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Estados Unidos se esfuerza por sacar a sus peones de Alepo con vida

Ayer por la tarde Lavrov se encontró en Ginebra con otro de los desagradables espectáculos que está ofreciendo la diplomacia de Obama en sus últimos coletazos. “Rusia se preparaba para discutir las propuestas elaboradas el 3 de diciembre por el secretario de Estado americano [Kerry], comprendida la creación de pasillos de seguridad para lograr que salgan los asaltantes de Alepo, pero repentinamente Estados Unidos retiró sus propuestas”, dijo el ministro ruso a la salida con cara de agotamiento.

Fue una reunión relámpago. Visto y no visto. “Lo que los americanos habían propuesto sobre el papel y nosotros apoyamos, ya no es del gusto de Estados Unidos”, ha dicho Lavrov. En Washington no se aclaran. Ahora mismo los sicarios de Kerry han debido pasar la noche en medio de un océano de papeles, rehaciendo unas propuestas para cambiarlas por otras. Lavrov dijo anoche que Estados Unidos quiere ganar tiempo, pero eso es más que discutible porque sus peones lo único que ya no tienen es tiempo. Sólo en el transcurso de esta noche, 3.000 yihadistas han capitulado y entregado sus armas.

“Los vamos a tratar como a terroristas”, está advirtiendo Lavrov una y otra vez a quienes no se rindan. Si el ejército sirio los agarra en su madriguera, las ONG y los medios de propaganda imperialistas van a tener carnaza para rato. Los titulares grandielocuentes van a llenar las primeras planas: venganza, masacre, matanza, ensañamiento, río de sangre… todo ello dirigido, como vienen repitiendo, contra “la población” de Alepo.

Las conversaciones quedaron en suspenso casi antes de empezar. Es la consecuencia lógica de dejar las cosas en manos de la Secretaría de Estado, pero es que las cosas ya no pueden ser de otra manera. A los yihadistas que no salgan de la madriguera por su propio pie, el único que puede sacarlos vivos es su jefe que siempre es el que manda, sobre todo en una guerra.

En Ginebra, pues, sólo se negocia un único punto del orden del día: si los yihadistas van a salir vivos del agujero o en cajas mortuorias. Estados Unidos sólo se preocupa por lo primero porque es un país humanitario. Lo otro corresponde a Bashar Al-Assad, que es un dictador.

El embajador francés en la ONU ha escrito que los imperialistas esperan que en Alepo el gobierno sirio cometa “una de las mayores masacres de civiles desde los tiempos de Segunda Guerra Mundial”. A partir de ahora empezarán a acusar a Bashar Al-Assad de “crímenes contra la humanidad” por haber liberado Alepo de la peste salafista.

Ese tipo de cortinas de humo va a servir para que Estados Unidos oculte uno de sus más grandes fracasos de los últimos tiempos, que es lo que empiezan ahora a discutir en los círculos influyentes de Washington. El antiguo embajador de Estados Unidos en Croacia, Peter W. Galbraith, publica un artículo en el New York Times destacando que el apoyo a los salafistas por parte de los dos partidos, el republicano y el demócrata, no sólo no ha podido cambiar el curso de la guerra sino que ha sido “contraproducente”.

Hasta ahora ha sido imposible leer algo así en un medio como el New York Times, acérrimo partidario de Obama, Clinton y el apoyo al yihadismo en Siria. “Afortunadamente, Rusia comparte numerosos objetivos con Estados Unidos”, escribe con alivio el antiguo embajador. La única salida de Estados Unidos es, pues, ¡Rusia!

Un antiguo espía que no se identifica dice a la agencia Reuters: “¿Quién ha ganado? Putin, los iraníes y Assad. ¿Quién ha perdido? Nosotros y especialmente Jordania [donde la CIA creó y armó a los grupos yihadistas], los saudíes y ciertos Estados del Golfo”.

Este sujeto añade algo más: aunque Estados Unidos abandone a sus lacayos sobre el terreno como acostumbra, los países del Golfo no lo harán; seguirán apoyando el yihadismo, dice, mientras que otro teme algo aún peor: que a partir de Alepo vuelvan sus armas contra Estados Unidos. Pero, ¿si tienen miedo de que los yihadistas repitan en cualquier ciudad de Estados Unidos lo que han hecho en Alepo, ¿por qué empeñarse en que salgan con vida de su madriguera?

Algún malpensado ya ha  lanzado su explicación: porque en el cerco de Alepo han quedado atrapados un buen número de asesores militares del Pentágono y de la CIA.

China toma el relevo de Estados Unidos en el comercio mundial

Ariel Noyola Rodríguez

La batalla por el dominio del comercio mundial se está inclinando a favor China. Frente a las amenazas de Donald Trump de imponer barreras arancelarias y desechar los acuerdos de libre comercio como el TPP, Pekín está tejiendo alianzas con varios de los principales socios comerciales de Washington. Durante la XXIV cumbre del APEC se puso en evidencia que la muerte inminente del TPP se ha convertido en una excelente oportunidad para China que, de manera sorpresiva, propuso a los países que firmaron el TPP en febrero de este año la construcción de un gran acuerdo de libre comercio pero sin Estados Unidos.

La influencia de Estados Unidos en el comercio mundial está diluyéndose. Horas después de la victoria electoral de Donald Trump sobre Hillary Clinton, el equipo del presidente Barack Obama sorprendió a propios y extraños al abandonar, de forma súbita, la intensa campaña de cabildeo que venía realizando en el Congreso para conseguir la ratificación del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés).

La muerte del TPP es inminente. Según sus cláusulas, para entrar en vigor es necesaria la aprobación legislativa de por lo menos seis países y, en paralelo, estos deben sumar el 85 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de los 12 integrantes. La economía estadounidense por sí sola representa más del 60 por ciento. Por lo tanto, una vez que Obama ha dejado el TPP a disposición de Trump, es prácticamente un hecho que será sepultado por el próximo Congreso estadounidense.

Michael Froman, representante de Comercio de Estados Unidos, ya había advertido en julio de este año que si los legisladores de su país no lograban ratificar el TPP, entonces las “llaves del castillo” de la globalización comercial pasarían a manos de China. Fueron las palabras de un profeta. Las aspiraciones imperiales de Obama han fracasado. Estados Unidos ya no seguirá dictando las reglas del juego.

En la actualidad, el grueso de los intercambios comerciales está concentrado en el Continente asiático, con China a la cabeza. Los líderes de Pekín vienen trabajando desde hace tiempo en diversas iniciativas de libre comercio de carácter multilateral con vistas a consolidar su influencia en los ámbitos regional y mundial: la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por sus siglas en inglés) y el Área de Libre Comercio de Asia-Pacífico (FTAAP, por sus siglas en inglés).

Durante la XXIV cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés), llevada a cabo en Lima (Perú), el presidente de China, Xi Jinping, propuso a los países firmantes del TPP, tanto de América Latina (Chile, México y Perú) como de Oceanía (Australia y Nueva Zelanda), sumarse a los acuerdos de libre comercio impulsados por su Gobierno y la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean, por sus siglas en inglés). Pero, ¿cuál de las dos iniciativas de libre comercio promovidas por China tiene realmente posibilidades de suplantar al TPP?

Para Pekín será muy complicado poner en funcionamiento el FTAAP, que incluye a Estados Unidos; pues si hasta la fecha Donald Trump se ha opuesto tajantemente al TPP, es evidente que jamás brindará su apoyo a una iniciativa de libre comercio liderada por China. Recordemos además que la globalización del comercio encabezada por Pekín seguirá su curso, con o sin el respaldo de WashingtonTrump ha prometido a sus electores abandonar y, en el mejor de los casos, renegociar, los acuerdos de libre comercio que Estados Unidos ha firmado durante las últimas décadas. En su opinión, acuerdos como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) son un desastre.

Bajo este escenario, China busca sumar a su causa a los principales socios comerciales de Estados Unidos bajo el compromiso de que seguirá incentivando la libre circulación de mercancías. Desde mi punto de vista, la RCEP es la iniciativa de libre comercio que brinda a China la oportunidad de llenar el vacío que Washington dejó en el TPP. “China debe establecer un nuevo acuerdo que responda a las expectativas de la industria y mantenga el impulso para el establecimiento de una zona de libre comercio”, sentenció a principios de noviembre Li Baodong, viceministro de Relaciones Exteriores del gigante asiático.

La RCEP está integrada por todos los países miembros del TPP, a excepción de Canadá, Chile, México, Perú y, por supuesto, Estados Unidos. Con un total de más de 3.000 millones de habitantes, la RCEP incluye además a otros países asiáticos con gran dinamismo económico: Camboya, China, Corea del Sur, India, Indonesia, Filipinas, Laos, Myanmar y Tailandia. Surge entonces la interrogante de si la RCEP sería una especie de TPP ampliado, y con China reemplazando a Estados Unidos. No precisamente.

Los alcances de la RCEP no son los mismos que los del TPP. Hasta el momento, los objetivos de la RCEP están limitados a la eliminación de barreras arancelarias. El TPP, en cambio, es mucho más que un acuerdo de libre comercio, pues entre otras cosas, pone a disposición de las grandes corporaciones los derechos sobre la propiedad intelectual, amenaza la protección del medio ambiente, atenta contra los derechos de los trabajadores y, por si fuera poco, deja en manos de tribunales internacionales la solución de controversias entre Gobiernos y empresas.

Por eso varios mandatarios ven con buenos ojos el ‘plan B’ sugerido por los chinos. Entre ellos, el presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, quien considera que un acuerdo de libre comercio alternativo al TPP es por demás necesario. Aunque los países de la Alianza del Pacífico (integrada por los tres miembros del TPP de origen latinoamericano, más Colombia) están interesados en seguir manteniendo excelentes relaciones con Estados Unidos, al mismo tiempo varios de ellos quieren construir acuerdos con China y Rusia.

Sin lugar a dudas, la incertidumbre política que aqueja a Estados Unidos desde las elecciones celebradas el pasado 8 de noviembre está siendo aprovechada magistralmente por el dragón chino. Frente a las amenazas de Trump de inaugurar una nueva era de proteccionismo, la respuesta de Xi está cargada de contundencia: la globalización del comercio encabezada por Pekín seguirá su curso, con o sin el respaldo de Washington.

Fuente: http://www.globalresearch.ca/china-toma-el-relevo-de-ee-uu-ante-la-muerte-inminente-del-tpp/5558564

Nuevo plan del FBI para espiar a los escolares en Estados Unidos

Bajo nuevas directrices emitidas en enero de 2016, el FBI está instruyendo a las escuelas secundarias de todo el país para que le informen sobre los estudiantes que critican las políticas del gobierno y la “corrupción occidental” pues se trataría de potenciales futuros terroristas. Las nuevas directrices también advierten que los jóvenes pobres, inmigrantes o quienes hablan de viajes a países “sospechosos” son más propensos a cometer violencia. Las directrices del FBI para “prevenir el extremismo violento en las escuelas” combinan “las teorías de radicalización de la era McCarthy” –donde las autoridades monitoreaban pensamientos y comportamientos sospechosos de conducir a actos de violencia subversiva– con elementos de un programa británico de vigilancia “ampliamente impopular” y “profundamente controvertido”, conocido como Preventivo, que vigila comunidades y particulares musulmanes.

Las nuevas directrices dibujan a las escuelas de Estados Unidos como “semilleros de extremismo”. Afirmando que los jóvenes “poseen factores de riesgo inherentes”, las directrices del FBI describen a los estudiantes de la escuela secundaria como “objetivos ideales” para el reclutamiento de extremistas violentos.

Los materiales educativos elaborados por el FBI para las escuelas indican que las actividades van desde el uso de “lenguaje inusual” o “aplicaciones de mensajería privados” y cifrado (“oscurecido”, en el lenguaje del FBI) e intervenir en juegos en línea fuera de la escuela podrían indicar que “alguien planea cometer actos de violencia”.

Las directrices se basan en que las ideas extremas conducen a la violencia, un modelo de búsqueda evocador de la primera amenaza roja de la historia de Estados Unidos, así como de la represión de J. Edgar Hoover sobre los derechos civiles y contra los que se oponían a la guerra. La abogada Hugh Handeyside, del Proyecto de Seguridad Nacional de la Unión de Libertades Civiles de América, asegura que al ampliar la definición del extremismo violento “el FBI está actuando policialmente sobre el pensamiento de los estudiantes y tratando de predecir el futuro sobre la base de esos pensamientos”.

Las directrices están diseñadas para apuntar a los estudiantes musulmanes estadounidenses. Para evitar aparecer discriminatoria el FBI identifica factores de riesgo tan amplios y vagos que prácticamente podría considerarse peligrosa y digna de vigilancia a cualquier persona joven. No obstante, las directrices revelan una agenda subyacente porque repiten el enfoque sobre poblaciones de “inmigrantes” y “de la diáspora”, así como sobre las diferencias culturales y religiosas. El FBI invoca constantemente una amenaza islámica sin nombrarla.


Arun Kundnani, autor de “The Muslims are Coming!: Islamophobia, Extremism, and the Domestic War on Terror” (¡Llegan los musulmanes!: Islamofobia, extremismo y guerra doméstica contra el terrorismo), afirma que “en la práctica, las escuelas que tratan de aplicar este documento van a terminar vigilando a los estudiantes musulmanes de manera desproporcionada”.

Danielle Jefferis, del Proyecto de Seguridad Nacional de la ACLU (American Civil Liberties Union), escribiendo para Just Security, un foro en línea con sede en el Centro de Derechos Humanos y Justicia Universal de la Facultad de Derecho de la Universidad de Nueva York, considera que “la petición del FBI para que las autoridades escolares espíen e informen sobre las ideas y creencias de los estudiantes trae los riesgos de sofocar la curiosidad y la libre expresión, además de corromper la confianza que debe existir entre profesores y estudiantes.

Aunque el FBI afirma que no quiere limitar la libertad de expresión de los estudiantes, las directrices alientan a los funcionarios de las escuelas a identificar a los estudiantes que “participen en comunicaciones que indiquen apoyo a ideologías extremas” o que sientan “curiosidad” por materias que pudieran considerarse extremas.

Al llamar a las escuelas a crear equipos de evaluación de amenazas y para “mejorar la conciencia de dominio”, el FBI se involucra en lo que Jefferis caracteriza como “temor alarmista”, que “casi con toda seguridad aumentara la presión sobre los funcionarios de las escuelas para ir a la policía antes de buscar alternativas”. Esto enfrenta a los directores de escuela con el falso dilema de elegir entre mantener sus escuelas seguras o la defensa de los derechos de los estudiantes a la libertad de expresión y a la igualdad de protección. Por su parte, Jefferis concluyó: “Nuestros niños están más seguros y nuestras comunidades son más fuertes cuando trabajamos para proteger –no erosionar– nuestros valores y libertades fundamentales”.


Como era de esperar, las grandes cadenas de intoxicación de Estados Unidos no han cubierto esta campaña represiva con el detalle que merece.
Fuente: http://www.alternet.org/grayzone-project/fbi-has-new-plan-spy-high-school-students-across-country

Trump y el fascismo del siglo XXI

El artículo de William I. Robinson, profesor de sociología de la Universidad de California-Santa Barbara (*), resume con precisión casi todos los tópicos con los que se aborda la delicada situación internacional en ciernes, empezando por un título redondo (“Trump y el fascismo del siglo XXI”) que sólo es imaginable cuando se alude a personajes con personalidad propia, como Trump, Duterte, Erdogan, Orban y otros que airean en voz alta lo que otros callan.

En ese tipo de exposiciones, como la de Robinson, nunca quedan suficientemente claros los motivos por los cuales Trump es un fascista y no Obama o Clinton, aunque es evidente que ambas exposiciones, la de Trump y la de Robinson son simétricas. Aunque no sepan de lo que hablan, los que utilizan ese tipo de vocablos (“fascismo”) lo hacen de la misma manera contundente que Trump.

Nos hemos habituado al lenguaje neutro y aséptico que ha impuesto la burguesía en los últimos años, donde los cínicos son “centristas” o “moderados” del tipo Al-Nosra, que se lavan la cara cambiando las siglas. Con la televisión, las luchas políticas se han llenado de eufemismos para preservar lo políticamente correcto, mientras que quienes se quitan la máscara aparecen como lo que realmente son: fascistas.

Lo que no es políticamente correcto se califica de “populista”, cuando debería ser al revés. Lo contrario, el cinismo y la hipocresía, se justifican precisamente por su corrección, porque es lo que -según creían ellos- atraía votos. Ahora resulta que no es así. Los votantes se han cansado del lenguaje político anodino y buscan emociones fuertes. En realidad, los votantes se cansan de todo y de todos, excepto de votar.

No es fácil entender por qué Trump es un racista, mientras que a Obama nadie le ha calificado así, a pesar de que pocas veces un gobierno de Estados Unidos ha matado a más negros en las calles que con un negro en la Casa Blanca.

No es fácil entender por qué a Trump se le califica de machista, mientras que a Clinton nadie le ha calificado así, a pesar de haber defendido ante los tribunales a los violadores mofándose de las mujeres que fueron sus víctimas.

Un determinado tipo de lenguaje pone la realidad encima de la mesa, mientras que el otro la encubre. La indignación de académicos como Robinson procede de ahí: al sacar a la superficie un lenguaje que se había dejado de utilizar, se creen que eso (el fascismo, el racismo) no existía. Ante la ocultación es una obviedad imprescindible recordar que el lenguaje no cambia la realidad, sólo la percepción que tenemos de ella.

Por eso nosotros nos alegramos del fin de los eufemismos, de que la reacción se quite la máscara, de que se hable claro y, sobre todo, de que vuelva a triunfar el lenguaje de la Internacional Comunista, aunque sólo se trate de eso, del lenguaje, que nada tiene que ver con el comunismo.

El profesor Robinson incurre en otro defecto tan extendido como el de tejer cadenas de frases, las suyas propias, en réplica a otras frases, las de Trump, contraponiendo unas ideas a otras ideas, que es la mejor forma de no salir del idealismo.

También da la impresión de que hay quienes, como Robinson, necesitan discursos demagógicos, la provocación retórica, para poder reaccionar y que sus anticuerpos segreguen la réplica, que siempre es verbal. Antes estaban contra la “globalización” pero cuando Trump rechaza esa misma “globalización” tampoco les gusta.

La diferencia entre Trump y Robinson es muy evidente: el primero sabe lo que quiere y lo que no quiere, algo que no se puede decir de quienes se oponen a él. Tiene las cosas muy claras por otra obviedad a la que recurre Robinson: la de catalogarle como un “miembro de la clase capitalista transnacional”, algo en lo que tampoco se diferencia de Clinton en nada.

Si tenía intención de explicar algo, Robinson podía haber continuado por esa obviedad, de la que se desprenden todas las demás. Por ejemplo, Estados Unidos es un país capitalista cuya prosperidad dependió de la esclavitud (de los negros) y la emigración (de los blancos). El racismo, como ya hemos explicado aquí, nunca fue más que un aspecto de la lucha de clases y no del color de la piel.

Como cualquier otro burgués, la política migratoria de Trump no tiene otro objetivo que el de incrementar la explotación de la clase obrera, para lo cual debe mantenerla sometida y humillada, o sea, sin papeles y sin derechos de ningún tipo. “Ejército industrial de reserva”, lo llamó Marx hace 150 años, algo tan viejo como el capitalismo.

Por cierto, ese capitalismo no está ante ninguna encrucijada, como asegura Robinson. No tiene ninguna opción, ni ninguna posibilidad de reforma porque es un sistema agotado. El único recorrido marcha, en efecto, hacia el “fascismo del siglo XXI”, que no supondrá ningún “giro bursco”, como cree Robinson, porque será equivalente al fascismo del siglo anterior.

Los burgueses como Trump saben eso de sobra. Por eso no pretenden reformar nada. No engañan a nadie porque no tienen ninguna alternativa que ofrecer, absolutamente ninguna. No prometen nada y eso es lo que a algunos no les gusta. Quieren que les engañen, que les prometan algún cambio, reformas, esperanzas, perspectivas… algo que nos pueda caer del cielo sin que nos cueste ningún esfuerzo personal.

Los únicos que tienen alternativa son los proletarios y consiste en la revolución socialista. No hay ninguna otra posibilidad intermedia.

(*) http://www.alainet.org/es/articulo/181986

El dinero, las amistades y los intereses de Trump en Oriente Medio

Durante la campaña electoral, Trump se vanaglorió de que, a diferencia de Hillary Clinton, él se constituiría en un baluarte de lucha contra el terrorismo en Oriente Medio cuando llegara a la presidencia, bombardearía implacablemente al Califato Islámico, volvería a desplegar entre 20.000 y 30.000 soldados en Irak y prohibiría la importaciçon de petróleo procedente de Arabia saudí si los jeques continuaban apoyando a los salafistas.

“¿Quién voló las Torres Gemelas? No fueron los irakíes sino los saudíes. Mire a Arabia saudí, abra los archivos”, declaró a Fox News. Pero detrás de las palabras están los hechos, que dicen algo muy distinto: a lo largo de su campaña electoral, Trump creó ocho nuevas empresas en Arabia saudí. Es propietario o director de THC Jeddah Hotel Advisor y DT Jeddah Technical Services Advisor, empresas relacionado con un proyecto hotelero en el Golfo Pérsico.

Al mismo tiempo que creaba sus empresas, en una reunión convocada en Alabama, Trump reconocía que se entendía con “todos los saudíes. Me compran apartamentos. Gastan 40 millones de dólares, 50 millones de dólares. ¿Debo detestarlos? Los quiero mucho”.

Los vínculos de negocios de Trump con los saudíes son antiguas. Tres meses antes del 11-S, Trump vendió el piso 45 del Trump World Tower a Arabia saudí por 4,5 millones de dólares. A pesar de ello, utilizó la intervención saudí en los atentados terroristas de 11-S para desacreditar a sus adversarios.

Rudy Giuliani, uno de quienes optan al cargo de Secretario de Estado, ha dicho que Hillary Clinton debía disculparse públicamente ante los estadounidenses por haber aceptado donaciones saudíes. “Me gustaría verla excusarse por el dinero que la Fundación Clinton ha aceptado, procedente de Arabia saudí, donde las mujeres no pueden conducir. Me han dicho que [Clinton] es feminista, ¿y acepta dinero de un país en el que las mujeres no pueden conducir?”, preguntó Giuliani.

Pero el antiguo alcalde de Nueva York es un capataz remunerado de la Organización de los muyaidines del pueblo iraní, organización para la que en 2012 hizo campaña con éxito a fin de que fuera borrada de la lista grupos terroristas extranjeros del Departamento de Estado.

A Giuliani los muyaidines le han pagado varias veces por pronunciar conferencias en nombre del grupo en 2011 y 2012, cuando aún estaba en la lista de grupos terroristas, lo que está prohibido por la legislación de Estados Unidos, ya que no se ha inscrito como agente de intereses extranjeros en Estados Unidos.

El futuro consejero de seguridad nacional, el general Michael Flynn, que fue director de la Agencia de Inteligencia de la Defensa, es decir, del Pentágono, firmó un contrato con una empresa holandesa que servía de testaferro de otra turca muy cercana de Erdogan. El año pasado, la empresa de Flynn, Flynn Intel Group, firmó un acuerdo de “lobbying” con Inovo BV, una empresa pantalla de Inovo Turkije. Ambas empresas fueron creadas por Ekim Alptekin, un testaferro de Erdogan que preside el Consejo de Negocios turco-americano, que a su vez es una sección de la Comisión de Relaciones Económicas Internacionales de Turquía, cuyos miembros designa el Ministerio de Economía y la Asamblea nacional de Turquía.

En ejecución de las obligaciones derivadas el contrato, Flynn escribió un artículo afirmando que el golpe de Estado del 15 de julio en Turquía estaba dirigido por el clérigo Fetullah Gülen y alabando la represión que Erdogan emprendió con posterioridad al mismo.

Tampoco Flynn se ha inscrito como agente de intereses extranjeros en Estados Unidos, por lo que su actuación es ilegal.

En agosto de 2012, cuando dirigía la DIA, Flynn recibió informes sobre el apoyo de Turquía y los Estados del Golfo a “la insurrección de Siria” y a Al-Qaeda en Irak. La DIA advirtió que la continuación de dicho apoyo conduciría a la creación de un “principado salafista” en el este de Siria y, eventualmente, la declaración de un “Estado islámico” en Irak y en Siria. En las entrevistas que mantuvo tras este informe, Flynn confirmó que sus términos eran exactos.

También Trump tiene intereses propios en Turquía. Ha cobrado más de 10 millones de dólares por ceder el uso del nombre a un rascacielos de 40 pisos, el Trump Towers de Sisli, en Estambul.

La empresa pública Qatar Airways ha alquilado un espascio en uno de los rascacielos de Trump en Nueva York, donde tiene su cuartel general. Además tiene un gran proyecto inmbiliario en los Emiratos Árabes Unidos. El año pasado su holding indicó a Hotelier Middle East que su cadena de hoteles de lujo, Trump Hotel Collection, tiene previsto construir más hoteles en Dubai, en Abu Dabi, en Qatar y en Arabia saudí.

El capital manda. Como tantos otros, Trump y su equipo detestan a los musulmanes, pero no a su dinero. Impedirían la llegada de las personas pero nunca la de los réditos.

¿Se convertirá Irán en el capítulo segundo de la Guerra de Siria?

John Bolton, un ladrón que ladra fuerte
Entre los rumores que corren por Washington está el que sitúa a John Bolton, uno de los doberman del imperialismo estadounidense, como nuevo secretario de Estado de Trump. Si eso se cumple, será una buena señal para entender el alcance que el nuevo gobierno quiere darle a su política en Oriente Medio.

La designación de Bolton hay que ponerla en relación con las declaraciones de Trump sobre Irán al Wall Street Journal el jueves de la semana pasada y, más en concreto, sobre su intención de revisar el tratado nuclear firmado en 2015 con el gobierno de los ayatollahs.

Es verdad que esas declaraciones -y otras- hay que leerlas despacio porque uno de los expertos en Oriente Medio  que subirán en el escalafón de la política exterior de Estados Unidos, Walid Phares, ha dicho a la BBC que se trata sólo de modificar algunos puntos de dicho acuerdo porque tal y como está ahora el nuevo gobierno no está dispuesto a aceptarlo. Otras declaraciones del propio Trump han matizado aún mucho más el rechazo.

Aunque a Bolton se le conoce como embajador de Estados Unidos en la ONU, de 2001 a 2004 fue subsecretario de Estado encargado del control de armamentos. Era el mamporrero de Dick Cheney, verdadero artífice del gobierno de la Casa Blanca en la etapa de Bush hijo, opuesto al acuerdo nuclear con Irán y, posiblemente, a cualquier clase de acuerdo con Teherán.

En Washington determinados círculos influyentes consideran -con razón- que la Guerra de Siria ha resultado un verdadero desastre en comparación con los objetivos que perseguían, habiendo salido Rusia e Irán como ganadores de ella… y de la de Irak. La elección de Bolton como secretario de Estado inclina a pensar que Irán sigue siendo la preocupación primordial del imperialismo en Oriente Medio.

Junto con Cheney, el perro de Bolton fue de los que propuso bombardear Irán junto con Israel y, al fracasar el plan de ambos, le enviaron a la ONU. Aunque este capítulo está bastante lejos de haberse esclarecido, da la impresión de que el plan era hacer en Irán lo que Bush hizo en Irak con una excusa parecida: armas de destrucción masiva y armamento nuclear, o dicho de otra manera: Irak se convirtió en la víctima propiciatoria de un plan que los imperialistas habían urdido para Irán.

La oposición a un ataque contra Irán procede del Pentágono que, paradógicamente, hace tiempo que se viene oponiendo a los planes de la diplomacia, como ya explicamos en otra entrada. Sin embargo, hay un plan intermedio: provocar una crisis con Irán -otra más- para sabotear la aplicación del acuerdo. No el acuerdo mismo sino “sólo” su aplicación.

¿Se convertirá Irán en el capítulo segundo de la Guerra de Siria?

‘Se busca a alguien que luche contra Trump por 2.400 dólares al mes’

Las grandes campañas intoxicadoras de los medios de comunicación forman parte ya del paisaje político internacional. Es una premonición de lo que será la propaganda de guerra en su momento. La última ofensiva son las protestas que recorren Estados Unidos en contra de Trump, dirigidas por grandes intereses monopolistas y orquestadas por los reformistas. Se prepararon al menos diez días antes de las elecciones y su radio de alcance es el mundo entero. Todos están contra Trump porque es un peligro para la humanidad y, desde luego, para Estados Unidos. Nunca un presidente de Estados Unidos había tenido tantos enemigos.

En la prensa de Estados Unidos empezaron a aparecer anuncios con ofertas de trabajo político para “luchar” contra Trump, poniendo al descubierto algo que ya sabíamos desde hace un siglo: que el reformismo está al servicio de los grandes intereses monopolistas y no es desinteresado. Desde siempre los oportunistas son profesionales de la “lucha”, la protesta y la reivindicación. Son el equivalente en la política de los mercenarios en la guerra.

Por ejemplo, en Craiglist apareció un anuncio buscando ese perfil de “luchadores” contra Trump por un sueldo que iba desde los 10,50 a los 17 dólares la hora de “trabajo”, que se puede considerar como un sobresueldo o un complemento adicional del trabajo habitual del “currante”. Por si no se lo creen, aquí tienen la imagen del anuncio:

¿Les parece poco el sueldo para un mercenario de las “protestas” políticas? Aquí tienen otro mucho mejor remunerado: 190 dólares la hora de “lucha” contra Trump, en el que un buen aprendiz de político puede forja sus estratagemas para convertirse en el perfecto vividor de las elecciones, las instituciones, las tertulias y las candidaturas.
Los anuncios están recorriendo todas las ciudades de Estados Unidos, aunque en Nueva York hemos encontrado la oferta laboral que más puede apetecer a aquellos de nuestros lectores que estén en el paro: un sueldazo de 2.400 dólares al mes para quienes quieran dedicarse a tiempo completo a esta gran cruzada mundial contra Trump:
Como ven, la única condición es que te opongas a Trump. Estas ofertas de trabajo son las únicas que no piden curriculum vitae, ni exigen tampoco experiencia previa porque van dirigidas a los jóvenes, sobre todo a esos a quienes los profes han lavado el cerebro en los institutos y las universidades para sustituir la lucha revolucionaria, la única que existe, por las monsergas reformistas, pacifistas y transversales.

Los sueldos oscilan mucho. Van de los 15 a los 22 dólares la hora si el “luchador” es un aficionado que sólo dedica los ratos libres, a los buenos sueldos de quienes se dedican a tiempo completo:

Alguien creerá que es normal que en una campaña electoral se utilice tanto juego sucio y tanta manipulación. Pero las elecciones ya se han acabado, mientras que la campaña sigue.

El voluntariado se ha acabado. Es posible que aparezca una nueva profesión, que se acabará estudiando en la Facultad de Ciencias Políticas de Somosaguas, en Madrid: la de luchador o protestante, ese tipo de mercenarios oportunistas que distraen la atención de la gente con continuas “luchas”. Cuando a un mercenario así le pregunten por su profesión, “¿Usted a qué se dedica?” tendrá que responder: “Yo organizo protestas”. Se refieren a ese tipo de carnavales callejeros, charanga incluida, que son imprescindibles para emitir luego por la tele. Después de la Primavera Árabe llega el Invierno Americano. Todo al estilo Podemos y ONG.

Un tinglado llamado Fightthepower (“Lucha contra el Poder”) convoca una manifestación en el club de golf que tiene Trump en el Rancho Palos Verdes, en California, de la siguiente manera:

“Necesitamos manifestantes anti-Trump para una concentración el 13 de noviembre al mediodía en el campo de golf que pertenece a Donald Trum. Los manifestantes cobrarán 35 dólares la hora, deberán estar dispuestos a permanecer durante al menos 10 horas y verstirse de manera que sean visibles. A los organizadores les remitirán por correo un código de acceso para cobrar el dinero. Los que no puedan enviar el correo a tiempo podrán unirse al acto vestidos de rojo y recibirán un sueldo de 50 dólares si viste de rojo”.
Atención emprendedores: aquí hay un nicho de mercado. Dentro de poco nos encontraremos anuncios buscando gente para organizar concentraciones. Otros pagarán dinero a los manifestantes a tanto la hora, con un plus adicional si tienes que llevar una bandera o una pancarta, que una subcontrata te entregará al comienzo de la misma, así como una partitura con las consignas que tienes que gritar.

¿Quién pondrá la pasta para pagar a tantos “luchadores”?

‘China sustituirá a Rusia como principal enemigo de Estados Unidos’

A pesar de que queden dos meses para el cambio oficial de administración en Washington, las capitales de todo el mundo ya han comenzado a prepararse para la llegada del nuevo dirigente estadounidense. Uno de los primeros en felicitar a Donald Trump fue Vladimir Putin. Los políticos de Moscú no han ocultado su satisfacción con el próximo cambio de gobierno en la Casa Blanca.

La reacción de Pekín ha sido bastante más contenida. Lu Kang, representante oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular, expresó su deseo de que el nuevo gobierno de Estados Unidos “contemple de forma objetiva las relaciones económicas y comerciales” entre los dos países.

Las declaraciones del diplomático eran la respuesta a la solicitud de unos periodistas de que Pekín aclarara su postura respecto a las duras declaraciones de Trump durante su campaña electoral. Según el nuevo presidente estadounidense, Pekín se beneficia mucho más de las relaciones comerciales que Washington. Trump ha dado a entender en numerosas ocasiones que en caso de ser elegido presidente planeaba cambiar esta situación de forma radical para defender los intereses de las empresas estadounidenses.

“Si las relaciones no fueran favorables para los pueblos de ambos países, sería imposible haber alcanzado un nivel semejante de desarrollo comercial. Por esta razón, la cooperación económica y comercial entre China y Estados Unidos es mutuamente beneficiosa”, comenta Kang desmintiendo estas acusaciones.

El diplomático chino recordaba que el volumen del intercambio comercial el año pasado superó la astronómica cifra de los 560.000 millones de dólares.

Pekín espera que Trump también manifieste una postura clara sobre algunos problemas más sensibles de las relaciones bilaterales que afectan a cuestiones de seguridad, según Kang. Entre ellos figura el despliegue del sistema THAAD del escudo antimisiles estadounidense en Corea del Sur o las disputas territoriales en el mar de la China Meridional.

Según los expertos, la elección de Donald Trump para Rusia significa una oportunidad para dejar de ser considerada en Estados Unidos como el principal enemigo en potencia.

“En China existe realmente el temor de que las relaciones entre Washington y Pekín empeoren con Donald Trump, y esta teoría está completamente justificada, aunque por ahora no se puede decir que este escenario sea inevitable”, declara el jefe de investigación del Instituto del Extremo Oriente de la Academia Rusa de Ciencias, Alexander Lomanov.

Según el experto, ya durante el gobierno de Barack Obama en las relaciones entre ambos países han surgido numerosas diferencias políticas, sobre todo en relación a la  situación en el mar de la China Meridional y con la tensa situación que se vive en Hong Kong, entre otros factores.

El experto del Consejo Ruso para los Asuntos Internacionales Maksim Suchkov asegura que Moscú está interesada en que tras el cambio de administración en la Casa Blanca en Estados Unidos se forme “un nuevo sistema de prioridades en el ámbito de la seguridad nacional en el que Rusia no sea la principal amenaza”.

Esta idea la comparte el director del centro Rusia-Oriente-Occidente, Vladimir Sotnikov. “Recuerden que según Barack Obama, la lista de los principales enemigos de Estados Unidos estaba formada por Rusia, el Estado Islámico y la fiebre del ébola. El presidente Trump no utilizará este enfoque. Es un hombre más pragmático, no un ideólogo, y es consciente de que Rusia no supone una amenaza para los intereses de vital importancia de Estados Unidos. Y estos intereses de vital importancia no se encuentran en el espacio postsoviético, no están en Ucrania, sino en otras regiones del planeta. Esto significa que se abrirá una vía para el diálogo con Moscú y para determinados cambios en materia geopolítica que una administración demócrata en la Casa Blanca nunca aceptaría”, comenta Sotnikov.

Fuente: http://www.kommersant.ru/doc/3138284

La victoria de Trump pone a la OTAN en un estado de pánico declarado

En una entrevista a la agencia de noticias Associated Press, Dimitri Peshkov, el portavoz del Kremlin, ha sugerido que para mejorar las relaciones con Estados Unidos, la OTAN debería retirar a una “distancia prudencial” las tropas que ha situado al borde mismo de las fronteras rusas en los países bálticos y Polonia.

Desde el Kremlin le piden a Trump un pequeño gesto, siquiera simbólico, para preparar una cumbre con Putin en condiciones favorables para llegar a un acuerdo entre ambas partes.

Han bastado unas mínimas y elementales palabras para que la OTAN haya pasado del estado de nervios al de pánico, lo que se ha puesto de manifiesto con unas revelaciones de la revista alemana Der Spiegel según las cuales, tras la victoria electoral de Trump, la OTAN ya esta preparando planes para reorganizar sus fuerzas, “si Estados Unidos retira sus fuerzas de Europa”.

Pero no está tan claro que Trump nos de la enorme alegría de marcharse de Europa y cerrar Ramstein, Rota o Morón de la Frontera, entre otras bases militares. Posiblemente pretenda reestructurar la alianza imperialista y, como ha prometido, que los demás pongan más dinero encima de la mesa para sostener la gigantesca maquinaria militar del imperialismo.

El Secretario General de la OTAN, el noruego Jens Stoltemberg, ya ha admitido la posibilidad de que el nuevo gobierno de Trump ordene una retirada de las tropas de Estados Unidos, o al menos una reducción en el número de efectivos, lo que sería muy lógico si Trump quiere rebajar la tensión con Rusia.

Pero hay grupos de presión e intereses muy poderosos que no quieren ni pensar siquiera en esta posibilidad, por lo que agitan las calles de Estados Unidos en una movilización que se parece mucho a las “revoluciones” de colores y a ciertas primaveras que conocimos, en las que, como ha dicho Giuliani, el antiguo alcalde de Nueva York, participan “los profesionales de la protesta”, las ONG, los reformistas y los oportunistas de todos los pelajes.

Hay quien habla de “golpe de Estado” contra Trump y quien habla de un posible asesinato también. Alguien llamado Elijah Berg ha tenido una ocurrencia original que puede rescatar del desastre a los enemigos de Trump: un pucherazo electoral como el que hicieron en 2000 para elegir a Bush.

El plan es el siguiente: consiste en aprovechar que las elecciones no son directas sino que se eligen compromisarios, para lograr que quienes deben votar por Trump voten por Clinton. Para ello Berg ha recurrido al método favorito de la desestabilización moderna, las redes sociales, donde ha recogido cuatro millones de firmas en MoveOn.org, uno de esos tinglados financiados por Soros. Sí, el mismo, el omnipresente Soros. Se espera que a este ritmo la campaña obtenga en diciembre veinte millones de firmas.

La petición se apoya sobre un argumento de peso: Trump ha cosechado menos votos que Clinton, pero el recuento no ha terminado aún, ya que faltan por contar siete millones, entre ellos los militares que están repartidos por todo el mundo, que votarán por Trump, según todas las estimaciones. Pero aún tienen margen para el pucherazo.

Otro argumento de peso es que, según un estudio, en las elecciones han votado tres millones de inmigrantes ilegales que no podían ejercer ese derecho y, según las suposiciones, han votado a favor de Clinton. Como ya hemos expuesto en otra entrada, en muchos Estados los colegios electorales no exigen que los votantes se identifiquen en el momento de depositar el voto en la urna, por lo que los pucherazos son muy corrientes.

En el colmo del delirio contra Trump ha habido iniciativas muy pintorescas, como la aparición de movimientos independentistas en California, Oregón (1), Nevada, Alaska, Washington e incluso en Hawai, donde el secesionismo viene de atrás.

En Estados Unidos no sólo se están preparando grandes protestas para el 20 de enero, cuando se produzca el transpaso de funciones. Este fin de semana hay convocado lo que algunos califican como un “consejo de guerra” (2), encabezado por Soros para impedir que tal transpaso se produzca.

(1) http://www.oregonlive.com/politics/index.ssf/2016/11/after_trump_victory_oregonians.html
(2) http://www.politico.com/story/2016/11/democrats-soros-trump-231313

El ocaso definitivo del imperialismo estadounidense

Darío Herchhoren

El ocaso es el tiempo -breve- en que el sol se pone, hasta que aparece nuevamente en un nuevo día. El sol sale por el este y se pone por el oeste. Pero los imperios cuando entran en el ocaso, es para siempre. No existe en la mecánica imperial un nuevo día. El ocaso es ya definitivo; no tiene vuelta atrás.

En la historia de la humanidad no existe conocimiento de que algún imperio sobre la tierra haya logrado luego salir de su ocaso volver a ocupar el lugar que tenía antes de su definitiva desaparición. Esto es lo que está pasando ahora con la caída definitiva del imperio USA; no hay red que lo salve como ocurre con los trapecistas de los circos, que a veces se caen y que gracias a la red salvan sus vidas.

Hay signos evidentes de que el imperio USA ha perdido su poder hegemónico. Como dijo alguna vez Slavoj Zizek, filósofo esloveno, vivimos tiempos interesantes. Hay que señalar algunos hechos trascendentes que han empujado al imperio al abismo, a saber: la creación de los BRICS; la aparición del grupo de Shangai; la creación del Banco de Desarrollo Euroasiático; la alianza estratégica de Rusia y China; el uso de las monedas nacionales de Rusia, China y Arabia en sus transacciones sin pasar por el dólar; el triunfo de Trump en las eleccioines; y un hecho nuevo e impensable la reunión efectuada hace dos días entre los ministros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en Sochi con el ministro ruso de exteriores Lavrov, donde se echaron las bases de una colaboración entre todos los reunidos y la declaración de Lavrov de que Rusia apuesta por una CELAC fuerte y estable. Nadie en su sano juicio hubiera apostado por una reunió así hace apenas diez años, porque el imperio lo hubiera torpedeado.

Desde hace más de 65 años vengo militando en diversos movimientos de izquierda, y siempre pensé que no vería llegar el momento en que el imperio USA cayera para siempre, como una necesidad de salud pública. Sin embargo y suerte para mí estoy asistiendo a ese momento tan ansiado por tantos millones de hombres y mujeres de la humanidad entera. Recordemos que los revolucionarios franceses de 1789 llamaron Comité de Salud Pública al que se encargaba de utilizar la guillotina para cortar las cabezas de la nobleza y sus servidores. El nombre es realmente sugerente.

Cuando los imperialistas fueron derrotados en Vietnam; muchos de los jóvenes que deseábamos ese momento pensamos equivocadamente que el imperio se acabaría pronto. No fue así, y desgraciadamente fueron necesarios unos cuantos millones de muertos más para que ese día llegara.

La existencia y ahora la inexistencia del bloque socialista, nos hizo pensar que el imperio realmente iba a tener larga vida. Tampoco fue así, y hoy asistimos al grandioso espectáculo de su ocaso. Ya no puede sostener tantas guerras y se trata de un león sin dientes. Como dijo en su momento Mao Zedong, el imperialismo es un tigre de papel; y como Mao era chino aplicó su proverbial paciencia de chino hasta que el día llegó. Entre el momento de las palabras de Mao, y el día de hoy han transcurrido al menos 60 años. El imperio está en guerra en algún lugar del mundo des de el fin de la última guerra en 1945. No conoció ni un solo día de paz.

Lo curioso de todo esto es la alarma que está cundiendo, ya cercana al pánico entre los lacayos  del imperio que ven que “su señor” entra en un tirabuzón mortal de necesidad. ¿Que van a hacer ahora sin el amo? Posiblemente algunos elegirán hundirse con él. Otros en cambio atendiendo al instinto de conservación buscarán acomodo junto a los nuevos actores; pero el mundo se ha hecho multipolar, y hay ya muchos “amos” a los que servir. En el mundo ya no habrá una potencia hegemónica que dicte las normas. Es posible que estemos ante el umbral de un tiempo donde los pueblos emprendan un camino de liberación, al menos de los grandes amos. Nos queda ahora liquidar a los pequeños. Pero eso parece que será más fácil.

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