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China inicia su ofensiva financiera para acabar con el dólar como moneda de reserva mundial

En breve China lanzará una emisión de futuros de crudo en yuanes, lo que asestará el más duro golpe a la economía de Estados Unidos, según el
periódico saudí “Al Eqtisadiya” (*). La medida tendrá un gran impacto en los precios del petróleo, que podrían alcanzar hasta 70 dólares por barril desde el comienzo de la emisión, así como en los precios mundiales del oro, debido a que la moneda china —a diferencia de la estadounidense— es convertible.

Este paso abrirá la puerta de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) a Estados que no forman parte de la institución, ya que sus contratos suelen requerir la compra de petróleo en dólares. Además, los nuevos futuros chinos permitirán la adquisición del metal precioso, por ejemplo, en la Bolsa de Oro de Shanghai o en la de Budapest para aquellos países que no deseen comerciar en yuanes.

“La consecuencia de la compra en yuanes de petróleo garantizado por oro por parte de China es el debilitamiento del dólar frente a las divisas principales. Pero esto puede afectar positivamente al aumento de las exportaciones estadounidenses y causar una disminución de las importaciones, lo que reducirá el déficit comercial en Estados Unidos”, asegura Ammar Al-Mufti, gestor de fondos de inversión saudí.

“Este paso supone un cambio radical en las reglas de la economía mundial, que afectará al dólar y reducirá su atractivo de inversión, como resultado de lo cual en Estados Unidos aumentarán las tasas de interés bancarias. Esto puede tener algunas consecuencias negativas en los préstamos públicos y privados en Estados Unidos, lo que afectará negativamente a varios sectores de la economía, por ejemplo el de los servicios”, añade Al-Mufti.

Tanto el sector público como el privado de Estados Unidos tendrán que reducir el consumo y aumentar la inversión, lo cual es bueno para la economía nacional a largo plazo. Aunque, a su juicio, las consecuencias pueden ser muy negativas a corto y medio plazo.

Por su parte Mohammed Al-Hashid vaticina que el precio del petróleo desde el comienzo de la venta de los futuros subirá hasta los 70 dólares por barril, lo que también conducirá a un aumento de los precios de oro hasta los 1.850 dólares por onza. Ello supone un incremento de 500 dólares respecto al precio actual, 1.350 dólares, una cifra “injustificada” a juicio de Al-Hashid porque perjudica a los mercados mundiales y provoca pérdidas económicas a los países que realizan inversiones en este metal.

(*) http://www.aleqt.com/2017/09/09/article_1248891.html

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Japón aproxima a China su política internacional

Taro Kono, ministro japonés de Asuntos Exteriores
Hombre de personalidad compleja, Taro Kono fue formado por el Partido Liberal Democrático japonés –en el que su padre fue presidente– y en Estados Unidos, por el Partido Demócrata. Hizo campaña a favor de la intervención del ejército japonés en el exterior, pero se opuso a la guerra contra Irak y se pronunció por la prohibición de la proliferación de las armas nucleares. Estima que Washington ha exagerado, en interés de Estados Unidos, la envergadura del conflicto entre China y Japón y desea un acercamiento entre Tokio y Pekín. Sin embargo, para evitar que su posición se interprete como anti-coreana, se comprometió a no visitar nunca el santuario de Yasakuni y logró convencer al primer ministro Shinzo Abe para que siguiera su ejemplo. Desde el 3 de agosto es el nuevo ministro de Exteriores de Japón.

El primer ministro japonés Shinzo Abe tiene programada para septiembre una visita a la India para abordar con su homólogo indio, Narendra Modi, el fortalecimiento de la cooperación bilateral sobre la seguridad de la región Asia-Pacífico así como en materia de energía nuclear y de tecnología ferroviaria de alta velocidad. Pero esa visita, anunciada en el contexto de la confrontación entre la India y China en la región de Doklam, ha suscitado numerosas especulaciones en cuanto a los temas de discusión.

Desde el mes de junio, tropas chinas e indias se enzarzaron en un conflicto militar en la región de Doklam, que limita con el reino de Bután. La India se ha mostrado extremadamente descortés y poco razonable en cuanto a este tema. Es un hecho indiscutible que Doklam es parte del territorio chino. Aunque la India considere las construcciones chinas en la zona como una amenaza, no puede utilizar esa excusa para enviar sus tropas a penetrar en territorio chino.

La decisión de Nueva Delhi de cruzar la frontera es una violación brutal de la soberanía china y un acto tan agresivo obtendrá sin dudas muy poco apoyo en la comunidad internacional. Algunos países ya han declarado que se mantendrán neutrales sobre la cuestión y hasta el propio Bután, país que según la India está bajo su protección, se ha mantenido en silencio con respecto a este tema. Eso pone a la India en una incómoda situación en la que se ve urgentemente necesitada de respaldo.

El Times of India había resaltado antes que el embajador de Japón en ese país, Kenji Hiramatsu, había declarado que no debería intentarse modificar por la fuerza el statu quo sobre la región de Doklam. Esas declaraciones fueron interpretadas por la India, necesitada de respaldo internacional, como una expresión de apoyo por parte de Japón. Pero no es así. Estados Unidos ha expresado varias veces su esperanza de que se solucione el conflicto, y eso es lo que quiere Japón. Washington y Tokio, en principio siempre favorables a Nueva Delhi, han hecho presión al no mostrar ningún verdadero respaldo a la India sobre la cuestión de Doklam.

Estados Unidos y Japón enfrentan en este momento serias crisis internas y externas […] La crisis sobre el desarrollo nuclear y misilístico de Corea del Norte es otra de las preocupaciones que enfrentan Estados Unidos y Japón. En el pasado, Washington y Tokio utilizaron las pruebas nucleares de Pyongyang como pretexto para reforzar su propia presencia militar en el Extremo Oriente. Pero parece que estamos ante una verdadera crisis nuclear. Corea del Norte ha amenazado con lanzar misiles hacia la isla estadounidense de Guam, lo cual significa que sus misiles atravesarían el territorio de Japón –algo que ya ha sucedido. Los progresos de Pyongyang en el plano militar se han convertido en una preocupación para Washington y Tokio. Parece que Corea del Norte, con el fortalecimiento de sus capacidades militares, se convierte para ellos en la principal “amenaza”.

Como vemos, Estados Unidos y Japón ya enfrentan difíciles problemas tanto internos como externos, así que no tienen actualmente ninguna intención de implicarse en los diferendos entre otros países. Al mismo tiempo, están necesitados del apoyo y la cooperación de China ante Corea del Norte. La India provocó a China deliberadamente y es por eso que Estados Unidos y Japón no se pondrán de parte de Nueva Delhi.

Para Japón, el fortalecimiento de la cooperación con China constituye una tendencia irreversible. Taro Kono, cuyas opiniones pro-chinas son de público conocimiento, acaba de ser nombrado ministro de Exteriores. Además, ningún miembro del gabinete japonés visitó este año el santuario de Yasukuni el pasado 15 de agosto, lo cual constituye un hecho sin precedentes para el partido que hoy ostenta el poder en Japón. Es evidente que Abe está dando a Pekín muestras de buena voluntad. Es por tanto poco probable que muestre un apoyo diplomático acentuado a Nueva Delhi durante su próxima visita a la India.

Para Abe, Japón mantiene con la India una relación amistosa, y tendrá por tanto que mostrarse amable con Modi. Pero Japón no desea una escalada en el conflicto entre la India y China. Si China sigue dedicando tiempo y energías al problema de Doklam, eso no favorecerá las posibilidades de hallar una solución al problema con Corea del Norte. Es importante observar que los medios japoneses han sido muy prudentes en su tratamiento de la cuestión de Doklam, lo cual es, en cierta medida, un reflejo de las intenciones del gobierno japonés.

Por consiguiente, la India sólo puede esperar un apoyo limitado de Japón. Nueva Delhi puede haber creído que sacaría algún provecho de sus provocaciones contra China, pero se ha metido por voluntad propia en un atolladero diplomático.


http://www.voltairenet.org/article197705.html

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El tiro por la culata

Darío Herchhoren
Desde hace quizá cientos de años, los USA vienen sancionando al mundo entero. Algunas de esas sanciones se han traducido en guerras o invasiones, tales como la invasión de Japón en la década de 1870; o la invasión de la isla de Granada, luego del desastre de Vietnam, y para levantar la moral de las tropas USA, que pretextaron la construcción de una pista de aterrizaje en la isla por trabajadores cubanos y la construcción de hornos de pan, que según dijeron eran una amenaza para los USA.

Otras veces esas sanciones se tradujeron en tratar de ahogar la economía de algunos países que no aceptaban la tutela de los USA, y otras simplemente consistían en no reconocer la legitimidad de las autoridades de algún país o su legalidad. Un caso paradigmático fue lo que sucedió con la República Popular China, luego del triunfo de la revolución en 1949. El ejército popular de liberación chino había conquistado todo el territorio continental chino, y las tropas fugitivas del ejército de Chiang Kay Check, se refugiaron en la isla de Formosa (Taiwan), y en algunas islas menores. En el territorio continental habitaban 800 millones de habitantes, y en Formosa alrededor de 17 millones. Sin embargo la tradicional torpeza de la diplomacia yanqui dispuso que la “verdadera” China era la de Formosa, y que en el Consejo de Seguridad de la ONU, que estaba compuesta por los cinco “grandes” que habían ganado la guerra, la representación china era la de Formosa que “representaba a todo el pueblo chino”.

Con mayor sensatez, muchos países fueron aceptando al gobierno chino representado por Mao Zedong y comenzaron a comerciar con la República Popular de China, a la cual los imperialistas seguían llamando “China Comunista”, en oposición a la “China Nacionalista”, según los imperialistas la verdadera China. Esta situación se hizo tan ridícula que fue el presidente Richard Nixon quien viajó a China y se entrevistó con Mao Zedong, y en esa ocasión las cosas se pusieron en su lugar. La República Popular China recuperó el sillón en el Consejo de Seguridad de la ONU, y el mundo entero aceptó esa situación. Se reconoció que solo había una China, y algunos, como los USA siguieron manteniendo relaciones no diplomáticas con Taiwan, a la cual convirtieron en una inmensa base militar y fuente de provocaciones hacia la verdadera China, pero les salió el tiro por la culata. China se convirtió en la principal potencia industrializada del mundo, y navíos mercantes chinos están en todos los puertos del mundo descargando los productos manufacturados chinos. ¿De qué sirvió esa política del imperio? De nada.

Estamos en 2017 y el imperio parece no haber aprendido nada de las lecciones de la historia. Ahora intenta sancionar a China, a Rusia, a la República Popular de Corea y a Irán. Pero el tiempo ha pasado, y la hegemonía ha sido perdida definitivamente por los USA. Los paìses sancionados han elaborado una estrategia consistente en no utilizar más el dólar como moneda de mensuración de su comercio y utilizar sus monedas nacionales además de desligarse del sistema SWIFT, que consiste en la posibilidad de utilizar el dólar USA, y fijar unos medios de compensación bancarios controlados por los USA, que obliga a sus usuarios a que todas las operaciones de su comercio exterior pasen por bancos USA, por los cuales cobran jugosas comisiones. Esto está a punto de acabarse, ya que los sancionados, acaban de crear su propio sistema de compensación en sus monedas nacionales, y parece que los países BRICS (Brasil, Rusia, China y Sudáfrica) adherirán a él. Se trata de un tráfico comercial de cien mil millones de dólares anuales (no es moco de pavo) que los bancos USA dejarán de pasar por sus ventanillas. Esto es una herida de muerte para el imperio; que seguirá recibiendo tiros por la culata. Con Trump o sin él, el imperio se hunde. Tenía razón Mao, cuando decía que el imperialismo era un tigre de papel. Ahora, ese tigre ha perdido sus dientes.

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La guerra comercial entre Estados Unidos y China es la antesala de la guerra de verdad

Para evitar una catástrofe económica sin parangón en la historia, a finales del mes que viene el Congreso de Estados Unidos deberá aprobar una ley para ampliar el techo de deuda pública. Si no se amplía, Estados Unidos no podría pagar sus gigantescas deudas; iría a la quiebra de manera inmediata y arrastraría consigo a una buena parte de las finanzas mundiales, el desplome de las bolsas…

Pero los diputados no se ponen de acuerdo. En la Casa Blanca son partidarios de una expansión neta de la deuda, es decir, una anulación -que califican de temporal- del techo de deuda; algunos congresistas se oponen y pretenden un alza del techo hasta un cierto nivel.

Son distintas formas de anunciar la quiebra y de disolver sus efectos en el tiempo. Trump ha cancelado sus vacaciones, pero no para enfrentarse al problema sino para abordar el verdadero problema de fondo, la guerra comercial con China, que asume distintos formatos según el momento.

Ahora el formato es que China roba (a Estados Unidos) los derechos de propiedad intelectual; China responde que eso no es más que un instrumento de presión para que ellos -a su vez- presionen a Corea del norte.

Según la explicación simplista de Trump, China fabrica mercancías (“reproduce” son sus palabras exactas) con técnicas industriales estadounidenses, y luego las revende en Estados Unidos a precios muy bajos. Las exportaciones “made in USA” se reducen y las importaciones aumentan, el déficit exterior crece…

Si la cosa se pone fea, Estados Unidos recurrirá a la guerra comercial y las barreras arancelarias causarán a China un perjuicio económico que en Washington estiman -muy alegremente- en 600.000 millones de dólares. Naturalmente, la cifra es muchísimo más elevada, indicador de una gran catástrofe que ni siquiera son capaces de imaginar en sus peores pesadillas.

La Comisión Americana sobre Robo de Propiedad Intelectual calcula que las pérdida a causa de las falsificaciones chinas, pirateo informático y robo de secretos industriales alcanzan cotas comprendidas entre los 225.000 y los 600.000 millones de dólares. Según dicen, China es responsable del 87 por ciento de las mercancías  pirateadas o falsificadas que llegan a Estados Unidos.

Lo de menos es si eso es cierto o algo parecido a las “armas de destrucción masiva”; tampoco interesa saber si los datos están inflados o no. En cualquier caso es capitalismo en su más puro estado, competencia, un terreno que Estados Unidos ha perdido desde hace tiempo. Ya no les interesa la “globalización”, ni el “neoliberalismo”, ni el libre mercado, ni la Organización Mundial de Comercio.

Si Estados Unidos inicia una guerra comercial con China, los mayores perjuicios serán para los grandes monopolios estadounidenses, como Apple, que ensamblan sus mercancías en China para venderlas en Estados Unidos. Pero hay otros capítulos muy alejados de las nuevas tecnología en los que China ha liquidado a la competencia mundial: la mitad de la soja que se consume en Estados Unidos procede de China.

Ante tal situación, en Pekín han quedado los últimos defensores del librecambismo y de los viejos principios de la Organización Mundial de Comercio. Pero si no es posible triunfar con el librecambismo, dicen en Pekín, triunfaremos con el proteccionismo exactamente igual; tomaremos contramedidas.

A la vista aparece el fantasma de una drástica reducción del comercio internacional, uno de los pilares que han fundamentado el raquítico crecimiento del capitalismo desde 1945 en todo el mundo. No hay más que analizar la situación económica de Japón, en otro tiempo paradigma de que el capitalismo podía obrar milagros. Desde finales de los ochenta es una foto fija, la del estancamiento y la del fracaso de todos los remedios puestos en funcionamiento para salir del atasco, el último de los cuales lo dice todo: el lanzamiento en cantidades infinitas de dinero fiduciario.

La guerra comercial es, por lo demás, la antesala del otro tipo de guerra, la de verdad. Por eso los chinos tienen razón cuando la relacionan con Corea del norte. Lo uno conduce a lo otro.

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Estados Unidos tensa la cuerda con China (que se romperá del lado del más débil)

Desde la llegada de Trump a la Casa Blanca, el aire apesta a bastante más que una simple guerra comercial. Cuando en Washington hablan de Corea del norte, se refieren indirectamente a China. Al fin y a la postre, en 1950 en la Guerra de Corea también combatió el Ejército Popular de Liberación.

Estados Unidos habla con Pynongyang a través de Pekín, que es el primer escudo protector de Corea del norte porque los chinos saben que si Estados Unidos ataca, detrás de los coreanos van ellos. Cuando Nikki Haley, la embajadora de Estados Unidos en la ONU, dice que el tiempo de diálogo con Pynongyang se ha acabado está amenazando a China y les dice que si ellos no son capaces de que Corea abandone el programa nuclear, lo harán ellos… a su manera, naturalmente.

Lo que Haley quiere decir es lo que dice: que el tiempo de la ONU, su tiempo, se ha acabado y con él se han ido las demás instituciones internacionales, incluidas las comerciales, porque las sanciones contra Corea del norte son una risa total, como bien saben en Washington.

Con lo que están amagando en la Casa Blanca es con sanciones a China, que es una parte de la campaña electoral de Trump. La reunión de abril con Xi Jinping en su casa de Florida fue un espejismo. Ahora encima de lo mesa lo que hay es lo prometido: tarifas aduaneras y cuotas comerciales, e incluso del cierre del mercado estadounidense, empezando por el acero, lo que daría puntilla a la Orgnización Mundial de Comercio.

China tiene un cinco por ciento de la gigantesca deuda de Estados Unidos, que podría vender. El comercio entre ambos países supera los 500.000 millones de dólares y una caída afectaría al mundo entero.

Las sanciones económicas se han convertido en uno de los capítulos más importantes de la política exterior de Estados Unidos y convienen recordar a qué países efecta: Cuba, Rusia, Irán, Corea del norte, Venezuela… hasta un total de 26 países incluidos directamente en el programa Ofac, más otros afectados indirectamente en plena “época neoliberal”.

Las sanciones económicas prueban al mundo entero, inluidos sus propios aliados y socios comerciales, que Estados Unidos no tiene nada que ofrecer. Las que se han impuesto a Rusia están afectando a Europa y nada ha sustituido tampoco al fin de la Asociación Trans-Pacífica en Asia.

Es muy posible que en un futuro inmediato Trump sustituya las sanciones económicas por aranceles, decretando el fin de la Organización Mundial de Comercio y de toda la economía mundial tal y como se ha ido configurando desde 1945, y no cabe olvidar que se hizo en interés de Estados Unidos, que es el mayor perdedor de este envite.

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China considera que Palestina es el centro de la crisis de Oriente Medio

La gran sorpresa se produjo el miércoles de la semana pasada, cuando los ministros de Asuntos Exteriores de Qatar y Emiratos Árabes Unidos viajaron a Pekín, donde negociaron la crisis interna de los países del Golfo.

Las preguntas son todas obvias: ¿qué papel juega China en Oriente Medio?, ¿por qué a Pekín y no a Washigton?

La respuesta es que mientras Estados Unidos es parte del problema de Oriente Medio, China se ofrece como una solución, al menos posible, ya que trata de ejercer una mediación.

La conclusión también es una constatación muy obvia: los problemas de Oriente Medio ya no pasan por las manos de Washington.

En Pekín los cancilleres árabes se encontraron con una propuesta de su colega chino Wang Yi que contenía tres puntos, según el comunicado oficial del Ministerio. El primero es resolver las diferencias entre las partes por vías políticas. La segunda es defender una “solución árabe” en el marco del Consejo de Cooperación del Golfo, mientras los demás países deben respetar los principios de no injerencia. El tercero es la iniciación de negociaciones entre todas las partes implicadas, empezando por un rechazo del terrorismo.

China ha ofrecido su mediación, tanto a Emiratos como a Qatar, lo cual ha sido muy bien recibido porque sus propuestas se basan en la seguridad, la estabilidad y el mantenimiento del “statu quo” regional.

Otro aspecto importante es que China se preocupa por destacar que no tienen las manos atadas por nada ni por nadie, en el sentido de que sus propuestas son absolutamente independientes de las rusas, las iraníes y las turcas, aunque en ningún caso contradictorias con ellas.

Lo mismo cabe decir de las iniciativas adoptadas por Estados Unidos: China se preocupa por destacar que no tiene ninguna intención de sabotearlas.

El gobierno de Pekín toma, pues, parte activa en la crisis del Golfo, lo mismo que en toda la situación en Oriente Medio, cuya inestabilidad puede repercutir seriamente en otras regiones del mundo.

“La cuestión palestina está en el origen de los problemas de Oriente Medio”, dice un rotundo comunicado oficial del Ministerio chino de Asuntos Exteriores. “La paz y el desarrollo de toda la región dependen del arreglo justo y apropiado de la cuestión palestina”.

Así se explica la visita de Mahmud Abbas a Pekín la semana anterior y la propuesta de cuatro puntos del Presidente Xi Jinping en persona para avanzar en la solución del contencioso palestino, la principal de las cuales es que la solución política en Palestina pasa por la creación de dos Estados.

China pretende que la Resolución 2334 del Consejo de Seguridad de la ONU se ponga en funcionamiento de manera efectiva y que se paralice inmediatamente la construcción de nuevos asentamientos sionistas en los territorios ocupados por Israel.

Además, Xi Jinping propuso un mecanismo trilateral de negociaciones con Palestina e Israel, a los que incluye dentro del proyecto de la Nueva Ruta de la Seda.

Lo interesante no es sólo que China ha dejado de “mirar y ver” para mostrarse activa, con iniciativa, sino que además sus propuestas son estratégicas.

Para acabar: estamos ante otra muestra de que las potencias occidentales empiezan a ser marginales en Oriente Medio.

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China y Rusia llevan a cabo maniobras navales conjuntas en el Mar Báltico

Según la agencia de prensa iraní Tasnim, el viernes Rusia y China iniciaron unas sorprendentes maniobras navales conjuntas en aguas internacionales del Mar Baĺtico, bautizadas “Joint Sea 2017”, una exhibición de fuerza para contener a la OTAN en una región en la que los imperialistas concentran un dispositivo militar cada vez más importante.

China nunca había aparecido en un escenario tan alejado de sus costas y el hecho de que las maniobras se celebren en el mar marca la pauta de su nueva estrategia militar, volcada hacia la Marina de Guerra, su gran asignatura pendiente.

Nada de lo que está ocurriendo es casualidad. A medida que Estados Unidos aprieta el dogal, los vínculos entre China y Rusia se estrechan cada vez más, desde el Mar Amarillo hasta los confines nórdicos de Europa oriental, donde la tensión con la OTAN es máxima.

Las maniobras navales quieren poner de manifiesto que el Mar Báltico no son aguas jurisdiccionales de la OTAN y que Rusia no puede dejar sus fronteras bajo la influencia de una alianza militar que da muestras continuas de hostilidad en la zona.

Los ejercicios se desarrollarán en dos etapas. En una primera, que durará el verano, se emprenderán misiones de defensa antiaérea y defensa antisubmarinos. La segunda acabará a mediados de setiembre en los Mares Ojotsk y de Japón.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltemberg, ha declarado que seguirán atentamente la evolución de los ejercicios militares en el Báltico y que pedirán explicaciones sobre otras maniobras militares entre Rusia y Bielorrusia previstas para el mes de setiembre próximo.

Desde su misma fundación, los planes militares de la OTAN han contado con un control absoluto sobre zonas marítimas vitales para Rusia, como el Báltico y el Mar Negro, o para China como el Mar de China Meridional. Preo si este último es para China una zona vital de tránsito, el Báltico es un eslabón débil desde los tiempos de la guerra civil en Rusia de 1919 a 1922.

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¿Compás de espera antes de un ataque contra Corea del norte?

La determinación de Corea del Norte por defender su sistema de gobierno y el país ha provocado movimientos inusuales, otros no tanto y el que, de repente, todos estén haciendo cuentas.

Los propagandistas habituales se rieron no hace mucho del desfile militar en el que Corea del Norte presentó en sociedad sus misiles más sofisticados. Dijeron todo ufanos que “el régimen ha querido impresionar al mundo presentando misiles de cartón-piedra”.

Resulta que el cartón-piedra ha volado a una altura de casi 3.000 kilómetros y ahora todo el mundo dice que fue una prueba de un misil intercontinental. Y el miedo comienza a recorrer la espina dorsal de los propagandistas y sus pagadores.

Eso incluye a EEUU. Trump ha dicho que están pensando “algunas cosas bastante graves” en represalia. ¿Una bravuconada más? Es probable, porque de inmediato ha dicho que EEUU va a esperar “unas semanas o unos meses” a ver qué pasa con Corea del Norte y qué hacen los demás. Entre esos “demás” están China y Rusia.

Si Trump fuese inteligente (o alguien de su equipo) sabría que esos “demás” ya han dicho lo que tienen que decir: China y Rusia firmaron ayer un comunicado conjunto insistiendo en “la doble suspensión”, es decir, que Corea del Norte renuncie a sus pruebas nucleares y misilísticas a cambio de que EEUU y Corea del Sur suspendan sus ejercicios militares a gran escala (este es un acuerdo al que llegaron China y Corea del Norte en 2015) aunque ahora han añadido un elemento nuevo y que pone a EEUU contra las cuerdas: también hay que suspender y/o retirar de Corea del Sur los misiles THAAD que amenazan tanto a China como a Rusia con la excusa de Corea del Norte.

China y Rusia dicen lo siguiente en su comunicado conjunto: “Las partes confirman que el despliegue de los sistemas THAAD ABM (misiles balísticos) en el noroeste de Asia está causando graves daños a los intereses de la seguridad estratégica de los estados de la región, entre ellos Rusia y China, y no está contribuyendo a la consecución de los objetivos de la desnuclearización de la península coreana y, del mismo modo, a la provisión de la paz y la estabilidad en la región”.

Como la cumbre del G-20 esta al caer, habrá que esperar lo que salga de ella porque este tema será, sin duda, uno de los ejes de la misma.

Pero antes todo el mundo se ha estado viendo con sus amiguitos para preparar el terreno. Trump con el japonés Abe y el surcoreano Moon Jae-in; Putin con Xi. La diferencia entre estas reuniones no es sólo de interlocutores, sino que Putin y Xi han mantenido la que es su 21 reunión desde que Xi llegó al poder en 2013. Que dos dirigentes politicos de este calibre se hayan encontrado en 21 ocasiones en cuatro años (es decir, a una media de 5 reuniones al año, una cada dos meses y medio) indica todo acerca de la alianza estratégica, cada vez más estrecha, de los dos países.

Ni qué decir tiene que tanto Rusia como China van a utilizar su poder de veto en la ONU si Trump hace alguna de esas “cosas graves” que anunció ayer. No es que EEUU tenga el menor reparo en violar todo lo violable, como lo que queda del derecho internacional, pero debería andarse con cuidado por lo que pueda acaecer después.

Todos en EEUU se han puesto a hacer cuentas de lo que supone una “amenaza” que ya se toman en serio. Y dicen que Corea del Norte puede tener la tecnología necesaria para elaborar misiles que puedan portar no ya carga convencional o nuclear sino electromagnética. Lo que en la jerga se llama EMP o pulso electromagnético. Tal vez sea eso a lo que se ha referido Kim Jong-un al afirmar que puede enviar un “paquete de regalo” aún más grande a EEUU que el misil ese que ya no es de cartón-piedra que se probó el otro día.

Y por eso el Pentágono está hirviendo ante lo que consideran “opción viable” para Corea del Norte en caso de guerra. La realidad es que EEUU está desconcertado con la tenacidad de Corea del Norte. Y ahora empiezan a tomar en serio a este país porque aunque lo del misil balístico intercontinental -como han dicho con una cierta satisfacción- sólo pueda llegar a Alaska lo cierto es que con la “opción viable” no es necesario más que un misil disparado desde un submarino, por muy cochambroso que sea el submarino, para provocar el caos en EEUU.

Resulta que EEUU es totalmente vulnerable a un ataque electromagnético, como estableció en propio Congreso del país en el año 2001, y que en caso del mismo “hasta el 90% de la población podría padecer hambre, enfermedad y la sociedad entraría en descomposición”. He aquí lo que decía el Congreso entonces: “sin acceso a internet, todos los métodos de comercio y de comunicación se detendrían. No habría TV, radio, teléfonos, transacciones de tarjetas de crédito y los retiros en efectivo de los bancos serían imposibles”. Conclusión: “no estamos preparados para un ataque electromagnético”.

Y, de repente, se han puesto a echar cuentas de lo que puede costar hacerlo. Y dicen que se puede llegar a los 20.000 millones de dólares sólo en el caso de blindar el sector público -que no es muy grande en EEUU- y que sólo en el caso de los transformadores eléctricos se podría tardar hasta 18 meses en lograr blindar todos, o reparar, o reponer, etc., etc.

Corea del Norte no va a atacar a EEUU, pero tampoco se va a quedar calladita si se la amenaza, y amenaza, y amenaza…

EEUU tiene poco margen de maniobra, pese a Trump y sus “cosas bastante graves”. Por eso está intentando presionar a China para que sea este país quien meta en cintura a Corea del Norte. Y si ya ha sancionado a un par de ciudadanos chinos y a un banco muy pequeño por sus vínculos con Corea del Norte, ahora dice que puede ampliar esas sanciones. ¿Alguien se cree que China no respondería deshaciéndose, por ejemplo, de los miles de millones de dólares que tiene en su reserva? Ya lo ha hecho, con resultados desastrosos para EEUU y eso que fue a pequeña escala y con bonos del Tesoro para no asustar en exceso.

EEUU olvida -quiere olvidar- que ya no es la potencia hegemónica del planeta y que ahora mismo hay casi más influencia china en la economía estadounidense que al revés. En cualquier caso, el grado de integración económica entre los dos países es tan grande que sería de locos imponer sanciones a China sabiendo que la venganza de Beijing sería tan sofisticada como terrible.

No obstante, China sigue poniendo una vela a dios y otra al diablo y mientras que el comercio con Corea del Norte se mantiene en un nivel aceptable, pese a las sanciones de la ONU a las que se ha sumado China, alcanzando incluso un incremento del 13’7% en lo que va de año, al mismo tiempo anuncia que no va a crecer más en lo que resta de año y que incluso puede decrecer algo, en torno al 2-3%. Insiste en que no compra nada de carbón a Corea del Norte en cumplimiento de las sanciones de la ONU (y es cierto que no ha comprado ni un solo trozo desde el mes de mayo) y que ese incremento del comercio está relacionado con alimentos.

http://elterritoriodellince.blogspot.com.es/
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Una superpotencia científica y tecnológica: China

China no es la fábrica del mundo sino una superpotencia científica. Dentro de cinco años producirá más artículos científicos que Estados Unidos, asegura una edición especial de Nature en el país asiático que extrapola la evolución del número de publicaciones científicas en ambos países desde 1990.

En el cambio de siglo China producía casi 30.000 artículos científicos, mientras que en 2010 publicó la friolera de 150.000. En el mismo periodo Estados Unidos ha pasado de 250.000 a 280.000. Si la progresión se mantiene, dentro de cinco años cada uno de ellos publicará 350.000.

Esas cifras sólo son un pálido reflejo de lo que está ocurriendo en la ciencia. El crecimiento de las publicaciones científicas chinas es consecuencia del enorme crecimiento en el número de científicos y de su creciente presencia en las filas del Partido Comunista y del Estado o, dicho de otra manera, una gran parte de los cuadros dirigentes tienen una titulación universitaria superior.

China es un país dirigido por ingenieros, investigadores y economistas que, como cualquier cuerpo técnico, o mejor, tecnocrático, se retroalimenta: la inversión en ciencia y tecnología sobrepasó a la de Alemania en 2010 y a Japón en 2013. Actualmente sólo le supera Estados Unidos. Para 2020 la inversión en ciencia y tecnología será del 2,5 por ciento del presupuesto público anual.

Los artículos publicados por los científicos chinos son cada vez más influyentes, es decir, cada vez hay más citas que apuntan a sus publicaciones. Tomando como medida el 1 por ciento de los artículos científicos más citados, la parte correspondiente a los científicos chinos se ha disparado, literalmente, del 1,85 por ciento en 2001 al 11,3 por ciento en 2011.

Al mismo tiempo, el porcentaje estadounidense en la producción científica más citada se desploma del 65 por ciento en 2001 al 50 por ciento en 2011. La hegemonía estadouniudense en la ciencia casi ha desaparecido.

“China controla el mercado mundial de penicilina”, titulaba El Mundo el 8 de mayo. “Hoy en día el suministro global de penicilina G benzatina está en manos de sólo cuatro empresas, tres de las cuales están ubicadas en China”, añadía.

En octubre de 2010 la supercalculadora china Tianhe 1A ocupó el primer lugar del mundo y se mantuvo en él durante once años, hasta que fue superado por una japonesa.

Desde el año pasado China es la cuarta potencia por número de patentes. Las solicitudes de patentes crecieron un 18,7 por ciento, pasando de 928.177 a 1.101.864.

El radiotelescopio más grande del mundo es chino. Se trata de una enorme antena curva que mide 500 metros de diámetro.

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China teme la explosión inminente de la burbuja especulativa

Nick Beams

La agencia reguladora bancaria de China ordenó investigar a algunos de los mayores inversores del país en el extranjero, mencionando la posibilidad de un riesgo generalizado para toda la red financiera debido a las prácticas que los inversores han empleado en la adquisición de activos.

La investigación que llevará a cabo la Comisión de Regulación Bancaria de China (CRBC) está dirigida a esclarecer las conexiones de bancos chinos con cuatro empresas: el gigante inmobiliario y de entretenimiento, Dalian Wanda, los conglomerados empresariales Fosun International y el Grupo HNA, las cuales son empresas cotizadas, además de la aseguradora no cotizada, Anbang.

Según una estimación, las cuatro empresas han sido responsables de 56.000 millones de dólares en negocios en el extranjero durante los últimos cinco años.

Sus adquisiciones incluyen la compra del Waldorf Astoria Hotel de Nueva York, la empresa estadounidense de cine AMC Entertainment, el grupo de producción teatral Cirque du Soleil y una participación del 10 por ciento en Deutsche Bank.

Aunque trataron de contrarrestar los efectos de la investigación al emitir garantías de que nada iba a cambiar, las empresas cotizadas experimentaron ayer una venta de sus acciones y bonos. Los grandes bancos públicos también declararon que no tenían intención de cortar sus fondos a las empresas involucradas.

La CRBC examinará si las empresas utilizaron o no productos financieros de alto interés y préstamos en el extranjero para su conjunto de compras, que se llevaron a cabo en gran medida fuera del alcance de los reguladores chinos.

La decisión de la CRBC llega tras la detención a principios de junio de Wu Xiaohui, el titular de Anbang, por inquietudes sobre sus compras de activos en el extranjero mientras los reguladores chinos intentan controlar la salida de capitales del país.

Liu Zhiqing, subdirector del departamento de riesgo de la CRBC, dijo que la comisión estaba preocupada por “el riesgo sistémico de algunas grandes empresas” y que este riesgo “podría transmitirse al sistema financiero y a otras instituciones, incluyendo bancos chinos más pequeños”.

Liu se negó a dar detalles específicos de las empresas que constituyen el foco de la investigación, diciendo que los riesgos sólo aplican “en un sentido amplio”.

El gobernador del banco central, Zhou Xiaochuan, destacó las preocupaciones sobre la estabilidad del sistema financiero a principios de esta semana. “La experiencia de la crisis financiera mundial nos dice que la primera prioridad es mantener las instituciones financieras sanas para que se puedan evitar crisis financieras”, dijo. “No podemos tolerar fenómenos como el fuerte apalancamiento, el bajo capital y los préstamos morosos”.

La seriedad de la investigación CRBC fue subrayada por los comentarios al Financial Times, de Frederic Cho, fundador de una consultoría de inversiones especializada en China. “Esta es una investigación minuciosa de grandes grupos con una presencia de inversión en el extranjero a fin de evitar ‘un momento Lehman Brothers’ [como el que antecedió la crisis del 2008 en Estados Unidos] en el sistema financiero chino”, dijo.

China teme que una crisis o incluso la quiebra de uno o más de los principales inversores en el extranjero causen un enorme daño a la reputación financiera del país y afecten gravemente al intento del gobierno de integrar a China en el sistema financiero mundial por completo.

El presidente de CBRC, Guo Shuqing, ha prometido limpiar el sistema bancario y financiero chino. Fue citado a principios de este año diciendo que renunciaría “si la industria bancaria se convierte en un desastre completo”.

Sin embargo, una depuración financiera también presenta problemas. Los intereses bancarios y financieros están estrechamente entrelazados con diferentes facciones y a veces rivales dentro del régimen del Partido Comunista de China que ejercen una considerable influencia política y por lo tanto económica.

El crecimiento del gigantesco y, en gran parte, no regulado sistema financiero paralelo o “en la sombra” preocupa. El gobierno quiere ponerlo bajo control, reconociendo los peligros que representa. Sin embargo, el régimen también depende de éste para financiar a las autoridades locales y mantener el crecimiento económico.

Todo el régimen del PCCh vive con el temor de una crisis económica mayor que conduzca a una desaceleración del crecimiento o una recesión porque su única fuente de legitimidad política descansa en su capacidad para sostener la expansión económica.

El gobierno espera poder lograrlo haciendo que China sea reconocida como parte del sistema financiero mundial. Pero este objetivo depende de su capacidad para asegurar que China no sea considerada un “oriente financiero salvaje”.

Mientras que la mayoría de las compras chinas de activos en el extranjero se financian con préstamos de las reservas estatales o con fondos proporcionados por bancos chinos y extranjeros, y por lo tanto pueden ser supervisadas por reguladores, algunas empresas utilizan financiación y emiten productos financieros fuera del país para esquivar las regulaciones estatales.

El Grupo HNA, una de las empresas seleccionadas en la investigación, es un caso concreto. Ha comprado unos 40.000 millones de dólares en activos extranjeros en los últimos dos años, a menudo utilizando la empresa elegida como garantía para préstamos en el extranjero. Esto le permite hacer acuerdos fuera del alcance de los controles sobre flujos de capital y préstamos bancarios nacionales.

La atención internacional en el sistema financiero chino también aumentó la semana pasada con la decisión de MSCI, el indexador más influyente de las acciones de mercados emergentes, de incluir las acciones A-Share chinas en sus principales índices globales.

En agosto de 2018 las acciones chinas representarán el 0,7 por ciento del índice MSCI para mercados emergentes. Si bien esta es sólo una pequeña parte del índice, se espera que este paso atraiga alrededor de 17.000 millones de dólares de capital extranjero a los mercados bursátiles chinos. Más adelante, este flujo podría aumentar ya que el mercado chino de acciones A-Share es ahora el segundo más grande del mundo por capitalización, sólo por detrás de Estados Unidos.

Goldman Sachs calcula que podrían ingresar unos 430.000 millones de dólares en los mercados chinos si se incorpora completamente a China. Para que esto suceda, sin embargo, el MSCI exige cambios radicales en el sistema financiero chino, incluyendo tratar las preocupaciones sobre las suspensiones del comercio de acciones y de administración de empresas, particularmente de las empresas públicas.

También preocupan las conexiones, a menudo a oscuras, entre las principales empresas chinas e instituciones financieras y el mercado financiero paralelo, que ha triplicado su tamaño en los últimos cinco años a casi diez billones de dólares, el 87 por ciento del producto interior bruto (PIB).

Otra cuestión es el nivel de la deuda. Las empresas chinas son las más endeudadas del mundo, con una cantidad equivalente al 170 por ciento del PIB. Algunas de las 222 empresas que se incluyen en el índice MSCI están entre las más endeudadas y hay preocupaciones de que algunas tengan problemas para pagar sus préstamos si la economía crece más lentamente.

Las autoridades chinas acogieron con satisfacción la decisión del MSCI, viéndola como otra palanca para mejorar el régimen regulador del sistema financiero. Pero, debido al peso que tienen las deudas y el sistema financiero paralelo en la economía china, los esfuerzos con base en reformas están plagados de contradicciones y conflictos.

http://www.wsws.org/es/articles/2017/06/29/chin-j29.html