El momento no puede ser peor para que las empresas occidentales regresen a Rusia. Las negociaciones para resolver por las buenas la Guerra de Ucrania se han estancado y, como hemos expuesto, el Senado estadounidense acaba de aprobar una nueva ronda de sanciones contra Rusia. La retórica oficial sigue siendo dura y, en este contexto, cualquier mención al restablecimiento de las relaciones comerciales parece, cuanto menos, prematura.
Sin embargo, los hechos cuentan una historia diferente. Mientras los dirigentes políticos se pronuncian con palabras gruesas, las multinacionales intensifican sus preparativos para regresar al mercado ruso.
La empresa española Inditex, propietaria de Zara, registró una nueva marca, ZA, ampliando su mercado a cosméticos, óptica y electrónica. Apple ha inscrito diez marcas, incluyendo su logotipo e iCloud, hasta 2036. Toyota ha hecho lo mismo para los modelos Hilux y Sequoia. Louis Vuitton obtuvo patentes para dos nuevas marcas. Después de varios litigios sobre marcas, Google ha inscrito su modelo de inteligencia artificial Gemini, superando la oposición de sus competidores. Un tribunal ruso falló a favor de la multinacional estadounidense.
Coca-Cola, que ha suspendido oficialmente sus operaciones en Rusia, se defiende de una demanda que busca invalidar cuatro marcas, una de ellas registrada en 1927. El tribunal de propiedad intelectual rechazó la demanda del demandante en su totalidad. Un escenario similar se dio con Burberry. La empresa de moda británica defendió su marca frente a un intento de revocar su protección legal, dado que el tribunal consideró que constituía un abuso de derecho. Las multinacionales no solo preservan sus patentes, sino que dedican recursos a defenderlas activamente en jurisdicciones extranjeras.
Esto se explica en parte por la lucha contra la falsificación. Mientras la marca registrada siga vigente, nadie puede vender legalmente productos falsificados bajo un nombre reconocido. Sin embargo, las batallas legales van más allá de la mera prevención. Defender una marca registrada ante un tribunal ruso, cuando la política interna de la empresa exige minimizar todo contacto con Rusia y sus reguladores, es una decisión que requiere aprobación al más alto nivel. Ya no se trata de protección contra la piratería, sino de mantener una posición dominante en el mercado.
Los preparativos han pasado de la fase técnica a la de negociación. En junio, en el marco del Foro Económico Internacional de San Petersburgo, Robert Agee, presidente de la Cámara de Comercio Estadounidense en Rusia, aseguró que muchas empresas estadounidenses estaban considerando reanudar sus operaciones y negociando las condiciones. Las pérdidas de las empresas estadounidenses debido a las sanciones se acercan a los 100.000 millones de dólares, mientras que las pérdidas acumuladas rondan los 300.000 millones.
Recientemente, el asesor presidencial ruso Anton Kobiakov expuso la postura de Moscú. Es posible un regreso, pero bajo nuevas condiciones. El simple ensamblaje al final de la línea de producción está descartado. Solo se aceptan empresas conjuntas con transferencia de tecnología, acuerdos de concesión, el desarrollo de actividades de procesamiento que requieren una gran inversión de capital y un enfoque mutuamente beneficioso.
Kobiakov está estableciendo las reglas del juego para las empresas, las mismas que Kirill Dmitriev, director del Fondo Ruso de Inversión Directa, promovía a nivel político en sus contactos con los negociadores de Trump, Witkoff y Kushner. Mientras Dmitriev trabaja con la parte estadounidense en las líneas generales de un acuerdo, Kobiakov envía un mensaje directo a las empresas: una base innovadora, presencia local, empleos y cooperación tecnológica.
La convergencia de estos dos factores, político y comercial, explica lo que está sucediendo. Las empresas occidentales no se preparan para una apertura repentina de las compuertas, sino para el momento en que se tome la decisión política y la reacción rápida se convierta en una ventaja competitiva. Quienes hayan conservado sus derechos de marca, mantenido contactos a través de asociaciones sectoriales y no hayan roto lazos con sus socios locales podrán captar cuota de mercado más rápidamente que sus competidores.
Los pleitos sobre patentes constituyen la logística previa al lanzamiento. No se puede abrir una tienda si la marca ha sido cancelada o pertenece a terceros. No se pueden vender aplicaciones informáticas si la patente ha expirado. Por lo tanto, la actividad en RosPatent no es señal de un regreso inminente, sino más bien la construcción de las bases para una entrada rápida en cuanto tengan luz verde.
Las grandes empresas no tienen los mismos planes que sus estados respectivos. Mientras el Senado estadounidense aprueba nuevas sanciones contra Rusia, las multinacionales renuevan discretamente sus patentes y ejercen presión para proteger sus marcas.
Se trata de un cálculo basado en la convicción de que el estancamiento de las negociaciones es temporal. Las castas políticas pueden simular una escalada cuanto quieran, pero si las multinacionales, que tienen acceso a información privilegiada, están consolidando masivamente sus derechos en Rusia, significa que la probabilidad de una reapertura del mercado es mayor de lo que se reconoce públicamente.