El jardín ‘votánico’

Hay tres cosas en concreto que encarrilan a los hombres a tener una buena predisposición y a dar su espaldarazo en unas elecciones: los beneficios, las expectativas y la simpatía. Es preciso estudiar atentamente de qué manera se puede utilizar estos recursos.
En los más pequeños beneficios los hombres encuentran motivo suficiente para apoyar un candidato.
Respecto a aquellos que tienen más expectativas, un tipo de hombres mucho más diligente y servicial, haz que les parezca que siempre estás preparado y dispuesto a ayudarlos.
El tercer tipo es el de los partidarios incondicionales, el espaldarazo de los cuales será conveniente consolidar con muestras de agradecimiento, adaptando tus discursos a las razones por las que cada uno parece ser partidario tuyo demostrando unos sentimientos parecidos a los de ellos y haciéndoles tener la esperanza de una durable amistad.

Quién diría que han pasado más de dos mil años desde que Quinto Tulio Cicerón escribió “Commentariolum Petitionis” con consejos dirigidos a su hermano Marco Tulio Cicerón en la campaña electoral al Consulado de Roma.

Este texto, en el cual vemos reflejado como dirigirse a los electores, lo constatamos en el supermercado de las promesas electorales durante estos días. Un auténtico “jardín votánico” con florecillas de todos colores y olores, sexuadas y asexuadas.

Si seguimos con atención las próximas semanas el baile de disfraces donde participarán hombres y mujeres de las diversas especies, veremos cómo un día los catalano hablantes lo harán en castellano, los castellanos en catalán, unos se vestirán de frac para ir a cenar con la flor y nata de la burguesía y tendrán un recambio de ropa de deporte dentro del coche para cambiarse mientras se acercan a hablar con los abuelos de un club de petanca. Los ateos (si hay alguno) hablarán con los curas y los creyentes se acercarán a los ateos hablando de laicismo.

Poco han cambiado las cosas desde las elecciones en la Roma antigua, la misma caracterización del electorado, la misma manipulación de las voluntades con promesas; tal vez ahora algo más sofisticado a causa de las incorporaciones que en su momento hizo Maquiavelo y a la avalancha de sociólogos, psicólogos, lingüistas, “influencers” y otros profesionales en las campañas electorales.

Darán caramelos a los niños, mientras degradan todavía más los sistemas de enseñanza, abrazarán a las abuelas en los mercados mientras están menguando los ingresos de los jubilados, se dirigirán a los parados con la promesa de trabajo y a los empresarios con la promesa del despido a bajo coste. Dirán que están contra la guerra mientras envían armamento en Ucrania pero no dirán ni una palabra sobre cerrar las fábricas de armas o material militar; hablarán de justicia social ante unos colectivos y se embolsarán unos ingresos respetables, dietas aparte. Se reunirán por un lado con los inmigrantes prometiéndoles arreglar su situación y por el otro con las asociaciones vecinales que no quieren inmigrantes diciéndoles que no permitirán ilegales en su barrio…

Prometen regalos para la juventud, mientras se la embrutece con drogas, pornografía y apologías transhumanistas.

Las técnicas de las palabras vacías, de la sonrisa permanente, del nosotros haremos… todo por un voto. Se nos hablará de progreso, de cultura, pero tal como dice Falconetti Peña en la reseña del documental Causa 661/52: “La cultura progre es deudora directa del convento, se ha formado en el pasillo, en la puerta del despacho… Eso le ha conferido, en tanto casta, uno amplío conocimiento en el difícil arte de saber lo que no se puede decir pero hay que saber”.

Después de ello, ¿hay que poner un papel dentro de una caja? El discurso tembloroso del progresismo y del conservadurismo coincide al gritar: “Todos a votar”, pues les asusta que la gente con dos dedos de frente los mande hacer puñetas. Los concursantes de todos colores parece que tienen un enemigo común: la abstención.

La abstención por dejadez no es en absoluto recomendable. La abstención razonada es necesaria. Es un golpe mortal para el sistema, pues éste pierde la legitimidad y por ende, es un llamado a la organización cotidiana para enfrentar permanentemente a los defensores del mismo.

El gesto coherente, de no votar, conscientemente, es dar un primer paso, -después vendrán otros-, y tras la negación del sistema vendrá la reflexión sobre otra manera de entender la sociedad y como consecuencia la forma de enfrentarnos al actual, en un ejercicio de negaciones y afirmaciones legítimas construyendo nuevos poderes al margen del Poder.

No se regalará al proletariado su liberación, no se regalará a un pueblo el derecho a decidir su destino. Se tendrá que ganar día a día, en secreto en algunos momentos, abiertamente en otros, con voluntad de rebelión siempre. Y para esta rebelión no hay que esperar el día señalado por los dueños del gallinero, que nos empujan a poner un papel dentro de una caja.

Debemos ser sujetos de la acción política, no objetos de “sus señorías” que, sentados en cómodas butacas, hacen al mismo tiempo de gobierno y de oposición según sople el aire.

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