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Las FARC han capitulado ante un Estado que nunca cumplirá ninguno de los compromisos firmados

Isauro Yosa

El partido FARC observa pasivamente, desde la oscura zanja del incumplimiento estatal, cómo Rodrigo Londoño y su círculo: Lozada y Alape entre otros, entierran en una tumba sin nombre 50 años de lucha del pueblo colombiano y el legado de Jacobo, Manuel, Alfonso y miles más que entregaron su vida en la lucha contra la más bárbara oligarquía de Latinoamérica.

La constitución y la ley colombianas, es decir, la voluntad escrita de ésa oligarquía nacional, los manuales de buenos modales y de diplomacia, la corrección política y doctrinas del capitalismo con rostro humano son ahora las fuentes de pensamiento de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común. No ya el marxismo-leninismo, no el pensamiento bolivariano, ahora rige en este partido la biblia de la fraternidad y de la obediencia, el Acuerdo Final para Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera.

Del principio de crítica y autocrítica nada queda, no hay crítica contra el Estado y la oligarquía, como tampoco hay autocrítica respecto a lo que ya se sabe: el proceso de paz ha fracasado y fue un error entregar las armas sin que hubiese dado cumplimiento alguno del Acuerdo Final: 18% de implementación, falseamiento total a lo acordado en La Habana por la contraparte, 0.0 metros cuadrados de tierra para el campesinado y los exguerrilleros, más de 88 exrebeldes y sus familiares asesinados. ¿Qué pasará cuando a estos les deje de llegar el subsidio (menos de un mínimo) que solo cubre dos años del cual ya pasó uno?

El discurso de la reconciliación ha llegado a su límite, ha hastiado al movimiento social porque la reconciliación equivale a la conciliación. Sólo se puede construir un sujeto para la revolución creando antagonismos, no suavizándolos. La oligarquía con su Estado ha dejado claro que no tiene voluntad de ceder en nada y cuenta con plena determinación de revertir lo que está escrito. Duque no ha mostrado la más mínima intención de poner a andar la implementación y no tiene por qué hacerlo, pues no hay contraparte que lo obligue. Ha sido un proceso de paz mezquino, uno que consiste solo en la desmovilización de la guerrilla y ningún cambio real para los miserables de Colombia.

Resulta que el partido FARC es el ÚNICO partido de Colombia que se acoge plenamente a la ley de la burguesía nacional, no sólo de palabra sino también de hecho, ¡ley que ni esa burguesía cumple! Ello equivale al sometimiento absoluto de la organización a la voluntad de las clases dominantes en poder del Estado, a la sumisión del pensamiento. El partido no se piensa más allá de los límites institucionales. Cumple bien su mandato la línea hegemónica de la dirección del partido.

Cual señores feudales, rodeados del aura de la burocracia neoliberal, abrazados con la ONU, con exparamilitares y funcionarios del Estado, dirigentes del partido hicieron cumplir la voluntad de su majestad Juan Manuel Santos (ahora lo harán con Uribe 3): prohíben la protesta y la lucha de clases a sus propias bases bajo amenaza de represión estatal, censuran paros campesinos mientras hacen negocios con multinacionales en el sur del país, negocios que van en contra de los intereses de las poblaciones que durante décadas acogieron y protegieron a las FARC-EP. Recientemente hacen acuerdos electorales con el fascismo para tener un candidato único.

La fracción reformista de la dirigencia nacional del partido FARC, encabezada por sujetos que cada vez pierden mayor legitimidad interna y ganan más poder mediante su intermediación en los recursos para la reincorporación, recorre el país de foro en foro, legitimando unos acuerdos cuyo primer beneficiario de facto es el Estado y la burguesía internacional. Los excombatientes se mantienen en el partido no porque crean en él, sino porque los recursos de su reincorporación están atados a esa organización política y es ella la que nombra gente en el Consejo Nacional de Reincorporación (CNR). Cualquier opinión no autorizada puede significar quedar por fuera de la reincorporación.

Una mentira mil veces repetida se hace verdad, el credo del uribismo, hoy es usado por dirigencia hegemónica del partido FARC para engañar a su militancia. Se repite cual cántico en iglesia evangélica que las cifras de muertos y de violencia propia del conflicto armado se han reducido, de allí se deriva maliciosamente que el Acuerdo Final y su implementación es un éxito. Este argumento es falso, la única cifra de muertos que ha bajado significativamente es la de los militares estatales, considerando que van más de 88 ex guerrilleros asesinados.

Es falsa, además, porque no reconoce distinciones en el ejercicio de la violencia, asemeja la lucha popular al terrorismo de Estado y al paramilitarismo, con ello se oculta la naturaleza social y política del conflicto armado, su historia, desconociendo que hay dos grandes bloques o clases en confrontación que no son evidentemente iguales, por eso su ejercicio de la violencia tampoco es equiparable. La reducción de muertes producto del conflicto se muestra como distractor, su precio no se muestra, como no se muestra que esa violencia simplemente toma otra forma mucho más degradada, se oculta la entrega de las comunidades al terror paramilitar, la impunidad de los criminales de Estado, la aceptación de la versión oficial de la historia, los incumplimientos del Estado, etc.

El Dr. Londoño llama hoy arrepentidos a quienes mantenemos una postura crítica frente al acuerdo, habría que pedirle que cuide sus propias redes, pues en el canal de YouTube del partido de la rosa consta una conferencia de Jacobo Arenas en 1990, en que dice esto exactamente:

“Hay gente que viene al movimiento revolucionario y al año está cansada o considera que se equivocó de vehículo y entonces pide que lo releven de esa tarea, pide que le cambien de frente de trabajo o simplemente plantea que él quiere irse para su casa, donde su mamá y su papá, cosas de esas, y otros a los 5 años, y otros a los 10 y otros a los 20, y otros a los 25 aun cuando se percaten de que ese es un grave error, pero su condición de clase no les permite que prolonguen su vida en un proceso revolucionario que puede que asuma muchos años, porque ellos no se casan con el proceso revolucionario, no hacen el compromiso con el proceso, sino como que hacen el compromiso de llegar al poder y cuanto antes mejor”.

Los verdaderos revolucionarios no hacemos ese tipo de compromiso, los verdaderos revolucionarios hacemos el compromiso de vanguardiar las luchas de nuestra clase y las luchas de nuestro pueblo. Por eso los otros se cansan de la lucha y con relativa facilidad caen envueltos en la promesas del gobierno, que puede que los vuelvan gobierno y después los sacan a patadas cuando la oligarquía considere que ya no les son útiles. Si asume el gobierno un compromiso para cambiar el medio ambiente de la vida económica, de la vida social, de las expresiones culturales de la nación colombiana, y en ese entorno nuevo, en ese medio ambiente distinto, entonces encaramos el problema del movimiento armado.

Cuando hay plenas libertades democráticas, si para todo el mundo hay trabajo en Colombia y no hay hambre, miseria, desocupación, violencia, terror, hay educación para los hijos de todo el mundo por qué no desmovilizamos la guerrilla. Porque se ha cumplido la esencia del planteamiento que hicimos nosotros desde un principio Ese planteamiento no lo entendieron los que están hoy negociando con el gobierno y les dieron dádivas y además se cansaron de la lucha revolucionaria porque no tenían en su consciencia una elaboración ideológica de lo que significa el compromiso del revolucionario .

Son los arrepentidos a que se refería Jacobo Arenas, los que nunca construyeron una verdadera conciencia, los que hoy agachan la cabeza ante los medios, a los que les da penita lo que hicieron por 50 años. Nada le molesta hoy más a la dirigencia de la FARC que los llamen por su nombre de guerra, les molesta porque se avergüenzan de su historia. ¿Qué pensaría Jacobo Arenas al ver que se desmovilizó una guerrilla a cambio de nada, de unos puestos en el Gobierno?

Jesús Santrich ha mantenido una posición limpia, honesta frente a lo que hoy son unos acuerdos fallidos, tuvo el carácter para denunciar el incumplimiento deliberado y prevenir al ELN, fue el único capaz de observar con verdadero criterio objetivo los errores del proceso de paz y por eso está preso. A los hoy todopoderosos integrantes de la dirección nacional del partido FARC les incomodaba mucho una voz que hiciera ver lo evidente, por eso se hizo necesario deshacerse de él inmediatamente (útil sería la DEA), curiosamente fue el ciego el que más vio.

A Iván Márquez le espera el mismo destino, hoy lo pretenden reducido, según Sandra Ramírez sus opiniones son personales y no expresan el sentir de la mayoría de exguerrilleros, algo improbable para quien conoce el estado del partido. Lo que se sabe con certeza es que las posturas políticas de la dirección dominante del partido encarnan bien las preocupaciones de la oligarquía y el Estado colombiano. Algún día sabremos por qué Juan Manuel y Enrique Santos se sintieron más cómodos llevando a Timochenko a La Habana para agilizar el diálogo, al parecer con Iván Márquez como jefe negociador no les resultaba posible alcanzar sus fines.

El argumento de moda en el partido FARC es que ahora tenemos más aliados que los que teníamos en la guerra, vale la pena preguntarle doctor Londoño, ¿qué entiende por aliados y a quién considera como tales, a la ONU acaso, o a los empresarios que algo dan para la reincorporación? Pero más importante es preguntarle: ¿qué costo tienen esos aliados, acaso no es otro que el de renunciar a cualquier proyecto de cambio, renunciar a transformar el orden, serían igualmente aliados si la FARC hubiera tomado alguna acción política en ése sentido?

¿Ha parado la oligarquía de usar todas las formas de lucha contra el pueblo, se ha roto con la estigmatización y los medios de guerra propagandística para llegar a la batalla de ideas? Es una tesis cuestionable, cuando se siguen lanzando sobre la población por la contraparte mentiras nuevas y viejas que profundizan representaciones sociales negativas sobre las FARC, por ejemplo, la supuesta acumulación de tierras por la guerrilla, su condición de guerrilla millonaria o las fantasías sobre las violaciones masivas. Esa guerra mediática se encuentra casi intacta, no es posible afirmar que los acuerdos de paz hayan contribuido a democratizar la sociedad en este sentido.

Para evidenciar lo anterior es bueno tomar un ejemplo. Muchos exguerrilleros se han quejado del monumento hecho con sus armas por la artista Doris Salcedo, el monumento es brillante porque refleja la realidad de lo que fue el acuerdo: pisotear a las FARC-EP. La obra sirve como un piso para que la oligarquía, el lumpen de las ciudades y funcionarios de organismos internacionales vayan a tomarse fotos, celebren su victoria y tal vez dejen algún centavo para la implementación del proceso de paz. ¿Y las palabras oficiales del partido al respecto? Seguramente las de felicitación a la artista. Como prístino detalle, hubo un ritual de sanación por el cual las víctimas martillaron las láminas de metal que salieron de las armas fundidas de las FARC-EP, creyeron que martillaban las armas de sus victimarios, pero fueron las armas de las FARC-EP las únicas que se fundieron, como consecuencia lógica, la guerrilla es la victimaria en el conflicto y el Estado y los paramilitares las víctimas. Primero se pisotea una historia y luego se implanta otra a martillazos.

Por otro lado, nos enseña con sus reproches y llamados de atención el señor Londoño que de la noche a la mañana los exguerrilleros han tomado la decisión individual, libre y autónoma de volverse delincuentes, así, introduce la tesis útil a los intereses estatales de que el Acuerdo es excepcional en su letra e implementación, que no existen incumplimientos, que lo que hubo fue un generoso regalo de la oligarquía a la guerrilla, de modo que cualquiera que disienta de la realidad objetiva del Acuerdo Final se convierte, necesariamente, en un disidente narcotizado. Como los exguerrilleros disfrutan hoy de las mejores condiciones de vida posible, no tienen ningún motivo válido para retirarse del proceso en pro de sobrevivir a la pobreza.

Todo esto equivale a reemplazar el pensamiento histórico de las FARC-EP con el idealismo, liberal burgués: si según el máximo líder de la FARC, cada militante es responsable de su situación, pues su realidad es producto de su voluntad y no de la historia y la sociedad colombiana ¿qué diferencia hay entre esto y el pensamiento digno de cualquier centro de ideas neoliberales?

Se ha introducido la tesis de que existen trabas burocráticas a la implementación, según las cuales el partido de la rosa rosada se ha enredado ante su inexperiencia en los trámites estatales, de lo que se deduce que la implementación de los acuerdos tiene problemas técnicos, no políticos, haciendo creer que el Estado colombiano no tiene la capacidad de cumplir los acuerdos, pero que una vez se superen (por alguna razón mágica) las barreras administrativas, las mieles del acuerdo van a fluir a plenitud. Esta tesis sirve en esencia para ocultar una incómoda verdad: no existe tal cosa como una traba burocrática, existe la voluntad y las acciones concretas dirigidas tanto a no cumplir el acuerdo como reversarlo por parte del Estado.

Irónicamente, después de 50 años, no fue la oligarquía colombiana ni fueron los gringos los que acabaron con las FARC-EP, sino gente de adentro. Pero las mareas cambian y no se echa por tierra la dignidad de un pueblo y su legado tan impunemente. El pueblo colombiano es contradictorio, más sumiso que rebelde, pero como todos los pueblos tiene su punto de quiebre y allá hay que ir.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=252829

El ejército colombiano mata a un comandante disidente de las FARC cerca de la frontera con Ecuador

Walter Arizala, ‘Guacho’
El viernes el ejército colombiano mató a Walter Arizala, conocido por “Guacho”, un comandante disidente de las FARC en una operación cerca de la frontera con Ecuador. Arizala era miembro de la unidad Oliver Sinisterra, una facción de las FARC que no aceptó el acuerdo de claudicación de 2016.

El gobierno de Colombia desplegó más de 3.000 soldados para buscar a Guacho “vivo o muerto”. Tanto Colombia como Ecuador ofrecieron cada uno 100.000 dólares por suministrar información que pudiera conducir a la captura de Guacho, que es originario de Ecuador. Murió junto a uno de sus hombres de confianza.

En 2016 más de mil combatientes de las FARC se negaron a desmovilizarse en virtud del acuerdo de claudicación con el gobierno de Bogotá y continuaron la lucha armada. Actualmente la disidencia crece y hay 1.800 guerrilleros en 30 unidades en todo el país.

Fuente oficiales que ejecutaron la Operación David manifestaron que venían siguiéndole el rastro a tal punto de obtener los datos necesarios de los entornos en que se movía. De esta manera, explicaron, agruparon 15 fuentes humanas que lograron llegar hasta los principales escondites de Guacho y lograron, además, detectar sus rutas de escape en zonas rurales de Tumaco y poblaciones fronterizas.

Para dar con el paradero exacto del dirigente de las FARC, el ejército vigiló durante seis meses al anillo de seguridad de Guacho por medios electrónicos para tratar de establecer los lugares que visitaba, las personas con las que se comunicaba y la forma en que actuaba.

El equipo técnico del ejército interceptó más de 120 líneas telefónicas y se vigilaron 16 puntos que frecuentaba. Uno de esos puntos era la vereda Peña Cataño, sector de Llorente, en cercanías a Tumaco (Nariño), donde cayó finalmente en un operación ejecutada por el ejército, la policía y la fiscalía.

El ejército ha explicado que en el operativo se utilizaron fusiles de largo alcance MSR y munición 338, un arma de alta precisión que puede dar en el blanco a una distancia de hasta dos kilómetros.

El gobierno se tomó su tiempo para dar a conocer la noticia. La información sobre la muerte de Guacho empezó a circular en horas de la tarde del viernes, sin embargo, solo fue hasta altas horas de la noche, que el propio presidente Iván Duque confirmó la noticia.

Aunque oficialmente el gobierno colombiano no ha publicado fotos del cuerpo sin vida de Guacho, una imagen de quien sería el disidente de las FARC se ha difundido en las últimas horas. En la foto se ve a un hombre de tez morena, sin camisa, con un pantalón de sudadera y unas botas de campaña color azul oscuro, tirado sobre un césped. Al lado de la cabeza del hombre se ve lo que parece ser un charco de sangre.

La publicación de la foto se ha hecho polémica por la crudeza de la misma, aunque en las redes sociales hay quienes dudan de que el hombre que se ve en ella sea el jefe del frente Oliver Sinisterra.

Señalan, por ejemplo, que en la foto no se ve un lunar en la mejilla derecha que sí aparece en fotografías que se conocen de Guacho con vida. También se dice que la forma de la nariz del hombre de la foto, compartida después del anuncio del presidente Duque, no coincide con la morfología de la nariz que se ve en las imágenes de «Guacho» que se han conocido en los últimos años.

Hay más dudas. En redes preguntan por qué el pantalón de sudadera y las botas, que viste el hombre de la imagen cuestionada, están prácticamente nuevas si Guacho, como sostiene la información oficial, fue muerto en el desarrollo de fuertes combates en el departamento de Nariño.

Sobre la violencia

Jon Iurrebaso Atutxa
Vamos a atrevernos a hacer algunas consideraciones sobre este instrumento, concepto y uso. Sin violencia no habría explotación ninguna, ni siquiera la patriarcal origen del resto de violencias, de la cual el capital hace su pilar fundamental, sobre todo subyugando a la mujer en todos los sentidos posibles. Sin violencia no estaría el capital en la cúspide de todas las pirámides culturales, políticas, sociales y económicas. Sin violencia no habría imperialismo. Sin violencia y capitalismo, la mercancía no estaría en el medio de nuestras vidas.

¿Qué es pues la violencia? Hay quien se empeña en hacer difícil formular algunas de las maneras de entender o explicar qué es la violencia. En los días que nos ha tocado vivir diríamos que tampoco hay que romperse mucho la cabeza para definir la violencia, sobre todo en el sentido que más nos perjudica a los explotados que vendemos nuestra fuerza de trabajo al capital o a cualquiera de sus filiales. La violencia es consustancial a la lucha de clases. A la lucha por el poder de clase.

Es decir la violencia es el antídoto principal (no el único) válido para el capital en cuanto a seguir manteniendo sus privilegios y, aún más, en todo lo que concierne a la propiedad sobre los medios de producción. Sin ese instrumento coercitivo hacía tiempo que las diferentes relaciones entre clases se darían de una manera muy diferente. Por eso el capital se esfuerza en dominar y perfeccionar ese medio tan poderoso y vital. Por eso ha convertido la violencia en estructural y permanente a la vez que se erige como único propietario legítimo de la misma.

Todos los que practiquen la violencia, fuera de las estructuras de poder, con el fin de llegar a ser autónomos, independientes y soberanos de esas mismas estructuras, serán tildados de terroristas. Nos referimos también a la autodefensa feminista que hace frente a la violencia machista la cual tiene un trato privilegiado en tanto que deviene de la cultura patriarcal y elemento de primer orden en el sistema de dominación del capital.

Analicemos, aunque sea someramente, el tema de la violencia que se practica por los Estados español y francés contra una nación como es Euskal Herria. Los Estados que ocupan nuestra nación violentan nuestra cultura, nuestra lengua, nuestro territorio, nuestra historia y, sobre todo, son sordos cuando la voluntad del pueblo vasco reclama su libertad.

Los que nos ocupan y explotan, como clase y como nación, relacionan la reivindicación emancipadora como terrorista. Es decir, todo el que se alce contra los Estados que nos ocupan es terrorista. Este es el mensaje del capital: terror: miedo: demanda de protección: el Estado se hace cada vez mas invencible y sustentado por los que oprime y explota.

En estos casos de independencia nacional y social, en los cuales haya que utilizar la violencia, nosotras y nosotros lo conocemos como violencia revolucionaria. Ni fetichista, ni militarista ni terrorista: violencia revolucionaria.

Esto es, si el capital tiene un estado fuerte (con buenos aparatos de inteligencia y coercitivos), los medios de comunicación, los partidos insertados en el sistema democrático que nos aplasta, el entramado del sistema educativo, etc. tiene ganada su comodidad y nuestro sufrimiento, y el de otros y otras, por muchos años.

¿Qué significa el término terror (terrorismo, terroristas, maligno/a…) en las sociedades judeo-cristianas o en las de las Américas del norte (yanquis) que están destinadas a ser los guías espirituales que conduzcan al planeta hacia el “bien”? Los mensajes son claros. A veces escandalosamente burdos y la mayoría de las veces sibilinos, de tal manera que van penetrando en nuestras mentes, en muchos casos, sin apenas percibirlo.

Esto quiere decir, y es triste reconocerlo, sentirse pobre y estar convencido que lo será para siempre porque Dios o el capital o la Virgen de Lourdes, o “los que saben más que yo”, lo han querido. Y ante esa situación esquizofrénica por una parte, pero también de imposición, explotación y ocupación como nación es de donde nacen razones objetivas suficientes para luchar con los instrumentos que en cada momento se consideren oportunos.

Eso significa que una nación por pequeña o pobre que se sea tiene el derecho a su liberación nacional y social y no puede haber nadie que lo impida argumentando sandeces que finalmente traen millones de muertos (casualidad, siempre de los más parias de la tierra), millonarias ganancias para ciertos emporios, personalidades y establishment en general.

Bajo el mandato de Barak Obama (“I have a dream”) no se cerró Guantánamo (su promesa más progresista) sino que los yanquis invadieron, sembraron el terror, mataron a millones de personas y destrozaron seis países ¿Cómo llamamos a eso? “¿tercera guerra mundial?” ¿O guerras que los yanquis hacen cada año o varias veces en el mismo año para paliar los desastres que origina el capitalismo? ¿No es eso terrorismo?

¿No será violencia saber que hay posibilidades de que no menos de 10 millones de yemeníes estén a punto (o ya lo estén en muchos casos) de contraer el cólera por el cerco que Arabia Saudí, Israel, USA, España (envío de explosivos) hace a poblaciones de civiles yemeníes? Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta el día de hoy se estima que los Estados Unidos de América del Norte han asesinado entre 20 y 30 millones de personas por todo el mundo, sin contar los heridos, destrucción de países enteros etc. ¿Qué es terrorismo pues?

Las bombas que se fabrican en Euskal Herria y que la ministra española Celaá dice que no son problema porque son inteligentes, son un problema porque las utilizan contra la población civil porque no pueden vencer militarmente a sus oponentes. Celaá lo sabe. Esta ministra sabe que Arabia Saudí utiliza la inteligencia de las bombas para matar a población civil yemení, para asesinar a sus opositores.

Vergüenza tendríamos que tener en Euskal Herria al colaborar empresas vascas en envíos de instrumentos de guerra para asesinar a población civil. Y, para los de a pie, repetimos que no debiéramos olvidar que el capital no tiene patria, ética ni vergüenza, sea vasco o vasco-español, vasco o yanqui…

Una cosa es el terror del ISIS (DAHES) creado, sustentado y dirigido por las monarquías petroleras del Golfo y Estados Unidos de America del Norte, Francia, Alemania, Inglaterra, la ayuda de España y otros, el sionista y terrorista Israel, etc. Otra cosa bien diferente es el derecho a la cultura, a la identidad, al bienestar social, a la independencia nacional…

Entonces ¿qué ocurre aquí? ¿Es que otros y otras no son tan iguales ni tienen tantos derechos como nosotras y nosotros? ¿Por qué no hacemos ni lo más mínimo para impedir las guerras imperialistas que se suceden año tras año provocando millones de muertos, de hambre, de desplazados, países con infraestructuras destrozadas…?

Planteamos ética y dignidad. Porque de lo que “nuestros” gobiernos roban en Oriente Medio, África y Asia, al final, un poquito “pillamos” todas y todos. Imagino que nos entendemos. Menos posturas ideadas por la burguesía y más compromiso con el género humano sea de donde sea. Y si no, no vayamos sonriendo y tranquilos/as por la vida y, encima, de progres.

Siempre ha habido categorías o niveles de compromiso o de colaboración. Lo que es indecente es colaborar con “tu país” para masacrar a otros (sustentado los gobiernos que hacen las guerras es la manera mas sutil, pero no la única) de los que algunas personas, las menos, podrán huir y pretender acogerlos en nuestra Euskal Herria cuando cierta parte mal duerme en polideportivos, con gente solidaria que enlaza para cambiarlos de barrio ante la inasistencia institucional, etc.

La violencia es un instrumento. Callar es una actitud, sí, pero deviene en violenta mientras que no denuncia y ayuda a ocultar la violencia estructural. No es un instrumento ciego y no es una actitud más. La violencia del capital significa preservar a una clase social determinada para que mantenga su poder y lo utilice contra quien no pertenece a dicha clase. La violencia que el capital y las fuerzas retrogradas utilizan para crear miedo e inseguridad es un crimen de lesa humanidad. Y los que callan, porque entienden que tiene que haber una violencia estructural o porque no se sienten con fuerzas para combatirla, otorgan. De una manera u otra, más o menos gravemente.

Es violencia que ante tamaña crisis haya ricos mucho más ricos y muchísimos más pobres. Es violencia que tus hijas no puedan ir a la Universidad porque no hay dinero para pagar el alquiler del piso, comer, etc. O cuando unos chavales se sientan menos ante otros porque no tienen no sé que móvil de última generación y encima sus padres sientan no poder dárselo. Y eso no es una tontería, es la larga mano del capital que hace a los pobres querer ser como los que les explotan sin darse cuenta de ello.

Queremos decir que los de abajo, y que nadie se equivoque con el piso, nos tenemos que unir, informar, contactar, debatir, mostrar públicamente lo que sentimos, pensar que nadie nos maneja porque periódicamente estamos al tantito de todo lo que ocurre en nuestro barrio, pueblo o tajo. Siempre adelante por la independencia y el socialismo para Euskal Herria y todos los pueblos del mundo, sabiendo que no desecharemos ningún instrumento de lucha para llevar al pueblo trabajador vasco a ser responsable de su día a día y de su destino.

Nota. Extracto del prólogo de Argala al libro de Jokin Apalategi “Los vascos de la nación al Estado”:

“Como resultado de ambos factores -estudio del marxismo y resurgir nacional vasco-, tomé conciencia clara de la existencia de Euskadi como nación diferenciada, integrada por siete regiones separadas por las armas de los estados opresores, español y francés; de la división de la sociedad en clases enfrentadas por intereses irreconciliables; de que Euskadi misma no era una excepción en este sentido, comprendí lo que fue la «evangelización de América» por los españoles y lo que fueron «las cruzadas», lo que fueron «los rojos» y el «glorioso alzamiento nacional»; que no se trata de que los ricos ayuden a los pobres, ni únicamente de que se aumenten los salarios de la clase obrera, sino de socializar los medios de producción; que para lograr la solidaridad social es precisa una profunda revolución cultural, y que, para ello, no basta con la buena voluntad, sino que es precisa una transformación del modo de producción capitalista actualmente dominante por otro socialista; que para ello es preciso que la clase obrera obtenga el poder político; que un aparato de estado no es neutral y que esto obliga a la clase obrera a destruir el estado burgués para crear otro propio; que la burguesía recurre a las armas cuando ve en peligro sus privilegios, lo que induce a pensar que, sí la clase obrera no se plantea el problema en términos semejantes, tendremos ocasión de presenciar muchas matanzas y pocas revoluciones”.

‘Preferiría que me lo hubierais dado cuando estaba vivo’

Dos años después de la exhumación, los restos de cuatro guerrilleros asesinados por el franquismo han regresado a casa. Eran combatientes del ejercito guerrillero gallego asesinados diez años después del fin de la guerra. Los familiares se han emocionado en el homenaje.

Los restos de cuatro guerrilleros asesinados por el franquismo, una mujer y tres hombres, han sido entregados a sus familiares en un homenaje en la localidad coruñesa de Val do Dubra. Entre aplausos, los han depositado en el escenario de un auditorio, cubiertos con la bandera gallega y una rosa blanca.

La Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica lleva casi dos años reclamando sus restos, desde que los exhumaron en la fosa común de Paramos. «Algunos son hijos de estas personas que llevan toda la vida esperando este momento y este tipo de actos siempre son una enorme carga emotiva», ha dicho Bonifacio Sánchez, portavoz de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica.

«Preferiría que me lo hubierais dado cuando estaba vivo», se ha expresado emocionada Ermitas, hija de una de las víctimas del franquismo. Perdió a su padre cuando tenía 13 años y, por fin, después de casi 70 años, se reencuentran. Otros también tenían la esperanza de encontrar a su familiar perdido en la fosa, pero las pruebas de ADN les obligan a seguir buscando.

Algunos vecinos de la localidad, incluso, fueron obligados a participar en los enterramientos. Julio, siendo apenas un niño, tuvo que cavar la fosa: «El cura que llevaba la parroquia dijo: esta gente no puede enterrarse en sagrado». Pero, después de la espera, por fin podrán descansar junto a su familia.

https://www.lasexta.com/noticias/nacional/los-cuatro-guerrilleros-asesinados-por-el-franquismo-llegan-a-casa-preferiria-que-me-lo-hubierais-dado-cuando-estaba-vivo_201807285b5cc3d90cf2dabc9cc38d44.html

Galicia recupera la memoria histórica de sus guerrilleros

El sábado la Asociación de Recuperación de Memoria Histórica (ARMH) entregó a las familias los restos de los guerrilleros gallegos José María Castelo Mosquera, Manuel Pena Camino, Vicente Peña Tarrasa y Manuela Teiga en un acto que tuvo lugar en el Auditorio de Bembibre (Valle del Dubra, A Coruña). «Esta ceremonia, además de ser emocionante y solemne, sirve de altavoz. Es importante que la gente sea consciente que lo que sucedió aquí», reivindica Carmen García-Rodeja, portavoz de la ARMH.

Y para saber que pasó, hay que retrotraerse a los años de represión que siguieron al golpe de Estado franquista. Muchos tuvieron que huir al monte para evitar la muerte y allí se organizaron en grupos, como el destacamento “Manolo Bello”, al que pertenecieron los guerrilleros. «No eran bandidos ni forajidos, luchaban por la legitimidad democrática refrendada por las urnas en febrero de 1936, pero la historia les ha condenado a ocupar el lugar que el régimen quiso en el imaginario colectivo», lamenta García-Rodeja. Por eso, la labor de la ARMH no solo consiste en remover la tierra de fosas y cunetas, sino que resucitan también la memoria que había quedado sepultada.

A finales de la Guerra Civil, los montes de León y Galicia resguardaban a 20.000 hombres relacionados con la guerrilla. Castelo Mosquera -jefe del Destacamento- Pena Tarrasa y Pena Camino formaron parte de la IV Agrupación del Ejército Guerrillero de Galicia, pioneros en la resistencia antifranquista. «El triunfo fascista en tierras gallegas durante los primeros días de la Guerra Civil les  hizo huir a Zas, una parroquia situada al este del concello coruñés de Negreira. Allí encontraron refugio en casa de Carmen Teiga», cuenta García-Rodeja.

El 5 de marzo de 1949, varios guardias civiles rodearon la vivienda y se produjo un tiroteo en el falleció Carmen Temprano Salorio, que mantenía una relación con Castelo Mosquera. Fue enterrada en las cercanías del cementerio de Aro y sus restos fueron recuperados por miembros de su familia, que residen actualmente en Estados Unidos.

Los demás lograron huir a caballo, pero por poco tiempo. Terminaron siendo cercados unas horas después, en el kilómetro 23 de la carretera entre Portomouro y Santa Comba. «Allí se produjo un nuevo enfrentamiento donde tres guerrilleros fueron abatidos, junto con Manuela Teiga, sobrina de la dueña de la casa de apoyo. Manuel Ramiro Souto fue el único superviviente. Murió tres años más tarde en otro choque contra la Guardia Civil de Mesía», señala la portavoz de ARMH.

«Algunos vecinos recuerdan todavía que los guardias no quisieron velarlos aquella noche en el cementerio y pronto se corrió la voz. Habían visto el cadáver de Manuela Teiga, una niña muy joven, conocida por todo el pueblo», narra Carmen García-Rodeja. Este episodio, que aún se conserva como parte de la memoria colectiva de la zona, sirvió para poner un punto de partida a la exhumación.

La denuncia de un familiar de los guerrilleros hizo que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica iniciara los trámites. «En el caso de estos guerrilleros, la búsqueda fue relativamente sencilla. En aquella época, se premiaba que la Guardia Civil persiguiera y erradicase a cualquier sospechoso de haber luchado en el bando republicano; así que dejaron registros de las ejecuciones. Con esa documentación, no tardamos en encontrar las sepulturas», recuerda la portavoz de ARMH.

El 24 de octubre de 2016 comenzaron los trabajos de recuperación de los restos bajo la dirección del arqueólogo René Pacheco, Marco Antonio González Carrera y la colaboración de un grupo de voluntarios.

El sábado se devolvieron a sus familiares. «Quiero agradecer a todas las personas que han hecho posible que haya recuperado las cenizas de mi padre. Espero que nunca vuelvan a dar un golpe de estado o se produzca otra guerra «, dice emocionada Antía Peña Díaz.

«Ahora es cuando comienza el duelo. Los familiares han arrastrado una pena sumergida durante 70 años y este acto les da la oportunidad de celebrar el entierro que nunca fue. Esa es la razón de que hagan replicar las campanas y algunos vengan de negro», explica García-Rodeja.

La ARMH, sin embargo, no termina aquí con su lucha. «El tabú persiste. En los pueblos que vivieron el horror de esos días, todavía se limitan a referirse a los guerrilleros que fueron ejecutados como ‘gente que murió en la guerra’, como si hubiesen caído en el campo de batalla», indica García-Rodeja.

Pero no sólo ellos sufrieron la represión. También la población civil que les daba apoyo fueron encarcelados. Entre ellos, destaca la desaparición de Erundino Vieto Baña, de la parroquia de Lañas. Hoy los suyos siguen buscándole. «La muerte acabó con tu vida, pero tus sueños y recuerdos se mantienen vivos», enuncia Xosé Tosar Fernández (11 años), familiar de Vieito, en un homenaje.

Desde el año 2000, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha localizado a más de 1.400 víctimas del franquismo. Solo en Galicia, su trabajo suma 18 fosas y un total de 53 cuerpos recuperados.

Las tribus del noreste de Siria preparan la guerra de guerrillas contra Estados Unidos y sus aliados

El editorialista del diario Rai Al-Youm, Abdel Bari Al-Atwan, plantea la posibilidad de que las tribus sirias al este de Alepo desaten una “guerra de guerrillas contra Estados Unidos y sus aliados”.

El sábado delegados de 70 tribus del noreste de Siria se reunieron en Deir Hafir, en el Rif oriental de Alepo sin la autorización del gobierno central en Damasco y decidieron tomar medidas sobre la intervención militar extranjera en Siria. Los participantes reiteraron su apoyo al gobierno central y su compromiso con la integridad territorial de Siria.

La advertencia de las tribus se dirige a Estados Unidos, a los kurdos y a los países del Golfo Pérsico, en particular a Arabia saudí, que respondió positivamente a la solicitud de Estados Unidos de enviar tropas y mercenarios árabes al este del Éufrates, a Hassaké, Qamishli y Deir Ezzor.

Según Al-Atwan, puede ser el preludio de la formación de una milicia compuesta por paramilitares de origen tribal capaz de complementar al ejército regular en una guerra para contrarrestar las tendencias separatistas a lo largo de la ribera oriental del Éufrates, desde el sur de Hassaké hasta el este de Deir Ezzor, donde abundan las reservas de gas y petróleo.

Hace tres días, Bashar Al-Assad dijo en una entrevista televisada que su gobierno seguiría primero el método de diálogo con las Fuerzas Democráticas Sirias y sus aliados tribales árabes, porque son sirios, pero si el diálogo fracasaba, entonces el gobierno procedería con la opción militar.

Cuando el presidente sirio Bashar al-Assad señaló que el próximo objetivo del ejército sirio eran las zonas septentrional y oriental de Siria, que están bajo el control de las Fuerzas Democráticas Sirias, apoyadas por las 2.000 tropas estadounidenses desplegadas en la zona, a muchos les sorprendió esta propuesta, ya que sus ojos se dirigían más bien hacia el sur de Siria, concretamente hacia Quneitra, Deraa y Al-Tanf, en las fronteras comunes entre Irak, Siria y Jordania.

Tras la recuperación de Guta oriental, del campo de Yarmuk y de Hajar Al-Aswad, está claro que el siguiente objetivo del ejército regular es liberar las regiones orientales del Éufrates y contrarrestar a las Fuerzas Democráticas Sirias y a los militares estadounidenses y franceses antes de acabar con las tropas turcas, ya sea mediante enfrentamientos directos o recurriendo a fuerzas paramilitares.

Las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump sobre la retirada de las tropas estadounidenses de Siria y su sustitución por fuerzas especiales árabes, de Arabia saudí y otros aliados árabes, reflejan su temor a una guerra de guerrillas que podría llevar a los estadounidenses a la misma suerte que habían tenido tras la invasión de Irak en 2003.

De hecho, después de siete años de guerra en Siria, el ejército regular sirio se ha estado entrenando en la guerra de guerrillas junto a los combatientes de Hezbolah. Las bases norteamericanas en Siria dondequiera que estén (Deir ez-Zor, Hassaké, al-Tanf) no se mantendrán a salvo de una guerrilla decidida a expulsar al imperialismo y sus aliados.

El ejército colombiano mata a 11 guerrilleros que siguen la lucha armada de las FARC

El dirigente de las FARC Rodrigo Cadete
Once guerrilleros de las FARC murieron en combate con el ejército en una zona del sur de Colombia, ha informdo hoy el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas.

Los enfrentamientos se produjeron el domingo en la noche en el municipio de Montañita, en el departamento de Caquetá, donde tropas militares llevaban a cabo un operativo antiguerrillero.

Las tropas neutralizaron a 13 integrantes de las FARC en el desarrollo de una operación contrainsurgente, de los que dos fueron capturados heridos.

Los 13 formaban parte del grupo dirigido por Mesías Salgado, alias “Rodrigo Cadete”, quien se desmovilizó en mayo del año pasado, llegando a recibir un certificado de abandono de las armas de manos del jefe de la misión de la ONU, Jean Arnault, aunque en setiembre retornó a la guerrilla de nuevo para seguir integrando el Frente 27.

Según el ministro, la organización venía amenazando a Andrés Perdomo, alcalde de Florencia, capital de Caquetá, y a la empresa de energía de la zona.

“No bajaremos la guardia contra los grupos residuales. Seguiremos combatiéndolos con toda contundencia”, dijo el ministro.

La guerrilla de las FARC sigue operando en varios puntos del país y, según el ejército, cuenta con unos 1.200 combatientes.

Narcotráfico: ante sus mentiras repetidas, nuestra verdad reiterada

Astrid Solórzano

Lo único bueno que tienen los enemigos de la justicia social y de la democracia es que se les ve venir de lejos. La alianza entre la ultraderecha más rabiosa de Colombia, la Fiscalía general de la nación –cada día menos soberana y menos fiscalía-, el Ministerio de Defensa y el Gobierno de los Estados Unidos construye narrativas que luego puedan justificar la criminalización o, en el peor de los casos, el exterminio.

Sobre el Ejército de Liberación Nacional se han fabricado muchos mitos que justificaran, ante los intereses del establecimiento, la imposibilidad de hablar en serio con nuestra organización de los cambios profundos que requiere Colombia. Si hasta hace unos meses el cuento venía por la falta de unidad de mando o por el carácter “marginal” de nuestra organización, ahora todo se centra ante la opinión pública, en ligar al negocio del narcotráfico al ELN, una organización político-militar consagrada desde hace 54 años a impulsar transformaciones revolucionarias en Colombia.

En una carta que envió el primero de mayo Nicolás Rodríguez Bautista en nombre del COCE al presidente del gobierno colombiano, Juan Manuel Santos, el líder del ELN advertía: “Esta campaña mediática, de acusaciones infundadas y montajes contra el ELN, están causando un grave daño al proceso de paz y amenazan la seguridad de nuestra Delegación de Diálogos”. Y reclamaba el comandante Nicolás: “Se requiere que el Presidente de la República como representante de todas las autoridades y Jefe de Estado brinde de manera clara las garantías, que la Delegación requiere para adelantar sus actividades, respetando su integridad en todas las fases de su trabajo y desplazamientos, como está acordado ante Garantes internacionales”.

Santos respondió un día después, pero no aludió directamente a esta campaña de desprestigio que se puede traducir en falsos positivos jurídicos -como al que se enfrenta Jesús Santrich-, sino que simplemente ratificó su “absoluto compromiso para realizar todos los esfuerzos posibles en el corto tiempo que queda de mi mandato como Presidente para llegar a un acuerdo que ponga fin al enfrentamiento armado con el ELN”. Eso sí, advertía que tanto su “carta de respaldo [al proceso de diálogos] como la carta adjunta de la Fiscalía General de la Nación, proveen garantías completas relacionadas con la protección y la seguridad personal de la Delegación del ELN [en la Mesa de Diálogos]”.

Más cartas… con respuestas a medias. Santos se refería a la segunda misiva que la Vicefiscal General de la Nación dirigía el 30 de abril al comandante Pablo Beltrán, respondiendo a las exigencias de la Delegación de Diálogos del ELN, de aclaraciones sobre si se seguía algún proceso contra miembros del ELN en asuntos de narcotráfico. María Paulina Riveros Dueñas se refiere sólo a la posible vinculación con el caso que se le sigue a Jesús Santrich, de las FARC, y afirma: “No existe investigación penal alguna, en la actualidad, que vincule al ELN con la investigación aludida”. Y ante la posibilidad de que exista algún requerimiento de un país extranjero al respecto, Riveros Dueñas, tras decir que esos asuntos tienen “reserva legal”, asegura: “Estoy en condiciones de afirmarle que no existe NINGUNA [en mayúsculas, en el original] solicitud de autoridades extranjeras que vincule a miembros del ELN en el caso en cuestión”.

Las respuestas, así, son parciales y sólo se refieren al caso de Santrich, sobre el que un supuesto miembro del CTI habría vinculado al ELN en la falsa operación de exportación de droga. Y Santos no se atreve a entrar al tema de fondo, que tan claramente señala el comandante Nicolás Rodríguez Bautista: y es que la organización “nada tiene que ver con el negocio del narcotráfico y que está prohibido para todos los integrantes y estructuras del ELN tener cultivos de uso ilícito, laboratorios, rutas y transportes o cuidar infraestructura comprometida con dichas actividades”. “Todas estas prácticas”, le explicaba el miembro del COCE a Santos, “están penalizadas en la normatividad del ELN, todos sus integrantes las deben respetar y se aplican sanciones a quienes las violenten. Lo único que está autorizado es el cobro de un impuesto, como a toda actividad económica”.

La insistencia del establecimiento y de su maquinaria mediática en propagar la mentira parece, más bien, parte de una estrategia para invertir la prueba de cargo. Es decir, ahora el nuevo enemigo público número uno es el ELN y acusarle de ser el culpable del narcotráfico en el país, equivale a desviar la atención de la estructura corrupta del Estado, de poderes locales y de miembros de las Fuerzas Militares que permite que las organizaciones narcotraficantes estén haciendo control efectivo de ciudades y territorios, de pasos fronterizos y negocios de diversa índole. Las mentiras también permiten que la opinión pública colombiana, aturdida por el bombardeo de postverdad, no se pregunte para qué han servido las décadas y los miles de millones de dólares que EEUU ha invertido en territorio colombiano para una fracasada “guerra contra las drogas”, que no ha servido sino para reproducir Cárteles de la cocaína, alimentar el mercado del narcotráfico y para enriquecer a contratistas, mediadores y corruptelas varias.

Hagamos unas cuentas sencillas. Entre 1995 y el año 2009, esa supuesta guerra contra el narcotráfico costó, según datos incompletos del Gobierno, 8.140 millones de dólares, carca de 600 millones de dólares al año. Ese dinero se echó a los bolsillos de militares, contratistas y corruptos varios porque si en el año 1995 no se llegaba a 65 mil hectáreas sembradas de coca para cultivo ilícito, en 2017, según las agencias gringas, hay 188 mil hectáreas cultivadas. Más que en ningún año en las últimas décadas.

Quien falla es el Estado y sus alianzas con los Estados Unidos, el mayor consumidor de cocaína del planeta, pero es más fácil mentir que fiscalizar; es más efectivo culpabilizar a organizaciones que cuestionan al establecimiento, que revisar quién está interesado en que el negocio de las drogas ilegales siga creciendo; es más rentable en las urnas enlodar al ELN que asumir que Colombia es el mayor productor mundial de cocaína.

Desde el ELN, sin embargo, seguimos aferrados a la verdad: nuestras directrices y nuestra normatividad son contundentes contra todos aquellos que tengan relación con la cadena del narcotráfico. La verdad del ELN se puede comprobar en los territorios, donde nuestros frentes trabajan mano a mano con las comunidades en la sustitución de los cultivos de coca para uso ilícito, antes y mejor que el Estado.


http://www.eln-voces.com/index.php/voces-del-eln/militancia/1567-narcotrafico-ante-sus-mentiras-repetidas-nuestra-verdad-reiterada

El ejército colombiano asesinó a 10.000 civiles para tener más ayuda económica de Estados Unidos

Gloria Astrid Martínez vio a su hijo por última vez el 8 de febrero de 2008. Después de desayunar, Daniel, de 21 años, salió de casa, en Soacha, un suburbio abandonado de la capital de Colombia, para empezar un nuevo trabajo en fincas situadas en el campo y propiedad de ricos.

“Me dijo que había encontrado un trabajo que pagaba tanto que yo no tendría que trabajar más”, recuerda Martínez. “Sonaba demasiado bueno para ser verdad, pero él insistió, así que se fue”.

Ocho meses después, el cuerpo de Daniel apareció en una fosa común cerca de la frontera con Venezuela vestido con ropa de camuflaje. Soldados del Ejército colombiano habían atraído a Daniel con la promesa de trabajar en la ciudad de Ocaña, a 660 kilómetros de Bogotá, donde le asesinaron y le calificaron de rebelde con el objetivo de mejorar las estadísticas en la guerra contra los insurgentes izquierdistas.

Las cifras infladas, conocidas como “falsos positivos”, se utilizaron para justificar la ayuda militar estadounidense. Los agentes que llevaron a cabo las ejecuciones fueron premiados con ascensos y vacaciones.

Cuando en 2008 salió a la luz la noticia sobre las matanzas, el escándalo acorraló al Ejército colombiano: decenas de destacados militares fueron destituidos y otros muchos de menor rango fueron enviados a prisión.

Pero un nuevo estudio del que es coautor un antiguo coronel de policía sostiene que la práctica estaba mucho más extendida de lo que se había informado con anterioridad. De acuerdo con los autores Omar Rojas Bolaños y Fabian Leonardo Benavides, aproximadamente 10.000 civiles fueron ejecutados por el Ejército entre 2002 y 2010, más del triple que la cifra calculada por los grupos humanitarios.

En el informe “Ejecuciones extrajudiciales en Colombia, 2002-2010. Obediencia ciega en campos de batalla ficticios”, los autores describen cómo el Ejército de Colombia mató sistemáticamente a civiles para mejorar sus estadísticas de muertos en la guerra contra los rebeldes.

“Podemos llamarlos ‘falsos positivos’ o ‘ejecuciones extrajudiciales’, pero realmente estos fueron asesinatos a sangre fría”, denuncia Rojas, que ejerció como policía durante 31 años. “Fueron meticulosamente planeados y llevados a cabo por miembros de todos los rangos”. Rojas asegura que se atacó especialmente a menores con diversidad funcional por su vulnerabilidad, así como un puñado de militares sospechosos de filtrar secretos.

“Esto no es algo que solo ocurrió en el pasado, a día de hoy seguimos encontrando casos de falsos positivos, aunque no con la misma intensidad de antes. Ahora lo llaman errores militares”, afirma Rojas.

https://www.eldiario.es/theguardian/Ejercito-colombiano-civiles-falsos-positivos_0_769573313.html

Huelga de hambre de los presos políticos de las FARC

Los presos políticos de las FARC se han declarado en “desobediencia pacífica” y huelga de hambre por tiempo indefinido, en solidaridad con el dirigente del partido Jesús Santrich.

A través de un breve comunicado publicado en las redes sociales, los antiguos guerrilleros encarcelados añaden que la huelga fue inicia también en protesta por el incumplimiento de los acuerdos de paz, en lo relativo al derecho a su liberación.

La víspera el Consejo Político Nacional de la FARC trasmitió un mensaje de solidaridad a Santrich, uno de los principales dirigentes de la antiguo movimiento guerrillero, que fue detenido por la fiscalía colombiana por su supuesta implicación en el delito de narcotráfico.

La dirección de las FARC, que calificó la detención de montaje orquestado por Estados Unidos con el concurso de la fiscalía local, respaldó la decisión de Santrich de iniciar una huelga de hambre y llamó a que esa medida fuera acompañada por el resto de los antiguos guerrilleros que siguen encarcelados.

“Libertad para Santrich. Todos somos Santrich”, declaró Iván Márquez, el dirigente de las FARC, al dar a conocer la posición del partido en relación con lo sucedido. “Nuestra solidaridad con Santrich. Su voluntad es de acero. Todo nuestro apoyo a la huelga de hambre que ha iniciado y a su llamado a que sea acompañada por los prisioneros y prisioneras de guerra que aún se encuentran en las cárceles del régimen”, agregó Márquez.

Unos 1.000 antiguos combatientes de la FARC permanecen aún en prisión, pese a la ley de amnistía vigente desde diciembre del 2016.

El jefe de la delegación de paz de las FARC en La Habana citó la locución latina “Pacta sunt servanda” (lo pactado obliga), para indicar que “no cumplir el acuerdo es engañar”. “No queremos engaños, queremos que se cumplan los acuerdos. Nosotros hemos cumplido totalmente”, recalcó Márquez en una rueda de prensa.

Márquez se equivoca: los pactos siempre los cumplen los mismos. Estados Unidos y el gobierno colombiano ya tienen lo que querían. Ahora a ellos les queda echarse a llorar. Se llama “derecho al pataleo” y es una de esas formas de “desobediencia pacífica” que preconizan.

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