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Cómo convertirte en un cazador de bulos sin necesidad de algoritmos muy complicados

Nosotros también hemos emprendido nuestra propia cruzada contra los montajes, las noticias falsas y las manipulaciones. Pero no necesitamos algoritmos, ni complejos programas informáticos, ni nada de nada; nos basta acudir a la fuente misma del engaño: los estafadores de la Casa Blanca y sus corifeos.

No falla nunca. El consejero especial de Estados Unidos para Ucrania, Kurt Volker, muestra en su cuenta de Twitter la imagen de una “babushka” (abuela) ucraniana, a la que presenta como una de tantas víctimas de la “agresión rusa”.

El pobre imbécil no sabe que la abuela que muestra es, en efecto, una víctima… pero de los disparos de la artillería ucraniana que han estado cayendo durante más de 4 años en el distrito de Trudovsky, al oeste de Donetsk, donde tenía su casa.

Su nombre es Maria Ivanovna y actualmente sobrevive en un antiguo refugio subterráneo de la Guerra Fría, con unos 20 refugiados más cuyos hogares también han sido destruidos por la artillería de los nazis de Kiev.

Lo dicho: el mundo se pone del revés cuando tomas como fuente informativa a un mequetrefe como Volker y ocurren “erratas” tan desgraciadas como ésta. Una pena para los cazadores de bulos cuyos complejos e innecesarios algoritmos no captarán nunca este tipo de manipulaciones.

Si quieren más información sobre Maria Ivanonvna, pueden leer un reportaje de Svetlana Kissileva sobre el refugio y sus habitantes. Tras la imbecilidad de Volker, otra periodista, Victoria Melnikova también ha visitado a la anciana:

Le village de Troudovski. Une vie souterraine
http://nrt24.ru/fr/news/photos-le-village-de-troudovski-une-vie-souterraine
 

Trump envía a sus compinches a conspirar con los golpistas venezolanos, dice el New York Times

La Casa Blanca se ha reunido con los instigadores de un golpe de Estado militar en Venezuela, asegura el New York Times (*). No es ninguna novedad, sobre todo por el reiterado fracaso en triunfar por otras vías, las modernas, de la oposición moderada, el bloqueo económico, las ONG y la desestabilización del estilo “revoluciones de colores”.

El fracaso de la modernidad ha llevado a Estados Unidos a los viejos remedios de la Guerra Fría: el golpismo puro y duro, el recurso a los gorilas de los cuarteles, la ley marcial…

Poco más tenemos que añadir que no supiéramos o sospecháramos… escepto el detalle de que nos lo cuente el New York Times, los auténticos maestros en el arte de la intoxicación.

Desde luego que con su noticia, el objetivo del periódico no es informar a los lectores, ni añadir nada nuevo a la política imperialista respecto a Venezuela. El objetivo es otro: Trump, la auténtica bestia negra que obsesiona al periódico desde 2016.

Si la noticia es veraz, y así lo parece al menos, no cabe duda de que Trump ha llenado el despacho oval de traidores que filtran cada uno de sus pasos a uno de sus peores enemigos: los periódicos y, en especial, el New York Times.

Nada nuevo, pues, en el estercolero político de Washington o, dicho con otras palabras: no sólo Maduro tiene un problema golpista; Trump tiene otro parecido.

La diferencia es que en Caracas hay un golpe y en Washington un autogolpe. una diferencia importante que hay que tener en cuenta.

Como venimos diciendo, la verdadera guerra sicológica no se apoya en bulos sino en campañas, y la que se ha desatado contra Trump se prolonga desde el primer minuto y se extiende a libros, como el reciente de Rob Woodward y a declaraciones, como la de un miembro de la Casa Blanca que afirma que “la resistencia” socava todas las iniciativas del Presidente.

Los más conspiranoicos sospechamos, además, que la noticia pretende desencadenar una paranoia en el interior del gobierno de Maduro para que lleve a cabo una purga militar que enfrente al ejercito y lo debilite: tratando de frenar el golpismo provocaría el efecto contrario.

También se puede interpretar en el sentido opuesto: es posible que el artículo del New York Times se vuelva contra de sus instigadores, fortaleciendo las posiciones internas de Trump y Maduro.

En cualquier caso, lo que nos vuelve a quedar claro es que el New York Times es un medio de manipulación sicológica al servicio de intereses turbios y que el perodismo moderno mantiene vínculos muy estrechos con las cloacas del espionaje.

(*) https://www.nytimes.com/2018/09/08/world/americas/donald-trump-venezuela-military-coup.html

Negocio + Ideología = Hollywood

No abundan los estudios sobre el poder ideológico de Hollywood, sobre todo en las películas que tratan -más o menos explícitamente- de la política exterior de Estados Unidos. Por eso es conveniente publicitar el libro publicado en 2010 por el académico británico Matthew Alford sobre la relación entre la industria cinematográfica y la hegemonía estadounidense.

Alford revisa docenas de obras estrenadas desde principios de la década de 1990, desde éxitos de taquilla hasta películas independientes. Descubre la manera en que reflejan la acción estadounidense en todo el mundo y su influencia civil y militar. “La propaganda de Hollywood” analiza el funcionamiento interno de una industria politizada, muy sensible a las preocupaciones de Washington, el Pentágono y Wall Street.

Cada año en la ceremonia de los Óscar, Hollywood invita al mundo a compartir la ilusión de que la industria trabaja por el bien de la humanidad, ofreciendo un entretenimiento magnífico y conmovedor que lleva alegría, ternura, tristeza, películas ricas tanto en impresionantes escenas de acción como en promesas reconfortantes. Ante la autocelebración festiva, olvidamos que el mundo del cine es una industria con ánimo de lucro que, como todas las grandes industrias, está firmemente centralizada y mucho más preocupada por llenar el bolsillo que por crear un arte que alimente nuestros sueños.

Hollywood opera dentro de parámetros ideológicos bien definidos. La industria cinematográfica busca constantemente la gloria y el dinero pero, sin embargo, es una industria cultural. Las mercancías que comercializa se componen de personajes, imágenes, historias, experiencias y, a su manera, ideas, elementos que afectan directamente a la conciencia pública. Si el objetivo principal de los grandes estudios es obtener beneficios sustanciales, tienen otro, se asuma o no explícitamente: el control ideológico. Hollywood nunca se aventura más allá del marco del sistema de creencias dominante, que representa como si fuera una representación natural y auténtica de la vida. Por lo tanto, podría ser más apropiado describir a la industria cinematográfica no sólo como dedicada al control ideológico, sino también al autocontrol ideológico.

Los jefes de la industria argumentarían que nuestra sociedad es una democracia cultural cuyos productos finales no están determinados por la ideología, sino que son generados por muchas elecciones libres dentro de un mercado libre. A sus ojos, es la mano invisible de Adam Smith la que va desde el corazón de Hollywood hasta el centro de las ciudades. Para hacer dinero para sus accionistas, la industria debe llegar a los mercados más extensos posibles, es decir, debe dar a las personas lo que quieren.

Según los magnates de Hollywood, la cultura popular es producto de la demanda popular. Si el negocio del cine ofrece películas nulas, dicen, es porque eso es lo que el público aprecia; eso es lo que vende. Las personas prefieren que las entretengan y las distraigan en lugar de que las informen y las detengan.

Pero, como decía Marx, la producción engendra la demanda, y no al revés. Más que el gusto del público, lo que determina el tamaño de su audiencia es la fuerza de la publicidad y las distribuidoras de las películas. Millones de personas han visto las secuelas de “Rambo”, producciones extravagantes que glorifican los actos más militaristas y sangrientos. Cada uno de los episodios de “Rambo” se estrenó en más de 2.000 salas de cine en Estados Unidos tras campañas publicitarias multimillonarias.

En 2001, a pesar de unas críticas merecidas, Disney decidió extender la explotación de “Pearl Harbor” a siete meses en lugar de los usuales dos o cuatro, lo que significó que un éxito de taquilla para el verano se proyectó finalmente hasta diciembre. Con una distribución tan invasiva, era imposible que una película tan floja como “Pearl Harbor” no llegara a un gran número de personas.

Sólo unos pocos miles de personas han visto alguna vez “La sal de la tierra”, una película de bajo presupuesto de 1954 sobre las luchas de los obreros mexicanos en Estados Unidos. Esa vibrante y llamativa película, conservada décadas más tarde por la Biblioteca del Congreso y el Museo de Arte Moderno de Nueva York, estuvo sometida a todo tipo de restricciones durante su producción y distribución, y tuvo que contentarse con una corta vida en la pantalla, con sólo once pequeños exhibidores.

Si las películas disidentes como “La sal de la tierra” no llegan a un público amplio, ¿no será porque se las mantiene alejadas debido a la distribución mínima y la publicidad limitada que reciben? Sin fondos suficientes, deben confiar en el boca a boca y en las críticas que, a menudo, son políticamente hostiles. Eso contrasta con las campañas publicitarias multimillonarias que promueven la creación de mercados masivos para películas supuestamente más famosas. Si “Rambo” o una película como “Pearl Harbor” tienen una audiencia de millones de espectadores, entonces ¿por qué es necesario gastar una fortuna en publicidad con el único objetivo de construir una audiencia masiva?

La demanda no crea, pues, la oferta. La primera condición necesaria para cualquier consumo es la disponibilidad del producto. Ya se trate de películas, programas de televisión o refrescos, el consumo dependerá en gran medida de la distribución y la visibilidad del producto. Una película que se estrena en todos los multicines de Estados Unidos llega a un público amplio no porque haya una ola espontánea de demanda desde abajo, sino porque se está comercializando con una explosión desde arriba.

Con el tiempo, al público se le condiciona a aceptar películas fáciles, superficiales, mediocres y políticamente sesgadas. Con un embalaje suficiente, los consumidores ven incluso lo que no les entusiasma. Rara vez expuestos a otra cosa, están más inclinados a buscar distracción en lo que se les ofrece.

Pero este argumento no debe ser exagerado. El público no es maleable a voluntad. La oferta no siempre crea demanda. Algunas ofertas de Hollywood son un fracaso abyecto, a pesar de la abundante publicidad y de una distribución agresiva. A pesar de sus declaraciones sobre la importancia de dar a la audiencia lo que quieren, los directores de los estudios a menudo se equivocan. Las preferencias del público pueden ser difíciles de predecir, especialmente cuando la percepción que uno tiene de ellas está influenciada por sus propias inclinaciones ideológicas.

Durante más de dos décadas, incluyendo todos los años setenta y ochenta, expertos de los principales medios de comunicación repitieron que el público norteamericano se ganaba con un estado de ánimo reaccionario. Los jefes de las estaciones de televisión y de los principales estudios se unieron rápidamente al coro, en lo que finalmente se convirtió en uno de los intentos más largos de profecía autocumplida de la historia. Como habían decidido que la nación se dejaba abrumar por un estado de ánimo reaccionario, se lanzaron a promover ese estado de ánimo. Las emisoras de televisión produjeron series como Walking Tall, Strike Force y Today’s FBI (1981-1982) que tuvieron audiencias lamentables y se interrumpieron rápidamente. Volvió a ocurrir en la década de 2000 con series como Agence Matrix (2003-2004), Las chicas espías (2002-2004) y Espías de Estado (2001-2003), esta última apoyada por la CIA.

Lo mismo ocurrió con la industria cinematográfica. “Elegidos para la gloria” (The Right Stuff, 1983), una película sobre las aventuras espaciales estadounidenses, fracasó en la taquilla. Películas de acción como Cobra (1986), Rambo III (1988) y “The Dead Pool” (La lista negra, 1988), la quinta y última película de la saga “Harry El Sucio”, también fracasaron. Gracias a campañas publicitarias multimillonarias, tuvieron un buen comienzo en su primer fin de semana, pero luego colapsaron rápidamente.

Inchon (1982), otra película bélica reaccionaria, con un presupuesto de 48 millones de dólares y entre 10 y 20 millones de dólares en publicidad, tenía todo lo que se supone que el público quiere: un reparto prestigioso, una producción espectacular, una historia de amor, escenas sangrientas de batallas, un patrioterismo exacerbado, una reescritura simplista de la historia política y una trama alucinante sobre agresores comunistas listos para matar que están siendo liberados por un héroe de guerra reaccionario… Sin embargo, fue otro desastre en la taquilla. Incluso los espectadores más condicionados se cansan a veces de consumir la misma tontería una y otra vez.

Decir que la industria cinematográfica ofrece a la gente lo que la gente quiere es una explicación demasiado simple. Los grandes estudios nos imponen lo que creen que queremos, y a menudo promocionan películas que nunca hemos pedido y que no nos gustan especialmente. Pero con suficiente publicidad y distribución, incluso estas películas están destinadas a llegar a mucha más gente que las películas disidentes con financiación escasa, a las que no se les da una distribución adecuada o publicidad masiva.

Israel presiona a las redes sociales para censurar los contenidos de internet que perjudican su imagen

Pintada contra Facebook en Cisjordania
Los dirigentes de Israel consideran que la reputación de su país está en juego en las redes sociales, que forman la imagen de un país e influyen en la percepción pública del mismo. Por eso presionan a los grandes monopolios, como Facebook, que las administran.

En 2006 crearon el Ministerio de Asuntos Estratégicos, que es la punta de lanza de una campaña publicitaria internacional para luchar contra lo que califican como “deslegitimación”, un término que utilizan para describir a cualquiera que critique al sionismo.

El enemigo público número uno en este esfuerzo es el movimiento BDS (Boicot, Desinversión, Sanciones), sus dirigentes y partidarios alrededor del mundo.

Hoy han sido eliminadas las páginas de AntiMedia, que tenían dos millones de seguidores en Facebook y Twitter.

Los ministros israelíes se han reunido con cabecillas de Google y Facebook, advirtiéndoles que si no controlan las noticias anti-israelíes en sus plataformas, tendrán que intervenir por sí mismos.

Facebook y otros monopolios digitales han consentido muchas de las solicitudes de censura.

Desde el comienzo de la campaña, el gobierno israelí ha presentado una multitud de quejas a Google y Facebook por supuestos “discursos de odio” dirigidos contra Israel. En la gran mayoría de los casos han logrado la eliminación de los contenidos.

Los ministros israelíes se jactaron entonces de su eficacia para modelar los discursos políticos en el mundo entero.

Decenas de páginas de Facebook pertenecientes a los medios de comunicación palestinos han sido cerradas, mientras que otras han sido suspendidas, lo que ha provocado protestas. Facebook no ha publicado ninguna declaración que explique su decisión.

La agencia de espionaje israelí Shin Bet analiza el contenido de las redes sociales publicadas por los palestinos, buscando palabras y frases que puedan perjudicar a Israel.

Cientos de palestinos han sido detenidos por el contenido que han publicado en las redes sociales, a pesar de la falta de normas legales para distinguir entre una amenaza real y un discurso político. Los jueces israelíes se someten uniformemente a las pruebas presentadas por la fiscalía y la policía.

Para justificar la cesura, el Shin Bet se jacta públicamente del gran número de supuestos “complots terroristas” que ha frustrado.

Los fantasmas de Publico.es juegan a los cazafantasmas con fastasmadas

En un artículo firmado por Pablo Romero, los fantasmas de Publico.es juegan a los cazafantasmas en su guerra contra los bulos y, además, hacen fantasmadas: dicen que no sólo hay que luchar contra los bulos sino prevenirlos. Es el nuevo estilo “Minority Report” que otros cazafantasmas, los policiales, quieren poner de moda, como ya apuntamos aquí en entradas anteriores.

El nuevo periodismo se nutre, pues, de fantasmas, fantasmadas y cazafantasmas, que vienen a ser lo mismo. Si, tienen razón los fantasmas de Publico.es: el periodismo está totalmente desacreditado, pero no sólo por los bulos y fantasmadas que difunden. No tienen más que mirarse el ombligo y explicarnos la siguiente bazofia que publicaron el 4 de enero de 2014: Kim Jong Un ajustició a su tío con una jauría de perros de presa (*).

Con ese nivel, es lógico que Publico.es y gacetilleros parecidos, como Maldita, estén desacreditados. Es imposible diferenciarlos de un vertedero de basura y no van a cambar por más algoritmos que utilicen en su ridícula cacería de bulos; podrían acabar pegándose un tiro en la oreja.

Lo de la prevención de las noticias falsas ya lo hizo el franquismo en 1939; se llama censura y ahora se practica con la mayor naturalidad en redes sociales, como Facebook, entre otras, que cierran todas aquellas páginas que no gustan en Washington o en Tel Aviv.

La caza de bulos es el oficio más viejo del mundo y nunca ha necesitado algoritmos; basta con enviar a la Inquisición o a la Guardia Civil y cerrar un periódico, como ya hicieron con Egunkaria en 2003. El quemar vivos a los periodistas o despellejarlos es optativo.

Quien crea, como el autor del artículo que comentamos, que una máquina puede ayudar a prevenir la difusión de la desinformación, debe hacérselo mirar. De lo que se trata es de disimular la censura con uno de esos programas informáticos asépticos y neutrales, “made in MIT”, que encandilan a los “geeks”.

Naturalmente que los inquisidores, como Clara Jiménez, de Maldita, no quieren limitar su furia a las publicaciones sino también a las conversaciones privadas, de tal manera que a través de chats, como WhatsApp, sólo se expresen afirmaciones verídicas, contrastadas y fiables.

No vamos a aburrirles con más chorradas. Les dejamos con la frase de Preslav Nakov, uno de esos cretinos que elaboran los algoritmos para detectar noticias falsas: “La dicotomía izquierda-derecha no es una división universal”, afirma. “Por ejemplo, estas nociones aparecen invertidas en Europa del Este, donde la izquierda es conservadora y la derecha es liberal”.

Hace falta ser rematadamente tonto para decir tal cosa; imagínense ahora qué tipo de algoritmos fabrican esos descerebrados.

(*) https://www.publico.es/actualidad/kim-jong-ajusticio-tio-jauria.html

Facebook: uno de los mecanismos de propaganda del imperialismo y el sionismo

Facebook es una de las herramientas de la política exterior del imperialismo. Hace tiempo que la red social trabaja (censura) en estrecha colaboración con un grupo de expertos del Consejo Atlántico, patrocinado por la OTAN y el 19 de setiembre anunció que, además, se había unido a dos organizaciones (1) controladas por el gobierno de Estados Unidos: el NDI (National Democratic Institute) y el IRI (International Republican Institute).

El NDI y el IRI se componen de políticos demócratas y republicanos de Washington de alto nivel. El NDI está presidido por la antigua secretaria de Estado, Madeleine Albright, mientras que el difunto senador John McCain fue presidente del IRI durante mucho tiempo. Ambos grupos fueron creados en 1983 como parte de la National Endowment for Democracy (NED), una empresa de la Guerra Fría impulsada por William Casey, entonces Director de la CIA.

El hecho de que el Consejo Atlántico, el NDI y el IRI dirijan los contenidos de Facebook con la excusa de “luchar contra las noticias falsas” es un sarcasmo absoluto.

Las famosas noticias falsas no son más que un pretexto para atacar la información indepediente y progresista. Los cambios en el algoritmo de Facebook han reducido significativamente el tráfico de medios progresistas, como Common Dreams (2), mientras que la página de TeleSur en inglés y Venezuela Analysis fueron cerradas sin previo aviso.

En los años ochenta el NDI impulsó a la contrarrevolución en Nicaragua, mientras que el IRI tuvo un papel clave en el golpe de 2002 contra Chávez en Venezuela, según confesión propia.

Tras su asociación con el Consejo Atlántico, Facebook eliminó las cuentas vinculadas a los canales de radiodifusión iraníes (3), al mismo tiempo que se reunía con representantes del gobierno israelí para discutir las voces palestinas que debía censurar (4).

Facebook ha aceptado el 95 por ciento de las solicitudes de exclusión de la lista del gobierno israelí. Por lo tanto, el gobierno de Estados Unidos y sus aliados utilizan la plataforma para silenciar las opiniones disidentes, tanto dentro de casa como en el escenario mundial, controlando lo que los 2.000 millones de usuarios de Facebook ven y no ven.

El año pasado Bloomberg BusinesWeek informó (*) de que el partido nazi AfD (Alternative für Deutschland) había visitado la sede de Facebook para discutir con empresas estadounidenses la mejor manera de utilizar la plataforma para reclutar adeptos y seguidores. La AfD triplicó su cuota de votos, convirtiéndose en el tercer partido más grande de Alemania, el mejor resultado electoral de los nazis desde los años treinta.

Son muchos los que se lamentan del “auge de la ultraderecha”, pero nadie se pregunta por los motivos de que importantes medios de comunicación, convencionales y digitales, sean las palancas de dicho éxito.

Todas esas plañideras ocultan que es Estados Unidos quien decide lo que el mundo ve y lee, con la capacidad de marginar o simplemente suprimir noticias de organizaciones o países que no comparten sus opiniones.

Es muy problemático que una sola multinacional tenga tal monopolio sobre el flujo de información, pero la creciente maraña de control empresarial y político sobre los medios de comunicación lo es aún más.

(1) https://www.reuters.com/article/us-facebook-elections/facebook-expands-fake-election-news-fight-but-falsehoods-still-rampant-idUSKCN1LZ2XY
(2) https://www.commondreams.org/news/2018/05/03/progressive-media-outlets-including-one-decry-facebooks-plan-act-gatekeeper
(3) https://www.cnbc.com/2018/08/23/google-deletes-58-accounts-with-ties-to-iran-from-youtube-and-other-sites.html
(4) https://theintercept.com/2017/12/30/facebook-says-it-is-deleting-accounts-at-the-direction-of-the-u-s-and-israeli-governments/
(*) https://www.bloomberg.com/news/articles/2017-09-29/the-german-far-right-finds-friends-through-facebook

Culebrón Skripal: últimas y apasionantes revelaciones sobre un temible coronel del no menos temible GRU

Lo mismo que los geranios del balcón, para que no se marchiten las noticias falsas necesitan un poco de agua todos los días; de lo contrario no habría campaña y no se cumpliría el principio de Goebbels, que es pura dialéctica: una mentira mil veces repetida, se convierte en su contrario.

Lo mismo ocurre con el Caso Skripal, convertido ya en un culebrón. La última primicia es de Bellingcat (1) y Russia Insider (2), que es tanto como decir, La Razón y OK Diario (para entendernos), que publican (3) tres fotos de uno de los “sospechosos” del envenenamiento, Ruslan Boshirov, para concluir que se trata de un nombre falso bajo el que se encubre Anatoli Chepiga(4), un temible coronel del GRU, el servicio secreto ruso.

A la intoxicación responde Kommersant (5) desde Rusia, quien lleva a sus reporteros al pueblo de Chepiga/Boshirov con las fotos en la mano para que los vecinos digan si le reconocen o no, y ocurrre como con la parrala: unos dicen que sí y otros dicen que no, de donde extraemos la conclusión -bastante fehaciente- de que en Rusia hay un tipo que se llama Ruslan Chepiga.

A partir de ahí entramos en el caso que en inglés se empieza a llamar con el juego de palabras “Novi-Fog” (Novi-Niebla).

De la serie de tres fotos, las dos últimas los intoxicadores las han tomado del pasaporte del falso Boshirov; la primera corresponde a Chepiga, pero no les preguntes de dónde ha salido o, en otras palabras, quién se la ha proporcionado y por qué asocian el rostro con un coronel del GRU.

Cualquiera podría decir que es su primo Javi, que trabaja en un taller mecánico de Porriño, pero entonces se estropea el culebrón.

Ni los sabuesos del espionaje británico ni sus secuaces en los medios de comunicación cuentan lo más básico: cuándo, cómo y por qué entregaron visados de entrada a Gran Bretaña a dos espías rusos y dónde aparecen sus huellas dactilares.

En ruso a esto le dicen “sovershenno sekretno” y en Porriño “top secret”.

(1) https://www.bellingcat.com/news/uk-and-europe/2018/09/14/skripal-poisoning-suspects-passport-data-shows-link-security-services/
(2) https://theins.ru/?p=117161
(3) https://www.bellingcat.com/news/uk-and-europe/2018/09/20/skripal-suspects-confirmed-gru-operatives-prior-european-operations-disclosed/
(4) https://www.bellingcat.com/news/uk-and-europe/2018/09/26/skripal-suspect-boshirov-identified-gru-colonel-anatoliy-chepiga/
(5) https://www.kommersant.ru/doc/3607921

La Gran Fábrica de Mentiras: el ‘prestigioso’ New York Times

El New York Times sigue destacando por la fabricación de noticias falsas, para las que no hay fuente más fiable que la CIA, que regularmente alimenta a sus sicarios periodistas con historietas sensacionales, que son tan inverificables como sus fuentes anónimas.

Un ejemplo es el anuncio el 24 de agosto de que los servicios secretos estadounidenses no sabían nada sobre los planes de Rusia de arruinar las elecciones del próximo noviembre, porque sus “informantes cercanos a… Putin y al Kremlin” no les estaban diciendo nada.

Pero en el periodismo más convencional, no saber nada sobre algo que no existe o para lo que no hay pruebas, es la nada; no puede ser ni noticia ni primicia.

Este tipo de “informaciones” en torno a la nada persiguen un objetivo: asegurar la presencia constante del mantra “Rusia sabotea la democracia occidental” en primera plana.

El 5 de septiembre el New York Times volvía a la carga, sustityendo a Putin por Trump en un artículo sin firma titulado “Formo parte de la resistencia dentro del gobierno de Trump”. Es otra pequeña obra maestra del arte de la estafa periodística. El anónimo autor se presenta como un reaccionario indignado por la “amoralidad” de Trump, o sea, un traidor (otro) dentro de un gobierno que se permite pontificar sobre “moralidad” (así es el New York Times).

Tanto en Washigton como en Moscú, el prototipo del New York Times es el mismo que el de Shakespeare: Yago, el traidor en la tragedia “Otelo, el moro de Venecia”, al que destruye al empujarlo a desconfiar de su mujer y de sus amigos más cercanos. Es el mito de un personaje que gobierna en un lugar (Venecia) que no es el suyo: Otelo es de la otra ribera del Mediterráneo, africano, un moro o quizá peor: un negro.

El Yago del New York Times pone como ejemplo a seguir al difunto senador John McCain y dice aprobar las medidas reaccionarias de Trump, que considera como positivas: desregulación, reforma fiscal, un ejército más robusto y otras en las que (hábilmente) se olvida de mencionar la política de inmigración.

De Trump el traidor apoya todo excepto una única cosa: la política exterior de Trump y, en especial, la tentativa de mantener buenas relaciones con Rusia y Corea del norte.

Los cazadores de fraudes y falsedades bien podrían incluir este tipo de montajes dentro de su elenco de basura, como han hecho el Boston Globe y algunos medios belgas (Le Soir, RTBF) que se preguntan por la identidad del nuevo “garganta profunda”. Ya se lo decimos nosotros: los anónimos de esa prensa tan “prestigiosa” no pueden engañar a nadie; apestan a CIA allá por donde van.

Las nuevas tecnologías encubren las campañas de intoxicación de la CIA: el Caso Genbeta

Un blog sobre tecnología, informática y tendencias digitales, Genbeta (1), ha iniciado una cruzada santa contra las noticias falsas, a las que llaman “fakes” porque no se molestan en acudir a un diccionario. “Díme de qué presumes y te diré de qué careces” es un refrán conocido que casa como anillo al dedo a Genbeta.

Los modernos inquisidores son aún peores, mucho peores, cuando visten ropajes asépticos, neutrales, imparciales, arropados por el disfraz de las ciencias de la naturaleza, exactas y puramente técnicas; nada que ver con las ciencias sociales, las ideologías, las religiones o el chamanismo.

Su desfachatez es la que les permite difundir a los cuatro vientos titulares amañados como “Descubren una enorme red de desinformación iraní en Facebook, Twitter, Instagram y YouTube”. Entonces caemos en la cuenta de que, a diferencia de la BBC, por ejemplo, lo que la la República Islámica difunde no es información, sino todo lo contrario: desinformación.

También nos sorprendemos de que las redes que maneja Irán no son insignificantes, como suponíamos, sino todo lo contrario. Son un peligro porque son “enormes” y amenazan con embaucar al resto del mundo con sus (des)informaciones porque nosotros -ignorantes- no somos capaces de diferenciar una cosa, la información, de otra, la desinformación.

Estamos en peligro. Antes estábamos bien informados gracias a cadenas como la BBC, pero ahora a las “enormes” redes rusas se le suman las iraníes y dentro de poco los de Corea del norte harán lo propio y acabaremos todos engañados y confundidos.

Menos mal que tenemos a expertos, como los de Genbeta, que disponen de un elenco de “cazadores de fakes” capaces de diferenciar las verdades de las mentiras y prevenirnos de Rusia, Irán y otros países del Eje del Mal que no hacen más que contar fabulaciones.

La noticia de Genbeta tiene como fuente a FireEye, a la que presentan como si fuera una “empresa de seguridad”, cuando se trata de una de tantas pantallas de la CIA, como cabía sospechar sólo con tener una mínima capacidad de crítica.

Por lo tanto, como tantos otros, Genbeta se convierte en un altavoz de la CIA y de sus campaña de intoxicación permanente que, a diferencia de otras, sí es realmente “enorme”, como vemos entre quienes hacen gala de un seguidismo gregario.

Basta con ser capaz de analizar un poco para saber que FireEye es una de tantas empresas de tecnología de vanguardia creadas por la CIA, como dijo hace seis años Business Insider (2). A través de In-Q-Tel, la CIA ha invertido en FireEye desde 2009, pero Genbeta se preocupa de encubrir le naturaleza imperialista, terrorista y criminal de sus fuentes.

El trasfondo militarista de empresas tecnológicas como FireEye es tan descarado que en 2014 la agencia Bloomberg volvió a denunciarlo (3): los clientes internacionales de FireEye estaban “planteando preguntas” sobre sus vínculos evidentes y conocidos con el espionaje.

Es normal que para la intoxicación Genbeta necesite utilizar una pantalla, como FireEye, porque convertirse en un portavoz directo de la intoxicación de la CIA no es propio de quienes alardean de neutralidad, imparcialdad y lucha contra las mentiras en nombre de las “nuevas tecnologías”.

(1) https://www.genbeta.com/actualidad/no-solo-rusia-descubren-enorme-red-desinformacion-irani-facebook-twitter-instagram-youtube
(2) https://www.businessinsider.com/25-cutting-edge-companies-funded-by-the-central-intelligence-agency-2012-8
(3) https://www.bloomberg.com/news/articles/2014-05-08/fireeye-cybersecurity-leader-with-cia-ties-tries-to-expand-abroad

Más información:
— La CIA quiere manipular las redes sociales
— El Pentágono creó Google para dominar la guerra de la información en el mundo
— El Pentágono apuesta por internet para la guerra imperialista
— El espionaje imperialista controla al mayor fabricante mundial de tarjetas SIM

El gobierno comunista nepalí pone freno a la penetración de los evangelistas procedentes de Estados Unidos

En Nepal el gobierno comunista ha aprobado una ley para prohibir las conversiones religiosas, lo que no es fácil de explicar para quienes consideran que la religión no tiene que ver con “la política”, o que se trata de convicciones personales o prácticas rituales.

Las religiones no son otra cosa que instrumentos de dominación política, por lo que no pueden ser iguales en Estados diferentes. Una de las estupideces más grandes, muy extendida entre los ateos, consiste en creer que “todas las religiones son iguales”.

El gobierno de Nepal ha vuelto a demostrarlo y no tiene que ver tampoco con su carácter comunista, sino más bien con el nacionalismo. La prohibición de la propaganda para que la población cambie sus creencias religiosas es un intento de poner frente a la proliferación de movimientos cristianas que, bajo la forma de ONG, se han multiplicado en Nepal desde el final de la guerra de guerrillas.

Aunque la ley no lo dice, se trata de contener la plaga evangelista que ha desembarcado en el “techo del mundo”, cuya población hasta ahora era tradicionalmente hindú.

“Nadie puede convertir a otro para que cambie de religión, ni predicar su propia religión o creencias con las mismas intenciones, ya sea mediante el uso de métodos atractivos o poco atractivos, ni perturbar la religión o las creencias de ningún grupo étnico o comunidad que las haya practicado desde la antigüedad”, dice la ley.

En diez años el número de cristianos se ha triplicado en Nepal, especialmente entre los habitantes más pobres. Han desembarcado en compañía de la música “gospel” y otras sorpresas ajenas a los países asiáticos.

Lo mismo que en Latinoamérica, el evangelismo llega a Nepal como “quinta columna” del imperialismo para enfrentarlas entre sí a las comunidades locales y, finalmente, destruirlas y desestabilizarlas.

Dentro de poco empezaremos a leer “noticias” sobre persecuciones religiosas en Nepal, que serán equiparadas a las del Tíbet, con explicaciones que reconducen a la Guerra Fría, a Stalin, a Mao…

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