La perspectiva imperialista sobre el golpe de Estado en Turquía

El artículo que publica Augusto Zamora en Público, elocuentemente titulado “Turquía: El golpe no falló, ha sido un éxito total” (*), es característico de la propaganda imperialista vestida con otros ropajes para que pueda ser consumida por un público mucho más amplio, como el lector de Público.

Los portavoces imperialistas, como The Economist, lo han venido repitiendo desde el minuto uno: el gobierno de Turquía no ha sido víctima de un golpe de Estado sino que lo han dado ellos mismos. Es algo típicamente falso, hasta el punto de que a fin de que parezca verdadero nadie, ni siquiera un “profesor” de Relaciones Internacionales de la Universidad Autómoma de Madrid, como Augusto Zamora, se toma la molestia de explicar esa paradoja. No sólo no es tal paradoja sino una verdad evidente por sí misma. Está tan claro que no hace falta explicarlo. Es “de cajón”.

Aun en el supuesto de que fuera verdad, es decir, de que Erdogan hubiera dado el golpe de Estado, los motivos seguirían sin estar claros. Pero eso es precisamente lo que trata la teoría del autogolpe: de encubrir la verdadera situación de Turquía y del imperialismo en Oriente Medio. Lo del “profesor” Zamora es, pues, una verdadera manipulación que no merecería ni una sola línea de no ser porque hay medios, a los que algún despistado considera progresistas, como Público o Rebelión, que habitualmente se hacen eco de la propaganda imperialista.

La jugada no es nada sutil, impropia de un “profesor” universitario. Se trata de lavar la cara a la OTAN y al imperialismo para sostener lo insostenible: que es extraño que en Turquía la OTAN de un golpe de Estado. La responsabilidad se traslada así al interior de la propia Turquía, al gobierno, a los islamistas, a Erdogan… Ya se sabe cómo son los islamistas… Erdogan es un dictador ávido de acaparar un poder absoluto, como Bashar Al-Assad, o Gadafi, o Sadam Hussein, o Kim Jong-Un, o gente de ese calibre. Es el papel de la subjetividad en la historia, de las figuras y figurines creados “ad hoc” para alumnos o lectores nada exigentes.

Para justificar sus tonterías los partidarios de la tesis del montaje (automontaje) se muestran expertos en las diversas tecnologías de los golpes y autogolpes de Estado. Acostumbrado sin duda a impartir lecciones por doquier el “profesor” Zamora se atreve a indicar a los golpistas:

a) lo que hubieron debido hacer y no hicieron
b) lo que no hicieron y debieron hacer

No fue una asonada, dice Zamora: fue una payasada. Tomen nota los interesados en un cursillo gratuito sobre técnicas de golpe de Estado impartido por el “profesor” Zamora. Aprender no les llevará más de unos minutos y la próxima vez no fallarán: Ustedes se harán con el poder. Zamora sí se puede conquistar en un hora.

A pesar de que Erdogan es un autoritario necesita pretextos para la represión, dice el “profesor”, por lo que no sabemos si antes del 15 julio no había represión o lo que no había eran pretextos…

Tomen nota, además, de que el objetivo contra el que Erdogan dirige la represión es “sobre todo” el ejército, con la horrible pretensión, dice Zamora, de recluirlo en sus cuarteles. Parece que el “profesor” prefiere que el ejército esté en la calle…

El universitario va dando tumbos de una tontería a otra aún mayor, tan sumamente ridículas que ninguna de ellas necesita demostración. Según afirma, otra de las horribles pretensiones de Erdogan es la de “islamizar” Turquía, un país que no debe ser muy islámico, pero que Erdogan quiere convertir en “faro-guía del mundo musulmán” para rivalizar con… Irán.

Son las típicas afirmaciones que cualquiera se puede sacar de la manga y que, si se tratara de naipes en lugar de frases, diríamos que nuestro “profesor” es un trilero. Pero lo importante es que ese tipo de afirmaciones no sólo carecen de prueba sino que lo cierto es lo contrario: Turquía está en plenas negociaciones para llegar a un acuerdo con Irán.

No obstante, el carácter imperialista y lacayuno del “profesor” Zamora se pone de manifiesto cuando afirma que Erdogan quiere devolver a Turquía a “sus esencias asiáticas”, que nunca ha abandonado, y podemos añadir, además, que sólo hay algo peor que ser asiático, ser musulmán. Dice que Turquía reúne ambas lacras, lo peor de lo peor, a pesar de los esfuerzos de Mustafá Kemal y sus seguidores. Pues no se debió esforzar lo suficiente; incluso lo hizo al revés. Por ejemplo, en lugar de trasladar la capital de Turquía a Ankara, en pleno continente asiático, Ataturk la podía haber dejado en Estambul, que al menos tiene un pie en Europa. Puedes cruzar de un continente a otro en el metro y ni te enteras del cambio.


(*) http://www.publico.es/opinion/articulos/turquia-golpe-no-fallo-sido.html

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