La eficacia de la propaganda del capitalismo

Manuel E. Yepe

Cuando la propaganda del capitalismo llama a las naciones del tercer mundo a implantar o ampliar políticas de mercado, o a rehuir las políticas socialistas de beneficio común, nadie sabe si se trata de una burla que refleja cuánto se subvalora la inteligencia de los pueblos o de una invitación a hacerse cómplices del segmento minoritario de la población mundial que explota al mayoritario. La manipulación de los medios de comunicación que ejerce el imperio –inclúyanse aquí los modernos digitales- ha hecho que la mayor parte de los ciudadanos de Estados Unidos, y de los países dentro de su esfera de influencia y control, llamen “democracia” a un sistema tan poco democrático como ese que preside Washington aunque en verdad lo rigen Wall Street y el complejo militar e industrial con eje en el Pentágono.

La dictadura que Estados Unidos ejerce hoy sobre el mundo con apoyo de las clases opulentas de los demás países del planeta, pasa ahora por momentos que denotan precariedad.

La pobreza extrema, la marginalidad, la falta de oportunidades de educación y de trabajo digno, la emigración desintegradora de la familia con sus secuelas de violencia y drogadicción, todo resulta de un sistema capitalista que ha sido incapaz de dar respuestas a los acuciantes problemas que ha creado. La ética individualista en que está enraizado el capitalismo es la madre nutricia de todo lo peor de las sociedades humanas de hoy: la corrupción, la apropiación ilegal de las cosas, la especulación, el bandolerismo, la explotación del trabajo ajeno, la privatización de espacios sociales y otras linduras.

Según datos actualizados de Naciones Unidas, hay en este planeta 7.545 millones de personas, de las cuales más de 1.020 millones son desnutridos crónicos; 2.000 millones no tienen acceso a medicinas; cerca 900 millones no tienen agua potable; más de 900 millones carecen de vivienda o viven en alojamientos precarios; 1.600 millones no tienen electricidad; 2.500 millones carecen de sistemas de drenajes o cloacas; 770 millones de los adultos son analfabetos; 18 millones mueren al año a causa de la pobreza (la mayoría son niños menores de 5 años); más de 200 millones de niños y jóvenes de entre 5 y 17 años trabajan en condiciones próximas a la esclavitud como soldados, prostitutas, sirvientes o en otras tareas peligrosas o humillantes.

Si el capitalismo pudiera exhibir un mundo de progreso, libertad y justicia sería fácil vender el sistema por todo el planeta y hacer que el Tercer Mundo lo acompañe en esta crisis, pero con tanto horror en sus ofertas, cada día tienen que ser mayores los gastos para vender al capitalismo como el sistema que el mundo necesita. Sólo a base de mentiras y la amenaza de las armas, ambas alimentadas con gigantescos recursos financieros en detrimento de los intereses reales de la humanidad, se mantiene esa hegemonía.

Véase cómo, para ejecutar la dominación militar, en medio de la crisis global del capitalismo, Washington mantiene alrededor en todo el planeta cerca de mil bases militares y libra cruentas guerras para mantener su ocupación de países del tercer mundo en aras de sus objetivos geopolíticos y los intereses estratégicos de las grandes corporaciones petroleras.

Pero se hace cada vez más difícil que los pueblos entiendan que es sostenible por más tiempo un sistema que genera tanta injusticia entre los seres humanos y que se muestra inepto en el manejo de las relaciones de éstos con la naturaleza. No se sabe si a la humanidad le queda tiempo para reparar, en aras de su supervivencia, el desastre provocado en el medio ambiente por la voracidad que mueve el capitalismo, un sistema que no se puede humanizar, porque su naturaleza intrínseca es inhumana.

Anteponer lo social y la solidaridad a la avaricia que impone el capitalismo -porque las necesita para existir- es el único camino de que dispone la humanidad para salvarse a base de su más preciada aptitud, la inteligencia, aplicada a su instinto de supervivencia. Ya se anuncia que la próxima crisis de Estados Unidos será causada por la brecha de salud entre ricos y pobres que se ha ampliado en las últimas dos décadas, según una investigación de la Universidad de California en Los Ángeles que muestra una falta de progreso «dramáticamente alarmante” en la equidad en salud en los últimos 25 años en la nación. La desigualdad de ingresos es la causa fundamental de la desigualdad en materia de salud, ya que los costos de la atención de la salud y de un estilo de vida saludable son elevados. Los más de cinco millones de personas examinadas hacen que este estudio sea significativo.

La causa fundamental de la desigualdad de ingresos ha sido el resultado de políticas monetarias extremas de los bancos centrales, que han alimentado las burbujas de precios de los activos que sólo enriquecen a quienes los poseen. Con la propiedad de la vivienda en los niveles de los años 60, y más del 50 por ciento de los ciudadanos no posee acciones, esta investigación sugiere que las políticas fallidas han llevado a la implosión de la clase media.

https://www.alainet.org/es/articulo/200844

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