Entre la CIA y el narcoterrorismo: la política de Marco Rubio para Latinoamérica

Después del fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos en 1961, los organizadores no se resignaron y sus mentores de la CIA tampoco. Los 1.500 gusanos entrenados y equipados por la central, regresaron a Miami, pero ya no como mercenarios sino como una banda criminal protegida.

Los gusanos se fusionaron con los mafiosos y, en muchos casos, los sustituyeron porque una parte de los aparatos de Estados Unidos se sustentan sobre bandas criminales de los tipos más variados.

En 1970 los archivos del FBI mostraban que casi el 70 por ciento de los principales narcotraficantes detenidos en el sur de Florida eran veteranos de Bahía de Cochinos. Contaban con la autorización y la protección de la CIA y se convirtieron en una criatura híbrida de espías, mercenarios y jefes de los cárteles de la droga.

En aquel mundillo, el joven Marco Rubio no fue un turista accidental, sino un recluta por motivos familiares. Rubio trabajó en una tienda de mascotas exóticas en West Miami cuando era adolescente. La tienda era de su cuñado, Orlando Cicilia, que en 1987 fue acusado dentro de la “Operación Giraff”, un caso de lavado de dinero que siguió el rastro de 79 millones de dólares procedentes de la venta de cocaína reciclaados a través de la tienda de mascotas.

Rubio afirmó que no sabía nada. Se limitaba a limpiar las jaulas de su cuñado. No se trata de que Rubio llevara personalmente fardos de coca, sino que aprendió la lección política fundamental del narcotráfico: la “guerra contra las drogas” es una tapadera para la desestabilización y el golpe de Estado.

Ese era el manual del caso Irán-Contra y Rubio ha pasado toda su carrera tratando de volver a ponerlo en marcha. Como senador, apoyó en Honduras a Juan Orlando Hernández, a pesar de que los policías de la DEA confirmaron que dirigía un narcoestado donde los envíos de cocaína estaban protegidos por la familia del presidente.

Después de que Hernández fuera condenado en un tribunal estadounidense, los aliados de Rubio, incluido Trump, le indultaron. De manera similar, Rubio defendió al ecuatoriano Daniel Noboa a pesar de la evidencia de que la cocaína se enviaba en contenedores propiedad de la misma familia Noboa.

Impunidad a cambio de lealtad

Rubio protege a los cabecillas latinoamericanos que sirven a los intereses estadounidenses, independientemente de sus vínculos con las drogas. Es el mismo trato que hizo la CIA con los veteranos de Bahía de Cochinos: impunidad a cambio de lealtad.

Cuando luego Rubio pidió un ataque militar contra Venezuela bajo la bandera de la “guerra contra el narcoterrorismo”, no está rompiendo el viejo modelo; lo está perfeccionando. Los objetivos son siempre los gobiernos poco sumisos. El método es siempre paramilitar con antecedentes de drogas conocidos, y el resultado es siempre una nueva generación de traficantes vinculados a la CIA que, como el cuñado de Rubio, pueden lavar millones.

La corrupción de Rubio no es del tipo rudimentario, como una maleta llena de dinero en efectivo. Es el tipo de corrupción más profunda y estadounidense, la de una clase política la que ha normalizado la unión de las centrales de inteligencia y cárteles de la droga durante sesenta años.

Estados Unidos tiene una larga historia de cooperación entre la mafia, los chantajes sexuales, los narcotraficantes y el servicio secreto. Pero nadie llegó tan lejos como aquellos tripulantes de Bahía de Cochinos. Su asociación con el asesinato de Kennedy es notoria, al igual que su conexión con el encubrimiento de la investigación.

Nacido en el exilio de Miami, ligado a un condenado que se dedicaba a lavar dinero negro, educado en la creencia de que cualquier delito está justificado para derrocar a Cuba o a Venezuela, ahora ocupa el cargo de Secretario de Estado.

Hoy la tienda de mascotas permanece cerrada, pero la red a la que servía nunca cerró, simplemente ascendió a uno de los suyos a los puestos más altos del poder estadounidense.

Maureen Tkacik https://criticaltheorymailacc.substack.com/p/the-unbroken-chain-how-marco-rubio-981

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