La irresistible seducción de la histeria colectiva: la ‘guerra de los mundos’ de Orson Wells

El mayor acontecimiento de la historia de los modernos medios de comunicación tiene varias características singulares. Se produjo en 1938, cuando hacía muy poco tiempo que se habían iniciado las nuevas técnicas de información de masas, fue a través de la radio y fue una ficción, pero está comprobado que las mentiras tienen exactamente las mismas consecuencias que las verdades, es decir, que no es necesario que una información sea veraz para que cause estragos en masa. De hecho, las religiones, que son una gran falsedad, están mucho más difundidas que el ateísmo, que es la única concepción realmente científica.

Si la creencia en fenómenos, tales como los milagros, está tan extendida, imaginemos lo que puede ocurrir con una información que se viste con una cierta apariencia, por ejemplo, con el respaldo de “todo el mundo lo dice”, o “los expertos aseguran”, o “un primo mío que trabaja en un geriátrico  me ha contado que ayer murieron siete ancianos”.

Los medios de comunicación pueden hacer creer a millones de personas de todo el mundo cualquier cosa que se propongan porque en el mundo moderno los sacerdotes son ellos. El 30 de octubre de 1938 Orson Wells retransmitió en vivo y en directo una invasión marciana y casi todos los oyentes se lo creyeron. Habría algunas excepciones que hoy, paradójicamente, serían acusados de “conspiranoicos” porque ese es otro efecto de los medios de comunicación de masas: invierten la ecuación y tachan de raritos a quienes sostenemos que los extraterrestres nunca han llegado a la Tierra.

“Señoras y señores, interrumpimos nuestro programa de baile para comunicarles una noticia de última hora procedente de la Agencia Intercontinental Radio. El profesor Farrel del Observatorio de Mount Jennings de Chicago reporta que se ha observado en el planeta Marte algunas explosiones que se dirigen a la Tierra con enorme rapidez… Continuaremos informando”. Así empezó Wells su emisión en la CBS, que estaba basada en una novela de otro gigante del siglo pasado: el británico H.G.Wells.

Como ven, la emisión comenzaba con la intervención de un científico, un experto cuyo papel interpretó el propio Wells.

Antes de comenzar, la radio advirtió expresamente que comenzaba una dramatización de la compañía Mercury Theatre de Wells basada en novela “La guerra de los mundos”. Luego Wells sintonizó con la música de la orquesta del Hotel Meridian Plaza de Nueva York con el tema “Stardust” (Polvo de estrellas), para volver a parar a medida que los corresponsales informaban de las últimas novedades de la invasión, en medio de efectos especiales y trucos de sonido.

Unos doce millones de personas escucharon la dramatización y la mayor
parte de ellas fueron presas del pánico, abandonando sus casas y
colapsando carreteras, estaciones y comisarías de policía. Los teléfonos
de emergencia se llenaron con mensajes de personas asustadas que
habían visto a los extraterrestres desde las ventanas de sus casas.
Se multiplicaron las llamadas a los hospitales de personas que querían
acercarse para donar sangre. Unos vecinos dispararon sus armas de fuego
contra el tanque de agua de su pueblo porque creyeron que se había
transformado en una máquina de guerra marciana gigante.

Una mujer denunció a Orson Wells por causarle un ataque de pánico y un hombre recibió una indemnización del propio Wells, que le pagó unos zapatos que tuvo que vender para poder comprar un billete de tren y huir de la invasión alienígena.

A lo largo de la emisión, que duró menos de una hora, la CBS avisó cuatro veces de que era una dramatización, pero en los oyentes el toque de realidad no causó los mismos estragos que la ficción. Cuando los espectadores abandonan apresuradamente un cine porque alguien ha gritado “¡fuego!”, no es necesario que se haya producido un incendio; es suficiente que el animal gregario que todos llevamos dentro salga a relucir, junto a nuestro instinto de supervivencia.

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