El gobierno español tiene cerradas las puertas de Argelia

Desde hace meses los alineamientos de la Unión Europea, de cada uo de los países que forman parte de ella y de otros países europeos que están fuera, como Suiza, se describen como un “suicidio” e incluso como una gran torpeza por parte de sujetos torpes, como Ursula von der Layen o Borrel.

Los errores de un bloque, como la Unión Europea, o de un gobierno, como el español, o sólo se pueden explicar cuando se trata de actos aislados, no cuando se trata de trayectorias que apuntan en direcciones muy bien definidas. Eso lo planifican y aprueban instancias al más alto nivel, tanto diplomático como militar.

Cuando esos planes tienen un elevado costo, es el precio que pagan los países por someterse a las presiones externas. Si la producción industrial francesa se va a reducir este año un 10 por cien, es el peaje a la sumisión a las imposiciones de Estados Unidos. Es una política autodestructiva. Lo capitalistas no van a obtener ninguna rentabilidad en ello.

Lo mismo ocurre con España, cuyas decisiones no se pueden justificar con la Guerra de Ucrania. El gobierno ha traicionado al pueblo saharaui, ha roto las relaciones diplomáticas con Argelia y los contratos del gas empiezan a vencer.

La prensa norteafricana se burla una y otra vez del gobierno de Madrid, con toda la razón porque no tienen ninguna posibilidad de salir del entuerto que han creado por sus propias fuerzas. Han pedido ayuda a Bruselas para que interceda en su favor, pero los países del sur de Europa tratan de buscarse la vida, o sea el gas, como pueden. Cada uno por su lado.

Es el precio que paga España por su sumisión a los dictados estadounidenses. El gobierno se ha quedado solo ante el peligro. Tenía un gran negocio entre manos. Podía haber seguido con la retórica prosaharaui, comprar gas a buen precio y venderlo a Europa del norte, pero no es capaz de sacudirse el peso de la embajada de Washington.

Los demás países europeos tienen abiertas las puertas de Argel; España no. Macron ha visitado al gobierno argelino y Draghi también. Sin embargo, el cartero Pedro Sánchez llama al timbre y no le abren. Quiere pero no puede. El tiempo transcurre inexorablemente y los contratos del gas no se renuevan.

“Siempre he mantenido que España puede tener excelentes relaciones con países vecinos como Marruecos y Argelia, y estamos trabajando para reorientar las relaciones”, dijo Pedro Sánchez ante los micrófonos de la cadena Ser.

Durante su estancia en Alemania, expresó su deseo de visitar Argelia “en cualquier momento”, pero en la otra orilla no responden, “ni lo harán en breve”, dice la prensa argelina. No hay relaciones diplomáticas, no hay exportaciones ni importaciones y, sobre todo, dentro de poco no habrá gas. Argelia se lo enviará a Italia o a Francia, o a cualquier otro. Cuando el gobierno de Madrid se ponga a suplicar, es muy posible que fijen unos precios tan elevados que no los pueda pagar ni la Moncloa.

La clave es, como bien decía Pedro Sánchez, “reorientar las relaciones”, es decir, salir de la OTAN, salir de la Unión Europea, nacionalizar las industrias energéticas y abandonar la Agenda 2030.

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