La web más censurada en internet

Etiqueta: Colonialismo (página 5 de 16)

Imperialismo S.A.

“El virrey constituyó la base del poder absoluto del sistema monárquico español tanto en Sicilia como en Nueva España, superando el obstáculo de la distancia y de la mala comunicación entre la Corte española y sus dominios. La corte de cada virrey desempeñaba un papel eficaz en la integración en el sistema global de los poderes o autoridades locales” (1)

Los virreyes

El mundo ha cambiado y España, Francia, Gran Bretaña o Estados Unidos ya no son imperios. Actualmente el imperio tiene su sede en las bolsas de valores, sedes de corporaciones y fundaciones multinacionales, organizaciones militares y medios de comunicación. No hay un monarca mundial sino una sociedad anónima de monarcas, un “Imperialismo S.A.” que dispone de una serie de virreyes en la casi totalidad de países para que lleven a cabo la “integración en el sistema global de los poderes o autoridades locales”. Dichos virreyes modernos también precisan de una serie de rituales, ceremonias y recordatorios simbólicos denominados investiduras, en las cuales tras un despliegue de farsas teatrales, se nombra, con el beneplácito de la sociedad anónima de los modernos monarcas, al virrey de turno por un período temporal, al final del cual, si han llevado a término las voluntades de sus majestades, les permiten un reenganche.

Si no han cumplido a pies juntillas los deseos del moderno absolutismo mundial, pueden encontrarse con un estallido “civil” de airadas protestas, con una sorprendente acción judicial o simplemente con una justicia militar que les recuerda que son solamente virreyes.

El concepto de autoritarismo define el concepto de “sistema político” como la forma en que se generan y ejecutan las decisiones vinculantes para el conjunto de la colectividad o para una parte importante de la misma. Se entiende por autoritarismo-absolutismo el sistema político basado en una comunidad desigual, en la cual se toman decisiones vinculantes para la comunidad entera. Este sistema político tiene un poder judicial ejercido por personas o por órganos más o menos especializados que es directa emanación del poder regio; es decir, no asegura la libertad y la pluralidad de la comunidad (2).

En el antiguo imperio español, funcionaron las Audiencias (tribunales de justicia), tanto la de Castilla como la del Nuevo Mundo (3). Poco ha cambiado el entramado autoritario absolutista puesto que las modernas “Audiencias Mundiales”, con nombres tan emblemáticos como Consejo de Seguridad de la ONU, Corte Internacional de Justicia de la ONU, Corte Penal Internacional de La Haya, Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, Tribunal de Justicia de la Unión Europea de Luxemburgo, Órgano de Apelación de la Organización Mundial del Comercio de Ginebra… actúan bajo las órdenes de la sociedad anónima mundial de monarcas los cuales tienen la potestad tanto en la designación de los jueces (iudicem dare), como el mandar juzgar (iudicare iubere), y dictan las sentencias acordes al mantenimiento de la “paz social” y de la acumulación de capital.

El siglo de la Ilustración fue también el siglo de la autoridad, y eso lo expresaba muy bien la metáfora usada por Floridablanca que se refería a lo conveniente de tener siempre a un ahorcado en una picota o su cabeza en una jaula colgando de la puerta de una ciudad para disuadir a pobres o presos. Querían orden, limpieza, seguridad, obediencia, uniformidad de los súbditos, y… mantenimiento de los privilegios (4).

El absolutismo, primer sistema estatal internacional en el mundo moderno, todavía no se ha agotado.

Las monarquías absolutas occidentales se rodeaban de agentes que proveían de personal a sus maquinarias administrativas: los letrados en España, los maîtres des requétes en Francia, los doctores en Alemania. Estos burócratas-juristas fueron los celosos defensores del centralismo real en el primer siglo de la construcción del Estado absolutista (5), que se mantiene hasta hoy y en el cual esta pléyade ayuda legalmente a homogeneizar la concepción de “derecho”, “justicia”, “amigo”, enemigo”, lo que Jean-Claude Payé denomina “El final del Estado de derecho: del estado de excepción a la dictadura”

Se ha construido una pirámide a la cual se denomina globalización, mediante una descripción cosmopolita al estilo kantiano, basada en el subterfugio de “ganamos todos” como si la geopolítica fuera un juego de canicas entre colegiales. Los que han acuñado el término de “ganar todos”, lo han hecho refiriéndose a este grupo selecto, agresivo, corporativo, multinacional que conforma el consejo de administración de Imperialismo S.A.

Si bien ya hace años que funciona dicha sociedad anónima, no ha sido hasta el pasado reciente que se ha puesto de manifiesto de forma notoria la estructura de poder en la cual hemos comprobado una total simbiosis entre los virreyes y el consejo de administración del Imperialismo S.A. a raíz de la declarada pandemia y con ella la homogeneización del comportamiento y la integración en el sistema global.

Unos pocos virreyes en algún momento han parecido disentir de las órdenes emanadas y como por casualidad, dichos virreyes pasaron a mejor vida. Seguramente algún día se deberá responder a la pregunta de que murieron Omar Torrijos, Jaime Roldós, Hugo Chávez, Samora Machel, Pierre Nkurunziza o John Magufuli. Unos por intentar poner algo de freno a la rapiña en América Latina, los otros por denunciar el salvajismo de las corporaciones farmacéuticas y mineras en África y la corrupción de la OMS. Unos muertos en más que cuestionados “accidentes”, otros de extrañas “enfermedades” en lo que parece ser una copia del guión de la novela de Jak London Asesinatos S.A.

En otras ocasiones y emulando a Floridablanca, el Imperialismo S.A., no ha sido tan meticuloso y ha ordenado “tener a un ahorcado en una picota” a la vista de todos los televidentes del mundo como aviso a la disidencia. Así lo ha realizado con Mohammad Najibulá, Sadam Hussein o Muamar el Gadafi. De la misma forma como la acumulación de capital se ha realizado históricamente a base de una acumulación de cadáveres, en la actualidad el disenso no permitido se penaliza también mediante la eliminación física.

Vivimos una nueva etapa del llamado imperialismo, analizado a principios de siglo XX tanto por Hobson como por Lenin, que a partir de la década de los 80 del siglo XX se vistió con unas ideologías y prácticas denominadas neoliberales que han sido el sostén teórico del Imperialismo S.A., bajo el manto de la globalización. En el imperialismo tradicional, las cabezas visibles eran emperadores, reyes o presidentes, pero en su nueva mutación encontramos básicamente titulados por prestigiosas universidades, expertos los denominan, que han tomado el relevo a los cada vez más desprestigiados profesionales de las formaciones políticas.

Los vendedores ambulantes

Disfrazados de agnósticos, ateos, creyentes, progresistas, científicos, visionarios, filántropos, expertos… sin que hayan tenido que cubrir las apariencias mediante parafernalias electorales, han sido escogidos desde el consejo de administración de Imperialismo S.A. para ser los portavoces de la nueva normalidad absolutista, realizando el mismo papel que los vendedores o especialistas en marketing para anunciar las bondades del producto que venden, aún a sabiendas de sus efectos secundarios, en este caso letales. No se les ha denominado charlatanes, como antaño, sino con el nombre rimbombante de Comités de Expertos.

Dichos expertos, no tan solo realizan las campañas publicitarias del moderno absolutismo, sino que son piezas claves para la acumulación de capital, pues de sus declaraciones depende que las acciones cotizadas en las diversas Bolsas del mundo aumenten o disminuyan su cotización. Ejemplo de ello lo podemos comprobar en los dimes y diretes respecto a la diseminación de las distintas modalidades de vacunas anti covid ¡A cual mejor!. Que si de una dosis, que si de dos dosis, que si de una duración inmunitaria de quince días, de seis meses, que si ARN, que si virus atenuado… cada uno representando a su correspondiente socio accionista de Imperialismo S.A. y vendiendo el producto a los virreyes de turno.

Otros expertos intentan vender también soluciones ecológicas a un apocalipsis justificando el gran cambio de patrón tecnológico implícito en la Agenda 2030. Para ello no han tenido reparos en utilizar a menores de edad en sus campañas propagandísticas para amparar las inversiones de capital y el alza de la cotización de las acciones bursátiles en la llamada economía verde.

El Imperialismo S.A. no está concentrado en un solo territorio sino que es una auténtica pandemia de alcance mundial ya que sus inversiones, reinversiones, compras, ventas, patentes de fondo… están diseminadas a lo largo y ancho del planeta dejando en ridículo el concepto de soberanía, independencia, etc., simplemente clamando como Luis XIV: “El estado soy yo”.

Mientras tanto, la resistencia al absolutismo no dispone de un marco conceptual adecuado a la nueva modalidad de la lucha de clases, y aunque enfoque su desazón denunciando a los virreyes, en unos casos mantiene una actitud crítica pasiva y en otros sigue a pies juntillas las recomendaciones de los expertos consiguiendo con ello, inocentemente, aumentar el poder absoluto del Imperialismo S.A.

De todos modos, al lado de las protestas y revueltas obreras y campesinas de diferentes países, cada día aumenta el número de científicos y profesionales que se niegan a ser simples mercaderes del nuevo absolutismo. En todas las disciplinas encontramos personas y colectivos que a pesar de las amenazas y presiones mantienen una actitud digna aún a costa de su marginación y en ocasiones poniendo su vida en peligro, como Julian Assage por ejemplo.

Reorganizar las formaciones políticas del nuevo proletariado y atraer la colaboración de los científicos que se niegan a ser títeres del moderno absolutismo, este debe ser el horizonte de una nueva normalidad en la lucha de clases.

(1) Fernando Ciaramitaro. Virrey, gobierno virreinal y absolutismo. Universidad Autónoma del Estado de México. Ediciones Universidad de Salamanca. H. mod., 30, 2008
(2) Fernando Ciaramitaro. El autoritarismo-absolutismo en el Antiguo Régimen. Contribuciones desde Coatepec. Universidad Autónoma del Estado de México. número 15, julio-diciembre 2008
(3) Fernando Ciaramitaro. El autoritarismo-absolutismo en el Antiguo Régimen. Contribuciones desde Coatepec. Universidad Autónoma del Estado de México. 2008
(4) José Luis Gómez Urdáñez. Víctimas del absolutismo. Paradojas del poder en la España del siglo XVIII. 2020 http://puntodevistaeditores.com/la-editorial/
(5) Perry Anderson. El estado absolutista. Ed. Siglo XXI. 1979

Los revolucionarios siempre molestan

Este mes de abril se cumplen veintinueve años del asesinato de Chris Hani (10 de abril de 1993), secretario general del Partido Comunista Sudafricano y líder de la organización militar del CNA. Un asesinato nunca investigado a fondo y que se saldó con la detención y condena de un par de monigotes de extrema derecha sin querer ir más allá en las responsabilidades políticas, ya que éstas podrían poner al descubierto una inmensa trama tanto nacional como internacional involucrada en la “transición” sudafricana. Transición que dejó incólume el poder económico de los colonialistas blancos y así después de veintisiete años de teórica democracia, la vida de millones de proletarios negros no ha cambiado substancialmente.

¿En qué contexto mundial fue asesinado Hani?

La intervención de Chevardnadze, Ministro de Asuntos Exteriores de la URSS en 1988 en la Asamblea General de la ONU dejó claro que “los desacuerdos ideológicos deben ser excluidos de la política exterior y de la diplomacia” (1).

O en la entrevista concedida a Pravda por el académico Primakov, Presidente del Instituto de Relaciones Internacionales del PCUS con motivo del Encuentro Internacional “Asia-Pacífico: Diálogo, paz, cooperación” en relación a Kampuchea y Sudáfrica: “Somos partidarios de la reconciliación nacional y de la formación de gobiernos de coalición”.

A finales de octubre de 1988, M.Khatchatourov, vicepresidente de la agencia Novosti integrante de una delegación soviética en una gira por África austral, “rechazó la teoría “del todo o nada” en la lucha contra el apartheid y respaldó las negociaciones entre el Presidente Botha y los dirigentes africanos” (2). Obtuvo una respuesta de un editorialista del periódico zimbabuense The Herald: “Parece que la posición de la Unión Soviética ya no coincide con la posición de África sobre el aislamiento de Sudáfrica. Por el bien de la paz mundial, África debería capitular ante un apartheid reformado. Nuestro eminente colega parece olvidar que el régimen del apartheid se niega a abandonar el racismo” (3).

Andrei S. Pokrovski, responsable de los países de África austral en el Instituto de Estudios Africanos de Moscú afirmaba: “El gobierno de África del Sur y la ANC (Consejo Nacional Africano) aceptan que deben encontrar una solución al problema del apartheid. Las condiciones están a punto de florecer por la apertura de conversaciones aunque no haya unidad entre negros y blancos… El problema de la libertad de la población negra no puede resolverse de golpe, debe ser por etapas” (4).

La Unión Soviética en 1988 estableció relaciones diplomáticas de bajo nivel con Sudáfrica y firmó un acuerdo por cinco mil millones de dólares con la gigantesca empresa diamantífera De Beers, pese a la retórica de Moscú de adhesión a las sanciones y su apoyo al CNA.

En julio de 1991, EEUU decidió eliminar la Ley Anti-Apartheid. La OUA consideró en admitir a Sudáfrica, mientras que Kenia y Madagascar anunciaron que mejorarían los lazos comerciales y de transportes con Pretoria “como un gesto en apoyo a De Klerk”. La Comunidad Europea levantó su proscripción voluntaria sobre nuevas inversiones en Sudáfrica. Igualmente actuaron Dinamarca y Suecia.

En 1992, el gobierno sudafricano perpetró dos grandes masacres de población civil negra: La Masacre de Boipatong el 17 de junio y la Masacre de Bisho que tuvo lugar el 7 de septiembre con un resultado de centenares de asesinados (5)(6).

Este hecho llevó a que se suspendieran temporalmente las negociaciones entre gobierno y CNA, pero además en el interior del CNA se iban imponiendo las posiciones que reclamaban la vuelta e intensificación de la lucha armada contra el régimen del apartheid. Posiciones encabezadas por Chris Hani y Winfreda Madikizela “Winnie”. A pesar de ello Mandela y De Klerk suscribieron un “Registro de Entendimiento” el 26 de septiembre de 1992, según el cual ambas partes volverían a las negociaciones en marzo de 1993 para acordar un consenso en la participación de la transición y formular principios constitucionales.

Pero la oposición de una cada vez mayor de la militancia del CNA, de su brazo militar y del Partido comunista, ponían en tela de juicio la bondad de dichas negociaciones, tal como se constató posteriormente. Y es en este contexto que se produce el asesinato de Chris Hani cuyo papel político y líder en la lucha contra el apartheid ya estaba a punto de superar a Mandela.

Así, con el camino despejado, el 15 de octubre de 1993 se concedió el Premio Nobel de la Paz al presidente del CNA, Nelson Mandela y al presidente de Sudáfrica, Frederik De Klerk. Y el 18 de noviembre se firmó una constitución interina y un plan quinquenal para un gobierno de unidad nacional a elegir en 1994 (7).

Constitución que permitiría a los negros expulsados de sus hogares bajo el apartheid solicitar un pequeño pago gubernamental en concepto de reparación. Pero garantizaba a los propietarios de tierras y las empresas de los blancos que el gobierno no tomaría sus propiedades sin indemnizarles totalmente, y afectando solamente aquellas tierras o minas que estuvieran abandonadas, con lo cual daba protección constitucional a los que disponían la mejor y mayor parte de la riqueza del país. También, se garantizaba a los blancos que tendrían una cantidad mínima de escaños en los consejos municipales, sin importar cuán pequeño fuera su porcentaje de votos. Y acuerdos informales garantizaban que el ejército, la policía y la burocracia permanecerían en manos de la minoría blanca con el objetivo de impedir que los opositores de los acuerdos utilizaran la lucha armada.

Nabandle Nomzamo Winfreda Madikizela ‘Winnie’

También este mes de abril es el cuarto aniversario del fallecimiento de Nabandle Nomzamo Winfreda Madikizela “Winnie” (2 de abril de 2018) que como Hani criticó el acuerdo de Nelson Mandela con los dirigentes blancos para poner fin a la segregación en Sudáfrica: “Mandela nos abandonó, el acuerdo es malo para los negros”. Estas palabras de Winnie la convirtieron en un estorbo para el CNA. «Ella nos dio su vida y compromiso. Ella no traicionó nuestra lucha», dijo Jessie Duarte, vicesecretario general del Congreso Nacional Africano a raíz de su fallecimiento (8).

El veterano de la lucha Kingsley Makhubela considera a Madikizela una figura “que fue deshumanizada y tratada injustamente, pero estoy feliz de que la gente esté empezando a juzgarla muy justamente”. Lindiwe Hani, hija de Chris Hani, dijo que ayudó a empoderar a las mujeres de Sudáfrica. «Umama Winnie no necesita defensa. Sus acciones son la razón por la que puedo estar aquí como una mujer negra independiente, fuerte y sin complejos. No solo mantuvo el fuego del hogar encendido, recogió la leña y encendió el fuego. No tenía miedo» (9).

Frente a un Nelson que aceptó dejar las tierras y las minas sudafricanas en manos de la minoría blanca, se erigió una Winnie que mantuvo, alto y claro, que el apartheid no desaparecería mientras la riqueza del país siguiera concentrada en manos de la minoría. Exigía una nacionalización sin compensaciones de las tierras que los arrendadores blancos les habían expoliado.

A riesgo de granjearse la cólera de sus compañeros de partido, se convirtió en la portavoz de millones de sudafricanos que, desde sus chabolas, acusaban a los altos cargos del CNA de haberse aliado con la oligarquía blanca para poder explotarlos mejor. La voz de Winnie tenía más autoridad que ninguna para juzgar la acción de los dirigentes en las zonas más pobres. De ahí que gozara de tanta popularidad entre los más desfavorecidos, a pesar de las campañas de destrucción mediática y difamación no solamente en Sudáfrica, sino en todo el mundo occidental. Tan solo basta con leer los denigrantes panfletos escritos en todos los periódicos españoles, europeos y norteamericanos a raíz de su fallecimiento.

En una entrevista concedida al periodista francés François Soudan en septiembre de 2017, Winnie declaraba: “Mandela y yo hemos tenido numerosos desacuerdos. Desde el principio, él y sus allegados han cometido errores en las negociaciones sobre el poder de los blancos, errores cuyo precio estamos pagando ahora. Por ejemplo, el problema de las tierras. ¿En nombre de quién deberíamos pagar para volver a comprar lo que nos arrebataron a la fuerza? Y, ¿con qué dinero? El capital aún está en manos de la minoría blanca. No ha cambiado nada”.

Winnie tenía razón, puesto que más de un cuarto de siglo después de la abolición del apartheid, Sudáfrica seguía y sigue siendo propiedad de la minoría blanca: controla más del 73 % del territorio y casi la totalidad de las minas. El paro afecta al 35 % de la población, básicamente negra y a más de un 50 % de sus jóvenes.

Julius Malema, el exdirigente de la Liga Juvenil del CNA, que fue destituido por exigir la nacionalización de las tierras y de las minas concentradas en manos de la oligarquía, le rindió homenaje con estas palabras: «Ya que Mama Winnie, vivía con su pueblo y ya que nunca lo ha traicionado, le fue otorgado el título de Madre de la Nación. Alguien que jamás miró por encima del hombro a los negros y a las masas pobres” (10).

Dulcie Evonne September

Unos años antes, el 29 de marzo de 1988 fue asesinada en París la representante para Europa del Consejo Nacional Africano, Dulcie Evonne September. ¿Por qué fue asesinada? ¿Quién se benefició de su asesinato? ¿Por qué sus asesinos andan libres? ¿Por qué nunca el nuevo gobierno sudafricano ha abierto una investigación al respecto después de tantos años?

El impresionante trabajo de investigación periodística “Apartheid Guns and Money: A tale of profit“ (11), de Hennie van Vuuren revela que el asesinato de Dulcie intenta enmascarar una red de traficantes de armas, espías, políticos, corporaciones y banqueros.

Tras el asesinato de Dulcie September, el CNA se apresuró a instalar a un nuevo hombre en su antiguo puesto. Solly Smith, también conocido como Samuel Khanyile, que debía continuar el trabajo de Dulcie, pero posteriormente se averiguó que era un agente del Gobierno sudafricano. ¿Se colocó un agente doble en su oficina inmediatamente después de su asesinato para deshacer todo su trabajo de investigación del siniestro mundo de los políticos, espías, traficantes de armas y banqueros?

Según los documentos de archivo encontrados por Open Secrets aportan importantes pistas así como las notas personales de Dulcie September que no fueron confiscadas por las agencias de inteligencia y los agentes dobles. A través de ellas se confirma que investigaba las turbias redes de especuladores enriquecidos con el apartheid. Las pruebas actuales sugieren que Dulcie estaba investigando partes de esta siniestra trama poco antes de su asesinato. Si hubiera tenido éxito, las consecuencias habrían sido nefastas para empresarios, plutócratas, banqueros y políticos por igual, tanto de Sudáfrica como de Europa.

El papel de Dulcie September en la lucha ha sido borrado por muchos. No puede decirse lo mismo del empresario, banquero y político racista belga André Vlerick, profesor de economía en la Universidad de Lovaina y en la de Gante. Fundador de Protea (12), una organización belga de extrema derecha pro-apartheid que vendía armas al gobierno sudafricano y blanqueaba el dinero de dichas ventas a través del KredietBank (13). Además de Protea en Bélgica, creó “organizaciones hermanas” en Austria, Gran Bretaña, Dinamarca, Francia, Italia, Países Bajos, Suiza y Alemania Occidental. Y sin embargo su nombre figura actualmente entre los destacados prohombres belgas, sin el menor rubor, a imagen y semejanza de Leopoldo II, el gran genocida del Congo.

La Comisión de la Verdad y la Reconciliación (TRC) convocó en su momento una audiencia institucional especial de tres días sobre la colaboración del sector empresarial con el régimen del apartheid, incluido el suministro de armas, bienes y servicios utilizados con fines represivos. Aunque la CVR constató que «la mayoría de las empresas se beneficiaron de operar en un contexto racialmente estructurado» no se tomó ninguna medida al respecto, y con ello se enterraba definitivamente cualquier investigación sobre el asesinato de Dulcie Evonne September.

Como otros muchos revolucionarios en cualquier parte del mundo, o tan sólo personas que han intentado luchar sin descanso contra la explotación y el stato quo, sus nombres han sido denigrados o borrados de la memoria. Estas pequeñas líneas sirvan para denunciar la propaganda capitalista y rendir un pequeño homenaje a quienes no se han rendido y recuperar su memoria.

(1) Pravda 28 de septiembre de 1988
(2) Sunday Mail. Harare, 23 de octubre 1988
(3) The Herald, Zimbabwe, 27 de octubre 1988
(4) Alain Gresh. La diplomatie soviétique à l’épreuve. Le paix des grands, l’espoir des pauvres. La Découverte.1989. Pág. 165
(5) https://www.sahistory.org.za/article/boipatong-massacre-17-june-1992
(6) https://www.sahistory.org.za/article/bisho-massacre-1992
(7) El Fin Del Apartheid En Sudafrica. Augusto Hernández Campos. Profesor de Derecho Internacional Público de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lima.
(8) https://www.aa.com.tr/es/mundo/miles-de-sudafricanos-rinden-tributo-a-winnie-mandela/1115419
(9) https://www.voanoticias.com/noticias-internacional/madikizela-mandela-continua-su-lucha
(10) https://www.investigaction.net/fr/winnie-mandela-portrait-interdit/
(11) https://www.hurstpublishers.com/book/apartheid-guns-and-money/
(11) https://www.dailymaverick.co.za/article/2017-08-28-declassified-apartheid-profits-andr-vlerick-banker-and-bigot/
(12) https://derijkstebelgen.be/nieuws/kb-lux-en-verborgen-kant-andre-vlerick

 

 

Las guerras imperialistas siempre se inician con engaños, mentiras y fraudes

Hace 8 años los africanos dijeron que Francia había inventado un pretexto para intervenir militarmente en el Sahel, la Operación Barjan, y tenían razón. La versión oficial es falsa. Fue un montaje parecido a la “armas de destrucción masiva” en poder de Saddam Hussein.

Pero lo que digan o piensen los africanos no interesa a nadie y tuvo que ser un investigador francés, Jean-Christophe Notin, el que lo confirmara en un libro titulado “La guerra de Francia en Mali” (1).

Sin embargo, la versiones oficiales no cambiaron de puertas afuera, aunque tomando copas de calvados en un bar, los espías de la DGSE tampoco se prepocupaban en exceso por mantener la patraña del yihadismo.

En las facultades de intoxicación, los engaños periódísticos ya tienen una asignatura propia: “storytelling”. Son relatos poco o nada documentados que se cuentan para consumo de los telediarios y para convencer al público.

La versión oficial que llevó al ejército francés al Sahel es la siguiente: en enero de 2013 “columnas de yihadistas” machaban hacia la capital de Mali, Bamako, y el ejército francés llegó para frenarlos en seco. Luego ya no se quiso marchar.

“Ni los aviones de reconocimiento, ni los satélites franceses o estadounidenses han captado nunca movimientos masivos de forma flagrante. Nunca un consejero ha puesto los tópicos fatídicos sobre la mesa del Presidente de la República”, dice Notin.

La realidad es la siguiente: la operación militar llevaba varios años preparándose y se ha convertido en la más importante desde la guerra de Argelia.

En este clima el lunes comienza en Yamena, la capital de Chad, una cumbre entre Francia y los países del Sahel en la que participarán Emmanuel Macron y los jefes de Estado de Mauritania, Malí, Níger, Chad y Burkina Faso. La cumbre sigue a la de Pau, celebrada en enero del año pasado.

“Francia no ha dicho la verdad sobre la Guerra de Libia”, dice Notin en una entrevista en la cadena TV5 (2). Cuando leamos otra cosa, será toda una sorpresa. Cada vez las intervenciones imperialistas son más mediáticas y junto a los estados mayores viajan los periodistas encargados de crear realidades paralelas.

(1) https://www.tallandier.com/livre/la-guerre-de-la-france-au-mali
(2) https://www.youtube.com/watch?v=f7fVYa0FFiM

Uno de los dos dientes de Patrice Lumumba vuelve al lugar del crimen

Hace ahora 60 años Patrice Lumumba, que siempre ha encarnado las esperanzas de libertad de África, fue salvajemente asesinado por un escuadrón de policías belgas, junto con dos de sus compañeros, Joseph Okito y Maurice Mpolo, en medio de la savana de Katanga.

Los criminales trataron de borrar las huellas de su crimen y, de paso, también la memoria de un Continente que entonces aún andaba en pañales. Descuartizaron su cadáver y metieron los trozos en una cuba de ácido sulfúrico para hacerlo desaparecer.

Tenía 35 años cuando le asesinaron y sólo pudo ocupar seis meses su cargo de Primer Ministro de Congo. “Hemos conocido las ironías, los insultos y las palizas que hemos tenido que soportar mañana, tarde y noche porque éramos negros. Aprendimos que la ley nunca era la misma dependiendo de si eras blanco o negro”, dijo en uno de los discursos que ha pasado a la historia.

Del cuerpo del dirigente africano sólo se salvaron dos dientes, que fueron arrancados y robados por uno de los policías belgas que lo asesinó cobardemente después de secuestrarle.

En 1999 el asesino explicó que había arrojado los dos dientes al Mar del Norte, pero la familia de Lumumba reclamó las reliquias y en 2016 los tribunales belgas ordenaron el registro de la vivienda de su hija, donde encontraron uno de los dientes.

Ahora los jueces belgas acaban de ordenar su devolución a la familia de Lumumba, al Congo y a África, con el boato al que sólo los héroes de leyenda tienen derecho.

Lumumba nunca tuvo un funeral. “Es un muerto sin obituario”, dice Juliana, su hija, que ahora tiene 65 años. En las culturas centroafricanas, cuando no se entierra a los muertos, se les condena a vagar por los abismos. “Ya no lloro, estoy mal de la vista”, repite Juliana.

¿Podrá un pequeño diente llenar tan enorme vacío?

En 2001 Bélgica publicó las conclusiones de un informe de 800 páginas elaborado por una comisión de investigación parlamentaria. La comisión se creó para establecer “la posible participación de los dirigentes políticos belgas” en el atroz asesinato del dirigente africano. Al año siguiente el gobierno belga ofreció sus “profundas y sinceras disculpas” a la familia de Lumumba y al “pueblo congoleño”.

El informe no destapa las responsabilidades de la CIA y el MI6 británico en el crimen.

Estados Unidos sanciona a la fiscal del Tribunal Penal Internacional, Fatou Bensouda

Ayer Estados Unidos anunció que sancionaba a la fiscal del Tribunal Penal Internacional, Fatou Bensouda, y a todos los que la ayuden en sus tareas. Bensouda es una jurista gambiana de 59 años, que ejerció como ministra de Justicia de su país.

“Cualquier individuo o entidad que continúe ayudando materialmente a la fiscal también está sujeto a sanciones”, dijo Mike Pompeo, secretario de Estado, en una conferencia de prensa.

Como cualquiera que se interpone en su camino, Bensouda se ha convertido en la diana de Estados Unidos porque intenta abrir una investigación sobre los crímenes cometidos por los soldados estadounidenses en Afganistán.

En junio de este año Trump emitió una orden ejecutiva por la que autorizaba la imposición de sanciones a “funcionarios, empleados y agentes, así como a sus familiares directos” que trabajaran en la Tribunal Penal Internacional.

Hasta ahora el Tribunal Penal Internacional se ha dedicado a perseguir a políticos africanos en exclusiva, lo que desató numerosas críticas en el Continente Negro, que lo vieron como un nuevo instrumento colonialista.

Entonces nombraron a Bensouda para el cargo de fiscal y trataron de lavar su imagen con una investigación dirigida contra los crímenes de guerra cometidos por Estados Unidos en Afganistán.

En una entrevista a la cadena France 24, Bensouda dijo que las sanciones estadounidenses contra el Tribunal Penal Internacional constituyen un “ataque sin precedentes” contra la independencia del sistema judicial internacional ya que, generalmente, están reservadas a los terroristas y a señores de la guerra.

De momento no está claro si los jueces del Tribunal también están sancionados.

Una búsqueda en la base de datos SDN, donde constan los países, instituciones, empresas y personas sancionadas por Estados Unidos, muestra que la fiscal gambiana aparece dos veces, una con su nombre completo, Fatou Bom Bensouda, en la categoría de sanciones del ICCP impuestas por la orden ejecutiva de Trump.

La opción de la lucha armada gana terreno en el Sáhara Occidental

Considerado por la ONU como un territorio no autónomo pendiente de descolonización, el Sáhara Occidental sigue hoy ocupado por Marruecos más de 40 años después de la salida de España. En la parte del territorio ocupado por el Reino marroquí, defender el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui, conlleva a muchos riesgos y el camino hacia una solución pacífica del conflicto se está alejando año tras año.

Una carretera asfaltada cruza una zona desértica. Tienes que pasar un puesto de control del ejército argelino, varias rotondas, antes de llegar a lo que parece un pueblo abandonado en medio de la nada. Las casas están construidas de barro, algunas incluso de hormigón. A 1.800 kilómetros de Argel, Bojador es uno de los campamentos de refugiados saharauis establecidos desde 1975 tras la huida de la invasión militar marroquí.

En la región, cerca de la ciudad argelina de Tinduf, cerca de 200,000 personas, con estatus de refugiado, viven en varios campos, administrados por el Frente Polisario, la organización política del Sáhara Occidental y único legítimo representante de este pueblo.

Este territorio, colonia española, actualmente queda bajo ocupación marroquí desde 1975, cuando el rey Hassan II envió a 350,000 civiles marroquíes acompañados de 20.000 soldados “para devolver a la patria una tierra que nunca hemos olvidado”, según el monarca. Después de la muerte de Franco, España había abandonado sus colonias, al tiempo que abogaba por la autodeterminación del Sáhara Occidental. En el momento ya se sabe que el subsuelo es rico en fosfatos y otros minerales.

En el año de 2015, la ONG Oxfam lanzó una campaña internacional para enfatizar que el conflicto había durado 40 años y que toda una generación había nacido en campos de refugiados a la espera de una solución que nunca llegó.

Después de dieciséis años de guerra, entre el Frente Polisario y Marruecos, se firmó un alto el fuego en 1991. La ONU propone un plan de paz que prevea un alto el fuego y un referéndum a través del despliegue de la Minurso (Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental).

Actualmente Marruecos ocupa dos tercios del Sáhara Occidental, que denomina “Provincias del Sur”, mientras el Frente Polisario controla y administra el resto del territorio, llamado “territorios liberados del Sáhara Occidental”.

La ONU, tras la firma del alto el fuego, prometió al Polisario la organización de un referéndum donde el pueblo saharaui pueda decidir sobre su futuro, sin embargo esta consulta nunca tuvo lugar. Hoy en día, ese plan aún está bloqueado, especialmente en el tema del establecimiento del organismo electoral.

Marruecos aún no está reconocido como una Potencia administradora por las Naciones Unidas ni por otro cualquier Estado. El rey Mohammed VI propuso otorgar una “mayor autonomía” al pueblo saharaui mientras mantiene el control militar sobre el territorio, la moneda y los asuntos exteriores. La propuesta fue rechazada por el Frente Polisario que reivindica la independencia total.

En este contexto, cualquier libertad de expresión en el Sáhara ocupado, parece ser complicada. La ONG francesa de derechos humanos (ACAT) ha documentado durante años los ataques contra la libertad de expresión y la tortura sufrida por activistas de derechos humanos y activistas saharauis. Según la organización francesa, 177 manifestaciones pacíficas fueron reprimidas violentamente por Marruecos en 2014 y se registraron 84 violaciones de la libertad de expresión y asociación entre 2014 y 2016.

El último caso documentado por la ONG ACAT evoca el destino de 21 activistas y pro derechos humanos arrestados en el año 2010 como parte del desmantelamiento del campamento de Gdeim Izik. Ese año, 20,000 saharauis establecieron un campamento en protesta contra la discriminación sufrida por los saharauis del poder militar marroquí.

El campamento fue evacuado por la fuerza el 8 de noviembre de 2010, los enfrentamientos posteriores en El Aaiún causaron nueve muertos y heridos. En julio de 2017, los 19 saharauis, aún encarcelados, fueron condenados a penas severas, más de treinta años de prisión, a pesar de que sus abogados no podían representarlos en condiciones normales.

En su informe, ACAT explica que durante el juicio “los acusados se negaron a asistir a las audiencias y participar en lo que consideran una parodia de justicia. Sus abogados marroquíes y saharauis se retiraron y sus abogados franceses fueron despedidos automáticamente, dos de ellos incluso fueron expulsados violentamente de la sala del tribunal”.

En los campamentos de refugiados saharauis, las condiciones de vida son precarias en esta región inhóspita. En 2016, las inundaciones destruyeron gran parte de estos frágiles campamentos. Pero los jóvenes saharauis tienen la oportunidad de dejar estos campos. “Los viajes patrocinados por el Estado saharaui y los socios extranjeros permiten que los refugiados saharauis viajen al extranjero”, señala Hannah Armstrong, investigadora en Argel, en el World Policy Journal. “Los niños viajan a España en el marco del programa vacaciones en paz, y los que tienen veinte años son enviados al extranjero para estudiar y formarse para continuar el relevo de la mucha, hacen medicina en Cuba, hacer estudios de ingeniería en Argelia y ciencias políticas en Sudáfrica”.

El Frente Polisario, como único y legítimo representante, ha desarrollado principalmente su política en la resistencia pacífica. Sin embargo, hoy, en Bojador, la opción de la guerra es la que está ganando terreno en la mente de los jóvenes.

Mohamed lleva una camisa a cuadros. Estudiante de comunicación, también piensa que la guerra es la solución para el Sáhara Occidental. “No confío en Marruecos, Argelia o la ONU. Todos ellos tienen sus propios intereses en este conflicto. Nuestro gobierno (el Frente Polisario) nos está diciendo que mantengamos la calma, pero ya no puedo obedecer a eso. Tan pronto como nos digan que vamos a la guerra, nos iremos. Estamos preparados”.

https://www.elpaiscanario.com/sahara-occidental-la-opcion-de-la-lucha-armada-esta-ganando-terreno/

Los piratas del Caribe siempre han sido los imperialistas británicos

Aram Aharonian

El derecho nacional e internacional ya no cuenta y así lo demuestra el espectáculo del Tribunal de Comercio de Londres que decidió la entrega de las reservas de 30 toneladas de lingote de oro venezolanas guardadas en el Reino Unido, no a la nación sino al virtual y autoproclamado presidente interino (títeres de Washington) Juan Guaidó: un acto moderno de la más rancia piratería de la vieja Albion.

El 22 de junio comenzó en Londres el juicio por los activos de Venezuela bloqueados en Inglaterra. Se trata de unos 1.300 millones de dólares en propiedades estatales venezolanas. Durante décadas los gobiernos, incluso anteriores al chavismo, usaron sus barras de oro en las bóvedas subterráneas del Banco de Londres para transacciones financieras internacionales.

En las bóvedas del Banco de Inglaterra, como una secuela de sus tiempos imperiales, se guarda el 20 por ciento del oro mundial. La mayor parte del mismo fue dejado en guarda por los gobiernos de más de 30 países, que pagan una comisión por esa actividad.

Hoy el Banco de Londres se niega a cumplir con su obligación de devolverlas conforme a un contrato internacional vigente. ¿Lawfare?. U otra forma de expoliar a las naciones de sus pertenencias para con ellas invadirlas, sojuzgarlas y expoliar sus riquezas naturales para sus empresa trasnacionales.

Obviamente, a los flemáticos británicos de Su Majestad y el Brexit no se les dio pro expropiar los activos de los sanguinarios jeques que gobiernan ¿la democracia? de Saudi Arabia, por ejemplo.

Siguen el mismo libreto de Donald Trump, que también entregó los activos de Citgo, la filial estadounidense de la petrolera venezolana Pdvsa al mismo Guaidó. Y cuando necesitó adueñarse del gas y el litio bolivianos no dudó en usar a la Organización de Estados Americanos –y a su sicario Luis Almagro- para declarar un fraude electoral que nunca existió y poner el país en manos de sus socios de la rancia aristocracia genocida boliviana.

Recordemos que Guaidó fue investido y reconocido por Estados Unidos en ese carácter desde inicios de 2019. Luego varios países vinculados a la estrategia de los Estados Unidos han reconocido esa autoridad. No hay que ser un avezado conocedor de la situación para saber que ninguno de los miembros de eso que llaman “administración” que responde a Guaidó, reside en Venezuela. Todos ellos habitan en Estados Unidos y uno en Colombia.

El Reino Unido es una fuente de canalladas. Terratenientes, racistas, piratas, explotadores y saqueadores: tienen una rancia tradición de abolengo delincuencial. Esto de la piratería no es nuevo, si no recordamoes que aún retienen varias colonias en nuestra región: Anguilas, Bermudas, Islas Caimán, Islas Georgias del Suy y Sandwwich del Sur, Islas Malvinas, Islas Pitcairn, Islas Turcos y Caicos, Islas Vírgenes Británicas, Teritorio Antártico Británico.

¿Qué se puede esperar de un imperio talasocrático (estado cuyos dominios son principalmente marítimos) que se hizo de saqueos, piratería, despojos, trampas y esclavitud y cuya vanguardia son los corsarios de ayer y los bucaneros globalistas de hoy?

Basta visitar el Museo del Saqueo en Londres, también llamado Museo Británico, donde bien se puede demostrar la  expoliación de los objetos de las culturas milenarias de otras naciones. Pruebas no de las culturas, sino de la barbarie y expoliación imperial..

Tras la repartición de América por el papa Alejandro VI entre España y Portugal, los monarcas de Francia e Inglaterra y los Señores de Holanda inician una carrera para disputarles la hegemonía en el Nuevo Mundo.

A fin de cortarle las comunicaciones a los ibéricos, se asocian con salteadores navales que en tiempos de guerra declarada con otros reyes son llamados corsarios, y en tiempos de paz, piratas, para la ininterrumpida batalla de tres centurias que culmina con la hegemonía mundial de Inglaterra.

En 1576 asalta la isla Margarita el pirata  Andrew Barker, y William Hawkins la devasta en 1583. En 1596 Leonard Berry incursiona en Guayana, y el año siguiente lo hace el  corsario  Charles Leigh. Al saqueo se unen los holandeses. Entre otra nube de asaltos a la costa venezolana, el corsario inglés Charles Leigh arremete contra Guayana en 1602, el pirata  Robert Harcourt asalta Trinidad y el Orinoco en 1608 y el año siguiente Thomas Roe invade por las bocas del Amazonas y del Orinoco.

En 1595, si no me falla la memoria, sir Walter “Guantarral” Ralegh –marino, corsario, escritor, cortesano y político inglés, que popularizó el tabaco en Europa- incursiona una vez más en Trinidad, sus hombres asaltan  el Orinoco y Santo Tomé, y el caballero es derrotado en su proyecto de hacer de Guayana una colonia inglesa.

Su obra The Discovery of the large, rich, and beautiful Empire of Guiana editada en 1595 impulsó la leyenda de El Dorado, lo que dio pie a numerosas ediciones del libro, traducciones y nuevos libros relacionados con dicha leyenda. Acuñó una frase anunciadora del imperio inglés: «Quien posee el mar, posee el mundo entero».

Hasta Gabo García Márquez lo menciona en Cien Años de Solead, diciendo que fue él quien regaló su acordeón a Francisco el Hombre. Pero fue, quizá Eduardo Galeano quien nos explicó mejor la cuestión: El malevaje financiero secuestra países y los cocina si no pagan el rescate. La economía mundial es la más eficiente expresión del crimen organizado”.

“Los organismos internacionales que controlan la moneda,  el comercio y el crédito practican el terrorismo contra los países pobres, y contra los pobres de todos los países, con una frialdad profesional y una impunidad que humillan al mejor de los tirabombas», nos recordaba el autor de Les escuela del mundo al revés.

Pero la codicia, que nunca muere, durante varios siglos mantendrá vivo el plan hasta arrebatar a Venezuela parte fundamental  de su territorio inalienable, el Esequibo, hoy junto con piratas trasnacionales como la Exxon Mobil.

Los piratas del siglo XXI ya no tienen necesidad de asaltar barcos en ultramar (ahora asaltan bancos, también). Hoy utilizan los bancos, como sucedió con la desaparición –llámese robo– de la reserva internacional de Libia que se encontraba en el extranjero, qur ascendía a 300.000 millones de dólares, de los cuales, en oro eran unos 168.000 millones de dólares. La ayuda humanitaria nunca llegó después que asesinaron a Muamar Gadafi y destruyeron el país.

El oro de Venezuela fue repatriado entre 2011 y 2012 por el presidente Hugo Chávez. Actualmente es el primer país latinoamericano con reservas en oro: 161,2 toneladas, de las cuales 31 toneladas (19,2 por ciento) han sido secuestradas por el Banco de Inglaterra.

Antes estaba en Citibank, institución que debía devolver después de finiquitado las operaciones con el país, pero se lo entregó a su par inglés aludiendo que se lo impedía las sanciones de Trump, es decir, la nueva patente de corso.

”Es un robo, por eso en el siglo XVIII los piratas más famosos eran los corsarios ingleses, actuaban todos para la Corona Británica […] El Reino Unido viola el derecho internacional y le pretende robar los recursos a Venezuela”, afirmó el canciller venezolano Jorge Arreaza.

Dijo que el Banco de Inglaterra solo es el custodio, “esos recursos serían utilizados a partir de un convenio con el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) para la compra de equipos e insumos médicos necesarios para enfrentar la Covid-19“.

¿Con qué título, con fundamento en cuales derechos, a cuenta de qué se atreve esa nueva Santa Alianza de países ocupados por la OTAN que llaman la Unión Europea a sancionar funcionarios venezolanos o reconocer usurpadores votados por nadie?, se pregunta Luis Britto García.

Evidentemente, su inveterada costumbre de ser perpetuamente ocupados por tropas extracontinentales les hace olvidar lo que significan soberanía e independencia, y que ya los absolutismos del Viejo Continente no nombran ni deponen Capitanes Generales o Virreyes en América (¿o sí). “Propongo enviarles copia de nuestra Declaración de Independencia, a ver si se animan a declarar la suya”, señala el intelectual venezolano.

Las finanzas de la familia de la flemática y casi muda reina Isabel II van en aumento y muchos ciudadanos están molestos. Los costos de mantener a la realeza crecieron más del 40 por ciento entre 2018 y 2019 alcanzando 104 millones de dólares.

El tiempo pasa, y el Reino Unido mantiene su rasgo más típico: la piratería.

http://estrategia.la/2020/07/05/los-nuevos-piratas-de-la-vieja-albion/

El tráfico de drogas es consustancial al colonialismo y el imperialismo desde su origen

El tráfico de drogas (“legal”) fue iniciado por el Imperio Británico. Hay una continuidad. La etiqueta colonial se abandonó. Hoy en día el comercio de drogas (“ilegal”) es un negocio multimillonario.Los dos principales centros de producción hoy en día son:

Afganistán, que produce alrededor del 90 por ciento de la oferta mundial de opio (transformado en heroína y derivados). En 2000-2001 se puso en marcha un exitoso programa de erradicación de drogas (con el apoyo de la ONU) antes de la invasión encabezada por Estados Unidos y la OTAN en octubre de 2001. Desde la invasión y la ocupación militar, según la ONU (1), la producción de opio se ha multiplicado por 50, llegando a 9.000 toneladas en 2017.

— La región andina de América del Sur (Colombia, Perú, Bolivia) que produce cocaína. Colombia es un narcoestado apoyado por Estados Unidos.

La economía de las drogas es una parte integral de la construcción del imperio. El comercio de drogas está protegido por el ejército y el aparato de inteligencia de Estados Unidos.

Históricamente, el tráfico de drogas ha sido una parte integral del colonialismo británico. Era “legal”. El opio producido en Bengala por la Compañía Británica de las Indias Orientales se enviaba al puerto de Guangzhou, en el sur de China.

“La exportación de opio de la India británica a China, financiada por el Estado, fue posiblemente la mayor y más persistente operación de tráfico de drogas de la historia. En su momento de mayor apogeo, a mediados del siglo XIX, representó alrededor del 15 por ciento del total de los ingresos coloniales de la India y el 31 por ciento de las exportaciones de ese país. Para abastecer este comercio, la Compañía de las Indias Orientales -y más tarde el gobierno británico- desarrolló un sistema de cultivo altamente regulado en el que se contrató a más de un millón de agricultores al año para cultivar la adormidera.

“El sistema de organismos garantizaba que los agricultores no participaran en los grandes beneficios del comercio de opio. Gracias a su poder monopolista, lor organismos del opio fueron capaces de mantener el precio del opio en bruto justo al borde de la economía” (2).

Si bien la proporción de tierras agrícolas asignadas al opio era relativamente pequeña, la producción de opio bajo el dominio colonial contribuyó al empobrecimiento de la población india, desestabilizó el sistema agrícola y desencadenó muchas hambrunas.

Según un informe de la BBC:

“Los cultivos comerciales [de opio] solían ocupar entre un cuarto y la mitad de la granja de un campesino. A finales del siglo XIX el cultivo de la adormidera tuvo un impacto en la vida de unos 10 millones de personas en lo que hoy son los estados de Uttar Pradesh y Bihar.

“El comercio era administrado por la Compañía de las Indias Orientales, la poderosa multinacional establecida para el comercio con una carta real que le daba el monopolio de los negocios con Asia. Este comercio estatal se logró en gran medida a través de dos guerras, que obligaron a China a abrir sus puertas al opio de la India británica.

“Los estrictos objetivos de producción establecidos por el organismo del opio también significaban que los agricultores -el típico cultivador de adormidera era un pequeño agricultor- no podían decidir si producían o no opio. Se vieron obligados a someter parte de su tierra y su mano de obra a la estrategia de exportación del gobierno colonial” (3).

Cuando el emperador chino Qing Daoguang ordenó la destrucción de las existencias de opio en el puerto de Guangzhou en 1838, el Imperio Británico le declaró la guerra a China con el argumento de que estaba impidiendo la libre circulación del comercio de mercancías.

El término “tráfico” se aplica a Gran Bretaña. Fue tolerado y apoyado durante todo el reinado de la Reina Victoria (1837-1901). En 1838 se exportaban 1.400 toneladas de opio al año de la India a China. Tras la primera guerra del opio, el volumen de esos envíos (que duró hasta 1915) aumentó drásticamente.

La primera guerra del opio (1838-1842), que representó un acto de agresión contra China, fue seguida por el Tratado de Nanking de 1842, que no sólo protegió las importaciones británicas de opio en China, sino que también otorgó derechos extraterritoriales a Gran Bretaña y otras potencias coloniales, lo que dio lugar a la formación de puertos abiertos (Tratado de los Puertos).

Los enormes ingresos procedentes del comercio del opio fueron utilizados por Gran Bretaña para financiar sus conquistas coloniales. Hoy en día se llamaría “lavado de dinero negro procedente de las drogas”. La canalización de los ingresos procedentes del opio también se utilizó para financiar el Banco de Hong Kong-Shanghai (HKSB), creado por la Compañía de las Indias Orientales en 1865 tras la primera guerra del opio.

En 1855 John Bowring negoció, en nombre del Ministerio británico de Asuntos Exteriores, un tratado con el Rey Mongkut (Rama IV) de Siam, llamado ”Tratado anglo-siamés de amistad y comercio”, que permitía la importación libre e ilimitada de opio en el Reino de Siam (Tailandia).

Si bien el comercio de opio de Gran Bretaña con China fue abolido en 1915, el monopolio británico del comercio de drogas continuó hasta la independencia de la India en 1947. Las filiales de la Compañía Británica de las Indias Orientales, como Jardine Matheson, desempeñaron un papel importante en el comercio de drogas.

Los historiadores se han centrado en la trata triangular de esclavos del Atlántico: esclavos de África exportados por las potencias coloniales a las Américas, seguidos de bienes producidos en plantaciones con mano de obra esclava y exportados a Europa.

El comercio colonial de drogas en Gran Bretaña tenía una estructura triangular similar. El opio producido en las plantaciones coloniales por los agricultores pobres de Bengala se exportó a China, cuyos ingresos (pagados en monedas de plata) se utilizaron en gran medida para financiar la expansión imperial de Gran Bretaña, incluida la minería en Australia y Sudáfrica.

No se pagó ninguna compensación a las víctimas del tráfico de drogas del Imperio Británico, ni a los empobrecidos campesinos de Bengala.

Junto con la trata de esclavos en el Atlántico, el tráfico de drogas colonial fue un crimen contra la humanidad.

Tanto el comercio de esclavos como el de drogas están alimentados por el racismo. En 1877, Cecil Rhodes propuso un plan secreto que consistía en integrar los imperios británico y americano en un solo imperio anglosajón:

“Sostengo que somos la raza más hermosa del mundo… Sólo imagina las regiones que actualmente están habitadas por los más despreciables especímenes de seres humanos… ¿Por qué no deberíamos formar una sociedad secreta… para que la raza anglosajona se convierta en un imperio?

“África siempre está lista para nosotros; es nuestro deber tomarla… Es nuestro deber aprovechar todas las oportunidades para adquirir más territorio, y debemos tener constantemente ante nuestros ojos la idea de que más territorio significa simplemente más de la raza anglosajona, más de la mejor, más humana, más honorable raza que tiene el mundo”.

Existe una continuidad entre la legítima “guerra contra las drogas” de estilo colonial dirigida por el Imperio Británico y las actuales estructuras del tráfico de drogas: Afganistán bajo la ocupación militar de Estados Unidos, los narcoestados de América Latina.

Hoy en día el tráfico de drogas es un negocio multimillonario. La Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito estima que el blanqueo de dinero de las drogas y otras actividades delictivas representan entre el 2 por ciento y el 5 por ciento del PIB mundial (4), es decir, entre 800 y 3 billones de dólares. El dinero de la droga se blanquea a través del sistema bancario mundial.

Recuerden el escándalo de la cocaína crack revelado en 1996 por el periodista Gary Webb. El crack se vendía a comunidades afroamericanas en Los Ángeles.

Desde 2001, la venta al por menor de heroína y opioides se ha ido «armando» cada vez más para luchar contra el racismo, la pobreza y la desigualdad social.

Si bien el comercio de drogas es ahora una fuente de riqueza y enriquecimiento, la drogadicción, incluido el uso de heroína, opioides y opioides sintéticos, ha explotado. En 2001, 1.779 estadounidenses murieron como resultado de una sobredosis de heroína. En 2016 la adicción a la heroína provocó 15.446 muertes.

Estas vidas se habrían salvado si Estados Unidos y sus aliados de la OTAN no hubieran invadido y ocupado Afganistán en 2001.

(1) https://www.unodc.org/documents/crop-monitoring/Afghanistan/Afghan_opium_survey_2017_cult_prod_web.pdf
(2) http://barrett.dyson.cornell.edu/NEUDC/paper_364.pdf
(3) https://www.bbc.com/news/world-asia-india-49404024
(4) https://www.unodc.org/unodc/en/money-laundering/globalization.html

Más información:

— El imperialismo cambia su política ‘antidrogas’
— La CIA llenó de drogas los barrios pobres de Los Ángeles
— Cuanto más dinero gasta Estados Unidos en la ‘lucha contra las drogas’, más drogas se fabrican
— La guerra del opio en Afganistán

El colonialismo británico extendió el terror por Kenia a través de una red de campos de concentración

El Mau Mau (un término cuyo origen etimológico es incierto) se marcó como objetivo expulsar a los ingleses de Kenia, pero no por medios constitucionales, como habían intentado hasta entonces Kenyatta y otros políticos, sino de forma violenta.

El movimiento comenzó en las White Highlands, a finales de los años cuarenta, pero en 1950 se había extendido a Nairobi. En aquel año fue prohibido por el Gobierno colonial.

Al Mau Mau pertenecieron no sólo hombres adultos, sino también mujeres y niños. Los miembros del Mau Mau ingresaban en la organización mediante una ceremonia en la que, desnudos, a menudo entraban en trance y prestaban uno o varios juramentos (había siete juramentos en total). Durante el ritual se bebía sangre animal (a veces humana) y se comía carne cruda.

El juramento suponía un contrato moral, para los kĩkũyũ era algo sagrado, y violarlo significaba romper la lealtad al Mau Mau y sufrir la cólera del dios creador, Ngai, que los castigaría con enfermedades o incluso la muerte.

Todavía hoy, muchos antiguos miembros de Mau Mau creen en el poder del juramento y en las fatales consecuencias de divulgar sus secretos.

Para el Gobierno y los colonos, el juramento representó un claro ejemplo del primitivismo y el salvajismo de los kĩkũyũ; para éstos fue la respuesta lógica ante las injusticias políticas y socioeconómicas que sufrían.

Hubo cientos de miles de kĩkũyũ que pasaron a formar parte del Mau Mau; luchaban por ithaka na wiyathi, es decir, “la tierra y la libertad” (de hecho, el auténtico nombre del Mau Mau era Ejército de la Tierra y la Libertad de Kenia). Este concepto era algo ambiguo: para algunos representaba el fin del trabajo forzado, para otros era la esperanza de poder recuperar las tierras que los blancos les habían arrebatado y así alimentar a sus hijos.

En cualquier caso, los enemigos eran los británicos y los nativos que habían medrado en la sociedad colonial; estos últimos, conocidos como loyalists –“leales”–, eran muy poderosos y poseían varias porciones de las reservas kĩkũyũ. Incluso contaban con el estatus especial de senior chief.

Había otro grupo, el de los kĩkũyũ completamente convertidos al cristianismo, que sufrirían la persecución tanto del Mau Mau como de los “leales”.

Para la mayoría de los kĩkũyũ estos “leales” representaban lo más corrupto de la civilización británica y el Mau Mau decidió que debían ser eliminados.

La tarde del 9 de octubre de 1952, el más famoso de los “leales”, el senior chief Waruhiu, fue asesinado a tiros en el interior de su coche en Nairobi por hombres del Mau Mau disfrazados de policías.

Para entonces, el Mau Mau ya contaba en su historial con varios asesinatos (incluido el de un blanco el 3 de octubre) y destrozos en propiedades de los colonos; éstos, presas del pánico, apremiaron al nuevo gobernador de Kenia, Sir Evelyn Baring, para que tomase medidas contra los kĩkũyũ.

Baring decretó el estado de emergencia mientras muchos kĩkũyũ celebraban la muerte de Waruhiu con cantos y bailes que todavía hoy se recuerdan.

El 21 de octubre, Jomo Kenyatta fue detenido (a pesar de que no tenía relación con el Mau Mau y había asistido al funeral de Waruhiu), junto a otros 180 líderes kĩkũyũ. Permanecería preso hasta 1961. Se convirtió así en un mártir. Estas medidas no sólo no acabaron con el Mau Mau sino que lo pusieron en manos de líderes jóvenes y radicales, dispuestos a todo.

Comienza la guerra de liberación

Comenzaron a llegar soldados británicos a Kenia. Comenzaba a prepararse la guerra.

En los días siguientes, el Mau Mau se dedicó a asesinar a varios colonos en sus granjas; los cadáveres de hombres y mujeres aparecían terriblemente mutilados por los machetes (pangas) de los asesinos.

El 24 de enero de 1953 tuvo lugar una acción del Mau Mau que provocó un tremendo impacto en Europa: el asesinato de la familia Ruck (Roger, Esme y su hijo de seis años Michael). Los asesinos fueron los sirvientes de la familia. Se publicaron fotos del niño mutilado y rodeado de sangre por todas partes.

Al día siguiente, 1.500 colonos marcharon hacia la sede del Gobierno en Nairobi clamando por medidas radicales. Muchos pedían el exterminio de la población kĩkũyũ.

El 26 de marzo el Mau Mau llevó a cabo dos importantes acciones. Por un lado, unos ochenta de sus hombres asaltaron la central de policía de Naivasha, donde se apoderaron de gran cantidad de armas y municiones y liberaron a cerca de 200 de sus miembros que estaban allí presos. Horas después, el Mau Mau atacó las granjas del senior chief Luka (un importante “leal”), en Lari, cerca de Nairobi. Los guerrilleros quemaron las casas con sus habitantes dentro, y si alguno trataba de escapar era golpeado hasta la muerte. Hombres, mujeres y niños fueron mutilados y asesinados. En total hubo 97 asesinatos.

El Gobierno llevó la prensa a Lari para que informase de todo con detalle. Lo que no se dijo es que después, como represalia, unos 400 miembros del Mau Mau fueron ejecutados por los militares y la policía.

Pero las masacres realizadas por los británicos ya habían comenzado antes. Así, el 23 de noviembre de 1952 varios cientos de kĩkũyũ se congregaron en una plaza de la pequeña población de Kiruara porque querían escuchar las profecías de un hombre joven que estaba proclamando el fin del colonialismo. Aparecieron varios oficiales blancos junto a unas decenas de policías negros y algunos “leales” locales. Éstos exigieron a la multitud que se dispersara. Como no fue así, los oficiales ordenaron abrir fuego sobre los kĩkũyũ.

Cerca de 100 personas desarmadas fueron asesinadas y enterradas en una fosa común cercana, aunque las autoridades sólo reconocieron haber causado 15 muertos y 27 heridos.

El estallido de la guerra en Kenia y la aparición del Mau Mau tuvieron un gran impacto en todo el mundo a comienzos de los años cincuenta. La propaganda británica se esforzó en mostrar la lucha como un enfrentamiento entre la civilización y una secta de bárbaros criminales antieuropeos y anticristianos. Pocas personas en Europa se preocuparon por las demandas de los “salvajes”, como se conocía a los miembros del Mau Mau.

Más de mil keniatas ahorcados públicamente

En mayo de 1953 se encargó al general Sir George “Bobby” Erskine, veterano de la Segunda Guerra Mundial y amigo personal de Winston Churchill (por entonces de nuevo primer ministro), que dirigiese las operaciones militares contra el Mau Mau en las selvas de Kenia. Cerca de 10.000 británicos, apoyados por la Royal Air Force y 25.000 hombres de las fuerzas leales, se enfrentaron a varias decenas de miles de hombres del Mau Mau.

Entre los británicos había un grupo conocido como los “pseudogangsters”, unos jóvenes colonos dirigidos por el criminal Ian Henderson, que se distinguieron por su brutalidad y su afición a las torturas. Henderson consiguió atrapar en 1956 a uno de los líderes del Mau Mau, el mariscal Dedan Kimathi, que fue ahorcado.

Por estas acciones Henderson fue condecorado. Más tarde se haría famoso como jefe de la Seguridad del Estado de Baréin, puesto que ocupó entre 1966 y 1998 y desde el que siguió torturando a la gente de forma sistemática. Henderson murió el 13 de abril de este año.

Hay que decir que más de 1.000 personas fueron ahorcadas públicamente en Kenia acusadas de pertenecer al Mau Mau, a pesar de que en el Reino Unido las ejecuciones públicas estaban prohibidas desde hacía un siglo.

A finales de 1954 el Ejército Británico prácticamente había derrotado al Mau Mau en la selva (aunque hubo grupos que continuaron la lucha algún tiempo más), algo lógico teniendo en cuenta que sus hombres no contaban con apoyo externo y muchas de sus armas eran artesanales. De hecho, resulta de lo más sorprendente que aguantaran tanto frente a un ejército moderno.

Pero otra guerra se estaba librando en el resto de Kenia.

El estado de emergencia se mantuvo en el país hasta 1960, a pesar de que el Mau Mau ya había sido derrotado hacía años. ¿Por qué?

Paralelamente a la guerra librada por Erskine en las selvas, el gobernador Baring llevó a cabo otra en el resto de la colonia contra los kĩkũyũ sospechosos de pertenecer al Mau Mau. Es decir, contra un enemigo civil. El estado de emergencia fue la excusa perfecta para que Baring y el Gobierno colonial británico (con la colaboración de los secretarios para las colonias Oliver Lyttelton y Alan Lennox-Boyd) promulgasen docenas de leyes arbitrarias y opresivas (conocidas como “Emergency Regulations”), extendiesen el terror por Kenia y provocasen uno de los mayores y más desconocidos genocidios del siglo XX.

Las medidas tomadas por los británicos incluían castigos, toques de queda, controles, confiscaciones de propiedades y tierras, censura, ilegalización de organizaciones políticas, detenciones sin juicio, imposición de nuevos impuestos y, finalmente, la creación de una vasta red de campos de concentración denominada Pipeline.

Quemar los documentos para borrar la historia

Entre 1995 y 2005, la historiadora estadounidense Caroline Elkins, de la Universidad de Harvard, se dedicó a investigar lo sucedido en Kenia durante los años cincuenta. Los resultados de su gigantesco trabajo se publicaron en el libro “Imperial Reckoning: The Untold Story of Britain’s Gulag in Kenya”, que en 2006 ganó el premio Pulitzer.

Elkins comenzó sus investigaciones consultando los archivos oficiales en Londres. Según la historiografía británica, los campos de concentración en Kenia no tenían la misión de castigar a los kĩkũyũ, sino de civilizarlos. Tradicionalmente se ha dado la única versión de que los británicos en realidad se dedicaron a enseñar a los nativos a ser buenos ciudadanos y así poder ser capaces de hacerse con el control del país más tarde. Según dicha versión, a los británicos tan sólo se les podría culpar de paternalistas. Se admitió, eso sí, la existencia de algunos “incidentes” no exentos de brutalidad, aunque no habrían sido sino hechos aislados. Los archivos de Londres corroboraban esta versión. Entonces Elkins decidió ir a Kenia, y una vez allí en seguida comenzó a observar algunos detalles que llamaron su atención: en los Archivos Nacionales de Kenia faltaban documentos referentes a los campos de concentración británicos, o permanecían clasificados como confidenciales casi cincuenta años después de la aparición del Mau Mau.

Oficialmente, 80.000 kĩkũyũ habían sido detenidos por los británicos y sus colaboradores en los años cincuenta, pero Elkins descubrió que el Gobierno colonial había destruido incontables archivos referentes a dichas detenciones en 1963, el año en que los ingleses se marcharon de Kenia. Para que nos hagamos una idea: considerando que existieron en su momento documentos de cada persona detenida, Elkins se dio cuenta de que el número de archivos destruidos era del orden de 240.000. Pero ella no cejó en su empeño y desarrolló una exhaustiva investigación por Kenia. A lo largo de los años consiguió reunir algunos cientos de documentos incriminatorios en Nairobi. Afortunadamente los británicos no lo habían destruido todo, pero Elkins tuvo que realizar una tarea tediosa, durante la cual la mayoría de las veces no encontraba nada. Poco a poco, durante meses y meses, fue reuniendo las piezas de un puzzle, averiguando los nombres y el número de los campos de concentración (no existía ningún listado), juntando cartas de detenidos, consultando documentos privados, archivos de periódicos y de las misiones, y llegando a la conclusión de que los documentos que encontraba invalidaban completamente la famosa cifra de los 80.000 detenidos.

Primero pensó en 160.000, después se dio cuenta de que no pudieron ser menos de 320.000. Entonces Elkins descubrió que los británicos no sólo detuvieron a los hombres, sino también a las mujeres. Y a los niños. Y descubrió igualmente que no sólo se encerró a los kĩkũyũ en campos de concentración tras deportarlos: también se rodeó sus aldeas de alambre de espino, torres de vigilancia y guardias, transformándolas así también en campos. Hubo ciento cincuenta campos por todo el país, aunque Elkins señala que nunca se podrá conocer el número exacto.

Todo el país era un inmenso campo de concentración.

Y esto fue así porque los británicos consideraron durante años que la práctica totalidad de la población kĩkũyũ (excepto los colaboracionistas) era sospechosa de pertenecer al Mau Mau.

De esa forma, encerraron a un millón y medio de personas, hombres, mujeres y niños.

Elkins pensó en entrevistar a supervivientes. Encontró a trescientos. Entrevistarlos no fue fácil, porque se mostraban reticentes a hablar hasta estar seguros de que ella era estadounidense y no británica. Muchos de sus escalofriantes testimonios aparecen en el libro. También consiguió entrevistar a algunos antiguos “leales” (más difícil todavía) e incluso a viejos oficiales y misioneros.

Se encontró con que los culpables admitían los crímenes.

300.000 keniatas fueron asesinados por los colonialistas

Elkins llegó a la conclusión tras sus investigaciones de que efectivamente el Mau Mau fue una organización sangrienta y brutal, como siempre se ha dicho, pero que los británicos fueron muchísimo peores, tanto en proporción como en número de víctimas.

Oficialmente el Mau Mau asesinó a menos de 100 blancos y cerca de 1.800 “leales”. Por su parte los británicos reconocieron haberse llevado por delante a 11.000 miembros de Mau Mau.

Elkins descubrió que en realidad el número de víctimas mortales de los británicos pudo haber llegado a las 300.000 personas.

Las muertes en los campos se producían por agotamiento, enfermedades e inanición. Pero también por malos tratos sistemáticos y torturas que, huelga decir, vulneraban lo acordado en la Convención Europea de Derechos Humanos así como en la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU, ambas firmadas por el Reino Unido.

Las deportaciones en masa comenzaron a principios de 1953, acompañadas del screening. En teoría, screening era la palabra para designar los interrogatorios de los sospechosos de pertenecer al Mau Mau. En la práctica significó torturar a los detenidos para hacerles hablar. Los kĩkũyũ adoptaron la palabra, ellos no tenían en su idioma ninguna que significase lo mismo.

Screening era sinónimo de terror.

Durante el cribado era habitual que se golpease a los detenidos o se les apagasen cigarrillos en la piel. Se les practicaban electrochoques, se les quemaba, se les cortaba con cuchillos o botellas rotas, se les amenazaba con serpientes o se les introducían objetos por el recto o la vagina. A las mujeres se les aplastaba los pechos, y a los hombres los testículos. Se les mutilaba sólo por ser sospechosos. En el Valle del Rift un hombre conocido como Dr. Bunny dirigía un centro de interrogatorios. Se le apodaba “el Josef Mengele de Kenia”, entre otras cosas porque obligaba a los detenidos a tragarse sus propios testículos.

Todas estas salvajadas (miles) se mantenían en secreto, aunque el gobernador Baring estaba muy al tanto de ellas.

Las deportaciones se recrudecieron a partir de la denominada Operación Anvil, el 24 de abril de 1954, cuando casi todos los kĩkũyũ de Nairobi fueron detenidos y deportados.

‘Abandonad toda esperanza’

En los campos de concentración las torturas y los malos tratos eran habituales. Lo más frecuente eran los golpes. A los detenidos se les golpeaba siempre: cuando llegaban, mientras trabajaban, por la mañana, por la tarde y por la noche. Se les golpeaba hasta que la sangre les chorreaba por los oídos.

Los campos eran dirigidos por oficiales blancos y custodiados por guardias negros, que a veces eran tan bestias como los blancos.

En el campo de Manyani había un oficial blanco cuya madre había sido asesinada por el Mau Mau. Tenía un ayudante negro llamado Wagithundia. Ambos torturaban como si tal cosa. Obligaban a los detenidos a realizar marchas durante las cuales les golpeaban sin parar. En ocasiones les ataban los tobillos y les obligaban a saltar mientras les seguían golpeando hasta que a los desgraciados les colgaban jirones de piel. Despertaban a los prisioneros a cualquier hora de la noche, les obligaban a permanecer de pie indefinidamente, y si hacían amago de sentarse eran golpeados una y otra vez por los guardianes. Los dejaban sin comer durante días, y después les obligaban a tragar grandes cantidades de cereales, lo que les producía dolores insoportables. Entonces Wagithundia se ponía a saltar sobre el estómago de algún detenido mientras hacía que otros le sujetasen. Las víctimas gritaban sin parar y, en ocasiones, morían.

Phillip Macharia, prisionero del Pipeline, comentó que “es mucho lo que un hombre puede soportar”, aunque él acabó confesando su juramento. Según sus palabras, sintió que su vida no daba más de sí tras ser repetidamente golpeado y ver a sus compañeros torturados y asesinados. Decidió confesar cierto día en que los guardianes le obligaron a él y otros a correr con cubos llenos de mierda encima de las cabezas:

“Teníamos excrementos y orina chorreando por la cara y la espalda; los guardias blancos nos golpeaban con sus porras para hacernos ir más rápido. Unos días después me interrogaron, y entonces confesé mi juramento para salir de ese infierno en que estaba viviendo”.

Existía la posibilidad de rehabilitarse para los que confesaban y repudiaban al Mau Mau. Éstos se convertían en colaboradores de los blancos, denunciaban a sus antiguos compañeros e incluso podían llegar a ser guardias y participar en castigos y torturas. Algunos kĩkũyũ se convirtieron en cristianos fanáticos y conminaban a los presos a “aceptar la sangre de Cristo y vomitar el veneno del Mau Mau”.

En la entrada del campo de concentración de Aguthi se leía: “Quien se ayude a sí mismo será también ayudado”. En la del campo de Fort Hall el cartel de bienvenida decía: “Abandonad la esperanza todos los que entréis aquí”, como si fuese el Infierno de Dante. Y en la del campo de Ngenya se decía: “Trabajo y libertad”. Como señala Elkins, estos eslóganes recuerdan por ejemplo al que figuraba en el campo soviético de las islas Solovky (“¡A través del trabajo – libertad!”), o al de Auschwitz (“El trabajo os hará libres”).

Las torturas sexuales

Las torturas sexuales eran muy frecuentes. Se sodomizaba a los presos con objetos, animales, insectos o directamente se les violaba sin más. Una tortura preferida por Wagithundia era colocar al preso boca abajo y meterle la cabeza en un cubo lleno de agua. Entonces, en esa posición, se le metía arena por el ano empujándola con un palo. Después se le introducía por el mismo sitio agua, y después arena otra vez. De vez en cuando se sacaba del cubo la cabeza del desgraciado para que pudiese respirar.

Las mujeres tampoco escapaban a las torturas: se les golpeaba, azotaba o violaba con botellas o cualquier otro objeto. Sufrían violaciones de forma habitual. Una de las torturas practicadas a las mujeres era la siguiente: después de desnudarlas y golpearlas, se les introducía por la vagina una pasta que contenía pimienta y agua en algunos casos, o pimienta y petróleo en otros. Para que toda la pasta quedase bien dentro los guardias se ayudaban del tacón de las botas. Entonces las desgraciadas sentían que les ardía todo además de la vagina: los oídos, los ojos, la nariz, la boca…

Y se pasaban días vomitando y agonizando.

La mortalidad entre los niños prisioneros era muy elevada, sobre todo a causa de la falta de comida y las enfermedades (como la tuberculosis o el tifus). Cuando los niños caían enfermos eran desatendidos y morían.

Casi todas las atrocidades cometidas por los británicos en Kenia permanecieron en secreto mucho tiempo, aunque algunas fueron denunciadas entonces.

Los primeros que clamaron contra los crímenes fueron misioneros, pero sus voces fueron rápidamente acalladas. No obstante, a finales de 1955 la magnitud de los crímenes británicos era tal que el Partido Laborista, en la oposición, decidió pasar a la carga. Líderes de dicho partido, como Barbara Castle, arremetieron en la Cámara de los Comunes contra el secretario para las colonias, Lennox-Boyd, que condenaba los crímenes que salían a la luz para a continuación afirmar que se trataba de hechos aislados. Castle decidió investigar por su cuenta, se fue a Kenia y cuando regresó al Reino Unido llevaba varios casos de torturas bajo el brazo. Tras nuevos debates en los Comunes, Lennox-Boyd prometió investigar los casos que denunciaba Castle. Pero todo quedó en agua de borrajas.

En el corazón del Imperio Británico hay un estado policial donde el funcionamiento de la ley se ha quebrado, donde los asesinatos y torturas de africanos tienen impunidad y donde las autoridades comprometidas en hacer cumplir la justicia regularmente son cómplices de su violación.

El 12 diciembre de 1963 el Reino Unido tuvo que conceder la independencia a Kenia.

Jomo Kenyatta, puesto en libertad dos años antes y primer ministro desde hacía unos meses, se convirtió en presidente de la nueva república en 1964. Decidió seguir una política conciliadora y, por tanto, no hubo castigos contra los crímenes cometidos por los británicos y sus colaboradores.

Durante medio siglo pareció que nunca se iba a hacer justicia, pero en 2011 salieron a la luz cientos de documentos que probaban los crímenes británicos en Kenia.

El año pasado por fin un juez del Tribunal Supremo británico dio luz verde a las demandas que algunos supervivientes del genocidio vienen pleiteando desde 2009 contra el gobierno.

Y por lo visto, este año el Gobierno británico ha decidido pagarles indemnizaciones, lo que supone el reconocimiento de los crímenes.

Tarde, muy tarde, pero algo es algo.

— https://andaquepaque.blogspot.com/2013/05/kenia-el-gulag-britanico-ii.html

Más información:
— ‘Operation Legacy’: el Imperio Británico destruyó los documentos que prueban los crímenes que cometió en sus colonias

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies