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Los colectivos homosexuales se han convertido en una mercancía y viven de explotarla

En todo el mundo imperialista las empresas volcadas en la clientela homosexual forman un sector en expansión que mueve billones de dólares cada año. Lo gay vende. Lo mismo que lo ecológico y lo limpio, es sinónimo de calidad, de modernidad y de progreso. Si una marca comercial quiere entrar en un mercado, tiene que ser (o presumir de ser) políticamente correcta, respetuosa con el ambiente y “gay friend”. Es algo que se paga: hay consumidores dispuestos a pagar un precio un poco más alevado por una mercancía así.

El trato público a los homosexuales es la prueba del algodón de la democracia y se entiende que dicho tratato debe ser el que impera en las potencias dominantes o, dicho con otras palabras, a través de la homosexualidad el imperialismo trata de imponer a todo el mundo cánones políticos, sociales y culturales.

Un mercado capitalista impone un prototipo que, en el caso del gay, es un adicto a la última moda y un consumidor compulsivo. En las grandes metrópolis capitalistas los comercios gays se han ido apoderando de ciertas partes de las ciudades que atraen un turismo de todo tipo pero, sobre todo, de la misma condición LGTB. Hay bares, tiendas de ropa, resorts, librerías, agencias de viaje, restaurantes, revistas, cines…

Se ha producido un salto de la invisibilidad a la omnipresencia en la calle. Si los trabajadores tienen el Primero de Mayo y las mujeres el 8 de Marzo, los homosexuales tienen el Día del Orgullo Gay, que empezó siendo una manifestación, porque había algo que reivindicar, para acabar siendo un carnaval, porque hay algo que festejar (en plena crisis capitalista).

Hay una franquicia, el Gay Club International, una agencia de servicios para el mundo homosexual, que pretende cubrir todas las necesidades de sus socios, desde un hotel discreto hasta un fontanero porque hay casos en los que la visibilidad no conviene, es decir, por lo mismo de toda la vida: hay que guardar las apariencias.

Es para quienes no quieren salir del armario. Vende invisibilidad, discreción. Organiza fiestas y proporciona contactos sin que nadie se entere y eso implica pagar un precio de entrada más una cuota mensual mínima que ningún trabajador podría pagar a lo largo de toda su vida (por más pluma que tuviera).

En este caso, el sexo no está por encima de las clases sociales. Negocios de este tipo ponen de manifiesto que en ellos la condición primordial no es la de gay sino la de burgués, lo que es una obviedad. No se organizan para los trabajadores gays sino para quien pueda pagarlos (como todos los demás).

También ponen de manifiesto que la homofobia se extiende mucho más allá de Chechenia. Incluso en nuestros países más cercanos la homosexualidad no está tan bien vista como nos quieren hacer creer.

Hay una Asociación para Negocios de Gays y Lesbianas (Asegal), que es como la CEOE gay. Pero el capital no entiende de sexo y los burgueses que las dirigen son tanto homosexuales como heterosexuales. La patronal gay recibe una subvención de 700.000 euros por parte del Ayuntamiento de Madrid, que se declara “de izquierdas”. Pero nadie ha protestado. Este tipo de subvenciones deben parecer normales.

Además de dinero, el Ayuntamiento cede a Asegal espacio público para organizar sus ferias comerciales, la más importante de las cuales es el inminente Día del Orgullo Gay, que ya no sólo utiliza el centro de la capital sino que ha acaparado Madrid Río para el World Pride Park, una especie de parque temático que va a mostrar al público la amplia diversidad (sexual) que existe en esta sociedad.

Pero, ¿por qué es posible que un Ayuntamiento “de izquierdas” subvencione a una organización capitalista? Porque la naturaleza LGTB del negocio lo justifica. En este caso, a la hora de la subvención, lo importante no es su naturaleza capitalista sino su naturaleza gay. En tales casos el sexo sí está por encima de las clases sociales.

Como en cualquier otra feria, la de ganado de Talavera, por ejemplo, el World Pride Park alquila un espacio que ha obtenido gratis a cambio de un dinero para que las empresas exhiban sus mercancías “gay friend”. Incluso cobrará dinero a las ONG para que ocupen otro espacio para denunciar las agresiones a los derechos humanos que padecen los homosexuales en países como Chechenia y la ímproba labor que realizan para impedirlo.

¿Cómo es eso posible? Porque todo es un negocio y nada más que un negocio, incluidas las ONG. Hace mucho tiempo que los colectivos homosexuales han perdido el orgullo, se han convertido en una mercancía y viven de explotarla.

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La Unión Euroasiática se ha quedado en la vía muerta

La Unión Euroasiática fue lanzada a bombo y platillo por Rusia en 2014. Forman parte de ella Armenia, Bielorrusia, Kajajistán y Kirguistán, además de Rusia. El Presidente kazajo, Nursultan Nazarbaev, impulsor del proyecto desde 1994, la calificó como una “bendición”.

No es otra cosa que un mercado capitalista de 180 millones de consumidores basado en la competencia que pretende impulsar unas economías muy alejadas de los circuitos mundiales más importantes, como Asia central y el Cáucaso. El PIB de todos los países es de 2.700 millones de dólares.

Como consecuencia de la crisis capitalista, el año pasado el mercado se contrajo un 14 por ciento y la reducción del flujo exterior fue un 17 por ciento menor respecto al año anterior. La recesión es especialmente preocupante en Bielorrusia, donde el PIB cayó un 3,5 por ciento en 2015 y las exportaciones a la Unión se desplomaron hasta el 35 por ciento.

Lo que mejor funciona de este mercado es la exportación de mano de obra kirguís y kazaja a Rusia, cuyas remesas son el único capítulo ascendente del mercado y salvan buena parte de la balanza de pagos de sus países respectivos.

La fuerza y la debilidad de la Unión es la sombra de la URSS. Los socios de Rusia no han encontrado la medida justa; necesitan a Rusia pero no quieren caer en una dependencia excesiva. En Astana ya no se escuchan cantos de sirena y, lo mismo que en la Unión Europea, han sugido partidos “nacionalistas” opuestos al proyecto, o lo que es lo mismo, opuestos a Rusia.

Lukashenko arroja balones fuera en Bielorrusia diciendo que Rusia es culpable de la recesión por su proteccionismo. En diciembre del año pasado no acudió a la cumbre que los países signatarios mantuvieron en San Petersburgo para aprobar el código aduanero.

La economía de Kirguistán se ve sacudida por el alza de las barreras aduaneras a las importaciones, especialmente de China y Turquía. En los bazares de numerosas capitales Asia central sobreviven a duras penas numerosos comerciantes que revenden las mercancías importadas de esos dos países. Sólo en el gran bazar de Bichkek trabajan 50.000 personas.

Pero la Unión Euroasiática es, sobre todo para Rusia, un proyecto geopolítico, mientras que en Bielorrusia y Kzajistán recuerdan que, sobre todo, no es más que unión “económica”, como aparece en su nombre oficial. A veces hablan de la Unión como de un “Caballo de Troya” de Rusia, y no les falta razón: el PIB de Rusia supone el 86 por ciento del total de la Unión.

Rusia impone las reglas de juego y las tarifas aduaneras que se pretenden aprobar no son más que una extensión de las suyas propias, que son bastante elevadas, a los demás países.

El plan inicial contaba con la incorporación de Ucrania a la Unión, algo que ahora resulta impensable. Ucrania hubiera aportado un mercado de 50 millones de consumidores y un potencial agro-industrial del que los socios de Rusia carecen, desequilibrando la correlación de fuerzas entre todos ellos. Por lo demás, tanto Kazajistán como Bielorrusia se esfuerzan por mantener buenas relaciones con el gobierno fascista de Kiev, algo que en Moscú no hace ninguna gracia.

La caída de los precios del petróleo también ha afectado muy negativamente a la Unión, además de a Rusia porque supone el 75 por ciento de las exportaciones y la mitad del presupuesto público. Los socios dependen de las importaciones del petróleo ruso y de las sacudidas de su precio en los mercados internacionales, causa inmediata de la recesión, de la devaluación de sus divisas y del alza del coste de la vida en Bielorrusia, Kazajistán y Kirguistán.

La presencia de China es el rtercer factor a tomar en consideración en la situación actual de la Unión, de su fuerza y de su debilidad. Como en otras regiones del mundo, China está tejiendo pacientemente sus redes económicas apoyándose en algo que Rusia no puede aportar a sus socios: opulencia financiera. En la cumbre anual de la Organización de Cooperación de Shanghai de 2012, el antiguo Presidente chino Hu Jintao lanzó el caramelo: 10.000 millones de dólares en inversiones para la región, todas ellas de carácter estratégico.

China ha firmado compromisos económicos a largo plazo con Kazajistán (2005 y 2012), Uzbekistán (2012), Tayikistán y Kirguistán (2013), además de impulsar la nueva Ruta de la Seda, también en 2013 o, en palabras del Financial Times, “el más vasto programa de diplomacia económica desde el Plan Marshall”, conocido en inglés por las siglas OBOR (“One belt, one road”), que comprende a 60 países y pretende conectar Asia con África y Europa (pasando por Oriente Medio).

Rusia no sabe cómo encajar ambos proyectos, el suyo propio y el chino, y ahora mismo no tiene capacidad financiera para mantener sus compromisos en infraestructuras con los países de la región, mientras los yuanes llegan a manos llenas. En julio del año pasado, durante la cumbre de Shanghai, China abrió una nueva línea de crédito para los países de la región de 12.000 millones de dólares. Los rusos no puyede asumir sus compromisos y los chinos han firmado 50 grandes proyectos industriales nuevos.

China tiene otra gran ventaja: sólo habla de dinero; la geoestrategia no entra en sus negociaciones, algo que los socios de la Unión agradecen. Cuando alguien llega con el talonario de cheques y no pide explicaciones, todo resulta mucho más fácil, sobre todo a la vista de titulares del Renmin Ribao, el portavoz del Partido Comunista de China, como éste de 2013: “La Unión Económica Euroasiática sólo sirve para mantener la dominación rusa en el espacio post-soviético”.

Fue una mala racha. Al año siguiente Putin y Xi Jinping se reunieron para tratar de ponerse de acuerdo y cooperar en los proyectos regioniales, “integrando a la Unión dentro de la Ruta de la Seda”. En 2015 se firmó una segunda declaración en la misma línea de ensamblar los dos proyectos en uno solo, que prevé crear una zona de librecambio entre la Unión y China.

En mayo del año pasado la colaboración continuó, en prueba de que sólo China (el dinero de China) puede sacar a la Unión de la vía muerta en la que se encuentra.

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El gobierno de Tsipras vuelve a recortar las pensiones en Grecia

El gobierno de Syriza apretará aún más las tuercas a los trabajadores. Ha vuelto a doblegarse ante el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea imponiendo nuevos recortes de las pensiones y aumentando los impuestos.

Tras meses de chantajes, Tsipras ha vuelto a capitular, lo cual ya no es noticia: las pensiones se rebajan un 18 por ciento, lo que afectará a unos 900.000 jubilados.

La mayor parte de los ancianos se ven obligados a rebuscar en la basura para comer o a buscarse la vida con pequeñas actividades que les reporten algunos ingresos, como vender castañas por las calles. La crisis capitalista ha acabado con la jubilación y las pensiones. En todo el mundo los trabajadores se verán obligados a buscarse el sustento hasta la muerte.

Los capitostes de Syriza han convertido a Grecia en un país mendigo, obligado a pedir una préstamo detras de otro, sin solución de continuidad. Cada uno de los préstamos se firma para poder pagar el anterior más los intereses. Grecia trabaja y sobrevive sólo para pagar deudas al capital financiero.

Para conceder más limosnas, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo se han apoderado de las riendas de los presupuestos griegos. Son los que hacen y deshacen (más bien esto último).

Durante los últimos días, miles de personas se han manifestado en contra de los recortes, y ya para el 17 de mayo se ha anunciado otra huelga general, que hay que sumar al resurgimiento de la lucha armada y los movimientos guerrilleros que expresan el hartazgo general hacia Tsipras y los suyos.

Otros se marchan del país. Desde 2008 Grecia está experimentando la mayor fuga de cerebros de su historia moderna. Cerca de medio millón de sus profesionales más capacitados y talentosos se han emigrado, según datos del Banco Central.

En 2015 las cifras de Eurostat decían que la cuarta parte de los griegos ya pedecen “privaciones materiales severas”. Es una manera como cualquier otra de hablar de hambre, de no tener ni un pedazo de pan para llevarse a la boca.

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Mozambique, otro país africano que ha caído en las garras de los fondos buitre

A finales de la semana pasada se celebró en Washington una reunión del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial para analizar la nueva crisis de deuda que sacude al capital financiero en todo el planeta y que tiene a Mozambique como punta de lanza.

En 2013 funcionarios del gobierno mozambiqueño contrataron préstamos a nombre de empresas públicas por sumas que ascienden a 2.000 millones de dólares. Los contratos no fueron refrendados por el Parlamento, lo cual es obligatorio, y los prestamistas conocían de sobra la ilegalidad, pero no les importó.

Luego el gobierno de la antigua colonia portuguesa declaró el impago de dicha parte de la deuda, y ahora el país ha caído en las garras de los fondos buitre.

Durante los últimos años la situación económica en el África subsahariana ha sido muy buena, como consecuencia de las condiciones favorables para la exportación de materias primas, lo que favoreció que contrajeran importantes deudas. Mozambique estuvo a la cabeza de esa breve etapa de florecimiento económico.

Luego el desplome de los precios del petróleo, el alza de los tipos de interés y la caída de la cotización de las monedas africanas con respecto al dólar invirtieron la situación. Entre 2010 y 2015 Mozambique duplicó su deuda, que hoy supera los 10.000 millones de dólares.

De todos los préstamos contraídos, al menos tres proceden de otras tantas empresas públicas. Se firmaron con Crédit Suisse y el banco ruso VTB Capital y también son ilegales y, por consiguiente, nulos de pleno derecho, como bien saben los acreedores.

Aparentemente los préstamos se contrataron para la compra de barcos destinados a la pesca de atún en los astilleros navales de Construcciones Mecánicas de Normandía. Sin embargo, desde el año pasado se sabe que en realidad los fondos se destinaron a la compra de material militar.

Al saltar el escándalo, el FMI frenó el flujo de fodos destinados a Mozambique y la agencia Standard & Poor’s bajó la calificación de la deuda soberana al grado más bajo existente, poniendo al país africano al borde mismo de la quiebra, lo que el gobierno de Maputo reconoció parcialmente a comienzos de este año.

Ante esta situación, Crédit Suisse y VTB Capital venden su derecho de crédito en el llamado “mercado secundario de deuda”, es decir, a los fondos buitres, entre ellos el omnipresente BlackRock.

Por su parte, el gobierno de Maputo trata de renegociar esa deuda a la desesperada, a pesar de que es ilegal, con los nuevos acreedores, los buitres, que la han comprado a un precio muy bajo y esperan obtener rendimientos que oscilan entre un 300 y un 2.000 por cien de préstamos que son nulos, es decir, que han ido a parar a los bolsillos de funcionarios corruptos y cuyo pago no es exigible al gobierno.

La solución a la rapiña de los fondos buitres es imitar a la Revolución Bolchevique de 1917: no pagar absolutamente ninguna deuda. No es admisible que un país, como Mozambique, donde más la mitad de la población vive por debajo del umbral de pobreza, entregue el dinero a una manada de especuladores sin escrúpulos.

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La mitad de los obreros tiene salarios mensuales inferiores a los mil euros

En 2015 el 47 por ciento de los trabajadores (8.160.172 personas) tenía salarios por debajo del mileurismo, la proporción más alta desde que empezó la crisis, según un informe elaborado por el sindicato de Técnicos de Hacienda (Gestha) con motivo del Primero de Mayo.

El informe también alerta de que, sin contar con otros ingresos familiares, casi 6 millones de trabajadores (un 34,4  por ciento) podrían encontrarse en riesgo de pobreza, al percibir un sueldo por debajo del Salario Mínimo Interprofesional (SMI).

Según la información recopilada por Gestha, en los últimos ocho años ha aumentado el porcentaje de trabajadores que no llegan a 1.000 euros de salario, pasando de suponer el 39,9 por ciento del total en 2007 a ese máximo del 47 por ciento en 2015, año de la última estadística disponible.

«La mejoría de la actividad económica y de los beneficios empresariales en 2014 y 2015 no se trasladó a los salarios más precarios», apuntan. Frente a esto, señalan que en los dos últimos años el número de trabajadores con sueldos más altos ha aumentado hasta las 136.502 personas. «Y esos 136.502 directivos ingresan exactamente lo mismo que los 5.754.174 de trabajadores con sueldos más bajos», afirma Gestha.

«La inevitable consecuencia de esta dispar situación es que la desigualdad salarial de los trabajadores ha aumentado un 3,8 por ciento desde 2007», concluyen.

http://www.rtve.es/noticias/20170430/gestha-denuncia-47-trabajadores-cobra-menos-1000-euros/1534620.shtml
(Post Data: El truco de todo este tipo de noticias es siempre el mismo. En el cómputo de los salarios no se contabiliza a los parados, cuyo salario es cero. Por lo tanto, unos cinco millones de ellos quedan fuera de la noticia. También quedan fuera los que ya se han borrado de las listas del paro porque no sirven para nada, que son 800.000 sólo en los últimos meses.)
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Las dificultades de China y Rusia para desbancar al dólar

Tras el inicio de la crisis en Ucrania en 2014 y la primera ronda de sanciones, una de las mayores esperanzas del acercamiento chino-ruso fue el intercambio de divisas entre el Banco Central de Rusia y el Banco Popular de China. Moscú y Pekín establecieron un acuerdo de casi 24.500 millones de dólares para impulsar el comercio bilateral y asegurar una cooperación de inversiones mutua. El acuerdo caduca en 2017, ya que se firmó para tres años. No ha conseguido el éxito que se esperaba.

El acuerdo de intercambio de divisas entra en los esfuerzos de Pekín por internacionalizar el yuan. En total China ha firmado 32 acuerdos de este tipo desde 2009. Un acuerdo como este tipo parecía una idea lógica y útil para desarrollar el comercio bilateral. Además el valor del acuerdo era comparativamente alto: 150.000 millones de yuanes. Pekín solo había firmado acuerdos más altos con sus mayores socios comerciales y con socios inversores: de 350.000 millones de yuanes con la UE, de 400.000 millones con Hong Kong, y con Corea del Sur, 350.000 millones.

En 2014, cuando se firmó el acuerdo, las perspectivas del comercio bilateral eran bastante buenas. Moscú y Pekín esperaban doblar entre 2015 y 2020 el comercio bilateral, que entonces ascendía a 100.000 millones de dólares.

Sin embargo no lo ha conseguido debido a la depreciación del rublo. Según las estadísticas chinas, el comercio bilateral alcanzó en 2014 los 88.400 millones de dólares y cayó casi un 30 por ciento, hasta los 63.600 millones en 2015. En 2016 hubo un ligero aumento hasta los 69.500 millones.

A pesar de estas decepcionantes estadísticas, según Vladímir Putin, desde que se firmó el acuerdo han aumentado los pagos en monedas nacionales entre Rusia y China. Aunque los pagos se realizan sobre todo en yuanes, y el rublo se utiliza solo en el 3 por ciento de las transacciones mutuas.

Es importante señalar que esa reciente declaración de Putin es unas de las pocas fuentes de información sobre los pagos en monedas nacionales entre Rusia y China. “No está claro cuántas compañías han utilizado el mecanismo de intercambio de divisas entre ambos países. Es caro o arriesgado. Lo más probable es que se deba a la excesiva volatilidad de la moneda rusa”, explica Alexander Gabuev, director del programa de Asia-Pacífico del Centro Carnegie de Moscú.

Por su parte, Vasili Nósov, analista de Sberbank, comenta que “desafortunadamente la demanda china de bienes rusos es bastante baja. El único producto ruso en el que China está realmente interesada es el petróleo, y no hay razones para pensar en un gran aumento del suministro”.

El comercio chino-ruso es bastante desproporcionado y no hay acuerdo de divisas que pueda alterar esta situación. Las exportaciones rusas al gigante asiático están claramente dominadas (60 por ciento) por los hidrocarburos y Moscú no se encuentra entre los mayores diez socios comerciales de Pekín. Además, la desequilibrada balanza comercial hace que el acuerdo de intercambio de divisas sea poco eficiente.

Pekín lleva años tratando de internacionalizar su moneda. A finales de 2016 tuvo lugar una gran cambio para establecer el yuan como una moneda de ámbito internacional. El FMI lo incluyó como moneda sujeta a derechos especiales de giro, convirtiéndolo en una de las divisas internacionales de reserva, junto con el dólar estadounidense, el euro, la libra esterlina y el yen japonés. Por el momento el uso del yuan para pagos internacionales es relativamente pequeño. A finales del año pasado acumulaba el 1,68 por ciento de las transacciones internacionales (el dólar de Estados Unidos llegaba al 42,1 por ciento).

Los activos pasos de China para internacionalizar su moneda han hecho que algunos analistas declaren que Pekín trata de convertirse en una competidor de Estados Unidos en el ámbito financiero internacional. Es muy debatible si Pekín trata de rebatir la posición del dólar como la mayor moneda de reserva del mundo. El profesor de Finanzas en la Universidad de Pekín, Michael Pettis cree que el estatus de reserva del yuan no es deseable para China ya que el país asiático no sería capaz de mantener su enorme superávit comercial ni evitar los riesgos que provocan un desempleo alto ni una alta volatilidad de la moneda.

http://es.rbth.com/economia/2017/04/27/las-dificultades-de-china-y-rusia-para-desbancar-al-dolar_751598
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La guerra contra el dinero en efectivo ya ha comenzado

La Guerra al Efectivo ha empezado. Los partidarios de los sistemas de pago digital, apoyados por la tecnología, proclaman la inminente Muerte del Efectivo. Suecia es el líder en conseguir este estado, pero Reino Unido también va en camino. Los autobuses de Londres dejaron de aceptar dinero en efectivo en el año 2014, pero aceptan las tarjetas contactless (sin contacto) MasterCard y Visa.

Cada transacción en efectivo que hacemos es una transacción donde los intermediarios como Visa no ganan nada. Este es el motivo por el que tiene un interés especial en hacer que el cash parezca superfluo y criminal. En 2016, Visa Europa lanzó su campaña “Sin efectivo y Orgullosos”, para informar a los propietarios de tarjetas que “puede hacer un pago con su tarjeta Visa contactless con tranquilidad y sentirse liberados de la necesidad de llevar dinero”.

La nota de prensa de la compañía afirmaba que la campaña “era el último paso de Visa Reino Unido en su estrategia a largo plazo de convertir el dinero en ‘innecesario’ para el año 2020”.

Esta es su estrategia para hacernos sentir extraños con el dinero en efectivo. La propaganda es una de las armas claves en la guerra, y todos los bandos se presentan a sí mismos como libertadores. Visa se establece como un salvador paternalista que nos asegura – como si fuéramos un bebé dando los primeros pasos- que nos sentiremos satisfechos liberándonos a nosotros mismos los límites que impone la dependencia del efectivo. La tecnología Visa nos proporciona libertad sin dependencias o peligros.

A Visa se le han unido otros propagandistas. En 2014 Penny for London se hizo presente. Un grupo aparentemente altruista se estableció gracias al Fondo del Alcalde de Londres y BarclayCard, usando una fundación como gancho para que la gente se cambiara a las tarjetas contactless en el metro de Londres. PayPal llenó ciudades con vallas anunciando que “el nuevo dinero no necesita carteras”, junto con un vídeo que proclamaba: “el nuevo dinero no es papel, es progreso”. Las campañas de manipulación como “No Cash Day” están apoyadas por American Express, y señalan que en la guerra anti-cash el importante impacto ambiental de los billetes. Otras tácticas incluyen señalar que los criminales usan efectivo, que fomenta la economía gris, que es poco seguro y que facilita la evasión de impuestos.

Estos argumentos tienen notables limitaciones. Los criminales utilizan muchas cosas que la sociedad mantiene – como los coches – y el combate del crimen no las toma como prioridad. La “economía gris” es un término despectivo utilizado por las élites para describir las actividades económicas de las personas que ni preocupan a estas élites. En relación con la seguridad, que nos roben la cartera es un mal menor en comparación a tener nuestros ahorros anulados en una cuenta digital. Respecto de la justicia fiscal, mejor empezamos a auditar la evasión fiscal masiva de las grandes corporaciones facilitadas por el sector bancario formal.

El rasgo peculiar de esta guerra es, sin embargo, que sólo un lado está luchando. Muy pocos grandes medios defienden el dinero en efectivo. Se da por sentado que el dinero digital es una utilidad pública, mientras que las plataformas de pago digital están dirigidas por compañías privadas con el interés de inundar los medios con sus mensajes clave. Cuando luchan en esta guerra, su objetivo son nuestras creencias culturales sobre el efectivo, y la creencia de que su suministro debería ser un derecho público.

El gobierno del Reino Unido no se plantea defender ese derecho, y está en connivencia con la industria de los pagos digitales. Su posición está apoyada por el economista Kenneth Rogoff en su nuevo libro “La Maldición del Efectivo”. El autor argumenta que, aparte de facilitar el crimen y la evasión fiscal, el efectivo dificulta a los bancos centrales el establecer tasas de interés negativo. Sin efectivo, todo el mundo estaría obligado a mantener su dinero en forma de depósitos bancarios digitales. Esto implicaría que durante las recesiones los bancos centrales podrían usar el sistema bancario para capturar los depósitos de sus clientes utilizando cargos negativos, inspirándoles a gastar en lugar de ahorrar.

El consenso emergente entre las élites políticas y económicas es que ésta es la dirección a seguir, pero para conseguir esto es necesario una erosión de la resistencia civil gota a gota. Los corazones y las mentes de la gente deben ser imbuidos del concepto de que este cambio representa un progreso inevitable y deseable.

Cualquiera que defienda el dinero en efectivo en este contexto será tachado de anti-progresista, de reaccionario o de ludita nostálgico. Pero no es por este motivo por el que debemos defender el efectivo. Tenemos que poner las fuerzas en señalar que la Muerte del Efectivo significa el Surgimiento de Otra Cosa. Lo que está encima de la mesa es una batalla más amplia sobre mantener o no alternativas al panóptico digital que está emergiendo a nuestro alrededor.

http://contrainformacion.es/?p=1745
 
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Albania: un país que cambia el socialismo por un basurero

Una noche de agosto del año pasado un joven campesino de 17 años, Ardit Gjoklaj, murió aplastado por un tractor en el basurero de Sharra, cerca de Tirana, la capital albanesa, cuando rebuscaba entre los residuos y la porquería para tener algo que comer al día siguiente. La policía se llevó el cadáver de allá y prohibió el acceso de los periodistas al lugar.

La periodista Alida Tota realizó un reportaje sobre la muerte de Ardit para la cadena de televisión privada ANews y la despidieron. Al periodista Artan Rama también le despidieron de la cadena Vision Plus por el mismo motivo: hay que encubrir que Albania ha pasado de ser un país socialista a convertirse en el basurero de Europa.

El gobierno albanés ha convertido Sharra en una gigantesca montaña en la que una multitud hambrienta busca día y noche cobre, chatarra y botellas de plástico para vender a las plantas de reciclado; cada día tienen que llenar un saco de residuos, tóxicos muchos de ellos, que les permita ganar apenas 6 ó 7 euros.

En el capitalismo la basura es una mercancía singular, la única por cuya importación no se paga sino que se cobra. Desde 2003 se ha legalizado en Albania la importación de basura y desde entonces la polémica ha adquirido un carácter nacional. Nadie quiere que su país sea considerado como un basurero asqueroso.

Albania podría ser, como España, un destino turístico barato, de playas, hoteles, parques temáticos y grandes centros comerciales. Pero es un asco andar por las calles de cualquier ciudad, o cruzar los caminos en coche, o contemplar el curso de los ríos; no se ve más que mierda por todas partes.

Cuando en 2013 los socialistas prometieron acabar con el tráfico de basura, ganaron las elecciones y derogaron la ley de importación de residuos. Pero luego pasó lo de siempre: se olvidaron del programa electoral y de las promesas. La basura es, junto al crimen organizado, el tráfico de drogas y la prostitución, uno de los grandes pilares económicos del capitalismo albanés.

Albania tiene a Italia en la otra orilla y allá la mafia es quien dirige el negocio de la basura como materia prima de la nueva “revolución verde” y de las industrias ecológicas y limpias. Nunca ha habido nada más ecologista que la mafia, que tiene en Albania 60 empresas de reciclado, que ahora sólo puede funcionar a una tercera parte de su capacidad productiva por culpa de los prejuicios de los albaneses contra la basura.

Tras la muerte de Ardit en agosto, el basurero de Sharra se ha cerrado y el alcalde Tirana lo lamenta —incluso en público― porque era una fuente de empleo para miles de personas. Ahora el paro ha aumentado y en plena crisis capitalista el paro es algo que justifica cualquier cosa, incluso la proliferación de porquería por todas partes.

Hoy llaman empleo a cualquier cosa, incluso a trabajar en medio de la basura, a la corrupción, a los accidentes laborales, al trabajo negro, al trabajo insalubre, al trabajo infantil… Es la otra cara de los contratos y las adjudicaciones públicas, del dinero negro, de los sobornos, la malversación… En otras palabras: capitalismo en estado puro.

Sharra: una imagen de la nueva Albania capitalista
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120 empresas explotan a miles de presos privados de derechos laborales

Álvaro (nombre ficticio) trabajaba mientras cumplía condena en una prisión española. Su traslado a otro centro penitenciario le supuso la pérdida de su empleo y de su escaso salario, y no le generó derecho a indemnización, todo a pesar de que la empresa para la que trabajaba seguía prestando servicio en su anterior prisión. A ojos de la legislación, su caso no era un despido porque, a pesar de que trabajaba, no se trataba de una relación laboral ordinaria.

Él es uno de los 12.404 reclusos de los 60.000 que hay en España que trabajaron para la Administración o para empresas privadas en 2015 y que apenas tienen derechos laborales.

De esas 12.000 personas reclusas trabajadoras, una media de 3.500 lo hacen para empresas. En total, unas 120 empresas de diferentes sectores y comunidades autónomas: desde lavanderías a pelado de ajos, montaje de piezas, iluminación, sistemas para trenes, fabricación de pelotas de frontón o bolsas de plástico.

La empresa Teknia cuenta con cuatro talleres en cuatro prisiones diferentes en las que se dedica a la automoción y los plásticos. Prendas Industriales Juanju elabora ropa de trabajo en dos cárceles. Top Candy envasa caramelos en la cárcel de Badajoz. Novadelta Comercio de Cafés España hace reparaciones en dos prisiones. Plásticos Erum y Plásticos Industriales Geca hacen perchas en cárceles de Alicante y Madrid. Lavandería Solidaria S.L encarga las labores previas a la lavandería a los reclusos de Madrid VI.

Valentin Aguilar, coordinador general de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, asegura que los presos que trabajan sufren una «carencia de acceso a los principales derechos de los trabajadores». «Formalmente no es un contrato, es una adjudicación de empleo. No te dicen las horas que trabajarás o el horario, ni hay un registro diario de lo que haces», apunta.

El trabajo de los presos es considerado una «relación especial de los internos en los centros penitenciarios»: no se les aplica el Estatuto de los Trabajadores, sino un Real Decreto lleno de lagunas. El único contrato posible es el de obra y servicio, y la inmensa mayoría son a tiempo parcial. La jornada, horario o salario no son negociables. Es el director de prisión el que fija el calendario laboral y el que puede modificar unilateralmente la jornada o el horario, según denuncia la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía.

En el caso del trabajo para empresas privadas, las cárceles ponen sus instalaciones a disposición de las compañías, asumen los gastos corrientes y facilitan la mano de obra «en condiciones casi esclavistas», según denuncia CCOO, que reclama una regulación más garantista.

Los presos tampoco tienen derecho al salario mínimo. «Se dice que se tomarán como referencia pero ya está, eso deja lugar a todo tipo de interpretaciones. A pesar de que hemos hecho preguntas parlamentarias con diferentes grupos nunca nos dan la información concreta de lo que cobran», denuncia Aguilar.

Los datos que maneja la Asociación muestran que los sueldos de estos empleos –que son parciales, al menos sobre el papel– están por debajo del salario mínimo (en 707 euros para 2017 para una jornada completa). El salario medio rondaría los 222 euros mensuales. Es decir, puede que haya presos que realicen un trabajo similar al de empleados externos, pero con un salario muy inferior.

Un informe de CCOO señala que, tal y como está regulado actualmente el empleo en las cárceles, corre el riesgo de convertirse en una «relación productiva donde el empresario intente obtener la máxima plusvalía posible». El sindicato defiende el pleno empleo en las cárceles pero denuncia que los cambios jurídicos refuerzan el «carácter mercantilista» que la Administración quiere dar al trabajo en las prisiones, «y convertir las mismas en un nicho de negocio para las diferentes empresas y la propia Entidad Estatal de Derecho Público».

«Estamos ante un caso claro de dumping social de competencia desleal, inasumible dentro del marco jurídico actual, que ha supuesto una precarización de las condiciones de los trabajadores y trabajadoras que compiten con las empresas instaladas en los Centros Penitenciarios», asegura CCOO, que pone el caso de empresas que aplicaban expedientes de regulación de empleo mientras contrataban presos.

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Estados Unidos espera que sean otros los que paguen su bancarrota económica

Uno de los emblemas de la posición alcanzada por Estados Unidos en el mundo capitalista tras la Segunda Guerrra Mundial fue Bretton Woods y el entramado financiero que allá se crearon, en especial el Fondo Moneterio Internacional.

No obstante, la crisis del imperialismo era tan fuerte que aquella situación duró muy poco, apenas un cuerto de siglo; en 1971 se desplomó cuando Nixon abandonó la convertibilidad del dólar con el oro, que fue tanto como decir que no tenían dinero para pagar sus deudas.

Estados Unidos no tenía dinero (dinero de verdad) pero tenía dólares, papeles, que aún podían servir como instrumento de circulación en el mercado mundial. En medio de dificultades crecientes, el imperialismo ha podido llegar hasta hoy.

Sólo ha ganado tiempo, casi medio siglo más estirando el invento sin que se rompa la cuerda. A lo largo de estos años ha escalado tanto que su caída puede ser mucho peor. Es uno de los grandes tabúes de la economía mundial, del que no se habla porque no tiene ningún remedio.

Estados Unidos es un país en bancarrota. Su deuda pública no para de crecer y cualquier economista preguntaría cómo es posible que alguien preste dinero a quien está en quiebra, sabiendo que nunca podrá devolver el dinero.

Para dar una idea de la magnitud de la catástrofe hay que decir que la quiebra de Lehman Brothers fue por un agujero de 600.000 millones de dólares, mientras que la deuda pública de Estados Unidos es 20 billones, o sea, 30 veces mayor.

Los préstamos de dinero a Estados Unidos se hacen a cambio de papeles llamados “bonos del Tesoro”, que están en el corazón del sistema financiero mundial. A veces los consideran como un “valor seguro” o un “refugio” para su dinero porque los especuladores creen en Estados Unidos como quien cree en dios, los ángeles o el paraíso.

Los bonos llevan al dorso una etiqueta que pone “Con la garantía del Tesoro de Estados Unidos”, del mismo odo que en los dólares figura el lema “En dios confío”. Los especuladores tienen en la misma confianza en la Hacienda de Estados Unidos que en dios porque ambos son cosas parecidas.

Desde el fin de la convertibilidad del dólar, en el mundo se ha producido 70 quiebras públicas, es decir, no de empresas sino de Estados enteros. La diferencia es que una empresa puede desaparecer pero un Estado no.

De ellos no ha formado parte Estados Unidos, a pesar de que su deuda es mucho mayor que cualquiera de los demás, tanto en términos absolutos como porcentuales. Hay que hablar de lo obvio: Estados Unidos no es Argentina ni Grecia.

Los especuladores no son listos; son listillos, que es muy diferente. Creen que si Estados Unidos no ha quebrado nunca, a pesar de su enorme deuda, es porque no puede quebrar, un argumento —como ven— puramente metafísico, como el de San Anselmo.

El truco es muy sencillo y consiste en cambiar el nombre a las cosas. Lo que hizo Nixon en 1971 no fue una declaración solemne de bancarrota. Nadie lo llama así; fue el cese de la convertibilidad del dólar con el oro.

Pero a ello le acompañó el fin de la paridad fija del dólar con el oro (el único dinero real) y la caída de la cotización del primero con el segundo. Quienes tenían reservas en dólares perdieron una parte de su dinero, con el que rescataron a la Hacienda de Estados Unidos de la quiebra.

En contra de lo que asegura la prensa especializada, las perspectivas de dólar son de debilidad, incluso a muy corto plazo. Las finanzas de Estados Unidos no se puede estirar más, ni por más tiempo. Es lo quiso decir Trump durante su campaña electoral y lo que ha repetido luego el G20.

Es un regreso a eso que llaman la “economía real”, a las grandes obras públicas y el rearme militar. El G20 habla de sanear las balanzas comerciales y Trump de renegociar la deuda pública y de relanzar la economía para hacer algo que tenía olvidado, competir en el mercado internacional, para lo cual necesita, a su vez, un dólar débil y, muy posiblemente, una devaluación, es decir, otra declaración de quiebra.

Hay una frase de Trump, complicada de traducir, en la que manifestó que Estados Unidos no puede perder nunca. Para sacar adelante su plan económico, otro New Deal, volverá a pedir más dinero prestado; si la cosa va bien, pues estupendo y si va mal siempre podrá negociar un acuerdo para que los demás le saquen de la bancarrota.

Otra manera de entender esta situación es recordar que Trump ha prometido que no va a incrementar los impuestos, por lo que Estados Unidos no va a sacar el dinero que necesita de sus propios bolsillos. Desde 1971 en Washington se han acostumbrado a sus deudas las paguen otros.