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La estrategia de China para ponerse a la cabeza del capitalismo mundial

En el sur de China, una isla fue convertida en un megacentro de alta educación que alberga 10 universidades en las que estudian 120.000 alumnos. Fue construida en un año y medio y cuenta con una línea directa de metro con la ciudad de Cantón (Guangzhou). Fue dotada con la más avanzada tecnología de la información, con laboratorios de última generación, con espléndidas bibliotecas y con un estadio olímpico para practicar deporte. Además, da cabida a 50 centros de investigación dedicados a áreas punteras del “management”, las tecnologías de la información, la medicina o la ingeniería. Y no es más que uno de los ejemplos, señalaba en 2011 Phillip Brown, profesor de Ciencias Sociales en la Universidad de Cardiff, y coautor, junto con Hugh Lauder y David Ashton, de “The Global Auction” (Oxford), de cómo China invirtió gran parte de su superávit en formar profesionales muy cualificados.

No era un intento de ascender en los “rankings” educativos, sino la expresión de un plan para dotar a China de aquello de lo que carecía: trabajadores cualificados, mandos intermedios y directivos globales. La potencia asiática no solo está tratando, mediante planes como “One Belt, One Road” [la nueva Ruta de la Seda], de dotar de recursos que asienten a un país demasiado dependiente de la globalización, sino que en él se deja sentir un deseo de reconquista, de volver a ser quien siempre ha sido. Como asegura Lourdes S. Casanova, la española que dirige el Instituto de Mercados Emergentes de la Universidad de Cornell, “China pretende restablecer el poder comercial perdido, ese que tuvo hasta hace 200 años. Considera que estos dos siglos no son más que un paréntesis. Y ahora trata de recuperar su presencia mundial a través del ‘soft power’, como hizo EEUU antes”.

Según Casanova, basta con mirar la lista “Fortune” —en la que se incluyen las 500 mayores empresas del mundo— para encontrarnos con pruebas de su éxito. “Hace 10 años, había en el ‘ranking’ 180 empresas estadounidenses. Hoy son 130 por 103 chinas”.

Este desarrollo tiene que ver con un cambio de mentalidad sustancial: el país asiático basaba su crecimiento en la mano de obra barata y en la copia de productos de éxito. Pero, además de sacar partido de esa posición, como bien aseguraba Jack Ma, ahora están innovando. “State Grid, la segunda mayor empresa del mundo en ventas detrás de Wal Mart, ha conseguido triunfar gracias al desarrollo de un sistema en los electrodomésticos que permite paliar los problemas de transmisión de electricidad, y firmas como Tencent, Alibaba o We Chat son muy importantes en su sector por su tecnología”.

El momento es crucial, porque coincide con el paso atrás global de EEUU, y China está ocupando los espacios que ha dejado vacíos. El país asiático está invirtiendo (por orden de importancia) en Asia, Latinoamérica, Europa, EEUU y África. “Pero si miramos los datos de fusiones y adquisiciones”, señala Casanova, “Europa es la región en que más está invirtiendo, ya que aquí consigue tecnología y logística”. El Mediterráneo es una zona de especial interés para los chinos, “que adquirieron puertos griegos, ya que al entrar por el canal de Suez pueden llevar mejor sus productos a Europa del Este, y ahora los están comprando en España para tener una buena entrada hacia Europa desde el sur, lo que iría en detrimento del puerto de Róterdam. Además, China está invirtiendo muchísimo en infraestructuras”.

El plan “One Belt, One Road” prevé una inversión global de 900.000 millones de euros para reconstruir la Ruta de la Seda. Además, el país asiático está planeando otros proyectos de gran envergadura, como el tren transoceánico que iría desde Santos (Brasil) hasta el Pacífico. Ha creado el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras para evitar que el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional intervengan en sus áreas prioritarias. Pero todos estos planes se diferencian en un punto básico de la actividad estadounidense y de su Plan Marshall: “China es ahora el mayor socio comercial de 100 países, pero no hay correspondencia con muchos de ellos, ya que los chinos no compran sus productos ni reciben inversión”.

Esta recreación del imperio es posible por muchos factores, pero hay dos en los que no se suele insistir lo suficiente. El primero es el relacionado con su mano de obra: “China es un país con una diáspora tremenda y a partir de 2008, consciente de sus déficits, incentivó mucho la vuelta del talento científico, innovador y de gestión que le faltaba. En muchos casos, si miras a las empresas chinas y sus fundadores, casi siempre te encuentras con algún expatriado que ha vuelto. A la hora de regresar, la compensación económica era importante, pero también el orgullo de poder participar en el crecimiento de su país, ya que los chinos son muy nacionalistas”.

En segundo lugar, su régimen político le facilita orientar a todo un país en la misma dirección. Como señala Georgina Higueras en “El nuevo orden chino”, los dirigentes asiáticos están convencidos de que su sistema meritocrático no tiene nada que envidiar al democrático, y se ajusta más a los países en vías de desarrollo. China no pretende exportar su modelo, pero no tiene reparos en colocarse al frente de un “nuevo orden internacional más justo y razonable”, como afirmó Xi Jinping. Ese régimen centralizado le permite muchas ventajas a la hora de implantar su estrategia, de desarrollarla y de mantener cohesionados a actores públicos y privados. “En China, todos trabajan a una: la universidad, las empresas, el Estado y sus funcionarios”, asegura Casanova.

Pero las intenciones chinas, que son bien vistas desde Europa (no es extraño que, por primera vez, el discurso inaugural de Davos fuese pronunciado por el presidente chino, mientras que apenas hubo rastro de Trump y de los suyos), también pueden constituir una amenaza. El país asiático cuenta con recursos, iniciativa y cohesión. Puede presentar debilidades, pero su papel en el contexto global cada vez es más importante, justo al mismo tiempo que el de la UE se hace más pequeño. Y en esta guerra por situarse en el nuevo mapa geopolítico global que se está librando, la debilidad europea (notables diferencias internas, falta de acciones coordinadas, endeblez militar y una política económica y monetaria que beneficia principalmente a Alemania) es notable. En ese contexto, China puede ser un socio o un problema.

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2017-06-06/por-que-china-compra-puertos-espanoles_1394330/
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Desmantelada la red de espionaje de la CIA en China

Durante décadas la CIA fue tejiendo una importante red de informadores al más alto nivel en el gobierno de China y, sobre todo, en sus fuerzas armadas, aprovechando el fango de corrupción que envuelve el funcionamiento de aparato administrativo en el país asiático.

A partir de 2010 los miembros de la red fueron cayendo con cuentagotas, hasta que la semana pasada la operación se dio por terminada con la ejecución de al menos una docena de espías y el encarcelamiento de unos seis u ocho más, un golpe del que —como siempre— sólo conocemos la versión estadounidense, que esta vez procede del New York Times (*).

“Es uno de los mayores fracasos de la inteligencia en las últimas décadas”, reconoce el periódico, y la CIA no sabe de dónde ha llegado el golpe que les ha dejado sordos, por lo que ha abierto una investigación interna, en colaboración con la división de contraespionaje del FBI, con el nombre clave de “Honey Badger” para averiguar el origen de la filtración.

La investigación ha repasado al milímetro las biografías de los funcionarios de la embajada de Estados Unidos en Pekín para averiguar si en ella había un topo del contraespionaje chino.

También revisaron la posibilidad de que China fuera capaz de descifrar las comunciaciones entre Langley y Pekín y, finalmente, que el topo de los chinos estuviera dentro de la propias filas de la CIA.

Entre 2008 y 2011 nada menos que 57 residentes en Estados Unidos fueron juzgados por enviar a China información clasificada a cambio de dinero, lo que sumaba a los casos de Aldrich Ames y Robert Hanssen, dos de los casos más sonados de infiltración de China en los aparatos de inteligencia de Estados Unidos.

Las sospechas se concentraron luego sobre un antiguo analista, especializado en China, pero las pistas no condujeron a ninguna parte. También repasaron las reuniones de los espías de la CIA con sus fuentes sobre el terreno, que no reunían todos los requisitos de seguridad, ya que solían quedar en restaurantes en los que los chinos habían puesto aparatos de escucha, e incluso los camareros eran miembros de la inteligencia china.

En fin, la CIA no sabe de dónde les ha llegado el golpe, pero el hecho es que ya no pueden disfrutar de la información privilegiada de que gozaban antes.

(*) https://www.nytimes.com/2017/05/20/world/asia/china-cia-spies-espionage.html
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Rusia y China están dispuestos a trasladar la guerra a las puertas de Estados Unidos

Niki Vogt

La coyuntura actual, con sus conflictos cada vez más intensos en el Medio Oriente y la grave escalada militar en marcha en Europa –a las puertas de Rusia– y también en Asia, ahora alrededor de la República Popular Democrática de Corea, ha llevado a numerosos comentaristas a afirmar que el mundo está al borde de una Tercera Guerra Mundial. Pero los estrategas de Estados Unidos, que sigue empujando sus aliados europeos a agravar las tensiones, al parecer creyendo que todo enfrentamiento bélico se desarrollaría siempre del otro lado de los océanos que bañan las costas estadounidenses, parecen no haber mirado bien los mapas para tener en cuenta todas las posibilidades.

La Federación Rusa realizó del 5 al 10 de septiembre “Cáucaso 2016”, uno de los mayores ejercicios militares defensivos de la historia, con la participación de 120.000 soldados y oficiales. La agencia de noticias Tass informó de que “Cáucaso 2016” se desarrolló en áreas adyacentes a la península de Crimea. Según el jefe del estado mayor general ruso, general Valery Guerasimov, nunca participaron más de 12.500 personas a la vez.

La envergadura misma de ese ejercicio y la región seleccionada para realizarlo pueden ser interpretadas como una clara advertencia a Occidente para que no trate de utilizar la llamada “anexión de Crimea” ni ponga a prueba la paciencia de Rusia en la región de Donbass. Al mismo tiempo se dio a conocer el proyecto de creación –de aquí a 2018– de una línea de defensa costera en el extremo oriental de Rusia.

Una semana antes del inicio de “Cáucaso 2016”, el ministro ruso de Defensa, general Serguei Choigu, había anunciado la creación, con gran despliegue de recursos materiales y humanos, de una unidad especial en la región de Chukotka. La decisión fue tomada en 2015 y es “parte de un plan de instalación de un sistema unificado de defensa desde la costa ártica, en el norte, hasta el territorio de Premorja, en el sur”. El objetivo es garantizar la seguridad de las Islas Kuriles y en el Mar de Bering así como la protección de las rutas marítimas del Pacífico y fortalecer las capacidades combativas de la marina nuclear rusa. Las nuevas divisiones deben garantizar la defensa de las regiones, escasamente pobladas, de la costa oriental de la Federación Rusa.

A sólo 90 kilómetros de Alaska

Rusia no disponía hasta entonces de ninguna división consagrada a la defensa costera. Las fronteras occidentales de Rusia se hallan en el continente europeo y, por el lado del este –desierto– no había necesidad de defender las costas que se hallan frente al territorio de Alaska, también prácticamente desierto. No existe información sobre las características que tendría una defensa costera oriental [rusa], ni sobre su despliegue o el armamento previsto para ella.

Hasta ahora –como en tiempos de la Unión Soviética– había fuerzas navales que protegían las costas rusas con su presencia en el Mar Báltico, el Océano Ártico, el Mar Negro y el Pacífico. Entonces, ¿por qué crear divisiones terrestres a lo largo de las costas?

Entre el punto más avanzado del noreste de Rusia y el territorio de Estados Unidos no hay más que el Estrecho de Bering. Y, en su punto más estrecho, las dos superpotencias están a no más de 90 kilómetros. Alaska está a un paso. Pero ¿qué hay en Alaska, además de renos, lobos, osos y unos cuantos poblados?

En Alaska hay bases militares estadounidenses que están muy lejos de carecer de importancia, como la base aérea de Elmendorf, en Anchorage. Allí están desplegados los más recientes aviones de guerra estadounidenses F-22 Raptor, listos a despegar para interceptar los bombarderos estratégicos rusos.

Pero también están allí el NORAD a cargo de la región de Alaska, el Mando del 11º Ejército Aéreo de Estados Unidos y Fort Richardson, con la 4ª Brigada de Paracaidistas (Combat Team) de la 25ª división de infantería. Las divisiones podrían disponer de diferentes tipos de misiles. El analista militar Sergei Ischenko señala que si Rusia instalara a lo largo de su costa oriental varias rampas móviles de lanzamiento del sistema de misiles balísticos de corto alcance Iskander, los F-22 Raptor de Estados Unidos apenas tendrían tiempo de despegar.

A raíz del incidente del USS Donald Cook y de otras demostraciones de las fuerzas armadas rusas, estas últimas podrían paralizar totalmente los dispositivos electrónicos militares de Estados Unidos –y Alaska no sería la excepción– dejando sordos y ciegos todos sus puestos de observación y alerta. “Como en los tiempos de la guerra fría, las tropas de las bases de Elmendorf y de Fort Richardson se irían cada noche a la cama con un mal presentimiento”, resume el analista Ischenko.

Rusia impone a Estados Unidos lo que ella misma ha venido sufriendo

Rusia aplica ahora exactamente lo que ella misma ha tenido que soportar durante los últimos años: bases militares y tropas de la potencia adversaria aparecen cerca de las fronteras de Estados Unidos. Pero, no sólo habrá divisiones de defensa costera en la región de Chukotka y en las costas del sur, antes de llegar a China. La fuerza aérea rusa ha construido 10 bases aéreas en el Ártico. Spetsstroy, el sistema ruso a cargo de las construcciones especiales, está desarrollando las instalaciones de infraestructura de esas bases aéreas en el Gran Norte, el Extremo Oriente y en Siberia para acoger a 20.000 militares con sus familias, así como empleados civiles del ministerio de Defensa.

The National Interest señala que los aviones de combate de esas 10 bases aéreas rusas están equipados con el temible Vympel R-37, un misil aire-aire de muy largo alcance capaz de derribar de manera selectiva los aviones estadounidenses AWACS y C4-ISTAR. Estos misiles aire-aire pueden recorrer distancias tan grandes que los aviones que los lanzan son inaccesibles para los aviones de combate estadounidenses que sirven de escolta a los AWACS y los C4-ISTAR.

Los aviones de combate rusos pueden además derribar con gran precisión los aviones estadounidenses de reabastecimiento en vuelo y la explosión de la carga de combustible altamente inflamable que transportan esas aeronaves es de tal intensidad que no deja a las tripulaciones absolutamente ninguna posibilidad de sobrevivir aunque utilicen sus asientos eyectables. El impacto transforma instantáneamente el avión de reabastecimiento repleto de combustible en una bola de fuego.

Están además los misiles aire-aire Nivator KS-17, que ya reciben entre los estadounidenses el sobrenombre de “AWACS killers” y que garantizan con toda precisión la aniquilación del blanco a una distancia de 400 kilómetros. Son los misiles aire-aire más pesados y más destructivos que se hayan construido nunca. La fuerza aérea de la India ya dispone de esa arma, que equipa sus Su-30MKI adquiridos en Rusia.

1.500 soldados de élite rusos en Bolivia

El 6 de septiembre de 2016 la agencia Tass reportaba el envío de 1.500 Spetsnaz (fuerzas especiales rusas) a Bolivia, en el marco de un acuerdo de cooperación militar de inmediata aplicación entre la Federación Rusa y Bolivia. Pero se trata a la vez de una avanzada –cuyo número no se limitará probablemente a 1.500 hombres– que se acerca a las fronteras de Estados Unidos.

La prontitud de Bolivia en cooperar con Rusia se inscribe en un contexto de temor a convertirse en la próxima Venezuela o el próximo Brasil, donde Estados Unidos provocaría desórdenes y derrocamientos de políticos.

En Brasil, Washington parece estar detrás de la destitución de la presidenta Dilma Roussef, cuyo sucesor a la cabeza del Estado, Michel Temer, fue durante muchos años, según informaciones reveladas por WikiLeaks, informante de los servicios de inteligencia estadounidenses contra su propio país. El artículo indica además que Temer recurrirá a Goldman Sachs y al FMI para administrar y dirigir la economía brasileña.

Durante el derrocamiento de Dilma Roussef, Temer tuvo el respaldo del senador Aloysio Nunes, quien maniobró a favor de la destitución de la presidenta. Después de lograr la destitución de Roussef, Nunes se fue tres días a Estados Unidos para reunirse allí con representantes del gobierno estadounidense, con miembros del Comité de Relaciones Exteriores del Senado y del Albright Stonebridge Group –encabezado por Madeleine Albright– y con el ex embajador de Estados Unidos en Brasil, Thomas Shannon. WikiLeaks recuerda también que la actual embajadora de Estados Unidos en Brasil, Liliana Ayalde, estuvo implicada anteriormente en el derrocamiento del gobierno en Paraguay.

Avión espía de Estados Unidos en el Mar Negro

Rusia justifica la aceleración de sus esfuerzos en el sector militar –que evidentemente apuntan a Estados Unidos– recordando que en la región del Mar Negro un avión espía P8 Poseidon de Estados Unidos, trató de penetrar recientemente en el espacio aéreo ruso con su transpondedor apagado. El avión estadounidense fue interceptado entonces por un Su-27 ruso.

El Pentágono se quejó después de que el avión de combate ruso había realizado maniobras peligrosas y afirmó que se había aproximado hasta una distancia de 10 pies del avión estadounidense. Pero el intento de penetración en el espacio aéreo ruso contradice todas las reglas internacionales, y esta fue sólo una más de las agresiones estadounidenses deliberadamente perpetradas el 1º de agosto de 2016, cuando Estados Unidos hizo volar a lo largo de la frontera norte de Rusia varios bombarderos estratégicos capaces de transportar armamento nuclear.

China ya ha mostrado abiertamente que está dispuesta a oponerse a las actividades de Estados Unidos en la región, y el armamento que ha desarrollado la propia China. Hay un nuevo panorama de la situación internacional. Con su misil PL-15, China ha dejado perplejos a los responsables militares de Estados Unidos. El AIM-120 AMRAAM [Misil Aire-Aire Avanzado de Alcance Medio] que equipa actualmente los aviones de combate estadounidenses no soporta la comparación con el PL-15 chino. “¿Qué podemos hacer ante esa amenaza?”, se preguntó el general Herbert Carlisle, comandante del Air Combat Command, para exigir seguidamente: “El PL-15 y el alcance de ese misil… simplemente tenemos que ser capaces de sobrepasarlos”.

China ha desarrollado también el Chengdu J-20, un avión de combate furtivo, eficaz y ultramoderno. Aunque los chinos mantienen en secreto numerosos datos, los militares estadounidenses dan por sentado que se trata de un avión optimizado capaz de alcanzar grandes velocidades y de muy largo alcance. Al armar ese avión de combate con el misil PL-15, China podrá destruir los aviones de reabastecimiento en vuelo de Estados Unidos, y también sus barcos de guerra.

Las operaciones aéreas de los aviones de combate estadounidenses F-22 sobre los mares exigen la participación de 3 ó 4 aviones de reabastecimiento en vuelo que, según un RAND-Briefing, deben despegar cada hora para reabastecer en vuelo los aviones de combate con 2,6 millones de galones de combustible. Por supuesto, eso también se sabe en Pekín. Así que los aviones chinos Chengdu J-20 no tienen más que utilizar –a prudencial distancia– sus misiles PL-25 contra los pesados y poco maniobrables aviones de reabastecimiento en vuelo para derribarlos fácilmente y paralizar así la US Air Force en las aguas extraterritoriales a lo largo de las costas chinas y de las costas orientales de Rusia.

Teniendo en cuenta que Rusia agregaría a todo lo anterior su propia capacidad para neutralizar el complejísimo sistema electrónico AEGIS de las fuerzas armadas estadounidenses, el hecho es que Estados Unidos no puede darse el lujo de probar fuerza frente a China y Rusia en esa parte del mundo.

Los bombarderos estadounidenses no podrían penetrar profundamente en los territorios de China y Rusia para destruir las grandes ciudades y los centros importantes con bombardeos aéreos. Pero tampoco serían capaces de realizar acciones combativas en las zonas costeras de China o Rusia. Estados Unidos está perdiendo su predominio aéreo en el Mar de China Meridional, región de gran importancia –debido a sus vías comerciales mundiales– y también está perdiendo su influencia sobre los Estados con costas en esas aguas, que hoy ven al antiguo campeón absoluto en posición de desventaja.

En cambio, Rusia y China sí tienen buenas posibilidades de enfrentar a Estados Unidos a lo largo de la costa occidental estadounidense, e incluso en suelo estadounidense, con durísimos ataques aéreos. Sin sus sistemas de alerta electrónica, ya que Rusia puede desactivarlos, las posibilidades de la defensa antiaérea de Estados Unidos serían muy reducidas. En materia de combate aéreo, los misiles aire-aire de largo alcance rusos y chinos son superiores a los de Estados Unidos.

Así que los estadounidenses tendrán que ir acostumbrándose a la idea de tener que sufrir la guerra en su propio suelo. Toda la costa occidental de Estados Unidos, hasta muy lejos en la profundidad del territorio estadounidense, se vería afectada. Y si a Estados Unidos se le ocurriese recurrir al arma nuclear, la respuesta sería como mínimo una bomba atómica sobre una gran ciudad estadounidense de la costa occidental.

Rusia y China quieren que Estados Unidos lo tenga muy claro y que ambos países están decididos, si fuese necesario, a recurrir a sus nuevas posibilidades. Pero el pueblo estadounidense no está sicológicamente preparado para ese catastrófico escenario y se produciría una explosión de pánico que desataría una verdadera tormenta contra el gobierno. Estados Unidos no sería capaz de enfrentar una guerra así por más de dos semanas.

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La Unión Euroasiática se ha quedado en la vía muerta

La Unión Euroasiática fue lanzada a bombo y platillo por Rusia en 2014. Forman parte de ella Armenia, Bielorrusia, Kajajistán y Kirguistán, además de Rusia. El Presidente kazajo, Nursultan Nazarbaev, impulsor del proyecto desde 1994, la calificó como una “bendición”.

No es otra cosa que un mercado capitalista de 180 millones de consumidores basado en la competencia que pretende impulsar unas economías muy alejadas de los circuitos mundiales más importantes, como Asia central y el Cáucaso. El PIB de todos los países es de 2.700 millones de dólares.

Como consecuencia de la crisis capitalista, el año pasado el mercado se contrajo un 14 por ciento y la reducción del flujo exterior fue un 17 por ciento menor respecto al año anterior. La recesión es especialmente preocupante en Bielorrusia, donde el PIB cayó un 3,5 por ciento en 2015 y las exportaciones a la Unión se desplomaron hasta el 35 por ciento.

Lo que mejor funciona de este mercado es la exportación de mano de obra kirguís y kazaja a Rusia, cuyas remesas son el único capítulo ascendente del mercado y salvan buena parte de la balanza de pagos de sus países respectivos.

La fuerza y la debilidad de la Unión es la sombra de la URSS. Los socios de Rusia no han encontrado la medida justa; necesitan a Rusia pero no quieren caer en una dependencia excesiva. En Astana ya no se escuchan cantos de sirena y, lo mismo que en la Unión Europea, han sugido partidos “nacionalistas” opuestos al proyecto, o lo que es lo mismo, opuestos a Rusia.

Lukashenko arroja balones fuera en Bielorrusia diciendo que Rusia es culpable de la recesión por su proteccionismo. En diciembre del año pasado no acudió a la cumbre que los países signatarios mantuvieron en San Petersburgo para aprobar el código aduanero.

La economía de Kirguistán se ve sacudida por el alza de las barreras aduaneras a las importaciones, especialmente de China y Turquía. En los bazares de numerosas capitales Asia central sobreviven a duras penas numerosos comerciantes que revenden las mercancías importadas de esos dos países. Sólo en el gran bazar de Bichkek trabajan 50.000 personas.

Pero la Unión Euroasiática es, sobre todo para Rusia, un proyecto geopolítico, mientras que en Bielorrusia y Kzajistán recuerdan que, sobre todo, no es más que unión “económica”, como aparece en su nombre oficial. A veces hablan de la Unión como de un “Caballo de Troya” de Rusia, y no les falta razón: el PIB de Rusia supone el 86 por ciento del total de la Unión.

Rusia impone las reglas de juego y las tarifas aduaneras que se pretenden aprobar no son más que una extensión de las suyas propias, que son bastante elevadas, a los demás países.

El plan inicial contaba con la incorporación de Ucrania a la Unión, algo que ahora resulta impensable. Ucrania hubiera aportado un mercado de 50 millones de consumidores y un potencial agro-industrial del que los socios de Rusia carecen, desequilibrando la correlación de fuerzas entre todos ellos. Por lo demás, tanto Kazajistán como Bielorrusia se esfuerzan por mantener buenas relaciones con el gobierno fascista de Kiev, algo que en Moscú no hace ninguna gracia.

La caída de los precios del petróleo también ha afectado muy negativamente a la Unión, además de a Rusia porque supone el 75 por ciento de las exportaciones y la mitad del presupuesto público. Los socios dependen de las importaciones del petróleo ruso y de las sacudidas de su precio en los mercados internacionales, causa inmediata de la recesión, de la devaluación de sus divisas y del alza del coste de la vida en Bielorrusia, Kazajistán y Kirguistán.

La presencia de China es el rtercer factor a tomar en consideración en la situación actual de la Unión, de su fuerza y de su debilidad. Como en otras regiones del mundo, China está tejiendo pacientemente sus redes económicas apoyándose en algo que Rusia no puede aportar a sus socios: opulencia financiera. En la cumbre anual de la Organización de Cooperación de Shanghai de 2012, el antiguo Presidente chino Hu Jintao lanzó el caramelo: 10.000 millones de dólares en inversiones para la región, todas ellas de carácter estratégico.

China ha firmado compromisos económicos a largo plazo con Kazajistán (2005 y 2012), Uzbekistán (2012), Tayikistán y Kirguistán (2013), además de impulsar la nueva Ruta de la Seda, también en 2013 o, en palabras del Financial Times, “el más vasto programa de diplomacia económica desde el Plan Marshall”, conocido en inglés por las siglas OBOR (“One belt, one road”), que comprende a 60 países y pretende conectar Asia con África y Europa (pasando por Oriente Medio).

Rusia no sabe cómo encajar ambos proyectos, el suyo propio y el chino, y ahora mismo no tiene capacidad financiera para mantener sus compromisos en infraestructuras con los países de la región, mientras los yuanes llegan a manos llenas. En julio del año pasado, durante la cumbre de Shanghai, China abrió una nueva línea de crédito para los países de la región de 12.000 millones de dólares. Los rusos no puyede asumir sus compromisos y los chinos han firmado 50 grandes proyectos industriales nuevos.

China tiene otra gran ventaja: sólo habla de dinero; la geoestrategia no entra en sus negociaciones, algo que los socios de la Unión agradecen. Cuando alguien llega con el talonario de cheques y no pide explicaciones, todo resulta mucho más fácil, sobre todo a la vista de titulares del Renmin Ribao, el portavoz del Partido Comunista de China, como éste de 2013: “La Unión Económica Euroasiática sólo sirve para mantener la dominación rusa en el espacio post-soviético”.

Fue una mala racha. Al año siguiente Putin y Xi Jinping se reunieron para tratar de ponerse de acuerdo y cooperar en los proyectos regioniales, “integrando a la Unión dentro de la Ruta de la Seda”. En 2015 se firmó una segunda declaración en la misma línea de ensamblar los dos proyectos en uno solo, que prevé crear una zona de librecambio entre la Unión y China.

En mayo del año pasado la colaboración continuó, en prueba de que sólo China (el dinero de China) puede sacar a la Unión de la vía muerta en la que se encuentra.

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Los chinos que combatieron al fascismo en las Brigadas Internacionales

Un centenar de chinos, venidos de todas partes, lucharon como brigadistas en la guerra civil española. El matrimonio de científicos taiwaneses Hwei-Ru y Len Tsou ha investigado durante más de diez años la vida de trece de ellos y las ha hilvanado en el libro Los brigadistas chinos en la guerra civil. La llamada de España (1936-1939) que ahora ve la luz en España y también en la propia China. Esta es su historia.

Emigrantes, obreros, médicos, masajistas, periodistas, pequeños comerciantes… “Nosotros, los chinos, hemos combatido en los frentes de todos los lugares”. Es lo que le dijo Zhang Ji, un voluntario en nuestra guerra, a Yan Jiazhi, el primer chino que llegó a España tras el inicio de la contienda. Se trataba de un masajista residente en París sobre el que documentos de los archivos de la Internacional Comunista señalan que no se pudo confirmar su condición de militante. “Los que en esos momentos llegaban a España para combatir, con riesgo para sus vidas -señalan los Tsou- no eran, evidentemente, personas corrientes”.

Lo extraordinario se convierte en el hilo conductor de sus historias. Recuerda Laureano Ramírez Bellerín, Premio Nacional de Traducción y coordinador de la edición española del libro editado por Catarata, la sorpresa que le produjo conocer quiénes eran y cuál fue la vida de aquel puñado de chinos, que los autores del hallazgo desglosaron en su casa de Barcelona gracias a la mediación de otro chino de la Ciudad Condal.

“El matrimonio, ella ingeniero químico y él especialista en semiconductores y por tanto nada que ver con la investigación histórica, llevaba años en Nueva York dedicándose a lo suyo hasta que, ojeando un álbum publicado por la Brigada Lincoln, que conmemoraba su 50 aniversario, advirtieron que algunos de los muchos nombres citados en sus páginas parecían chinos. Entonces -relata el profesor- empezaron a tirar del ovillo y se embarcaron en un trabajo de reconstrucción de aquellos acontecimientos que duró más de diez años y les condujo por tres continentes (Europa, América y Asia) y multitud de archivos. En España visitaron, entre otros, los de Salamanca, de Asuntos Exteriores y de la Biblioteca Nacional; los más importantes de EE.UU. y, por entonces, se abrieron los nacionales rusos donde hay muchísimo material sobre la guerra civil”. Los autores habían publicado su investigación en Taiwán en 2001 y el profesor, titular de la Universidad Autónoma de Barcelona, se comprometió a traducirlo “porque esto debía conocerse en España”. Consiguió para ello fondos de la UAB y creó un equipo de traducción formado por tres chinos y la española Maialen Marín Lacarta, al que se unió un investigador responsable de la difusión.

Cuenta este traductor, que ha trabajado codo con codo con los investigadores, que le llamaron la atención las edades de las personas que vinieron a la guerra, unas cuantas cercanas a los 50, “con lo que significa a esos años embarcarse en semejante aventura, y las de los más jóvenes, alrededor de los veinticuatro, uno de los cuales acabó en el frente de Gandesa”. Su nombre era Chen Wenrao. Había llegado en junio de 1937 desde Nueva York, donde entre otros trabajos había tenido el de camarero, y una vez en el cuartel general de las Brigadas Internacionales en Albacete fue enviado durante un mes a un campo cercano para realizar la instrucción; luego fue trasladado al Batallón Lincoln y, después, pasó a engrosar las filas del 24 Batallón de la XV Brigada. El relato de su final ha quedado escrito por los Tsou: “Los brigadistas atacaron Gandesa a cuerpo descubierto y sus cadáveres cubrieron el valle. Allí murió Wenrao. Nadie los enterró. Permanecen en ese lugar y forman parte de la tierra española”.

Chen Wenrao era de Guangdong, pero también hubo brigadistas de Qingtian, pueblo al este de China donde nació más del 70% de los chinos que hoy vive en España. Es el caso de Zhang Shuseng, “que debía de hablar bien español, ya que combatía con soldados españoles”. Tenía, según explica el profesor Ramírez, “un hermano en Valencia que estaba en el Ejército de la República y por ahí aparecen otros nombres de los que se podía seguir la pista. De hecho, muchos de estos emigrantes chinos en Cataluña, concretamente de una asociación de Tarragona, mostraron interés en hacer ahí un pequeño monumento que recordara a su compatriota que había luchado en la guerra española”.

El rostro de otro brigadista, Tchang Jaui Sau, fue portada de la revista Estampa. Este combatiente llegó desde la planta de automóviles de Renault y era miembro del Partido Comunista de Francia. Se embarcó en nuestra guerra civil para, según escriben los autores, “combatir al fascismo y luchar por la libertad”.

Otro brigadista, Xie Weijing, fue miembro del Partido Comunista alemán y llegó a ocupar el cargo de comisario político del Batallón de Artillería, el cargo más alto que ocupó un voluntario chino de las Brigadas Internacionales. “Era periodista y pertenecía también al Partido Comunista chino. Intervino en todas las publicaciones izquierdistas de la época. Era el que tenía la idea de hacer una unidad china, sobre todo por facilitar las tareas administrativas, en las Brigadas con los voluntarios y los que servían en el ejército de la república, alrededor de unos cien que andaban disgregados, pero nunca se llegó a concretar”.

Hwei-Ru y Len Tsou no llegaron a encontrar a ninguno de sus protagonistas vivos. En total, trece combatientes chinos de al menos ese centenar que, como subraya Ramírez, no eran una multitud, pero si “un número significativo, si tenemos en cuenta que no vino nadie de muchos países mucho más próximos, y tan solo un japonés de una nación vecina a la suya”. Por cierto, el nipón, que se llamaba Jack Shirai, había llegado desde San Francisco y fue cocinero, a su pesar –“Yo he venido a luchar y no a manejar cazuelas”-, el más famoso de las Brigadas. Lo mató una bala perdida mientras llevaba comida a la zona de combate.

La última sorpresa la encontraron los Tsou siguiendo la pista del brigadista médico Tio Oen Bik, cuando descubrieron el grupo de “los médicos españoles” que lucharon en la guerra china con Japón. “Los llamaban así porque todos habían estado en la guerra civil española, pero no había entre ellos ningún compatriota nuestro, eran todos checoslovacos, polacos, alemanes… Después de España, se marcharon a China a seguir en el combate contra aquellas ideas que representaban el auge de Hitler y Mussolini, y si hubiera habido otras batallas por esta causa hasta allá se hubieran marchado. Recientemente, se ha celebrado en China un congreso muy interesante con algún descendiente de aquellos médicos, y constituye otra línea de investigación sobre la que aún se sabe muy poco. Pero esa es otra historia”.

Para Laureano Ramírez, “lo importante no es su huella en España, sino la impresión que les quedó a ellos y que duró toda su vida. Nunca ninguno de ellos se pudo quitar a España de la cabeza”.

‘Los brigadistas atacaron Gandesa a cuerpo descubierto y sus
cadáveres cubrieron el valle. Nadie los enterró.
Permanecen en ese lugar y forman parte de la tierra española
’
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La posición de China sobre el bombardeo de Estados Unidos contra Siria

El posicionamiento de los distintos países del mundo a favor o en contra del bombardeo de Estados Unidos contra Siria ha sido el esperado. El llamamiento de China a la “calma” también lo ha sido. Pero, ¿qué significa la calma en medio de la guerra? Se puede interpretar de muchas maneras distintas. Incluso se puede malinterpretar, sobre todo teniendo en cuenta que en Florida se celebraba una reunión al más alto nivel entre Xi Jinping y Trump.

La prensa rusa dice que al no condenar el bombardeo, Pekín ha abandonado a su aliado moscovita. El diario ruso Nezavisimaya Gazeta publica un análisis que expresa el estado de ánimo en ciertos sectores políticos de Rusia. Se hacen eco de rumores surgidos en la prensa de Estados Unidos según los cuales Jinping considera que el bombardeo vengó el ataque químico previo.

Eso es absurdo. El Presidente chino sabe mejor que cualquiera de nosotros que el gobierno sirio no tiene absolutamente nada que ver con el ataque químico, pero ningún otro país como China fundamenta sus buenas o malas relaciones con los demás países sobre criterios pragmáticos. A China lo que realmente le interesaba era la cumbre de Florida y no lo que ocurriera en Siria.

Cuando China llama a la “calma” no habla de Siria sino de Estados Unidos. Es lo que pone de manifiesto la prensa china, donde la situación en Siria ha quedado en un segundo plano frente a un posible deterioro de las relaciones de China con Estados Unidos tras la llegada de Trump a la Casa Blanca y han quedado entusiasmados cuando los gringos les han dado carta blanca para sacar adelante su “ruta de la seda”.

Eso pone de manifiesto otra de las diferencias entre ambos países: mientras China tiene una estrategia a largo plazo, Estados Unidos planifica de hoy para mañana.

Según el New York Times, tanto China como Estados Unidos han llegado a un principio de acuerdo sobre lo que consideran como una escalada de la tensión en el Mar Amarillo, del que responsabilizan a Corea del norte, una piedra en el par de zapatos de las buenas relaciones que quiere mantener China con Estados Unidos.

A nuestro modo de ver eso hay que interpretarlo de la siguiente manera: a cambio de lo anterior (la ruta de la seda) China deja las manos libres a Estados Unidos para que pueda tensar la cuerda con Corea del norte. Sólo queda saber hasta qué punto, es decir, si los chinos han autorizado a Estados Unidos a atacar al gobierno de Pyongyang, sin verse comprometidos por ello, ni obligados a defender a Corea como en 1950.

La agencia china Xinhua asegura que también ha habido acuerdo sobre un tercer aspecto de las relaciones entre ambas potencias: la competencia comercial. Se han dado un plazo de 100 días para equilibrar la balanza de pagos relanzando las exportaciones de Estados Unidos hacia China, uno de los propósitos electorales de Trump, típico de la cortedad de miras de los imperialistas de Washington.

Pero hay un aspecto sobre el que Nezavisimaya Gazeta llama la atención y no debe pasar desapercibido: China está muy lejos de la unanimidad del planteamiento de sus relaciones con Estados Unidos. El decano de la Facultad de Relaciones Internacionales de Pekín ha puesto de manifiesto la gravedad del ataque de la Marina de Guerra contra Siria, frente a la cual el gobierno de China debe intentar estrechar aún más sus relaciones con Moscú.

Al mismo tiempo, pone de manifiesto que Trump se ha concentrado en la situación en el norte del Pacífico para asegurar la posición de Corea del sur y Japón, abandonando a los países ribereños del Mar de China Meridional, cuyo mejor ejemplo es Filipinas.

Es otra de las características del declive de la hegemonía de Estados Unidos: a pesar de concentrar sus energías en el Pacífico, no es capaz de defender al mismo tiempo sus posiciones en el norte y en el sur. Cuando aprieta arriba, afloja por debajo.

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La inteligencia derrota a la fuerza bruta

Darío Herchhoren
Estamos asistiendo al canto del cisne del imperio USA, aunque ese canto puede todavía durar años. Esta afirmación no se basa en mi pura imaginación sino que está avalada por hechos objetivos de fácil comprobación.

La nación norteamericana desde su fundación en 1776 en el congreso de Filadelfia, mostró al mundo   entero que aspiraba a ocupar el lugar del imperio británico al cual consideraba caduco.

Es así como se arma de un ejército poderoso que comienza una guerra de exterminio contra los indígenas que ocupaban el interior de los USA, y comienza una frenética marcha hacia el oeste que avanza devorando tierras, ríos y sobre todo; hombres, mujeres, niños y ancianos arrasando cuanto encontraban a su paso.

Se ha tratado  de dar un tinte de epopeya a la marcha llevando al cine innumerables historias de vaqueros, pioneros y ferrocarriles que tragaban miles de kilómetros en busca de las aguas del Pacífico.

Esta larga marcha, a diferencia de la que efectó el Partido Comunista Chino, era en realidad una marcha de rapiña, que solo buscaba robar las tierras y el ganado de las trubus que habitaban esos territorios.

Paralelo con ello, los USA, desarrollaron una gran armada que les permitió rapiñar en los siete mares; y un ejemplo fueron las expediciones de «relevamiento» de los Mares del Sur; plagados de balleneros, foqueros y pesqueros que faenaban en todo el mundo sin tasa ni permiso alguno de los países costeros.

Pero el ejemplo más claro de esta política es el viaje del almirante Byrd al Pacífico que recala en Japón en la década de 1870 abriendo al comercio al Japón a cañonazos en contra de la política tradicional de los samurais que habían cerrado su país con siete llaves, no permitiendo que ningún extranjero entrara en su territorio.

Es conocida la política de intervenciones norteamericanas en Centroamérica y en Méjico donde se apoderan de territorios y de riquezas del subsuelo y alimentos. La guerra de los mambises por la libertad de Cuba muestra a las claras cuál es el concepto de la libertad del imperio que solo quiere heredar las colonias del viejo y decrépito imperio español.

Pero quizá es en 1970, cuando Richard Nixon suprime el respaldo de oro que tenía cada dolar que imprimía alegremente la Reserva Federal, cuando se desnuda la política USA. A partir de ese momento, el respaldo del dólar será el ejército, la armada, y los «marines» del imperio.

A partir de ese momento  daban a elegir entre plomo o plata; igual que las diversas mafias. Si no aceptas su dominio, plomo, y si lo aceptas, plata, aunque no mucha.

A partir de 1949 se instala en China el gobierno surgido de la Larga Marcha, encabezado por Mao Zedong, que venía de derrotar al imperio japonés y al Kuomintang de Chiang Kai-shek. En ese año; el gobierno del PC Chino, se encuentra que en China solo hay chinos. El país se encuentra devastado; todo está por hacer. Hay que alimentar, vestir, calzar y dar sanidad, educación y vivienda  a 800 millones de chinos (ahora son 1.500 millones).

Y comienza a echarse las bases de la industria pesada; material ferroviario, electricidad, etc., etc. China desde tiempo inmemorial era un pueblo de comerciantes y artesanos, y fabricaba y vendía seda, te, porcelana, juguetes, calzado, tejidos, y todo ello de forma artesanal, supliendo su falta de máquinas con la mano de obra de cientos de millones de artesanos. Todo esto unido a una cultura ancestral y a la tradicional disciplina del pueblo chino, consiguieron  el milagroso crecimiento del país.

No se conoce en la historia de China que haya agredido a ningún país y sus guerras intestinas nunca sobrepasaron su territorio. Pacientemente, China fue convirtiéndose en una gran potencia industrial, y ahora también militar y fue ganando mercados, inundando el mundo con sus manufacturas. A día de hoy China es el taller del mundo, y se propone crear una nueva organización a la que ya se conoce como BRICS plus, que estará integrado por los BRICS, y diez paises más entre los cuales estarán Sur-corea, Thailandia, Indonesia, Singapur, Filipinas, etc.

Esto dará un nuevo impulso a la economía de China y sus socios, junto a otros proyectos tales como la construcción del canal de Nicaragua, o el ferrocarril que atravesará el Brasil y Perú, y unirá los océanos Atlántico y Pacífico.

Frente a esto, debemos concluir que China mediante el comercio y la proverbial paciencia y sabuduría chinas, ha derrotado al matón que ha perdido para siempre la hegemonía. La inteligencia ha derrotado a la fuerza bruta.

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La guerra nuclear contra China no es ninguna sombra

John Pilger

Cuando fui a Hiroshima en 1967, la huella de la sombra sobre las aceras estaba allí todavía. Era una impresión casi perfecta de un ser humano confiado: las piernas separadas, la espalda curvada, una mano sobre su costado mientras que la otra esperaba la apertura de un banco. A las ocho y cuarto de la mañana del 6 de agosto de 1945, la persona y su silueta quedaron grabadas en el granito. He contemplado la sombra durante una hora o mas, inolvidable. Cuando he regresado muchos años después, ya no estaba: trasladada, desaparecida, una molestia política.

Estuve dos años realizando un documental titulado “La próxima guerra contra China”, donde las pruebas y los testigos nos avisan sobre el hecho de que la guerra nuclear no es una sombra, sino una posibilidad. La mayor acumulación de fuerzas armadas norteamericanas desde la Segunda Guerra mundial esta en marcha. Están en el hemisferio norte, sobre las fronteras occidentales de Rusia, en Asia y en el Pacífico, frente a China. El gran peligro que esto suscita no es noticia, o bien se oculta y se deforma, mediante un alboroto de burdas informaciones falsas que hace eco del miedo psicópata impuesto a la conciencia pública durante gran parte del siglo XX.

De la misma manera que el renacimiento de la Rusia post soviética, el ascenso de China como potencia económica es calificada de “amenaza existencial” al derecho divino de Estados Unidos de regular y dominar los asuntos de la humanidad. Para luchar contra esto, en 2011 el presidente Obama anunció un “pivot hacia Asia” lo que significa que cerca de dos tercios de las fuerzas navales estadounidenses se transferirían hacia Asia y el Pacífico de aquí a 2020. Hoy, más de 400 bases militares norteamericanas rodean China con misiles, bombardeos, navíos de guerra y, especialmente, con armas nucleares. De Australia al Japón y a Corea, a través de Pacífico y a través de Eurasia, de India a Afganistán, las bases forman, en palabras de un estratega norteamericano, “el perfecto nudo corredizo”.

Un estudio de la RAND Corporation (que desde la de Vietnam ha planificado las guerras de Estados Unidos) se titula “Guerra con China. Pensar lo impensable”. Por encargo del ejercito, los autores recuerdan la Guerra Fría, cuando RAND hizo famoso el slogan de su principal estratega, Herman Khan: “Pensar lo impensable”. El libro de Khan, “Sobre la guerra termonuclear”, elaboraba un plan para una guerra nuclear “con posibilidades de ganar” a la Unión Soviética. Hoy su punto de vista apocalíptico se ve compartido por los que detentan un auténtico poder en Estados Unidos: los militaristas y los neoconservadores en el gobierno, en el Pentágono, en el establishment de los servicios de inteligencia de seguridad nacional y en el Congreso.

El secretario de Defensa de Obama, Ashton Carter, un fanfarrón muy hablador, afirmó que la política de Estados Unidos es hacer frente “a aquellos que comprueban la dominación de Estados Unidos y quieren eliminarla”.

Si hay un atisbo de renovación en la política exterior está precisamente en la visión de Donald Trump, cuya retórica abusiva sobre China durante la campaña electoral atribuyó a esta el calificativo de “violadora” de la economía estadounidense. El 2 de diciembre, en una provocación directa contra China, el presidente electo Trump se dirigió al presidente de Taiwán, que China considera como una provincia renegada. Provista de misiles norteamericanos, Taiwán es un núcleo de tensión permanente entre Washington y Pekín.

“Estados Unidos”, escribe Amitai Etzioni, profesor de Asuntos exteriores en la Universidad George Washington, “se preparan para una guerra con China, si bien la decisión aún no ha sido examinada por los políticos electos, Casa Blanca y Congreso”. Esta guerra comenzaría por un “ataque ciego contra las instalaciones chinas de defensa territorial, incluyendo lanzaderas de misiles terrestres y marítimos […] satélites y antisatélites”. El riesgo incalculable es que “los ataques profundos en el interior del territorio podrían ser percibidos equivocadamente (?) por los chinos como intentos preventivos de destruir sus armas nucleares, haciéndoles caer en el terrible dilema de “no hay nada que perder”, que conduciría a una guerra nuclear”.

En 2015 el Pentágono publicó su manual sobre la “Ley de guerra”, en donde se indica: “Estados Unidos no han aceptado ningún tratado que prohíba el empleo de armas nucleares, por lo que las armas nucleares son armas legales para Estados Unidos”.

En China un estratega me dijo que “nosotros no somos su enemigo, pero si ustedes [en Occidente] deciden que lo somos, debemos prepararnos sin retraso”. El ejército y el arsenal chino son pequeños con relación al de Estados Unidos. “Por primera vez”, escribe Gregory Kulacki, de la Unión de Científicos Comprometidos, “China contempla poner sus misiles nucleares en estado de alerta a fin de que puedan ser lanzados rápidamente en previsión de un ataque […] Esto seria un peligro importante y un peligroso cambio en la política china […] En efecto, las políticas nucleares de Estados Unidos son el más importante factor externo que influencia las decisiones chinas de elevar el nivel de alerta de sus fuerzas nucleares”.

El profesor Ted Postol fue consejero científico del jefe de las operaciones navales norteamericanas, una autoridad en las armas nucleares. Me dijo que “todo el mundo aquí quiere ser visto como malvado. Vea cómo me he convertido en un cabecilla… No tengo miedo de hacer lo que sea militarmente, no temo amenazar, soy un gran gorila de pecho velludo. Y hemos entrado en un estado mental, Estados Unidos han entrado en una situación en la que hay mucho ruido de botas, y realmente se ha orquestado al más alto nivel”. Le respondí que era algo que parecía increíblemente peligroso.

En 2015, y en el mayor de los secretos, Estados Unidos ha organizado el más importante ejercicio militar desde la Guerra Fría. Era Talisman Sabre: un ejército de buques y de bombarderos de largo alcance simulando un “concepto de batalla aérea y naval contra China”, bloqueando las vías marítimas en el estrecho de Malaca y cortando el acceso de China al petróleo, el gas y otras material primas procedente de Oriente Medio y África.

Tamaña provocación y el temor de un bloqueo por parte de la flota americana convencieron a China para construir febrilmente pistas de aterrizaje estratégico sobre los arrecifes en disputa y los islotes de las islas Spratleys, en el Mar de la China Meridional. El pasado julio el Tribunal Permanente de Arbitraje de Naciones Unidas ha rechazado la reivindicación de soberanía china sobre estas islas. Aunque la acción haya sido de forma oficial presentada por Filipinas, se ha defendido ante el tribunal por abogados estadounidenses y británicos de primera línea, y la pista podría llevarnos hasta la ex secretaria de Estado Hillary Clinton.

En 2010 Clinton se trasladó a Manila. Exigió que la antigua colonia norteamericana reabriera las bases militares yanquis cerradas en los años 90 como consecuencia de una campaña popular contra la violencia que generaban, en particular contra las mujeres filipinas. Declaró que la reivindicación de China sobre las Islas Spratleys, situadas a más de 7.500 millas de Estados Unidos, constituía una amenaza para su “seguridad nacional” y para la “libertad de navegación”. El gobierno del presidente filipino Benigno Aquino, que recibió millones de dólares en armas y equipamiento militar, interrumpió las conversaciones bilaterales con China, y firmó un acuerdo secreto de cooperación intensificada con Estados Unidos. Este acuerdo concedió cinco bases rotatorias a Estados Unidos y reinstauró una disposición colonial detestada, según la que los empresarios civiles y las fuerzas yanquis estaban fuera de la jurisdicción del derecho filipino.

La elección de Rodrigo Duterte en abril [de 2016] ha trastocado a Washington. Autocalificándose de socialista, declaró que “en sus relaciones con el mundo, Filipinas buscará una política extranjera independiente”, destacando que Estados Unidos no se habían disculpado por sus atrocidades coloniales. “Voy a romper con Estados Unidos”, dijo, prometiendo expulsar a las tropas norteamericanas. Pero Estados Unidos continúan en Filipinas, y los ejercicios militares conjuntos continúan.

En 2014, bajo el imperio de la “dominación mediante la información”, jerga del Pentágono para denominar a la manipulación de los medios y la difusión de noticias falsas, labor a la que se destinan 4.000 millones de dólares al año, la administración Obama lanzó una campaña de propaganda contra China calificándola de amenaza para la “libertad de navegación”. Fue la CNN la que abrió el camino, con su “periodista de seguridad nacional” embarcado en un vuelo de vigilancia de la Marina norteamericana hablando con entusiasmo de las Islas Spratleys. La BBC convenció al piloto filipino, asustado, para que dirigiera su Cessna monomotor [un avión de turismo] hacia las islas en disputa “para ver como reaccionaban los chinos”. Ninguno de estos periodistas se preguntó por qué los chinos construían pistas de aterrizaje a lo largo de su propio litoral, ni por qué las fuerzas militares norteamericanas se agolpan a las puertas de China.

El propagandista en jefe nombrado es el almirante Harry Harris, comandante militar norteamericano en Asia y en el Pacífico. “Mis responsabilidades”, dice al New York Times, “cubren un territorio que va desde Bollywood [India] a Hollywood, de los osos polares a los pingüinos”. Nunca se ha descrito la dominación imperial de forma tan miserable. Harris es uno de los numerosos almirantes y generales del Pentágono que ha reunido una selección de periodistas maleables para justificar una amenaza tan capciosa como aquella con la que George W. Bush y Tony Blair justificaron la destrucción de Irak y de la mayor parte de Medio Oriente. En Los Ángeles y el pasado septiembre, Harris declaró que estaba listo “para enfrentarse a una Rusia revanchista y a una China segura de si misma […] Si tuviéramos que luchar ahora, esta tarde, no quiero que sea un combate leal. Si es una pelea a cuchillo, sacaré un revólver. Si es un tiroteo, llamaré a la artillería […] y a todos nuestros socios con su artillería”.

Estos socios comprenden a Corea del sur, que alberga la base de lanzamiento del “Sistema de Defensa aérea de Gran Altura” del Pentágono, conocido con el nombre de THAAD, supuesto encargado de apuntar contra Corea del norte. Como indica el profesor Postol, apunta contra China.

En Sidney, Harris ha convocado a China para que “destruya su Gran Muralla en el Mar de la China Meridional”. La iconografía estaba en la portada de los medios. Australia es el socio más obsequioso de Estados Unidos. Su élite política, sus fuerzas armadas, sus agencias de investigación y sus medios de información están integrados en los que se denomina la alianza. El cierre del puerto de Sidney para el séquito de un dignatario estadounidense de visita no es raro. El criminal de guerra Dick Cheney tuvo derecho a este honor.

Aunque China sea el mayor socio comercial de Australia, sobre la que reposa una gran parte de su economía nacional, “enfrentarse a China” es la obligación marcada por Washington. Los pocos disidentes políticos de Canberra se arriesgan a las iras maccarthistas de la prensa Murdoch [magnate de la prensa de nacionalidad australo-norteamericana]. “Ustedes, los australianos, están con nosotros, pase lo que pase”, ha declarado uno de los arquitectos de la guerra de Vietnam, McGeorge Bundy. Una de las bases más importantes de Estados Unidos es Pine Gap, cerca de Alice Springs. Establecida por la CIA para espiar a China y a toda Asia, contribuye de manera esencial a la guerra mortal de Washington, efectuada mediante drones en Medio Oriente.

En octubre Richard Marles, portavoz de la defensa del principal partido de oposición australiano, el Partido Laborista, exigió que las “decisiones operativas” con ocasión de las acciones de provocación contra China sean cedidas a los mandos militares en el Mar de China Meridional. En otros términos, una decisión que podría suponer una guerra con una potencia militar no debiera ser tomada por un cargo elegido o un Parlamento, sino por un almirante o por un general.

Se trata de la línea del Pentágono, que históricamente ha sido divergente de todo Estado que se pretenda democrático. La influencia del Pentágono sobre Washington, que Daniel Ellsberg ha calificado de golpe de Estado silencioso, se refleja en la suma record de 5.000 millones de dólares que Estados Unidos dedica a sus guerras agresivas desde el 11 de Septiembre de 2001, según un estudio de la Universidad Brown. El millón de muertos de Irak y la huída de 12 millones de refugiados de al menos cuatro países son sus consecuencias.

La isla japonesa de Okinawa cuenta con 32 instalaciones militares, desde la que han partido ataques norteamericanos contra Corea, Vietnam, Camboya, Afganistán e Irak. Hoy su principal blanco es China, con la que los habitantes de Okinawa tienen estrechos lazos culturales y comerciales. Constantemente hay aviones militares en el cielo sobre Okinawa. A veces hacen vuelos rasantes sobre viviendas y escuelas. La gente no puede dormir, los enseñantes no pueden enseñar. A cualquier parte de su propio país que vayan se ven rodeados de vallas que les aíslan del exterior. Un movimiento anti-base se fue desarrollando en Okinawa después de que una chica de 12 años fuera violada por tropas norteamericanas en 1995. Era uno de los centenares de delitos de este tipo que nunca fue perseguido. Apenas mencionada en el mundo, la resistencia asistió a la elección del primer gobernador anti-base del Japón, Takeshi Onaga, quien representó un inesperado obstáculo para el gobierno de Tokio y para los planes del Primer Ministro ultranacionalista Shinzo Abe de abolir la Constitución pacifista.

Fumiko Shimabukuro, de 87 años de edad, formó parte de este movimiento de resistencia. Era una superviviente de la Segunda Guerra Mundial, cuando la cuarta parte de los naturales de Okinawa murieron durante la invasión norteamericana. Fumiko y centenares más se refugiaron en la bella bahía de Henoko, que intentaron salvar mediante la resistencia. Estados Unidos querían destruir la bahía a fin de prolongar las pistas para sus bombardeos. “Teníamos que elegir, el silencio o la vida”, dice. Mientras que estamos reunidos pacíficamente en el exterior de la base norteamericana de Camp Schwab, un helicóptero gigante Sea Stallion planea sobre nosotros a fin de intimidarnos.

Al este del Mar de China está la isla coreana de Jeju, un santuario semitropical, lugar de patrimonio mundial declarado “Isla de la Paz Mundial”. Sobre esta isla ha sido construida una de las bases militares más provocadoras del mundo, a menos de 400 millas de Shangai. El pueblo de pescadores de Gangjeong se ve dominado por una base naval surcoreana concebida especialmente para los portaaviones norteamericanos, submarinos nucleares y destructores equipados con el sistema de misiles Aegis, orientados hacia China. La resistencia popular a estos preparativos de guerra existe en Jeju desde hace casi una década. Cada día, y a menudo dos veces al día, los vecinos, los sacerdotes católicos y todos sus partidarios organizan una misa que bloquea las puertas de la base. En un país en el que las manifestaciones políticas se ven prohibidas a menudo pero no así las grandes religiones, la práctica ha producido un espectáculo maravilloso. Un de sus dirigentes, el padre Mun Jeong-hyeon, nos dice: “Cada día canto cuatro canciones en la base, poco importa el tiempo. Canto incluso durante los tifones, sin excepción. Para construir esta base han destruido el entorno y la vida de los vecinos, y debemos dar testimonio de ello. Quieren gobernar el Pacífico, quieren hacer de China un país aislado en el mundo. Quieren ser los dueños del mundo”.

Vuelo desde Jeju a Shangai por primera vez desde hace más de una generación. La última vez que vine a China, el ruido más fuerte que recuerdo es el de los timbres de las bicicletas. Mao Tse Tung acababa de morir, y las ciudades aparentaban ser lugares sombríos, en donde convivían la anticipación y la espera. Algunos años más tarde Ten Xiao Ping, “el hombre que cambió China”, se convirtió en el jefe supremo. Nada me había preparado a los asombrosos cambios de hoy. China permite ver ironías exquisitas, como la casa de Shangai en donde Mao y sus camaradas fundaron clandestinamente el Partido Comunista chino en 1921. Hoy se encuentra en el centro de un barrio marítimo muy capitalista. Se sale de este santuario comunista, con un pequeño Libro Rojo y un busto en plástico de Mao para ir a meterse a los antros de Starbucks, Apple, Cartier y Prada.

¿Se sorprendería Mao? Lo dudo. Cinco años antes de su gran revolución de 1949, envió un mensaje secreto a Washington: “China debe industrializarse”, escribía, “y esto solo puede hacerse mediante la libre empresa. Los intereses chinos y americanos se integran económica y políticamente. Estados Unidos no tiene nada que temer de cooperar. No podemos arriesgarnos a entrar en conflicto”.

Mao se ofreció para un encuentro con Franklin Roosvelt en la Casa Blanca, y su sucesor, Harry Truman, y el siguiente, Dwight Eisenhower. Se le rechazó, o se le ignoró deliberadamente. La ocasión que hubiera podido cambiar la historia contemporánea, impidiendo las guerras en Asia y salvar innumerables vidas se perdió, porque la sinceridad de estos intentos fue negada en el Washington de los años 50, “cuando la fase catatónica de la Guerra Fría apretaba al país con su puño de hierro”, escribía entonces el crítico James Naremore. Las falsas noticias impuestas al gran público presentaba una vez más a China como una amenaza, encontrando el origen de esto en la misma mentalidad.

El mundo se desplaza inexorablemente hacia el este. Pero la visión asombrosa de Eurasia por parte de China apenas es comprendida en Occidente. La Nueva Ruta de la Seda es un corredor destinado al comercio: puertos, gaseoductos y trenes de alta velocidad hasta Europa. Como dirigente mundial de la tecnología ferroviaria, China negocia con 28 países itinerarios sobre los cuales los trenes alcanzarán los 400 kilómetros por hora. Esta apertura al mundo goza del la aprobación de una gran parte de la humanidad y, al mismo tiempo, une China y Rusia.

“Creo en la ‘excepción estadounidense’ con cada fibra de mi ser”, declara Barack Obama, recordando el fetichismo de los años 30. Este culto moderno a la superioridad lleva por nombre “americanismo”, el depredador dominante del mundo. Bajo el gobierno liberal de Obama, galardonado con el Premio Nobel de la Paz, los gastos para modernizar las ojivas nucleares han aumentado más que bajo cualquier otro presidente desde el fin de la Guera Fría. Una mini-arma nuclear está en preparación. Conocida con el nombre de B61 Modelo 12, significa según James Cartwright, antiguo vicepresidente de la Junta de Jefes del Estado Mayor, que “una bombas más pequeña [hace su empleo] más aceptable”.

El septiembre, el Consejo Atlántico, grupo de reflexión geopolítico estadounidense, ha publicado un informe que predecía un mundo hobbesiano “marcado por la ruptura del orden, el extremismo violento y una era de perpetua guerra”. Los nuevos enemigos serían una Rusia “que resurge” y una China “cada vez más agresiva”. Solo los heroicos Estados Unidos nos pueden salvar.

Esta propaganda de guerra tiene una cualidad paradójicamente demencial. Es como si el “siglo americano” proclamado en 1941 por el imperialista estadounidense Henry Luce, dueño de la publicación “Time”, acabara sin preaviso, y nadie tuviera el valor de decir al emperador que recoja sus armas y se vuelva a casa.

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A China sólo le supera Estados Unidos en gasto militar

Según el informe anual del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, a marchas forzadas China intenta colmar la distancia que arrastra con respecto a otras grandes potencias, no sólo en el equipamiento militar, especialmente marítimo, sino también en el tecnológico.

China se rearma más rápidamente que las demás potencias, hasta el punto de que en determinadas áreas, comom la aeronáutica, ya ha alcanzado la paridad con países como Gran Bretaña o Francia.

El director del Instituto, John Chipman, afirma que la superioridad tecnológica, que se daba por sentada, ya no es tan evidente. Chipman realizó sus declaraciones el martes en Londres, al presentar al Informe sobre el equilibrio estratégico en el mundo.

Desde 2012 los presupuestos militares en Asia crecen a un ritmo del 5, e incluso del 6 por ciento, mientras que el resto del mundo el año pasado sólo crecieron un 0,4 por ciento como consecuencia de la caída del precio del petróleo, que ha rebajado los presupuestos militares de los países de Oriente Medio.

Un tercio de los gastos militares del continente asiático son chinos, lo que hace un volumen de 145.000 millones de dólares el año pasado, una cifra que aún queda muy lejos de los 600.000 millones de Estados Unidos, pero que es superior a los de Rusia, que gasta 60.000 millones, Gran Bretaña, con 52.000 millones y Francia con 47.000.

En China el gasto militar tiene una clara vocación por la independencia tecnológica, hasta ahora dependiente de la rusa, y también ha empezado a exportar armamento al exterior con el objetivo de crear una industria de guerra. Ya es el tercer exportador de armas, por delante de Francia, Alemania y Gran Bretaña.

El 6 por ciento de la exportación mundial de armas es de origen chino, siendo sus destinatarios países como Pakistán, Bangladesh y Birmania, todos ellos vecinos de India, el mayor importador de la región. Al margen de la artillería ligera, las exportaciones chinas de armamento ha crecido un 88 por ciento desde 2005, según cifras del Instituto de Estocolmo de Investigaciones para la Paz.

La creación de una industria propia es la base para lograr la independencia bélica y la reducción de compras a otros países. Ha desaparecido uno de los rasgos característicos que desde comienzos de siglo presentaba el mercado mundial de armamento, donde China era era el mayor importador. Ahora es el tercero, después de India y Arabia saudí.

La gran asignatura pendiente del ejército chino es la Marina de Guerra, para lo cual está invirtiendo masivamente en la fabricación de buques y submarinos. Es otro signo de los tiempos: su abrumadora presencia en los mercados mundiales está huérfana, tanto de presencia militar, como de protección de las rutas de abastecimiento, un auténtico talón de Aquiles en el Estrecho de Malaca y en el Mar de China Meridional.

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China considera que el proteccionismo económico de Trump conduce a la guerra

Jack Ma, presidente de Alibaba
Jack Ma, el segundo hombre más rico de China, dijo el lunes durante una visita a Australia, que “todo mundo está preocupado por la guerra comercial. Si el comercio para, la guerra empieza”.

Ma, presidente de Alibaba, el gigante del comercio electrónico de China, se reunió con Trump unos días antes de su toma de posesión y en Australia advirtió de los riesgos de las medidas proteccionistas de Estados Unidos, no sólo en el aspecto económico, sino también en el militar.

A los foros a los que acude, el capitalista chino difunde los beneficios del llamado libre mercado, y considera que Trump es un proteccionista que quiere gravar con impuestos aduaneros a las importaciones procedentes de México, China y otras latitudes, pese a que esto viola las reglas de la Organización Mundial de Comercio.

El problema del proteccionismo es que conduce a que todos los países lo imiten, una carrera en la que toda barrera arancelaria contra la entrada de una determinada mercancía, es contestada con una medida similar del otro lado, una guerra comercial que termina siendo armada.

De ahí que en el portal del Ejército Popular de Liberación, un alto oficial ha publicado que con Trump una guerra es “no sólo una consigna” sino que se está convirtiendo en una “realidad práctica”.

El lema de Jack Ma es el mismo que el de su gobierno: “el comercio ayuda a la gente a comunicarse”. El 11 de diciembre del pasado año, mientras China celebraba el 15 aniversario de su adhesión a la Organización Mundial del Comercio, los medios de comunicación públicos alardeaban de que su país se había “convertido en un referente del libre comercio mundial y un ejemplo de la globalización en general”.

Es una paradoja total: mientras Pekín se ha convertido en La Meca del libre comercio mundial, su máximo exponente, la Organización Mundial de Comercio, le niega el estatuto de economía de mercado. La explicación es la siguiente: las disputas internas entre los miembros de dicha Organización no se resuelven por medio de un mercado libre sino por la fuerza y en ella los países más fuertes acusan a China de dumping.

El 11 de diciembre China se quejó contra Estados Unidos y la Unión Europea por no considerar a su país como un miembro de pleno derecho de la Organización Mundial de Comercio, algo que en Pekín daban por sentado en base al acuerdo de adhesión de 2001. Pero las potencias dominantes son las que ponen y quitan las etiquetas.

Entre esas potencias está, naturalmente, Estados Unidos. Pero si Trump sigue adelante con el proteccionismo va a resultar que quien no es una economía de mercado es… Estados Unidos. ¿Le rebajarán a la misma condición que China, es decir, dejará de ser un miembro de pleno de recho de la Organización Mundial de Comercio?