Ha muerto Vano Mikoyan, diseñador del mítico avión de combate soviético MiG

Vano Mikoyan, ingeniero aeronáutico soviético
A la edad de 89 años falleció ayer en Moscú Vano Mikoyan, diseñador del legandario avión de combate soviético MiG, junto a Gurevich, de cuya asociación procede el acrónimo MiG. Su última creación fue el MiG-29, dedicado a la exportación a los países del Tercer Mundo.

Mikoyan era hijo de un conocido dirigente del Partido bolchevique y desde los 26 años empezó a colaborar con su tío Artem Mikoyan en el estudio de ingeniería aeronáutica Mikoyan-Gurevich, del que llegó a convertirse en director.

Uno de sus mejores proyectos fue el MiG-29 Fulcrum, un bimotor de 1977 que se puso en activo seis años después. A diferencia de todos los demás aviones, como el Mirage 20000, el MiG-29 no dispone de aparatos electrónicos de vuelo.

La URSS vendió aproximadamente unos 1.600 aviones MiG-29 a más de 40 países, especialmente del Tercer Mundo. El último diseño fue el MiG-35 que en 2014 se convirtió en el avión de referncia de las fuerzas aéreas rusas.

Mientras el MiG-29 se diseñó para la superioridad aérea y el combate aire-aire contra otros aviones caza, el MiG-35 es polivalente, capaz de atacar a tierra, similar a los F-15 de McDonnell Douglas y el F16 de Lockheed Martin, aunque mucho más barato.

El MiG-35 fue presentado con éxito en el show Aero-India en 2007, en donde realizó nuevas maniobras acrobáticas por experimentados pilotos de prueba que sorprendieron a sus diseñadores, al público y los medios de comunicación. A pesar de que pesa un 30 por ciento más que su antecesor, el MiG-29, el MiG-35 es muy maniobrable, pudiendo deternerse en el aire, girar sobre su propio eje y disparar hacia atrás. 

Lo mismo que los Sujoi de la Marina de Guerra, los MiG-35 pueden realizar la “Cobra de Pugachev”, una complicada maniobra de vuelo, nombrada así por el piloto de pruebas de la agencia de diseño OKB Sujoi, llamado Victor Pugachev, que la pudo realizar por primera vez en París en 1989, pilotando un Sujoi-27.

Sin embargo, la política de combate aéreo, tanto en la época
sovietica como en la rusa, concede primacía al piloto por delante del
aparato. Tiene en cuenta el factor personal, el adiestramiento, la
experiencia y la capacidad para sacar el máximo rendimiento de la
aeronave.

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