Estados Unidos admite la derrota de sus fuerzas en Al-Tanf a manos del ejército sirio

Tras haber sido cercado en Al-Tanf, el ejército de Estados Unidos ha admitido su derrota a manos de Siria y renuncia a ocupar el sudeste de Siria. De una manera sutil e indirecta lo reconoció el viernes el coronel Ryan Dillon, portavoz del Pentágono, en conferencia de prensa. La coalición “vería con buenos ojos un esfuerzo concertado del gobierno sirio y de sus fuerzas asociadas, apoyadas por Irán, para expulsar al Califato Islámico de sus últimos bastiones en el este de Siria”, dijo.

El lenguaje también empieza a cambiar. Lo que Dillon quería decir es que el enemigo de Estados Unidos no es Siria sino el Califato Islámico, por lo que no importaba quién lograra la victoria, sino la victoria misma.

Los periodistas le preguntaron por la amenaza contra las tropas estadounidenses en Al-Tanf, cercadas por los aliados de Irán y el portavoz respondió que no había tal, sino todo lo contrario: “No es un mal signo” porque no tenemos “ningún problema estratégico con el régimen”, ni con los rusos, ni con ninguno de los demás aliados.

Sorprendentemente Dillon reconoció que la movilidad de sus fuerzas en Al-Tanf es “limitada” y que lo será todavía más cuando el ejército sirio recupere el control de la región alrededor de la localidad. Fue como en la fábula del zorro y las uvas de Esopo: como no hemos sido nosotros los que hemos liberado Al-Tanf, no lo consideramos un punto estratégico. Nosotros no luchamos por apoderarnos de un territorio, dijo Dillon. A nosotros Al-Tanf no nos sirve para nada, añadió. Sólo pretendíamos entrenar allá a nuestros aliados.

Pero Dillon no es Esopo. Al-Tanf sí es un punto estratégico, un alto en el camino que va de Damasco a Bagdad, situado apenas a 12 kilómetros del triángulo fronterizo entre Siria, Irak y Jordania.

Es tan importante que cuando el ejército sirio avanzó sobre la localidad, fue bombardeado por la aviación estadounidense, que trató de cortar su progreso, apoderarse de ella para convertirla —dijeron— en una “zona de apaciguamiento”.

El plan del Pentágono era partir de la localidad fronteriza para moverse hacia Deir Ezzor por el valle del Éufrates a fin de impedir que el ejército sirio pudiera unir sus fuerzas al irakí en la frontera común de ambos países.

El Pentágono aseguraba que su plan era un intento de impedir el “creciente chiíta”, es decir, la apertura de un corredor continuo desde Irán al Líbano pasando por Siria.

Al menos esa la excusa de puertas hacia fuera. Su plan era más vasto y tenía un contenido propio, no sólo impedir el corredor ajeno. Se trataba del “principado salafista” que divulgó en 2012 un documento del Pentágono y que tras el cerco de Al-Tanf resulta inviable.

Al mismo tiempo, las “unidades de movilización popular”, las milicias chiítas integradas en el ejército irakí también han llegado a la frontera con Siria, cortando la retirada a los comandos de operaciones especiales que operan en Al-Tanf.

El mando del ejército ruso ha advertido a la parte estadounidense que cualquier ataque a las fuerzas sirias que rodean Al-Tanf sería considerado como un “acto de hostilidad”.

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