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El retroceso de los glaciares alpinos es sólo la mitad de su historia

Ladera del monte Tschierva, en los Alpes
Desde finales del siglo XVIII los científicos suizos fueron los primeros que se preocuparon por los glaciares porque en aquella época la industria turística les puso el dinero encima de la mesa para averiguar el porvenir del negocio. No sólo descubrieron que los glaciares alpinos retrocedían sino que lo mismo les ocurría a otros glaciares del planeta. En fin, descubrieron las glaciaciones que, como ya hemos dicho, es uno de los mayores descubrimientos en la historia de la ciencia.

En su retroceso los glaciares levantan la sábana de hielo y dejan ver la historia que hay debajo. Cuando los glaciares avanzan lo vuelven a tapar todo.

Christian Schlüchter, profesor de geología de la Universidad de Berna, se dedica a estudiar los restos que dejan al descubierto los glaciares suizos. Algunos de esos restos son leños y turba que se encuentran en los frontales de los glaciares y su fecha se puede datar.

Los restos orgánicos demuestran que en un determinado momento, hace miles años, en su avance el glaciar arrasó un bosque y lo dejó enterrado, es decir, que creció de tamaño y luego retrocedió. Hablar constantemente del retroceso de los glaciares es contar sólo la mitad de la historia.

“Hasta ahora todos estábamos convencidos de que los Alpes siempre habían estado cubiertos de hielo y de magníficos glaciares. Hoy sabemos que esa hermosa imagen es falsa: durante al menos la mitad de los últimos 10.000 años los glaciares suizos cubrieron menos superficie de lo que cubrían en 2005”, escribe Schlüchter.

Durante una determinada época los glaciares suizos crecieron y ahora están en retroceso porque el planeta y todo lo que hay en él, lo mismo que las personas, están en movimiento, en un interminable proceso de cambio, de desarrollo y de extinción, tanto si se trata de seres vivos como de materia inerte. Para que el planeta y lo que hay en él se muevan no es necesaria la intervención de la humanidad, ni de la industria, ni del capitalismo.

En la naturaleza la estabilidad no existe y los glaciares alpinos retroceden desde una época anterior al desarrollo industrial. Los dialécticos antiguos lo llamaban “motu propio”: los glaciares se mueven por sí mismos, por su propio impulso, por automovimiento.

Schlüchter empezó analizando sistemáticamente el glaciar Tschierva, en el cantón de los Grisons, y el glaciar Unteraar, en el de Berna, y luego amplió las conclusiones obtenidas a todos los glaciares alpinos, mostrando un escenario coherente de su historia desde el final de la última glaciación.

Según Schlüchter, en los últimos 10.000 años los glaciares han experimentado doce períodos de avance y retroceso, algunos de los cuales son más prolongados que otros, con duraciones que a veces se miden en siglos y otras en milenios.

Así algunos de los restos de árboles que han aparecido bajo los frontales de los glaciares podrían tener hasta 6.000 años de antigüedad. En un antiguo glaciar en el que ahora no vemos más que rocas, antes hubo hielo y antes un bosque. Lo que no hubo nunca fue esa estabilidad de la que ahora hablan tanto.

En determinadas épocas, el límite entre la zona de acumulación y la de ablación ha remontado más de 300 metros. Los glaciares cambian y, en determinadas, épocas cambiaron mucho más rápidamente que en la actualidad. Sin embargo, no todos cambian al mismo tiempo, ni al mismo ritmo. Mientras los periodos de enfriamiento son lentos, dice Schlüchter, los de calentamiento son mucho más rápidos.

Por más que los seudocientíficos digan otra cosa, las causas del avance y el retroceso de los glaciares no se conocen más que de forma muy imprecisa. Ciertamente la temperatura es una de ellas, pero también lo son las precipitaciones, la humedad y los vientos dominantes.

En opinión de Schlüchter, la temperatura es la causa principal del retroceso de los glaciares y en ciertos momentos de la historia la temperatura ha sido entre 1 y 1,5 grados centígrados más alta que en la actualidad.

En los últimos 10.000 años se han producido doce fases de retroceso de los glaciares alpinos, según Schlüchter. Hace unos 7.000 años, en ellos había mucho menos hielo que hoy y no es exagerado decir que muy probablemente el hielo había desaparecido por completo.

Los períodos de menos hielo en los Alpes coinciden con épocas de intensa actividad solar, según mediciones del berilio 10 que se forma durante dichos períodos. El análisis de la madera fósil permite determinar los patrones de precipitación en el momento del crecimiento de los árboles, lo que también proporciona información sobre el clima del pasado.

Durante el Imperio Romano los glaciares también se redujeron drásticamente. Hace 2.000 años apenas había nieve en las cumbres más altas de la cordillera y por eso Aníbal pudo cruzar los Alpes con sus elefantes para atacar a las legiones. Según Schlüchter entonces las temperaturas eran aproximadamente un grado más cálientes que las actuales.

Si en el Imperio Romano hubiera habido seudoecologistas, estarían mucho más asustados que hoy.

Más información:
– Una de las mayores revoluciones científicas: el descubrimiento de las glaciaciones

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Ucrania quiere eliminar las últimas conquistas de los trabajadores heredadas de la época soviética

En Ucrania han cambiado las denominaciones de las calles en nombre de la lucha contra la dictadura comunista.

Han quitado las estatuas de Lenin y de los dirigentes bolcheviques en nombre de la lucha contra la dictadura comunista.

Han cambiado los nombres de las ciudades en nombre de la lucha contra la dictadura comunista.

Ahora eliminan también las conquistas de la clase obrera soviética con el mismo pretexto de siempre: la lucha contra la dictadura comunista.

El ministro de Desarrollo Económico, Comercio y Agricultura de Ucrania, Timofei Milovanov, se ofende en su página de Facebook por el hecho de que todavía existe una norma que exige la distribución gratuita de leche para los trabajadores con ocupaciones duras o penosas, una norma introducida por Lenin desde 1918.

“En Ucrania, un país europeo moderno del siglo XXI, sigue vigente una norma introducida en 1918 por Vladimir Lenin”, escribe Milovanov horrorizado. “Es el canon soviético de la leche cuando las condiciones de trabajo son difíciles”.

Primero Lenin, al frente del gobierno soviético, ordenó que se diera leche gratuitamente a los trabajadores de una fábrica que en los inicios de la revolución padecían carestía. Un año después la norma se amplió a muchas empresas industriales para reforzar la salud de los trabajadores.

“Han pasado más de 100 años, pero el comunismo aún está en nuestro Código Laboral”, añade el ministro ucraniano en Facebook. “Por ley cada trabajador debe recibir medio litro de leche al día. Si una vaca, por ejemplo, da 20 litros al día, entonces se necesitan 2,5 vacas por cada 100 trabajadores. Las ventajas de este refuerzo de leche son cuestionables”, considera el ministro.

En los comentarios, los lectores se indignan con Milovanov porque ataca un derecho que hasta ahora estaba considerado como “sagrado” y le recuerdan lo que hizo Thatcher con los mineros ingleses a mediados de los años ochenta.

El artículo 222 del Código del Trabajo de Rusia mantiene el derecho de los tiempos soviéticos, obligando a las empresas a entregar medio litro de leche a sus trabajadores.

En 2009 la norma de flexibilizó un poco: con el acuerdo escrito del trabajador, la leche se puede sustituir por una prima equivalente al precio de medio litro de leche al día, o bien sustituir la leche por productos cárnicos, si las sustancias tóxicas liberadas por la producción no se eliminan suficientemente bien con leche, de acuerdo con el Ministerio de Sanidad.

http://timer-odessa.net/news/ministr_milovanov_pokusilsya_na_leninskoe_moloko_za_vrednost_624.html
http://timer-odessa.net/news/ministr_ekonomiki_ukraini_ya_ne_skrivayu_chto_ya_debil_182.html

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El modelo Maidan en Oriente Medio: emerge la ‘tercera fuerza’ en las manifestaciones de Irak

Líbano, Irak, Irán… Oriente Medio se encamina de nuevo hacia una etapa de desestabilización cuya dinámica empieza a ser familiar, por ejemplo, cuando en Bagdad los manifestantes queman un edificio diplomático iraní. Si protestan contra la política del propio gobierno, ¿por qué atacar a un Estado extranjero?

En las manifestaciones de Irak, que empezaron siendo pacíficas hace dos meses, han comenzado los tiroteos y los medios de intoxicación sólo hablan de los muertos de un lado, dando la impresión de que la policía está disparando contra los que protestan en las calles. Es cierto, pero también algunos manifestantes están disparando contra la policía… y contra otros manifestantes, lo cual apesta a Maidan.

“No son las fuerzas de seguridad nacional irakíes las que están matando a los manifestantes”, dijo el ministro de Defensa irakí, Najah Al-Shammari. “Hay un tercero que dispara a los manifestantes para provocar su enfrentamiento con las fuerzas de seguridad”. Se está haciendo para desestabilizar a Irak, añadió el ministro.

En Irak se habla, pues, de una “tercera fuerza” que no son manifestantes exactamente, pero tampoco policías. Es el modelo Maidan.

Al principio los manifestantes exigían reivindicaciones contra las que nadie puede estar en desacuerdo, como mejores condiciones de vida, lucha contra el desempleo y la corrupción… Como es corriente, después a ese tipo de exigencias se añadieron las de tipo político, como la dimisión del gobierno. Entones empezaron a oirse los primeros disparos, que estaban dirigidos contra la policía y el ejército, que respondieron de la misma manera.

A mediados de mes las explosiones resonaron en la Plaza Tahrir de Bagdad. El Comité de Derechos Humanos del Parlamento irakí emitió una declaración en la que afirmaba la presencia de un partido que busca desestabilizar la seguridad y extender el caos por el país. Los diputados pidieron la cooperación entre la policía y los convocantes de las manifestaciones para evitar la “infiltración del tercero” que organizó las explosiones.

Recientemente, en una entrevista en la televisión jordana, Qais Al-Jazali, dirigente de la organización militar chiíta Asaib Ahl Al-Haq (Liga de los Virtuosos), acusó a Washington y Tel Aviv de estar detrás de muchos de los asesinatos de manifestantes y disturbios en el país. Al-Khazali exigió una investigación para averiguar quién ordenó disparar contra los manifestantes.

En medio de la crisis, el Vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, visita Irak, empezando por la base mililtar de Ain Al-Assad y luego la base de Erbil, la capital del Kurdistán irakí, donde se reunió con el Presidente regional, Nechirvan Barzani. Pence le expresó a Barzani “los fuertes lazos que surgieron en el calor de la guerra entre los pueblos de Estados Unidos y el pueblo kurdo en esta región”, poco después de que hubieran traicionado a los kurdos en Siria.

El viaje de Pence se produce inmediatamente después de que los parlamentarios irakíes exigieran la retirada de las tropas estadounidenses de su territorio.

Con la desestabilización, Estados Unidos quiere provocar la desintegración de Irak. En el Kurdistán irakí, donde las empresas estadounidenses están muy presentes, no no ha habido protestas.

En Kirkuk, una región rica en petróleo que los kurdos reclaman para sí, han resurgido las bandas yihadistas.

Las manifestaciones actuales son seculares. Una de las reivindicaciones es la eliminación de la afiliación religiosa dentro de la Constitución y de las instituciones públicas. Algunos hablan de la emergencia de un nuevo nacionalismo en la Plaza Tahrir, donde han instalado un campamento de tiendas de campaña. No sería nada nuevo sino una continuación del antiguo partido Baath… el de los tiempos de Sadam Hussein.

Ahora bien, Estados Unidos y Arabia saudí están en contacto con representantes del viejo Baath para llevarlo de vuelta a Irak. El verano del año pasado una delegación del Baath negoció con Jared Kushner, yerno y asesor de Trump, el regreso del partido a Irak con un nuevo nombre. Por su parte, para tener un hueco, la Constitución debería ser laica.

La “tercera fuerza” es, pues, la que persigue la erradicación de la influencia iraní en Irak, la quiebra del eje construido por Teherán en Oriente Próximo a lo largo de los años, que incluye, además de Irak, a Siria, a Líbano y a Yemen. De ahí que las fuerzas políticas irakíes vinculadas a Irán se mantengan alejadas de las protestas y que la desestabilización se haya extendido también a Irán.

Lo mismo que en Líbano, el ayatolah Ali Al-Sistani, por una parte apoya las manifestaciones, siempre que sean pacíficas y, por la otra, hace un llamamiento a las instituciones para que lleven a cabo reformas económicas y sociales.

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Ecología

Entre el neoliberalismo y el ecologismo: el capitalismo sigue rindiendo tributo a la Dama de Hierro

El ecologismo es una ideología que lo mistifica todo, incluyendo a sus propios patrocinadores, que creen defender principios progresistas o avanzados, aunque hayan salido de las entrañas mismas de los sectores más reccionarios del capital.

Tal y como lo conocemos ahora, el ecologismo y sus mitos seudocientíficos no se consiguieron imponer en el mundo hasta la creación del IPCC en 1988, punto culminante de la ola llamada “neoliberal” que surgió a comienzos de la década con Thatcher y Reagan.

Por grave que fuera la llamada “crisis climática”, ningún otro país del mundo hubiera logrado constituir dentro de la ONU un organismo como el IPCC sin el respaldo de Estados Unidos.

No obstante, los manuales suelen decir que el IPCC lo crearon la OMM (Organización Meteorológica Mundial) y el PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente), que simplemente se limitaron a levantar acta de un plan previamente aprobado en la reunión del G7 celebrada en Canadá, es decir, en el grupo selecto de las potencias imperialistas más fuertes a instancias de Reagan y Thatcher.

Dos meses antes de la constitución formal del IPCC, la Dama de Hierro pronunció un discurso ante la Royal Society en el que planteó las cuestiones cardinales que el IPCC debía llevar al mundo entero (*), que han sido luego seguidas al pie de la letra por la izquierda, la derecha y el centro con una unánimidad como pocas veces se ha visto a lo largo de la historia.

La Primera Ministro británica inisistió en sus mensajes seudoecologistas cada vez que tuvo oportunidad: en las conferencias de la ONU, en sus discursos políticos, en sus entrevistas… No sólo sacó adelante sus planes sino que promovió un nuevo lenguaje, que es el que hoy nos resulta tan familiar: desarrollo sostenible, aumento de las temperaturas, emisiones de CO2, desaparición de los glaciares, aumento del nivel de los mares… Los ecologistas hablan el “idioma thatcher” creado entonces casi de la nada.

En los ochenta el contexto político británico era muy evidente. Thatcher había aplastado la larga huelga de los sindicatos mineros porque quería cerrar las minas, privatizar el suministro eléctrico y sustituir el carbón por centrales nucleares.

Entre 1984 y 1985 la batalla de los mineros costó 3 muertos, 20.000 heridos y 11.300 detenidos. Con el apoyo de los ecologistas, aquellos planes de Thatcher hoy han triunfado en Europa y llevan el nombre de “transición ecológica”, a cuyo efecto la mayor parte de los gobiernos tienen un ministerio encargado de esa tarea y no hay nadie que lo cuestione.

Estados Unidos entró en el IPCC como consecuencia del final de la Guerra Fría y de un fracaso histórico de la NASA: la explosión del transbordador espacial Challenger en 1986. La “carrera espacial” se había acabado y con ella el dinero. La NASA se vio obligada a reciclarse inventando todo tipo de fantasías extraterrestres, a cada cual más estúpida.

Uno de los planes para sobrevivir fue reconvertir los programas espaciales con el lanzamiento de satélites meteorológicos, para lo cual recurrieron a James Hansen, director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales, la organización meteorológica de la NASA. Lo llevaron al Senado a que les metiera miedo a los que tenían que rascarse los bolsillos. Aprovechando unas elecciones, Hansen consiguió una audiencia en el Senado y cuando fracasó volvió a lograr otra más para hablar de calor, sequías, malas cosechas, desastres agrarios y alimentarios…

Como ocurre hoy con los demás científicos de renombre, el cargo de Hansen en la NASA no era el único que ostentaba, ya que también era miembro de Lehmann Brothers, el banco que 20 años después se haría famoso por su bancarrota.

Además del IPCC, al frente del gobierno de Londres la Dama de Hierro creó en 1990 las instituciones científicas que debían demostrar el calentamiento, en especial el Centro Hadley, que es un complemento esencial del IPCC equipado con la varita mágica de la climatología moderna, que ya no es un termómetro sino un superordenador.

Lo mismo que las demás instituciones seudocientíficas modernas, el Centro Hadley confunde a los lectores poco familiarizados con la burocracia moderna: no es una institución científica sino una oficina del gobierno de Londres.

Por más que insistan en lo contrario, el IPCC está cortado por el mismo patrón. No es una institución científica sino un organismo internacional que responde exactamente a su nombre: es “intergubernamental”, es decir, un organismo político. No es un grupo de expertos sino de expertos y no expertos. Lo que tienen en común es que han sido nombrados por sus gobiernos respectivos.

Uno de los ejemplos es su antiguo Presidente, el indio Rajendra Pachauri, quien tuvo que dimitir del cargo en 2015 por acoso sexual. Pachauri no era ningún experto sino un ingeniero ferrroviario, como admitió The Telegraph el 20 deciembre de 2009: “Aunque presentan a menudo al doctor Pachauri como científico y a pesar de que la BBC llegó a decir de él que era el mejor científico climático del mundo, como antiguo ingeniero ferroviario con un doctorado en economía, no tiene ninguna calificación en las ciencias del clima”.

Lo mismo que Hansen, Pachauri también estaba pluriempleado. Compatibilizaba su cargo con el de miembro del Consejo de Administración del Chicago Climate Exchange, es decir, de la bolsa donde se negocian los créditos del carbono. Naturalmente, se hizo multimillonario gracias a ello, a las ideologías climáticas.

Los miembros del IPCC, del Centro Hadley y de otras instituciones, como el B3C (Instituto Vasco de Cambio Climático), por ejemplo, no ocupan sus cargos por ningún tipo de ciencia, sino por determinadas decisiones políticas, que son las mismas que han conducido a la creación de dichos organismos. Si la teología no existiera, tampoco habría curas. Si no hubiera una doctrina del cambio climático, tampoco existirían ninguno de esos organismos internacionales, nacionales, autonómicos y municipales y, por lo tanto, sus miembros dejarían de cobrar los sueldos que cobran todos los meses y tendrían que dedicarse a otra cosa. Tienen que mantener vivo el mito seudoecológico que les da de comer, como los arcángeles dan de comer a los curas.

La descarbonización del mundo comenzó cuando Thatcher aplastó la huelga de los mineros del carbón y la pregunta sigue en el aire 35 años después: ¿está Usted con Thatcher o con los mineros?

Ayer mismo el Parlamento Europeo se posicionó al respecto, declarando que existe una “urgencia climática” y que es partidario de la energía nuclear porque no emite gases de efecto invernadero. Puro thatcherismo del siglo XXI.

(*) http://www.margaretthatcher.org/document/107346

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Amnistía: el hilo conductor de las luchas contra la represión

Los Estados español y francés nos han dejado durante las últimas semanas claros ejemplos de su actitud, desde las condenas impuestas a cinco militantes de ETA por la Audiencia Nacional, hasta las cadenas perpetuas que la Sala de Aplicación de Penas de París mantiene contra Lorentxa Beyrie y Xixtor Haranburu; desde Altsasu hasta Catalunya; desde las cargas policiales contra los trabajadores del metal hasta la detención de dos jóvenes de Legutio; desde los detenidos en Euskal Herria por movilizarse a favor de Catalunya, hasta los 22 imputados de Maravillas Gaztetxea.

Nuestro movimiento denuncia sin paliativos la actividad represiva de los Estados y desea mostrar su solidaridad a todas las personas que la sufren. Igualmente, queremos denunciar otra vez el intento por robar el carácter político de determinados presos y presas, y debemos decir que de ninguna de las maneras aceptamos la definición del concepto de “preso político” que están haciendo desde los sectores progres y socialdemócratas. No aceptamos marginaciones según el modelo de lucha utilizado.

Son los complejos de quienes viven en lo políticamente correcto los que crean la necesidad de hacer diferencia entre presos políticos. Necesitan argumentos fáciles, no trabajados. Por eso las causas que son fáciles de asimilar socialmente según el status quo impuesto, tienen más éxito cuando este es medido en términos cuantitativos, que no cualitativos. La política 
convertida en marketing.

Si para denunciar las injusticias que sufren unos tenemos que afianzar las que sufren otros, entonces estaremos desarrollando una estrategia contraproducente y cortoplacista. 

Queremos recordar que lo que convierte en político a un preso no es el no haber utilizado la violencia, sino estar en la cárcel por su defensa activa de las libertades colectivas, sobre todo si no ha renegado de su carácter político y no perjudica con su recorrido a las condiciones de vida del resto de presos.

Entrando en los detalles sobre nuestra línea política, desde el primer día ha sido prioridad para nuestro movimiento defender el carácter político del conflicto por medio de la reivindicación de la existencia de represaliados y represaliadas políticas, y a la reivindicación de la amnistía le hemos querido sumar ahora la defensa de la legitimidad de la lucha. 

Somos conscientes de que el tiempo avanza y que, mientras se cierra el ciclo de lucha anterior, se están creando nuevos espacios de lucha. En cualquier caso, lo que vemos claro es que son esas ansias de lucha lo que las distintas generaciones tienen en común, y que la reivindicación de la amnistía es el hilo conductor que une a todas.

Todavía hay presos y presas a los que, como consecuencia del ciclo anterior, aún les quedan décadas de condena de prisión, y como consecuencia de las luchas de hoy y del futuro se  generarán, y ya se están produciendo, nuevos presos. La amnistía, por lo tanto, seguirá siendo una reivindicación imprescindible durante las próximas décadas. Es por ello que hemos decidido situar la lucha como eje a la hora de reivindicar la amnistía. En este instante en el que nos quieren convertir en un pueblo dócil, queremos impulsar un pueblo luchador en el camino de la consecución de la libertad nacional y social.

El 30 de noviembre  queremos marcar un punto de inflexión en esta actitud, y ese día llevaremos a cabo una manifestación nacional a partir de las 18:30, bajo el lema “Borrokatzea zilegi delako, amnistia osoa!”.

Movimiento Pro Amnistía y Contra la Represión

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Guerra psicológica

Ucrania es uno de los vertederos yihadistas que utiliza la OTAN para refugiar a sus sicarios

No descubrimos nada nuevo al decir que Ucrania es uno de los vertederos que utiliza la OTAN, junto a otros como Afganistán. Entre otras cosas, las guerras imperialistas y los golpes de estado sirven para destruir determinados países que sirven de retaguardia para el elenco de sicarios de la peor calaña, nazis y yihadistas, que no están tan lejos unos de otros como algunos suponen porque a ambos los une la OTAN.

Ni Afganistán es el paraíso sólo del yihadismo ni Ucrania el del nazismo exclusivamente. Tanto Rusia como las Repúblicas del Donbas han venido denunciando desde hace años que la OTAN utiliza a Ucrania como escondite de los yihadistas. La intervención de Rusia en la Guerra de Siria sólo se produce después de las lecciones aprendidas por el Kremlin en 2014 con el Golpe de Estado de Maidan.

Nadie hizo caso nunca a algo que estaba considerado como pura “propaganda rusa” (1), hasta que la semana pasada lo publicó The Independent en grandes titulares: “Cómo se ha convertido Ucrania en el hogar de los dirigentes del Califato Islámico que han huído de Irak y Siria” (2).

El detonante del artículo fue la detención en Ucrania el 15 de noviembre de Al-Bara Shishani, un dirigente yihadista que huyó de Siria tras fingir que había muerto en un bombardeo aéreo. En realidad llevaba varios años viviendo escondido en Ucrania y, naturalmente, no es el único.

Shishani, “ministro de la Guerra del Califato Islámico”, como lo llamó el Pentágono (3), salió de Siria a través de Turquía con documentación falsa, desde donde llegó a Ucrania. Hace tres años, uno de los que le reclutaron para el Califato Islámico, Shatayev, fue detenido en Uzhgorod, Ucrania occidental, y llevado ante un juez, por una petición de Rusia dirigida a la Interpol. Naturalmente, Shatayev nunca fue extraditado a Rusia y pudo volver a esconderse en Georgia.

A nadie le puede extrañar que este tipo de cosas ocurran cuando Rusia está por medio. El responsable del juicio de Shatayev fue Yuri Lutsenko, a quien luego ascendieron a Fiscal General del Estado por presiones de Joe Biden sobre Poroshenko y el gobierno ucraniano. Para presionarle, a Lutsenko le acusaron de corrupción y liberó al dirigente yihadista buscado por la Interpol.

Una periodista de Kiev, Katerina Sergatskova, investigó el caso y la presencia de Shatayev en Ucrania pero no hizo ningún caso a las informaciones que procedían de Rusia de que en su país, Ucrania, hay campos de entrenamiento para yihadistas dirigidos por la OTAN.

Ni siquiera The Independent es capaz de llegar ahora hasta el fondo de los hechos. Más bien los encubre recurriendo a los tópicos: la falsificación de los pasaportes y la estancia de los yihadistas en Ucrania está favorecida por la corrupción y la incompetencia de la policía y los tribunales ucranianos. Sin embargo, uno de los entrevistados en el reportaje reconoce que el gobierno de Kiev no quiere acabar con la corrupción y la incompetencia de los policías a su servicio. No le interesa.

A pesar del cambio a los pasaportes biométricos, los yihadstas los obtienen sin problemas por unos 5.000 dólares en el mercado negro, dice The Independent. Pero ese mercado negrono existe, no es nada diferente del SBU y la propia policía ucraniana, que se los entregan a los yihadistas de manera encubierta, lo cual explica que los pasaportes biométricos de los yihadistas son auténticos y no pasaportes falsos comunes, fácilmente detectables.

Pero eso no es todo: los yihadistas están luchando en el Donbas, como viene denunciando la “propaganda rusa”, y por eso disfrutan de la tutela del servico secreto ucraniano. Lo mismo que los nazis, los yihadistas son carne de cañón a los que la OTAN puede recurrir en cualquier guerra, sea sagrada o no. Son el Gladio del siglo XXI.

Ya que hablamos de los pasaportes auténticamente falsos del SBU, hay que advertir que la Unión Europea ha eximido a Ucrania de visados, por lo que los yihadistas pueden llegar muy fácilmente a Europa occidental, que es de lo que se trata. Por lo tanto, cuando se cometa un atentado yihadista en Bruselas, o en Madrid, o en Viena, no se sorprendan al leer que los autores habían llegado en un avión procedente de Kiev o que tenían pasaporte ucraniano; no digan que no sabían nada, no se encojan de hombros como hará el ministro de Interior en la rueda de prensa.

Al-Bara Shishani no sólo estaba escondido en Ucrania sino que desde Ucrania continuaba dirigiendo las acciones del Califato Islámico en Siria, y no es el único. Como bien dice The Independent, en Ucrania hay cientos de veteranos experimentados del Califato Islámico que siguen en activo bajo la tutela de la OTAN, el servicio secreto de Kiev y, naturalmente, las organizaciones nazis.

(1) http://euromaidanpress.com/2018/12/06/ukraine-related-narratives-dominate-russian-propaganda/
(2) https://www.independent.co.uk/news/world/europe/isis-leaders-ukraine-tukey-syria-caliphate-al-bara-shishani-a9211676.html
(3) https://www.nst.com.my/world/world/2019/11/539108/ukraine-says-detains-deputy-slain-islamic-state-minister-war

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Más presagios de la victoria de las fuerzas populares en la Guerra de Yemen

El martes la coalición que Arabia saudí encabezada en la Guerra de Yemen anunció la liberación de 200 prisioneros huthíes.

En una declaración oficial el portavoz de la coalición, Turki Al-Maliki, dijo que la decisión tenía por objeto fortalecer la aplicación del Acuerdo de Estocolmo, que incluye el intercambio de prisioneros entre ambas partes.

Añadió que las personas que necesiten atención médica podrán recibirla, avalada por la Organización Mundial de la Salud.

La decisión se llevó a cabo tras la celebración del Acuerdo de Riad firmado a principios de este mes entre el gobierno yemení y el Consejo de Transición del Sur.

Los puntos principales del acuerdo incluyen el regreso del gobierno electo exiliado a Adén en un plazo de siete días, la unificación de todas las fuerzas armadas bajo la autoridad de los Ministerios del Interior y de Defensa y la formación de un gobierno eficaz.

La Guerra de Yemen comenzó en 2011 por la desestabilización causada por la Primavera Árabe. Un levantamiento forzó al presidente del país, Alí Abdullah Saleh, a dejar el poder en manos de su vicepresidente, Abdrabbuh Mansour Hadi.

El movimiento huthí, que defiende a la minoría zaidí y llevaba diez años enfrentado a Saleh, se apoderó de la provincia de Saada y zonas cercanas del norte del país.

Muchos yemeníes, sunitas incluidos, apoyaron a los hutíes y, a finales de 2014 y principios de 2015, los rebeldes tomaron Saná, la capital, forzando a Hadi a irse al exilio.

Lo que hasta marzo de 2015 era una guerra civil, se transformó en algo bien diferente cuando Arabia saudí y otros ocho países árabes, apoyados por los de siempre (Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia), lanzaron ataques aéreos contra los huthíes para restaurar el gobierno de Hadi.

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Y finalmente el volcán entró en erupción

Darío Herchhoren

Cuando los volcanes entran en erupción se anuncian con explosiones y lanzamientos de humo, gases y lava, y esto es lo que está sucediendo socialmente en América Latina.

En efecto, todo comenzó a calentarse con las elecciones primarias en Argentina, que anunciaron un triunfo rotundo de las candidaturas de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, y que fue confirmada posterioremente por el brillante resultado en primera vuelta (no fue necesaria una segunda) de esa opción y la humillante derrota del macrismo y su ideario neoliberal. Pero esa derrota del macrismo hay que leerla dentro de un marco continental, que vuelve tozudamente a expresarse en términos de izquierda, tras la tragedia que significó para los argentinos y para el bloque popular el triunfo de Mauricio Macri, con su ideología de los «Chicago Boys» de Milton Fridman.

A partir de esa derrota, se produjeron en Ecuador grandes manifestaciones contra las politicas macristas que venía aplicando Lenin Moreno, cada vez más escorado a la derecha, y que a raíz de los graves hechos en Quito, le obligó a trasladar el gobierno a Guayaquil, ante la imposibilidad de controlar la capital que estaba prácticamente tomada por los manifestantes.

En Brasil, y dentro de la misma erupción, se produjo la liberación de Lula, luego de pasar maś de 500 días encarcelado bajo una acusación de corrupción que nunca pudo ser probada, y que movilizó a millones de brasileños. El Tribunal Supremo de Brasil, ante la presión popular no tuvo más opción que liberar a Lula, aunque siempre se supo que no había prueba alguna contra él. Esto significó una grave derrota para Jair Bolsonaro, un ex militar fascista e ignorante, y de su ministro de justicia, Moro que antes había sido el que mandó a encarcelar a Lula.

En Chile hay manifestaciones desde hace un mes, con un número de muertos que ya superan los 20, con innumerables heridos y con miles de detenidos y gente que ha perdido la visión de un ojo por disparos de perdigones efectuados por los carabineros, un cuerpo históricamente brutal y criminal, con una larga lista de abusos a sus espaldas. Allí el presidente Sebastián Piñera, un ex funcionario de la dictadura cívico militar de Pinochet se jactaba de la paz social de que disfrutaba Chile.

Pero nunca dijo que esa paz se obtuvo mediante el terror impuesto al pueblo chileno mediante torturas, encarcelamientos y desapariciones, y que ahora como se dice por aquellos pagos «la vaca se les hizo toro».

Y ahora nos toca Bolivia. Allí se ha producido un golpe de estado cívico militar, que mediante violencias, torturas y amenazas ha conseguido desplazar del gobierno a Evo Morales, auténtico líder popular que había ganado las elecciones en primera vuelta hace pocos  días, en octubre pasado. Pero a pesar de todo,  el nuevo e ilegal gobierno boliviano, no consigue hacerse con el control del país, y en las calles se está librando una batalla entre los sectores más politizados de las clases humildes, y la fuerza bruta ejercida por la policía y el ejército.

Llama la atención dos cosas en la tragedia boliviana. La primera, es la falta de información y la deformación y manipulación de esa información, y la segunda, es la ingenuidad de Evo Morales que no supo ver que el ejército no estaba depurado ni tampoco la policía, y que en todo momento creyó en la legalidad construida, sin alcanzar a ver que esa legalidad no estaba construida para que el pueblo de Bolivia instaurara  el socialismo.

Vamos con la primera. Se informa que los habitantes de El Alto marcharon hacia La Paz en demanda de justicia y contra la asonada militar. Hay que decir que la ciudad de La Paz, es la sede del gobierno de Bolivia, pero su capital es Sucre, y que La Paz está construida en un valle. El Alto es una meseta que está a mucha más altura que La Paz, de ahí su nombre, y que es allí donde está el aeropuerto de La Paz. Lo que se llama pomposamente ciudad de El Alto fue en un principio una serie de chabolas, allí llamadas Villas Miseria, y que en un principio se construyeron en forma caótica, pero con el tiempo se fueron trazando las calles y la construcción se hizo con materiales de mejor calidad.

Y se construyó de la nada una verdadera ciudad, que está habitada en su inmensa mayoría por trabajadores pobres, que han sido enormemente beneficiados por las políticas inclusivas puestas en práctica por Evo Morales.

La segunda dijimos que era la ingenuidad de Evo Morales. He visto una entrevista que Rafael Correa, ex presidente de Ecuador le hace a Evo en el canal Rusia Today, que es un canal ruso en español y que transmite para España y América Latina. En esa entrevista Correa le hace la pregunta obvia, que es ¿cómo te confiaste en el ejército? A lo cual Evo contestó que conocía a algunos oficiales patriotas, y que confió en que iban a respetar al pueblo y que no se alzarían contra alguien elegido democráticamente.

Craso error. Los ejércitos de América Latina se formaron ideológicamente en la Escuela de las Américas en Panamá, donde oficiales superiores yanquis, les inculcaron las ideas de la guerra fría, y donde se les dijo que había un enemigo interno, que eran los trabajadores y campesinos, donde había un frente interno que había que cuidar contra ese enemigo.

Allí se enseña a torturar y a matar y a desaparecer. Baste  decir que de esa escuela salieron Videla, Banzer, Pinochet, Massera y toda una pléyade de criminales. Hay que aprender que esos ejércitos están hechos a la medida de los intereses del imperio y de sus servidores nativos, y que nada hay que esperar de ellos, y que las leyes y las constituciones de América Latina, están hechas para defender esos mismos intereses, y que si se quiere hacer una nación justa, libre y soberana hay que crear unas nuevas fuerzas armadas, y hacer nuevas leyes que defiendan a los marginados y a los desposeidos.

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Los niveles de CO2 atmosférico nunca han sido tan reducidos en la historia de la Tierra como ahora

La crisis climática es como las olimpiadas: siempre se baten los registros anteriores. Cada día la temperatura sube un poco; cada día hay más CO2 en la atmósfera; cada día el nivel de los mares sube… Nunca baja nada.

Un reciente artículo de Kaos en la Red sigue el tópico: “Nuevo récord mundial de emisiones de CO2”, titula (1). Es más falso que una moneda de tres euros. Lo que el artículo quiere decir (y no alcanza) es que la concentración de CO2 en la atmósfera es máxima, según las mediciones de la Organización Metereológica Mundial.

Sin embargo, ocurre al revés: los niveles de CO2 atmosférico nunca han sido tan bajos en la historia de la Tierra como ahora. En el Precámbrico la tasa de CO2 fue de varias decenas de miles de ppm y en el Fanerozoico (hace 541 millones de años) fue entre 15 y 25 veces mayor que en la actualidad.

Desde que se aisló del aire a finales del siglo XVIII, los científicos han realizado mediciones directas de la concentración atmosférica de CO2 que se preocuparon de documentar. Como todas las mediciones, unas son mejores que otras, pero ponen de manifiesto que en 1825, 1857 y 1942 se produjeron niveles de CO2 del mismo orden que los actuales. Pero sobre todo ponen de manifesto que dichos niveles son oscilantes, suben y bajan periódicamente, no de manera lineal como nos quieren hacer creer.

En mayo El Confiencial decía otra falsedad parecida a la de Kaos en la Red, que es casi lo mismo pero no es igual: “La Tierra ha alcanzado hoy niveles de CO2 nunca vistos en varios millones de años”, otro titular estremecedor al que seguía una entradilla no menos sugestiva: “Es la primera vez en la historia del ser humano que la atmósfera de nuestro planeta ha registrado más de 415 partes por millón de dióxido de carbono” (2).

Ahora bien, si en mayo había 415 ppm y ahora hay, según Kaos en la Red, 407,8 ppm, entonces la concentración de CO2 parece que se ha reducido en estos seis meses…

Tampoco es así. El Confidencial toma los datos del observatorio de Hawai mientras que Kaos en la Red lo que da es un promedio que elabora la Organización Meteorológica Mundial, que no es tan mundial como parece porque procede de las informaciones de 53 países. Del resto de países del mundo no sabemos nada, por lo que los datos hay que cogerlos con pinzas, ya que ni siquiera sabemos su distribución geográfica.

Los datos cuantitativos que leemos continuamente en los medios sobre el CO2 son un insulto a la inteligencia. Es el caso de los periodistas de información científica que han creado una página en gallego pero no saben de ciencia y por eso redactan titulares como “Os humanos xeran 100 veces máis CO2 que todos os volcáns da Terra” (3). Los humanos no pueden generar esa cantidad de CO2 en absoluto.

A día de hoy no se sabe la cantidad de CO2 que las actividades humanas envían a la atmósfera porque no se miden sino que se estiman, es decir, se calculan de una manera más o menos aproximada, a “ojo de buen cubero” y, naturalmente cada país tiene las suyas (si es que las tienen). Los lectores tendrían una mejor información si leyeran periódicos como La Tribune que en 2011 les decía lo siguiente: hay “mil maneras” diferentes de medir las emisiones de CO2 (4).

Para informar hay que insistir, como ya hemos dicho aquí, que la concentración de CO2 en la atmósfera cambia de un lugar a otro, con las estaciones del año y con el hemisferio. En una vivienda, la concentración de CO2 cambia en muy pocas horas. Haga Usted mismo la prueba y lo verá.

Cada país proporciona a la secretaría de la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático (CMNUCC) un inventario de sus emisiones, que debería cumplir con las recomendaciones del IPCC.

Pero tampoco es así porque cada país mide sus emisiones (si las mide) como le da la gana y dichas normas han cambiado con el tiempo, tanto porque así lo pide el IPCC como porque cada gobierno las modifica.

En España el cálculo se hace con los criterios del Ministerio de Transición Ecológica que se pueden consultar en internet y no son mas que una “guía” orientativa que desde el principio advierte lo siguiente: “A continuación se presentan las normas y metodologías de mayor reconocimiento internacional, aunque debemos resaltar que existen muchas otras, como queda patente en los informes de la Comisión Europea, donde se analizan las metodologías existentes a nivel internacional y europeo” (5).

Si el lector se toma la molestia de leer, se dará cuenta de que -por ejemplo- el Ministerio incluye las emisiones de CO2 de los vehículos eléctricos, que son cero porque lo hacen de manera “indirecta”, lo cual da lugar una “doble contabilidad”, como reconoce el propio documento: se contabilliza tanto la producción como el consumo.

Como deja claro el Ministerio, ningún país mide sus emisiones de CO2: sólo se trata de estimaciones, promedios y cábalas. Por ejemplo, para calcular las emisiones de CO2 de un vehículo se multiplica el número total de ellos por el promedio de kilómetros que recorre al año y por un promedio de lo que emite cada uno de ellos por kilómetro.

Dejamos al criterio de cada cual calificar si algo así tiene algún contenido científico o se trata de otra cosa distinta. Las medidas de CO2 no dependen del CO2 sino de la manera en que se midan. Para fabricar un titular del telediario asegurando que las emisiones de CO2 se han duplicado, no hay más que aplicar la “doble contabilidad” del Ministerio de Transición Ecológica. Acude uno al Boletín Oficial del Estado, quita un decreto y pone otro en su lugar.

La vara de medir es un asunto tan peliagudo que se ha convertido en un tema de investigación en sí mismo y cambia de la noche a la mañana. En mayo de este año el IPCC cambió sus recomendaciones. Más de 280 expertos participaron en una tarea que -por sí misma- modifica los cálculos anteriores y los futuros, que quedan obsoletos. Del mismo modo, si el año que viene el IPCC o el Ministerio de Transición Ecológica vuelven a cambiar la vara de medir, las cifras que hoy leemos en la prensa serán papel mojado.

Hasta aquí sólo hemos hablado de las emisiones, lo que deja fuera a la otra mitad del asunto del que pocas veces se habla: las absorciones de CO2 por la tierra, la biomasa o el océano. Se trata de una resta: a las emisiones hay que deducir los sumideros, lo que supone entrar en un segundo cálculo que, por lo que se ve, preocupa mucho menos. De ahí que Kaos en la Red se lance a la piscina diciendo que el CO2 permanece en la atmósfera “durante siglos”.

Ni siquiera el IPCC se atreve a tanto. Según el IPCC el CO2 permanece entre 50 y 200 años, un cálculo bastante grosero que indica que a día de hoy la ciencia no lo puede asegurar de manera mínimamente precisa. Según Tom V. Segalstad, a quien ya hemos citado aquí en otra entrada, el plazo es de dos a tres años (6). Según otros autores oscila entre los tres y los diez años.

(1) https://kaosenlared.net/capitalismo-es-barbarie-nuevo-record-mundial-de-emisiones-de-co2/
(2) https://www.elconfidencial.com/tecnologia/ciencia/2019-05-13/tierra-record-contaminacion-co2-cambio-climatico_1998218/
(3) https://www.gciencia.com/medioambiental/os-humanos-xeran-100-veces-mais-co2-que-todos-os-volcans-da-terra/
(4) https://www.latribune.fr/green-business/l-actualite/20110520trib000623111/les-mille-facons-de-mesurer-les-emissions-de-co2.html
(5) https://www.miteco.gob.es/es/cambio-climatico/temas/mitigacion-politicas-y-medidas/guia_huella_carbono_tcm30-479093.pdf
(6) https://www.co2web.info/ESEF3VO2.pdf. Vid. E.T.Sundquist, Geological perspectives on carbon dioxide and the carbon cycle, U.S. Geological Survey, Reston, Virginia, 1985.

Más información:
– ¿Realmente hay más CO2 en la atmósfera que nunca antes?

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El Pentágono contra Trump: ni el propio Presidente de Estados Unidos puede con sus militares

Dentro y fuera de Estados Unidos, todo el mundo está contra Trump, todos hablan mal de él hasta unos extemos que no se conocían desde los tiempos de Nixon. Es cierto que, como buen bocazas prepotente, se lo tiene bien merecido, pero eso no es suficiente para explicar lo que está ocurriendo desde el mismo momento en que llegó a la Casa Blanca.

Trump lleva meses anunciando una retirada completa de las tropas estadounidenses en Siria que no se ha completado y que incluso contradicen las declaraciones de algunos generales en sentido contrario.

El indulto de los oficiales condenados por la comisión de crímenes de guerra en Irak y Afganistán tampoco ha sentado nada bien, o mejor dicho: el Pentágono está utilizando el indulto como arma arrojadiza contra su comandante en jefe.

El domingo el máximo dirigente del Pentágono, el traficante de armas Mark Esper, destituyó a Richard Spencer, el jefe de la Armada, supuestamente a causa de los indultos.

Spencer le propuso a Trump un acuerdo secreto sin pasar antes por Esper que, sin embargo, tuvo que tragar cuando Trump le ordenó exonerar totalmente a uno de los criminales de guerra, Edward Gallagher.

Ahora los oponentes de Trump se han convertido en feroces defensores de las leyes de la guerra y los derechos humanos. “Trump debilita la justicia militar para promover sus intereses políticos”, escribe en Twitter Caitlin Talmadge, experta en defensa de la Universidad de Georgetown.

Las tensiones con la jerarquía militar reaparecieron cuando Trump anunció en la televisión que los soldados enviaría soldados a la frontera con México para contener la inmigración.

Desde diciembre de 2018 Trump está anunciando la retirada de las fuerzas estadounidenses de Siria, a lo que el ejército estadounidense se opone. El primer anuncio unilateral de esta orden llevó al antiguo Ministro de Defensa Jim Mattis, general de la Infantería de Marina, a dimitir en medio de un altercado público.

En una carta a Trump le recordó los deberes que tiene Estados Unidos hacia sus aliados. Como señal de las continuas tensiones entre ambos, recientemente Trump calificó a Mattis como “el general más sobrevalorado del mundo”, quien le respondió que él había “demostrado su valía en el campo de batalla [mientras que] Donald Trump se las arregló con un certificado médico”.

Trump estudió en la Academia Militar de Nueva York, pero escapó de la guerra de Vietnam gracias a una exención médica basada en un crecimiento óseo en el pie.

A Trump le acusan de “politizar” al ejército. En junio de este año, durante una visita a Japón, la Casa Blanca solicitó que se mantuviera fuera de la vista de Trump el nombre de un destructor de misiles nombrado en honor al difunto senador John McCain, uno de sus más feroces enemigos.

Más recientemente, la Casa Blanca ha cuestionado públicamente la lealtad de un oficial galardonado con varias medallas, el teniente coronel Alexander Vindman, un testigo clave en la investigación para que el Congreso destituya a Trump.

Obviamente todas esas cuestiones no son más que la punta de iceberg de un Golpe de Estado en Washington o, al menos, de un pulso que no ha acabado (ni mucho menos).