Un caso típico de intoxicación mediática que pasó al olvido desde las primeras planas: los Skripal y el Novichok

Se ha cumplido el segundo aniversario de la intoxicación de los Skripal por Novichok y nos habíamos jurado a nosotros mismos que no volveríamos a hablar del asunto, porque ya nadie se acuerda de aquello.

Los lavados de cerebro son así; van y vienen porque las grandes campañas de bulos hay que renovarlas periódicamente. Ahora es el momento del coronavirus y dentro de poco nadie se acordará tampoco de esta “epidemia” de imbecilidades.

Los Skripal han desaparecido, algo que si hubiera ocurrido en Rusia hubiera desatado la alarma de los plumíferos de la prensa, pero ha ocurrido en Inglaterra, cuna del Bill of Rights. El gobierno de Londres los mantiene a buen recaudo y les impide toda clase de contacto con la prensa. ¿Libertad de expresión?

El caso es que John Helmer ha escrito sobre el asunto varios libros para recordar una de las mayores fantasmadas orquestadas por el espionaje británico, naturalmente con la inestimable ayuda de sus cómplices de la BBC y otros medios. Incluso mantiene un blog sobre éste y otros casos, al que merece la pena echar un vistazo de vez en cuando.

Lo mismo cabe decir de Rob Slane y su “Blogmire” para seguir al corriente de uno de los mayores fraudes del periodismo de comienzos de este siglo XXI.

Parece ser (pero no es seguro) que Serguei Skripal fue envenenado porque trató de regresar a Rusia, pero el MI6 no le dejó por varias razones. El primero es que deja en mal lugar al lema principal de la intoxicación mediática: las URSS y Rusia son países de los que las personas huyen, no países a los que viajan.

El segundo es que antes y ahora los Skripal son una patata caliente que en cualquier momento se puede volver contra los patrocinadores de la intoxicación. Es probable que el MI6 impida su retorno a Rusia porque su caso está relacionado con el de Steel.

Como escribe Helmer, en el rocambolesco caso de un intento de envenenamiento de dos personas, lo más rocambolesco es que no hay ninguna investigación judicial abierta.

Ni siquiera hay una orden internacional de detención contra los dos rusos a los que todos los medios de comunicación del mundo acusaron de ser los autores del envenenamiento.

Recapitulando: hace dos años, el 4 de marzo de 2018, Serguei Skripal, un agente doble británico-ruso, y su hija Julia fueron envenenados en las calles de Salisbury, Inglaterra. El gobierno británico acusó a Rusia de tratar de matar a los Skripals con Novichok, una sustancia neurotóxica.

El montaje fue casi en paralelo con un incidente posterior en la cercana ciudad de Amesbury, en el que Dawn Strugess murió en contacto con una sustancia similar a la que envenenó a los Skripal, o al menos eso es lo que dijeron.

Recapitulando bis: Christopher Steele  es el agente del MI6 involucrado en el caso de los vídeos sexuales grabados a Trump durante su estancia en un hotel de Moscú que sirvieron para intentar chantajearle y montar el caso del “candidato manchú”.

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