En Oriente Medio el imperialismo ha cerrado rutas milenarias mediante la guerra

Bouthaina Shaaban, consejera política del Presidente sirio Bashar Al-Assad, acaba de publicar un libro sobre las relaciones de su padre, Hafez Al-Assad con el antiguo secretario de Estado Henri Kissinger que esclarece algunas de las claves más actuales de la Guerra de Siria.

La arquitectura diseñada hace cien años por los imperialistas en Oriente Medio en el Tratado Sykes-Picot tenía como fundamento la división y el enfrentamiento mutuo entre los Estados árabes que surigían de la desaparición del Imperio Otomano.

Una parte de ese enfrentamiento es el de Irak, sometido a los británicos, con Siria, sometido a los franceses. Ni siquiera la existencia de un mismo partido gobernante en ambos países, el Baas, logró superar ese enfrentamiento.

En su libro Shaaban cuenta que cuando Hafez Al-Assad y el antiguo Presidente irakí Ahmed Hassan Al-Bakr estaban a punto de llegar a un acuerdo, se produjo el golpe de Estado de Saddam Hussein en Bagdad, tras el que purgó a todos los que querían una aproximación con Siria.

Luego Saddam inició una guerra en la otra frontera con Irán, que se prolongó durante ocho años porque el papel que el imperialismo tiene destinado para Irak —desde siempre— y que explica la invasión de 2003 es el de tampón: cerrar la Ruta de la Seda.

Esta vía, utilizada desde hace miles de años, siempre fue una vía de acceso al Mediterráneo no sólo para Irán (el Imperio Persa), sino también para Rusia y China.

Recientemente el nuevo embajador de Irán en Damasco, Javad Turk Abadi, decía que la Ruta de la Seda siempre había permanecido abierta, hasta la llegada del colonialismo a la región. En 1914 no bastó con dividir a los países árabes para imponer fronteras a lo largo de la ruta, sino que luego ha sido necesario desatar varias guerras.

Desde 1980 en que estalla la Primera Guerra del Golfo entre Irán e Irak hasta 2011 en que las tropas del Pentágono salen de Irak, es decir, durante 30 años, esas fronteras estuvieron cerradas.

Después, en 2011 estalló la Guerra de Siria y se reprodujo la misma situación. La Ruta de la Seda lleva casi 40 años cerrada y el objetivo es cerrarla para siempre, impedir las comunicaciones entre países vecinos e imponer a los imperialistas como únicos interlocutores.

Para el mundo árabe, dicha ruta es un eje que va de Beirut a Bagdad pasando por Damasco y… por Al-Tanf. Estados Unidos no tiene ningún argumento para explicar qué papel desempeñan sus tropas cercadas en Al-Tanf, un lugar en donde no hay fuerzas del Califato Islámico. ¿Contra quién combaten?

Hace ya tiempo que el discurso de los imperialistas ha cambiado. Han dejado de hablar de cambio de régimen y de sacar al dictador Bashar Al-Assad de Damasco. Tampoco el argumento de la lucha contra el terrorismo les saca del apuro, como en el caso de Al-Tanf. El plan empieza, pues, a salir a relucir y sigue siendo el mismo que el del principio: ocupar Siria y redividirla en varios miniestados tipo Kosovo que requieran una permanente “ayuda internacional” para subsistir.

En esta guerra los imperialistas no han fracasado porque su intención fuera desalojar a Bashar Al-Assad, sino porque intentaban la partición de Siria. En Al-Tanf han fracasado y ahora la última esperaza del imperialismo está en Rojava.

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