Desde el inicio de la guerra contra Irán, Moscú ha brindado apoyo a Teherán, transmitiendo datos de objetivos que permitieron los ataques iraníes contra la infraestructura petrolera saudí, una situación que podría haber fracturado la alianza energética entre ambos países dentro de la OPEP.
No ha sido así. En San Petersburgo, el príncipe Abdulaziz Bin Salman ha demostrado lo contrario, jurando lealtad a Moscú “hasta que la muerte nos separe”.
El ministro de Energía saudí hizo esta contundente declaración el jueves durante una sesión del 29 Foro Económico Internacional de San Petersburgo (SPIEF). La declaración contrasta notablemente con el silencio que el ministro había mantenido deliberadamente durante las semanas de creciente tensión en los mercados petroleros y en el interior de la OPEP.
Mohammed Bin Salman abordó la agitación regional vinculada a las guerras en Irán y Ucrania, reconociendo que habían complicado las prioridades estratégicas de Riad, en particular los objetivos del programa Visión 2030. Pero reafirmó la determinación saudí: “Nos debemos a nosotros mismos y a todos los ciudadanos saudíes para desafiar este mal entorno y permanecer fieles a nuestras pretensiones”.
Bin Salman anunció la firma de 30 acuerdos de cooperación entre los sectores privados de Rusia y Arabia saudí en áreas que abarcan desde la industria y la educación hasta el turismo y la energía. Especificó que no existen ”límites ni restricciones” para esa cooperación, y añadió que la perspectiva estratégica, tanto en Riad como en Moscú, ha evolucionado: ambos países ya no se consideran únicamente productores de petróleo y gas, sino actores clave en la producción y el suministro de energía en su sentido más amplio, incluyendo los hidrocarburos y la exportación de productos electrónicos.
El viceprimer ministro ruso, Alexander Novak, quien se reunió bilateralmente con Mohammed Bin Salman aprovechando el Foro, describió el diálogo entre ambos países como de ”alta confianza” y mencionó intercambios que abarcan los sectores de combustible, finanzas y comercio.
Moscú ha procurado mantener relaciones pragmáticas con Riad a pesar de su apoyo a Teherán, consciente de que la cooperación saudí le ha permitido hasta ahora eludir parcialmente las sanciones occidentales impuestas a Rusia. Esta tensión subyacente no impidió que ambos países demostraran una clara convergencia en San Petersburgo.
La OPEP también atraviesa un período de fragilidad estructural. Las guerras en Irán y Ucrania han reducido las exportaciones de petróleo de los dos principales productores del cártel, provocando un fuerte aumento de los precios. Emiratos Árabes Unidos, miembro de la Organización durante casi sesenta años, anunció su retirada en abril.
La edición de este año del SPIEF también conmemora el centenario de las relaciones diplomáticas ruso-saudíes. La delegación saudí, compuesta por más de 200 representantes, entre ellos los ministros de Industria, Transporte e Inversión, así como la dirección de Aramco, es la invitada de honor del Foro.
Se espera que Arabia saudí, Rusia y otros cinco miembros de la OPEP acuerden el domingo un nuevo aumento de la producción para el mes que viene, en una reunión ministerial cuyo resultado podría redefinir la trayectoria de los precios del petróleo crudo para el resto del año.