La batalla de Raqqa no tendrá lugar porque al Califato Islámico le permiten evacuar sus fuerzas hacia el este

Estados Unidos espera la llegada de otros 300 soldados más para atacar junto a sus aliados kurdos del FDS lo que califican como el “bastión de Raqqa”, donde tiene su sede el Califato Islámico. Para ello ambos, estadounidenses y kurdos, han creado un mando conjunto que se reparten las tareas: los primeros dan las órdenes y los segundos las cumplen.

Las tropas de Estados Unidos se despliegan en los alrededores del aeropuerto de Tabqa en espera de nuevos refuerzos y del adiestramiento a los kurdos en material pesado de combate.

La ofensiva se ha demorado a causa de la oposición turca a la participación de los kurdos en la misma pero, según fuentes kurdas, comenzará a mediados de este mes de abril, a lo más tardar y abrirá tres frentes simultáneamente en torno a la ciudad. Mientras tanto, van a proceder al desminado del pantano de Tabqa y a la evacuación de la población civil de los alrededores de Raqqa.

Las mismas fuentes calculan que ofensiva podrá durar “varios meses” y tendrá el apoyo de la aviación del Pentágono, aunque las informaciones procedentes del interior de Raqqa muestran algo muy diferente, según Al-Manar: el Califato Islámico está evacuando sus fuerzas de Raqqa y llevándolas hacia Deir Ezzor. La esperada batalla no se producirá.

Es harto evidente que si la noticia de Al-Manar es cierta, también lo es que Estados Unidos está permitiendo que el Califato Islámico ponga sus fuerzas a buen recaudo y se desplace libremente, por lo que debemos preguntarnos por los motivos de ello.

Si Raqqa cae sin coste alguno, Estados Unidos se apuntará un tanto propagandístico a los ojos del mundo como vanguardia de la lucha contra el yihadismo, no como esa parte del mismo yihadismo que es en realidad.

Además, Estados Unidos dejará a sus aliados kurdos bien instalados en Raqqa en una posición de fuerza para negociar una retirada con el gobierno de Damasco a cambio de concesiones políticas y de una autonomía al estilo Irak.

En tercer lugar, con la excusa de la batalla de Raqqa, las fuerzas kurdas estarán perfectamente equipadas y adiestradas para hacer frente no sólo al ejército regular sirio, sino también el turco, una posición que Estados Unidos utilizará como moneda de cambio en las negociaciones con ambos gobiernos.

Tras la “victoria” de Raqqa, Estados Unidos enfilará hacia Deir Ezzor, la provincia petrolífera del este de Siria, siempre en nombre de la “lucha contra el terrorismo”. Acabarán instalando tropas en dicha región que servirán de tapón con Irak y privarán al gobierno de Damasco del acceso a su más importante fuente de ingresos.

Es el modelo Afganistán, es decir, un gobierno central débil enfrentado a una sucesión interminable de atentados y escaramuzas en la región oriental, un escenario ideal para que el Pentágono vuelva a repetir por enésima vez al mundo entero: “nosotros también queremos marcharnos de Siria e Irak, pero los terroristas no nos dejan”.

Siria quedará repartida militarmente en varios pedazos, del que el gobierno actual sólo dispondrá de uno. En el norte estarán los kurdos, sostenidos por la OTAN y en guerra más o menos permanente contra los turcos. Los altos del Golán seguirán ocupados por el ejército de Israel, una zona militarizada desde hace varias décadas. En el este Estados Unidos seguirá “combatiendo el yihadismo” durante décadas.

La guerra no acabará nunca; el imperialismo quiere convertir a Siria en una pesadilla.

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