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Las empresas que trafican ilegalmente con los fosfatos robados al Sáhara están acorraladas

Los fosfatos son una de las riquezas más importantes del Sáhara, que España vendió al colonialismo marroquí en 1975. En diciembre del año pasado el Tribunal de la Unión Europea excluyó al Sáhara de los acuerdos de asociación y liberalización comercial con Marruecos como mecanismo de presión para que inicie el proceso de descolonización.

En la actualidad el Tribunal de la Unión Europea revisa un expediente contra la empresa británica LT Ugland, domiciliada en la isla de Man, que se dedica al transporte por carretera “en vrac”, es decir, con carga no embalada, conteniendo fosfatos extraídos en el Sáhara, lo que tiene la condición de comercio ilegal desde el punto de vista de la normativa internacional.

La semana pasada, en declaraciones al diario económico noruego Finansavisen, la empresa ha admitido que abandonará el transporte de fosfatos procedentes del Sáhara.

El año pasado ocurrió algo similar con el buque de la sociedad Molly Manx, que transportaba cerca de 54.000 toneladas de fosfatos para la empresa neozelandesa Ravensdown, que fabrica fertilizantes.

La empresa noruega Belships también ha anunciado su intención de acabar con el comercio ilegal de recursos procedentes del Sáhara.

El carguero Cherry Blossom también fue bloqueado en un puerto de la República Sudafricana y a mediados de este mes un alto tribunal que la retención era absolutamente legal, por lo que no puede zarpar a mar abierto.

La Unión Africana se ha posicionado muy claramente a favor de la descolonización del Sáhara, aislando al gobierno de Rabay y poniéndolo contra las cuerdas. África no admite la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara.

La Resolución 34/37 de 1979 de la ONU se posicionó en el mismo sentido: cualquier acuerdo sobre el territorio y los recurso naturales del Sáhara necesita el consentimiento del pueblo saharaui.

Por fin, después de casi medio siglo, Marruecos empieza a verse acorralado y deberá poner fin a la ocupación ilegal del Sáhara. Cada año el saqueo de los fosfatos del Sáhara le reporta a Marruecos 200 millones de dólares.

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Los echan por la puerta y quieren entrar por la ventana

Darío Herchhoren

Hace algo más de un año, se discutió en el seno de la Unión Europea (UE) la firma de un tratado de libre comercio con los USA. Dicha firma, luego de un extenso debate, fue desechada con diversos argumentos, entre los cuales se mencionaba que en caso de firmarse ese tratado los beneficios para Europa serían menores, y los perjuicios serían mayores. Entre esos perjuicios se hablaba de la aplicación de la legislación USA a los contratos de trabajo, donde los trabajadores europeos saldrían muy perjudicados.

Hace muy pocos días se debate en la UE, un tratado de libre comercio al cual llaman Zeta (no se por qué); pero esta vez con Canadá. A la firma de ese tratado, todos hablaban maravillas, y como los vendedores trileros lo que vendían era maravilloso. Todo eran ventajas, garantías, grandes beneficios y parabienes. Hemos escuchado a Rajoy con su brillante dialéctica perorar sobre lo bueno que era ese tratado, y su único argumento era que Canadá era un país muy parecido a España, y que si no lo firmábamos haríamos el ridículo.

Analicemos esos argumentos: en realidad España se parece a Canadá como un huevo a una castaña. Canadá es un país que tiene un territorio donde cabrían unas diez españas. Tiene menos habitantes que España, y su territorio está cubierto al menos en un 50% por bosques. Tiene lagos extensos en su frontera con EEUU, y a través de esos lagos se sale a la bahía de Hudson, que comunica directamente con el Atlántico.

Canadá tiene una gran flota de pesca, faena en los océanos Atlántico y Pacífico, y además cuenta en la isla de Terranova con una de las pesquerías más grandes del mundo de pesca de bacalao, merluza y fletán, cosa que los pescadores españoles conocen muy bien desde tiempos anteriores a los viajes de Colón.

En cuanto a hacer el ridículo, basta decir que Rajoy lo hace a diario, sobre todo cuando no quiere o no sabe o no entiende que contiene el tratado de libre comercio que tanto aconseja firmar.

Lo diré yo ahora mismo: la UE es reticente a firmar ese acuerdo, y el PSOE, siempre tan firme en la defensa del interés nacional, primero dijo que iba a dar instrucciones a sus diputados para que votaran en contra de la firma de ese tratado, y finalmente se abstuvo. Lo que ocurre, y ello es lo que despierta tantos reparos, es que Canadá en realidad es un estado vicario de los USA y del Reino Unido.

Toda la economía canadiense  está manejada por empresas enormes de los USA que están instaladas en Canadá desde hace más de un siglo; al igual que empresas británicas. Empresas como Ford, General Motors, United States Steel Corporation, All América, General Electric, Exxon, Bond and Share, y las británicas Royal Dutch, British Pteroleum, Air Canadá que es propiedad de British Airways, la holando británica Shell, Land Rover, son las empresas que dominan la economía canadiense.

Agreguemos a ello, que Canadá forma parte de la Commonwelth (Comunidad británica de naciones) y que tiene como jefe de gobierno a la reina de Inglaterra, y comprenderemos mejor los temores de muchos estados europeos.

Justo cuando el gobierno inglés negocia con la UE los términos del “brexit”, es decir la salida del Reino Unido de esa unión, la misma UE va firmar un acuerdo de libre comercio con Canadá, que es gobernado por Isabel II. Esto es lo que se llama coherencia. La UE no firma un tratado de libre comercio con Canadá; en realidad lo firma con el Reino Unido que está fuera de la UE; y con los EEUU. Han entrado por la ventana.

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El bocado del petróleo iraní es tan grande que no se puede seguir diciendo siempre lo mismo

En abril Qatar anunció la explotación conjunta con Irán de uno de los mayores yacimientos de gas conocidos.

Al mes siguiente Irán anunció que inauguraba la extracción de cinco fases del referido yacimiento.

Un mes después Qatar quedaba expulsado del Consejo de Cooperación del Golfo.

El sábado el ministro iraní del Petróleo, Bijan Zanganeh, declaró que su gobierno había firmado un acuerdo con la multinacional francesa Total para abrir la fase 11 del campo de gas, al que los qataríes llaman “North Field” y los iraníes “Pars South”.

El nuevo Presidente francés, Emmanuel Macron, declara que la guerra contra Libia ha sido un error cometidos por las potencias occidentales y que en y Siria Francia ya no pretende la destitución de Bashar Al-Assad.

La secuencia es bastante obvia: los mapas del mundo hoy los dibujan los pozos de petróleo, los campos de gas y los oleoductos. Los alineamientos diplomáticos y las declaraciones de los imperialistas dependen, entre otros, de los contratos de gas que tengan firmados. Lo que está en juego son 4.800 millones de dólares.

En Oriente Medio hoy lo que prima es que en julio de 2015 se produjo el desbloqueo de Irán, después de 36 años, y que dos meses más tarde los aviones rusos llegaron a Siria. Las cosas no han vuelto a ser como antes. Tras la revolución de 1979 Irán tuvo durante muchos años una guerra a un costado de sus fronteras, en Afganistán, y otra en el lado opuesto, en Irak, pero ahora no queda nada de aquello, sino más bien lo contrario.

Pero hay que seguir echando cartas sobre el mapa para acabar de dibujarlo: Total es el operador de cabecera del Proyecto Pars South 11 con un 50,01 por ciento del capital y junto a él está Petropars, propiedad pública de Irán y de de China.

No obstante, el paisaje no es tan idílico como parece: la multinacional francesa tiene que esperar a que Estados Unidos acabe de desbloquear a Irán, lo cual no es tan sencillo con Trump en la Casa Blanca; más bien todo lo contrario.

Irán está intentando atraer a 29 grandes monopolios internacionales, europeos y asiáticos, para desarrollar su sector energético, entre los que están algunos típicos, como los rusos (Gazprom, Lukoil) y los chinos (CNPC, Sinopec) y otros no tanto: Shell (Reino Unidos, Holanda), Schlumberger (Holanda), Eni (Italia), además de Total.

Si todo va como está previsto, dentro de poco las declaraciones de los políticos cambiarán de tono. Todo por la pasta.

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El dinero negro procedente de la ‘mafia rusa’ ¿elude el bloqueo económico y se lava en Gran Bretaña?

Como ya anunciamos, el 20 de marzo de este año el diario británico The Guardian publicó una extraña información sobre un amplio dispositivo de blanqueo de dinero procedente de Rusia y destinado a los países occidentales. Era extraño porque Rusia es objeto de un estrecho bloqueo económico que hubiera debido impedir el lavado, sobre todo si las cifras a las que se refería el The Guardian eran aproximadas: entre 20.000 y 80.000 millones de dólares habían salido de las cajas fuertes de los bancos rusos.

O el bloqueo es una comedia, o la noticia del The Guardian es falsa.

Antes de llegar a occidente, según la noticia, ese dinero circuló por los viejos países de la URSS, sobre todo Moldavia y Letonia, saltando por sociedades pantalla domiciliadas en países en los que impera el secreto bancario, como Chipre, lo que ya es conocido, y luego por Escocia, lo que sorprende bastante más.

Otro elemento extraño es que la publicación del artículo coincidía con el primer aniversario de la aparición de los Papeles de Panamá, de los que ya nadie se acuerda, en los que figuraban 214.000 sociedades ficticias con un despacho de abogados por medio, que siempre era el mismo.

El artículo de The Guardian veía a decir que “en todas partes cuecen habas”. Si Rusia es un país capitalista y corrupto, a nadie podía extrañar que también tuviera una lavadora de dinero negro, como cualquier otro.

El firmante del artículo era Luke Harding, el antiguo corresponsal de The Guardian en Moscú que, además, ha publicado varios libros sobre la trastienda de las instituciones públicas dependientes del Kremlin, por lo que fue expulsado en 2011. Los libros llevaban título tan tópicos y poco imaginativos como “El Estado mafioso”.

El artículo de Harding no mencionaba ninguna fuente, algo que también es típico: cuando se trata de periódicos (des)“prestigiados” como The Guardian, las fuentes no son necesarias; se suponen por le hecho mismo de su (des)“prestigio”.

Era un intento de involucrar a Putin con los grandes grupos monopolistas rusos a los que, a diferencia de otros países capitalistas, se les califica como “mafias”, como si fuera necesario cargar las tintas un poco más. Por eso el periodista británico mencionaba a Igor Putin, el primo del Presidente, que se sentaba en el consejo de administración de uno de los numerosos bancos participantes en el blanqueo.

Como dijimos en marzo, el artículo se apoya única y exclusivamente en un informe del año pasado de un organismo anticorrupción, la OCCRP (Organized Crime and Corruption Reporting Project), que durante dos años llevó a cabo una investigación con el diario “Novaia Gaceta”, uno de los mayores enemigos de Putin, el mismo que ha levantado la campaña contra el gulag de los homosexuales en Chechenia.

A su vez, la OCCRP es un grupo de periodistas especializados en la investigación de eso que las películas de Hollywood llaman “crimen organizado”, con el matiz de que lo que les preocupa es única y exclusivamente el crimen organizado en Europa del este. Tiene su sede en Sarajevo, Bosnia, lo que ya empieza a oler a podrido y si seguimos afinando el microscopio veremos que es una filial del Journalism Development Network, que tiene su sede en… Washington.

A partir de ahí empiezan a encenderse las alarmas y el tufo a Soros se confirma, una vez más, lo mismo que la financiación de la USAID y el Departamento de Estado, es decir, los mismos de siempre que, bajo la apariencia de organizaciones sociales y privadas, siempre encubren tinglados políticos de las grandes potencias.

Es un montaje paralelo al de los Papeles de Panamá, cuando La Sexta nos quiso hacer creer que todo procedía de otro grupo de periodistas de investigación, el International Consortium for Investigative Journalism, también con sede en Washington, también con dinero de dos fundaciones manejadas por Soros.

De cualquier manera, si la información de The Guardian es buena, lo que no nos explica es el por qué y el cómo los bancos escoceses eluden el bloque económico y el motivo por el cual dichas cuentas, procedentes de “la mafia rusa”, no han sido embargadas, a pesar de tener su origen en el crimen.


Más información:
— Los bancos británicos lavan el dinero negro procedente de las mafias rusas
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Los 60.000 millones de euros entregados a la banca se dan por perdidos definitivamente

El Banco de España ha cuantificado en 60.613 millones de euros (el 5,6 por ciento del PIB) el coste para las arcas públicas que han tenido las ayudas concedidas al sistema bancario español entre los años 2009 y 2015.

El organismo da por perdida esta cantidad, si bien señala que esta podría ser más elevada o inferior, según se recoge en el Informe sobre la crisis financiera y bancaria en España (2008-2014) publicado hoy y que anunció que haría en febrero.

Entre esos años, explica el Banco, se inyectó capital a 14 entidades del país por valor de 64.098 millones de euros, de los que la mayor parte (algo más de 54.000 millones) procedieron del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB). De esa factura se logró recuperar  un total de 4.139 millones.

Al resultado de esa operación, que son 59.959 millones de euros, hay que sumarles otros 10.390 millones de euros que van a costar al Estado las ayudas públicas procedentes de los diferentes Esquemas de Protección de Activos (EPA) y 1.922 millones más procedentes de otros tipos de garantías.

De este modo, la factura de rescatar al sistema financiero español ascendería a 72.271 millones de euros. Sin embargo, el Banco de España considera que se pueden recuperar 12.198 millones, cifra que podría variar dependiendo de cómo evolucione el valor de los activos aún propiedad del FROB (como, por ejemplo, Bankia). De la resta de ambas cantidades salen los más de 60.000 millones que ha costado sostener a la banca española.

A todas estas cifras, además, hay que añadir “las pérdidas que han soportado los antiguos accionistas, los tenedores de preferentes y deuda subordinada”, que en ningún caso se consideran ayudas públicas, así como “los intereses obtenidos ni los gastos incurridos”.

http://www.rtve.es/noticias/20170616/banco-espana-da-perdidos-60613-millones-dinero-publico-inyectado-banca-entre-2009-2015/1565726.shtml
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La estrategia de China para ponerse a la cabeza del capitalismo mundial

En el sur de China, una isla fue convertida en un megacentro de alta educación que alberga 10 universidades en las que estudian 120.000 alumnos. Fue construida en un año y medio y cuenta con una línea directa de metro con la ciudad de Cantón (Guangzhou). Fue dotada con la más avanzada tecnología de la información, con laboratorios de última generación, con espléndidas bibliotecas y con un estadio olímpico para practicar deporte. Además, da cabida a 50 centros de investigación dedicados a áreas punteras del “management”, las tecnologías de la información, la medicina o la ingeniería. Y no es más que uno de los ejemplos, señalaba en 2011 Phillip Brown, profesor de Ciencias Sociales en la Universidad de Cardiff, y coautor, junto con Hugh Lauder y David Ashton, de “The Global Auction” (Oxford), de cómo China invirtió gran parte de su superávit en formar profesionales muy cualificados.

No era un intento de ascender en los “rankings” educativos, sino la expresión de un plan para dotar a China de aquello de lo que carecía: trabajadores cualificados, mandos intermedios y directivos globales. La potencia asiática no solo está tratando, mediante planes como “One Belt, One Road” [la nueva Ruta de la Seda], de dotar de recursos que asienten a un país demasiado dependiente de la globalización, sino que en él se deja sentir un deseo de reconquista, de volver a ser quien siempre ha sido. Como asegura Lourdes S. Casanova, la española que dirige el Instituto de Mercados Emergentes de la Universidad de Cornell, “China pretende restablecer el poder comercial perdido, ese que tuvo hasta hace 200 años. Considera que estos dos siglos no son más que un paréntesis. Y ahora trata de recuperar su presencia mundial a través del ‘soft power’, como hizo EEUU antes”.

Según Casanova, basta con mirar la lista “Fortune” —en la que se incluyen las 500 mayores empresas del mundo— para encontrarnos con pruebas de su éxito. “Hace 10 años, había en el ‘ranking’ 180 empresas estadounidenses. Hoy son 130 por 103 chinas”.

Este desarrollo tiene que ver con un cambio de mentalidad sustancial: el país asiático basaba su crecimiento en la mano de obra barata y en la copia de productos de éxito. Pero, además de sacar partido de esa posición, como bien aseguraba Jack Ma, ahora están innovando. “State Grid, la segunda mayor empresa del mundo en ventas detrás de Wal Mart, ha conseguido triunfar gracias al desarrollo de un sistema en los electrodomésticos que permite paliar los problemas de transmisión de electricidad, y firmas como Tencent, Alibaba o We Chat son muy importantes en su sector por su tecnología”.

El momento es crucial, porque coincide con el paso atrás global de EEUU, y China está ocupando los espacios que ha dejado vacíos. El país asiático está invirtiendo (por orden de importancia) en Asia, Latinoamérica, Europa, EEUU y África. “Pero si miramos los datos de fusiones y adquisiciones”, señala Casanova, “Europa es la región en que más está invirtiendo, ya que aquí consigue tecnología y logística”. El Mediterráneo es una zona de especial interés para los chinos, “que adquirieron puertos griegos, ya que al entrar por el canal de Suez pueden llevar mejor sus productos a Europa del Este, y ahora los están comprando en España para tener una buena entrada hacia Europa desde el sur, lo que iría en detrimento del puerto de Róterdam. Además, China está invirtiendo muchísimo en infraestructuras”.

El plan “One Belt, One Road” prevé una inversión global de 900.000 millones de euros para reconstruir la Ruta de la Seda. Además, el país asiático está planeando otros proyectos de gran envergadura, como el tren transoceánico que iría desde Santos (Brasil) hasta el Pacífico. Ha creado el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras para evitar que el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional intervengan en sus áreas prioritarias. Pero todos estos planes se diferencian en un punto básico de la actividad estadounidense y de su Plan Marshall: “China es ahora el mayor socio comercial de 100 países, pero no hay correspondencia con muchos de ellos, ya que los chinos no compran sus productos ni reciben inversión”.

Esta recreación del imperio es posible por muchos factores, pero hay dos en los que no se suele insistir lo suficiente. El primero es el relacionado con su mano de obra: “China es un país con una diáspora tremenda y a partir de 2008, consciente de sus déficits, incentivó mucho la vuelta del talento científico, innovador y de gestión que le faltaba. En muchos casos, si miras a las empresas chinas y sus fundadores, casi siempre te encuentras con algún expatriado que ha vuelto. A la hora de regresar, la compensación económica era importante, pero también el orgullo de poder participar en el crecimiento de su país, ya que los chinos son muy nacionalistas”.

En segundo lugar, su régimen político le facilita orientar a todo un país en la misma dirección. Como señala Georgina Higueras en “El nuevo orden chino”, los dirigentes asiáticos están convencidos de que su sistema meritocrático no tiene nada que envidiar al democrático, y se ajusta más a los países en vías de desarrollo. China no pretende exportar su modelo, pero no tiene reparos en colocarse al frente de un “nuevo orden internacional más justo y razonable”, como afirmó Xi Jinping. Ese régimen centralizado le permite muchas ventajas a la hora de implantar su estrategia, de desarrollarla y de mantener cohesionados a actores públicos y privados. “En China, todos trabajan a una: la universidad, las empresas, el Estado y sus funcionarios”, asegura Casanova.

Pero las intenciones chinas, que son bien vistas desde Europa (no es extraño que, por primera vez, el discurso inaugural de Davos fuese pronunciado por el presidente chino, mientras que apenas hubo rastro de Trump y de los suyos), también pueden constituir una amenaza. El país asiático cuenta con recursos, iniciativa y cohesión. Puede presentar debilidades, pero su papel en el contexto global cada vez es más importante, justo al mismo tiempo que el de la UE se hace más pequeño. Y en esta guerra por situarse en el nuevo mapa geopolítico global que se está librando, la debilidad europea (notables diferencias internas, falta de acciones coordinadas, endeblez militar y una política económica y monetaria que beneficia principalmente a Alemania) es notable. En ese contexto, China puede ser un socio o un problema.

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2017-06-06/por-que-china-compra-puertos-espanoles_1394330/
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La bancarrota del Banco Popular conducirá al despido de la mitad de los trabajadores

Como venimos anunciando desde el año pasado, el futuro de los trabajadores del Banco Popular es de color negro. El 30 de junio se cierra el ERE (Expendiente de Regulación de Empleo) que el banco aprobó el pasado mes de noviembre y que ha supuesto la salida de 2.592 trabajadores, cerca del 20 por ciento de la plantilla.

La reestructuración que el banco llevó a cabo a finales del año pasado conllevó el cierre de 300 oficinas y supuso para la entidad el desembolso de 375 millones de euros. Con este recorte, el banco ahorra entre 175 y 200 millones de euros anuales.

La absorción del banco por otro supondrá el despido de entre 4.500 y 5.000 trabajadores más, equivalente a prácticamente la mitad de la plantilla actual, compuesta por unos 11.000 trabajadores.

Los 2.500 trabajadores que trabajan en los servicios centrales corren un alto riesgo, mientras que de la red de oficinas saldrían otros 2.000 ó 2.500 más.

Tras el último plan de prejubilaciones, la fuerza de trabajo se ha rejuvenecido sustancialmente. Por tanto, las bajas que se den como consecuencia de la absorción del banco por otro, afectará a los trabajadores jóvenes y mediana edad, que se quedarán en una situación muy comprometida.

Actualmente, de una plantilla de 11.000 trabajadores, sólo 300 tienen más de 55 años y 1.200 más de 50. Es decir, 9.500 trabajadores tienen menos de 50 años.

Además, dado que la operación de compraventa se justifica porque el banco está en quiebra total, el banco indemnizará a quienes salgan “voluntariamente” con el mínimo que marca la reforma laboral, de 20 días por año trabajado con un máximo de 12 mensualidades.

Más información:
— El banco del Opus Dei se va al infierno
— Ni dios se libra de la ruina del capitalismo
— El Banco Popular está en quiebra
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De becarios, pinches y cocinillas

B.

La penúltima polémica que ha surgido hace unos días va acerca de si los becarios que trabajan gratis en las cocinas (pinches se les llamaba antes o marmitones en jerga naval) de restaurantes de fama y postín para grandes chefs -masterschefs, le dicen-, es un trabajo esclavo, eso sí, a cambio de salir de esas modernas mazmorras cociniles y culinarias con una especie de diploma que te catapulta a encontrar trabajo fácil -se supone- pues vas recomendado por «restauradores», como le dicen, de renombre.

Parece ser que ha sido un tal Jordi Cruz, un cocinillas que va de listillo y que debe salir en la tele en algún programa que yo no veo ni en mis peores momentos de depresión y jaculatorias varias, quien está a favor -este mecenas- de no pagar sueldo alguno a los becarios que laburan -gratis, repito- en sus cocinas a cambio de comida, manduca y papeo, y, por supuesto, el lábel o etiqueta de poder decir, cuando te piras, que «yo aprendí en el restaurante de Fulanito, oiga», Cruz en este caso, o Ferrán Adrià o Arzak que hacía lo mismo en los pagos vascos hace mil años, bueno, no tantos, y todo diós sabía en los predios vascongados. O Martín Berasategui, tan televisivos y mediáticos ellos.

También pasan estas cosas en, por ejemplo, el GREMIO periodístico donde trabajar por la patilla se llamaba «hacer prácticas» y te podían mandar, después, a «hacer gárgaras». ¿Gremio, he dicho? Sí, creo haber dicho bien (el corporativismo periodístico se le aproxima mucho, cuando conviene invocarlo, pues se llevan a matar entre ellos en la jungla de asfalto; recomiendo ver la película «El Gran Carnaval» con un inconmensurable y pletórico Kirk Douglas dirigida en 1951 por Billy Wilder), pues quienes van a trabajar gratis como «stagiers» (o aprendices de cocina) a estos chefs Michelín… ¡saben a lo que van!, ciertamente, por la perspectiva del paro o fascinado por los programas de televisión cuyo pionero (aunque hubo antes otros copiando la fórmula de las televisiones gringas) fue Argiñano y su sudoso humor tantas veces tachado de machista, pero, a veces, ya se sabe, más vale caer en gracia que ser gracioso, ¿no es cierto?

Que vayan voluntariamente los becarios los diferencia de un «neoesclavismo», vale decir, puesto que un esclavo -sitúese el lector/a en la Roma o Grecia clásica- ¡no podía elegir nada: era esclavo y a joderse y aguantar… salvo que te llamaras «Espartaco», cinta también protagonizada, a todo esto, por Kirk Douglas, que todavía vive con sus 102 años el pollo.

Sin embargo, la situación de los llamados becarios, o becarias, actuales les acercan más, en mi opinión, a los gremios que había en la Edad Media («guilds», en inglés), esto es, en el feudalismo precapitalista. En el gremialismo había una jerarquía de los oficios que se escalonaba, básicamente, en tres grados:maestro, oficial y aprendiz (todavía se ven escuelas que se llaman «de maestría»). Estos últimos -los aprendices- se apuntaban, digamos, a un gremio -que, entonces, podía ser de zapateros, panaderos, talabarteros, albañiles-alarifes, cuchilleros, etc., en calles angostas, estrechas, como las de los cascos viejos de las ciudades que podemos ver todavía, donde se ubicaban los gremios del mismo oficio que daban y confluían a la Plaza Mayor-. Y allí estaban los «maestros» que enseñaban a los «aprendices» tratándoles lo mismo a gorrazo limpio -si te veían muy zoquete- que paternalmente -caso de Arzak- o, como sucede ahora, aunque no en todos los casos, seamos justos, con violencia verbal sin ponerte la mano encima, sólo faltaría, somos modernos, oiga.

A esto se acerca, a nuestro juicio, la situación de los actuales becarios, pinches, esto es, al gremialismo y no al esclavismo. Los Jordi Cruz y demás gentecillas de este tenor, que encima pasan por ser casi «filósofos» cuya ciencia es la «Gastrosofía», no solamente explotan vilmente a los «stagiers», sino que, te cagas, les tienen por «privilegiados» por, naturalmente, trabajar -y aprender, suponemos- gratis total para su «firma», su «marca» que, encima, te sablean un potosí por una puta endivia solitaria en medio de un plato gigantesco con un diámetro infinito.

Pero ya es cosa del pijo-cliente. Yo lo sé porque suelo dar mis conferencias en el Ritz madrileño, no como el Olarieta que va a covachuelas. Esto, queridos amigos, se llama sobreexplotación laboral, lo mismo que los pinches vayan voluntariamente o no, eso no cambia la explotación ni la plusvalía absoluta. Y ello al margen de que la mayoría de los que van no salgan «figuras», que esa es otra, o se vayan a trabajar a trattorias con menos ínfulas y estrellas Michelín («estrellas Miguelín», las llamaba un amigo ocurrente) y precios más módicos y asequibles para bolsillos más sencillos donde, para decirlo todo, te pones como el kiko, que no es lo mismo, ojo, que llenar la andorga como un ceporro.

Otra cosa es que el cliente de estos santos lugares, de estos «templos gastronómicos», que no están pensados para pringaos, que para eso hay clases, abonen lo que pagan sin pararse a pensar en si los becarios deben o no cobrar por sus servicios en la cocina, pero esto es ya otra vaina. Lo triste sería que los explotados estuvieran alienados, encima, que los hay, pero estos se llaman «triunfadores», los que ves en la tele…

Bon appetit et bonjour.

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La crisis polítíca en Brasil obliga al cierre de la Bolsa de Sao Paulo

Esta tarde la Bolsa de Sao Paulo ha suspendido la negociación en el mercado de valores tras arrancar con caídas que superaban el 10 por ciento hasta la frontera de los 60.000 puntos después de estallar un nuevo escándalo de corrupción que salpica directamente al presidente de Brasil, Michel Temer.

El mecanismo suspende durante media hora las operaciones cuando el principal índice, el Ibovespa, supera una caída del 10  por ciento y esta tarde fue accionado después de que muchos valores estrella, como la petrolera Petrobras y el Banco do Brasil, ambos estatales, se desplomaran cerca del 20  por ciento.

Las turbulencias responden al escándalo provocado por una grabación que confirma la participación de Temer en una operación para comprar el silencio de un antiguo aliado, hoy en prisión por corrupción.

El mecanismo no era accionado desde octubre de 2008, cuando en medio de la agravada crisis internacional que sacudió los mercados bursátiles. Sao Paulo, la mayor plaza latinoamericana por volumen de mercado negociado, cayó más del 10 por ciento.

Las operaciones de hoy en el mercado a vista del Ibovespa comenzaron con retrasos de algunos minutos, después de que las acciones de Petrobras perdieran en el mercado de futuros más del 18 por ciento.

La mayoría de las 59 acciones que componen el índice iniciaron el día en terreno negativo y rápidamente descendieron al borde del límite máximo de caída.

El mercado teme las consecuencias del terremoto que cayó sobre el gobierno de Temer y que las reformas adelantadas por su gestión y que avanzan en el Congreso puedan frenarse con la crisis política.

El Ibovespa, que ayer cerró en los 67.540 puntos, con un retroceso del 1,67 por ciento en la jornada -que interrumpió seis sesiones seguidas al alza-, llegó hoy a caer el 10,46 por ciento y situarse en los 60.470 puntos, más de 7.000 unidades abajo.

El mercado de cambio también acusó el golpe, y el real abrió con una depreciación del 6,89 por ciento frente al dólar, al venderse a 3,315 reales por dólar.

Tras media hora de interrupción, el mercado de Sao Paulo reabrirá, aunque si cae más del 15 por ciento nuevamente volverá a activarse la suspensión durante una hora. En caso de reabrir y seguir bajando más del 20 por ciento la interrupción será por tiempo indeterminado.

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Ford despedirá a un 10 por ciento de su fuerza de trabajo en todo el mundo

El monopolio Ford se prepara para despedir hasta un 10 por ciento de su fuerza de trabajo en todo el mundo, dentro de una serie de medidas inútiles que ha empredido para paliar su crisis y ser capaz de competir en el mercado mundial de la automoción.

El plan supone el despido de unos 20.000 trabajadores. El grueso de los despidos se producirían fuera de Estados Unidos, país en el que, sin contar el personal de oficina, Ford emplea a unos 57.000 trabajadores.

La filtración a los medios de los planes para reducir fuerza de trabajo se produce pocos días después de que el presidente de la multinacional, Mark Fields, se enfrentase a las críticas de miembros del consejo de administración y accionistas de la empresa por la gestión de la crisis.

El monopolio ha advertido de que este año la rentabilidad de la compañía será inferior a la del año pasado por el aumento de las inversiones en vehículos autónomos y eléctricos, así como en la diversificación a servicios en movilidad.

A pesar de que el año pasado Ford tuvo su segundo ejercicio de más beneficios, con 10.400 millones de dólares antes de impuestos, en el primer trimestre de este año las ganancias se redujeron un 35 por ciento.

Los accionistas culpan a Fields del pobre rendimiento de los títulos de la empresa desde que se hizo con la dirección del grupo. Las acciones han perdido un 36 por ciento de su valor, a pesar de los beneficios récord del fabricante.

Ayer las acciones de Ford volvieron a caer un 0,14 por ciento en la bolsa de Nueva York.