Ayer el ministro de Defensa chino, el almirante Dong Jun, advirtió públicamente a Washington que no interfiera en las relaciones comerciales y energéticas de Pekín con Teherán, un día después de que entrara en vigor el bloqueo naval estadounidense de los puertos iraníes.
“Nuestros buques entran y salen de las aguas del Estrecho de Ormuz. Tenemos acuerdos comerciales y energéticos con Irán. Los respetaremos y esperamos que nadie interfiera en nuestros asuntos”, declaró Dong Jun en un comunicado público.
El Comando Central de Estados Unidos (Centcom) anunció la implementación de un bloqueo marítimo de todos los puertos iraníes. El plan contempla el control de todo el tráfico marítimo hacia y desde la costa iraní, el Golfo de Omán y el Golfo Pérsico.
Por su parte, Dong Jun declaró que Irán “controla el Estrecho de Ormuz y está abierto para nosotros”, reconociendo así la soberanía iraní sobre el tránsito por esta vía marítima.
China es el mayor importador mundial de petróleo crudo iraní. Aproximadamente el 40 por cien de las importaciones de petróleo de China y al menos el 30 por cien de sus suministros de gas natural licuado transitan por Ormuz. Un cierre prolongado de esta vía marítima representaría una interrupción del suministro que probablemente afectaría la producción industrial china ya el mes que viene.
La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Mao Ning, rechazó las afirmaciones de Trump de que China carecía de la voluntad y la capacidad para mantener abierto el Estrecho, calificándolas de infundadas.
El siguiente paso implica la aplicación concreta del bloqueo estadounidense a los petroleros con destino a China, cuya posible constituiría una primera prueba directa de la determinación de ambas potencias.