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La guerra cognitiva de la OTAN (el cerebro como teatro de operaciones militares)

Más allá de su carácter estrictamente técnico y bélico, la OTAN desarrolla investigaciones prospectivas en torno al “futuro contexto militar” a través de la confluencia de conocimientos militares, industriales y académicos.

En esta misión, resulta fundamental la labor del “Mando Aliado de Transformación” (“Allied Command Transformation” o ACT), conducido por el general francés Philippe Lavigne y que mantiene una estructura de 24 “Centros de Excelencia” dedicados a la formación y a la investigación y repartidos por casi todo el planeta.

Uno de estos Centros es el conocido como “NATO Strategic Communications Centre of Excellence”, también designado como StratCom, que tiene su sede en Riga, capital de Letonia, y que, a su vez, es el responsable del “Innovation Hub” o “Centro de la Innovación” (iHub), fundado en 2013 en la base de Norfolk (Virginia Estados Unidos).

Al frente del “Innovation Hub” se encuentra el oficial francés Francois du Cluzel, ex profesor de la Escuela Militar Interarmas de Coëtquidan, en Francia, y posterior investigador sobre habilidades cognitivas en la Universidad John Hopkins y el Imperial College de Londres. En la actualidad, du Cluzel es considerado como uno de los principales expertos en todo lo relacionado con las guerras del futuro y con los procesos de transformación de los conflictos armados.

El iHub fue concebido desde un inicio como el “cerebro” de la OTAN. Se trata de un ámbito vanguardista, especializado en la investigación prospectiva sobre novedosas técnicas de guerra. Sin embargo, su principal campo de análisis es el de las llamadas “capacidades cognitivas” aplicadas al campo militar en cuestiones tan diversas como la fabricación de “soldados biónicos” y, sobre todo, los nuevos métodos de propaganda en enfrentamientos bélicos.

La idea general de la OTAN es trascender el esquema tradicional e “híbrido” compuesto por cinco sectores de enfrentamientos bélicos que tienen lugar, de manera estratégica y articulada, en el aire, la tierra, el mar, el espacio y el ámbito cibernético.

De esta manera, el iHub propone un sexto teatro de operaciones: el cerebro humano. Sus implicaciones son revolucionarias, a la vez que temible. Según lo describe Francois du Cluze en el informe “Cognitive Warfare” (de 2020 y financiado por la OTAN) “mientras que las acciones desarrolladas en los cinco sectores (tradicionales) ‎‎se ejecutan para obtener un efecto sobre el campo humano, el objetivo de la guerra cognitiva es ‎convertir a cada persona en un arma”.‎

Así, tal como lo expresa du Cluzel, “la guerra cognitiva tiene un alcance universal, desde el individuo hasta los estados y las organizaciones multinacionales”. Y para desarrollarse “se alimenta de las técnicas de desinformación y propaganda dirigidas a agotar los receptores de información”.

Por tanto, desde la perspectiva cognitiva, nadie permanece ajeno al conflicto: por el contrario, “todo el mundo contribuye a él, en diversos grados, consciente o inconscientemente”. A través de internet y de las redes sociales, todos proporcionamos “un conocimiento invaluable sobre la sociedad” en que vivimos, especialmente, en “sociedades abiertas” como las occidentales.

En definitiva, “el cerebro será el campo de batalla del siglo XXI”. Y así, resulta probable que “los conflictos futuros entre las personas ocurran primero digitalmente y después físicamente en las proximidades de los centros de poder político y económico”.

La guerra cognitiva plantea, por tanto, un nuevo esquema de confrontación y, aunque originalmente fue ideada como una herramienta de naturaleza defensiva, resulta claro que su principal objetivo es “dañar a las sociedades y no solo a las fuerzas armadas”.

Más allá de las consecuencias políticas, económicas y geopolíticas de la actual crisis entre Rusia y las potencias occidentales, hoy dicho conflicto se presenta como un campo preferencial para la experimentación de los principales aspectos de la guerra cognitiva, tal como en la actualidad se plantea desde la OTAN, en una estrategia que apunta a la vez a la polarización de opiniones y a la radicalización de grupos y sectores políticos.

Así, las actividades de propaganda, las campañas de desinformación, y la operatividad en torno a internet, los medios hegemónicos y las distintas redes sociales, se configuran como elementos centrales de un conflicto que se expande no sólo en términos territoriales sino también en el sistema de creencias y en la subjetividad de cada uno de nosotros.

Daniel Kersffeld https://www.pagina12.com.ar/423290-conflicto-rusia-ucrania-la-guerra-cognitiva

YouTube toma partido y elimina 70.000 vídeos alternativos sobre la Guerra de Ucrania

YouTube, la plataforma de vídeo de Google, es cada vez más estricta con la censura de contenidos relativos a la Guerra de Ucrania. Un capataz lo justifica diciendo que la mayoría de los vídeos eliminados provienen de canales “afiliados al gobierno ruso”.

Rusia debe tener muchos canales “afiliados” a su gobierno porque la plataforma ha eliminado más de 70.000 vídeos y borrado 9.000 canales relacionados con la Guerra de Ucrania, según el diario británico The Guardian (*).

Uno de los motivos es el de llamar a la invasión de Ucrania una “misión de liberación”. Como suele ocurrir, más interesante que la censura masiva son los pretextos con que se visten los inquisidores.

La “violencia” es uno de esos pretextos. Youtube está en contra de una “violencia” que no se puede negar (salvo que seas un negacionista). Es algo que “se aplica a todo”, dijo Neal Mohan, jefe de producto de YouTube.

Otro pretexto es que sólo se difundan “información precisa, de alta calidad y creíble”, añadió Mohan. Da la casualidad de que los canales más fiables y mejores son los que critican la acción militar de Rusia.

Los demás, los que han enviado a la papelera, repiten la “retórica del Kremlin”. Se trata de narraciones que provienen del gobierno ruso o de actores rusos en nombre del gobierno ruso. A pesar de ello, Mohan afirma que YouTube “es un lugar donde los ciudadanos rusos pueden obtener información sin censura sobre la guerra”.

¿Sin ensura? En los últimos meses YouTube ha suspendido temporalmente las cuentas asociadas a los ministerios de Defensa y Asuntos Exteriores rusos por describir la guerra como una «misión de liberación». YouTube también prohibió en marzo a Russia Today y Sputnik, los dos principales difusores del discurso internacional del Kremlin.

Lo que YouTube está diciendo es que ha tomado partido: la censura no se dirige contra Rusia, ni contra los rusos, sino sólo contra el gobierno. Si algún ruso introduce contenidos opuestos a su gobierno, es bienvenido.

El derecho a la información tiene dos partes: una, activa, es el derecho a informar, la otra, pasiva, es el derecho a informarse. YouTube ha eliminado las dos. Casi 90 millones de rusos utilizan la plataforma de Google. Por lo tanto, hay 90 millones de rusos que no pueden conocer la opinión de su propio gobierno sobre la Guerra de Ucrania.

La semana pasada, el ministro de Desarrollo Digital de Rusia, Maksut Shadaev, dijo que su gobierno no bloquearía YouTube, a pesar de las disputas sobre contenidos que han llevado a la plataforma a ser multada por los tribunales por no retirar vídeos prohibidos.

Como buena plataforma partidista, cada vez que en el mundo hay un acontecimiento crítico, YouTube desenfunda la tijera. Durante la pandemia eliminó más de 130.000 vídeos sobre las vacunas.

En Estados Unidos ocurre lo mismos. Un contenido no es fiable porque proceda de Estados Unidos. El canal de Trump fue prohibido temporalmente después de la invasión del Capitolio al final de su mandato. Los usuarios de YouTube no tienen derecho a conocer la opinión de Trump; sólo la de sus oponentes.

(*) https://www.theguardian.com/technology/2022/may/22/youtube-ukraine-invasion-russia-video-removals

La censura de los medios británicos está a cargo del ejército

Poco conocido y raramente discutido por la clase dirigente de los medios de comunicación, durante décadas Reino Unido ha mantenido en secreto el Comité Asesor de Medios de Defensa y Seguridad (DSMA), que impone una forma muy británica de censurar a la prensa. Decide qué temas y eventos pueden ser cubiertos, y cómo, de manera caballerosa pero intrínsecamente deshonesta.

El comité de la DSMA es un órgano dirigido por el Ministerio de Defensa, compuesto por representantes de los servicios de seguridad, veteranos militares, altos funcionarios, directores de asociaciones de prensa, editores y periodistas, que se reúne cada seis meses. Según Declassified UK, representantes de las cadenas ITV, BBC y Sky News forman parte del comité. También están presentes el director de The Times y The Sunday Times y el subdirector de The Telegraph.

A menudo, la comisión emite notificaciones D, como una petición formal a los periodistas para que no publiquen o difundan determinada información sobre temas de seguridad nacional, o solicita la eliminación de ciertos detalles de los informes sobre temas supuestamente sensibles.

Desde 2017 ha habido cinco notificaciones permanentes, relativas a: operaciones, planes y capacidades militares; sistemas y equipos de armas nucleares y no nucleares; operaciones, actividades y métodos y técnicas de comunicación de las fuerzas militares antiterroristas, fuerzas especiales y organismos de inteligencia; bienes físicos y activos; y personal y sus familias en puestos sensibles. Si el Secretario del Comité cree que un artículo que entra en una o más de estas cinco áreas está a punto de ser publicado, o lo ha sido, se envían correos electrónicos a los editores de todas las publicaciones de gran tirada, normalmente con las palabras “privado y confidencial: no publicar, difundir o utilizar en las redes sociales”.

La DSMA hace todo lo posible para evitar la publicidad de las notificaciones D relacionadas con presuntas infracciones.

El acta de la última reunión del comité de la DSMA, celebrada en noviembre de 2021, indica que, de mayo a noviembre, su secretaría recibió 78 solicitudes de información y asesoramiento, lo que supone un aumento del 44 por cien respecto al periodo anterior. El total fue “justo por debajo de la media histórica de 10 años” de 88.

No se emitió ninguna notificación D, y el documento cita tres “buenos ejemplos” del “buen funcionamiento del sistema en la práctica” durante este periodo, entre los que se encuentran los relativos a las operaciones militares, la “divulgación involuntaria en línea de documentos sensibles de contratación” y la “pérdida de documentos clasificados”.

El acta también señala que los representantes de los medios de comunicación en el Comité “subrayaron la importancia de que los periodistas y editores se pregunten ellos mismos sobre las implicaciones de lo que se publica”.

Es de suponer que la prensa generalista ha pedido asesoramiento sobre estas cuestiones en bloque, y se ha quedado tranquila tras cumplir las normas.

Busca el consejo de la DSMA, o de lo contrario…

Las cartas del comité de la DSMA suelen terminar con preguntas amables como “¿Puedo pedirle mi opinión antes de hacerlo?” Esta hipocresía esconde una siniestra paradoja en el corazón del sistema. Sobre el papel, puede parecer consultivo, y los periodistas no están legalmente obligados a cumplir con las peticiones del Comité de buscar asesoramiento antes de publicar una historia o de mantener cierta información en secreto. Sin embargo, los periodistas son muy conscientes de que, si no cumplen, pueden ser perseguidos por la Ley de Secretos Oficiales.

De lo contrario, corren el riesgo de que, como mínimo, se les incluya en la lista negra o se les niegue el acceso a sesiones informativas, entrevistas e información privilegiada de funcionarios, ya sean oficiales o no.

Hay muy pocos ejemplos de violaciones de las notificaciones D, y rara vez se envían cartas. Entre 1997 y 2008, la Comisión sólo escribió a los medios de comunicación en 30 ocasiones. Un ejemplo palpable de la eficacia del sistema se produjo en noviembre de 2010, cuando se emitió una notificación D a raíz de las primeras publicaciones de los cables del Departamento de Estado estadounidense por parte de WikiLeaks.

El aviso advertía que la publicación de los archivos “podría desencadenar reacciones locales violentas” contra ciudadanos británicos “que trabajan o viven en zonas inestables”. La implicación era que los periodistas que se atrevieran a publicar algo sobre este material explosivo podrían tener las manos manchadas de sangre. Por ello, la inmensa mayoría de los medios de comunicación británicos ignoraron los cables.

Hay que consultar con la DSMA todos los días laborables

El funcionamiento de la agencia tiene un efecto escalofriante sobre los periodistas británicos. Según cifras citadas en el libro de Ian Cobain de 2016 The History Thieves, el comité estima que entre el 80 y el 90 por cien de las historias que los periodistas sospechan que pueden referirse a material sujeto a una de las cinco notificaciones D se someten voluntariamente a una revisión oficial antes de su publicación. El vicepresidente del comité de la DSMA se jactó: “Por término medio, un periodista consulta la secretaría cada día de trabajo”.

Pocos británicos, si es que hay alguno, son conscientes de esta perversa situación, y mucho menos de que da lugar a que la abrumadora mayoría de la cobertura de los medios de comunicación de las cuestiones de seguridad nacional esté restringida y dictada directamente por decreto gubernamental. Sin embargo, hay raros ejemplos de periodistas y editores que no consultaron al Comité antes de publicar sus artículos.

El ejemplo más significativo se refiere a la serie de artículos publicados por The Guardian en 2013, basados en documentos sensibles compartidos por el denunciante de la NSA Edward Snowden, quien expuso los excesos de la red secreta de espionaje mundial “Five Eyes” dirigida por Washington y Londres.

El 7 de junio de 2013, al día siguiente de las primeras informaciones de The Guardian, el Comité envió un aviso D a los directores de los periódicos, en el que afirmaba que, aunque no se habían incumplido sus directrices, a las agencias de inteligencia les “preocupaba que nuevos acontecimientos sobre este mismo tema” pudieran comprometer la seguridad nacional. Por lo tanto, las revelaciones de Snowden fueron ignoradas en gran medida por los medios de comunicación británicos, y la mayoría no mencionó en absoluto su explosivo contenido.

El Comité también realizó esfuerzos considerables para acercarse y neutralizar a The Guardian. En julio de ese año, justo cuando los técnicos del GCHQ asistían a la destrucción ceremonial de los ordenadores portátiles que contenían los archivos de Snowden, el periódico pidió consejo al comité sobre los documentos y luego se negó a publicar parte de la información que contenían.

Este compromiso siguió creciendo en el transcurso del año, hasta que el subdirector del Guardian, Paul Johnson, que dirigió la destrucción simbólica de los ordenadores portátiles, fue nombrado miembro del comité de la DSMA.

Tres años más tarde, el equipo de investigación del Guardian se disolvió y la cobertura de los temas militares, de seguridad y de inteligencia del Guardian entró en un precipitado declive. De hecho, muchos de los principales corresponsales de seguridad nacional del Guardian tienen ahora poca experiencia en este ámbito.

En febrero de 2022, Declassified UK recibió un correo electrónico del capitán retirado de la Marina Jon Perkins, que es secretario adjunto del comité de la DSMA. Pidió al medio de comunicación que retirara el nombre del teniente coronel “Sid” Purser, un alto asesor militar británico, de su cobertura del apoyo británico a la dictadura en Camerún.

“La publicación de este nombre… pone en peligro la seguridad personal del agente e incluso puede comprometer a su familia”, dijo Perkins. “Este detalle, por tanto, contraviene los términos de la notificación 5 de la DSMA [información personal sensible]. Por lo tanto, ¿puedo pedirle que elimine el nombre del artículo y se refiera a ‘un oficial británico’?”

Al igual que las anteriores solicitudes de la DSMA, el correo electrónico parecía muy cortés, pero para Declassified UK era confuso. ¿Fue una petición informal o una notificación más formal?

Mark Curtis, editor de Declassified UK, dijo que los medios de comunicación se habían negado a eliminar el nombre de Purser.

Declassified UK publicó dos semanas antes un informe sobre Camerún “que revelaba por primera vez detalles de cómo los militares británicos apoyan a su régimen represivo, encabezado por Paul Biya, el dictador más longevo de África, que gobierna con mano de hierro desde 1982”. Cumplió 89 años el domingo.

“Nuestro reportero jefe, Phil Miller, ha descubierto que no sólo Gran Bretaña está entrenando al ejército de Biya, al que se acusa de torturas y ejecuciones, sino que un oficial de las fuerzas especiales británicas ha escrito incluso una doctrina de ‘gestión de crisis’ para el dictador”, añadió Curtis.

En 2020 un miembro de la oficina de prensa del Ministerio de Defensa sugirió que Declassified UK debería “incluirse en una lista de organizaciones con las que el Ministerio no desea cooperar”. Posteriormente, el Ministerio de Defensa emitió una disculpa.

Una advertencia ‘urgente’ a los editores

El aparente envenenamiento con un agente nervioso del ex agente doble Serguei Skripal y su hija Yulia en la ciudad inglesa de Salisbury el 4 de marzo de 2018 es otro ejemplo de la función del Comité. Dos días después, el medio de comunicación ruso Meduza publicó un artículo en el que se describían los antecedentes de Skripal como espía, así como los de su reclutador y funcionario del MI6, Pablo Miller. El artículo mencionaba que la cuenta de LinkedIn de Miller indicaba que también residía en Salisbury.

Miller borró este perfil incriminatorio, pero el 7 de marzo el Daily Telegraph reveló que ahora trabaja para Orbis Intelligence, la conocida empresa de seguridad privada dirigida por el ex espía del MI6 Christopher Steele, autor del ampliamente desacreditado dossier Trump-Rusia.

Aunque la publicación se negó deliberadamente a nombrar a Miller, a las pocas horas el secretario de la DSMA emitió otra nota “urgente” en la que advertía a los editores que no debían revelar la identidad del personal de seguridad e inteligencia británico. Instó a los medios de comunicación a que consulten al Comité si “están considerando publicar este tipo de material”.

Al día siguiente, Gordon Corera, de BBC News, y Luke Harding, de The Guardian, conocidos por ser taquígrafos de seguridad nacional, acudieron a Twitter y negaron rotundamente que Miller hubiera trabajado para Orbis. También afirmaron -basándose en fuentes anónimas- que no había ningún vínculo entre Skripal y Steele (Harding afirmó falsamente que los resultados de Google que mostraban dicho vínculo eran producto de una manipulación diabólica del motor de búsqueda).

El Daily Telegraph acabó publicando un artículo en el que desmentía su anterior artículo como producto de un “intento de operación encubierta” por parte de la inteligencia rusa para poner en duda el dossier Steele, citando “fuentes bien situadas” que “sospechaban” que el perfil de LinkedIn al que se había referido originalmente – “si es que realmente existía“- había sido creado por la inteligencia militar rusa.

Un sistema para acabar con el periodismo

El auge de internet ha planteado importantes problemas al sistema de la DSMA. Al fin y al cabo, es increíblemente difícil, si no imposible, que Londres impida a las publicaciones y a los periodistas de fuera del país difundir información que el gobierno británico no quiere que sea de dominio público. Esto puede explicar, al menos en parte, por qué las autoridades británicas están planeando ampliar significativamente su capacidad para encarcelar a los denunciantes, filtradores y periodistas. Como informó The Dissenter el 9 de febrero, las autoridades británicas están tratando de ampliar las leyes de secretos oficiales para reflejar la naturaleza orwelliana de la Ley de Espionaje de Estados Unidos.

Según la legislación actual, cualquier “funcionario de la Corona” (gobierno, empleado o contratista) que filtre información clasificada a otra persona -o los periódicos o periodistas que publiquen secretos filtrados por dichas personas- puede ser encarcelado hasta dos años. Ni los filtradores ni los editores pueden alegar la defensa del “interés público”, y las penas pueden aumentarse posteriormente si un juez considera que las sanciones iniciales no fueron lo suficientemente severas.

Esta ley es una de las principales razones por las que las filtraciones de las agencias de seguridad o inteligencia del Reino Unido, o incluso de los departamentos gubernamentales, son poco frecuentes. De hecho, cuando se producen filtraciones, suelen provenir de organismos que quieren que la información se haga pública por una razón política o de despiste.

Esta tendencia es tanto más preocupante cuanto que la comisión DSMA y su sistema de notificaciones D es ya un mecanismo de censura del periodismo con efectos devastadores.

Las actas de noviembre de 2021 muestran que las operaciones de la rama antiterrorista de la Policía Metropolitana pronto estarán cubiertas por el sistema. Esto significa que los periodistas locales, que a menudo son los primeros en llegar al lugar de los incidentes terroristas y “tienen menos probabilidades de estar familiarizados con las notificaciones permanentes”, serán objeto de un “trabajo cercano”.

“Los miembros de la industria de los medios de comunicación podrían contribuir en este sentido”, se indica en el acta, y se señala que los periodistas y editores están llamados a ayudar activamente al Comité a frenar el flujo de verdades incómodas e información perjudicial en los medios de comunicación.

El público británico no es consciente del papel que desempeña el comité de la DSMA para disuadir a los medios de comunicación de seguir las historias relacionadas con la difamación de Julian Assange por parte de Washington. Pero para ser un caso sin precedentes que acapara titulares, la cobertura de los medios de comunicación ha sido especialmente suave.

En junio de 2021, Stundin, un bisemanario islandés, reveló que una nueva acusación contra el jefe de WikiLeaks se basaba en gran medida en el falso testimonio de un estafador, diagnosticado como sociópata y condenado por pedofilia, al que el FBI había reclutado para socavar la organización desde dentro. Los detalles procedían de una entrevista con el propio informante, pero ningún periodista británico informó de ello.

Tres meses después, Yahoo! News reveló los “planes de guerra secretos” de la CIA para secuestrar y posiblemente asesinar a Assange en caso de que se escapara de la embajada de Ecuador en Londres. La BBC News sólo mencionó el bombazo en una ocasión, en su sección en lengua somalí. The Guardian y The Independent mencionaron la historia una vez, mientras que todos los demás medios británicos ignoraron el informe.

Muchos periodistas de los medios de comunicación británicos son indiferentes a la situación de Assange. Sin embargo, los profesionales de los medios de comunicación que reconocen lo que está en juego están sometidos a un sistema que pretende desalentar el tipo de investigaciones de seguimiento que podrían desvelar esta acusación descaradamente política.

La bestia negra: Julian Assange

El 20 de abril un juez británico aprobó la extradición del fundador de Wikileaks, Julian Assange, a Estados Unidos, donde será juzgado en virtud de la Ley de Espionaje. El Ministro del Interior, Priti Patel, decidirá ahora si aprueba la decisión.

Grupos de derechos y ciudadanos preocupados de todo el mundo han instado a Patel a detener la extradición, argumentando que la persecución de Washington contra Assange equivale a una criminalización de la actividad periodística legítima y pone en peligro la libertad de prensa en todo el mundo.

Es probable que estas demandas caigan en saco roto. Una característica llamativa de la decisión de enero de 2021 sobre la extradición de Assange, así como de la sentencia sobre el recurso de Washington, es que las consideraciones sobre la libertad de prensa no fueron tenidas en cuenta en absoluto por el tribunal.

La jueza de distrito Vanessa Baraitser aceptó los argumentos subyacentes de cada una de las acusaciones de Estados Unidos al pie de la letra, mientras que el Tribunal Superior de Justicia rechazó cualquier sugerencia de que la extradición de Assange fuera “injusta”.

Este preocupante descuido es quizá sintomático de la cultura británica del secreto de Estado, posiblemente la más estricta y draconiana del mundo occidental, por lo que es seguro que Patel aprobará la extradición de Assange.

Kit Klarenberg https://thedissenter.org/very-british-form-of-press-censorship/

Los misiles más perniciosos son los que explotan en la conciencia de una población

El pasado mes de noviembre, con motivo de la edición 2021 del Foro de Innovación de la Defensa (FID), la ministra francesa del ejército, Florence Parly, anunció el Proyecto Miríada para la manipulación de las masas (*), esto es, un plan de propaganda de guerra o guerra sicológica.

Como es corriente, estos planes se presentan -y justifican- a la inversa: debemos impedir que el enemigo intoxique a nuestra población con bulos y falsedades. Sin embargo, la guerra sicológica está dirigida contra la población propia. La manera de evitar que el enemigo engañe a los nuestros es que les engañemos nosotros previamente.

En el mundo moderno la coexistencia de una información plural no es posible porque las opiniones son un arma equiparable a cualquier otra. Por lo tanto, hay que desarmar al enemigo impidiendo la difusión de su pensamiento, bien entendido que el enemigo no es alguien de fuera sino todos aquellos que no piensan como los militares.

El ejército francés lo llama “guerra cognitiva”, donde el campo de batalla llega hasta la conciencia. Se trata de actuar sobre el pensamiento de las masas para influir en sus opiniones o convencerlas de que cambien su comportamiento sin que sientan que alguien les obliga a ello.

La propaganda de guerra ha existido siempre. No hay más que recodar las películas de Hollywood. Pero sólo se podía ejercer sobre un número limitado de individuos. Sin embargo, con el desarrollo de las redes sociales, los medios para manipular las opiniones se han multiplicado, y su alcance también.

La guerra sicológica tiene una importancia creciente. En su discurso, Parly mencionó los manuales publicados con anterioridad por el Ministerio francés de Defensa, que también formaban parte de la guerra cognitiva.

La AID (Agencia de Innovación de la Defensa), el equivalente francés de Darpa, ha convocado un concurso de ideas para implementar el Proyecto Miríada: “Después de los combates en tierra, en el mar, en el aire, en el espacio y en el ciberespacio, una sexta área de intervención será cada vez más marcada. Con la guerra cognitiva, las guerras se libran y se librarán en la mente. Se trata de un espacio operativo que debemos seguir explorando para protegernos de estas amenazas y saber cómo actuar. Por ello, la Agencia de Innovación de la Defensa hace un llamamiento a los agentes académicos, institucionales e industriales para que unan sus fuerzas y propongan trabajos que permitan preparar mejor las confrontaciones del mañana”, explica la convocatoria.

La Agencia “se refiere a las operaciones militares realizadas en la capa de información del ciberespacio para detectar, caracterizar y contrarrestar los ataques, proporcionar información o llevar a cabo el engaño, ya sea de forma autónoma o en combinación con otras operaciones”. También se hará hincapié en la detección de “infox”, información modificada y falsificada, “deepfakes”, “datos contradictorios, controversias, discursos de odio” y “bots sociales”, así como en el análisis de redes de influencia, incluyendo la identificación de sus relaciones y miembros y sus roles, y la clasificación de “perfiles psicológicos” y “personalidades”.

El ejército francés quiere preparar “operaciones de contrainfluencia en los medios sociales” y “automatizar o ayudar a la conducta” de la población. “Los objetivos operativos son poder denunciar, contener, debilitar o desacreditar los ataques informativos, debilitar la legitimidad de nuestros adversarios y apoyar las operaciones en el terreno físico mediante el engaño”, según confiesa.

(*) https://anr.fr/fr/detail/call/accompagnement-specifique-des-travaux-de-recherches-et-dinnovation-defense-appel-thematique-sur-l-1/

Ucrania ha perdido la guerra y Estados Unidos no debería apostar por un caballo perdedor

El New York Times, que hasta ahora ha estado propagando bobadas sobre la Guerra de Ucrania, tiene un duro trabajo por delante, si quiere seguir siendo un medio de esos que llaman “de referencia mundial”. Tiene que transmitir el punto de vista estadounidense sobre unos fundamentos más verosímiles de los que ha expuesto hasta ahora y, sobre todo, algo que en Estados Unidos es muy importante: justificar el desembolso económico que están haciendo por un país -para ellos remoto- como es Ucrania.

Los políticos estadounidenses no ocultan que una guerra en la que mueren otros, sobre todo si son rusos, sólo puede ser positiva. Pero con unos argumentos tan cutres, un medio no se convierte en referencia mundial. Hay que sentar otras bases, una tarea que emprendió el consejo de redacción del periódico el miércoles.

En Ucrania las cosas no van bien para Estados Unidos y su hombre en Kiev, Zelensky, no da la talla, por más que lo intenten encumbrar: “Los rusos mantienen gran parte del este [de Ucrania], a pesar de los reveses”, titula el periódico en primera plana. En el artículo el panorama es aún mucho más sombrío: “La realidad geográfica es que Rusia ha ganado terreno”. No se “mantiene” sino que “gana”, un detalle importante cuando muchos juzgan que las guerras las ganan quienes avanzan sus líneas y las pierden quienes retroceden.

“El Ministerio de Defensa ruso dijo el martes que sus fuerzas en el este de Ucrania habían avanzado hasta la frontera entre Donetsk y Luhansk, las dos provincias de habla rusa en las que los separatistas apoyados por Moscú han estado luchando contra el ejército ucraniano durante ocho años”, continúa el artículo, que por fin nos informa de que los primeros disparos de la guerra no se oyeron el 24 de febrero sino en 2014.

Es otro detalle interesante para quienes creen que la “culpa” de una guerra es del primero que dispara y no analizan una correlación de fuerzas sino la moral, la ética, los buenos y los malos, los benefactores y los depravados…

“La captura del Donbas, combinada con el temprano éxito de la invasión rusa al tomar partes del sur de Ucrania colindantes con la península de Crimea […] da al Kremlin una enorme influencia en cualquier negociación futura para poner fin al conflicto”, continúa el periódico.

Además “los rusos disfrutan de la ventaja añadida del dominio naval en el Mar Negro, la única ruta marítima para el comercio ucraniano, que han paralizado con un embargo que podría acabar matando de hambre a Ucrania económicamente y que ya está contribuyendo a una escasez mundial de grano”.

“Rusia ha conseguido prácticamente uno de sus principales objetivos: apoderarse de un puente terrestre que une el territorio ruso con la península de Crimea” y “el último bastión de la resistencia ucraniana en la zona, en la planta siderúrgica de Azovstal en Mariupol, se ha reducido a unos pocos cientos de soldados hambrientos, ahora confinados en su mayoría en búnkeres”.

Rusia ha destruido la economía ucraniana por completo, confirma el periódico. La guerra ha “sometido a la economía ucraniana a una enorme tensión, con la fuerte devastación de las infraestructuras y la capacidad de producción”. Entre el 30 y el 50 por cien de las empresas ucranianas han cerrado, el 10 por cien de la población ha huido del país y otro 15 por cien está desplazada internamente. Esto supone un total del 25 por cien de la población desplazada de sus hogares.

Es un naufragio que no se arregla sólo con dinero, por más que el gobierno ucraniano destinara los cuantiosos préstamos recibidos a la reconstrucción civil.

En otro artículo, publicado el mismo día, el New York Times titula: “Estados Unidos y sus aliados quieren desangrar a Rusia. Realmente no deberían”. Lo que debería hacer Biden es agitar la bandera blanca:

“Cuanto más dure la guerra, más daño se hará a Ucrania y mayor será el riesgo de escalada. Un resultado militar decisivo en el este de Ucrania podría resultar esquivo. Sin embargo, el resultado menos dramático de un estancamiento continuo es poco mejor. Prolongar la guerra indefinidamente, como en Siria, es demasiado peligroso con participantes con armas nucleares”.

“Los esfuerzos diplomáticos deben ser la pieza central de una nueva estrategia para Ucrania. En cambio, se amplían las fronteras de la guerra y se presenta la propia guerra como una lucha entre la democracia y la autocracia, en la que el Donbas es la frontera de la libertad. No se trata de una simple extravagancia declamatoria. Es una imprudencia. No es necesario mencionar los riesgos”.

Ucrania tiene perdida la guerra desde el primer minuto y Estados Unidos nunca apuesta por un caballo perdedor. De ahí las cábalas del New York Times para una “nueva estrategia”.

(1) https://www.nytimes.com/2022/05/10/world/europe/ukraine-russia-donbas.html
(2) https://www.nytimes.com/2022/05/11/opinion/russia-ukraine-war-america.html

La guerra sicológica de Estados Unidos derrota a Rusia dentro de la propia Rusia

Dicen los medios de intoxicación de masas que en Rusia las personas están muy mal informadas sobre la Guerra de Ucrania porque no hay libertad de expresión, de modo que reciben un único mensaje, que procede de su gobierno.

Pero no es así, obviamente. Desde hace unos días, los rusos que tienen móvil padecen ataques informáticos del Departamento de Estado, que les remite mensajes sobre la masacre de Bucha y la participación en ella de las tropas rusas.

A través de los grandes monopolios, Estados Unidos tiene el dominio de la tecnología digital, que ha incorporado al campo de batalla y a la guerra psicológica, fusionando ambos. Los móviles personales también forman parte del campo de batalla porque en esta guerra unos tratan de vencer, mientras a los otros les basta con convencer.

En la guerra sicológica Estados Unidos no tiene rival. Incluso dentro de Rusia, es capaz de solapar los mensajes del Kremlin con los suyos propios. No hay otro ningún otro poder de comunicación con un alcance parecido, capaz de eludir los cortafuegos para dirigirse directamente a la población rusa a través de sus móviles.

Es sólo el primer paso. El siguiente será masivo igualmente, pero no tan uniforme porque el control de las bases de datos permitirá el envío de textos, fotos, audio y vídeos personalizados y adaptados a los gustos y opiniones de los titulares del dispositivo, cualquiera que sea el lugar del mundo en el que se encuentren.

Dentro de poco Biden o algún sustituto suyo podrá dirigirse personalmente, en vivo y en directo, a todos los pueblos del mundo de forma activa e incluso interactiva. Estados Unidos no sólo es la única fábrica de contenidos de cualquier tipo (políticos, musicales, cinematográficos), sino el único capaz de transmitirlos de forma masiva hasta el último rincón del mundo.

La desinformación está a punto de dar un salto. A los medios tradicionales, como las cadenas de televisión, se van a añadir los nuevos, personalizados y directos. La campaña internacional contra Huawei comienza a cobrar así todo su sentido. La intoxicación no podría avanzar con tecnologías y dispositivos chinos. A la inversa, el gobierno de Pekín ha ordenado sustitutir todos los ordenadores de fabricación estadounidense en la administración pública y en las grandes empresas para frenar el espionaje.

El 18 de abril un grupo de antiguos espías estadounidenses públicó una carta contra los intentos legislativos de restringir el poder de los monopolios tecnológicos porque “pondría en peligro la seguridad nacional”. En el mundo no existiría la hegemonía militar de Estados Unidos sin Google, Facebook, Apple, Microsoft, Amazon y demás.

Se filtran 80.000 documentos internos sobre los efectos secundarios de la vacuna de Pfizer

Se han filtrado unos 80.000 documentos internos sobre los efectos secundarios de la vacuna contra el coronavirus de Pfizer, que se han publicado en internet (1). El trabajo de descifrar las anomalías es descomunal. Algunos trabajan en ello por su cuenta, pero ¿cómo pueden tener éxito solos, o incluso con un pequeño equipo, cuando se enfrentan a una montaña de datos recopilados por cientos de individuos y millones de dólares? Requiere habilidades que pocos tienen, y entre ellas una mente crítica, cualidades que están desapareciendo.

¿Cómo puede salir la verdad de una obra así? ¿Quién será capaz de elaborar una síntesis clara y creíble, accesible para el público en general?

¿Cómo pudieron los orgaismos reguladores analizar esos documentos en tan poco tiempo para validarlos? Es una muestra de la fragilidad de los procesos de validación de los medicamentos. ¿Son capaces de detectar fallos que están deliberadamente enterrados en cientos de miles de piezas de información? La historia de los medicamentos, con sus “accidentes”, ha demostrado que no son capaces de hacerlo con los expedientes más sencillos.

Hoy, con la prohibición de cuestionar la información oficial, se tardará aún más. Las numerosas condenas y liquidaciones económicas de los laboratorios por fraudes, errores o insuficiencias, no parecen haber empañado en absoluto la confianza en ellos, que siguen con los mismos métodos, con la ayuda de los dólares. Peor aún, esta vez han sido absueltos de antemano.

Sasha Latypova es una de las personas que ha analizado la documentación interna de Pfizer. Es ucraniana y vive en Estados Unidos. Ha desarrollado su carrera en la industria farmacéutica, trabajando en el desarrollo, la validación, la aceptación normativa y la comercialización de nuevas tecnologías clínicas y de biomarcadores. Ha analizado 468 páginas de los documentos y habla de fraude científico por parte de Pfizer, pero también de la FDA (2).

Según Latypova, el programa de Pfizer no incluía pruebas exhaustivas de todos los componentes de la vacuna aprobada. Los estudios incluidos en el expediente de aprobación se realizaron sobre diferentes versiones del producto, por lo que no se puede hacer una evaluación completa de la seguridad de la vacuna.

“Las omisiones de los estudios de seguridad estándar y la flagrante deshonestidad científica en los estudios realizados son tan evidentes que no pueden atribuirse a la incompetencia de los fabricantes y los reguladores. Más bien debe plantearse la cuestión de la negligencia intencionada”, asegura Latypova.

Tanto la FDA como Pfizer “fueron muy deshonestos y ofrecieron una tecnología y un producto totalmente nuevo a millones de personas sin una sola evaluación de seguridad bien diseñada”.

“Es inaceptable que un fabricante de productos farmacéuticos no investigue la posibilidad de que su producto dañe los principales sistemas orgánicos, no es aceptable que sustituya el producto por un sustituto o una versión diferente, alegue una comparabilidad teórica y luego afirme que no hay riesgo para los principales órganos humanos”, concluye Latypova.

(1) https://phmpt.org/pfizers-documents/
(2) https://home.solari.com/review-of-pfizers-non-clinical-program-by-sasha-latypova/


La versión anterior de esta entrada, en la que se informaba de la detención del vicepresidente de Pfizer en Canadá, es errónea, por lo que pedimos disculpas a nuestros lectores.

Der Spigel borra la entrevista con una mujer evacuada de Azostal en la que criticaba al gobierno de Zelensky

La Guerra de Ucrania es otra de esas grandes fiestas de la censura. La revista alemana Der Spigel ha borrado la entrevista con una mujer evacuada de los subterráneos de la acería Azovstal en la que criticaba al gobierno de Zelensky.

La mujer, llamada Natalia Usmanova, revelaba que los nazis ucranianos mintieron a su familia, la mantuvieron como rehén y la utilizaron como escudo humano. También aseguró que entre los militares escondidos en el subsuelo hay un general extranjero que está en contacto directo con Zelensky (*).

Otro medio de comunicación alemán, Junge Welt, señaló la eliminación del vídeo el jueves por la noche. Der Spiegel publicó el lunes el vídeo de tres minutos en el que aparecía Usmanova, que había trabajado en Azovstal antes de la guerra y se había refugiado allí con su marido y sus hijos.

En la grabación, Usmanova cuenta a los periodistas que los criminales del Batallón Azov les habían retenido en el subterráneo durante dos meses y no permitieron a su familia salir utilizando los corredores humanitarios establecidos por las tropas rusas.

“Se escudaron en el hecho de que supuestamente se preocupan por nuestra seguridad”, dijo Usmanova, quien añadió que a su familia le gritaron repetidamente “¡Vuelvan al búnker!”.

“Ucrania está muerta para mí como Estado”, dice Usmanova al final de su testimonio.

Der Spiegel dijo que había obtenido el vídeo de Reuters, y que había sido retirado temporalmente “debido a discrepancias en el contenido que fueron descubiertas posteriormente”. Sin embargo, el vídeo publicado por Reuters sólo dura un minuto y muestra a Usmanova hablando sobre la intensidad del fuego de artillería y la difícil vida dentro del subterráneo. Ambos vídeos pertenecen a la misma entrevista con varios medios de comunicación.

En lugar del vídeo, la revista alemana muestra ahora una foto de Usmanova en un autobús con otros civiles.

El testimonio de Usmanova contradice directamente las afirmaciones de los criminales del Batallón Azov y del gobierno de Kiev de que Rusia está impidiendo la evacuación de los civiles de la acería. Moscú ha abierto repetidamente corredores humanitarios en esa zona. La ONU dijo que el jueves por la noche otros 500 civiles fueron evacuados de la acería.

(*) https://www.youtube.com/watch?v=hYZPAfK7KO8

La Guerra de Ucrania llega a los tribunales

El Consejo de Europa acaba de ponerse en marcha para que los países miembros declaren la guerra a Rusia, ya que están llamados a crear un Tribunal Penal Internacional para investigar los crímenes de Rusia en Ucrania, y sólo ellos. Se trata de vestir con una pátina de legalidad lo que hasta ahora era un aluvión de bloqueos y embargos. También se trata de poner una cara a los malos de la película para seguir alimentando los noticiarios.

Ya lo vimos en Yugoslavia, con una gran diferencia: el Estado fue despedazado, mientras que Rusia sigue en pie. Los tribunales internacionales son creados por los vencedores para juzgar a los vencidos. Se trata, pues, de presentar a Rusia como un país derrotado y vencido.

Por su parte, Rusia hace lo propio y también quiere juzgar los crímenes cometidos por el ejército ucraniano. A un lado y otro de frente los soldados dejarán su sitio a los picapleitos.

Un miembro polaco de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa presentó la petición formalmente. “La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (APCE) ha hecho un llamamiento a todos los Estados miembros y observadores de la organización para que creen urgentemente un tribunal penal internacional ad hoc, al que se le debe dar un mandato para investigar y procesar el crimen de agresión cometido por los dirigentes políticos y militares de la Federación Rusa”.

En España un tribunal así resultaría anticonstitucional porque no se pueden crear tribunales después de haberse cometido el delito y, desde luego, no se admiten los tribunales “ad hoc”. En consecuencia, lo ilegal no es la guerra sino el tribunal que pretende juzgarla.

Pero la resolución (*) es aún más ridícula porque el cometido de dicho tribunal sería “aplicar la definición del crimen de agresión” establecida por el “derecho internacional consuetudinario”, por lo que no aplicaría ninguna norma previa. Incluso en España tampoco se admitiría nada parecido porque no se admite ningún delito que no esté definido por una ley anterior al hecho.

En fin, quien está violando el derecho internacional es el Consejo de Europa, que pretende facultar al tribunal para “órdenes de detención internacionales sin estar limitado por la inmunidad” de los Jefes de Estado y de Gobierno y otros funcionarios públicos, algo de lo que en España también buenas experiencias con la Corona. Ningún juez español ha sido capaz de juzgar al Jefe del Estado español y ahora pretenden hacernos tragar con un Jefe de Estado extranjero.

Es absolutamente delirante de principio a fin. Estados Unidos ya ha dicho que no participará en semejante farsa porque no admite la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional, lo mismo que Rusia.

Con este tipo de montajes va a ocurrir lo mismo que con las sanciones. En un caso se fractura el mercado internacional y en el otro se acabará con la cooperación jurídica internacional. Cuando alguien cometa un delito en un país europeo, no habrá nada mejor que refugiarse en Rusia, que dejará de tramitar las extradiciones. Si los criminales rusos encuentran asilo en Londres, donde reciben el tratamiento de exiliados políticos, lo mismo harán los rusos con los británicos.

(*) https://www.coe.int/fr/web/portal/-/pace-calls-for-an-ad-hoc-international-criminal-tribunal-to-investigate-war-crimes-in-ukraine

Los alemanes del este están inmunizados contra los virus rusófobos

Las encuestas realizadas en el estado alemán de Sajonia muestran que los alemanes del este siguen respetando a Rusia y sienten nostalgia por los días de la RDA y la URSS. Incluso después del inicio de la Guerra de Ucrania, los alemanes del este no han cambiado de actitud hacia Putin y el pueblo ruso.

En la situación actual la respuesta de Rusia se entiende en Dresde, la capital de Sajonia, escribe la edición estadounidense del Washington Post con ostensible sorpresa.

En Sajonia, el estado más poblado de Alemania oriental, cerca del 68 por cien de los habitantes no se alinean con occidente, según los sondeos.

La campaña para demonizar la imagen de Putin ha fracasado en Alemania del Este. Cuando en los años 80 formaba parte del KGB, Putin trabajaba en Dresde. Alrededor del 40 por cien de los alemanes admiten que no han cambiado su actitud hacia el dirigente ruso desde el estallido de la guerra. A diferencia de los alemanes occidentales, los orientales creen que Putin no amenaza su seguridad.

Los sociólogos explican este fenómeno por el hecho de que la parte oriental de Alemania fue un estado socialista asociado a la URSS durante más de cuarenta años. El ruso era una asignatura obligatoria en las escuelas de la RDA. Incluso después del colapso de la Unión Soviética, Rusia consiguió mantener los lazos económicos y culturales con Alemania oriental durante la década de 1990.

En el siglo actual esos lazos se han profundizado, gracias a la simpatía personal por el pueblo alemán de Putin, que recibió la “Orden de la Gratitud de Sajonia” durante una visita a Alemania en 2009.

Los acontecimientos en Ucrania han obligado a los políticos berlineses a volverse más agresivos, con el canciller Olaf Scholz escupiendo literalmente veneno contra Moscú. El Primer Ministro sajón, Michael Kretschmer, es la oveja negra: no quiere tomar partido en una nueva confrontación mundial.

Kretschmer cree que Rusia no puede estar simplemente en la “lista negra”. En la nueva y compleja realidad, hay que buscar compromisos. “Rusia es un hecho. Y un hecho que está aquí mismo”, argumenta. Esta proximidad a Rusia es lo que diferencia la posición de Alemania de la de Estados Unidos.

Kretschmer apoyó la negativa del gobierno federal a imponer un embargo sobre el petróleo y el gas rusos. En su opinión, la interdependencia entre Rusia y Europa no puede ignorarse, ya que haría que la situación fuera totalmente imprevisible.

La opinión del Primer Ministro sajón es compartida por la mayoría de los alemanes de de su estado, y con razón. El año pasado Sajonia recibió el 84 por cien de sus importaciones de energía de Rusia.

La experiencia vital bajo el socialismo permite comparar a los alemanes del este. Con el tiempo muchos han apreciado los méritos de la amistad entre Alemania y Rusia. Muchos recuerdan la actitud amistosa de los soldados soviéticos hacia los residentes de la RDA. Incluso los alemanes que aún eran niños en los años 80. Esta simpatía está en la raíz de la nostalgia por la era soviética. Es una especie de inmunidad al virus de la rusofobia.

—https://svpressa.ru/blogs/article/331597/

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