Las subculturas callejeras son propias de quienes habitan los barrios más empobrecidos y abandonados de las grandes ciudades, normalmente emigrantes que, primero fueron campesinos que se trasladaron a la ciudad y luego extranjeros.
Estas poblaciones tienen sus propios códigos. Los que ya están asentados en la ciudad los identifican de una manera, normalmente despectiva, y ellos se identifican a sí mismos de otra. En Italia, por ejemplo, los llaman “maranza”. Tienen su propia jerga, su propia vestimenta, su propia música… y su propia forma de movilización política.
Cuando a las fábricas del norte de Italia llegaron los primeros campesinos procedentes del sur, a los “maranza” los llamaban “cafoni” (“brutos”), “briganti” (“pandilleros”), “terroni” (“destripaterrones”) y “tamarro” (“vulgar”). Los propietarios se negaban a alquilarles sus viviendas y los establecimientos públicos les prohibían la entrada.
En 1960 estallaron movilizaciones contra el gobierno del democristiano de Fernando Tambroni, que dependía del apoyo de los fascistas del Movimiento Social Italiano (MSI) en el Parlamento. En Génova las manifestaciones fueron pacíficas y fueron consideradas como un ejemplo de lucha antifascista, pero en Turín no ocurrió lo mismo porque los “maranza” desbordaron el control de los partidos y sindicatos tradicionales.
El gobierno de “la ley y el orden” aplastó por la fuerza las manifestaciones en Roma, Reggio Emilia y Catania, con un saldo de trece muertos y numerosos heridos.
Dos años después se repitió el mismo fenómeno, cuando el sindicato UIL firmó un acuerdo por separado con la FIAT, traicionando la unidad sindical. Estallaron tres días de barricadas y lanzamiento de piedras a la sede del sindicato en Turín. A aquellos jóvenes emigrantes del sur se les tildó de “lumpen”, “gamberros”, “pandilleros” y “elementos ajenos a la clase obrera”.
Estas movilizaciones marcaron el inicio de las “décadas rojas”, un término utilizado en Italia para describir el resurgimiento del movimiento obrero en los años sesenta y setenta. Entonces, como ahora, estaban surgiendo nuevas formas de lucha que rompían con los hábitos de las antiguas, que empezaban a dar muestras ostensible de agotamiento.
La historia es dialéctica y lo nuevo siempre se impone a lo viejo, con una nota característica que los dinosaurios políticos no son capaces de entender: el espontaneísmo. La izquierda domesticada ha suspirado siempre por sacar a las masas a la calle y, cuando por fin hacen acto de aparición, no es lo que ellos esperaban. No son una copia de sí mismos: ponen barricadas, incendian contenedores y lanzan piedras a la policía.
Los “maranza” de las ciudades modernas son gente muy “mal educada”. Decepcionan cuando no se comportan “adecuadamente” en los barrios degradados en los que viven, y vuelven a decepcionar todavía más cuando llegan al centro y lo rompen todo. “La violencia es la partera de la historia”, escribieron Marx y Engels. No se conoce ningún cambio social que no haya perjudicado a alguien, que no haya ido acompañado de destrucción.
La historia pertenece a los que no tienen nada y malviven en los “barrios bajos”. En Italia ya no es ninguna vergüenza que te incluyan entre la “maranza” e incluso es una etiqueta que se reivindica. En la cultura italiana actual y, especialmente, en la música, ya dominan los “maranza”, que son los que relatan la verdadera situación en los barrios marginales. En 1989 el Magic Music Meeting organizó un contrafestival en San Remo, otorgando simbólicamente un “premio alcachofa de oro” al cantante peor vestido y un “premio maranza” al personaje del espectáculo más hortera.
Una palabra nacida para burlarse del “mal gusto” y la ostentación se ha convertido también en una etiqueta utilizada para describir las peleas en los barrios y, por extensión, en manifestaciones, como las de este mes en varias ciudades que el periódico Secolo d’Italia ha considerado como “un conato de guerra de guerrillas” (1).
El Estado no puede admitir la entrada de los “maranza” en sociedad sin domesticarlos previamente. No son manifestantes, lo cual es un derecho, sino delincuentes comunes, que causan daños. Es un acercamiento semántico que acabará prohibiendo las manifestaciones “fuera de control”.
Luego se lleva a cabo un segundo acercamiento entre “delincuentes” y “extranjeros”, que acaba poniendo el acento en los menores de edad, descalificados por los fascistas en España como “menas”.
Los intelectuales más exquisitos creen que estos nuevos manifestantes “no tienen conciencia de clase”. Por supuesto, “le están haciendo un favor a Meloni”, comenta un listillo. Es algo típico de la posmodernidad: todo aquello que no les gusta lo califican de “extrema derecha”. Sin embargo, como vemos en la imagen de portada, los fascistas se manifiestan “contra la cultura maranza”.
Es una moda en Italia. Les tienen mucho miedo porque saben lo que ese niño que hoy desahucian de su casa hará dentro de diez años. Es el enemigo interior. “Europa no está sitiada por los ejércitos extranjeros, sino por la violencia que explota en sus ciudades”, comentan (2).
El viceprimer ministro, Matteo Salvini, ha propuesto medidas “antimaranza” y, lo mismo que en España, los fascistas también crean patrullas “antimaranza” en los barrios, guardianes de la ley y el orden y, al mismo tiempo, promotores del linchamiento de negros, moros y sudacas.
En julio, antes de las recientes movilizaciones, el gobierno de Meloni presentó en el Congreso una nueva ley represiva contra los menores de edad, jóvenes de entre 14 y 18 años. A través de ellos, el proyecto lleva la represión hasta los padres, a los que responsabiliza de lo que hagan sus hijos.
También otorga a los comisarios de policía la facultad de prohibir las reuniones de personas consideradas como una amenaza para el “orden público”, entre ellas las de los miembros de las llamadas “bandas juveniles”.
¿Se trata de acabar con las bandas? En absoluto. El alcalde de Ferrara ha creado sus propias bandas “antimaranza” siguiendo el principio “de día uniformados y de noche enmascarados”. Ha comenzado la temporada de caza. En lo sucesivo la policía y las bandas fascistas van a sembrar el terror en las ciudades italianas.
(1) https://www.secoloditalia.it/2026/10/folgore-sui-maranza-9-arresti-371-fermi-69-stranieri-110-minori-meloni-lo-stato-ha-risposto-ai-violenti/
(2) https://www.zazoom.it/2026-10-26/larabia-deuropa-i-maranza-incendiano-il-continente-da-marsiglia-a-barcellona/19850960/