Consumiremos lo que ellos quieran que consumamos y votaremos a quien ellos quieran que votemos

La reestructuración del capital que la pandemia ha acelerado tiene distintos componentes, de los que ya he indicado algunos anteriormente. Pero hay otros, como la reconversión de la información privada de las personas en un nuevo mercado. Es un mecanismo de control social y, a la vez, un negocio privado. Es una forma de capitalismo monopolista de Estado, por lo que tiene un aspecto público, de represión política, y al mismo tiempo está impulsada por organismos internacionales, empezando por la ONU.

Desde el punto de vista del mercado, el objetivo es convertir a la humanidad en bases de datos que los fondos de inversión y las multinacionales puedan comercializar para crear nuevas fuentes de rentabilidad económica, para ellos mismos y para sus clientes, entre los que se encuentran instituciones públicas como el fisco, la policía o las aduanas.

No se trata sólo de traficar con los historiales médicos, que hasta ahora eran confidenciales. Tampoco de imponer un pasaporte sanitario que discrimine a las personas que quieran ejercer sus derechos. Realmente pretenden traficar con todos y cada uno de los seres humanos, empezando por tabular su código genético, que comenzó antes de la pandemia.

El fondo buitre Blackstone es un ejemplo: no sólo especula en la bolsa sino que es dueño de la mayor base de datos privada de ADN del planeta.

Hasta ahora sólo la fuerza de trabajo era un mercancía; ahora toda la humanidad está en venta. No sólo somos trabajadores, no sólo somos consumidores: también somos la mercancía. Es una liquidación pura y simple de los más elementales derechos de las personas, el fin de las conquistas logradas hace 200 años por las revoluciones burguesas. En aras a la dominación, la burguesía ha renegado de sí misma y de sus tradiciones.

En uno de sus libros la profesora de la Universidad de Harvard Shoshana Zuboff lo ha calificado como un “capitalismo de vigilancia” (1) en el que no sólo participan las empresas tecnológicas más conocidas, sino los fondos de inversión y las instituciones públicas.

“Las grandes empresas tecnológicas de Silicon Valley han dado un Golpe de Estado contra la humanidad”, dijo en una entrevista (2). La pandemia ha acelerado un proceso que ya estaba en marcha y lo ha implantado a escala internacional. El imperialismo recurre a los monopolios tecnológicos para sostener la hegemonía de Estados Unidos, que hace aguas por los cuatro costados.

En una reciente entrevista un profesor de la Universidad de Alberta, Andy Knight, que dirige una empresa de bases de datos financiada por el Fondo de Desarrollo de la Investigación de la Red Universitaria Mundial, sostuvo que la vacunación no debe tratarse como una cuestión puramente “nacional”, porque la seguridad mundial “ya no son amenazas militares, sino de amenazas sanitarias”, advirtiendo contra una “ruptura de la cooperación internacional”, que, según él, debería ser proporcionada por “una intersección entre los sectores público y privado”.

Hay quien reduce el negocio de las bases de datos a la comercialización de la información personal. También hay quien cree que se trata de algo más: de predecir el comportamiento de las personas. Pero, como dice Zuboff, este mercado emergente va más allá: es un proyecto de ingeniería social en el que la humanidad debe hacer aquello para lo que se la programe (3).

El capital aspira a modificar la conducta humana a gran escala, asegura Zuboff. Consumiremos lo que ellos quieran que consumamos y votaremos a quien ellos quieran que votemos. La pandemia ha demostrado que ya no se trata de planes y proyectos, sino que se han puesto en marcha con los confinamientos, los toques de queda, los bozales, la distancia seguridad y demás medidas aprobadas en el último año.

La vieja política del palo y la zanahoria se ha quedado muy desfasada. Hay ahora formas más poderosas de dominación política. Lo mismo que en el mercado siempre cabe una mercancía más, en la dominación siempre son posibles nuevas formas de apretar las tuercas. En el Código Penal siempre cabe inventar un nuevo delito. En la tortura siempre cabe propinar un nuevo golpe.

(1) The Age of Surveillance Capitalism: The Fight for a Human Future at the New Frontier of Power, PublicAffairs, 2019
(2) https://www.xlsemanal.com/conocer/tecnologia/20210106/capitalismo-de-vigilancia-shoshana-zuboff-seguridad-datos-internet-redes-sociales.html
(3) https://www.monde-diplomatique.fr/2019/01/ZUBOFF/59443

Más información:
– La reestructuración de las fuerzas productivas aprovechando la pandemia
– Teletrabajo más dinero virtual: el capitalismo inicia el Gran Reajuste
– El teletrabajo es una contrarrevolución que convierte el hogar en una tortura
– El modelo del capitalismo pandémico: Amazon, teletrabajo y la tienda en casa
– Los fondos buitre se benefician del gran festín económico derivado del confinamiento

comentarios

  1. Pienso que el factor principal, es el económico: la reducción del consumo. Tendrían carácter secundario y estarían en función de éste los demás factores: represivo, judicial, ideológico y moral.

  2. Y de todas maneras, la reducción de consumo se iba a producir, si no hubiese sido mediante la destrucción de sectores de la economía, se habría manifestado como inflación desbocada o como desabastecimiento.
    La burguesía todavía tiene en sus manos el control del estado burgués. En EEUU han debido de tener el ánimo de emular el sistema semi-dirigido que China puede tener por haber pasado por una revolución socialista, mientras que en el estado español la burguesía ha tenido muy poco ánimo para salirse de los estándares que le vienen marcados de fuera.

  3. El comportamiento del cuerpo humano es muy similar ante la hipotermia, primero se desactivan las extremidades, manos y pies, y luego brazos y piernas, para concentrar la actividad en las zonas vitales. Lo último en desconectarse es el corazón y los pulmones.

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