Lassalle, Marx y Engels se
enteraron de que había mantenido negociaciones con Bismarck, calificaron esto
de traición al movimiento obrero y emprendieron una lucha abierta contra el
socialismo realista prusiano de los lassalleanos.
labor iniciada ya por él en la Gaceta del Rin y que había cobrado particular
intensidad durante las revoluciones de 1848-1849. La dificultad de esta lucha
consistía en que Marx no disponía de periódico alguno con ayuda del cual
pudiese influir en el lector alemán. Por eso hizo grandes esfuerzos para apoyar
al periódico alemán El Pueblo (Das Volk), que comenzó a ser editado en Londres
en 1859, y convertirlo en un órgano de la propaganda comunista. En el breve
período que existió este periódico, Marx publicó en él una serie de artículos,
entre los que figuraban algunos tratando de la política reaccionaria de Prusia.
Al mismo fin de denunciar al régimen prusiano estaban dedicadas asimismo una
serie de obras inacabadas de Marx, en las que explicaba no sólo el presente,
sino también el pasado de ese Estado reaccionario y militarista, y en
particular su política y la de la Rusia zarista respecto a Polonia. Marx
consideraba que la lucha de los polacos contra Prusia y la Rusia zarista, que
condujo a la insurrección de 1863, sólo se vería coronada por el éxito cuando
estuviese orgánicamente vinculada con la revolución agraria y la lucha por la
democracia.
esperanzas el despertar del movimiento campesino en Rusia. La derrota en la
guerra de Crimea había aguzado todas las profundas contradicciones existentes
en el interior del país, y el gobierno zarista se vio obligado a empezar los
preparativos para una reforma en el campo. Al examinar los proyectos de reforma
que se discutían en los comités de la nobleza, Marx predijo los males que la
liberación desde arriba traería a los campesinos. El veía en el
campesinado ruso, que se levantaba a la lucha contra el régimen de la
servidumbre, un aliado de la futura revolución europea.
principios de la década del 60, al igual que el movimiento contra el régimen de
la servidumbre en Rusia, era otro acontecimiento al que Marx atribuía una gran
importancia internacional. En sus escritos demostró que la guerra de secesión
era por su carácter una lucha entre dos sistemas sociales: el esclavista y el
capitalista, más progresivo que el anterior. Marx decía que el Norte no podría
vencer más que en el caso de que su gobierno empezara a desplegar la guerra al
modo revolucionario, promulgara una ley aboliendo la esclavitud, resolviera el
problema agrario en favor de los granjeros, reorganizara el ejército,
limpiándolo de elementos traidores, e hiciera la guerra bajo consignas democráticas
y revolucionarias bien claras. Marx exhortaba a los obreros de Europa a que
frustraran por todos los medios las tentativas de los gobiernos europeos de
inmiscuirse en la guerra civil para favorecer a los esclavistas del sur. Marx
aplaudía a los obreros de Inglaterra, que con sus acciones impidieron al
Gobierno inglés efectuar una intervención en apoyo de los Estados esclavistas.
Su viva repercusión entre los obreros europeos hacía concebir a Marx la
esperanza de que la guerra de secesión volvería a impulsar a la clase obrera,
deprimida por años de reacción, a desplegar enérgicas acciones históricas.

Después del aplastamiento de las revoluciones de 1848 y 1849 se estableció en Europa la más negra reacción. Las organizaciones revolucionarias fueron destruidas, y muchos de los mejores representantes de la clase obrera se vieron encarcelados a constreñidos a emigrar. Fue aquél un período muy duro para Marx, pues tuvo que hacer frente a las innumerables calumnias de sus enemigos y a grandes privaciones económicas. Los periódicos y las revistas, las editoriales y las cátedras universitarias, todo quedó cerrado para el genial pensador y revolucionario. Sin embargo, su profundísima fe en la justeza de la causa que defendía, su invencible optimismo, basado en la comprensión científica de las leyes objetivas del desarrollo social, y su firmeza y jovialidad no abandonaron a Marx en ningún momento.

Ahora, empero, podía centrar principalmente su atención en la elaboración de su doctrina. Un infatigable trabajo intelectual le permitió sintetizar las experiencias históricas de su época, seguir de cerca los progresos de todas las ramas del saber y asimilar de manera crítica cada nuevo logro del pensamiento científico. Marx valoró con perspicacia la importancia de toda una serie de grandes descubrimientos en las ciencias naturales, y, particularmente, la obra de Darwin sobre el Origen de las especies por vía de selección natural. Este libro -escribía Marx a Engels- da la base histórico-naturalista para nuestras concepciones. Marx seguía interesándose mucho por la historia de épocas y pueblos diversos, y analizó y resolvió toda una serie de importantes problemas teóricos de las ciencias históricas.

A pesar de las duras condiciones de vida de Marx en la emigración, Inglaterra, el país capitalista más desarrollado en aquel entonces, era el sitio más conveniente para el estudio de la economía del capitalismo. En la biblioteca del Museo Británico, donde trabajaba casi diariamente desde las 9 de la mañana hasta las 7 de la tarde, encontró Marx una cantidad de material enorme para sus investigaciones. Su extremada honradez científica y su implacable espíritu autocrítico obligaron a Marx a reunir todo un Mont Blanc de hecho y volver a examinar una u otra cuestión cuando la vida le proporcionaba hechos y materiales nuevos. Para efectuar sus investigaciones económicas, estudió la historia de la técnica, química agrícola, geología, matemáticas y otras ciencias.

Pero en la vida privada de Marx, no todo eran penas y sufrimientos. Su familia fue feliz como pocas. Un profundo amor le unía a Jenny, la cual no solamente compartía la suerte, el trabajo y la lucha de su marido, sino que, además, tomaba en ellos parte activa con un espíritu altamente consciente y un apasionado entusiasmo. El amor y la amistad unían a todos los miembros de la familia. Era el mejor amigo de sus hijas. Sus parientes y amigos le llamaban El Moro por su pelo, negro como el alquitrán. A medida que crecían Jenny, Laura y Eleonora (nacidas en 1844, 1845 y 1851) Marx les iba dando a conocer toda la riqueza de la cultura humana. Gran conocedor de la literatura mundial, Marx amaba sobremanera las obras de Homero y Esquilo, Shakespeare y Filding, Dante y Cervantes, Diderot y Balzac. El mismo leía a sus hijas Las mil y una noches, el Canto de los Nibelungos, las obras de Homero y, particularmente, las de Shakespeare, que eran objeto de culto en la familia de Marx. Recordando a su padre, su hija Eleonora escribía: A quienes hayan dedicado su vida al estudio de la naturaleza humana no les extrañará que un luchador tan inflexible pudiera ser al mismo tiempo el más bondadoso y tierno de los hombres. Ellos comprenderán que si sabía odiar con pasión era precisamente porque era capaz de amar con toda su alma; que si su pluma mordaz podía llevar a alguien al infierno, como sólo había sido capaz de hacerlo Dante, ello se debía, justamente, a su fidelidad y a su ternura; que si su humorismo sarcástico podía corroer como un ácido, este mismo humorismo tranquilizaba a los menesterosos y a los oprimidos.

Cuando, en agosto de 1851, el periódico progresista de mayor tirada de Estados Unidos, el New York Daily Tribune, le propuso ser su corresponsal en Europa, Marx aceptó. Pero como estaba ocupado hasta la coronilla con la Economía política, pidió a Engels que escribiera una serie de artículos sobre Alemania. Así apareció en el New York Daily Tribune el magnífico trabajo de Engels Revolución y contrarrevolución en Alemania. Para que Marx pudiese dedicarse a redactar su obra económica, Engels le ayudaba sistemáticamente escribiendo artículos, particularmente sobre temas militares, a lo largo de los diez años que Marx colaboró en el periódico. Marx confiaba plenamente en su ministerio de la guerra en Manchester. Pero, no obstante, el periódico le restaba mucho tiempo, pues los artículos que él escribía eran verdaderamente científicos, investigando a fondo cada uno de los problemas de que trataba. Seguía siendo fiel al principio que había proclamado ya en los albores de su actividad literaria: El escritor, como es natural, debe ganar dinero para tener la posibilidad de existir y escribir, pero lo que no debe hacer en absoluto, es existir y vivir para ganar dinero.

Marx denunció indignado la política colonial que Inglaterra aplicaba en la India y que causaba la depauperización y la muerte de ingentes masas humanas. En 1857, cuando estalló en la India un levantamiento por la liberación nacional, contra los colonialistas británicos, Marx alzó su voz en defensa del pueblo oprimido. Analizando la política colonial inglesa, Marx llegó a la conclusión de que el pueblo de la India no podría liberarse de las calamidades y humillaciones que sufría, mientras el proletariado no subiese al poder en Inglaterra o mientras el pueblo de la India no se hiciera lo bastante fuerte para poder sacudirse el yugo de los colonialistas.

La crisis económica mundial que empezó en 1857 y la inminencia de grandes acontecimientos políticos en Europa obligaron a Marx a acelerar sus investigaciones sobre economía política. El fruto de su intenso trabajo de muchos años fueron los gruesos manuscritos económicos de 1857-1858 publicados por primera vez en 1939-1941 por el Instituto de Marxismo-leninismo anexo al Comité Central del PCUS, en alemán, con el título de Grundrisse der Kritik der politischen Okonomie (Fundamentos de la crítica de la Economía política). En estos manuscritos se refleja una etapa muy importante de la formación de la teoría económica de Marx, en la crítica de la economía política burguesa. Contienen varias tesis teóricas que, posteriormente, fueron formuladas de una manera clásica en El Capital. Lo principal en estos manuscritos es que, en ellos, Marx expone en rasgos generales los fundamentos de su teoría de la plusvalía. Refiriéndose a este gran descubrimiento, Engels dijo: Marx elaboró él solo la teoría de la plusvalía en los años 50, negándose con tenacidad a publicar datos sobre ella hasta que se aclarasen completamente todas sus conclusiones. Los manuscritos contienen también ideas teóricas de Marx sobre la futura sociedad comunista, sobre el desarrollo, jamás visto, que las fuerzas materiales y espirituales alcanzarán en ella. En el esbozo inconcluso del Exordio a estos manuscritos, Marx dilucida cuestiones decisivas referentes a la economía política, su método, y otros muchos problemas.

Después de haber sido publicado el primer opúsculo de la Contribución a la crítica de la economía política, Marx consideraba necesario efectuar un trabajo complementario para poner en claro para sí mismo ciertas conclusiones y dar a su obra un carácter acabado, pero se lo impidieron los grandes acontecimientos internacionales del año 1859.
revolución
la convicción profunda de Marx, científicamente fundamentada, de que la causa a
la que había consagrado su vida era grande y justa. El jefe del proletariado
revolucionario no adolecía del desconcierto, abatimiento y falta de fe tan
peculiares en aquel entonces en los dirigentes de la democracia
pequeño-burguesa. Aguantó igualmente con gran firmeza los duros sufrimientos y
privaciones que hubo de soportar cuando él y su familia se vieron en el
extranjero sin un céntimo en el bolsillo.
En cuanto llegó a Londres, Marx se puso a preparar la
edición de la revista Nueva Gaceta del Rin. Revista política y
económica. En los seis números de la revista editados en Hamburgo en 1850 se
publicaron algunos trabajos de Marx y Engels que trataban de los
resultados de la revolución de 1848 en Francia y en Alemania.
Comunistas reanudó su actividad. En marzo de 1850, Marx y Engels escribieron
y enviaron a las comunas de la Liga el Mensaje del Comité Central a la Liga de
los Comunistas. En este documento, de importancia extraordinaria, se analizaban
las enseñanzas de la revolución de 1848-1849 en Alemania y las perspectivas de
una futura revolución, y se esbozaba la táctica del partido proletario en ella.
La conclusión principal a que se llega en el Mensaje es la de que, en la futura
revolución, a diferencia de la de 1848, el partido obrero deberá actuar
de la manera más organizada, más unánime y lo más independiente posible. En
contraposición a los pequeño-burgueses, que, al llegar al poder, procurarán dar
por terminada la revolución lo antes posible, la tarea del partido obrero
consistirá en hacer la revolución permanente… Para nosotros no se
trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar
los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la
sociedad existente, sino de crear otra nueva.
estaban ya en la Nueva Gaceta del Rin, fue formulada en el Mensaje con
mucha más amplitud. Esta idea fue desarrollada en la teoría de Lenin acerca
de la transformación de la revolución democrático-burguesa en revolución
socialista, confirmada en los combates revolucionarios de 1917 y en el triunfo
de la Revolución Socialista de Octubre.
conclusión de que la nueva situación histórica de auge económico y de
fortalecimiento de la reacción en Europa excluía el estallido de la revolución
en un futuro inmediato. Sopesando serenamente las particularidades de aquella
nueva situación histórica, los fundadores del comunismo científico exigieron
que se revisara la táctica del partido y se modificaran las formas de lucha. La
nueva situación imponía la necesidad de llevar a cabo una tenaz y escrupulosa
labor de agrupación de fuerzas, de preparación sistemática de estas fuerzas
para una futura revolución. No obstante, algunos miembros de la Liga de los
Comunistas, con Willich y Schapper a la cabeza, propusieron, sin tener en
cuenta las condiciones históricas objetivas, planes aventureros de preparación
de un levantamiento armado en Alemania. En la reunión del Comité Central de la
Liga, celebrada el 15 de septiembre de 1850, Marx hizo una profunda crítica de
la línea conspiradora, sectaria y voluntarista de Willich y Schapper y demostró
lo peligroso que era el aventurero juego a la revolución. Marx,
aunque le apoyaba la mayoría de los miembros del Comité Central, hizo todo lo
posible por mantener la unidad de la Liga de los Comunistas. Pero el grupo de
Willich-Schapper provocó la escisión. El Comité Central se trasladó de Londres
a Colonia para contrarrestar la labor de desorganización de los elementos
ultraizquierdistas y sectarios.
Al mismo tiempo que trabajaba en la Liga de los Comunistas,
Marx dedicaba muchas energías a la síntesis teórica de la experiencia de las
revoluciones de 1848 a 1849. Fruto de esta labor fueron sus obras: Las
luchas de clases en Francia de 1848 a 1850, escrito en 1850, y El
Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, escrito en 1852.
del materialismo histórico al estudio de los acontecimientos históricos
concretos. En ambos trabajos, la profundidad del análisis va unida a la
maestría de un brillante literato, y la objetividad científica del sabio, a la
pasión revolucionaria del luchador político. Sintetizando la experiencia de la
lucha del proletariado y de las masas trabajadoras en la época borrascosa de la
revolución, cuando la actividad, la iniciativa de las masas populares y su
papel creador en el proceso histórico se manifiestan con la mayor fuerza, Marx
enriqueció su teoría con nuevas conclusiones de suma importancia. Éstas se
refieren, principalmente, a dos problemas: a las relaciones entre el
proletariado y los campesinos y a la actitud del proletariado hacia el Estado.
insurrección proletaria de junio (1848), en particular, convencieron a Marx de
que la clase obrera no podría destruir el régimen burgués si las masas
campesinas no se levantaban contra la dominación del capital, si no se adherían
al proletariado, aceptándolo como su dirigente. Al poner de manifiesto la
naturaleza doble y contradictoria del campesino, como trabajador y como
propietario, Marx demostró que, comprendidos acertadamente, sus propios
intereses debían impulsar a los campesinos a la alianza con el proletariado
urbano. Los campesinos… encuentran su aliado y jefe natural en el
proletariado urbano, que tiene por misión derrocar el orden burgués. En su
carta a Engels del 16 de abril de 1856, Marx formuló como sigue esta
conclusión política, sumamente importante: Todo el problema, en
Alemania, dependerá de la posibilidad de respaldar la revolución proletaria con
una especie de segunda edición de la guerra campesina. Esta idea de Marx
fue desarrollada en la teoría leninista de la revolución socialista realizada
no por el proletariado aislado contra toda la burguesía, sino por el
proletariado erigido en la fuerza hegemónica y que tiene como aliados a los
elementos semiproletarios de la población, es decir, a los millones de seres de
las masas trabajadoras y explotadas.
1849 permitió a Marx desarrollar y concretar su teoría del Estado. Marx empleó
por primera vez la fórmula clásica de dictadura del proletariado en
su obra Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850. Como
demostró Marx, el socialismo científico, contrariamente a las distintas
variedades del socialismo burgués, pequeño-burgués y utópico, es la declaración
de la revolución permanente, de la dictadura de clase del proletariado como
punto necesario de transición para la supresión de las diferencias de clase en
general, para la supresión de todas las relaciones de producción en que éstas
descansan, para la supresión de todas las relaciones sociales que corresponden
a esas relaciones de producción, para la subversión de todas las ideas que
brotan de estas relaciones sociales. Al definir la actitud del proletariado
hacia el Estado, Marx decía en su obra El Dieciocho Brumario de Luis
Bonaparte que todas las revoluciones anteriores habían reforzado y
perfeccionado la vieja máquina estatal, convirtiendo este aparato
administrativo y militar en un arma, cada vez más potente, de represión contra
las masas oprimidas. La tarea de la revolución proletaria consiste en destruir,
demoler la vieja máquina estatal. Todas las revoluciones perfeccionaban
esta máquina, en vez de destrozarla. Lenin señalaba que esta
conclusión es lo principal, lo fundamental, en doctrina del marxismo sobre el
Estado.
La importancia que Marx concedía a su teoría sobre el
Estado, sobre la dictadura del proletariado, se aprecia en su carta a
Weydemeyer del 5 de marzo de 1852, en la que dice: Por lo que a mí se
refiere, no me cabe el mérito de haber descubierto la existencia de las clases
en la sociedad moderna ni la lucha entre ellas. Mucho antes que yo, algunos
historiadores burgueses habían expuesto ya el desarrollo histórico de esta
lucha de clases y algunos economistas burgueses la anatomía de éstas. Lo que yo
he aportado de nuevo ha sido la demostración de:
determinadas fases históricas del desarrollo de la producción:
— que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del
proletariado;
— que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la
abolición de las clases sociales.
trabajadoras en los años de la revolución proporcionó una rica experiencia que
permitió seguir impulsando la teoría revolucionaria del proletariado y los
fundamentos de la estrategia y táctica del partido proletario. Marx y Engels formularon
su teoría de que la insurrección es un arte, partiendo, concretamente, de las
enseñanzas de la insurrección de junio en París y de la insurrección de mayo de
1848 en el suroeste de Alemania.
revoluciones de 1848 y 1849, los fundadores del comunismo científico seguían
desplegando una intensa actividad para agrupar a los obreros de vanguardia,
para consolidar la Liga de los Comunistas. Esta organización dirigida por Marx
inquietaba cada vez más al Gobierno de Prusia. Para poner término a las
actividades de la Liga, la policía prusiana, en mayo de 1851 llevó a cabo
detenciones entre los obreros en algunas ciudades de Alemania y, basándose en
denuncias falsas y documentos torpemente fabricados, amañó un
proceso contra los comunistas en Colonia.
Marx dejó de lado todo su trabajo
para dedicarse a desenmascarar la falsificación de esos documentos y ayudar en
todo a sus camaradas acusados. Pero estos hombres habían sido ya condenados de
antemano, pues ellos representaban al indefenso proletariado revolucionario
ante un tribunal que defendía los intereses de las clases dominantes. En el
folleto Revelaciones sobre el proceso de los comunistas en Colonia,
Marx, puso al desnudo las sucias maquinaciones del Gobierno de Prusia, de su
policía y sus tribunales. Debido a la detención de varios miembros del Comité
Central de la Liga de los Comunistas, residentes en Colonia, quedaron rotos los
lazos que unían a Marx y a Engels con el continente, y, de hecho, la
Liga misma dejó de existir en Alemania. A propuesta de Marx, la Liga de los
Comunistas se declaró disuelta en noviembre de 1852.
Comunistas, formados por Marx y Engels, continuaron propagando la teoría
revolucionaria, educando a las masas obreras y preparándolas para futuros
combates revolucionarios.
revolucionarias
indisolublemente ligado a la práctica revolucionaria. Marx y Engels no
sólo enseñaban a las masas, sino que también aprendían de ellas. Contribuyeron
singularmente al auge del marxismo los períodos revolucionarios, los períodos
de desbordante y fecunda actividad histórica de las masas, los momentos
cruciales, los más importantes y decisivos en la historia de la sociedad.
con la revolución democrático-burguesa de febrero en Francia, que tuvo
repercusiones en otros países de Europa. Asustado por el incremento del movimiento
revolucionario, el Gobierno belga detuvo a Marx y lo expulsó del país. Marx se
trasladó entonces a París para participar allí en la lucha revolucionaria. A su
llegada a París, Marx facultado por los comités de Londres y Bruselas, procedió
a reorganizar el Comité Central de la Liga de los Comunistas, siendo elegido su
presidente. Formaron parte de éste, además de Marx y de Engels, K. Schapper, G.
Bauer, J. Moll y W. Wolff.
el poeta alemán Herwegh, que había formado en París una legión armada alemana
para invadir Alemania y llevar a este país, desde Francia, las llamas de la
revolución. Oponiéndose a esta aventura, a esta exportación de la
revolución, Marx exhortaba a los obreros, comprendidos los militantes de la
Liga de los Comunistas, a regresar individualmente a Alemania con el fin de
organizar allí a las masas para la lucha revolucionaria.
marzo de 1848 un documento de gran importancia: Reivindicaciones del
Partido Comunista en Alemania, aprobadas por el nuevo Comité Central de la
Liga y difundidas luego en todo el país. Este documento resumía las principales
tareas de la revolución en Alemania: la instauración de una república
democrática única; el establecimiento del sufragio universal; el armamento
general del pueblo; la abolición de todas las cargas feudales; la
nacionalización de las fincas de los príncipes y demás posesiones señoriales;
la nacionalización de las minas, ferrocarriles y demás medios de transporte; la
implantación del impuesto de utilidades progresivo; la separación de la Iglesia
del Estado, etc. La realización de la plataforma política de la Liga de los
Comunistas debía llevar a la eliminación del fraccionamiento político y
económico de Alemania, dividida en 38 Estados, grandes, pequeños y minúsculos,
a la supresión radical de todos los vestigios feudales, al triunfo de la
revolución democrático-burguesa y a la creación de condiciones más favorables
para la lucha del proletariado por el socialismo.
correligionarios más cercanos abandonaron París y se trasladaron a Alemania,
donde había estallado la revolución. Se quedaron en Colonia, centro de la
provincia del Rin, una de las regiones avanzadas de Alemania, donde había
bastantes obreros y cuya legislación vigente ofrecía mayores posibilidades para
la prensa, para realizar el plan de Marx: la edición de un gran diario
revolucionario.
realizaba una enérgica labor política de partido. Ya estando en París, él, por
mediación de los militantes de la Liga de los Comunistas residentes en
Maguncia, había dado los primeros pasos para centralizar las sociedades obreras
y agrupar al proletariado alemán en una organización política de masas. Después
de su llegada a Colonia, varios militantes de la Liga fueron enviados en
calidad de emisarios para que organizasen comunas de la Liga y sociedades
obreras legales. Sin embargo, la organización de comunas tropezó con enormes
dificultades. En Alemania, fraccionada políticamente y atrasada desde el punto
de vista económico, donde la gran industria estaba aún en embrión y predominaba
la artesanía, la clase obrera era todavía demasiado débil, no estaba organizada
y carecía del desarrollo político necesario. Debido a la falta de condiciones
favorables para formar en aquel período el partido obrero, los representantes
de vanguardia del proletariado, encabezados por Marx y Engels, para no
verse convertidos en una secta, únicamente podían actuar en política como ala
izquierda, proletaria, del partido democrático. Por eso, Marx y Engels consideraban
que en aquel período era admisible la colaboración de los comunistas con los
demócratas pequeño-burgueses en el seno de una sola organización, criticando,
no obstante, su inconsecuencia y sus constantes vacilaciones. Marx y Engels exigían
que los comunistas, como combatientes de vanguardia del campo democrático, no
olvidasen, ni por un instante, las tareas particulares del proletariado, para
el que la revolución democrático-burguesa no era sino una etapa imprescindible
de la lucha, y no la meta final. La bandera de la Nueva Gaceta Renana,
fundada por Marx y Engels, era la bandera de la democracia, pero de una
democracia que destacaba siempre, en cada caso concreto, su carácter
específicamente proletario. Ateniéndose a esta táctica, Marx recomendó a los
miembros de la Liga de los Comunistas y a las organizaciones obreras por ellos
dirigidas que ingresaran en las sociedades democráticas que iban surgiendo en
Alemania. El mismo Marx ingresó en la Sociedad Democrática de Colonia y fue
elegido miembro del Comité Provincial Provisional de las sociedades
democráticas de Renania y Westfalia. Simultáneamente, Marx orientaba a sus
partidarios a organizar sociedades obreras y educar políticamente al
proletariado, a crear las condiciones para la formación de un partido
proletario.
Gaceta Renana, con el subtítulo de órgano de la democracia.
Componían la redacción Carlos Marx (redactor-jefe), Federico Engels, H.
Bürgers, E. Dronke, G. Weerth, F. Wolff y W. Wolff. Mediante el periódico, Marx
y los demás miembros de la redacción dirigían políticamente las actividades de
los militantes de la Liga de los Comunistas, diseminados por toda Alemania.
Después de los sucesos de marzo en Alemania la pervivencia de la Liga como
organización secreta había perdido todo sentido. La Nueva Gaceta Renana no
tardó en hacerse muy popular no sólo en Alemania, sino también en el
extranjero. En sus páginas, Marx y Engels analizaban los
acontecimientos más importantes de los borrascosos años de 1848 y 1849 y daban
consignas de lucha, orientando a las masas al logro de los principales
objetivos de la revolución. El periódico defendía, con gran energía y valor sin
precedente, los intereses de las masas populares, que luchaban en las calles de
París y de Viena, en las ciudades y aldeas de Alemania y Francia, de Italia y
Hungría, de Bohemia y Polonia. La Nueva Gaceta Renana no sólo
se titulaba con perfecto derecho órgano de la democracia alemana, sino también
de la europea.
de la Nueva Gaceta Renana en Alemania consistía en luchar
infatigablemente para disipar las ilusiones muy difundirlas entre el pueblo, de
que la revolución había culminado con las batallas de marzo y lo único que
quedaba por hacer era gozar de sus frutos. El periódico explicaba cada día a
las masas que las luchas decisivas estaban por venir y fustigaba colérica y
apasionadamente la política traidora de la burguesía alemana, que después de
las jornadas de marzo había empuñado el timón del gobierno orientándose hacia
un entendimiento con la reacción feudal y absolutista de Prusia. Marx y Engels desenmascararon
la traición de la burguesía a los campesinos, al renunciar ésta a abolir sin
indemnización las cargas feudales, y su política de opresión de otros pueblos.
Todos los pueblos que se alzaban en defensa de una causa progresista,
democrática, encontraban en la Nueva Gaceta Renana su fiel más
ardiente defensora.
mordaz ironía el cretinismo parlamentario de los diputados de las asambleas
nacionales de Berlín y de Francfort, que, en vez de pasar a acciones
revolucionarias, audaces y decisivas, se entregaban a discusiones vacías.
efectivo y completo de la revolución era la implantación de la dictadura
revolucionaria del proletariado: Toda estructura provisional del Estado
después de la revolución exige una dictadura, una dictadura enérgica. Marx
exhortaba al pueblo a que ajustase las cuentas con severidad a los enemigos de
la revolución, que reagrupaban sus fuerzas con el fin de hacer girar hacia
atrás la rueda de la historia. Asignaba al proletariado un papel especialmente
importante en la lucha revolucionaria y laboraba para que la clase obrera de
Alemania se convirtiese en el destacamento más consecuente y decidido de todo
el campo democrático. Marx censuraba la posición sectaria, ultraizquierdista
por su forma y oportunista por su contenido, del socialista auténtico Andreas
Gottschalk, presidente de la Sociedad Obrera de Colonia, y la política
reformista, mezquina, de Stephan Born, dirigente de la Sociedad Obrera de
Berlín, y más tarde de la Fraternidad Obrera, porque, con su táctica errónea,
apartaban a los obreros de la lucha por el logro de los principales objetivos
de la revolución democrático-burguesa.
se manifestó con singular brillantez con motivo de la insurrección de junio de
1848 los obreros parisienses. Marx concedió una gran importancia histórica a
esta insurrección, viendo en ella la primera guerra civil entre el proletariado
y la burguesía. Glorificó el valor sin precedente de los insurrectos y
estigmatizó, lleno de indignación, la crueldad de la contrarrevolución
burguesa.
contrarrevolución levantó cabeza también en otros países de Europa, Marx
y Engels trabajaron enérgicamente para movilizar a las masas. Marx tomó
parte activa en el Congreso provincial de las sociedades democráticas del Rin,
celebrado en Colonia en agosto de 1848. El Congreso confirmó unánimemente en
sus funciones al Comité provincial anteriormente elegido, uno de cuyos
dirigentes era Marx.
para establecer contacto con obreros avanzados y demócratas de izquierda, a fin
de impulsarlos a luchar contra las monarquías prusiana y austríaca. Marx se
proponía asimismo colectar dinero para la Nueva Gaceta Renana, a la
que, por haber salido en defensa de los insurrectos de junio, habían abandonado
los últimos accionistas. En Viena, Marx conferenció con los dirigentes de las
organizaciones democráticas y obreras de Austria. Además, participó en una
reunión de la Sociedad Democrática de Viena e hizo en la Sociedad Obrera dos
informes: uno sobre las relaciones sociales en la Europa Occidental y otro
sobre el trabajo asalariado y el capital.
la redacción, puso todo su empeño en organizar a las masas populares para que
pudieran rechazar las embestidas de la contrarrevolución. Ya antes de su
llegada, el 13 de septiembre de 1848, la Nueva Gaceta Renana convocó en la
Frankenplatz de Colonia una asamblea popular, en la que se eligió un Comité de
Seguridad, en el que entraron Marx y Engels. Entre los asistentes a la
asamblea se distribuyeron las Reivindicaciones del Partido Comunista en
Alemania. El 17 de septiembre se celebró en Woringen, cerca de Colonia, otra
asamblea de muchos miles de obreros y campesinos, convocada por la Nueva Gaceta
Renana y la Sociedad Obrera de Colonia. El 20 de septiembre, el Comité de
Seguridad de Colonia convocó una asamblea popular más con motivo del
levantamiento en Franckfort. El gobierno, preocupado por el impetuoso ascenso
del movimiento de las masas en Renania y por la enorme influencia que adquiría
la Nueva Gaceta Renana, concentró de antemano sus tropas en espera
de un pretexto para efectuar una sangrienta matanza. El 25 de septiembre fueron
detenidos, con fines de provocación, los más destacados dirigentes de los
obreros de Colonia. Apreciando con serenidad el momento, Marx y sus partidarios
lograron que la indignación de las masas no desembocara en una insurrección
prematura y aislada en la excelente fortaleza prusiana. Fracasada la
provocación, el Gobierno de Prusia declaró el 26 de septiembre el estado de guerra
en Colonia, desarmó y disolvió las milicias populares y suspendió varios
periódicos, empezando por la Nueva Gaceta Renana. Algunos miembros de la
redacción, y entre ellos Engels, tuvieron que abandonar la ciudad para
burlar a la policía, que tenía orden de detenerlos. Una amplia campaña de
protesta obligó al gobierno a levantar el 3 de octubre el estado de guerra. El
12 de octubre, la Nueva Gaceta Renana volvió a venderse en las
calles de Colonia. Marx tuvo que hacer grandes sacrificios materiales para
reanudar la publicación del periódico, invirtiendo en éste la herencia paterna
que acababa de recibir.
dedicar más tiempo a sus obligaciones de redactor. Consagraba también muchas
energías a la Sociedad Democrática y a la Sociedad Obrera. El Comité de la
Sociedad de Colonia, pidió a Marx que fuese su presidente, pues Moll, dirigente
de ésta, se había visto obligado a emigrar a Londres para evitar que le
detuviesen, y Schapper estaba en la cárcel. Al aceptar provisionalmente este cargo,
Marx, el 16 de octubre, pronunció un discurso en una reunión del Comité de la
Sociedad e informó a los obreros del desarrollo de la insurrección de Viena.
de 1848, demostró que la causa fundamental de la derrota de los insurrectos
había sido la traición de la burguesía. Denunciando los planes de la
contrarrevolución, Marx declaró que en Prusia se preparaba un golpe de Estado y
exhortó a las masas a emplear en la lucha contra la ofensiva de la
contrarrevolución los métodos más eficaces y decisivos.
el triunfo de la contrarrevolución en Viena, decidió dar un golpe de Estado. El
9 de noviembre, el rey de Prusia firmó un decreto en virtud del cual la
Asamblea Nacional trasladaba su sede de Berlín a la pequeña ciudad provinciana
de Brandenburgo. Se veía claramente que preparaba la disolución de la Asamblea.
Debido a ello, Marx hizo un llamamiento a los diputados de la Asamblea para que
detuvieran a los ministros y pidieran ayuda al pueblo y a los soldados.
lanzó el 11 de noviembre la consigna de negarse a pagar los impuestos. Esto
hubiera minado la base financiera de la contrarrevolución y movilizado a las
masas populares para una activa resistencia a las autoridades. El 14 de
noviembre, el Comité Democrático Provincial, dirigido por Marx, exhortó a todas
sus organizaciones de la provincia del Rin a incitar a la población a negarse a
pagar los impuestos. Bajo la presión de las masas, la Asamblea Nacional votó el
15 de noviembre un decreto, sancionando la negativa al pago de los impuestos,
que debía entrar en vigor a partir del 17 de noviembre. Con este motivo, el
Comité Regional hizo el 18 de noviembre un segundo llamamiento, en el que se
lanzaban nuevas consignas: resistir en todas partes y por todos los medios a la
recaudación de los impuestos, organizar milicias populares para rechazar al
enemigo, y formar comités de seguridad. Marx, que era el alma del movimiento en
la provincia del Rin, desarrolló una gran actividad a fin de movilizar a las
masas para la lucha contra la ofensiva de la contrarrevolución. Pero la
Asamblea Nacional, que era la única que podía centralizar los focos diseminados
del movimiento, decidió limitarse a una resistencia pasiva, legal. Valiéndose
de ello, la contrarrevolución consumó el golpe de Estado, dando el 5 de
diciembre, el decreto de disolución de la Asamblea Nacional.
diciembre de 1848, Marx hizo un análisis de las enseñanzas de la revolución de
marzo en Alemania y denunció la cobardía y la traición de la burguesía alemana.
Marx cifraba sus mayores esperanzas en el proletariado francés, que con su
revolución triunfante impulsaría de nuevo a la revolución en Europa. Marx veía
un peligro para la revolución europea no sólo en la Rusia zarista -entonces
principal baluarte de la reacción europea-, sino también en la Inglaterra
aristocrático-burguesa. Marx se equivocaba al pensar que en Francia se
avecinaba la revolución proletaria y exagerar la decrepitud del
capitalismo. Pero semejantes errores de los gigantes del pensamiento
revolucionario -escribió Lenin, refiriéndose a Marx y Engels- que
trataban de elevar y supieron elevar al proletariado del mundo entero por
encima de las tareas pequeñas, habituales, mezquinas, son mil veces más nobles,
más sublimes e históricamente más valiosos y veraces que la vil sabiduría del
liberalismo oficial.
prusiana redoblaba las persecuciones contra Marx y la Nueva Gaceta
Renana. Marx y Engels, que acababan de regresar de Suiza, tuvieron que
comparecer el 7 de febrero de 1849 ante un tribunal, acusados de injurias
a las autoridades. Al día siguiente, Marx volvió a comparecer ante el
tribunal. Esta vez se le acusaba, al igual que a otros dirigentes del Comité
Democrático de la provincia del Rin, de haber exhortado al pueblo a que no
pagase los impuestos y de incitar a la rebelión. Lo mismo que el
día anterior, Marx no apareció ante el tribunal como acusado, sino como
acusador. El tribunal se vio obligado a emitir fallos absolutorios en los dos
procesos.
contrarrevolución, la Nueva Gaceta Renana ponía cada vez más
de manifiesto su carácter verdaderamente proletario. A principios de abril,
Marx empezó a publicar en ella su obra Trabajo asalariado y capital. En esta
obra, uno de sus primeros trabajos de economía, investigó Marx las relaciones
económicas que constituyen la base material de la lucha de clase del
proletariado y de las masas trabajadoras en la sociedad capitalista y mostró
con gran nitidez la explotación capitalista y la depauperación absoluta y
relativa de la clase obrera bajo el capitalismo, conjugando magistralmente el
riguroso análisis científico de los complejos problemas de la Economía política
con una sencilla exposición, perfectamente comprensible para los obreros.
el aumento de la conciencia política de las masas obreras, en la primavera de
1849 cambió también la táctica de Marx y Engels. La experiencia política
adquirida por las masas obreras en las luchas revolucionarias y el hecho de que
los obreros avanzados se hubiesen apartado de la democracia pequeño-burguesa,
que se había desenmascarado a sí misma, y sus anhelos de unirse en escala
nacional, puestos de relieve en muchos congresos de las sociedades obreras de
distintas regiones de Alemania, permitían ya plantear prácticamente la tarea de
constituir una organización independiente del proletariado. A mediados de abril
de 1849, Marx y Engels, lo mismo que la Sociedad Obrera de Colonia,
dirigida por ellos, se salieron de la Sociedad Democrática, rompiendo
orgánicamente con la democracia pequeño-burguesa, para adherirse a la
organización nacional de los obreros, que se estaba formando, y convertirla en
un partido político, cuyo núcleo debían ser los comunistas. En la preparación
ideológica para crear ese partido desempeñó un gran papel la obra Trabajo
asalariado y capital, publicada en la Nueva Gaceta Renana. Carlos Marx y sus partidarios
procedieron a reforzar los vínculos que les unían con los miembros de la Liga
de los Comunistas dispersos por toda Alemania. A este fin, Marx hizo un viaje
por las ciudades de Westfalia y del Noroeste de Alemania, enviando emisarios al
Centro y al Este del país.
batallas entre las fuerzas de la revolución y las de la contrarrevolución. La
insurrección, en cuyas banderas estaba inscrita la consigna de defensa de la
constitución del Imperio aprobada por la Asamblea de Fráncfort, había estallado
a principios de mayo en Dresden, en varias ciudades de Renania y Westfalia, así
como en el Palatinado y Baden. Para ayudar a las masas populares alzadas en
armas, Marx y Engels trazaron un plan orientado a extender todavía
más la insurrección, a centralizar la dirección de la misma y a desplegar las
acciones revolucionarias con audacia y rapidez. Este plan tomaba en
consideración la perspectiva general de la lucha revolucionaria en Europa, el
nuevo ascenso de la revolución en Francia e Italia y la guerra revolucionaria
en Hungría. Sin embargo, los demócratas pequeño-burgueses que encabezaban la
insurrección demostraron una vez más que eran incapaces de acciones
revolucionarias decididas. Su cobardía y constantes vacilaciones permitieron a
las tropas prusianas aplastar, uno por uno, todos los focos de la insurrección.
en Renania, la contrarrevolución, envalentonada, se ensañó con la Nueva
Gaceta Renana. Pretextando que Marx había renunciado a la ciudadanía
prusiana en 1845, y, a su regreso a Alemania, en 1848 le había sido denegada la
petición de que se le reintegrara ésta, el Gobierno prusiano ordenó que fuese
deportado del país como extranjero, por haber infringido el
derecho de hospitalidad. Contra los demás miembros de la redacción fueron
incoados inicuos procesos. De hecho, eso era el fin de la Nueva Gaceta
Renana. El último número del periódico, correspondiente al 19 de mayo de
1849, apareció impreso en tinta roja. En él se publicó un mensaje de despedida
de la redacción A los obreros de Colonia. El mensaje terminaba así: Los
redactores de la Nueva Gaceta Renana se despiden de vosotros dándoos
las gracias por la simpatía que les habéis demostrado. Su última palabra será
siempre y en todas partes ésta: ¡Emancipación de la clase obrera!
Palatinado, Carlos Marx, que esperaba un nuevo ascenso de la revolución en
Francia, se trasladó a París. En el Palatinado, Engels se alistó en
el destacamento voluntario de Willich y tomó parte en cuatro batallas contra
las fuerzas de la contrarrevolución.
demócratas franceses y las asociaciones obreras. Cuando fracasó el levantamiento
de los demócratas pequeño-burgueses el 13 de junio de 1849, el Gobierno francés
expulsó de París a Marx, quien, el 24 de agosto, se trasladó a Londres, adonde
poco después llegaban Engels y otros miembros del Comité Central de
la Liga. Así empezó el período londinense de la emigración de Marx que duró
hasta el fin de sus días.
particularidades de una época histórica, en que el carácter revolucionario de
la burguesía moría ya en Europa, mientras que el proletariado no estaba aún
maduro para tomar las riendas de la lucha.
el genio de Marx, su gran energía, su indomable voluntad, su abnegación y
apasionamiento de luchador revolucionario por la causa del proletariado, por
los intereses de todos los trabajadores y todos los oprimidos. Era la primera
vez en la historia que un dirigente revolucionario asentaba su política sobre
una base científica. Las revoluciones de 1848-1849 no sólo fueron la primera
prueba histórica del marxismo, sino también un potente manantial para su
desarrollo y enriquecimiento ulteriores.

Muchos historiadores no han reparado en el trabajo de organización de Marx, al cual presentan como un pensador de gabinete. No han captado el papel de Marx en cuanto organizador y, por tanto, no han examinado una de las facetas más interesantes de su fisonomía. Si no se conoce el papel que Marx desempeñó como inspirador del trabajo de organización de 1846 y 1847, es imposible comprender el que tuvo luego como organizador en 1848 y durante la época de la I Internacional.Al no tener su propio órgano, Marx y sus amigos, se esforzaban en llenar como les fuera posible esta laguna por medio de circulares impresas y litografiadas. Al mismo tiempo, intentaron asegurarse corresponsales regulares en los grandes centros donde vivían los comunistas. Existían oficinas de este tipo en Bruselas y Londres, y se proponían establecer una en París. Marx escribió a Proudhon pidiéndole su colaboración.
Durante el verano de 1847, el congreso se reunió en Londres. Marx no asistió. El representante por Bruselas fue Guillermo Wolf y Engels representó a los comunistas parisienses. Los delegados eran poco numerosos, pero nadie se inmutó por ello. El congreso acordó reorganizar la Liga, que pasó a llamarse Liga de los Comunistas. La vieja consigna ¡Todos los hombres son hermanos! fue sustituida, a propuesta de Marx y Engels, por la de ¡Proletarios de todos los países, uníos! A partir de entonces, esta consigna, expresión del principio del internacionalismo proletario, es un llamamiento de combate de los proletarios en su lucha contra la esclavitud capitalista. Adoptaron unos estatutos, redactados por Engels, cuyo primer punto formulaba clara y netamente la idea esencial del comunismo: El objetivo de la Liga es el derrocamiento de la burguesía, el dominio del proletariado, la supresión de la antigua sociedad burguesa, basada en el antagonismo de clase, y la fundación de una nueva sociedad sin clases ni propiedad individual.



La Ideología Alemana también critica la teoría pequeño-burguesa, reaccionaria y utópica conocida bajo el nombre de socialismo auténtico. La obra constituye una importante etapa en la formación de los fundamentos filosóficos del comunismo científico, o sea, del materialismo dialéctico y del materialismo histórico. Este descubrimiento genial, la mayor conquista del pensamiento humano, hizo por vez primera de la filosofía una ciencia que reflejaba fielmente las leyes objetivas del desarrollo de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento humano. La única filosofía auténticamente científica, la filosofía marxista, es un arma no sólo para conocer el mundo, sino también para transformarlo.
Lo que más hería mi orgullo era la descortesía de este muchacho respecto a mi persona durante la conversación. No se había quitado el sombrero, y mientras yo permanecía de pie, él estaba sentado en un banco, con su rodilla derecha a la altura del mentón; con la mano libre no dejaba de frotarse la rodilla. Primeramente tomé esta postura irrespetuosa por una costumbre contraída durante el ejercicio de su oficio de sastre, pero pronto me desengañó. Cuando le pregunté por qué no dejaba de rascarse la rodilla, me respondió con todo indiferente, como si se tratara de la cosa más corriente, que, en las diferentes prisiones alemanas donde había estado, le tenían encadenado; pero como la anilla de hierro que le rodeaba la rodilla era a menudo demasiado estrecha, le había quedado una picazón que le hacía rascarse la rodilla… Confieso que retrocedí algunos pasos cuando este sastre, con su repugnante familiaridad, me narró estas historias sobre cadenas de prisiones… ¡Extrañas contradicciones en el corazón humano! Yo, que, un día, besé en Munster respetuosamente las reliquias del sastre Jean de Leyde, las cadenas que llevó, las tenazas con que le torturaron, yo que me entusiasmé por un sastre muerto, sentía una repulsión invencible hacia este sastre vivo, hacia este hombre que, sin embargo, era un apóstol y un mártir de la misma causa por la cual había sufrido el glorioso Jean de Leyde.
¿Qué obra sobre el tema de su emancipación política podría oponer la burguesía (alemana), comprendidos sus filósofos y sus publicistas, a la obra de Weitling:
¿Las garantías de la armonía y de la libertad? Que se compare la seca mediocridad y el abotargamiento de la literatura política alemana a este brillante comienzo de los obreros alemanes, que se comparen estas botas de siete leguas del proletariado naciente con los zapatos de la burguesía, y descubrirán en el doliente proletariado al futuro atleta de estatura gigantesca.
Juan, desde Puerto III. Puerto Santa María, a 12-2012
La herencia de Carrillo
Hace unos meses murió Santiago Carrillo, ex-Secretario General del PCE. Lo primero que hay que decir es que los elogios y homenajes que recibió de los políticos y próceres del arco constitucional español fueron muy merecidos, dados sus amplios servicios prestados para la institucionalización y legitimación del fascismo sin Franco. Recordemos algunos de estos méritos:
-Socialista de crianza y raigambre (su padre, Wenceslao, fue uno de los dirigentes del PSOE que traicionaron la República entregando Madrid a Franco), tras la formación de las Juventudes Socialistas Unificadas Carrillo pasó a endosarse el honroso título de “comunista”. Nunca llegó a serlo. Tras la guerra y en el exilio, se encaramó a la dirección del PCE y desde allí fue borrando sus señas de identidad comunista en cuanto a funcionamiento, línea política y espíritu combativo, sustituyéndolas por el compadreo, el ordeno y mando, la supeditación a la burguesía, el pacifismo, la reconciliación, etc.
-Liquidó de mala manera la guerrilla popular de posguerra, dejando tirados a no pocos guerrilleros sin la menor explicación política coherente y, sobre todo, sin ofrecerles una línea alternativa para poder proseguir la lucha y la resistencia contra un régimen de miseria, terror y opresión, más allá de la participación en las instituciones fascistas y la preparación de una difusa huelga general.
-Acabó físicamente con numerosos cuadros del PCE, desafectos con la deriva socialdemócrata que imprimía al Partido, por la vía de enviarlos al interior y denunciarlos a la policía y guardia civil.
-Carrillo fue, junto con falangistas notorios como Dionisio Ridruejo, un adelantado en predicar la “reconciliación nacional” con los verdugos y explotadores. Siguiendo esta línea “reconciliadora”, preconizó la alianza y supeditación de la clase obrera a sectores supuestamente “democráticos” del propio régimen fascista, así como con banqueros, empresarios, la iglesia, etc. Todo ello en aras de la “unidad nacional” frente al “franquismo” (a estas alturas, el PCE ya no hablaba de fascismo) y a una no menos falsa “revolución burguesa” pendiente en una España ya plenamente industrializada.
-Toda esta trayectoria de renuncia a la lucha revolucionaria cristalizó en su apoyo incondicional a la farsa de la “reforma” y a la monarquía durante la llamada “transición democrática”, en lo que constituye todo un ejemplo de posibilismo, entreguismo y oportunismo político. La República, la violencia popular frente al fascismo, la revolución socialista, el derecho de autodeterminación, la depuración de cuerpos represivos, la memoria histórica, etc. quedaron atrás, amortajados en la bandera rojigualda; se dio la circunstancia chusca de que el programa del PSOE en la famosa “Transición” llegó a ser más radical que el del propio PCE.
-La culminación de este proceso llegó en la bufonada de la detención pactada de Carrillo y su Comité Central y con la farsa de la legalización del PCE a punto para participar en las primeras elecciones del fascismo coronado. He ahí el premio a su entreguismo: un puesto en las nuevas instituciones supuestamente democráticas donde, a decir del ya degenerado PCE, se podrían resolver “pacíficamente” todos los graves problemas que padecían los trabajadores; unos trabajadores, por cierto, que protagonizaban en esos momentos una efervescencia de huelgas y movilizaciones desconocidas desde la II República y recibiendo, por ello, los tiros y palos de las F.O.P. y los paramilitares.
Seguro que me dejo más “méritos” de Carrillo en el tintero. Baste decir como conclusión que el PCE y el propio Carrillo recibieron una justa, aunque insuficiente, respuesta por parte de los obreros, los jóvenes y demás trabajadores: su “éxito” electoral apenas resistió una legislatura, iniciando un declive institucional que le condujo al cadáver político que es hoy día, diluido en I.U., convertida ésta, a su vez, en la izquierda del PSOE.
El propio Carrillo, al final de su vida, volvió al regazo del PSOE que le vio nacer… un camino, por cierto, similar al de la mayoría de los “polis-milis” en Euskal Herria… Políticas semejantes, destinos semejantes.
Diciembre 2012
Juan García Martín
morir combatiendo
Marx decide dejar Alemania, donde las perspectivas son cada
vez más precarias por el propio atraso social del país y por haber agotado los
recursos que intelectualmente el hegelianismo le podía proporcionar. En la
carta de septiembre a Ruge, Marx confiesa que le es cada vez más difícil
respirar en Alemania y piensa irse a Francia, el país de la revolución, en
donde el pensamiento socialista y comunista se desarrollaba profusamente en
todas direcciones.
Marx había perfilado. Cuando Marx se trasladó a París, Ruge le había expresado
su desánimo tras su experiencia con la censura prusiana y la falta de
perspectivas revolucionarias en Alemania. La penúltima carta de Marx a Ruge,
escrita en Colonia en mayo de 1843, está dedicada en parte a levantar el
abatido estado de ánimo de Ruge y da una idea del optimismo de Marx.
entonces una ciudad que se debatía entre dos clases sociales, la burguesía y el
proletariado, y entre dos revoluciones, la de 1830 y la de 1848. Tras la
derrota de Napoleón en 1815 había regresado a Francia la reacción Borbónica.
Sólo duró 15 años, hasta que la revolución de julio cambió la dinastía de los
Borbones a los Orleans cuyo jefe, Luis Felipe, era un representante de la
burguesía: su preocupación por la economía era la admiración de los pequeños
comerciantes parisinos.
burguesía, dirigió todas sus fuerzas contra la clase obrera, donde ya se
manifiesta, aunque insuficientemente, una tendencia a la organización
independiente. Después de la revolución fue la época de auge de las sociedades
secretas, compuestas principalmente de estudiantes e intelectuales; los obreros
son únicamente la excepción.
insurrecciones obreras que estallaron en Lyon en 1831 y 1834. Durante muchos
días los obreros tuvieron la ciudad en sus manos pero no plantearon ninguna
reivindicación política. Sobre su bandera inscriben su lema: Vivir
trabajando o morir combatiendo. Se impuso la última opción: fueron vencidos
y sometidos a terribles represalias.
revolución de 1830 que había actuado principalmente sobre los elementos
pequeño-burgueses democráticos. Pero la doble insurrección lionesa manifestó
por vez primera la importancia revolucionaria de la clase obrera.
Inglaterra), entra en escena una nueva fuerza que comienza a organizarse. Pero
a diferencia de Inglaterra, en Francia los obreros y artesanos no se podían
asociar. Por eso en Francia, y especialmente en París, nacieron muchas
sociedades secretas en las que los obreros acordaban luchar unidos contra la
sociedad burguesa. El representante más genuino de este movimiento es Augusto
Blanqui, quien empieza a organizar comités revolucionarias entre los obreros de
París, en los que participan revolucionarios perseguidos de otros países,
especialmente alemanes.
el más importante de los cuales fue la insurrección polaca del año siguiente.
Cada intento revolucionario inundaba París de refugiados, que acudían allí como
otros a La Meca. Con todos ellos los blanquistas formaban grupos de
conspiradores clandestinos para apoderarse del poder mediante un golpe de mano
audaz. En mayo de 1839 desencadenaron en París un intento de insurrección que
fracasó. Entre los conspiradores está el alemán Carlos Schapper quien, junto
con otros, tiene que huir Francia a Londres, donde organiza una sociedad de
educación obrera.
era la Liga de los Proscritos, compuesta por revolucionarios alemanes
refugiados. En parís tuvieron una escisión y una parte de sus miembros, dirigidos
por Schuster, fundó la Liga de los Justos, que subsistió durante tres años, y
cuyos miembros, entre ellos Schapper, participaron en la insurrección de
Blanqui y, al igual que los blanquistas, fueron detenidos y encarcelados. Tras
su liberación, Schapper y sus camaradas se dirigieron a Londres, donde crearon
una sociedad de educación obrera.
conoció en París pero sí conoció a otros como él, revolucionarios ya curtidos
en numerosas luchas por toda Europa. Visitaba a menudo los suburbios donde
vivían los obreros y refugiados políticos cuyos elementos más avanzados se
reunían en las trastiendas de muchos pequeños cafés y tabernas de las torcidas
callejuelas de París para analizar las experiencias pasadas y extraer las
lecciones correspondientes. Todos estos contactos enriquecieron su experiencia
política. Luego esta sociedad pasó a llamarse Liga de los Justos y Marx entró
en contacto con sus dirigentes, así como con los dirigentes de la mayoría de las
sociedades obreras secretas de Francia. Sin embargo, no ingresó en ninguna de
ellas. También trabó conocimiento con los socialistas utópicos franceses Etiénne
Cabet, Pierre Leroux, Luis Blanc y Pedro José Proudhon. Además se hizo amigo
del poeta alemán Enrique Heine y se entrevistó con el ruso Miguel Bakunin,
iniciándose entre ambos una relación de amistad.
juntos en París diez días, muy pocos pero los suficientes para apercibirse de
que habían llegado a las mismas conclusiones. Mientras estuvo en Inglaterra,
mantuvo con él correspondencia. Fue entonces cuando empezó su fecunda amistad y
colaboración, sin precedentes en la historia. Como escribió luego Lenin: Las
leyendas de la antigüedad nos muestran diversos ejemplos de emocionante
amistad. El proletariado europeo tiene derecho a decir que su ciencia fue
creada por dos sabios y luchadores cuyas relaciones superan a las más
emocionantes leyendas antiguas sobre la amistad entre los hombres. En la
lucha por la revolución proletaria, Marx encontró en Federico Engels un
fiel camarada. El artículo Apuntes acerca de la crítica de la Economía
política, enviado por Engels y publicado en los Anales
franco-alemanes, incrementó el interés de Marx por los problemas de la
economía política.

economía política y por eso analizaba con espíritu crítico obras de los
clásicos burgueses de aquella disciplina, especialmente Adam Smith y David
Ricardo. Los resultados más importantes del trabajo hecho por Marx en aquel
período los conocemos como los Manuscritos filosófico-económicos redactados
en el otoño de 1844, que no fueron publicados hasta 1932 en la Unión Soviética.
Muchos de los primeros escritos de Marx no fueron conocidos por los propios
marxistas, Lenin incluido, durante un largo periodo del movimiento
obrero y luego la burguesía ha pretendido tergiversarlos. Después de la II
Guerra Mundial, en plena guerra fría, toda una legión de estafadores
ideológicos de las más variadas y peregrinas corrientes filosóficas, bajo una
apariencia de progresismo, se dedicó a enfrentar a Marx consigo mismo, a buscar
contradicciones entre el joven y el viejo Marx, que era una forma de enfrentar
a Marx con Engels y, finalmente, a Marx con Lenin, que era el
objetivo final: la Revolución de Octubre no tenía relación con Marx y
el marxismo. En los Manuscritos socialdemócratas y
revisionistas creyeron haber encontrado un verdadero filón. Sólo había que
retorcer un poco el marxismo y, sobre todo, desconectarlo de otros escritos
suyos de la misma época, para acercarlo al reformismo y la charlatanería más
vulgar.
la introducción que redactó Rubio Llorente, en un tiempo presidente del
Tribunal Constitucional español, para presentar su traducción al castellano (1).
Como buen picapleitos mentiroso, Rubio Llorente asegura que los comunistas o
bien ignoramos, o bien atacamos los Manuscritos de Marx,
especialmente los bolcheviques soviéticos, que fueron quienes los sacaron del
olvido en que los habían mantenido -precisamente- la socialdemocracia. Como
escribió Rubinstein, al ser la única obra de Marx que trata de temas
sicológicos, los Manuscritos desde hace mucho tiempo fueron
estudiados a fondo en la Unión Soviética, destacando un artículo suyo de 1934,
dos años después de su publicación (2).
sobre El Joven Hegel trató de establecer la continuidad entre
Hegel y Marx basándose precisamente en la lectura que llevó a cabo en Moscú de
los Manuscritos en 1930, dos años antes de que su publicaran.
Por tanto, el interés por aquella obra de Marx ni empieza ni es tampoco
exclusiva de los países occidentales.
poniendo en claro toda una serie de rasgos peculiares de la explotación
capitalista. Fustiga el comunismo primitivo, burdamente igualitarista y examina
desde un punto de vista crítico la dialéctica de Hegel y la filosofía hegeliana
en general. Aún se advierte la influencia de Feuerbach, e incluso Marx utiliza
un lenguaje religioso. La resurrección del hombre, dice, es al mismo tiempo la
resurrección de la naturaleza; si el hombre se hace consciente de sí mismo a
través del proletariado, entonces la naturaleza se hace consciente de sí misma
a través del hombre. Esto es interesante ponerlo de manifiesto porque para
enfrentar a Marx con Engels, la burguesía (Schmidt, Colleti) ha tratado de
hacernos creer que la dialéctica de la naturaleza no existía en el pensamiento
de Marx, y mucho menos en su pensamiento juvenil. Pero no se trata sólo de que
Marx también tenga en cuenta a la naturaleza sino de que, a diferencia de la
burguesía (Kojève, Sartre) no la separa del espíritu. La aportación
de Marx y Engels versa sobre todo acerca de la historia y de la
sociedad, pero ni se puede reducir a un humanismo abstracto ni se puede olvidar
su conexión con la naturaleza.
Fourier, Henri Saint-Simon, Roberto Owen y otros destacados socialistas
utópicos que había iniciado ya en Alemania. Aunque los utopistas sometieron a
la sociedad capitalista a una dura crítica, no pudieron descubrir las leyes de
su desarrollo ni encontrar la fuerza social capaz de crear una nueva sociedad.
Marx también consagró mucho tiempo al estudio de la revolución burguesa que
tuvo lugar en Francia en las postrimerías del siglo XVIII y, particularmente,
al estudio de la historia de la Convención.
franceses y el estudio crítico de la economía política burguesa y las obras de
los socialistas utópicos contribuyeron a que Marx pasase definitivamente del
idealismo al materialismo y de la democracia revolucionaria al comunismo.
un proyecto político muy meditado y definido, publicar los Anales
franco-alemanes, una revista cuyo título lo dice todo: fundir la dialéctica
hegeliana con el materialismo francés, la profundidad filosófica alemana con la
práctica política revolucionaria de los franceses. Así como la filosofía encuentra
en el proletariado las armas materiales, el proletariado encuentra en la
filosofía las armas intelectuales de su liberación. El proyecto de los Anales
franco-alemanes, pues, no era continuar una revista que a causa de la
censura no se podía publicar en Prusia, sino algo bien diferente. Tampoco es un
proyecto intelectual, sino político: lograr la colaboración de los utopistas
franceses. Marx había puesto muchas esperanzas en este proyecto que debía
tender lazos estrechos entre los revolucionarios franceses y alemanes. Entre
agosto y setiembre de 1843 Marx redactó un breve proyecto de programa para
orientar de la publicación como expresión de una acción organizada. Por tanto,
la preocupación de Marx era militante. Esta dimensión de la obra juvenil de Marx
-el compromiso con una causa y la necesidad de construir una organización
revolucionaria- es uno de los aspectos más ignorados de Marx.
París en febrero de 1844 pero ningún colaborador francés respondió a los
llamamientos y todas las contribuciones vendrían de los alemanes. Al criticar
al hegeliano de izquierda Bruno Bauer por sus conceptos idealistas en la
cuestión nacional, Marx, en el artículo Sobre la cuestión judía, formuló por
vez primera, aunque todavía de una manera abstracta, su tesis sobre la
diferencia esencial entre la revolución burguesa y la revolución socialista.
Cuando en estos primeros escritos Marx habla de una nueva era, hay
que tener en cuenta que en Alemania y en una gran parte de Europa, eso
significaba derrumbe del feudalismo y victoria de la república democrática.
Pero, a diferencia de la burguesía liberal, Marx va más allá de la lucha por la
abolición de las trabas feudales y de las restricciones de los derechos civiles
de los judíos, cuya abolición consideraba un paso adelante, contrariamente a
Bruno Bauer. Marx muestra los límites inherentes a la propia noción de derechos
civiles que no significan otra cosa que los derechos del ciudadano atomizado en
una sociedad de individuos en competencia. Para Marx, la emancipación política
-en otras palabras la revolución burguesa que estaba todavía por realizarse en
una Alemania atrasada– no debía ser confundida con la emancipación social
auténtica que permitiría a la humanidad liberarse de la dominación de poderes
políticos ajenos así como de la tiranía del intercambio. Esto implicaba la
superación de la separación entre el individuo y la sociedad. Marx no se
refería sólo a una lucha puramente transitoria hacia una república burguesa,
sino a una lucha que debía proseguir hacia una sociedad liberada de la
explotación capitalista. El compromiso de Marx y Engels con el comunismo
implicaba, desde el principio, la tendencia a conjugar revolución burguesa y
revolución proletaria y pensaban que ésta vendría rápidamente tras aquélla.
Esto queda claro porque Marx ve al proletariado como el sujeto del cambio
revolucionario incluso en una Alemania atrasada y más claro todavía en el Manifiesto
Comunista y en su teoría de la revolución permanente elaborada en la
estela de los levantamientos de 1848. Él habría de reconocer más tarde que la
lucha inmediata por tal mundo no estaba aún a la orden del día de la historia,
que la humanidad debía aún pasar por el calvario del capitalismo para que las
bases materiales de la nueva sociedad quedaran establecidas, pero jamás se
desvió de su inspiración inicial. No utilizó el término comunismo, pero las
implicaciones de su punto de vista son evidentes.
1974, pgs.7 a 42.
(2) El
desarrollo de la psicología. Principios y métodos, Grijalbo, Buenos Aires,
1974, pg.267.
Jenny von Westphalen, amiga suya desde la infancia, a la que se había prometido
siendo estudiante. Pasó el verano y el otoño de 1843 en Kreuznach, muy cerca de
Tréveris, donde inició la redacción de la Contribución a la crítica de
la filosofía del derecho de Hegel (2), publicada en los Anales
Franco-Alemanes (3) en 1844 y de la
que se conserva el manuscrito inconcluso.
en la misma época y publicada por el mismo medio, más que una crítica son una
autocrítica que Marx y Engels utilizarán a menudo como manera de jalonar
su propio avance ideológico ajustando las cuentas con su pasado a través de
todos aquellos cuya influencia les había servido para superarse a sí mismos. El
primero tenía que ser Hegel. Ambas obras expresan, por tanto, la ruptura con
Hegel y la adopción de posiciones claramente materialistas. Al mismo tiempo,
son obras que están bajo la influencia de Feuerbach, si bien en ellas Marx va
más allá de lo que Feuerbach había alcanzado: si éste había llevado el
materialismo a la filosofía de la naturaleza, Marx se propuso hacer lo mismo
con la sociedad, siempre bajo la forma de una crítica a las tesis de Hegel al
respecto porque él seguía siendo la referencia.
hegeliana sino los aspectos históricos y sociales de su pensamiento,
especialmente la religión, el derecho y el Estado. Habitualmente, al traducirse
literalmente, el título en castellano no resume bien el contenido de la obra.
Se trata de una crítica a lo que hoy se conoce como Estado de Derecho en
la forma que Hegel lo expone. Es, por tanto, una obra política más que
filosófica. Marx se encaminaba directamente a sentar los fundamentos del
materialismo histórico porque quería presentar un programa de lucha y de acción
revolucionaria. En una carta a Ruge, en alusión a Feuerbach, le dice
Marx: Hace demasiado hincapié en la naturaleza, sin preocuparse en los
debidos términos de la política. Sin esta alianza, la filosofía actual no
llegará a ser nunca una verdad. En consecuencia, bajo la expresión
tradicional de filosofía del derecho y otros se escondía la
política, los asuntos sociales.
especulativa, la crítica de la religión, que va más allá de las críticas
racionalistas de la burguesía ilustrada y demuestra que el poder de la religión
proviene de la existencia de un orden social que niega las necesidades humanas.
Al señalar la benéfica influencia de la crítica de la religión llevada a cabo
en Alemania, Marx indica que la misión de la filosofía avanzada consiste en
convertir la lucha contra la religión en lucha contra las condiciones objetivas
que la engendran, en convertir la crítica del cielo en crítica
de la tierra, la crítica de la religión en crítica del derecho y la
crítica de la teología en crítica de la política. Marx subrayaba que dicha
crítica debía ser efectiva y revolucionaria: Las armas de la crítica -decía
Marx- no pueden, claro está, sustituir a la crítica con las armas; una
fuerza material debe ser derribada por otra fuerza material. Pero también la
teoría se convierte en una fuerza material tan pronto como prende en las masas.
filosofía del Derecho hegeliana, Marx dijo posteriormente, en el prefacio a su trabajo
Contribución a la crítica de la Economía Política: Mi investigación
desembocaba en el resultado de que, tanto las relaciones jurídicas como las
formas de Estado no pueden comprenderse por sí mismas ni por la llamada
evolución general del espíritu humano, sino que radican, por el contrario, en
las condiciones materiales de vida cuyo conjunto resume Hegel, siguiendo el
precedente de los ingleses y franceses del siglo XVIII, bajo el nombre de
‘sociedad civil’, y que la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la
Economía política.
materialista los fenómenos sociales, sino que desarrolla la concepción
materialista del mundo que, antes de él, era mecanicista y metafísica.
Basándose en el materialismo, Marx afirma que una teoría no puede prender en
las masas más que cuando refleja sus necesidades cotidianas y sus intereses vitales.
dialéctica de Hegel, Marx procede a revisarla críticamente. El método
dialéctico de Hegel encerraba su médula racional: la idea de desarrollo. Hegel
consideraba los acontecimientos y los fenómenos en conexión e interdependencia,
sometidos a un ininterrumpido proceso de surgimiento, cambio y destrucción;
trataba de descubrir la base de ese desarrollo en la lucha de los contrarios.
El método dialéctico era un método progresista comparado con el método
metafísico, que consideraba el mundo como una aglomeración casual de objetos y
fenómenos sin ninguna relación recíproca, algo inmóvil e inmutable. Pero la
dialéctica de Hegel tenía un defecto: era idealista. Hegel estimaba que la base
del desarrollo de la naturaleza y la sociedad era el desarrollo del espíritu,
de la idea absoluta. Poniéndolo todo del revés, Hegel suplantaba el
desarrollo real por el autodesarrollo de la idea, y la dialéctica
de las cosas por la de las ideas.

Derecho de Hegel, Marx señaló por primera vez al proletariado como única
clase revolucionaria capaz de conseguir la emancipación social no sólo de sí
misma, sino de todas las clases de la sociedad. Además, por primera vez,
identifica al proletariado como el motor de la revolución y demuestra que es
una clase que, por su situación, puede y debe ser la portadora de la teoría
revolucionaria, de la filosofía avanzada: Del mismo modo que la
filosofía encuentra en el proletariado su arma material, así también el
proletariado encuentra en la filosofía su arma espiritual. ¿Dónde reside la
posibilidad real de la emancipación humana universal?, se pregunta Marx, y
contesta: En la formación de una clase atada por cadenas radicales, de
una clase de la sociedad civil que no es ya una clase de ella; de una clase que
es ya la disolución de todas las clases; de una esfera de la sociedad a la que
sus sufrimientos universales imprimen carácter universal y que no reclama para
sí ningún derecho especial, porque no es víctima de ningún desafuero especial,
sino del desafuero puro y simple; que ya no puede apelar a un título histórico,
sino simplemente al título humano; que no se halla en ninguna suerte de
contraposición unilateral con las consecuencias, sino en contraposición
omnilateral con las premisas mismas; de una esfera, por último, que no puede
emanciparse a sí misma, sin emanciparse de todas las demás esferas de la
sociedad y, al mismo tiempo, emanciparlas a todas ellas; que representa, en una
palabra, la pérdida total del género humano, por lo cual, sólo puede ganarse a
sí misma mediante la recuperación total del género humano. Esta disolución
total de la sociedad cifrada en una clase especial, es el proletariado.
emancipación de toda la humanidad: la clase obrera no se libera solamente de la
explotación; no se establece eternamente como clase dominante; actúa como
representante de todos los oprimidos. No se contenta con liberarse y liberar a
la humanidad del capitalismo, sino que debe permitir a la humanidad superar la
pesadilla que sobre ella hacen pesar todas las formas de explotación y de
opresión que han existido anteriormente. De ese modo formula Marx por primera
vez la idea de la misión histórica del proletariado. El pensamiento de servir a
la humanidad, expresado ya por él en la escuela, toma ahora un carácter
revolucionario más concreto y eficaz. Servir a la humanidad es servir al
proletariado, a la clase más avanzada, más consecuentemente revolucionaria. A
partir de entonces, Marx puso todas sus energías y toda la fuerza de su genio
al servicio del proletariado, cuya misión histórica es la de transformar el
mundo mediante la revolución.
y políticas existentes a una crítica implacable, Marx empezó por un problema
que se le había planteado ya cuando trabajaba en la Gaceta Renana:
el problema del Estado, de su relación e interdependencia con las condiciones
materiales de vida de la sociedad. Era imposible dar una respuesta a este
problema sin una previa revisión crítica de los conceptos idealistas de Hegel
sobre el Estado y el Derecho. Marx fue el primero en someter estos conceptos a
una crítica científica. El primer filósofo materialista que criticó a Hegel,
Ludwig Feuerbach, cuyos trabajos contra la filosofía idealista contribuyeron a
que Marx abrazase el materialismo, sólo era materialista en la interpretación
de los fenómenos de la naturaleza, pero seguía siendo idealista en la interpretación
de la historia, las relaciones sociales y la política. Aunque valoraba
altamente los méritos de Feuerbach, Marx señaló la limitación e inconsecuencia
de su materialismo. A diferencia de Feuerbach, Marx trataba de elaborar una
concepción materialista consecuente, que no sólo abarcara la naturaleza, sino
también la sociedad.
utópicos franceses, Marx miraba mucho más allá del ideal de un régimen político
democrático. Las acusaciones de algunos historiadores acerca de una supuesta
veneración de Marx hacia el Estado, hacia toda clase de Estado, procedente del
hegelianismo, no tienen fundamento. Aunque defendía el sufragio universal y la
república democrática como importantes conquistas políticas, Marx consideraba
al Estado –incluso al Estado burgués con su parlamento- como una institución
transitoria que expresaba la alienación de la sociedad humana. Defendía que el
sufragio universal y la democracia anunciaban la superación del Estado e
incluso de la sociedad capitalista: En el Estado político abstracto, la
reforma del derecho de voto es una disolución del Estado, pero también la
disolución de la sociedad civil. De forma embrionaria en 1843 perfilaba ya
el objetivo final que ha animado al movimiento comunista en toda su historia: la
desaparición del Estado.
de qué modo Marx se fue convirtiendo en el fundador del socialismo científico y
del materialismo moderno, más rico en contenido y más consecuente que todas las
formas anteriores del materialismo, relaborando la dialéctica hegeliana, con el
fin de unir el materialismo y la dialéctica en una concepción única, dinámica y
científica.
Ruge, escrita en septiembre de 1843, en la que Marx reitera que no se trata
simplemente de luchar por una nueva sociedad que sustituya al capitalismo, ni
tampoco de la emancipación de la clase obrera. Marx insiste en que estamos en
los inicios de un despertar de la especie humana. Como dijo Engels más tarde,
para el conjunto de la especie humana se trata de pasar del reino de la
necesidad al reino de la libertad, de liberar la totalidad de las
potencialidades que el hombre contiene en sí mismo y que se encuentran
amordazadas desde la prehistoria, debido, primero, al débil desarrollo de las
fuerzas productivas y de la civilización y, después, a la existencia de la
sociedad de clases.
publicada en castellano con notas de Rodolfo Mondolfo por la Editorial Nueva,
Buenos Aires, 2ª Edición, 1968.
(3) Los Anales Franco-Alemanes fueron
publicados en 1970 en Barcelona por el editor Martínez Roca.




