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El colonialismo británico extendió el terror por Kenia a través de una red de campos de concentración

El Mau Mau (un término cuyo origen etimológico es incierto) se marcó como objetivo expulsar a los ingleses de Kenia, pero no por medios constitucionales, como habían intentado hasta entonces Kenyatta y otros políticos, sino de forma violenta.

El movimiento comenzó en las White Highlands, a finales de los años cuarenta, pero en 1950 se había extendido a Nairobi. En aquel año fue prohibido por el Gobierno colonial.

Al Mau Mau pertenecieron no sólo hombres adultos, sino también mujeres y niños. Los miembros del Mau Mau ingresaban en la organización mediante una ceremonia en la que, desnudos, a menudo entraban en trance y prestaban uno o varios juramentos (había siete juramentos en total). Durante el ritual se bebía sangre animal (a veces humana) y se comía carne cruda.

El juramento suponía un contrato moral, para los kĩkũyũ era algo sagrado, y violarlo significaba romper la lealtad al Mau Mau y sufrir la cólera del dios creador, Ngai, que los castigaría con enfermedades o incluso la muerte.

Todavía hoy, muchos antiguos miembros de Mau Mau creen en el poder del juramento y en las fatales consecuencias de divulgar sus secretos.

Para el Gobierno y los colonos, el juramento representó un claro ejemplo del primitivismo y el salvajismo de los kĩkũyũ; para éstos fue la respuesta lógica ante las injusticias políticas y socioeconómicas que sufrían.

Hubo cientos de miles de kĩkũyũ que pasaron a formar parte del Mau Mau; luchaban por ithaka na wiyathi, es decir, “la tierra y la libertad” (de hecho, el auténtico nombre del Mau Mau era Ejército de la Tierra y la Libertad de Kenia). Este concepto era algo ambiguo: para algunos representaba el fin del trabajo forzado, para otros era la esperanza de poder recuperar las tierras que los blancos les habían arrebatado y así alimentar a sus hijos.

En cualquier caso, los enemigos eran los británicos y los nativos que habían medrado en la sociedad colonial; estos últimos, conocidos como loyalists –“leales”–, eran muy poderosos y poseían varias porciones de las reservas kĩkũyũ. Incluso contaban con el estatus especial de senior chief.

Había otro grupo, el de los kĩkũyũ completamente convertidos al cristianismo, que sufrirían la persecución tanto del Mau Mau como de los “leales”.

Para la mayoría de los kĩkũyũ estos “leales” representaban lo más corrupto de la civilización británica y el Mau Mau decidió que debían ser eliminados.

La tarde del 9 de octubre de 1952, el más famoso de los “leales”, el senior chief Waruhiu, fue asesinado a tiros en el interior de su coche en Nairobi por hombres del Mau Mau disfrazados de policías.

Para entonces, el Mau Mau ya contaba en su historial con varios asesinatos (incluido el de un blanco el 3 de octubre) y destrozos en propiedades de los colonos; éstos, presas del pánico, apremiaron al nuevo gobernador de Kenia, Sir Evelyn Baring, para que tomase medidas contra los kĩkũyũ.

Baring decretó el estado de emergencia mientras muchos kĩkũyũ celebraban la muerte de Waruhiu con cantos y bailes que todavía hoy se recuerdan.

El 21 de octubre, Jomo Kenyatta fue detenido (a pesar de que no tenía relación con el Mau Mau y había asistido al funeral de Waruhiu), junto a otros 180 líderes kĩkũyũ. Permanecería preso hasta 1961. Se convirtió así en un mártir. Estas medidas no sólo no acabaron con el Mau Mau sino que lo pusieron en manos de líderes jóvenes y radicales, dispuestos a todo.

Comienza la guerra de liberación

Comenzaron a llegar soldados británicos a Kenia. Comenzaba a prepararse la guerra.

En los días siguientes, el Mau Mau se dedicó a asesinar a varios colonos en sus granjas; los cadáveres de hombres y mujeres aparecían terriblemente mutilados por los machetes (pangas) de los asesinos.

El 24 de enero de 1953 tuvo lugar una acción del Mau Mau que provocó un tremendo impacto en Europa: el asesinato de la familia Ruck (Roger, Esme y su hijo de seis años Michael). Los asesinos fueron los sirvientes de la familia. Se publicaron fotos del niño mutilado y rodeado de sangre por todas partes.

Al día siguiente, 1.500 colonos marcharon hacia la sede del Gobierno en Nairobi clamando por medidas radicales. Muchos pedían el exterminio de la población kĩkũyũ.

El 26 de marzo el Mau Mau llevó a cabo dos importantes acciones. Por un lado, unos ochenta de sus hombres asaltaron la central de policía de Naivasha, donde se apoderaron de gran cantidad de armas y municiones y liberaron a cerca de 200 de sus miembros que estaban allí presos. Horas después, el Mau Mau atacó las granjas del senior chief Luka (un importante “leal”), en Lari, cerca de Nairobi. Los guerrilleros quemaron las casas con sus habitantes dentro, y si alguno trataba de escapar era golpeado hasta la muerte. Hombres, mujeres y niños fueron mutilados y asesinados. En total hubo 97 asesinatos.

El Gobierno llevó la prensa a Lari para que informase de todo con detalle. Lo que no se dijo es que después, como represalia, unos 400 miembros del Mau Mau fueron ejecutados por los militares y la policía.

Pero las masacres realizadas por los británicos ya habían comenzado antes. Así, el 23 de noviembre de 1952 varios cientos de kĩkũyũ se congregaron en una plaza de la pequeña población de Kiruara porque querían escuchar las profecías de un hombre joven que estaba proclamando el fin del colonialismo. Aparecieron varios oficiales blancos junto a unas decenas de policías negros y algunos “leales” locales. Éstos exigieron a la multitud que se dispersara. Como no fue así, los oficiales ordenaron abrir fuego sobre los kĩkũyũ.

Cerca de 100 personas desarmadas fueron asesinadas y enterradas en una fosa común cercana, aunque las autoridades sólo reconocieron haber causado 15 muertos y 27 heridos.

El estallido de la guerra en Kenia y la aparición del Mau Mau tuvieron un gran impacto en todo el mundo a comienzos de los años cincuenta. La propaganda británica se esforzó en mostrar la lucha como un enfrentamiento entre la civilización y una secta de bárbaros criminales antieuropeos y anticristianos. Pocas personas en Europa se preocuparon por las demandas de los “salvajes”, como se conocía a los miembros del Mau Mau.

Más de mil keniatas ahorcados públicamente

En mayo de 1953 se encargó al general Sir George “Bobby” Erskine, veterano de la Segunda Guerra Mundial y amigo personal de Winston Churchill (por entonces de nuevo primer ministro), que dirigiese las operaciones militares contra el Mau Mau en las selvas de Kenia. Cerca de 10.000 británicos, apoyados por la Royal Air Force y 25.000 hombres de las fuerzas leales, se enfrentaron a varias decenas de miles de hombres del Mau Mau.

Entre los británicos había un grupo conocido como los “pseudogangsters”, unos jóvenes colonos dirigidos por el criminal Ian Henderson, que se distinguieron por su brutalidad y su afición a las torturas. Henderson consiguió atrapar en 1956 a uno de los líderes del Mau Mau, el mariscal Dedan Kimathi, que fue ahorcado.

Por estas acciones Henderson fue condecorado. Más tarde se haría famoso como jefe de la Seguridad del Estado de Baréin, puesto que ocupó entre 1966 y 1998 y desde el que siguió torturando a la gente de forma sistemática. Henderson murió el 13 de abril de este año.

Hay que decir que más de 1.000 personas fueron ahorcadas públicamente en Kenia acusadas de pertenecer al Mau Mau, a pesar de que en el Reino Unido las ejecuciones públicas estaban prohibidas desde hacía un siglo.

A finales de 1954 el Ejército Británico prácticamente había derrotado al Mau Mau en la selva (aunque hubo grupos que continuaron la lucha algún tiempo más), algo lógico teniendo en cuenta que sus hombres no contaban con apoyo externo y muchas de sus armas eran artesanales. De hecho, resulta de lo más sorprendente que aguantaran tanto frente a un ejército moderno.

Pero otra guerra se estaba librando en el resto de Kenia.

El estado de emergencia se mantuvo en el país hasta 1960, a pesar de que el Mau Mau ya había sido derrotado hacía años. ¿Por qué?

Paralelamente a la guerra librada por Erskine en las selvas, el gobernador Baring llevó a cabo otra en el resto de la colonia contra los kĩkũyũ sospechosos de pertenecer al Mau Mau. Es decir, contra un enemigo civil. El estado de emergencia fue la excusa perfecta para que Baring y el Gobierno colonial británico (con la colaboración de los secretarios para las colonias Oliver Lyttelton y Alan Lennox-Boyd) promulgasen docenas de leyes arbitrarias y opresivas (conocidas como “Emergency Regulations”), extendiesen el terror por Kenia y provocasen uno de los mayores y más desconocidos genocidios del siglo XX.

Las medidas tomadas por los británicos incluían castigos, toques de queda, controles, confiscaciones de propiedades y tierras, censura, ilegalización de organizaciones políticas, detenciones sin juicio, imposición de nuevos impuestos y, finalmente, la creación de una vasta red de campos de concentración denominada Pipeline.

Quemar los documentos para borrar la historia

Entre 1995 y 2005, la historiadora estadounidense Caroline Elkins, de la Universidad de Harvard, se dedicó a investigar lo sucedido en Kenia durante los años cincuenta. Los resultados de su gigantesco trabajo se publicaron en el libro “Imperial Reckoning: The Untold Story of Britain’s Gulag in Kenya”, que en 2006 ganó el premio Pulitzer.

Elkins comenzó sus investigaciones consultando los archivos oficiales en Londres. Según la historiografía británica, los campos de concentración en Kenia no tenían la misión de castigar a los kĩkũyũ, sino de civilizarlos. Tradicionalmente se ha dado la única versión de que los británicos en realidad se dedicaron a enseñar a los nativos a ser buenos ciudadanos y así poder ser capaces de hacerse con el control del país más tarde. Según dicha versión, a los británicos tan sólo se les podría culpar de paternalistas. Se admitió, eso sí, la existencia de algunos “incidentes” no exentos de brutalidad, aunque no habrían sido sino hechos aislados. Los archivos de Londres corroboraban esta versión. Entonces Elkins decidió ir a Kenia, y una vez allí en seguida comenzó a observar algunos detalles que llamaron su atención: en los Archivos Nacionales de Kenia faltaban documentos referentes a los campos de concentración británicos, o permanecían clasificados como confidenciales casi cincuenta años después de la aparición del Mau Mau.

Oficialmente, 80.000 kĩkũyũ habían sido detenidos por los británicos y sus colaboradores en los años cincuenta, pero Elkins descubrió que el Gobierno colonial había destruido incontables archivos referentes a dichas detenciones en 1963, el año en que los ingleses se marcharon de Kenia. Para que nos hagamos una idea: considerando que existieron en su momento documentos de cada persona detenida, Elkins se dio cuenta de que el número de archivos destruidos era del orden de 240.000. Pero ella no cejó en su empeño y desarrolló una exhaustiva investigación por Kenia. A lo largo de los años consiguió reunir algunos cientos de documentos incriminatorios en Nairobi. Afortunadamente los británicos no lo habían destruido todo, pero Elkins tuvo que realizar una tarea tediosa, durante la cual la mayoría de las veces no encontraba nada. Poco a poco, durante meses y meses, fue reuniendo las piezas de un puzzle, averiguando los nombres y el número de los campos de concentración (no existía ningún listado), juntando cartas de detenidos, consultando documentos privados, archivos de periódicos y de las misiones, y llegando a la conclusión de que los documentos que encontraba invalidaban completamente la famosa cifra de los 80.000 detenidos.

Primero pensó en 160.000, después se dio cuenta de que no pudieron ser menos de 320.000. Entonces Elkins descubrió que los británicos no sólo detuvieron a los hombres, sino también a las mujeres. Y a los niños. Y descubrió igualmente que no sólo se encerró a los kĩkũyũ en campos de concentración tras deportarlos: también se rodeó sus aldeas de alambre de espino, torres de vigilancia y guardias, transformándolas así también en campos. Hubo ciento cincuenta campos por todo el país, aunque Elkins señala que nunca se podrá conocer el número exacto.

Todo el país era un inmenso campo de concentración.

Y esto fue así porque los británicos consideraron durante años que la práctica totalidad de la población kĩkũyũ (excepto los colaboracionistas) era sospechosa de pertenecer al Mau Mau.

De esa forma, encerraron a un millón y medio de personas, hombres, mujeres y niños.

Elkins pensó en entrevistar a supervivientes. Encontró a trescientos. Entrevistarlos no fue fácil, porque se mostraban reticentes a hablar hasta estar seguros de que ella era estadounidense y no británica. Muchos de sus escalofriantes testimonios aparecen en el libro. También consiguió entrevistar a algunos antiguos “leales” (más difícil todavía) e incluso a viejos oficiales y misioneros.

Se encontró con que los culpables admitían los crímenes.

300.000 keniatas fueron asesinados por los colonialistas

Elkins llegó a la conclusión tras sus investigaciones de que efectivamente el Mau Mau fue una organización sangrienta y brutal, como siempre se ha dicho, pero que los británicos fueron muchísimo peores, tanto en proporción como en número de víctimas.

Oficialmente el Mau Mau asesinó a menos de 100 blancos y cerca de 1.800 “leales”. Por su parte los británicos reconocieron haberse llevado por delante a 11.000 miembros de Mau Mau.

Elkins descubrió que en realidad el número de víctimas mortales de los británicos pudo haber llegado a las 300.000 personas.

Las muertes en los campos se producían por agotamiento, enfermedades e inanición. Pero también por malos tratos sistemáticos y torturas que, huelga decir, vulneraban lo acordado en la Convención Europea de Derechos Humanos así como en la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU, ambas firmadas por el Reino Unido.

Las deportaciones en masa comenzaron a principios de 1953, acompañadas del screening. En teoría, screening era la palabra para designar los interrogatorios de los sospechosos de pertenecer al Mau Mau. En la práctica significó torturar a los detenidos para hacerles hablar. Los kĩkũyũ adoptaron la palabra, ellos no tenían en su idioma ninguna que significase lo mismo.

Screening era sinónimo de terror.

Durante el cribado era habitual que se golpease a los detenidos o se les apagasen cigarrillos en la piel. Se les practicaban electrochoques, se les quemaba, se les cortaba con cuchillos o botellas rotas, se les amenazaba con serpientes o se les introducían objetos por el recto o la vagina. A las mujeres se les aplastaba los pechos, y a los hombres los testículos. Se les mutilaba sólo por ser sospechosos. En el Valle del Rift un hombre conocido como Dr. Bunny dirigía un centro de interrogatorios. Se le apodaba “el Josef Mengele de Kenia”, entre otras cosas porque obligaba a los detenidos a tragarse sus propios testículos.

Todas estas salvajadas (miles) se mantenían en secreto, aunque el gobernador Baring estaba muy al tanto de ellas.

Las deportaciones se recrudecieron a partir de la denominada Operación Anvil, el 24 de abril de 1954, cuando casi todos los kĩkũyũ de Nairobi fueron detenidos y deportados.

‘Abandonad toda esperanza’

En los campos de concentración las torturas y los malos tratos eran habituales. Lo más frecuente eran los golpes. A los detenidos se les golpeaba siempre: cuando llegaban, mientras trabajaban, por la mañana, por la tarde y por la noche. Se les golpeaba hasta que la sangre les chorreaba por los oídos.

Los campos eran dirigidos por oficiales blancos y custodiados por guardias negros, que a veces eran tan bestias como los blancos.

En el campo de Manyani había un oficial blanco cuya madre había sido asesinada por el Mau Mau. Tenía un ayudante negro llamado Wagithundia. Ambos torturaban como si tal cosa. Obligaban a los detenidos a realizar marchas durante las cuales les golpeaban sin parar. En ocasiones les ataban los tobillos y les obligaban a saltar mientras les seguían golpeando hasta que a los desgraciados les colgaban jirones de piel. Despertaban a los prisioneros a cualquier hora de la noche, les obligaban a permanecer de pie indefinidamente, y si hacían amago de sentarse eran golpeados una y otra vez por los guardianes. Los dejaban sin comer durante días, y después les obligaban a tragar grandes cantidades de cereales, lo que les producía dolores insoportables. Entonces Wagithundia se ponía a saltar sobre el estómago de algún detenido mientras hacía que otros le sujetasen. Las víctimas gritaban sin parar y, en ocasiones, morían.

Phillip Macharia, prisionero del Pipeline, comentó que “es mucho lo que un hombre puede soportar”, aunque él acabó confesando su juramento. Según sus palabras, sintió que su vida no daba más de sí tras ser repetidamente golpeado y ver a sus compañeros torturados y asesinados. Decidió confesar cierto día en que los guardianes le obligaron a él y otros a correr con cubos llenos de mierda encima de las cabezas:

“Teníamos excrementos y orina chorreando por la cara y la espalda; los guardias blancos nos golpeaban con sus porras para hacernos ir más rápido. Unos días después me interrogaron, y entonces confesé mi juramento para salir de ese infierno en que estaba viviendo”.

Existía la posibilidad de rehabilitarse para los que confesaban y repudiaban al Mau Mau. Éstos se convertían en colaboradores de los blancos, denunciaban a sus antiguos compañeros e incluso podían llegar a ser guardias y participar en castigos y torturas. Algunos kĩkũyũ se convirtieron en cristianos fanáticos y conminaban a los presos a “aceptar la sangre de Cristo y vomitar el veneno del Mau Mau”.

En la entrada del campo de concentración de Aguthi se leía: “Quien se ayude a sí mismo será también ayudado”. En la del campo de Fort Hall el cartel de bienvenida decía: “Abandonad la esperanza todos los que entréis aquí”, como si fuese el Infierno de Dante. Y en la del campo de Ngenya se decía: “Trabajo y libertad”. Como señala Elkins, estos eslóganes recuerdan por ejemplo al que figuraba en el campo soviético de las islas Solovky (“¡A través del trabajo – libertad!”), o al de Auschwitz (“El trabajo os hará libres”).

Las torturas sexuales

Las torturas sexuales eran muy frecuentes. Se sodomizaba a los presos con objetos, animales, insectos o directamente se les violaba sin más. Una tortura preferida por Wagithundia era colocar al preso boca abajo y meterle la cabeza en un cubo lleno de agua. Entonces, en esa posición, se le metía arena por el ano empujándola con un palo. Después se le introducía por el mismo sitio agua, y después arena otra vez. De vez en cuando se sacaba del cubo la cabeza del desgraciado para que pudiese respirar.

Las mujeres tampoco escapaban a las torturas: se les golpeaba, azotaba o violaba con botellas o cualquier otro objeto. Sufrían violaciones de forma habitual. Una de las torturas practicadas a las mujeres era la siguiente: después de desnudarlas y golpearlas, se les introducía por la vagina una pasta que contenía pimienta y agua en algunos casos, o pimienta y petróleo en otros. Para que toda la pasta quedase bien dentro los guardias se ayudaban del tacón de las botas. Entonces las desgraciadas sentían que les ardía todo además de la vagina: los oídos, los ojos, la nariz, la boca…

Y se pasaban días vomitando y agonizando.

La mortalidad entre los niños prisioneros era muy elevada, sobre todo a causa de la falta de comida y las enfermedades (como la tuberculosis o el tifus). Cuando los niños caían enfermos eran desatendidos y morían.

Casi todas las atrocidades cometidas por los británicos en Kenia permanecieron en secreto mucho tiempo, aunque algunas fueron denunciadas entonces.

Los primeros que clamaron contra los crímenes fueron misioneros, pero sus voces fueron rápidamente acalladas. No obstante, a finales de 1955 la magnitud de los crímenes británicos era tal que el Partido Laborista, en la oposición, decidió pasar a la carga. Líderes de dicho partido, como Barbara Castle, arremetieron en la Cámara de los Comunes contra el secretario para las colonias, Lennox-Boyd, que condenaba los crímenes que salían a la luz para a continuación afirmar que se trataba de hechos aislados. Castle decidió investigar por su cuenta, se fue a Kenia y cuando regresó al Reino Unido llevaba varios casos de torturas bajo el brazo. Tras nuevos debates en los Comunes, Lennox-Boyd prometió investigar los casos que denunciaba Castle. Pero todo quedó en agua de borrajas.

En el corazón del Imperio Británico hay un estado policial donde el funcionamiento de la ley se ha quebrado, donde los asesinatos y torturas de africanos tienen impunidad y donde las autoridades comprometidas en hacer cumplir la justicia regularmente son cómplices de su violación.

El 12 diciembre de 1963 el Reino Unido tuvo que conceder la independencia a Kenia.

Jomo Kenyatta, puesto en libertad dos años antes y primer ministro desde hacía unos meses, se convirtió en presidente de la nueva república en 1964. Decidió seguir una política conciliadora y, por tanto, no hubo castigos contra los crímenes cometidos por los británicos y sus colaboradores.

Durante medio siglo pareció que nunca se iba a hacer justicia, pero en 2011 salieron a la luz cientos de documentos que probaban los crímenes británicos en Kenia.

El año pasado por fin un juez del Tribunal Supremo británico dio luz verde a las demandas que algunos supervivientes del genocidio vienen pleiteando desde 2009 contra el gobierno.

Y por lo visto, este año el Gobierno británico ha decidido pagarles indemnizaciones, lo que supone el reconocimiento de los crímenes.

Tarde, muy tarde, pero algo es algo.

— https://andaquepaque.blogspot.com/2013/05/kenia-el-gulag-britanico-ii.html

Más información:
— ‘Operation Legacy’: el Imperio Británico destruyó los documentos que prueban los crímenes que cometió en sus colonias

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Salud

El certificado digital de vacunación se probará en niños del Tercer Mundo con implantes bajo la piel

Los ingenieros del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) han desarrollado nanopartículas que se inyectan bajo la piel, emitiendo una luz fluorescente que es invisible a simple vista, pero capaz de ser detectada por un móvil. Se podría utilizar para confirmar si una persona ha sido vacunada o no.La Fundación Gates, que financia el proyecto, ha puesto en marcha encuestas de opinión pública en Kenya, Malawi y Bangladesh para determinar si la población estaría dispuesta a soportar estas partículas microscópicas o si preferirá quedarse con las viejas cartillas de vacunación.

La idea es insertar la prueba de la vacuna bajo la piel, en los países en desarrollo donde las tarjetas de vacunación en papel suelen ser defectuosas o incompletas, y donde no existen registros médicos electrónicos.

El sistema se expuso en diciembre del año pasado en la revista Science Translational Medicine (*) y hasta ahora sólo se ha probado en ratas, aunque los investigadores a sueldo de la Fundación Bill y Melinda Gates, esperan probarlo en niños de Asia y África en los próximos dos años, dijo la ingeniera biomédica del MIT, Ana Jaklenec, que dirigió el estudio.

Los ingenieros han pasado mucho tiempo buscando componentes que sean seguros para el cuerpo, estables y capaces de durar varios años.

La solución consiste en nanocristales de cobre llamados puntos cuánticos, de 3,7 nanómetros (nm) de diámetro, encapsulados en micropartículas de 16 micras (μm, 1 μm equivale a una millonésima parte de un metro, y 1 nm equivale a una billonésima parte). El conjunto es inyectado por un parche de microagujas de 1,5 mm de largo.

Tras ser aplicadas sobre la piel durante dos minutos, las microagujas se disuelven y dejan pequeños puntos bajo la piel, distribuidos por ejemplo en forma de círculo o de cruz. Estos pequeños puntos son excitados por una parte del espectro de luz invisible para el ojo humano, cercano al infrarrojo.

Un móvil modificado, apuntando a la piel, hace que el círculo o la cruz aparezca fluorescente en la pantalla. A los investigadores les gustaría poder inyectar la vacuna contra el sarampión al mismo tiempo que estos pequeños puntos. Un médico podría años más tarde apuntar a un móvil para comprobar si la persona ha sido vacunada.

Se supone que la técnica es más duradera que los rotuladores indelebles, para los cuales los investigadores han simulado cinco años de exposición al sol. Y requiere menos tecnología que un escáner de iris o el mantenimiento de bases de datos médicas.

La técnica sólo sirve para identificar a los niños no vacunados si se convierte en la herramienta exclusiva. Además, ¿aceptarán las personas múltiples marcas bajo la piel para cada vacuna?, ¿qué pasará con los puntos a medida que los cuerpos de los niños crezcan?

La Fundación Gates continúa el proyecto y financia encuestas de opinión en Kenya, Malawi y Bangladesh para determinar si la población es capaz de soportar estas cajas cuánticas microscópicas, o si prefiere seguir con las antiguas cartillas de vacunación.

(*) https://stm.sciencemag.org/content/11/523/eaay7162 DOI: 10.1126/scitranslmed.aay7162

Más información:
– Ya tiene a su disposición su tarjeta de apestado y puede pasar a recogerla en cualquier momento
– Antes la policía nos fichaba por nuestros crímenes, ahora los médicos nos fichan por nuestras enfermedades

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Memoria Histórica

Venenos de Estado: el fascismo español e italiano y el virus como arma de guerra (III)

En su casa de Roma, Ugo Cassini, máximo responsable del secreto Hospital Militar de Celio y de los laboratorios ocultos de Mussolini entre 1939 y 1942, que hemos mencionado confesó que el Ejército italiano había llevado a cabo ese ambicioso y macabro programa de armas químicas y bacteriológicas, y que durante la guerra civil española había lanzado esporas del virus del tétano contra la combatientes y civiles republicanos.

En su declaración, el profesor no facilitaba detalles ni indicaciones precisas de lugar o fecha de las campañas de Franco. Pero su relato señala que las bacterias se “extendieron sobre el terreno para intentar contagiar el tétano al enemigo”, y añade que cree que “los resultados fueron bastante alentadores -encouraging-, pero admite que no tenía “un conocimiento numérico” sobre el tema. No hay cifras, pero los casos eran muy frecuentes.

Sí afirma que había grupos especiales de las tropas italianas expedicionarias encargados de ese tipo de misiones que eran “inmunizados contra el tétano, la difteria y el tifus” antes de salir para España. Y que en España no era normal inyectar a los chicos contra el tétanos hasta bastante después. El tétanos, dice De Feo, fue uno de los primeros virus explotado con fines bélicos en España. Gran parte de los experimentos realizados en esos años partieron de ese microorganismo.

El autor de “Venenos de Estado” apunta que “las ojivas llenas de esporas debieron ser lanzadas por medio de aviones o de artillería ligera”. Y recuerda que en la zona republicana el tétano llegó a representar una verdadera emergencia. “Hubo incluso recogida de fondos por medio de sindicatos, organizaciones humanitarias y religiosas en Irlanda y Francia para comprar sueros protectores y material médico(vacunas) que era muy escaso o inexistente en los parapetos republicanos españoles”.

Aparte de citar el bacilo utilizado, Ugo Cassini aportó otros datos desconocidos hasta ahora. Habló de “esporas mezcladas con glass particle”, partículas de cristal: un método utilizado todavía hoy, señala Gianluca De Feo, “para alargar la vida de gérmenes y vacunas, que es la aproximación ideal para fabricar una bomba bacteriológica experimental”. El testimonio de Ugo Cassini confirma el primer acto de guerra bacteriológica registrado nunca en Europa, y suma puntos tanto a la barbarie insaciable de Mussolini y Franco como al carácter de laboratorio y campo de pruebas del conflicto bélico español.

Según dice De Feo, la idea de los dictadores era “plagar las poblaciones de las ciudades enemigas o en el frente de batalla con pestilencias de todo tipo, ántrax, tifus, peste amarilla, aviaria y otras enfermedades como la peste bubónica, nebulizando ratas y pájaros, o la brucelosis humana, no mortal pero fácilmente trasmisible por los animales, o el bacilo de Whitmore, de elevada virulencia, fácil de cultivar y altísima mortalidad humana; igualmente varias formas de antivirus difíciles de producir en gran cantidad como la fiebre de los papagayos, el afta epizoótica o el tifus, que es factible de esparcir a través de parásitos lanzándolo desde aviones o extendiendolo con saboteadores como en Abisinia.

Los soldado japoneses de Hiro Hito utilizaron gas mostaza y varios otros en 1938 durante la invasión de China. En Manchuria establecieron un centro de experimentacón con cobayas humanos con inventos bacteriologicos desde 1931.

En 1933 el equipo científico dirigido  por el Dr Shiro Ishi uitlizaba seres humanos, presumiblemente prisineros de guerra hechos por tropas del Emperador Hiro Hito. El grupo de investigacion fue bautizado como Unidad 731 y se calcula que se contabiizaron como víctimas mortales entre 4.000 y 6.000 cobayas humanos no voluntarios. Se dice que se hacían explotar cerca del cuerpo del paciente “bombas de gangrena” que contenían bacilos diversos. Se les protegía la cabeza para evitar que la exlosión misma les matara. La unidad experimentó con prisioneros chinos y aliados sacados de los campos de prisioneros japoneses. Los bacilos tenían en general características que hacían fácil su conservación y el empleo y, además, era mimético: la enfermedad podía ser atribuida a  heridas de guerra que a menudo sufren los combatientes de modo natural y no es fácil detectar lo contrario”, apunta De Feo.

En un artículo de la revista “Monde Diplomatique” de julio 1999, Stephen Endicott y Edward Hagerman nos condujeron sobre la pista de la biología utilizada con fines militares durante la guerra de Corea. Sus autores cuentan que desde octubre de1950, tras la entrada de tropas chinas en ese conflicto, que duró de 1950 a 1953, se temió a la extensión de la lucha a otros continentes. El Secretario de estado norteamericano para la Defensa, Georges Marshall, dio luz verde para un programa de investigación de la ciencia bacteriológica.

Retrocediendo en el relato en 1944, el coronel Morselli —el Dr. Germen— preso de los aliados en Italia, no quería colaborar con ellos y negó rotundamente ante los científicos que le interrogaban que se hubiera usado el tétano en España y consideró todas las afirmaciones de su jefe  Ugo Cassini como “ridículas”. Tenía sus razones, explica De Feo: “El Doctor Germen no era ningún ingenuo; se había separado de los fascistas a finales del 43 y se había sumado a la República de Saló, en el norte de Italia, bajo mando alemán, con los últimos colaboradores de Mussolini. Pensaba después huir a Suiza. Era prisionero “benévolo” de los aliados. Sabía perfectamente que las armas bacteriológicas estaban vetadas por cuatro convenciones internacionales de Ginebra firmadas por más de 130 países: experimentar con ellas podía no ser un crimen, pero haberlas impulsado o intentarlo para contaminar a los republicanos españoles, sí: un motivo necesario para mentir”.

Diversos historiadores italianos y españoles consultados por los medios coinciden en dar verosimilitud tanto al documento inédito como al contexto y la interpretación que trazan Gianluca De Feo y Ugo Cassini. No lo que declaró el Dr Germen Giuseppe Morselli que ocultó todo lo que pudo, aunque terminó por hablar.

Quizá el libro oficial italiano y el rigor del Dr Cassini convencieron a los aliados, incluido Churchill. Les pareció una fuente digna de crédito. “Además de médico y docente, aunque había sido el número uno de las invenciones secretas del Dr Morselli en los laboratorios de Celio, nunca tuvo palabras de crítica hacia Mussolini y no había motivo de sospechar de su fidelidad al Duce. El laboratorio secreto de Celio había dependido de él formalmente ante Mussolini, y no suena probable que alguien le hubiera mentido sobre la guerra química del Duce y Franco en España dando tantos detalles, incluso de su supuesto fracaso global”.

“El equipo médico norteamericano que interrogaba a Ugo Cassini y al Dr. Germen recibía sus órdenes directamente de la inteligencia de Washington, y se coordinaba con sus colegas británicos”, escribe De Feo.

Eran un puñado de oficiales médicos y ex policías al mando del coronel William S. Moore, “con plenos poderes y una lista de nombres a encontrar a toda costa”.

En lo alto del elenco había cinco personas, consideradas artífices del programa de las armas secretas fascistas. Ugo Reitano, el profesor que desde 1932 dirigió la estrategia de guerra bacteriológica llamada Operación Epidemia; el citado coronel Giuseppe Morselli o Doctor Germen, que desde 1934 había guiado además los experimentos sobre el terreno en África; Fausto Vaccaro, el oficial que inventó una maquina para esparcir los virus; el general retirado Loreto Mazzetti, antiguo número uno del hospital del Celio que daba el permiso final a las investigaciones; y el general Ingravalle, cuyo verdadero nombre no se conoce”.

A Giuseppe Morseli se le ha considerado tecnicamente como un genio insuperable. Como era veterinario conocía mejor el organismo animal que el humano y así eran sus ideas; según De Feo, todos temían a esas alturas repercusiones internacionales porque se trataba de armas prohibidas salidas del laboratorio de Celio.

El testimonio de Ugo Cassini parece en todo caso auténtico y útil por distintas razones. Principalmente, porque el autor era médico y fisiólogo por vocación. Antes y después del fascismo, el galeno sentó las bases de la medicina deportiva italiana y fue el impulsor del riguroso método antidopaje que aún hoy utiliza el Comité Olímpico de su país (CONI). Como tantos jóvenes italianos de esa época, Ugo Cassini se alistó al fascio en 1925 después de la Marcha de Mussolini sbre Roma y, escribe de Feo: “Fue un oficial muy bien valorado por los jerarcas hasta 1942, año en que fue apartado del cargo de director del Hospital de Celio por Mussolini porque era testigo de todo aquel horror”, según confesó él mismo a los norteamericanos, “demasiado liberal a la hora de conceder bajas médicas a los atletas destinados al frente como oficiales”. Una forma de resistencia humanitaria que le honra, apunta De Feo, porque suponía salvar las vidas de los que debían ir a morir a las trincheras de África, Grecia o Rusia en vez de entrenarse.

“Sería todo lo que me cuentan una novedad absoluta dijo a los investigadores el profesor Lucio Ceva, pero no hay nada que no sea verdad”, afirma, este prestigioso historiador de la Universidad de Pavía, consultado como posible testigo era un demócrata militante. “Los fascistas eran muy capaces de cualquiera de estas aberraciones impunemente. Era una banda de delincuentes, sólo mitigada por una gran desorganización para esconder sus peores intenciones. Ya habían usado ampliamente antes gases tóxicos contra las tropas desnudas y cubiertas sólo de una sábana, armadas con lanzas, del Negus barridos por los aviones volando a ras de tierra, en Etiopía, por ejemplo”, como recuerdan detalladamente George L. Steer, Junod y Matthews en sus libros.

Julián Casanova, catedrático de la Universidad de Zaragoza, piensa que el hallazgo de documentos secretos en varios archivos es una contribución “importante” y nueva, y debiera completarse con investigaciones que analicen, por ejemplo, la incidencia del tétano en tierras de España, justo en los lugares donde hubo tropas italianas voluntarias, bien vacunadas”.

“Los bombardeos del puerto de Barcelona y de Valencia, partiendo de Mallorca por aviones Caproni y Savoia-Marchetti y cazas Fiat o Arado  y dos submarinos y contratorpederos, según las “memorias” del Conde Ciano, fueron los más feroces de la Guerra Civil y eran la muestra del proyecto de Mussolini de hacer del Mediterraneo, un mar italiano., y se sabe además que Mussolini había enviado también a Franco cantidad de armamento químico, aunque no hay pruebas de como y cuanto lo usó”.

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Memoria Histórica

Venenos de Estado: el fascismo español e italiano y el virus como arma de guerra (II)

“Que este crimen contra la Humanidad no se olvide”

Décadas después hay quien sigue removiendo la historia para que este “crimen impune contra la Humanidad” no caiga en el olvido porque las consecuencias, según dice De Feo, aún se advierten en Africa. Son dos los supervivientes cuyas vivencias recoge el documental ‘Arrash’ (Veneno), dirigido por el español Javier Rada y el marroquí Tarik el Idrissi, los que han revivido esa memoria histórica. Sus obras están agotados.

”Nuestro objetivo es evitar que con la muerte de los pocos que sobrevivieron aquello se esfume y el recuerdo de un crimen que cometimos nosotros y que siempre ha silenciado la historia y los libros de texto se borre. Mientras, por otro lado, nos explayamos en contar otros conflictos en que hubo amplio empleo de supuestas armas químicas tales como la Gran Guerra, Abisinia ¿y las otras?”, se lamentaba Rada.

Desde 2001, el centro bautizado como «Instituto Tecnológico”, sigue desarrollando labores en el campo de las armas químicas, biológicas y nucleares, mientras grupos de veteranos y de pacifistas luchan por su desaparición.

El historiador Juan Pando -que asegura que el uso de la iperita fue muy común y que también se dio en Libia (contra los senusíes) por parte de la aviación italiana y el Rif, gaseado por Francia, España y hasta por Hassan II, que se adueñó del Sahara occidental cuando se retiraron las tropas españolas, esclavizando a su población sin que Naciones Unidas logre arreglar el problema. Argelia ha brindado refugio a parte de la auténtica poblacion sahariana.

Sobre la relación causa-efecto de las armas químicas y el cáncer en el norte de Marruecos no existen demasiados datos fiables, pero se habla. Juan Pando asegura que la iperita no es radioactiva, por lo que sus graves secuelas no pueden transmitirse de padres a hijos. Por el contrario, Sebastián Balfour afirma que, según cifras del único hospital de cáncer infantil en Marruecos, “donde van sólo los niños cuyos padres puede sufragar los gastos del tratamiento”, la incidencia de esta enfermedad en el norte es mucho más alta que en cualquier otra parte del país.

España cometió crímenes contra la humanidad

El problema es que, según la Asociación de Víctimas de Gas Tóxico en el Rif, el estado marroquí impide la recolección de datos. Su presidente, Ilias el Omani, se pregunta si no será porque a su Gobierno “le preocupan más las sardinas que nosotros” en relación con los posibles problemas diplomáticos sin resolver con España.

“España cometió un crimen en el Rif. Nos colonizó, nos lanzó gas, y después reclutó a nuestro pueblo para su guerra civil”, se lamenta Abdelsalam Bouteyeb, del Foro Hispano Marroquí para la Memoria Común y el Porvenir. Según sus datos, “la mayoría de marroquíes que padecen cáncer de pulmón proceden del Rif”.

Hace unos años, durante la presentación del libro ‘Abrazo mortal’, de Balfour, el ex ministro español de la Defensa, Narcís Serra, dijo que “el Gobierno español (durante la guerra del Rif) creó una idea sintética de un Marruecos demonizando al enemigo y esto nos da claves para entender la situación actual”.

“Venenos de Estado” de Giancana de Feo es casi providencial porque permite seguir los primeros rastros documentales y testimonios que prueban que el régimen fascista (1922-1942) experimentó y produjo además armas todavía más infames y monstruosas: las bacteriológicas.

Virus y bacterias transformadas en bombas

Un grupo selecto de científicos fascistas, dirigidos por un veterinario famoso llamado Giuseppe Morselli y apodado El Doctor Germen, incubó decenas de virus raros y de altísima eficacia en un laboratorio militar romano secreto. Un horror concebido con una única misión, explica De Feo: “Diezmar las poblaciones de las ciudades enemigas con pestilencias de todo tipo, ántrax, tifus, peste amarilla, aviaria y otras enfermedades que todavía hoy siguen en el centro de los secretos inconfesables de las grandes potencias”.

Morten Heiberg ha reconstruído con detalle la tentativas del empleo de armas químicas italianas usadas por el bando franquista y los fascistas, durante la guerra civil española. Los italianos y los españoles las conocían de sobra por haberlas empleado profusamente en sus guerras coloniales de Libia y Abisinia y Marruecos que Franco y Mussolini, respectivamente, usaron, más de diez años antes. Ellos valoraron seriamente a fines de 1936, al terminar el Duce el 4 de julio de ese año su victoriosa la campaña de Abisinia, y aliarse para una próxima guerra contra el bolchevismo en tierras de España y la posibilidad de usarlas contra la República española.

Entre los documentos hallados por Gianluca De Feo, hay varios muy novedosos que se refieren a España. Se trata de varios escritos a máquina fechados el 3 de agosto de 1944, que muestran que Mussolini durante la guerra civil española no se conformó con hacer experimentos teóricos, sino que probó sus armas bacteriológicas en varios frentes de la Guerra Civil en ayuda de sus 50.000 voluntarios y ejército regular que luchaban al lado de Franco junto a cientos de aviones Fiat, Arado, Savoia, tanques ligeros, ametralladoras y morteros, bajo el mando del general Mancini.

En la guerra civil española, en la zona republicana, el tétanos llegó a representar una verdadera emergencia, tambien hubo difteria. Los documentos hallados apuntan a lo que podría ser único sobre la guerra bacteriológica registrado en Europa después de la guerra europea- 1914-18.

Guerra química contra los antifascistas

Ya en marzo de 1934, Antonio Goicoechea y Emilio Barrera, se habían entrevistado con Mussolini e Italo Balbo en Roma. El comunicado de la entrevista decía: “Después de recibir detallada informacion de la triste situacion politica en España y los deseos del Ejército y la Marina, así como de los monárquicos, Mussolini declara estar dispuesto a ayudar por todos les medios para hacer caer el régimen bolchevique actual español y sustituirlo por una regencia que prepare el camino para la restauración de la monarquia”.

Esta declaración fue ratificada solemnemente dos veces por Mussolini y fue recibida con signos de gratitud por los que preparaban un complot contra la república española. Como demostración practica de sus intenciones, el Duce afirmó estar preparado para mandarles de inmediato 25.000 fusiles, 20.000 granadas de mano, 250 ametralladoras y millón y medio de pesetas en papel moneda.

Esto -dijo- sería solo un acto preliminar, seguido de envíos más importantes si el trabajo llevado a cabo y la circunstancias lo requieren. Las personas presentes se pusieron de acuerdo en la forma de pago y la distribución del material entre diversas organizaciones de derecha. Agradecido Franco después de los envíos, se dirigió a Mussolini por medio de los jefes monárquicos para decirle si sería posible “el envío de algo más contundente contra esa barbarie”.

“Franco y su patrocinador de Roma concebían la guerra química como la solución más barata y factible para sus ambiciosos planes inmediatos”, dice Morten Heiberg. Y desde el principio de la guerra civil civil Franco la incluyó en una estrategia en todo lo que pudo. Así para responder a un supuesto ataque químico republicano en la lucha por la posesión de Zaragoza en octubre de 1936, Franco le pidió al Duce “algo”, para animarle a dar el primer paso antes que Mussolini.

A las 5 de a mañana del 18 de julio de 1936, el general Franco que se encontraba en las Palmas, lanzó un manifesto radiado por todas las radios canarias y del protectorado marroqui, dirigido al “honrado pueblo” español en que que proclamaba el triunfo seguro de su alzamiento y saludaba al gorioso Ejército de Africa que él encabezaba por muerte accidental del general Sanjurjo que era el jefe nato del complot. Franco decía que “la sublevación estaba en marcha y hacía referencia al lema de “la fraternidad, la libertad y la igualdad” que él venía a preservar.

Al mismo tiempo remitía un telegrama a los cuarteles generales de la ocho Divisiones y centros militares de la península bajo los términos ”Gloria al Ejército salvador, España por encima de todo. Fe ciega en nuestro triunfo.!Viva España con honor¡”.

Al enterarse del comienzo de la sublevación, el dictador italiano envió de urgencia gas tóxico a España, pero este se quedó custodiado por el general Mario Roatta, jefe del SIM. Su falta de uso inmediato obedeció a varias razones, ninguna humanitaria, esencialmente la falta de datos sobre las reservas republicanas por si había represalias rojas y, además, la repentina y eventual escalada bélica de Franco, que vulneraba los protocolos de Ginebra que prohibían el uso de armas químicas y hubieran disgustado al Comité de Control de la No-Intervencion. Además había la complejidad de cómo hacer la entrega y el control del gas tóxico de Mussolini a Franco.

El apoyo italiano

La investigación de periodistas italianos revela que el fascismo tenía la experiencia reciente de guerra química a base de gases letales no sólo de Abisinia. Los periodistas antifascistas tenían que guardar silencio o escribirlo desde fuera de Italia, cosa que ya habían hecho tanto el escritor sudafricano George L.Steer como el Dr Junod, de la Cruz Roja. Al primero en su documentada “Caesar in Abissinia”, se le calificaba en Roma como “un vulgar criminal inglés”, era corresponsal en la guerra de Etiopía del The Times de Londres y estaba condenado en Roma por el fascismo italiano por “haber difamado a los supervivientes y a los caídos en Africa Oriental” y el periódico ” Il Reduce d´Africa” (El Veterano de Africa) le dedicó un editorial con el título “Vientos locos de Antipatria” condenando juntos a Steer y Junod.

Ya antes el periodista Herbert L. Matthews, del New York Times, había pronosticado lo que le podía pasar a Italia si se metía en la Guerra Civil al lado de Franco. Eran los tres autores muy amigos de los vascos y los tres compartieron sus simpatías por la guerra desesperada de los gudaris en los montes de Euskadi y en Asturias como antes Steer lo había hecho en Abisinia y Etiopía.

Jon Melly, conductor de ambulancia en Etiopía, les había servido de testigo, en cuanto a las heridas de armas químicas y gases de los bombardeos de la aviación legionaria italiana. Llevaba un detallado récord de las víctimas, la cura dispensada, el número de muertos, y su testimonio fue útil para periodistas e historiadores de aquella guerra.

El secreto de la existencia de documentos publicados por Gianluca Feo fue revelado mucho después por un célebre médico y científico, Dr Ugo Cassini, a un pequeño grupo de investigadores norteamericanos enviados a Roma en 1944 para interrogar a médicos militares italianos que presuntamente habían colaborado con el III Reich alemán en la invención de armas letales de Hitler, en el curso de la guerra total. Los virus para el frente se probaban antes sobre cobayas humanos- prisioneros rojos- en la guerra de España o gitanos y judíos en Alemania, Polonia y Austria.

El hombre moderno necesita vacunarse contra las locuras de nuevas armas toadas de libros de química de ayer y de mañana.

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Venenos de Estado: el fascismo español e italiano y el virus como arma de guerra (I)

Italianos y españoles conocían las armas químicas por haberlas empleado en sus guerras coloniales (Abisinia y Marruecos). Franco y Mussolini consideraron seriamente a fines de 1936 la posibilidad de usarlas contra los republicanos españoles como una gran solución para sus ambiciosos planes militares porque la República estorbaba y había que terminar con ella.

En su libro “Veleni di Stato” (Los venenos de Estado) de Gianluca de Feo recuerda que por varias generaciones de políticos, historiadores y militares de las grandes potencias, esos venenos han sido olvidados o casi. Entre 1935 y 1945, el laboratorio microbiológico romano de Celio, situado en unos sótanos amplios de apariencia inocente a dos pasos del Coliseo, se experimentó y produjo a gran escala armas químicas y bacteriológicas de efectos letales. De Feo revela que Benito Mussolini puso en marcha un plan para construir 46 plantas químicas capaces de destilar hasta 30.000 toneladas de gas anuales.

Cotejando decenas de documentos casi todos inéditos hallados en el National Archive de Londres -informes de inteligencia, papeles diplomáticos, actas de reuniones de gobiernos, intervenciones privadas de Winston Churchill en los Comunes, e incluso cartas nostálgicas de Mussolini-, el escritor ha calculado que el régimen fascista produjo anualmente entre 12.500 y 23.500 toneladas de gas letal desde la década de los 30 hasta la II Guerra Mundial

Italia en Abisinia y España en el Rif utilizaron armas químicas como el fosgeno y difosgeno, la clorociprina y, sobre todo, el gas mostaz a, contra la población civil en el norte de Marruecos en la llamada Guerra del Rif (1921-1927) e Italia en Abisinia contra Haile Selassie.

Lo afirman numerosos historiadores, nietos de actores de aquellas guerras y los sucesivos gobiernos nunca lo han negado, aunque tampoco han incluido esas armas como las usadas en sus hazañas bélicas.

Las bombas cargadas con gases tóxicos “que habían sido prohibidas en el Tratado de Versalles de 1919” y luego en sucesivas convenciones de Ginebra estaban identificadas con la letra ‘C’. Eran el recuerdo de la primera guerra de gases de la guerra europea (1914-1918).

La inasumible derrota y la lucha contra los bárbaros

En 1912, España estableció un Protectorado en el norte de Marruecos, con capital en Tetuán, gracias a un acuerdo con Francia, que meses antes había conseguido la soberanía de su zona del país de manos del sultán Abdelhafid.

La reacción rifeña, encabezada por Abdelkrim el Jattabi, creció a partir de 1919, y tras el “desastre de Annual” en julio de 1921, las tropas españolas sufrieron una grave derrota militar a manos de los rifeños. El Rey Alfonso XIII necesitaba medios para aplacar rápido al enemigo y tranquilizar a la población. A los rifeños los consideraban salvajes y contra ellos España puso en linea hasta 50.000 soldados no voluntarios.

En la segunda mitad de los años 20, Mussolini, con la nostalgia de la Marcha sobre Roma, comenzó a imaginar la creación de un imperio africano que otorgase a Italia el papel de gran potencia colonial. La propaganda fascista alentaba el deseo de dominio total del Mediterráneo a la manera en que lo había hecho la Antigua Roma.

Italia ya había conquistado parte de Libia, Eritrea y Somalia, pero lo que hacía especialmente apetecible era Abisinia (Etiopía), por no estar cubierta por zonas desérticas y era susceptible de una intensa explotación económica con grandes asentamientos humanos y de material.

El papel de Alemania

El 3 de octubre de 1935, sin previa declaración de guerra, el ejército italiano penetró en Abisinia, contando con la total oposición del Reino Unido, la tibieza de Francia y el apoyo incondicional de Alemania. El emperador Haile Selassie intentó infructuosamente oponerse a los invasores sin más armas que lanzas, sin víveres, agua, ni medicinas y hombres cubiertos por una débil túnica blanca.

La Sociedad de Naciones impuso sanciones a Italia en noviembre 1935. Mussolini respondió con la salida de la delegación italiana de dicho organismo. Las sanciones, sin embargo, no llegaron a tener efecto y, de hecho, fueron retiradas el 4 de julio de 1936.

La débil reacción de las potencias democráticas y el apoyo de Alemania animaron al dictador italiano a consumar la conquista del territorio. El moderno ejército motorizado del general Pietro Badoglio destruyó completamente al ejército abisinio. Haile Selassie se vio obligado a abandonar la capital Addis Abeba, que cayó en manos italianas el 5 de mayo de 1936. Londres dio asilo al Negus, el emperador.

Los alemanes aconsejaron a las autoridades italianas y españolas utilizar gas mostaza para bombardear los enclaves, las casas, los mercados de Addis Abeba y poblados del Rif que sustentaban la guerrilla de Hale Selassie y Abdelkrim. El Duce tenía la expericia de Etiopia. Según los investigadores Rudibert Kunz y Rolf Dieter Müller, Berlín primero vendió municiones al rey Alfonso XIII y luego le asesoró sobre cómo hacerlas, labor que asumió la fábrica de La Marañosa.

Veleni di Stato (Venenos de Estado), del periodista Gianluca de Feo, redactor jefe de la revista italiana L’Espresso, siempre consideró una obligacion moral contar esa historia terrible y sistemáticamente silenciada.

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Noticias

Holanda deberá indemnizar por las masacres cometidas en sus colonias

Sukarno, primer presidente indonesio
Un hombre indonesio obligado a presenciar la ejecución sumaria de su padre por un soldado holandés cuando tenía 10 años ha hablado de su gratitud después de que un tribunal haya ordenado al Estado holandés que pague  una indemnización a las víctimas de las masacres coloniales de la década de los cuarenta.

Andi Monji, de 83 años, que viajó a los Países Bajos para contar su historia al tribunal, recibió 10.000 euros (9.000 libras esterlinas), mientras que ocho viudas y tres hijos de otros hombres ejecutados, principalmente agricultores, recibieron una indemnización de entre 123 y 3.634 euros por la pérdida de ingresos.

Los casos se referían a hombres muertos por soldados en la provincia indonesia de Sulawesi meridional entre diciembre de 1946 y abril de 1947 durante las denominadas “acciones de limpieza” cuando los holandeses trataron de reprimir el avance hacia la independencia.

El tribunal determinó que 11 hombres habían sido asesinados como resultado de la “mala conducta” de los soldados holandeses, en su mayoría por ejecuciones sumarias. A un hombre le dispararon al azar.

El padre de Monji fue ejecutado el 28 de enero de 1947 en el pueblo de Suppa. Se cree que más de 200 hombres fueron ejecutados por los militares holandeses ese día.

Monji, que todavía vive en Suppa, dijo: “Estoy agradecido por el fallo del tribunal. Tenía 10 años cuando fui obligado a presenciar la ejecución de mi padre por los militares holandeses después de haber sido fuertemente golpeado. Lloré”.

“También estoy agradecido de haber tenido la oportunidad de viajar a los Países Bajos para asistir a la audiencia del tribunal y así poder explicar al tribunal lo que sucedió”.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Japón ocupó la entonces colonia holandesa de las Indias Orientales y, después de su capitulación, los dirigentes nacionalistas Sukarno y Hatta proclamaron la República de Indonesia el 17 de agosto de 1945.

Durante los cuatro años siguientes, los Países Bajos lucharon para prolongar sus 350 años de dominio colonial del país, a menudo a través de medios brutales.

El Estado holandés alegó que no se pagaran indemnizaciones por el tiempo transcurrido desde que se cometieron los crímenes.

Liesbeth Zegveld, la abogada de los demandantes, dijo: “Estamos satisfechos con el fallo. No fue fácil; llevó ocho años de procedimientos. Es una lástima que el gobierno holandés no haya sido más comunicativo, ya que muchos de nuestros clientes fallecieron durante el proceso”.

“Sin embargo, para los que aún están vivos y todas las familias, el reconocimiento del tribunal de su sufrimiento y su derecho a la indemnización es importante”.

El tribunal reconoció en su fallo que las sumas concedidas a los familiares de las víctimas eran “desproporcionadas” en relación con el sufrimiento causado. Una verdadera burla.

https://www.theguardian.com/world/2020/mar/27/hague-court-orders-dutch-state-to-pay-out-over-colonial-massacres

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Memoria Histórica

‘Operation Legacy’: el Imperio Británico destruyó los documentos que prueban los crímenes que cometió en sus colonias

La “Operation Legacy” (Operación Legado), fue un programa de destrucción sistemática de archivos aplicado desde finales de la Segunda Guerra Mundial (o posiblemente antes) hasta los primeros años de la década de los 60 en 37 territorios ocupados por los ingleses.

Países como Belice, la Guayana Británica, Jamaica, Kenia, Malasia, Singapur, Uganda y muchos otros, vieron cómo fueron incineradas las pruebas sobre asesinatos, abusos y torturas que los británicos habían ejercido sobre sus pueblos durante su dominación.

El historiador Tony Badger, persona que ha recuperado la mayoría de la documentación relacionada con la “Operación Legado”, puso al Ministerio de Relaciones Exteriores actual en una posición “vergonzosa y escandalosa”.

El hallazgo se produjo en enero de 2011, al descubrir la existencia de 307 cajas con documentación “superviviente” de aquella limpieza. Al parecer quedaron olvidadas, por más de 50 años, en un archivo de máxima seguridad del Ministerio de Asuntos Exteriores Británico, en Hanslope Park, Buckinghamshire (Reino Unido); lejos de los ojos de los historiadores, investigadores y del público en general.

Ocultar aquel material durante tanto tiempo representó una violación de la legislación sobre la desclasificación de documentos, por lo que una vez descubiertos tuvieron que hacerse públicos a corto plazo. Estos papeles representan una verdadera mina de oro para los historiadores, pero pasará algún tiempo antes de que todos se hagan públicos.

Entre la documentación recuperada, se conserva un telegrama fechado el 3 de mayo de 1961, firmado por Iain Macleod, Jefe de la Oficina Colonial del Reino Unido, con destino a todas las embajadas británicas. En el telegrama se daban instrucciones sobre cómo “rescatar” documentos oficiales de países recientemente independizados —o en vías de independizarse— con instrucciones sobre cómo deshacerse de ellos.

A los diplomáticos se les insistía en la necesidad de deshacerse de los archivos, haciendo hincapié en que podrían “avergonzar […], comprometer, o ser utilizados de forma incorrecta por las nuevas autoridades nacionales”. También ordenaron la destrucción de cualquier prueba que pudiera sugerir o pudiera interpretarse como actos de racismo.

Iain Macleod, de esta forma, exigió a sus subordinados que los gobiernos de los países que ganarían la independencia no obtuvieran ningún material que pudiera “perturbar el gobierno de Su Majestad”, ese sería su “Legado”: NADA.

Las instrucciones decían claramente que “ningún nativo podía participar de esta operación depuratoria, excepto miembros del gobierno sujetos a descendencia británica en Europa”.

Uno de los principales centros de destrucción de la zona Oriental, estaba ubicado en la base de la Royal Navy en Singapur, donde se construyó una instalación especial para la quema de miles de documentos que llegaban en camiones.

Se conserva un documento, en los legajos encontrados en Haslope Park, que reseña un viaje de 5 de esos camiones, cargados de documentación desde Kuala Lumpur en 1957.

Los archivos destruidos en este viaje contenían información sobre un caso de asesinato masivo, ocurrido en 1948, en Batang Kali, donde los soldados británicos fueron responsables de la masacre de 24 trabajadores de las plantaciones de caucho.

La existencia de un expediente con el asunto “Batang Kali” da fe de la realidad de lo que se llevaba años denunciando.

Un caso bien documentado a día de hoy, a base de testigos y que cuenta con documental propio. Según los autores del documental, en su día trataron de ocultar bajo la muerte de “28 ladrones” en la prensa, ejecutando posiblemente a 4 delincuentes comunes para ocultar el suceso.

Gran Bretaña destruyó toda la documentación relacionada con la presencia británica en la India durante los años 40, justo antes de que India proclamara su independencia. La prensa local publicó entonces docenas de titulares acusando a los funcionarios británicos de quemar cientos de documentos en Delhi

Los agentes involucrados en la “Operación Legado” recibieron instrucciones estrictas sobre cómo y dónde enviar los archivos.

Sin embargo, como algunos documentos no pudieron incinerarse en el crematorio de Singapur, todo el proceso se realizó en los diferentes archivos, donde, según las instrucciones; “se quemarían o arrojarían al mar a la distancia máxima posible de la costa”.

Con la India no habían tenido mucha suerte en tiempos anteriores, muchas de sus matanzas ya habían sido recogidas por la prensa internacional como la de Amritsar (1919).

Los documentos también revelan la destrucción de los archivos de inteligencia sobre Kenia que mencionaron el abuso y la tortura que sufrieron cientos de civiles durante el intento del grupo guerrillero “Mau Mau” de derrocar al gobierno colonial británico entre 1952 y 1960.

Aunque lograron deshacerse de una tonelada de pruebas en la década de 1950, la salida a la luz de aquel archivo en 2011, derivó en un derecho de demanda y juicio contra el gobierno de Gran Bretaña.

Además, derivó en una sentencia (en 2013) por cual tuvieron que indemnizar con 23 millones de dólares a más de 5.200 kenianos, como compensación por abusos y torturas que tuvieron que soportar durante la sublevación guerrillera de Mau Mau.

Durante el juicio se aportaron pruebas de que el servicio de inteligencia británico mantenía en Adén un centro secreto de tortura donde llevaban a los sujetos más incómodos de sus colonias africanas, allí muchos eran ejecutados o castrados.

También demostraron que los miembros del gobierno de Londres estaban al tanto de la tortura y ejecución de insurgentes kenianos —o sospechosos de serlo.

Lo único que se ha podido saber es que la documentación incinerada sobre esta isla fue seleccionada cuidadosamente, ya que se trata de una posesión que aún mantienen los británicos.

Se especula que se podrían haber destruido los planes de “depuración” solicitados por Estados Unidos en torno a los años 60, para alquilar la isla como base militar.

Según se dice, EE.UU. exigió que las islas estuvieran libres de su población nativa y fauna, es decir, los británicos deberían expulsar a los nativos y destruir su fauna. Cosa que se hizo, desalojando a la fuerza a 1800 nativos de sus hogares en dirección a las Mauricio y Seychelles, mientras se construían las instalaciones militares norteamericanas.

Actualmente, pese al aviso de descolonización, sigue siendo territorio británico arrendado a los EE.UU hasta 2036.

Se conserva el parte de un oficial, firmado en las navidades de 1960 en Uganda, que afirmaba que “en Tanganica el trabajo se dejó hasta casi el último minuto, con el resultado de que se hizo demasiado apresuradamente”.

Esto implica que, al menos en la zona de Uganda y Tanganica antes de 1961, ya se venía realizando la destrucción de la documentación.

En otro registro, encontrado por el investigador japonés Shoei Sato, pudo localizar un acta fechada el 21 de abril de 1960, en la que se discutía sobre la selección de documentos a destruir con el propósito de prevenir la “vergüenza” del Imperio en Uganda.

Sobre Uganda han aparecido otros legajos pertenecientes a trabajadores del gobierno colonial que decidieron guardar algún que otro documento, debido al valor histórico que pudieran tener en el futuro.

Aunque todavía no se conoce su contenido se especula que pudiera tratar sobre la utilización de nativos tanganicos en las minas de oro sudafricanas, hasta bien entrados los años 60.

La Guayana Británica (Hoy Guayana, Sudamérica) fue una colonia que, hacia mediados del siglo XIX, entró en la órbita de interés de Estados Unidos.

Se conservaron únicamente los archivos relacionados con el acceso al gobierno de Forbes Burham, según parece orquestado por la CIA en 1964, para, según conclusiones de los investigadores, guardarse ese as en la manga por si sucediese de nuevo una demanda contra Gran Bretaña como la de “Mau Mau”.

— https://elretohistorico.com/operation-legacy-como-se-destruyeron-los-documentos-que-prueban-los-crimenes-del-imperio-britanico/

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El terror policial en los enclaves coloniales franceses de ultramar

El mes de febrero está marcado por una violencia recurrente entre la policía y los jóvenes en Mayotte, una isla del departamento de ultramar francés, situada en el extremo norte del canal de Mozambique. El domingo la policía colonial asesinó a tiros a un hombre y volvieron a reproducirse los enfrentamientos en este territorio de ultramar.

Un hombre de 30 años fue asesinado por un policía en Kaweni, al norte de la capital Mamoudzou. El pretexto de la policía es que el hombre estaba golpeando a otro en la cabeza cuando una patrulla de la brigada anticrimen pasó por allí como por casualidad.

Un policía intentó intervenir pero, a pesar de varias advertencias, el hombre se negó a dejar de golpear. Entonces el policía sacó su arma y disparó alcanzándole en el abdomen. Por lo tanto, la intervención policial no solucionó el problema sino que lo agravó. Lo que era una agresión (si hacemos caso a la versión oficial) acabó en una muerte.

Inmediatamente los jóvenes bloquearon la carretera principal y saquearon dos negocios, incluyendo una tienda de Tati. La gendarmería y la policía intervinieron para dispersarlos. El tráfico rodado se restableció alrededor de las 11 de la noecha, pero en algunos barrios la tensión permaneció.

El policía fue detenido y le tomaron declaración. Sus colegas le defienden, especialmente los sindicatos policiales.

En una declaración, el diputado de Mayotte, Mansour Kamardine, dijo que “desde hace meses la seguridad pública en Mayotte se ha ido deteriorando y ha ido acompañada de un preocupante aumento de la violencia”.

Kamardine ya había advertido de la violencia en Mayotte el 14 de febrero en Twitter. En el enclave se producen regularmente enfrentamientos entre los jóvenes y la policía, así como violentos ataques de grupos de jóvenes.

En la Francia continental ocurre lo mismo. El sábado por la noche se produjeron enfrentamientos en Brunoy, Essonne, entre la policía y los vecinos. Un joven de 19 años fue gravemente herido en el ojo por un disparo con munición especial LBD y tuvo que ser hospitalizado.

Como es habitual en estos casos, la prensa francesa no recoge ninguna declaración de la parte contraria. Las noticias son las que fabrica la policía.

https://www.bfmtv.com/police-justice/mayotte-violences-apres-la-mort-d-un-homme-tue-par-un-policier-1863394.html

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Israel presiona a Estados Unidos para que reconozca la soberanía marroquí sobre el Sáhara

El año pasado el Primer Ministro israelí, Benjamín Netanyahu, hizo varios intentos de impulsar un acuerdo tripartito entre Israel, Estados Unidos y Marruecos, según el Canal 13 de Israel (1). Israel presionó a Estados Unidos para que reconociera la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental. A cambio, Rabat se comprometía a normalizar las relaciones con Israel.

Netanyahu trató de impulsar el acuerdo tripartito en varias ocasiones, después de entablar conversaciones con funcionarios marroquíes y estadounidenses tras su discurso en una reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre de 2018 (2).

El dirigente israelí se reunió en secreto con el ministro de Relaciones Exteriores de Marruecos, Nasser Bourita, para discutir la propuesta.

Oficialmente, Marruecos no mantiene relaciones diplomáticas con Israel aunque, tras la firma de los Acuerdos de Oslo, establecieron vínculos informales en 199, que se rompieron en 2000 después de la segunda Intifada.

En 2017 en una carta dirigida a António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, Mohammed VI denunció la política “inaceptable” de Israel en Jerusalén, que violaba la legalidad internacional.

Yariv Elbaz, un empresario judío marroquí, fue el responsable de organizar la reunión. El magnate de la alimentación es cercano al yerno de Trump, Jared Kushner, a quien conoció en mayo del año pasado durante su visita a Casablanca.

La propuesta de Netanyahu era ventajosa para todas las partes. Israel añadía otro Estado a su lista de países con los que ha normalizado las relaciones. El Rey Mohammed VI de Marruecos vería a Estados Unidos reconocer la soberanía de Rabat sobre la región del Sahara Occidental y Trump sería considerado el campeón de las relaciones árabe-israelíes.

Aunque el antiguo asesor de seguridad nacional de Trump, John Bolton, se oponía firmemente al acuerdo, después de su dimisión en septiembre, Netanyahu volvió a plantear la cuestión al Secretario de Estado Mike Pompeo, pero la Casa Blanca no aceptó el compromiso.

En diciembre el rey Mohammed VI rechazó la visita de Netanyahu a Rabat. Los marroquíes no están satisfechos con las promesas incumplidas de Netanyahu, ni con sus relaciones clandestinas con Rabat, que utiliza para sus propios fines políticos.

No es la primera vez que el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental se relaciona con un acercamiento a Israel. Mohammed VI es plenamente consciente de que necesita a Israel para beneficiarse del apoyo de Estados Unidos a la posición de Marruecos sobre la cuestión del Sáhara Occidental.

El sátrapa marroquí siempre ha subrayado la importancia del patrimonio judío en la formación de la cultura marroquí en el contexto de las relaciones históricas privilegiadas entre el reino e Israel.

En una entrevista concedida al diario italiano Il Manifesto, Brahim Ghali, Secretario General del Frente Polisario, recordó que el pueblo saharaui “utilizará todos los medios legítimos para alcanzar sus objetivos”, sin excluir la lucha armada, un derecho universalmente reconocido a los pueblos que “se defienden de una fuerza de ocupación colonial”.

(1) https://www.middleeasteye.net/news/israel-lobbied-us-recognise-morocco-western-sahara
(2) https://www.youtube.com/watch?v=_FiS97SbVoI
(3) http://www.aps.dz/monde/100898-les-sahraouis-utiliseront-tous-les-moyens-legitimes-pour-parvenir-a-l-autodetermination

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Nuevos documentos confirman el expolio de las tierras palestinas por la fuerza de las armas en 1948

Un documento de hace 60 años publicado recientemente por el diario Haaretz revela (*) las intenciones secretas del gobierno israelí tras la imposición de una administración militar a los ciudadanos árabes de Palestina en 1948 para asegurar el control los sionistas sobre las tierras.

Lo que eufemísticamente los historiadores califican como “administración militar” no es otra cosa que un estado de guerra permanente impuesto contra los palestinos desde el mismo momento del nacimiento del Estado de Israel.

Durante años el ejército israelí ha tratado de ocultar la documentación histórica en varios archivos, como también reveló el año pasado el diario Haaretz. Desde hace casi 20 años un departamento secreto del Ministerio de Defensa israelí, ha escondido bajo llave los documentos relativos a la historia del Estado de Israel y la guerra israelo-palestina.

La ocultación se hizo sin autorización legal. Hubo una protesta por el artículo y docenas de investigadores e historiadores pidieron al entonces ministro de defensa, Netanyahu, que pusiera fin a esta actividad clandestina ilegal. Su petición no fue respondida.

¿Qué clase de documentos ordenaron esconder? Los que versaban sobre las condiciones de vida de los ciudadanos árabes en Israel durante 18 años, los testimonios sobre el saqueo y la destrucción de las aldeas árabes durante la guerra, los comentarios de los ministros sobre la situación de los refugiados árabes después de la guerra, el confinamiento en los campos de prisioneros y la información sobre el proyecto nuclear de Israel, entre otros.

La protesta ha logrado que en los últimos seis meses se reabran expedientes previamente clasificados, lo que aumenta el conocimiento de la historia de Palestina. Uno de los documentos es un informe preparado por la Comisión Ratner, creada por el gobierno en 1955 para estudiar la posibilidad de suprimir la administración militar sobre los palestinos.

En 1948 había unos 156.000 palestinos en Palestina y la administración militar que les impuso el Estado de Israel no fue abolida hasta 1966.

El 60 por ciento de los palestinos de Israel vivían en Galilea. En la práctica, alrededor del 85 por ciento de ellos estaban bajo el control de la administración militar, sujetos a los toques de queda nocturnos y a los reglamentos que les exigían obtener un permiso de viaje antes de abandonar su zona de residencia.

El informe secreto describe al gobierno militar israelí como una herramienta en la lucha contra los “intrusos” palestinos. “De los 200.000 árabes y otras minorías que residen actualmente en Israel, no hemos encontrado ni uno solo que sea leal al Estado”, concluía el informe.

La existencia del Estado de Israel dependía de la presencia de la administración militar sobre los palestinos. Sin embargo, con el tiempo se hizo evidente que lo que realmente interesaba a la administración militar no era la seguridad sino el control de la tierra. Es un ejemplo típico de colonialismo. Una ley militar de emergencia de 1945 permitía a los comandantes militares israelíes acordonar “cualquier zona o lugar”.

En 1962 en una reunión a puerta cerrada Ben Gurion reconoció que sin esa ley militar “no hubiéramos podido hacer lo que hicimos”. En el norte de Galilea no hay judíos, advirtió el dirigente sionista. “Estaremos en esta situación durante muchos años si no impedimos por la fuerza administrativa y militar la entrada en las zonas prohibidas. Y a los ojos de los árabes, estas zonas prohibidas son suyas. Porque la tierra del valle de Ayalon es tierra árabe”.

Según la Comisión Ratner, por sí solo el ejército no podía salvaguardar la tierra del Estado: sólo una colonia judía, la llamada “colonia de seguridad”, podía hacerlo a largo plazo. Por lo tanto, era esencial establecer asentamientos judíos en las tres zonas geográficas supervisadas por la administración militar. Según los autores del codicilo, “el debilitamiento [de los árabes] en la recuperación de estas zonas se debe principalmente al hecho de que han sido selladas por la administración militar o puestas bajo su supervisión”. Añadían que sólo “la vigilancia de los representantes del gobierno militar ha evitado en gran medida una anarquía más grave en la recuperación de tierras”. Fue este gobierno el que impidió que los árabes regresaran a sus tierras.

Pinhas Lavon, que sustituyó a Ben Gurion como Ministro de Defensa a principios de 1954, no aceptaba la administración militar impuesta a los palestinos y revocó la división de Galilea en 46 áreas separadas y cerradas en las que los palestinos necesitaban permisos para trasladarse de una a otra. Una división en tres o cuatro zonas sería suficiente, dijo, y haría la vida más fácil a los ciudadanos árabes.  Los miembros de la comisión se opusieron a Levon, argumentando que había dado lugar a una excesiva libertad de circulación para los árabes, lo que tuvo como efecto “aumentar el control de las tierras del Estado”.

Ocho años después de la fundación de Israel, a la Comisión Ratner le preocupaba que, en el plazo de dos años, gran parte de la tierra se perdiera y se transfiriera a los palestinos. Por lo tanto, su recomendación fue la de abolir el límite de tiempo para permanecer en la tierra.

Una de las principales tareas de la administración militar era actuar como medio de control de las tierras del Estado hasta que se regularizara su estatuto permanente y hasta que se pudiera iniciar el asentamiento de los judíos en las antiguas zonas árabes. “Hasta que se estabilice la seguridad en las pocas zonas de reserva que aún pueden ser colonizadas, es esencial mantener la administración militar en esos lugares y fortalecer su aparato… para que la administración militar pueda asegurar, directa e indirectamente, que la tierra no se pierda para el Estado”.

La Comisión Ratner añadió que sin la administración militar “muchas más áreas corren el riesgo de perderse para el Estado”.

Al final, el informe de la Comisión nunca se presentó al gobierno, aunque sirvió de base para la política de los años siguientes.

¿Por qué Israel ha seguido ocultando un informe escrito hace más de seis décadas? La explicación está en una reunión del gobierno de 1959, durante la cual el Ministro de Educación Zalman Aranne dijo que “la cosa debe hacerse, pero no revelarse, como por ejemplo la judaización de Galilea”.

(*) https://www.haaretz.com/israel-news/.premium-secret-israeli-document-reveals-plan-to-keep-arabs-off-their-lands-1.8473226