Los cabecillas de los fondos buitre, como Friedrich Merz en Alemania, se están poniendo a la cabeza de los gobiernos y las instituciones públicas. Un multimillonario neoyorquino, Stephen Feinberg, es el número dos del Pentágono. Anteriormente dirigía del fondo buitre Cerberus, una empresa que tiene intereses en diversos proveedores del Pentágono.
Feinberg saltó a los titulares por primera vez cuando el Pentágono invirtió miles de millones para adquirir participaciones en más de una docena de empresas privadas (1). Existe el temor de que pueda canalizar fondos hacia empresas en las que él mismo, o la familia de Trump, tienen intereses (2). Sin embargo, sus iniciativas más recientes parecen estar menos centradas en los negocios. Se asemejan más a intentos de replicar a la CIA dentro del Pentágono, lo cual está creando resistencias internas que han llegado a los medios.
El Washington Post asegura que el Pentágono quiere poner en marcha un programa de espionaje clandestino para contrarrestar a China (3). El espionaje económico constituye una nueva prioridad para el Departamento de Defensa. El objetivo es librar una guerra económica contra China y otros competidores de Estados Unidos. En el nuevo programa de espionaje de última generación los agentes estadounidenses se infiltrarán en las empresas del sector privado.
Este nuevo programa de espionaje, basado en “agentes sin cobertura oficial” (conocidos como NOC), está supervisado por Tom Rakusan, un veterano de la CIA con 39 años de experiencia y actual asesor de Feinberg. Rakusan, que se jubiló de la CIA en 2021, ascendió en la jerarquía hasta convertirse en director de operaciones en 2017. Tras abandonar la CIA, Rakusan se incorporó a Cerberus y siguió a Feinberg al Pentágono el año pasado, creando la “Oficina de Apoyo Tecnológico” (TSO).
La conclusión es que la guerra económica empieza a convertirse en una prioridad para el ejército de Estados Unidos, un país conocido en el arte de espiar a sus propios aliados, además de los adversarios (4). La TSO ha comunicado a ciertos subcontratistas del sector de defensa su interés por la piratería informática ofensiva. El presupuesto destinado únicamente a contratos clasificados probablemente supera los 1.500 millones de dólares.
La iniciativa ha provocado una reacción negativa de la CIA, que siempre se ha mostrado reacia a permitir que otras instituciones invadan sus competencias y ha comenzado a filtrar las noticias de los medios, como Politico. “El Pentágono establece silenciosamente una nueva agencia de sabotaje tecnológico de élite”, titulaba el jueves (5). Su objetivo es “interrumpir y sabotear de manera encubierta programas de tecnología extranjera vistos como amenazas a la superioridad militar de los Estados Unidos”.
La TSO no aparece en los sitios web del Pentágono. Solo se menciona su nombre en varios documentos y memorandos del Departamento de Defensa. Sin embargo, no es algo nuevo. Desde 2023 dos programas de inteligencia clasificados del Pentágono han estado llevando a cabo operaciones clandestinas de sabotaje tecnológico. El TSO está integrado por ingenieros, operadores especiales y agentes de inteligencia. Sus actividades cubren una amplia gama de áreas, desde el diseño de herramientas de piratería personalizadas hasta la planificación de complejas operaciones de desinformación destinadas a engañar a los adversarios para que instalen componentes defectuosos, probablemente diseñados por el TSO, en plataformas clave de armas extranjeras.
El objetivo principal es “ganar tiempo o evitar que los adversarios desarrollen tecnologías” que podrían amenazar al ejército estadounidense en una guerra. Este verano, el Pentágono nombró a Grant Hundley, exoficial de las fuerzas especiales del Cuerpo de Marines, al frente de la TSO. Hundley, al igual que Feinberg, ha sido reclutado de los fondos buitre (6).
Buscan empresas que estén a la vanguardia tecnológica y esperan adquirir “toda una gama de herramientas; todo lo que la imaginación pueda concebir”. Estas dos nuevas iniciativas —los agentes clandestinos de guerra económica y la unidad de sabotaje de “apoyo técnico”— acabarán desembocando en escándalos, probablemente, como consecuencia de operaciones fallidas en países aliados e incluso a la corrupción que rodea la contratación con empresas en las que los cabecillas del Pentágono poseen intereses compartidos.
La mera existencia de esta unidad es una advertencia a los aliados de Estados Unidos: sus empresas y sus tecnologías corren el riesgo de convertirse en víctimas del espionaje del Pentágono.
(1) https://www.semafor.com/article/09/21/2026/this-pushes-the-boundaries-white-house-helped-pentagon-explain-the-legality-of-its-stock-deals
(2) https://www.msn.com/en-in/news/other/trump-s-billionaire-pentagon-deputy-defiant-after-he-s-confronted-with-corruption-claims/ar-AA2dRjpF
(3) https://www.washingtonpost.com/national-security/2026/10/21/pentagon-looks-build-deep-cover-spy-program-confront-china/
(4) https://www.cnn.com/2013/07/04/world/europe/europe-us-spying
(5) https://www.politico.com/news/2026/10/22/technology-support-office-dod-tech-spyware-sabotage-01100327
(6) https://falfurrias.com/falfurrias-management-partners-announces-leadership-promotions/