‘No a la agitación específicamente feminista, sí a la agitación socialista entre las mujeres’

Elena Linarez

“¡Preparémonos! ¡Calentemos nuestros músculos, pongámonos a trabajar en la lucha, para que el trabajo se convierta en espíritu y el espíritu se convierta en trabajo! ¡Espartaco, levanta tu bandera más alto! ¡Esclavos, adelante! ¡Todo por la revolución! ¡Todo por la revolución!” (Clara Zetkin)

Es un deber comunista recordar a la camarada Clara Zetkin, que nació en Alemania el 5 de julio de 1857 y murió en Arkhangelsk, cerca de Moscú, en 1933. Tenía 76 años, y su cuerpo fue enterrado con honores dentro de los muros del Kremlin. Esta gran mujer desarrolló, primero en el Partido Socialdemócrata Alemán y más tarde, como fundadora del Partido Comunista Alemán, un importante esfuerzo revolucionario con los proletarios, especialmente con las mujeres inmersas en los procesos de producción o reproducción material de la sociedad fundamentalmente europea.

En este sentido, sostuvo en su discurso político y en su práctica que “el principio rector debe ser: no una agitación específicamente feminista, sino una agitación socialista entre las mujeres”. No debemos poner en primer plano los intereses más estrechos de la mujer, nuestra tarea es la conquista de la mujer proletaria para la lucha de clases”; por lo tanto, la liberación y emancipación de la mujer está estrechamente ligada a la construcción del socialismo. En esta perspectiva, Clara Zetkin, como marxista, representaba a la trabajadora como inmersa en las relaciones sociales de la explotación capitalista, actualmente vigentes, precisando que las trabajadoras son doblemente explotadas, primero en las fábricas, al ceder su fuerza de trabajo a su patrón que la compra a cambio de un salario, para aumentar su capital con la venta de los bienes producidos por la trabajadora; y también en el hogar, donde realiza toda una serie de trabajos sin ningún tipo de remuneración económica como: limpiar la casa, planchar, lavar la ropa, cocinar, entre otros.

Clara Zetkin fue también organizadora del movimiento socialista feminista alemán e internacional, dirigió la lucha antirreformista e internacionalista durante la Primera Guerra Mundial, cofundadora y dirigente del Partido Comunista Alemán, figura destacada de la Internacional Comunista y amiga de Lenin (su famoso “Mis recuerdos con Lenin”), miembro del parlamento y propagandista. A pesar de su extraordinaria contribución, sus esfuerzos en la historia de la lucha por el socialismo son minimizados u olvidados. Para ella, el socialismo no era sólo una meta histórica, sino sobre todo una demanda inmediata. Sus actividades políticas militantes se extendieron desde los comienzos de la socialdemocracia alemana hasta 1932, un año antes de su muerte.

En opinión de Clara Zetkin, durante este período: “El desarrollo del imperialismo y la transición del capitalismo predominantemente competitivo al capitalismo monopolista, con la creación de monopolios nacionales y la agudización de las contradicciones imperialistas [que] causaron tan violentas tensiones en las relaciones entre el proletariado y la burguesía y en el seno del proletariado y sus organizaciones tradicionales -creación de la Segunda Internacional (1889), el surgimiento del revisionismo y la fundación de la Tercera Internacional (1919), la revolución en Rusia y la derrota de las revoluciones en Europa occidental” que la experiencia de la dirigente alemana nos presenta como extremadamente compleja y fragmentaria, difícil de sintetizar en un solo análisis.

En noviembre de 1882, Clara Zetkin fue perseguida por la policía y huyó como resultado, estableciéndose en París donde se casó con Ossip y permaneció allí durante ocho años sin dejar de cooperar con su partido. Durante este tiempo, Clara conoció y se hizo amiga de algunas de las figuras más notables del socialismo: Eugène Pottier, autor de las letras de la Internacional; Louise Michel, las hijas de Marx, Jenny y Laura; los líderes marxistas franceses Paul Lafargue y Jules Guesde, etc. A finales de la década, fue nombrada delegada de las Mujeres Socialistas de Berlín y participó en los preparativos del Congreso Constituyente de la Segunda Internacional en oposición a la Internacional Posibilista que también quería ser creada en París.

Al año siguiente, en 1890, tras la derogación de las “leyes antisocialistas”, volvió a Alemania para convertirse en uno de los cuadros más importantes del socialismo alemán, que hasta 1914 sería el espejo al que se dirigirían todos los ojos del socialismo internacional. En 1891, fundó y dirigió “Die Gleichheit” (La Igualdad), un organismo para mujeres socialdemócratas, que se convertiría quizás en el periódico feminista de mayor circulación y más influyente de todos los tiempos. Sus puntos de vista teóricos sobre los temas de la mujer se basan en dos obras clásicas del socialismo: El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (Friedrich Engels), y La mujer y el socialismo (August Bebel).

En 1893 participó en el tercer congreso del Partido Socialdemócrata en Zurich, donde entabló amistad con Engels, quien murió dos años después. A partir de este Congreso, la presencia de Clara será inseparable de todos los Congresos Nacionales e Internacionales del Socialismo, lo mismo para todas las conferencias de los movimientos femeninos. En 1896, en el Congreso del SPD celebrado en Gotha, Clara presentó el primer informe importante del partido sobre la cuestión de la mujer y las tareas de la socialdemocracia, en el que se planteaba la exigencia del sufragio femenino, cuestión sobre la que muchos partidos socialistas no llegaron tan lejos. En 1899 enviudó y se casó por segunda vez, esta vez con el pintor George Friedrich Zundel, del que se separó poco después; unos años más tarde, se ocupó de los dos hijos que había tenido con Ossip a solas. Durante muchos años, su poderosa voz fue la de la izquierda revolucionaria y fue el martillo en los debates contra los oportunistas del partido y de la Internacional.

Durante el famoso Congreso de Stuttgart de 1907, en el que el trío Lenin-Rosa-Luxemburgo-Martov libró una dura batalla sobre la cuestión de la guerra, Clara Zetkin, por su parte, haría una violenta acusación en la Conferencia por el derecho al voto de las mujeres contra los austromarxistas, a los que acusó de haber abandonado la propaganda a favor de este derecho. En el Congreso de Copenhague (1910), propuso el establecimiento de un “Día de Mayo de la Mujer”. En los años anteriores al estallido de la Gran Guerra, Clara dedicó la mayor parte de sus esfuerzos a la lucha antimilitarista, por lo que en el Congreso de Basilea (1912) presentó un amplio y apasionado informe sobre la amenaza de la guerra y la necesidad de que la Internacional respondiera a ella con una huelga general y, si era posible, con la revolución.

Aunque no escribió ningún estudio específico sobre el tema, Clara demostró con el ejemplo indiscutible de la práctica que era posible organizar a miles de trabajadoras que engrosarían las filas del proletariado, dándoles una magnitud extraordinaria. La organización femenina de los socialistas alemanes sirvió de ejemplo para el movimiento socialista internacional. Extendió su horizonte al mundo colonial. Su conclusión práctica fue que no debería haber una organización autónoma de mujeres porque:

a) Sólo hay un movimiento, una organización de mujeres comunistas -antes socialistas- dentro del Partido Comunista junto a los hombres comunistas. Los fines de los hombres comunistas son nuestros fines, nuestras tareas, y esto se extiende a los otros niveles de organización tradicionales.

b) Tampoco hay exigencias específicas sobre cuestiones como la sexualidad y el matrimonio, y aunque no dejó de preguntarse a su manera, dijo con Lenin: “La preocupación de las mujeres comunistas, de las mujeres trabajadoras, debe centrarse en la revolución proletaria, que sentará las bases, entre otras cosas, para la modificación de las relaciones materiales y sexuales”.

c) No hay posibilidad de atraer a las mujeres de las clases explotadoras a las filas socialistas, ya que para ellas se trata de “el desarrollo moral y espiritual […] de su personalidad”, mientras que para la mujer trabajadora es algo más fundamental, derivado de “la necesidad de explotación del capital”, mientras que a ella le preocupa que para “su tarea de esposa, de madre […] sólo recoja las migajas que la producción capitalista derrumba”.

Bajo este prisma “clásico”, el objetivo principal de Clara Zetkin era extender el movimiento obrero a su otra mitad, que es más sumisa que la mitad masculina. Exigieron demandas fundamentales para las trabajadoras que, aunque parezcan moderadas, en realidad eran extremadamente radicales incluso para los sindicalistas que temían la competencia de las trabajadoras y querían que sus esposas se quedaran en casa para arreglar los calcetines. Tampoco dudó en ondear la bandera sufragista ya que era “no sólo un derecho natural, sino también un derecho social”, y por supuesto dio un contenido social a este derecho, pero rechazó demandas específicas como la de la protección materna. Cuando, después de haber sido una de las portavoces del internacionalismo contra la guerra, Clara Zetkin se puso del lado de la opción comunista, arrastró tras de sí a un importante número de mujeres socialistas, pero en la Internacional Comunista se encontró con un ambiente tan preocupado por la revolución inmediata que rechazó la idea de reproducir allí una organización similar a la existente en la socialista.

En uno de sus discursos ante el Komintern propuso la adopción de “soluciones concretas y organismos especiales para tratar la agitación, la organización y la formación de las mujeres […] teniendo en cuenta la especificidad cultural y moral de las mujeres”, y también “la agitación planificada y constante entre las mujeres que todavía están lejos del partido, mediante asambleas públicas, debates y asambleas de fábricas, asambleas de amas de casa, conferencias de delegados no partidistas y no políticos, agitación de puerta en puerta”.

Su último gran golpe de brillantez, que será recordado como sus mejores años, tuvo lugar el 30 de agosto de 1932, cuando estaba enferma y medio ciega, el día de la inauguración del Reichstag. Como decana, presidió la sesión.

En su memoria, el Movimiento de Mujeres Clara Zetkin no sólo toma su nombre como una forma de reivindicar su lucha y su inestimable contribución, sino también para mantener en su programa de lucha la necesidad de construir relaciones sociales en las que prevalezcan la igualdad y la equidad de género, defendiendo un espacio de organización de la mujer trabajadora y del pueblo, y continuando las indispensables luchas impulsadas por el revolucionario comunista.

Elena Linárez es presidenta del movimiento comunista ‘Clara Zetkin’ en Venezuela
el texto se publicó en 2010

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